domingo, 28 de febrero de 2021

LOS ALTARES EFIMEROS DE CULTOS, ALGO CONSUSTANCIAL A LAS COFRADÍAS Y HERMANDADES DE LA DIÓCESIS DE CIUDAD REAL

 

Nuestra Señora de los Dolores de Santiago, en los años veinte del pasado siglo, en su altar de cultos con motivo del Septenario en su honor


Estamos en plena Cuaresma, tiempo litúrgico dentro de la iglesia donde las cofradías de pasión, realizan sus cultos anuales entorno a los misterios de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre. Con motivo de estos cultos, las cofradías y hermandades montan sus altares efímeros, durante los días que duran sus Triduos, Quinarios, Septenarios o Novenarios. El gran desconocimiento de la historia de nuestras corporaciones pasionales por parte de cofrades, pueblo o clero, llega a veces a que laicos o clérigos realicen afirmaciones de que estos altares son cosas importadas y no van con nuestra forma de expresar nuestra religiosidad, lo que demuestra la ignorancia que se tiene de cómo a lo largo de los siglos, las cofradías y hermandades de nuestra Diócesis han celebrado sus cultos. 

Si revisamos los antiguos estatutos, ordenanzas o reglas, de las cofradías de nuestra Diócesis, o de Ciudad Real capital, podemos leer como en muchas de ellas se recoge la cantidad de cera que tenía que arder durante los cultos en honor a sus titulares. Ciudad Real no iba a ser diferente al resto de las cofradías de España, y con la llegada del Barroco las distintas hermandades también comenzaron a fomentar este tipo de arquitecturas cristalizándose en sus majestuosos altares de culto, con el fin de proporcionar un escenario digno para la celebración del culto en honor a sus Titulares, atrayendo de una manera directa a los fieles, admirados por la suntuosidad de los mismos, como ocurre a día de hoy.


Altar de cultos en honor al Niño Jesús de Praga, en el Convento de las Madres Carmelitas en 1917


Así las cosas, desde el Concilio de Trento las hermandades se afanaron en dotar a sus cultos del máximo realce posible como parte de la respuesta a la reforma protestante, a lo que se unió la potenciación de la liturgia. En este sentido, la Iglesia apostó por acentuar su personalidad frente a las amenazas protestantes, jugando las hermandades un papel clave, no sólo porque aumentaron en número, sino porque llevaron al culto interno y externo todos los valores que desarrolló dicho concilio.

A partir de ese momento los altares comenzaron a enriquecerse, fruto precisamente de la posición y situación próspera que la Iglesia adoptó a partir del triunfo de Trento y la Contrarreforma. Esto justifica que en la propia documentación histórica que comienza a acrecentarse a partir de este momento se aluda a un importante gasto relativo a estos altares de culto, indicándonos la trascendencia de los mismos, ganando en opulencia a través de elementos fundamentales como telas, plata, candelaria, etc. fundamentalmente a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

De esta manera, las hermandades procedían anualmente al montaje de estos altares, convirtiéndose en una práctica constante que fue mermando a partir del Concilio Vaticano II, en la segunda mitad del siglo XX, cuando gran parte de estos altares fueron relegados a un segundo plano, constituyendo una auténtica ruptura con la exuberancia barroca que los caracterizaba, e incluso desapareciendo en algunos casos.

 

La Virgen del Prado en los años cincuenta del siglo XX, tal y como era colocada al culto tras su bajada el 9 de agosto en el centro del altar mayor


Así, las hermandades asistieron a un momento de crisis en el montaje de sus altares, resaltando además la influencia de la reforma litúrgica derivada de la constitución “Sacrosanctum Concilium” emanada de dicho concilio que tuvo su consecuencia también en el desarrollo de dichos altares, los cuales pasaron en la mayoría de las ocasiones a erigirse en capillas o en laterales durante los actos propiamente de culto. En cierta parte, si bien los cultos se enriquecieron con la celebración litúrgica fruto de dicha reforma, muy pocas imágenes a partir de entonces gozaron del privilegio de ocupar un lugar en un lado del presbiterio y menos el centro del altar mayor. A este respecto, la causa que justifica esta situación estribó en la consideración de que estos altares distorsionaban el sentimiento de piedad del fiel al distraer su atención.

Sin duda, no sería hasta la década de los años noventa del pasado siglo XX, cuando comenzó de nuevo a producirse el florecimiento de estos altares en Ciudad Real, a raíz de los magníficos altares montados en la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva por la Cofradía de la Flagelación, caracterizándose por la magnificencia en tamaño, exorno floral, candelería, etc.

Así, la cera y la flor constituyen dos elementos esenciales en estos montajes, aludiendo la flor a la pureza de Cristo y María, mientras que la cera nos indica un lugar de manifestación divina, rememorando esa revelación de Dios a través de la zarza ardiente ante Moisés: Y se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego, en medio de una zarza; y Moisés miró, y he aquí, la zarza ardía en fuego, Entonces dijo Moisés: Me acercaré ahora para ver esta maravilla. Cuando el Señor vio que él se acercaba para mirar, Dios lo llamó de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí (Éxodo, 3).


La Virgen de la Encarnación, Patrona de Carrión de Calatrava, en su altar de cultos en la iglesia parroquial a principios del siglo XX


Los cofrades nos postramos ante Cristo, el Hijo de Dios, y su bendita Madre, dando importancia a esa connotación teológica que envuelven estos altares de culto. Resulta curioso, además, centrándonos en la celebración propia de los cultos, cómo el formato de los mismos no ha variado a lo largo del tiempo, llevándose a cabo durante la tarde-noche salvo las funciones principales. Ello se remonta ya con anterioridad a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II que hacíamos alusión, momento en que la Eucaristía se celebraba por la mañana, motivo por el que solo se comulgaba en las funciones principales y fiestas de regla, y dado que los cultos no incluían Eucaristía, las diversas cofradías, para fomentar la asistencia de los fieles, además de engalanar sus altares, invitaban a los oradores más reconocidos.

En síntesis, como apuntába al inicio, las hermandades y cofradías han continuado a lo largo de los siglos esta práctica en cuanto a la celebración y montaje de los altares de culto con el fin principal de mostrar la fe que los hermanos profesan a sus Titulares, recogiendo la tradición barroca que impregna la estética de muchas de las mismas. Por tanto, los altares de culto constituyen un elemento trascendental en la vida de las cofradías, donde todos los elementos cobran sentido a nivel iconológico y teológico, dentro de la dimensión estética que envuelve a estos altares, mostrando una auténtica catequesis a través del culto, intención de toda hermandad, continuadora de las enseñanzas de Cristo: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación (Marcos 16, 15-18).


 
El Cristo de Villajos, patrón de Campo de Criptana en su altar de cultos en los primeros años del siglo XX


sábado, 27 de febrero de 2021

IMÁGENES DEL GUARDAPASOS TRAS LA OBRAS DE AMPLIACIÓN RECIENTEMENTE INAGURADAS

 



El pasado Miércoles de Ceniza, se inauguraban las obras de ampliación del Guardapasos de Semana Santa, realizadas por el Excmo. Ayuntamiento. Por este motivo publico hoy imágenes de tal y como ha quedado este espacio cofrade de nuestra ciudad, con el que inicio las entradas dedicadas en el blog, a la historia y presente de nuestras cofradías y hermandades de pasión de Ciudad Real.


Puerta de acceso a la calle del Guardapasos con su nueva pavimentación


Vista de la entrada al Guardapasos tras la puerta de acceso de la calle


Otra vista de la entrada al Guardapasos


La llamada plaza realizada delante del espacio expositivo y salida de las Cofradías   


Bancos colocados en la plaza de acceso


Otra perspectiva de la plaza de acceso del espacio expositivo y salida de las Cofradías


Vista de la plaza desde la puerta de acceso al espacio expositivo


Tal y como han quedado las paredes del patio de acceso


Puerta de la nueva nave construida


Almacenes realizados para alojamiento de enseres de las cofradías


Puerta exterior e interior de los almacenes realizados para alojamiento de enseres

Otra vista de la plaza


Puerta de acceso realizada en la zona destinada al llamado espacio expositivo y salida de las Cofradías   


Interior de la zona de exposición y salida de cofradías

Otra vista de la sala de exposición y salida de las cofradías


En esta zona de exposición ya estaba construida desde el año 1998, en ella se conserva el mismo suelo, se ha pintado y se ha puesto un falso techo


Cajetines realizados en el falso techo, para que puedan colocarse los pasos que procesionaran desde este lugar   


La zona que actualmente se llama expositiva, no reúne las condiciones para ello


Vista exterior de lo que se ha denominado sala de restauraciones


Vista interior de la nueva ampliación del Guardapasos


Otra vista de la misma nave


Retablo cerámico colocado en la zona reformada con la imagen del Resucitado


viernes, 26 de febrero de 2021

OTRA CASA QUE YA ES HISTORIA EN LA CALLE BERNARDO BALBUENA

 



Durante estos días, se está demoliendo la casa número 5 de la calle Bernardo Balbuena, otra pérdida más de la arquitectura de viviendas de dos plantas, que en otros tiempos fue lo predominante en nuestra ciudad. 





jueves, 25 de febrero de 2021

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO GEOGRAFICO DE ESPAÑA DE PABLO RIERA PUBLICADO EN 1882 (VI Y ÚLTIMO)

 



En ella fueron visitados por el mismo D. Juan y su esposa Dª. María, infantes de Aragón, el día 24 de abril de 1431, día memorable por haberse experimentado en la c. un terremoto, á consecuencia del cual se desprendieron tejas y almenas de la torre del Alcázar, se abrió una pared del convento de San Francisco y cayeron dos piedras muy grandes de la capilla mayor de la iglesia de San Pedro. El muy alto y poderoso señor D. Álvaro de Luna, privado del Rey, no se desdeñó de obtener el nombramiento de Almojarife, y luego la escribanía mayor de Ciudad Real. El médico del referido Monarca, bachiller Fernán Gómez, que gozaba de gran celebridad así en la ciencia médica, cuanto en la literatura, vió la luz primera en la localidad tantas veces nombrada en este artículo. No queriendo Enrique IV enajenar de la corona a Ciudad Real, solo consintió en prestársela sucesivamente á sus consortes, Dª. Blanca y Dª. Juana; ésta a sus expensas mandó edificar un Alcázar, y una nueva torre, debiéndole la c. la completa exención de cualquier pecho y pedido de moneda, según consta en real cédula de 22 de junio del año 1473.

Los años transcurridos no habían logrado acabar con las discordias entre Ciudad Real y Calatrava y la lucha seguía animada e incesante entre los dos campos. En 1397 ocurrieron nuevos d e s órdenes, saqueos y mortandades; en 1424 acordáronse treguas en Almagro con el Maestre Luis de Guzmán; en 1445 resistió la c. á los infantes de Aragón que pretendían el Maestrazgo para el jóven D. Alonso, y estorbó la entrada a Lope de Vega, caudillo del partido aragonés, viendo asolada en venganza, su campiña. Ocurrió que en 1449 y siendo corregidor Pedro Barba, recaudador Juan González y alcalde el bachiller Rodrigo, animados por el influjo de que gozaban y contando con el apoyo de sus parientes, cristianos nuevos casi todos, gobernaban con tal violencia y tiranía que los robos y muertes cometidos exasperaron á los caballeros y súbditos de la orden, y hasta pusieron á algunos ciudadanos de parte de los ofendidos. Temiendo o afectando temer que iban a ser robados, armáronse la noche del 18 de junio m á s de 300 conversos, y miéntras otros de su raza, juntamente con los cristianos viejos, dormían sosegados, corrían ellos en tumulto la pob, amenazando abrasarla con fuego de alquitrán. Repitióse la alarma en 7 de julio, y el bachiller Rodrigo, rodeando la plaza de fuerza armada, quiso prender á D. Gonzalo Manuento, comendador de Almagro, que se hallaba en la c, pero libertado por los regidores y omes huenos que deseaban paz, volvió al siguiente día el comendador con gran golpe de gente, y apoderado de una puerta empeñóse dentro de los muros un recio combate, durante el cual murió de un saetazo. Sin embargo, tras dos d í a s de lucha, quedó por sus parciales la victoria y corrió la sangre de los conversos, y abrasó el fuego sus casas, y el alcaide y su hermano Fernando, muertos á lanzadas, fueron colgados en la plaza de una picota con 20 cadáveres de los suyos. 




Al fallecer en 1474 el rey D. Enrique, llamado el Impotente, dividióse la Nación en bandos con motivo de la sucesión á la corona; el Maestre de Calatrava D. Rodrigo Téllez de Girón, que apenas contaba por aquella fecha diez y seis años de edad, pretendía la mano de la entonces infanta Isabel, que más tarde vino á ser reina; desairado en sus pretensiones el bastardo D. Pedro Téllez de Girón, que tal era el referido Maestre, fue de los primeros en tomar partido en pro de Dª. Juana, llamada la Beltraneja, y de su marido el rey de Portugal, siguiendo en esto los consejos de su primo el marqués de Villena y de su hermano el conde de Urena, en cuyo poder se encontraba Dª. Juana. Persistiendo Ciudad Real en su fidelidad a Dª. Isabel, á la que había prestado pleito homenaje en manos del mismo D. Rodrigo, verificándose este acto con singular regocijo y representando á la pob. Sus cuatro regidores Fernando Treviño, Fernando Oliver, Fernando de Torres y Fernando de Foces, el citado Maestre reunió en Almagro 300 soldados de á caballo, freires y 2.000 peones, seglares, con los que se proponía hacer la suya, alegando cierta donación que dijo haber hecho Sancho el Bravo- Según aseguran varios historiadores, la c. resistió denodadamente á las tropas del Maestre, habiendo hecho una defensa heroica, en la que fue herido y de sus resultas murió D. Rodrigo del Pulgar y Poblete, padre del de las «Hazañas» y pariente de don Luis Osorio, después ob. de Jaca, uno de los que con más ardor abrazaron la causa de los Reyes Católicos. El referido don Rodrigo del Pulgar habíase apresurado en acudir en auxilio de su pueblo natal y sus paisanos le confirieron la jefatura suprema de las huestes que debían medir sus armas con las del enemigo. Algún historiador, supone, que abiertas pérfidamente las puertas de la c. penetró en ella el Maestre logrando reducir la a servidumbre, no sin haber mandado decapitar a muchos principales v e c siendo infinito el número de plebeyos que fueron amordazados y azotados. Los reyes mandaron socorro á sus fieles vasallos, acaudillando las fuerzas reales, el conde de Cabra, el Maestre de Santiago y D. Rodrigo Manrique. Con tan respetable refuerzo, los oprimidos arrollaron en sangrienta lid al de Calatrava, de calle en calle hasta arrojarle de su recinto. Lo que sí parece averiguado es que el Maestre con ardidosa traza supo apoderarse del Alcázar y que los Reyes Católicos, por esto y por asegurar la paz, determinaron arruinar las casas fuertes y hacer donación y gracia de su palacio á Fernando Cervera, natural de la c. y apoderado de SS. AA. despachándole cédula de posesión en Valladolid el 15 de agosto de 1475. 




Más tarde, los citados reyes, mandaron reparar los muros, fomentar al laboreo de las minas y escoger para su propia escolta 100 arcabuceros, y debe suponerse que á contar desde entonces data el nombre que tienen algunas calles de la c, tales como la de «Lanza,» del «Caballo» de la «Lentejuela,» de la «Sangre,» de la «Mata» y de la «Cuchillería,» y también, á un cuando haya que exceptuar alguna que otra, la de «Ballesteros,» de los «Reyes,» de los «infantes» de «Caballeros,» de «Calatrava,» de «Granada» y de «Morería.»

Durante el a ñ o 1483 se estableció en Ciudad Real como rango propio de una cap., el Tribunal de la Inquisición  teniendo por primer presidente á Pedro Díaz Cotane, licenciado en Teología y canónigo de la catedral de Burgos, y su asiento en el mismo sitio que ocupa la casa del señor conde de Montesclaros. Dicho presidente fue muy en breve trasladado á Toledo, pero durante el periodo de su mando supo aprovechar el tiempo, pues según datos que tenemos a la vista, fueron quemadas 3,377 personas. Los referidos reyes hallándose en 1487 en Málaga, pidieron á Ciudad Real gente y subsidios, que este se apresuró á llevar, por lo que agradecidos a tal diligencia y buena voluntad y atendiendo también al céntrico sitio que aquella ocupa en medio de la Mancha y entre Castilla y Andalucía, otorgaron privilegio, que fue expedido en Madrid á 30 de octubre de 1494, para establecer en ella una Real Audiencia y Chancillería , con título de perpetuidad, la misma que por ennoblecer á Granada trasladaron en 1505 en calidad de «por ahora,» tanto que al salir el sello real decía el pregón que iba depositado á dicha c.




No bastaron á terminar las diferencias entre Ciudad Real y la Orden de Calatrava con el poder de ésta absorbido por la corona, pues de la adquisición de casas y bienes en el ter. de la primera, hallamos todavía excluidos en 1500 á los caballeros de Calatrava y Alcántara: del desempeño de su Vicaría eclesiástica en 1520 á los naturales del Campo de Calatrava; del cargo de regidor en 1526 á los comendadores, y hasta en 1542 vemos retoñar con nuevo brío las tradicionales y enconadas luchas.

Ciudad Real desde el momento en que se vió Ubre de sus implacables enemigos acrecentóse de una manera notable, especialmente durante los reinados de Dª. Isabel y D. Fernando y sus sucesores hasta Felipe III. La ind. floreció en tales términos que pudo vanagloriarse la c. manchega de poseer las mejores fábricas de Castilla, en las cuales se curtía un gran número de pieles, haciéndose en grandes proporciones el comercio de guantes. Sabido es que el decreto dado por Felipe III, expulsando á los moriscos del reino de España, fue una gran calamidad para la Nación, pues hirió de muerte la ind. y la agricultura de nuestro país; con este motivo quedó casi destruida Ciudad Real, porque alejándose de ella más de 5.000 ricos propietarios y comerciantes, con sus bienes y sus riquezas, se arruinaron sus abandonadas fábricas y quedó sumida en la miseria, yermos los campos y desierta la pob., no habiendo bastado después nada para que volviese su comercio y su ind. al grado de prosperidad que anteriormente había alcanzado.

Entre las rentas que Felipe IV en premio de sus servicios otorgó al duque de Aveiro, contábase Ciudad Real, y tal concesión dió motivo á que una comisión compuesta de cinco personas de las más ricas de la c. se acercase al Rey y le arrancara la promesa de que no se llevara á efecto el enajenamiento de Ciudad Real.

 



Nombróse á esta pob. Cabeza de part. durante el reinado de Carlos II, librándose privilegio y hasta tercera carta, á fin de serlo también en lo eclesiástico con vicario. Juez ordinario de la c. part y campo de calatrava, que subsistía desde el siglo XVII. Por último, en 24 de abril de 1814, por voto de las Cortes, fue declarada Ciudad Real cap. de prov. dando por terminados, si así podemos expresarnos, todos los sucesos importantes de ella, puesto que desde esa fecha, Ciudad Real ha sufrido en mayor ó menor escala la misma suerte que la mayoría de las prov. españolas, pues las guerras civiles por una parte y los trastornos políticos por otra, han dejado sentir en todas ellas sus deplorables consecuencias.

Ciudad Real es patria de muchos y esforzados varones, entre los cuales merecen citarse el famoso jurisconsulto Alfonso de Soto; el historiador Juan de Molina; el célebre bachiller F e r n á n Gómez, médico del rey D. Juan II, y autor del «Centón Epistolario» del P. L u á n Estrada de la Magdalena, autor de la versión castellana de «La Escalera» de San Juan Clímaco, primer libro que se dio á la estampa en el Nuevo-Mundo, en la c. de Méjico; de Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hazañas, esforza doguerrero que tanto se distinguió en tiempo de los Reyes Católicos, y finalmente de Alonso Céspedes, apellidado el Bravo, de quien se refieren una porción de rasgos de fuerza y de valor.— Esta c. hace por armas en campo azul, un trono de oro, muralla y torres de plata sombreadas de negro figurando piedra y en el trono un rey sentado con espada en la mano diestra y cetro en la siniestra que representa á Alfonso X.



miércoles, 24 de febrero de 2021

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO GEOGRAFICO DE ESPAÑA DE PABLO RIERA PUBLICADO EN 1882 (V)

 



Hist. y Bioff. — En el año 1252 Alfonso X, el Sabio, fue elevado al trono de sus mayores, y teniendo en cuenta que únicamente una pob. grande y libre podía ser constante custodia de los caminos, y vínculo de unión entre Castilla y las ricas posesiones conquistadas por su padre, al t r a v é s dé la desierta zona que las dividía, en 20 de febrero de 1255 otorgó desde Búrgos Carta puebla, para fundar y poblar á Ciudad Real con el nombre de Villareal, dando á sus moradores las ald. de Ciruela, Villar del Pozo, Vigueruela, Poblete y Avalá, concediéndola por armas su propia figura sentada en escudo orlado de torres, por leyes el fuero de Cuenca para los plebeyos, y las franquicias de los caballeros toledanos á los de igual clase que en ella se establecieren; otorgándoles á la par el privilegio de que no pagasen portazgo en ninguna parte, exceptuando Sevilla, Toledo y Murcia. No transcurrió mucho tiempo sin que los escasos moradores de Alarcos, su parroquia, su archivo y todo cuanto poseían, se trasladase á la nueva pob. que hubo de empezar á formarse alrededor del Pozo de D. Gil, que es el mismo á dar crédito á la tradición, que se halla en la plazuela del Pilar de la actual cap. y donde los privilegios atraían de todas partes gentes en tan gran número que, de una vez y como por encanto, q u e d ó convertida Villareal en un crecidísimo pueblo, al cual así D. Alfonso, su ilustre fundador, como sus descendientes, no cesaron de acrecentar por cuantos medios estaban á su alcance, la importancia, pues tenían decidido empeño en hacer de ella una gran pob.




Como prueba de los buenos deseos que animaban á los Monarcas, citaremos algunos de los privilegios que respectivamente fueron concediendo á Villareal. Desde Monte Agudo, donde se encontraba D. Alfonso en 6 de j u n i o de 1257, ordeno que no se cobrase portazgos á la pob. por él fundada. En el año 1261 concedióse inmunidad de tributos á los caballeros en ella domiciliados, cuya orden se hizo extensiva á todas las haciendas de é s t o s y á sus dependientes. En 1264 púsose freno a las ávidas usuras de los judíos, los cuales especulando con las necesidades de sus deudores se alzaban con la colonia.

En 15 de octubre de 1266 concedióse toda la madera necesaria para la construcción de casas y del Alcázar que el soberano ordenó se construyera y del cual hoy como recuerdo solo puede admirarse un arco de entrada de una de sus puertas; encuéntrase situado entre las puertas de Granada y la Mata y casi pegado á la muralla. En el breve espacio de casi veinte años creció Villareal de una manera portentosa. En el año 1275 mes de agosto, falleció en su recinto el infante don Fernando de la Cerda, primogénito de D. Alfonso. Como quiera que Villareal se hallaba situada en el centro de los dominios de la órden de Calatrava, h a l l á n d o s e exenta de la jurisdicción y señorío de ésta, declaróse el Capítulo enemigo acérrimo de la susodicha pob, ofreciendo desde su fundación la interesante lucha de un Concejo Libre, de un pueblo realengo contra un poder que bien pudiéramos llamar feudal. El previsor D. Alfonso el Sabio, comprendiendo la necesidad y el interés de proteger á Villareal contra la pujanza entonces formidable de los Maestres, mandó en 1280 que sus pobladores fuesen indemnizados por los súbditos dé la Orden los robos y malos tratamientos que mostraren haber sufrido. En el año 1293, en ocasión en que D. Sancho IV se encontraba en Villareal, prohibió que j a m á s pudiera ser enajenada de la corona.

 



En 1305, al objeto de que la pob. Pudiera mantener sus derechos sobre pastos y leñas, la reina D.ª María de Molina le ofreció gente de guerra para combatir a los de Calatrava, cuyos desmanes eran por demás intolerables. Los vec. de Villareal formaron entre sí una liga para no darse jamás á un hombre poderoso, y unidos con los de Toledo en Hermandad, para común defensa de sus libertades (liga que data del año 1282, y al tenor de ella el Concejo de dicha c. se interesó en 1316 con el Maestre de Santiago para que no auxiliase contra Villareal á Calatrava de este modo ambas pob. Lograron sostenerse y prosperar, transigiendo pacíficamente sus querellas en 1267 y 1292 con los Maestres Juan González y Rui Pérez. E l sucesor de éste Garci López de Padilla se propuso hacer á Villareal cuanto daño estuviera en su mano, imaginándose que de este modo sus hab. abandonarían la pob. Prefiriendo ir á establecerse en los pueblos del Campo de Calatrava. Con tal objeto determinó acorralarlos de tal suerte dentro de su reducido tér. y con tal rigor en sus medidas que tuvieran que abandonarlo.

En 1321 reclamó Villareal contra las muertes y talas que al abrigo de los muros de Miguelturra repetían los comendadores y sus vasallos, y contra los engaños y violencias con que se le sustraían los negociantes y se perturbaba su comercio; pero el rencoroso Padilla, enojado de la tenaz resistencia, contestó á los mensajeros: «que no le dejase Dios morir hasta vengarse de Villareal, y que teniendo ya un pié en el Infierno y otro en el paraíso , se guardasen de él no metiera el otro pié en el infierno.» Embravecióle grandemente la órden del infante don Felipe, tío y tutor de D. Alfonso XI, para quitar el mercado y derribar al castillo de Miguelturra, é intentó resistir á las tropas del concejo que desplegando los pendones reales, con el auxilio de Graci Sánchez de Viedma, alcalde de Jaén, marchaba á cumplirla, y la cumplieron á pesar suyo, y ardió Miguelturra con Peralvillo y Benavente, aprobando el rey los incendios y estragos efectuados enterritorio de Calatrava. En gratitud á cuanto en su favor había hecho el Monarca, los vec. de Villareal ofreciéronle á más de un donativo 100 jinetes y 200ballesteros que el Soberano juzgó prudente no admitir por no excitar más el enojo del terrible Maestre. 



En la localidad que venimos ocupando recibió Alfonso XI el año 1344 á los embajadores que le envió el rey de Marruecos para ofrecerle la expresión de su respeto y gratitud por haberle devuelto dos hijos que le había hecho prisioneros en la batalla de Tarifa. El mismo Monarca, transcurridos dos años del suceso anteriormente referido, celebró cortes en villareal, y en el año de 1317 la concedió varios privilegios y franquicias. En 1316 dio hospitalidad al clavero D. Juan Nuñez del Prado, bastardo de los reyes de Portugal por línea materna, concediendo asimismo albergue á los caballeros rebeldes, entre los cuales había tres de su vecindad, que eran los Freires Alfonso de Mantilla, Juan Ramírez y Gonzalo Mora, quienes se proponían permanecer allí hasta que entrado el rey en la mayor edad pudieran presentar ante él sus quejas y acusaciones contra el Maestre. Reclamados por éste , sostuvo Villareal, por negarse á satisfacer tal pretensión , fieros ataques y el bloqueo del anciano Maestre acampado en Miguelturra, derrotándole en sangrienta l i d á v i s t a de ambos pueblos en el año de 1328. No satisfecho con la fuga y deposición de su enemigo y el triunfo de D. Juan Nuñez, se lanzó sobre su rival aborrecido á vengar por cuenta propia sus agravios. A l resplandor de las llamas que consumían á Miguelturra, la cual fué tomada por asalto, mujeres ultrajadas, niños y viejos pasados á cuchillo, saciaron la furia y lubricidad del vencedor; aquel lugar tan detestable y siete veces destruido parece al verle hoy pacífico y floreciente, que ha nacido á la sombra de su antigua competidora. Nuñez de Prado fué ingrato para con el Maestre, puesto que de él había recibido el hábito de la órden, pero bien severamente castigada fué su i n gratitud. E l rey D. Pedro le mandó aprisionar cuando en Almagro le tenía á su mesa. Dicho monarca aterrorizó á los vec. con las amenazas de muerte que formularon sus reales labios, dictó á la Asamblea de la Orden la destitución afrentosa de su jefe exigiendo asimismo que aquella eligiese á D. Diego García de Padilla, hermano de la famosa favorita de D. Pedro y pariente de Garci López. Núñez de Prado, el cual por mandato del Rey fue conducido al castillo de Maqueda y allí murió degollado. No llevo á bien Villareal la elevación de Padilla al cargo de Maestre, pues era grande el odio que sentía hacia aquel linaje, para ella tan fatal, y en su consecuencia declaróse en favor de D. Pedro Estévanez Carpinteiro, sobrino del depuesto é inmolado Núñez, y no solo llevó la guerra á Calatrava, sino que se levantó por primera vez contra el Monarca, cuyo perdón obtuvo en 1355, si bien le alcanzó á costa de los jefes de la asonada, pues E s t é v a n e z Carpinteiro pereció á manos del mismo rey D. Pedro. 





En tiempos de D. Juan I fue villareal cedida transitoriamente al desposeído rey de Armenia León V, y más tarde á su segunda esposa D.ª Beatriz. Hemos dicho transitoriamente, porque los monarcas que fueron sucediéndose en el trono de Castilla no consintieron en desprenderla en absoluto de la corona. Villareal debió á Enrique III diferentes mercedes, y en su tiempo fueron desposeídos los judíos de las sinagogas y la que tenían en Villareal le fue otorgada á Gonzalo Soto, quien en 1398 la vendió á Juan Rodríguez, tesorero mayor del Rey en la Casa-moneda de Toledo: dicho Rodríguez fundó más tarde en el sitio que aquella ocupaba, el convento de Santo Domingo, del órden de predicadores, cuando apenas contaba catorce años de edad D. Juan II, hijo menor de D. Enrique, so protesto de ir á caza salió de Tordesillas, en cuyo punto le retenía como confinado D. Enrique, infante de Aragón y Maestre de Santiago, y acompañado de D. Álvaro de Luna y otros caballeros, penetró en el castillo de Montalvan, hallándose con que en el fuerte, por todo repuesto de municiones de boca, encerraba ocho panes, una fanega de harina, dos de cebada y un cántaro de vino. Apresuróse el infante á poner cerco al castillo al objeto de impedir la entrada de alimentos, y entónces los de Villareal acudieron con fuerzas y entraron en la fortaleza con víveres en los críticos momentos de haberse comido los caballos, siendo el primer el del Rey. En recompensa de tan oportuno como arriesgado servicio. D. Juan, en el año 1420 elevó la pob. á mayor categoría , trocando su título por el de muy noble y muy leal ciudad de Ciudad Real, otorgándola el privilegio de voto en Cortes, y designando á Alfonso García de Villaquiran, natural dé la misma, para que asistiera continuamente al príncipe de Asturias D. Enrique; en 1427 le concedió su real fuero; en 1430 confirmó sus Ordenanzas municipales; y agradecido á los valientes soldados que Ciudad Real le mandara, cuando cercado en Olmedo por el rey de Navarra, se vió en peligro de perder la corona, expidió una honorífica carta á los caballeros hijosdalgos de esta c. nombrando hasta treinta y ocho y ordenándoles que pasaran á descansar á sus casas.




martes, 23 de febrero de 2021

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO GEOGRAFICO DE ESPAÑA DE PABLO RIERA PUBLICADO EN 1882 (IV)

 


Parroquia de San  Pedro. Hállase rodeado el edif., que por cierto denota mucha antigüedad, por sus tres costados de un atrio más alto que las calles. El templo ofrece un severo y monumental carácter con sus tres espaciosas naves, con sus anchas ojivas, con sus pilares compuestos de ocho cilíndricas columnas que ciñen capiteles de rudo follaje y con sus hermosas gradas en el presbiterio, cuyo retablo de escayola, que es magnífico, fue ejecutado en 1863 por D. Silvestre López Donaire, hijo de la cap. El coro, que es bajo y pertenece al siglo XVI, tiene una muy buena sillería, perfectamente tallada, y á su entrada se eleva en la nave principal el caprichoso altar de Ntra. Sra. de la Guía, que es considerado por los inteligentes como acabado modelo del estilo churrigueresco, y cuyo dorado se hizo con limosnas, en el año de 1765. La Virgen ocupa silla de plata, dando la espalda al altar mayor. 




Tiene este templo tres puertas, distintas en el género si bien acordes en la antigüedad. Abrese la principal entre robustos machones, en frente de la cárcel, formada por cinco semicírculos en degradación, cuyas arquivoltas clavetean florones bizantinos y puntas de diamante, y una linda claraboya gótica completa la fachada de las dos puertas laterales. La del N. reviste su arco inferior con arábigas dentelladuras; y gótica la del S., armonizando perfectamente con la cuadrada torre rematada en agudo chapitel que fue construido en el año 1799, ascendiendo su coste á 57,872 rs. y con los muros exteriores de una capilla que flanquean sólidos cubos y adornan ojivales ventanas bordadas de arabescos. Fundó esta capilla, que es actualmente la del Comulgatorio, al espirar el siglo XV, el dadivoso cura Fernando de Coca, dando á su portada y al retablo de la Virgen (que es la de Loreto), cuajado de relieves que representan los misterios de ésta, toda la riqueza, ya que no el primor que la decadencia del arte admitía, y erigiéndose en el fondo de ella un sepulcro de alabastro con efigie sentada sobre la urna, escudo de armas y un paje reclinado á sus pies. Contemporáneas muestran ser aproximadamente, otra pequeña capilla con bóveda de crucería al extremo de la nave izquierda y la mayor reedificada en 1473 por Fernando de Torres, regidor perpetuo, y su esposa Juana. 




Esta iglesia es riquísima en ornamento y vasos sagrados. Posee dos aderezos, uno de ellos compuesto de una cruz y pendientes con un lazo de diamantes, regalado á la Virgen de la Guía en el año que se doró su retablo, por don Antonio Triviño y Carbajal, y el otro de esmeraldas y perlas, también regalado á la misma Virgen, por una persona cuyo nombre se ignora. En 1776 el capitán de navío y caballero del hábito de San Juan de Malta, don Francisco Javier Treviño, envió á esta iglesia desde Nápoles una diadema de plata con ráfagas sobredoradas, cuyo peso es de siete onzas y trece adarmes, con destino á San Francisco Javier. El órgano, que es muy bueno, fue construido en 1762 por D. Lorenzo Fernández Dávila, organista mayor del Rey, quien por afecto á la iglesia, solo se dató en sus cuentas de una pequeña cantidad, aún cuando el valor de él y las obras ejecutadas pasaban de 3,000 escudos. El dorado del mismo se hizo cuatro años más tarde. A los pies del templo y cerca de la puerta de la Umbría, hay un buen cuadro de grandes dimensiones, que representa la cura milagrosa del paralítico, hecha por san Pedro, debido al pincel de D. Vicente López, y el cual estuvo colocado en el altar mayor desde el año 1825 hasta que se construyó el nuevo retablo. Y como esculturas son notables el Jesús Nazareno, que hay en la capilla de San Juan Bautista, propiedad de los Medranos, y la Virgen de la Guía. Las reliquias que con su auténtica se guardan en esta iglesia, son de San Felipe Neri y de San Blas, y un Ligum crucis, Y las imágenes más veneradas en la misma, además de la Virgen de la Guía, que se celebra en su natividad, son la de Jesús Nazareno y la del Cristo del Perdón y de las Aguas, que están en su capilla respectiva, una á cada lado del altar mayor. También se celebra en esta iglesia la función ó publicación de la Bula de la Santa Cruzada que va á buscar clero de las tres parroquias á las casas consistoriales, desde donde es conducida en procesión bajo palio; y cuando por lluvia ó mal tiempo no puede hacerse en dichas casas la bendición de los ramos, en el domingo así llamado, cuyo privilegio tiene el ayunt., se bendicen en esta iglesia con asistencia asimismo del clero de las tres parroquias , según la constitución 17 de las del Cabildo y clerecía de la c , aprobadas por el arzobispo Fonseca en el año 1532. Las hermandades principales que se hallan adscritas á esta iglesia son: la del Cristo del Perdón y de las Aguas, la de la Paz y Caridad, que asiste á los reos condenados á muerte, la de la Coronación de Cristo, la de Jesús Nazareno y la sacramental de Ntra. Sra. de los Dolores. Son, por último, anejos á esta parroquia el santuario de Sta. María de Alarcos y la capilla de la Soledad y de San Juan de Dios.




Parroquia de Santiago. Lástima grande que esta iglesia, la más antigua por cierto, que existe en Ciudad Real, haya perdido con revocaciones inconscientes gran parte de su fisonomía, mas á pesar de eso, sus 3 naves y anchas ojivas están demostrando la antigüedad de su origen y la belleza de su arquitectura. El retablo del altar mayor, es de gran mérito destacándose en él la efigie de Santiago. En esta iglesia consérvense obras escultóricas de gran mérito como la imagen de la Dolorosa, la de la Virgen de la Blanca y algunas otras, preciosos cuadros entre los que sobresalen una Concepción y un San Ildefonso, una cruz parroquial de plata de gran valor intrínseco y de mucho mérito, y un terno de tisú de oro.

Los 3 conventos de monjas Concepcionistas, Carmelitas y Dominicas, construcciones las de los dos primeros del siglo XVI y de principios del XV el último, nada de particular ofrecen bajo el punto de vista artístico. De los conventos suprimidos quedan subsistentes algunas de las iglesias, conservándose en la de San Juan de Dios algunos cuadros de no escaso mérito, pero fuera de esto, nada de particular podemos citar.

Como edif. notables particulares Ciudad Real, según hemos dicho, ha adelantado bastante en los últimos tiempos, pues la parte de construcción moderna, reúne mejores condiciones que la antigua, distinguiéndose entre ellos, la casa en que se hallan establecidas las oficinas del f.c. de Ciudad Real á Badajoz y la del industrial Don Dámaso de Barrenengoa donde tiene establecida su ind.

Muchos y notables establecimientos para la venta de diferentes artículos se encuentran en esta pob., la cual para su esparcimiento y recreo tiene preciosos paseos así dentro como fuera de la cap. El campo de la Libertad, el Pilar y el Prado, tanto por su extensión como por el buen arreglo y arbolado atraen con justicia, gran concurrencia en los días festivos y noches de verano, mientras que la carretera que conduce á Madrid, en sus 2 primeros k., la Corredera y la Ronda ofrecen otros 3 paseos en las afueras, que tampoco carecen de atractivo. Como círculos de recreo, cuenta con el casino de la Amistad y el Popular, en los cuales hay gabinetes de lectura, salones de reunión, etc. El teatro es bastante espacioso y se halla bien decorado, siendo capaz para contener unas 500 personas.




La plaza de toros construida en 1844 es bastante grande, pudiendo contener sus distintas localidades de 7 á 8,000 personas. En la plaza de la Constitución que forma un trapecio de unos 4,000 m. cuadrados y cuya edificación se ha procurado armonizar en lo posible para que el golpe de vista general sea agradable, hallase colocada en el centro, una fuente monumental erigida en honor del famoso Hernán Pérez del Pulgar, hallándose en el pedestal una inscripción en letras de oro que dice así: «Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hazañas. Nació en Ciudad Real en 1451 y murió en Granada en 1531. La ciudad natal consagra esta memoria al Señor de los molinos de Tremecen, al héroe de Alhama, del Salar de Guadix, de Salobreña, de Granada y de Mondéjar.» Algunas otras fuentes colocadas en distintos sitios de la pob., abastecen al vecindario del agua necesaria para sus usos domésticos.

Antiguamente hallábase cercada la c, y si bien quedan todavía algunos restos de aquella especie de muralla, sirven únicamente para corroborar la existencia del muro, habiéndose derruido también en su mayoría las 130 torres que en pasadas edades la flanqueaban y la guarnecían. Ocho puertas tenía la c, que se denominaban de Toledo, Calatrava, Mata, Granada, Ciruela, Alarcos, Santa María y Carmen, de las cuales alguna ha desaparecido ya, y otras no ofrecen gran importancia. La más notable entre todas es la de Toledo, que se abre entre dos cuadradas torres en las cuales se advierte el gusto y la escuela arquitectónica de los árabes, por más que según se cree no fue obra de éstos la mencionada puerta. La de la Ciruela, obra del siglo XVI, no carece de mérito abriéndose también entre dos torreones unidos entre sí por una cortina ó muro terminado por ménsulas y almenas que se apoyan en pequeños arcos de medio punto. El arco que forma la puerta arranca sobre impostas entalladas de rudo follaje y en sus enjutas hay 2 medallones. La traza y dirección de esta puerta corrió á cargo de los entendidos arquitectos Cirilo y Antonino Vara y Soria. –

Sit. geog. y top. A los 38° 59' 21" latitud N. y los 0º 14´  29" longitud O. del meridiano de Madrid, hallase situada esta pob., que disfruta de un cielo despejado y alegre y de un clima bastante sano, á pesar de lo rigurosas que son las dos estaciones extremas por efecto de la sit. top. que ocupa la prov. Confina su tér. con los de Carrión de Calatrava, Miguelturra y Poblete, por el E. , S. y O. y COD el de Fernancaballero, del part. jud. De Piedrabuena, por el N. El terreno, llano como hemos dicho, hallase en gran parte cubierto de arboleda, viñedos y olivares y los r. Guadiana y Jabalón que es su afluente, deslizanse á unos 6 k. de la c. en dirección al N. el primero y por el O. el segundo.

Algunos cerros ó cabezos de corta importancia hay en el tér., entre los cuales el más notable es el de Alarcos, desde el cual, como que el terreno es tan llano, la vista alcanza una gran extensión. Las prod. consisten en cereales, hortalizas, frutas, zumaque y excelentes pastos, merced á los cuales mantiénese ganado de todas especies. Como que abunda el viñedo y los olivares, las elaboraciones de entrambos caldos entretienen un buen número de brazos y constituyen un elemento muy notable en la riqueza general de la prov.





lunes, 22 de febrero de 2021

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO GEOGRAFICO DE ESPAÑA DE PABLO RIERA PUBLICADO EN 1882 (III)

 



Notable es también el local ocupado por el Instituto provincial de 2.ª enseñanza que perteneció al convento de la Merced. La primitiva fábrica, de excelente forma y arquitectura, ha sido modificada con arreglo al nuevo destino que se le dio al crearse el Instituto en el año de 1843, y verdaderamente reúne todas aquellas condiciones exigidas en un establecimiento de este género. Cuatro grandes salas para cátedras, un espacioso salón para actos públicos, otra habitación de descanso para los profesores, las dependencias de Secretaría y los gabinetes de Historia natural. Física y Química juntamente con el espacio destinado á biblioteca, enciérrense en este vasto edif. donde queda todavía local para habitación de los dependientes del mismo y donde se halla actualmente instalado un establecimiento meteorológico; distinción especial que tiene el Instituto de Ciudad-Real, respecto á otros de España. Los gabinetes antes citados son ricos en colecciones, el de Historia natural, y en aparatos y demás útiles indispensables para la enseñanza de sus respectivas asignaturas, los de Física y Química, El colegio de internos incorporado al Instituto, ocupa también la planta alta de este mismo edif. y puede comprenderse perfectamente Por el local necesario para esta clase de establecimientos las proporciones que ha de tener el que nos ocupa para que haya el suficiente desahogo en todas las dependencias y reúnan las condiciones higiénicas tan recomendables para esta clase de establecimientos.

Los cuarteles de caballería ó infantería que ocupan el vasto edif. fundado en 1784 por el Cardenal Arzobispo de Toledo para Hospicio ó Casa de Misericordia, son realmente importantes en términos, que el de caballería en particular, pasa por ser uno de los mejores de España, pudiéndose alojar cómodamente en él 5,000 hombres y 1,000 caballos, con lo cual se demuestra la capacidad de aquel edif. que cambió de destino, desde la entrada de las tropas francesas en 1809 que fueron quienes lo convirtieronen cuartel y punto fortificado. 



En el exconvento de San Juan de Dios, edif. que tampoco carecía de buenas dotes arquitectónicas, hállanse instaladas las Escuelas Normales de maestros y maestras con la conveniente separación, siendo éste otro de los locales que merecen ser visitados en Ciudad Real, así por su buen régimen, como por su biblioteca y cómodas dependencias. - Los edif. en que se hallan establecidos el Gobierno civil, Delegación de Hacienda y G. M . , nada de notable ofrecen más que sus condiciones de capacidad para el objeto á que se hallan destinados.

Edificios religiosos. Erigido en dióc. el antiguo vicariato de Ciudad Real, sus parroquias han sufrido también las consiguientes modificaciones; mas como quiera que no es este el lugar en que hemos de ocuparnos de la categoría ó del servicio de los citados templos, puesto que en su lugar correspondiente hemos dicho lo que sobre el particular convenía, nos circunscribiremos aquí á describir los principales templos de la c., valiéndonos para ello de las noticias que nos facilita el ilustrado escritor Sr. D. Domingo Clemente, en su ya mentada Guía de Ciudad Real.

Santa María del Prado. Hallase fabricado este templo, de ladrillo, con arcos de sillares labrados, y las aristas que componen la capilla mayor vienen á converger en lo alto de ella en una diminuta piña perfectamente dorada. Tiene solo una nave, pero tan alta, grande y espaciosa que quizás no hay otra en España que la exceda, pues que cuenta cincuenta metros de longitud y diez y siete de latitud: su arquitectura es del género gótico, descargado de follajes y menudencias. Las dos bóvedas inferiores las cerró en 1500 Antonio Fernández de Écija, y la tercera se concluyó en 1514, y en el adorno de su crucería se advierte con efecto una favorable progresión, terminando graciosamente en el ábside, que ocupa un precioso retablo. Este es mucho más moderno que lo restante de la fábrica, y de lo mejor que nos queda del buen tiempo de las artes. Se atribuye á Giraldo de Merlo, por los años de 1616 y consta de cuatro cuerpos, y de los órdenes de arquitectura dórico, jónico, corintio, y compuesto, con cuatro columnas en cada uno, en los cuales y el resto del retablo hay distribuidas más de cincuenta piezas de escultura, entre ellas los doce apóstoles, de cuerpo entero, de tamaño mucho mayor que el natural y tableros de medio relieve representando asuntos de la Vida y Pasión de Jesucristo, rematando en el hueco de la gran bóveda con un Padre Eterno de extraordinaria magnitud, pero muy bien graduado, un Crucifijo, la Virgen y San Juan. En la mitad del retablo y sobre majestuoso tabernáculo, hallase colocada en trono de plata la joya principal del templo y aún de la ciudad á los ojos de sus devotos, la imagen de Ntra. Sra del Prado, á cuyo lindo camarín conduce magnífica sacristía y ancha escalera, y ante la cual penden regios estandartes por glorioso trofeo. 



La sillería del coro, de nogal tallado con muchísimo gusto y primor, y el órgano, guardan proporción con lo restante del templo. En sus paredes laterales y cerca del altar mayor hay dos corredores altos con arcos de hierro para sostener cada uno de ellos ocho lámparas, que antiguamente eran de plata de diversas hechuras, regaladas en los siglos XVI y XVII con otras diferentes alhajas por sujetos cuyos nombres se conservan, y algunas de ellas enviadas de las Indias Orientales; pero habiendo sido recogidas en 1811 de orden de la Junta de la Mancha, se han ido sustituyendo del mejor modo posible. En el centro del templo había otra lámpara preciosa y de la misma procedencia, que pesaba mil trescientas cuarenta y cuatro onzas, de plata; más habiendo sufrido igual suerte que las anteriores, fue reemplazada por la que dieron á la Virgen en 24 de agosto de 1817 D. Diego Muñoz y su esposa, vecinos de Ciudad Real, la cual cuenta novecientas veinte y tres onzas, de plata, ó sea el mismo peso que tenía su hija D.ª María del Prado, cuando siendo niña cayó sin sufrir lesión alguna, desde el corredor de su casa al patio. En las bóvedas del templo ondean los estandartes que sirven en las proclamaciones de los reyes, habiéndose reunido algunas veces hasta seis. No se sabe en virtud de qué privilegio deben fijarse allí, pero es lo cierto que apenas se ha verificado la proclamación, se hace entrega formal de los estandartes en esta iglesia.

Metida en angosta calle y entre macizos contrafuertes la portada principal de forma ojiva y de ornato semibizantino, ella y otra puerta lateral su contemporánea, parecen entregadas al olvido por el gusto del renacimiento que, al través de los árboles del paseo, campea luchando con góticas reminiscencias en las rasgadas ventanas del ábside y en la puerta del S. La torre, empero, cuya fábrica se empezó en 1551, no habiendo pasado del primer cuerpo adornado de una linda ventana, es elevadísima, toda de piedra labrada y costó un millón deséales levantarla, quedando terminada el año de 1825, en que se emprendieron de nuevo los trabajos. En la ventana del E. hay una hermosa y sonora campana regalada por San Fernando, la cual estuvo en la torre antigua, demolida á fines del siglo pasado, y tiene las inscripciones siguientes. En la parte superior: «Assumpta est María in coelum, gaudent angelí; laudantes benedicunt Dominum.» En la inferior: «Dióme á la milagrosa imagen de Ntra. Sra. Santa María del Prado la devoción de la majestad del Sr. D. Fernando en 1242.» Y en la parte exterior tiene una cruz y once escudos con las armas de Castilla y León, en medio de cada uno de los cuales hay una flor de lis.

 


Respecto á la Virgen del Prado, cuenta la tradición que en el año de 1013, yendo á Velilla un caballero aragonés , llamado Ramón Floraz , abrevó su caballo en una fuente, y notando un hoyo en que el animal había hundido el pie y ensanchándolo con su acero, halló una bóveda subterránea de dónde salía fragancia y una luz sobrenatural, cuyo rastro le condujo hasta una imagen dorada de Ntra Sra., en aquel recinto escondida desde el año 713, y la cual había sido venerada en la citada Velilla desde el de 430 con el título de Ntra. Sra. de Tormos, Torneos ó Tornos. Llevósela el caballero, parando antes en Villareal, cerca de Daroca, á su rey Sancho el Mayor, quien recompensándole generosamente colocó la efigie en su oratorio, y la trasmitió á su hijo Fernando I de Castilla. Traída al cerco de Toledo, dio á Alfonso VI la victoria; y olvidada en la campaña siguiente, permitió fuese derrotado en Zalaca, con lo cual escarmentado el príncipe, en la expedición de 1088, en que hizo tributario al rey moro de Córdoba, encargó á su capellán Marcelo Colino que llevase consigo la imagen. Detenido éste en Pozuelo seco de Don Gil, donde vivían ya pacíficamente algunos cristianos, y sesteando en un prado bajo los árboles, viéronla aquellas buenas gentes y suplicaron en vano al sacerdote que se la dejase; pero ella misma, antes de llegar á Caracuel, volvió milagrosamente á aquel sitio y mostrando su voluntad de residir allí, se le fabricó una ermita, donde empezó á ser devotamente venerada. Hasta 1513 estuvo esta imagen sentada en una preciosa silla dorada; pero en el indicado año determinó la devoción quitarla de ella, desbastándola en proporción para ponerla de pie, y vestirla á la usanza de aquellos tiempos con riquísimos mantos de hermosas telas. Los despojos de la talla de la Virgen y la silla fueron llevados por un devoto clérigo, natural de Ciudad Real, llamado el Licenciado Póblete, á la ciudad de Lima, capital del Perú, donde hizo dé aquella madera una imágen pequeña, que colocó en la parroquia de los indios, dando á una y á otra el nombre de Ntra. Sra. del Prado. En el camarín guárdanse preciosas alhajas regaladas por los devotos, un cuadrito de la Concepción de Lucas Jordán, y una cabeza del Bautista, de Eugenio Caxés. Y entre los varios y muy ricos vestidos de la Virgen se conserva uno regalado por el santo rey Don Fernando en 1242, el cual es de tela de oro y plata con flores verdes y encarnadas y dos grandes cenefas de terciopelo, color de púrpura, bordadas á realce y gusanillo, estando además todo él guarnecido de camafeos, unos de plata y otros de plata sobredorada, engarzados en pedrería.

Las imágenes en esta iglesia más veneradas, además de la Virgen del Prado, son: el Santo Cristo de la Piedad y la Dolorosa. Y entre las muchas reliquias que se guardan en la misma, hay una de San Palmado. De esta iglesia sale la procesión general del Corpus, á la que asiste el clero de las tres parroquias, y las hermandades todas de la ciudad, y la del Santo Cristo de la Poblachuela. Las principales hermandades adscritas á la misma son: Ntra. Sra. María Santísima del Prado, patrona de la ciudad y de la comarca y restauradora de ambas Castillas; la del Santísimo Sacramento, y la de la Virgen de los Dolores.

Como sucursal de esta parroquia, se halla habilitada la iglesia de Ntra. Sra. de la Merced, y á ella están agregadas la ermita de la Virgen de los Remedios, la iglesia del que fue convento de carmelitas descalzos, así como el convento de religiosas carmelitas.