jueves, 14 de enero de 2016

POBREZA Y BENEFICENCIA EN CIUDAD REAL: EL HOSPITAL DE LA HERMANDAD VIEJA. (1491-1525) IV



2.4. Dotación del centro

El tema de la dotación suele resultar uno de los puntos más considerados y analizados en este tipo de trabajos para obtener, de alguna forma, una aproximación a la importancia del centro objeto de atención.

De todos los elementos que formaban parte de los hospitales se suele tomar como referente uno de ellos en concreto, el número de camas, para conocer la cantidad de personas que podía albergar y determinar así el papel sociológico que podía jugar en el entorno. Ciertamente éste es un procedimiento que conduce a unas estimaciones meramente aproximadas, aunque es verdad que con ello se rellenan, en cierta medida, algunas lagunas de conocimiento. Es bien sabido que se trata de una regla imprecisa, ya que el número de camas no resulta en modo alguno equivalente al número de personas a las que podía albergar (86). De todas formas, al tener que apoyarse, inevitablemente, en algún elemento cuando se desconoce la capacidad, se suele optar por éste, aunque resulte meramente aproximativo, al carecer de otros de mayor fiabilidad. Ante tales carencias informativas quizá podría hacerse depender la importancia del centro, su impacto social, no ya de sus potencialidades asistenciales amplias, de las posibles atenciones benéficas o de las sanitarias que pudiera ofrecer sin que de ellas resultase una hospitalización de los individuos, sino de su capacidad receptiva, de internamiento de los enfermos que lo necesitasen, y ello vendría en buena medida marcado por ese elemento, a pesar de todas las observaciones que se le han hecho (87).

Atendiendo, pues, al número de camas, el hospital que aquí nos ocupa parece ser que se encontraba dotado de ocho, como registra la documentación (88), número que puede ser considerado a primera vista como modesto, pero que no lo haría muy diferente de la mayor parte de tales centros existentes en la Península en aquellos tiempos (89). Con esa infraestructura podía atender a unos dieciséis enfermos, cifra deducible del número de almohadas con que se dota (90) Aunque no se puede precisar, posiblemente en años sucesivos ampliara algo su número (91).

Todo parece indicar que fue en 1499 cuando se realiza la primera inversión tendente a cubrir siquiera, con lo más indispensable, la puesta en funcionamiento del hospital (92). Para tal fin se hizo una compra de ocho "yxergas", o jergones, sobre los que se conoce que solían confeccionarse con tela muy grosera y se acostumbraba a rellenarlos con paja o hierba seca (93). En el presente caso no es fácil poder determinar con qué fueron rellenados, aunque al ser citada en ocasiones la compra de "masiega", cabe pensar que bien pudo ser éste el material utilizado para tal menester (94). Es conocido, por otra parte, que tal prenda, el jergón, era colocado en la parte inferior, aislando del suelo o de la superficie sobre la que se asentaba, y encima del mismo se ponía el colchón. Aunque con claridad no especifican las fuentes el contenido de éste, cabe deducir sin grandes dificultades, por la compra realizada, que eran de lana (95).

Para completar en sus inicios la dotación y el ajuar de las camas se compraron ocho pares de sábanas y dieciséis almohadas (96). En este mismo sentido se menciona la compra de 200 varas de "brete", cantidad elevada que induce a pensar que posiblemente se utilizaron como cobertor o manta (97). Este último complemento citado, las mantas, con tal denominación aparecen compradas con posterioridad, en 1500 (98), si bien en número pequeño, pues solamente son cinco las adquiridas, siendo las camas, como se ha indicado, ocho. Para colmo no son precisamente de la mejor calidad, sino de borra; aunque sí se apostilla que son nuevas. Ello es lo que induce a pensar que las varas de "brete" adquiridas con anterioridad debieron servir para la finalidad apuntada.


De lo que no dejan constancia las fuentes es de la existencia de camas propiamente dichas, entendiendo por tales el mueble que hoy día designamos con dicho vocablo, lo que permite suponer que no existieron, sino que fue el suelo u otro tipo de superficie lisa, quizá algún poyo, los lugares sobre los que se colocaron las "ysergas".

Existe otro aspecto que, aunque debe ser contemplado desde el punto de vista de la salubridad e higiene interna del edificio, también requería determinadas inversiones y gastos de dotación. Un gasto, que se realizaría con más frecuencia, y que parece contemplarse con un cierto ritmo o estacionalidad, era el referido a los procesos de lavado y escaldado de determinadas prendas del hospital, como sábanas y colchones, fundamentalmente, para cuyo fin se adquirían diversos productos: jabón, ceniza, leña (99). En tales ocasiones se deshacían los colchones para llevar a cabo en profundidad tales operaciones, lavando y saneando probablemente tela y lana cada una por su lado, y volviéndolos a recomponer tras su finalización (100). Con motivo de una circunstancia de este tipo será adquirido el relleno de los colchones, como se ha dicho.

Ciertamente no bastaba con llevar a cabo estas dotaciones iniciales, sino que estas prendas, al ser perecederas, hacían necesaria su reposición con una relativa frecuencia, lo que se puede observar en la documentación durante el período estudiado. Como ya se ha indicado, existen indicios para pensar que no todas las reposiciones de colchones que se citan lo fueron a modo de sustitución, sino que más bien debió tratarse en una ampliación del número de camas (101). Tal presunción podría sostenerse sobre todo en el año 1507. A lo dicho habría que añadir el número de enterramientos que se llevan a cabo ese año por parte de la Hermandad, un total de diecinueve (102), algunos de los cuales consta, por referencia directa, que mueren en el hospital (103). El número de personas fallecidas hace sospechar que en dicha ocasión el centro funcionó con una capacidad hospitalaria superior a la que le era propia. Y probablemente, dada la demanda, manifestó una carencia que posibilitó el que se pensase en su aumento de capacidad para dar respuesta a las necesidades planteadas (104). Con ello la Hermandad contribuiría a paliar, de alguna forma, la angustiosa situación.

La dotación inicial, y el incremento posterior de la misma, llevan a plantear la cuestión de la calidad de los productos empleados, algo que, en cierta medida, posibilita una aproximación a la calidad de la asistencia prestada. Sin duda que esta no debe medirse con los parámetros de hoy día, pero es claro que su determinación nos puede conducir a un entendimiento de la mentalidad del hombre y de la sociedad medievales. Resulta obvio que la asistencia prestada, tanto desde el punto de vista de la beneficencia, como desde el de la sanidad, iba dirigido a una gente cuyos recursos eran insuficientes para afrontar ciertas calamidades, en definitiva los pobres. Ello haría que la cuestión fuese abordada desde la óptica de cubrir o satisfacer unas necesidades mínimas del individuo, cuyo menor costo posibilitaría un aumento en el número de personas atendidas. En este sentido, sorprende sobremanera no encontrar información en las cuestas de la institución de gasto de ningún tipo tendente a cubrir las necesidades de alimentación del colectivo allí acogido (105). Por otro lado, la calidad del material empleado para la confección de los objetos del ajuar, sábanas, mantas y colchones, no parece que fuese muy buena. Su contextura parece gruesa y áspera, como se desprende de la utilización del “anjeo” (106) o la estopa, material con el que sin duda estaban confeccionados los colchones, puesto que este mismo material es el empleado para remendarlos (107), aunque en alguna ocasión es el lienzo (108), si bien éste debía usarse con mayor frecuencia para los almadraques. En cualquier caso sí puede observarse, de forma un tanto velada si se quiere, un progresivo empobrecimiento en los productos a utilizar (109). Tal vez la razón de este deslizamiento estribe en que la entidad benefactora, la Hermandad, atravesaba momentos difíciles, de ahí que aminorara, en la medida de lo posible, sus gastos. A ello hay que añadir que no eran demasiado abundantes las piezas del ajuar disponibles para los fines del centro, puesto que en alguna ocasión se justifica la compra de sábanas "porque no avie" (110).


Tras esta descripción de la dotación, la impresión que se saca es que la institución sólo intentaba contribuir, junto con otras instancias, a resolver los retos planteados a la población desde el punto de vista benéfico-asistencial, pero que no pretendía en modo alguno suplir esfuerzos y responsabilidades de otros sectores de la sociedad.

2.5. La asistencia: personal del hospital

Aunque cabría incluir este epígrafe en el referente a la dotación, la naturaleza propia del mismo hace que merezca un tratamiento apartado. Como ya se ha dicho en reiteradas ocasiones, la finalidad por la que se creó el hospital fue fundamentalmente la de acoger a los pobres, más que cuidar estrictamente de los enfermos, lo que no quiere decir que si algún pobre lo estaba, o "doliente", no se les atendiera (111). Aun así, convendría tener en cuenta que no por el mero hecho de ser dolientes supondría, necesariamente, que se le dispensaran los cuidados médicos pertinentes, o cuando menos imprescindibles; todo lo contrario, no hay una sola noticia que indique la práctica de la medicina, tal como hoy día la entendemos, en el centro.

En cuanto al sexo de los acogidos en él parece ser que se trataba indistintamente de hombres o mujeres. La documentación habla de una forma genérica de los pobres, no obstante hay constancia de la presencia de una mujer bajo sus muros (112). Cabe pensar, en buena lógica, que de ser esto ciertos hombres y mujeres se acogerían en dependencias separadas (113). Pero a estos pobres, al igual que en otros hospitales, no sólo se les daba cobijo, sino también acogida, cuando menos, sin que se pueda precisar en qué consistía exactamente ésta.

En cualquier caso, de ello se encargaban determinadas personas, que recibían el título de hospitalero u hospitalera -sin duda coexistiendo ambos en función de dar atención a las personas de su respectivo sexo-, de los que se tienen noticias para el periodo aquí estudiado. Durante el mismo se sabe que ocuparon el cargo dos hospitaleros: Martín Sánchez y Alonso Guzmán; así como también dos hospitaleras: la de Escobar y Leonor Ruíz, mujer de Alonso Guzmán (114).

Pero también se encontraba dotado -aunque posiblemente no desde los inicios de su funcionamiento- de un nuevo cargo: el de portero. Del mismo se tiene noticia desde 1507 (115), hecho que vendría a confirmar, de alguna manera, la hipótesis de una mayor demanda en esa fecha, como se ha apuntado un poco más arriba, y la necesidad de una mejoría en la asistencia. Así, al menos desde 1507, se contaría, además de con los hospitaleros, con un portero, cargo que muy probable continuó.

En cuanto al trabajo específico que le correspondería desempeñar a cada uno de ellos, no se registra en ninguna ocasión el del portero, aunque resulte fácilmente deducible por el nombre. Posiblemente recibiese y orientase a los recién llegados sobre pormenores de su estancia allí, a dónde se debían dirigir, qué debían hacer, etc., sin que ello impidiese completar sus funciones con las de vigilancia general del centro. Lo mismo acontece respecto a las del hospitalero, que nos resultan desconocidas, aunque bien pudiera dedicarse -aparte de algunas funciones asistenciales- a determinadas tareas que requiriesen mayor fortaleza, como partir la leña, escaldar la ropa, etc. En cuanto al de la hospitalera, por el contrario, las fuentes son un poco más explícitas, registrando que consistía en estar "en el dicho espital e alvergar los pobres e alinpiallos" (116). En definitiva, consistía en el desempeño de una serie de atenciones mínimas, imprescindibles y necesarias para el mantenimiento cotidiano y cuidado asistencial.

En cualquiera de los casos, parece ser que una de las condiciones para ocupar el cargo era que residiesen de una forma habitual en las dependencias del hospital, en función de lo cual se les retribuía, por estar en el hospital (117). Ello se incluía también en el caso del portero, dado que al poco tiempo de tenerse noticias de la presencia de éste en el hospital, se rehabilita una de sus dependencias, "el xaraiz del espytal que se dio donde estuviese la de Alonso López, el portero" (118).

Nada, en cambio, se menciona de personal sanitario de otro tipo, como médicos o boticarios, lo que lleva a concluir lo ya dicho antes, que no ejercían sus funciones en él y que el tratamiento de beneficencia se llevaba a cabo, fundamentalmente, en función de la pobreza, no de la enfermedad.

Adelina ROMERO MARTINEZ
Luis Rafael VILLEGAS DIAZ
Universidad de Granada



86 Consta por numerosos ejemplos y casos que en una misma cama solía dormir más de un enfermo o de un pobre, según el caso. Cfr. MOLLAT, Les pauvres, p. 122.

87 Por lo que respecta al mobiliario y enseres con que solían contar estos centros, puede consultarse, a modo de ejemplo, PEINADO SANTAELLA, "La asistencia a los pobres", pp. 399-400.

88 Tal capacidad se puede deducir de una noticia de 1499, cuando se presenta una pequeña relación de prendas: hacer 8 colchones, 8 pares de sábanas, 16 almohadas, "para ocho camas para el espital" Cfr. Cuentas 1498-99, núm. 25.

89 Según MOLLAT podría establecerse una media general para Europa entre 25 y 30 camas por hospital, aunque los de la Península Ibérica fueron, salvo en algunos casos, más modestos. Cfr. Les pauvres, pp. 180-182. La cifra más frecuente parece ser la de 12, número que parece seguir la letra evangélica y conforme, en este sentido, con el número de los apóstoles. También hay que decir que bastaba que una institución tuviera dos o tres camas para que fuera considerada hospital.

90 Cfr. la nota 88. Era frecuente en la época que una misma cama sirviese para atender dos enfermos.

91 Resulta arriesgado afirmarlo contundentemente, dado que se desconoce si la realización de nuevos colchones o almadraques que registran las fuentes, fueron en sustitución de los ya deteriorados o para una ampliación.

92 " Gastó... en doscientas varas de brete..., e en onse arrovas de lana grosera lavada..., e del curar el dicho brete..., e de hilo..., e del traer la lana..., e de la hechura de los colchones e de las sávanas..., e de ocho yxergas para las camas..., lo qual todo se gastó para haser ocho colchones e ocho pares de sávanas e deziseis almohadas para ocho camas para el espital". Cuentas 1498-99 núm. 25.

93 Cfr. Diccionario de Autoridades, Madrid, 1979, s.v. En dicha obra se pueden encontrar los términos "xerga" y "xergón", que se han estimado como sinónimos de los vocablos utilizados en la documentación. Conviene, no obstante, apuntar que de significar un tejido de baja calidad, pasó a indicar el objeto elaborado con la misma. Sobre la evolución del vocablo, puede verse MARTINEZ MELENDEZ, Ma. C., Los nombres de tejidos en castellano medieval, Granada, 1989, pp. 106-111.

94 En la región se conoce por masiega el conjunto de vegetación ribereña, carrizo y anea principalmente.

95 La deducción viene avalada por otras noticias, pues años más tarde se recoge: "y en lana para los colchones viejos". Cuentas 1519-20, núm. 6.

96 En cuanto al ajuar de las camas, a modo de ejemplo, puede verse el que teman los pobres del hospital de Santa María la Real de Burgos. En este sentido se observa el contraste existente entre 1342, 1450 y 1503. MARTINEZ GARCIA, La asistencia a los pobres, pp, 40-41 y 133-134.

97 Es éste un término del que no se ha podido determinar su significado exacto. Se encuentra definido como ’’cepo o prisión estrecha de hierro, que se pone a los reos en los pies, para que no puedan huir. Covarrubias dice que es el potro en que se da tormento a los delincuentes". Diccionario de Autoridades, s.v. En cualquier caso, el término no parece totalmente desconocido dentro del vocabulario textil medieval, bajo la grafía brote, aplicado a paños de Arras, aunque no se aprecia aquí como muy exacto el significado proporcionado por MARTINEZ MELENDEZ, El nombre de tejidos en el castellano medieval, p.139, nota 5, de que se tratase de un paño adornado con dibujos de plantas. En el presente caso, al precisarse en la compra la cantidad por varas y en cuantía elevada, se ha estimado que debe de tratarse de algún tipo de tejido, que pudiera servir a modo de cobertor, como se indica. Y dado que la fuente habla de "curar" ese material en cuestión, quizá se pueda entender que se trataría de un paño grueso y poco refinado, al que no se le hubieran aplicado procesos de refinamiento.

98 "En çinco mantas de borra nuevas para el espital de la dicha Hermandad". Cuentas 1498-99, núm. 38. La compra realmente se efectua en 1500, el 9 de septiembre, aunque el gasto se carga al remanente de las cuentas de los años anteriores, mecanismo usual que permitía cobrar las cantidades que se adeudaban a la Hermandad.

99 Con este fin se compraban cargas de leña, ceniza y, en dos ocasiones es citado el jabón "De xabón para las sávanas y colchón del espital". Cuentas 1504-05 núm. 15. Sirvan estos párrafos para aclarar más esta cuestión: "Otrosy que dió para leña e ceniza para escaldar los colchones del hospital, e para hazerlos". Cuentas 1502-03 núm. 32. Hay un dato que hace sospechar el establecimiento de fechas fijas para estas funciones. Una bien pudiera ser la Pascua del Espíritu Santo: "Más otra carga de leña para la Pascua de Spíritu Santo, para escaldar la ropa". Cuentas 1510-11, núm. 28. Ver también la nota siguiente.

100 "En leña para escaldar la ropa de los pobres del espital e haser e desaser los colchones y escaldallos”. Cuentas 1509-10, núm. 32.

101 Aunque con más claridad a finales del periodo estudiado: "gastó en quarenta e quatro varas de angeo que conpró... para faser sávanas e colchones para el espital de la Santa Hermandad porque dello tenía nesçesidad, asy mismo se repararon e adobaron otros colchones questavan rotos". Cuentas 1525-25, núm.23.

102 Todos ellos durante un período de tiempo muy reducido, entre junio y septiembre. De los trece primeros se tienen noticias en 25 de junio de 1507: "que dió por haser siete sepolturas de siete pobres que murieron en el espital de la Hermandad setenta maravedís. Que dió por haser otras seys sepolturas de seys pobres sesenta maravedís." Cuentas, 1506-07, núm. 22. Las seis restantes en 10 de septiembre del mismo año: "de haser una sepultura para enterrar un pobre del espytal e enterrallo, catorze maravedís. De haser otra sepoltura a otro pobre y enterrallo, diez e syete maravedís. De otra sepoltura para otro pobre, quinze maravedís. De dos sepolturas para dos pobres, quinze maravedís. De otra sepoltura para otro pobre y enterrallo, diez e syete maravedís". Cuentas 1506-07, núm. 28. No resulta, pues, descabellado pensar que se trató de un brote de peste, desencadenante último de unos años de crisis que se venían produciendo desde 1505. Un nuevo brote, esta vez con menor virulencia, al parecer, parece registrarse en el verano siguiente.

103 Lo que es común a todos ellos es su condición social; de todos se dice que son pobres.

104 Las fuentes registran que se hacen un total de siete nuevos colchones, cantidad que resulta sorprendente, cuando menos, pues casi vendría a duplicar la capacidad inicial: "De hilo y hechura de un colchón del espital qatorze maravedís..., de hilo y hechura de otros tres colchones..."; "dos yxergas para dos camas..., de hilo para tres colchones que se hizieron..., de hechura a la que los hizo..., de lienzo para remendar los almadraques que se hizieron..., quatro cargas de paja para las camas..., otras dos varas destopa para remendar otro colchón". Cuentas 1506-07, núms. 22 y 28 respectivamente.

105 Es probable que la institución no contabilizase las donaciones que pudiera recibir el centro, pues no tendrían la consideración de rentas continuas y, en consecuencia, el mayordomo, contra el que se libraban los gastos, no tuviera necesidad de anotar para su justificación posterior tales ingresos.

106 Su grafía correcta sería "angeo", que es un lienzo de estopa o lino basto y grosero, '’que se trae de fuera de estos Reinos, y comunmente de la provincia de Anjou, por cuya razón se llama angeo". Diccionario de Autoridades, s.v.

107 Véase más arriba la nota 104.

108 "Comprar lienço para las camas del espital de la Hermandad, porque no avíe sávanas en las camas de los pobres". Cuentas 1510-11, núm. 3

109 Se puede comprobar cómo se pasa del lienzo a la estopa para las sábanas, o bien "de brete" como se halla en las Cuentas de 1519-20, núm. 6.

110 Cuentas 1510-11, núm. 3.

111 De hecho se tiene noticia de la compra de "dos baçines de barro para los dolientes". Cuentas 1502-03, núm. 32. Lo mismo puede apreciarse en las muertes acaecidas en el año 1507, véase nota 102.

112 "Que dió por amor de Dios de comer a una pobre del espytal". Cuentas 1506-07, núm. 22.

113 Un hecho tal resultaba práctica corriente en este tipo de centros, como puede observarse en el caso de Burgos. Cfr. MARTINEZ GARCIA, La asistencia a los pobres, p. 133.

114 "A Martín Sánches, espitalero del espytal de la Hermandad, del tienpo questovo en el espytal". Cuentas 1501-02, núm. 28 y Cuentas 1502-03, núm. 16. "Más gastastes en dar a la d’Escobar, mientras que non ovo espytalera". Cuentas 1501-02, núm. 53. "A Leonor, la espitalera... dende el día que se fue la otra que tenía el espital". Cuentas 1501-02, núm. 46.

115 "Más que dio al espytalero y a Alonso Lopes, portero, para carne a la Pascua". Cuentas 1506-07, núm. 22. Se desconoce el sueldo que pudiera percibir por los servicios prestados, sólo la noticia ofrecida del regalo de carne en Pascua Florida.

116 Cuentas 1504-05, núm. 42. Entre los cometidos señalados en estos casos para el Campo de Calatrava se citan: tener limpio el edificio y dispuestas siempre las camas. Cfr. TORRES JIMENEZ, Religiosidad popular, pp. 126-127. Por lo que respecta al salario que ésta percibía, era de 750 mrs. y una carga de leña. En esta misma partida se puede comprobar el hecho, siendo la cuantía de la leña de 136 mrs. En otras ocasiones se dice que se le daba la leña, según la costumbre, por Navidad. En este mismo sentido, posiblemente fuera igualmente costumbre la compra de carne en Pascua Florida. Véase la nota anterior. En Ciudad Real la cantidad empleada resulta más elevada que la que recibía, por ejemplo, la hospitalera de Martos por esas fechas, 150 mrs. Cfr. SOLANO RUIZ, "Aspectos de la pobreza", p. 365.

117 No resulta nada extraño, pues parece que era norma frecuente, al menos en los casos que se han estudiado.

118 Cfr. Cuentas 1506-07, núm. 28.

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