miércoles, 27 de marzo de 2019

RECUERDOS DE OTROS TIEMPOS


El Niño Jesús de la Parroquia de San Pedro la mañana del Viernes Santo en 1918

Una de las mayores satisfacciones y alegrías que tiene un manchego, es la de volver a su patria chica, y estas aumentan, si a su regreso tiene el gusto de abrazar a sus amigos de la infancia y ver siguen con los ideales y fe católica que les enseñaron sus padres.

Uno de los orgullos de los ciudarrealeños son sus procesiones de Semana Santa. Porque ellas, son manifestaciones de su fervor religioso, por su orden y por su entusiasmo.

Y si el regreso a la patria chica es en vísperas de los días de Pasión, es mayor la alegría, al ver los preparativos que cada cofradía hace, superándose a los años anteriores, para demostrar su fe y entusiasmo. En todas las tertulias no es otro el tema de las conversaciones, que las procesiones de Semana Santa y se van dando cuenta al paisano que vuelve, de las innovaciones que hay, de las cofradías nuevas que salen, de las imágenes nuevas que se han adquirido. Y nos hacen recordar aquellos tiempos de la niñez que estábamos deseando llegara el lunes de Pasión y salir de la escuela a las doce, para ir a casa del Sacristán de San Pedro y alquilar a Eloy una túnica del “Niño”.

Por estrecha y crujiente escalera de madera, salíamos a una sala donde de grandes arcones iba sacando las túnicas. Por cincuenta céntimos nos la alquilaba y por otros cincuenta nos daba el cetro a los que primero llegábamos. Túnicas de percalina morada las que nos daban, en unión de unas varillas de madera donde colocábamos el capillo. Y colocando la cabeza entre ellas, nos las sujetábamos con correas al pecho metiendo los extremos de las varillas en unos agujeros que tenían las túnicas. A casa con la túnica bajo el brazo a que nos las plancharan nuestras madres, para el miércoles, a las tres de la tarde, ir a recoger al Niño Jesús a la Plaza de la Constitución, en casa del señor Ruiz Moya, donde se guardaba en una vitrina durante el resto del año. El Jueves Santo, por la tarde, la procesión de Santiago, en la que los penitentes con túnicas encarnadas, de las que arrastraban grandes colas y en las que las travesuras de los muchachos ponían piedras. Al día siguiente, por la mañana, la procesión de San Pedro, en la que salían el Niño Jesús, la Oración del Huerto, que era adornada con ramas de olivo, entre las que con pericia colocaba Eloy, el sacristán, naranjas y limones. Después el “paso” de “Los Judíos”, que causaba temor entre la chiquillería, por las caras tétricas de dos judíos que con cañas mortificaban a Jesús, “paso” este que por su falta de gusto religioso y artístico no ofrecía respeto. Después el “paso” de “Jesús Caído”, también poco valioso en el orden artístico y, por último, el “Cristo del Perdón”, cofradía la más numerosa y cuya imagen era de mejor talla que las anteriores, y que su tuvo hasta años después, que merced al entusiasmo de don Federico Fernández se trajo uno nuevo. Por la tarde, la procesión de la Merced, en la que lo que más nos llamaba la atención a los chicos, eran los “armaos” con su reluciente armadura de hoja de lata, su lanza y sus medias de colorines y en la que el hermano mayor, como señal de jerarquía, llevaba un bastón de mando. Después de las procesiones a esperar el Sábado de Gloria, para ir temprano a Misa, a la Merced, y coger sitio en el coro para desde allí ver batirse a los “armaos” en el altar mayor, hasta que se cantaba el Gloria, en cuyo momento se los veía tirarse al suelo, mientras el abanderado agitaba la bandera, el tambor batía, las campanas volteaban y en la calle sonaban los cohetes que anunciaban la Resurrección.

El antiguo paso de Jesús Caído destruido en 1936, a su salida de la Parroquia de Santiago la mañana del Viernes Santo

Años después, ya las túnicas que llevaban los del “Niño” eran casi todas propiedad particular; no llevaban varillas de madera sino capirotes de cartón. Se trajo el “paso” de la “Oración del Huerto”, que tenia figuras muy buenas y, sobre todo, un ángel de fina escultura. Se trajeron nuevos pasos, como “Jesús Caído” y el nuevo “paso” del “Cristo del Perdón”, fue mejorado y aumentadas las imágenes. El gran entusiasmo de don Federico, hace aumentar el número de cofrades; que ya son tantos que han de ir dos horas antes a organizarse en las galerías del Hospicio y bajar formados por las calles del Horno, Ciruela, Pilar y Mejora, donde se unen a la procesión. Se hacen muchas túnicas nuevas en todas las cofradías, ya los penitentes llevan zapatos charol y guante morado, negro o blanco, según le corresponde a la túnica y cordones de oro. En la del “Cristo del Perdón”, cada penitente lleva un cetro con una alegoría de la Pasión. Entre las filas de penitentes van niños ataviados primorosamente representando personajes de la Pasión. La Virgen, la Magdalena, la Samaritana, San Pedro, San Juan, las Virtudes Teologales, un grupo de hebreos y como van muchos niños, hay uno con túnica diferente que en una cesta lleva galletas para ir obsequiando a los pequeños.

En Santiago se adquiere un paso “nuevo”, “Pilatos” y los nazarenos llevan túnicas de raso blancas con grecas rojas en las mangas.

En la Merced y por el entusiasmo de don Joaquín Menchero se trae un “Santo Sepulcro” nuevo que es de buen gusto artístico, aunque inferior al actual. Le acompañan numerosos faroles y, entre ellos, uno monumental, regalo del torero “Joselito” que es hermano mayor de la cofradía. Los “armaos” son más numerosos y llevan trajes más adecuados a la época. Se traen trajes de soldados romanos de caballería, que visten los soldados del Regimiento de Artillería, que montan briosos caballos. Acompaña al “paso” la Banda de Ingenieros de Madrid. En todas las cofradías despliegan gran entusiasmo y merece recordar el que pusieron aquellos ilustres paisanos como Rubisco Acosta, Rueda, Martín Serrano, Messia y tantos otros.

Niños pasionarios que procesionaban en la Cofradía del Cristo del Perdón y de las Aguas 

Después la República con su sectarismo… El Frente Popular, las persecuciones religiosas, para desembocar en las hordas que habían de robar, quemar y destruirlo todo, creyendo con ello habían de destruir una fe y unas tradiciones religiosas, que han renacido con más fervor y entusiasmo. Unos años de barbarie, crímenes, robos, profanaciones, sacrilegios, saqueos, hasta que nuestro invicto Caudillo nos trajo la victoria de las tropas nacionales, la Paz, el Orden y la Justicia.

Y los que por desgracia nos encontramos ausentes, pena y tristeza al enterarnos de los amigos asesinados, de los sacrilegios, de las profanaciones cometidas, añorando, más que nunca, volver a nuestro pueblo.

Y al regresar a él, alegría al ver renacer con más pujanza que nunca el entusiasmo y el fervor de las procesiones de las que nuestros amigos de la infancia nos van dando noticias que deseamos ver y admirar. La procesión del Silencio, que en la madrugada del Jueves Santo sale de San Pedro y verla pasar por la típica calle del Lirio y allá en las Monjas Terreras, escuchar en el silencio de la noche una saeta que rasgue el aire  y diga al Salvador, con voz de llanto, el fervor de este pueblo cristiano tiene y retire sus creencias católicas, su fe y su amor al que murió en una Cruz por salvar a la Humanidad.

Pedro Majan. Diario Lanza, extraordinario de Semana Santa, Ciudad Real 28 de marzo de 1945

Antigua compañía de la Soldados Romanos

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