domingo, 7 de noviembre de 2021

VIEJECITAS DE LA MANCHA

 



¡BENDITAS seáis «agüelicas» de mi tierra! La besana seca—como aquella de la vieja llanura—, de vuestra vieja piel curtida, se abre y raja en la flor de una sonrisa, y grana en una historia rural, que huele a mejorana y sabe a miel; en un consejo; en un agradecimiento suave —«No te ha de faltar Dios», decía Concha—; en una alegría juvenil —la de esa Bernarda centenaria cuando comentaba: «Con mis cien años y sin gafas, coso con las manos y no con los pies, con máquina, como hacen mis nietas»—. En el melancólico charquito de vuestros ojos, cansados, reluce el sol de cada día, ¡de muchos años!, que os cegó, antaño, en la. rastrojera y os calienta, hoy, en la invernada, en la solanita blanca de la huertecita risueña, mientras los sarmientos de los dedos pinchan y repinchan la nieve de la camisa dominguera.

¡Santas «agüelicas de mi tierra! Fuisteis mozas bailadoras en la romería, galanas en la feria, ariscas con la ronda, amigas de la Virgen pomposa y morena, bravias en la adversidad, donairosas, alegres, hacendosas; fuisteis madres...; fuisteis buenas, y buenas sois, hogaño, viejas, encorvadas, rezadoras, enlutadas. 




¡Abrid calle! ¡Dejad paso a la vieja! ¿Irá al Prado a recordar, sentada en un banco, bajo un olmo, las noches recias de «Pandorga», de tracas, castañuelas, fandangos y seguidillas manchegas a la Virgen? ¿Llevará, blanco, almidonado y muy dobladito, bajo el mantón, el faldón de su bautizo, para cristianar a la primera hija de su nieto preferido? ¿Subirá la cuesta de cipreses, más allá de la puerta de Toledo, en visita frecuente y triste, para retornar llorosa, confortada? ¡Dejad paso a la vieja! Serena, con majestad, un vaho de flores añejas, de recuerdos, de penas vivas, de alegrías secas, la rodea. Con la luna en la cabeza; en el espejo de su cara los surcos del barbecho nuestro; con el cielo nuestro, con el sol nuestro, metidos en el alma, y paso a paso, lentamente, ¡miradla!, nos va marcando un camino.

¡Quién supiera seguirlo, recto y tenso, hasta el fin, como vosotras, «agüelicas» venerables de mi Mancha, lo vais recorriendo!

¡Benditas seáis Concha, Bernarda, Teresa, «Grabiela»...!

 

Julián Alonso Rodríguez. Revista “Albores de Espíritu”, Tomelloso marzo de 1948 Núm. 17

 


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