jueves, 5 de noviembre de 2015

LA REINA DOÑA LEONOR DE PORTUGAL (1350-1383) SE ENCUENTRA ENTERRADA EN CIUDAD REAL


El viejo convento mercedario ciudadrealeño

En la maltratada y destruida anciana Ciudad de Reyes, bien basamentada en su regio titulo de Real, no solo fue morada y lugar de retiro de monarcas castellanos, sino también marco para hacer ordenamientos jurídicos como el efectuado cuando era llamada Villa Real en el año de 1346, reinando en tierras de Castilla Alfonso XI.

Fue Villa Real escenario de llantos y lacrimosos días donde murieron importantes personajes de la monarquía española, y la corona de Castilla vistió el luto con solemnidad y dolor.  Ya en el año 1275 fallecería  en Villa Real el primogénito del Rey Alfonso X,  -cambiando en parte el destino de los reinos- don Fernando de la Cerda.

Pero no es este el sobresaliente caso que nos ocupa, si no otro mucho más inédito y de un atractivo y actualidad importantísima. En Ciudad Real, en pleno centro urbano, se encuentra sepultada la Reina de Portugal doña Leonor, según un documento encontrado no hace mucho tiempo, y que determina de una vez por todas las viejas sospechas de historiadores como Jurado, Hervás, y Delgado Merchán, aunque intensificaron su búsqueda y siguieron su pista con intensidad los cronistas oficiales Julián Alonso, Emilio Bernabeu, Antonio Ballester y Francisco Pérez Fernández. Muy especialmente fue don Julián Alonso, quien más se tomó a pecho esta búsqueda, además de ser el más preparado y conocedor en lo que a historia de España se refiere. Por supuesto este Cronista Oficial de Ciudad Real sabía muy bien lo que se hacía y se decía. Nadie como él ha llegado a profundizar tanto y con rigor en nuestra historia local.

Sabemos por documentos históricos  que el señorío de Villa Real fue concedido a finales del siglo XIV a doña Beatriz de Portugal (esposa de Juan I de Castilla), cuya madre la Reina doña Leonor, vivió en Villa Real su amargo exilio y donde promovió la fundación del Real Convento de la Merced. El propio don Julián Alonso intentó durante años descubrir el emplazamiento exacto del panteón regio donde reposa este personaje confuso de la historia. Cuando fue Director del antiguo Instituto de Enseñanza Media en plena guerra civil española, mandó hacer boquetes en algunas paredes para localizar el mencionado enterramiento, siendo todos estos intentos fallidos. Años después el reputado profesor José Balcázar y Sabariegos, se encontraba redactando un libro histórico sobre el Real Convento de la Merced,  -cuando le sorprendió la muerte nada más jubilarse- hizo también sus propias investigaciones sobre la Reina Leonor de Portugal. Incluso localizó documentos que daban constancia de las visitas de Tirso de Molina a ese convento de mercedarios así como distintos testimonios de interés sobre este notable y restaurado edificio. El propio Balcázar junto con los profesores Bernabeu y Alonso no se cansaron de buscar ni perdieron la esperanza de localizar en algún momento el panteón de la Reina doña Leonor. Ilusión trasformada en fracaso pues fueron desapareciendo estos consecutivamente Balcázar en 1944, Bernabeu en 1958 y Alonso en 1963.

La primogénita de los Príncipes de Asturias, lleva por nombre el de Leonor. Por cierto que Leonor o Eleanor en su acepción arcaica germánica, aparece como nombre de reina o infanta en las dinastías peninsulares a partir del siglo XIII. El éxito del nombre, fue enseguida adoptado por los linajes reinantes, radicando en parte por la sonoridad, pues su mezcla  entre fonética y semiótica que parece reunir tanto feminidad como carácter “honor del león”  llegó a desplazar al más áspero y antiestético como Urraca. Pero sin duda, se debió a la personalidad incontestable de cuatro ilustres damas que lo llevaron: Leonor de Aquitania, Leonor de Castilla, Leonor de Guzmán y la más importante de estas; Leonor de Portugal.

Al celebrarse la conmemoración de los 750 años de la Fundación de Ciudad Real  –conmemoración que sin duda pasó sin pena ni gloria por nuestra capital, y que fue idea dada por quien esto escribe en reiteradas ocasiones  de 1995 a 1998 y a en los últimos meses de 2002 a políticos del PSOE y PP que no habían caído en la cuenta de esta cercana efeméride. Creí conveniente hacer público el documento histórico que acredita que doña Leonor de Portugal está enterrada en Ciudad Real, más concretamente entre el claustro del convento de los mercedarios y la actual Parroquia de Santa María del Prado (La Merced).
 
 El documento que demuestra el enterramiento de la reina en Ciudad Real, según López de la Franca

El documento que refiero en si dice;

El año de 1626, reedificando los religiosos el claustro del convento de Ntra. Sra de la Merced, derribando el lienzo que cae donde fue la primera Igª-, se descubrió el nicho donde estaba la Reina, y la otra del infante su hijo, y allí se asentó una piedra ennoblecida en la pared que hacia de nicho, con las armas de Portugal, y un letrero que decía “Aquí yace sepultada la Reina Dª Leonor, mujer del Rey D. Fernando de Portugal: esta un infante a sus pies. Dando dos misas cada semana por si y por  su hija Doña Beatriz, Reina de Castilla, mujer del Rey D. Juan 1º y fue fundadora de este real convento año de 1384.”

Este es el texto del referido documento, el cual nos alude en una reedificación del claustro, donde fue encontrado el panteón regio con la placa y armas del reino portugués, así  como los nichos con los restos de la Reina y al parecer de un Infante. Respecto al Infante nos cabe la duda de quien pudiera tratarse, si alguno de sus dos hijos varones o bien  don Alfonso o don Pedro, -muertos ambos en la infancia- fruto de su matrimonio con el Rey Fernando, que hiciera trasladar desde el mismo Portugal.

He tratado de hacer mis investigaciones sobre la figura de esta reina y cuál ha sido mi sorpresa  al encontrarme con un curioso personaje, el cual no deja de ser hoy día polémico en todos los órdenes para biógrafos e historiadores. Incluso para historiadores de la Real Academia de la Historia, o el caso concreto de mi gran amigo Jaime Peñafiel, quien se mostró muy interesado por la asombrosa biografía de esta polémica reina. Se sorprendió Peñafiel de aquel descubrimiento en plena actualidad  alturas de los momentos del nacimiento de la última Infanta borbónica, pidiéndome como siempre lo tenga al informado de mis investigaciones.

No obstante no hay mucha bibliografía al respecto, pero rebuscando entre los viejos libros de mi biblioteca y en algunas fichas y estudios que hizo el Dr. Narciso de Estenaga y Echevarria, (Obispo-Prior de las Ordenes Militares Españolas 1882-1936)  he encontrando diversas “notas de interés” en sus importantes estudios medievales, muy especialmente sobre su magna obra de grandes proporciones sobre “LA CATEDRAL DE TOLEDO”, podemos ver  con detalle el perfil de esta reina tan trascendente en la historia.

La monarca enterrada hoy en Ciudad Real  que fue Reina de Portugal,  se llamaba Leonor Telles de Meneses, nacida en  Tras de los Montes (Portugal) en 1350.  Era de origen noble por pertenecer a la familia  de los Meneses. Hija de don Martín Alfonso Telles, esta se caso con un hidalgo provinciano llamado Joao Lourenzo de Cunha, señor de la villa de Pombeiro, de cuyo matrimonio nació un hijo, -Álvaro-, que ella amaba con entrañable afecto. Según los cronistas de la época era Leonor buena esposa y cariñosa madre, cuando en un viaje que hizo a Lisboa para visitar a su hermana María, casada con don Lope Díaz de Sousa dama de la Infanta doña Beatriz, inspiro al Rey Fernando I, -hijo y sucesor de Pedro I, 1357-1367- una violenta pasión, que Leonor aprovechó para satisfacer sus ambiciones. Dotada de una belleza provocante y dominadora conocida en todas las cortes europeas,  revestida de una inteligencia poco común en su época, comprendió que no le convenía ser amante del Rey de Portugal, poniendo en juego toda su habilidad, logró que Fernando la tomara por su esposa, -a pesar de estar concertadas ya sus bodas con una Infanta de Castilla- en poco tiempo. El marido de Leonor se allanó fácilmente a que su matrimonio fuese anulado, y al poco tiempo se celebró secretamente el del rey con Leonor Telles, que produjo en el reino de Portugal serios disgustos y la indignación del rey castellano, con el cual, para evitar la guerra, se convino en mejorar en su provecho el tratado de Alcoutim (1371).

El Rey Fernando I de Portugal se enamoró de Leonor y se casó con ella anulando el primer matrimonio de Leonor

Sentada ya Leonor de Portugal en el trono, demostró toda su astucia, su perfidia y su crueldad, procurando ganar la estima pública con fingidas bondades, a la vez que satisfacer su venganza contra los que se opusieron a su frenético matrimonio, y especialmente desembarazarse de los hermanos naturales del rey por temor de que le hicieran perder deliberadamente la corona.

Su propia hermana María, casada en segundas nupcias con el Infante don Juan, fue asesinada por éste, instigado por la sanguinaria Leonor. El Infante don Dionisio fue desterrado por negarse a besar la mano de la Reina, y el Maestre de Aviz se libró de la muerte por haber rehusado a cumplir el encargado de ejecutarla. Pero no termina aquí el absolutismo del poder de la reina Leonor. A su hermano Juan Alfonso lo hizo Almirante de Portugal, a otro hermano suyo  llamado Gonzalo le dio el título de conde de Neiva, y repartió títulos y riquezas entre parientes y amigos. Colmó de honores a un hidalgo gallego llamado Juan Fernández Andeiro, a quien hizo su amante.

El Rey don Fernando de Portugal, que continuaba ciegamente enamorado de su esposa la reina, al conocer su deshonra, enfermó  y murió al poco tiempo, dejando de su matrimonio  con Leonor, dos Infantes que fallecieron en la infancia, y una hija llamada Beatriz, casada  con el rey de castilla Juan I en 1383.

Reconociéndola Portugal como Regente, fingió gran sentimiento por la muerte del monarca, aunque no asistió a los funerales regios. Vivió entregada en alma y cuerpo completamente a su favorito Andeiro, que según las crónicas era un hombre de complexión física llamativa, por su más que extraordinaria y exultante belleza y su porte elocuente.

El pueblo de Portugal la odiaba, y se indignó al conocer su vida disoluta llegando a proclamar regente  y defensor del Reino al Maestre de Aviz,  llamado  Juan –hijo natural de Pedro I y Teresa de Lorenzo- alzándose este en armas contra la Reina viuda y su amante.

El bello y apuesto Andeiro fue muerto y Leonor disimulando su odio, ofreció entregar el gobierno a su yerno, pero el pueblo en masa, temiendo por su independencia, se opuso frontalmente y forzada por las circunstancias renunció a la Regencia refugiándose en Castilla, más concretamente en Villa Real (hoy Ciudad Real), donde continuó sus intrigas, deseosa de ser restituida –era legitima- como Reina de Portugal.

Leonor deseaba su trono, hasta el punto de llegar ofrecer su mano a Pedro de Trastámara, con la condición de atentar contra la vida de su enemigo abierto  y usurpador en el Reino de Portugal.

Sin duda, la Reina Leonor de Portugal era una mujer de naturaleza ambiciosa e intrigante, que manipuló a su marido el rey Fernando I “el Incostante” (1367-1383).

La inteligente Leonor quiso dejar “atado y bien atado” la anexión del Reino de Portugal al de Castilla, y cuando la hija de ambos, que era la futura Reina de Castilla, Beatriz mujer de Juan I, concertaron el matrimonio en el famoso concordato regio de Elvas (Portugal, 2-IV-1383). Este acuerdo contenía además una cláusula en virtud de la cual si Fernando I moría sin descendencia la corona pasaría a los hijos de Juan I de Castilla y de Beatriz, lo que suponía una renuncia  expresa del primero al trono de Portugal.  La boda acordada en Elvas se celebró el 30-IV-1383; al poco tiempo, el 22-X-1383 falleció Fernando el Incostante o conocido también como el Hermoso, suceso con el que se inició la crisis dinástica cuya principal consecuencia fue la entronización de la nueva dinastía Avís.
 

La Reina Leonor pronto inició su ofensiva regia y pidió ayuda a su yerno el rey, quien debía defender y hacer valer los derechos de su hija Beatriz, organizando Juan I al ejército de Castilla, con el que asedió a Lisboa en 1384.

En abril de 1385 las Cortes de Coimbra, proclaman Rey de Portugal al Maestre de Avís (Juan I el Grande, 1385-1433); cuatro meses más tarde éste venció a las tropas castellanas en la batalla de Aljubarrota (Leiria, Portugal, 15-VIII-1835). Victoria que conllevó su definitivo afianzamiento en el trono y hacer desvanecerse las pretensiones del Rey de Castilla sobre  la corona portuguesa. La reina Leonor, abatida por su derrota en su exilio, se retiró al señorío de su hija Beatriz en la villa de Villa Real, lo que hoy es Ciudad Real. Aquí murió en el año de 1405, encomendando su alma a Nuestra Señora de la Merced, de cuya advocación siempre fue devota, y en este amargo destierro, fundó el Real Convento de Mercedarios. Quizás para no ser reo de tanta ansia de poder, pasión y muerte a sus espaldas.

Mientras tanto Castilla revuelta en tratados, reuniones secretas, capítulos de caballeros, Cortes regias en choque con ordenamientos emanados de “motu propio” del Rey, avenencias, nuevos rompimientos, banderías de la revoltosa nobleza, olvidó completo el ideal de reconquista y desbarajuste total en aquellos años del siglo XIV y comienzos del XV.

Ahora desde el sentido de la historia, la reina doña Leonor de Portugal duerme el sueño eterno de la paz y vigila desde su sepulcro escondido en pleno corazón de Ciudad Real.
Nosotros pedimos tan solo la restitución de su memoria, a través de una placa marmórea, abrazada esta con la regia corona portuguesa en arte broncíneo, fulgiendo talladas las letras de oro, que nos diga y cuente;

“Entre los gruesos muros de este Real Convento de Ntra. Señora de la Merced, se encuentran ocultos, emparedados y lagrimosos los restos humanos de la Reina doña Leonor de Portugal, y de su hijo el Infante.  Rigió Leonor de Portugal por largo tiempo el reino de portugués con dureza de corazón y de alma. Después de haber caminado entre  las borrascas de esta vida, con ambición, intriga, desamor y  desesperanza.  Finó y entregó su alma inmortal en el año de Nuestro Señor de MCDV en esta Ciudad de Reyes. Exiliada de su amada Patria, y por su pueblo, vino  a  Villa Real acompañada de su hija la Reina de Castilla doña Beatriz de Portugal, Señora que fue de esta villa y aquí quedó por siempre para velar su corona de reina destronada y derrotada. Bajo estos muros la tristeza invadió su alma y su conciencia le pidió clausura por haber traicionado el corazón de su rey, y por sentirse culpable en cobardía, de no haber defendido el gran amor de su vida, que fue aquel dulce y bello Juan Fernándes de Andeiro. En su orgullo insolente ampuloso y arrogante, alzó su dañado corazón de reina, rehaciéndose su cetro partido en esta muy regia ciudad  para reconquistar su reino arrebatado.  Tras su mayestático y fastuoso real manto llevó huracanes de venganza, dando su lucha inquinosa en quiebra, allí lejos, muy lejos, más allá de estos reinos, donde los tiempos nos sangran a los castellanos en Aljubarrota.

El Juez Supremo de la Historia, que es Dios, Padre, Hijo Espíritu y Esperanza otorgue misericordioso el perdón a nuestra irreductible Reina”




1 comentario:

  1. No hace falta indagar demasiado para descubrir que el lugar de enterramiento a que hace referencia el documento fechado en 1626, es el monasterio de Ntra. Sra. de las Mercedes de VALLADOLID. Supongo que el resto de la historia también tendrá bastante de inventado y novelado.

    ResponderEliminar