viernes, 15 de enero de 2016

POBREZA Y BENEFICENCIA EN CIUDAD REAL: EL HOSPITAL DE LA HERMANDAD VIEJA. (1491-1525) V Y ÚLTIMO



2.6. Gestión económica

Para el desarrollo de tales fines asistenciales, entendidos con ese carácter tan flexible como era propio de la época, lo más frecuente en este tipo de instituciones era que se sostuvieran merced a los bienes que en un principio donaban sus fundadores y, con posterioridad, también mediante las limosnas de los fieles. Con las rentas que producía la gestión de dicho patrimonio, al que se solían unir otro tipo de limosnas, se trataba de hacer frente a los diversos gastos ocasionados por la atención de los acogidos en dicho centro. Tal era, a grandes rasgos, el modelo que se seguía en la mayor parte de los casos. Sin embargo, en el caso presente se desconoce si al hospital se le dotó desde su fundación de algún tipo de propiedades, ingresos o rentas fijas. No se encuentra noticia alguna en este sentido. Esto, unido a que los gastos eran sufragados con cargo a la contabilidad de la institución fundadora, y no a una específica del hospital, permite concluir la no posesión de bienes propios para su mantenimiento, sino que éste recaía directamente sobre la Hermandad. Tal singularidad no implica en modo alguno que deba pensarse en desatención o carencias; muy al contrario, la solvencia de la institución cubriría probablemente mejor las necesidades más inmediatas, que se encontrarían más aseguradas al contar con el respaldo de la misma.

Una panorámica general sin duda se puede obtener del cuadro elaborado a partir de los escasos datos que nos proporcionan las fuentes.


1 Cantidades en las que se encuentran englobados con otros gastos ajenos al hospital, y que no se han podido delimitar, o bien estimadas por haberse depurado los datos.

2 Los gastos se efectúan en este año aunque el montante de los mismos se carguen al ejercicio 1494-95.

3 En esta cantidad están englobados los gastos de construcción y mantenimiento, lo que no ha permitido su desglose. En este mismo sentido en otra de las partidas se cita el arreglo de las paredes del corral conjuntamente con otros gastos de construcciones siendo su importe total 8.888 mrs., lo que hace que la cantidad final se dispare.

Como se puede apreciar, no parece que existiera por parte de la Hermandad una norma preestablecida en cuanto al mantenimiento del hospital. Los gastos anuales suelen estar en torno a los dos mill maravedís, salvo los años que requirieron una mayor atención, y que pudieran ser considerados como anómalos, en tanto en cuanto obligaran a la inversión de esas sumas de dinero.

Véase, por ejemplo, el año que debieron iniciarse las remodelaciones en los inmuebles adquiridos, donde la suma se eleva hasta los 4.000 maravedís, o los casi 6.000 del bienio 1504-05, cuando se sabe, como ya se ha indicado, los destrozos que causaron las lluvias en la ciudad y cómo afectaron a las edificaciones. No obstante, cabe destacar una segunda remodelación experimentada por el inmueble. A tenor del gasto empleado, amén de las noticias que ofrece la documentación, ésta debió ser la que realmente acabó dándole una mayor coherencia con lo que se ofrecía en otros centros con características semejantes. El resto de los gastos podrían ser considerados como los mínimos requeridos en orden a la propia conservación.

Una tendencia similar es observable en los gastos destinados al mantenimiento, dotación inicial y posterior reparación de enseres, nuevas compras de ajuar, arreglo de los mismos, etc. Se realiza un fuerte desembolso en el bienio 1498-99 tendente todo él a proporcionar la infraestructura mínima para llegar, de una vez, a abrir las puertas a los pobres y ofrecerles sus servicios. A partir de ese momento los gastos se recortan hasta llegar al bienio 1509-10, a partir del cual se efectúan unos gastos más elevados y constantes, en torno a los 2.500 maravedís anuales, debido quizás a los imperativos que plantearían el deterioro y progresivo desgaste de las prendas al uso.

El gasto que no se presenta regular, cuando lo lógico es que fuese más fijo y constante, es el salario de las personas encargadas de cuidar y atender a los pobres. Se hace difícil pensar en un sostenimiento del centro sin un personal que lo atendiera. A pesar de ello el hospital seguía abierto, de ahí los gastos que originaba. En consecuencia, estas personas debieron ser retribuidas aunque la documentación no lo manifieste fehacientemente, o bien que ese gasto se haya contabilizado dentro de algunas partidas, quedando de esta forma enmascarado. Para atender a esto es de destacar que el pago a los hospitaleros no se realiza solamente en metálico, sino también con leña, material tan necesario para la vida del hogar.

Sin embargo, de esto último tampoco cabe deducir que la atención prestada por la institución fuese en modo alguno masiva. No era su competencia principal, aunque no la desatendiese e intentase de este modo colaborar en los retos que en este campó tenía el núcleo en el que la misma se insertaba. Una visión más clara de ello puede extraerse de la comparación de las cantidades invertidas en el centro relacionadas a las anuales de ingresos y gastos, cuyo resultado ofrece el siguiente cuadro:


El cuadro ofrece los porcentajes que supusieron los gastos finales del hospital con respecto a los recursos ingresados por la Hermandad e igualmente con referencia a los gastos totales realizados por la misma. Ponen de manifiesto la poca relevancia de la inversión para la institución en la mayor parte de los años, teniendo sus cotas más bajas en 1502-03 y 1508-09, donde no se llega a alcanzar ni siquiera el 0,5% de los ingresos. Otros años, sin duda para afrontar necesidades coyunturales, se gastan sumas más elevadas, llegándose al 7,5% de los ingresos. Resultando estos los casos extremos, lo más frecuente es que el gasto representado por el hospital oscile en torno al 2,5 ó 3% de los ingresos. La institución, pues, contaba con recursos suficientes como para poder satisfacer las necesidades del centro, que no le suponía quebranto alguno en sus ingresos y, por otra parte, hacía innecesario dotarlo de un patrimonio de otro carácter para poder atender sus necesidades.

Prácticamente lo mismo se puede observar respecto al porcentaje sobre los gastos, quizás con la salvedad del bienio 1510-11, un 11,5% del total, porcentaje mayor por haber disminuido los gastos, pero que no debe distorsionar la imagen expuesta, ya que los ingresos fueron altos. La institución, como se ha indicado, no tenía como cometido principal hacer frente a este tipo de actividades, de ahí que destinase un pequeño porcentaje, aunque suficiente, y oscilante según las coyunturas, para atender tales necesidades.

3. A modo de conclusiones

Como se ha podido comprobar, es a fines del siglo XV, cuando los monarcas instan a la fundación de un hospital para pobres en Ciudad Real, medida que se insertaría dentro de otras medidas tendentes a aumentar la eficacia de los ya existentes y a dar solución a los retos que en dicho campo tenía planteados el núcleo. Pese a estarse gestionando su puesta en funcionamiento desde 1485, las obras de adaptación en los inmuebles no es probable que comenzaran antes de 1491, fecha en torno a la que probablemente comenzó su funcionamiento en parte, que se completaría en torno a 1501. Su puesta en funcionamiento parece que se lleva a cabo al coincidir en el núcleo determinadas calamidades de tipo epidémico que acabarían patentizando la debilidad de la infraestructura sanitaria organizada hasta esos momentos.

Como en la mayor parte de tales centros, se partió de unas casas que habían servido de vivienda con anterioridad, lo que condicionó en buena medida la reutilización del espacio. Para ello se hicieron obras en diversos lugares: fachada, cocina, portales, corral, bodega, jaraiz, etc., gastos que permiten aproximarse a una reconstrucción del inmueble, sobre el que actuaría la institución también para dejar bien patente el papel que jugaba en la sociedad.

Como se ha indicado con anterioridad, estos hospitales surgidos en el periodo medieval se constituyeron principalmente en centros asistenciales de carácter polifuncional, por lo que sus competencias rebasaban ampliamente las estrictas del sector sanitario, aunque estas también quedasen contempladas. Este centro hospitalario también se creó en función de los más débiles de la sociedad: los pobres, para prestarles una ayuda que paliase, en la medida de lo posible, la problemática de dicho colectivo. De este modo, su fundación apunta, como un indicador más, a la situación de deterioro socioeconómico que era una realidad ya insoslayable en los años finales del periodo medieval.


Las condiciones de vida tan precarias que soportaban estos pobres los hacía proclives a contraer enfermedades en un grado más alto, quizá, que el resto de la sociedad. Por ello, muy posiblemente la mayor parte de los allí acogidos tendrían la salud quebrantada. Desde el comienzo las fuentes nos hablan de la compra de algunos utensilios precisamente para los dolientes. En esta línea, se menciona que al dar una limosna a una mujer se hace porque es muy pobre y doliente119. Y en el mismo sentido apuntan las menciones sobre las defunciones de pobres que se producen en el centro (120), en cuyo caso siempre se les compra mortaja y se les paga una sepultura (121).

No se puede precisar con detalle si los pobres recibían otro tipo de asistencia, aunque se tienen algunas noticias sueltas que pueden ser exponente de la misma. En cualquier caso, no parece probable que recibieran comida en el hospital, pues de hecho sólo se tiene noticia de un día y de una comida (122), algo que no debió de ser normal, dado que no se ha reseñado ni un solo gasto en alimentación a lo largo del período estudiado. De todo ello se puede deducir fácilmente que las atenciones recibidas eran fundamentalmente las de tener un lugar de cobijo, donde calentarse, unas mínimas condiciones de higiene y, en caso de enfermedad o muerte, no encontrarse desasistidos. Así se conseguiría aliviar su situación de miseria y, tal vez, también controlar posibles desórdenes callejeros, contribuyendo al mantenimiento del orden establecido y a un mayor aislamiento del pobre.

Algo que parece quedar más claro es la capacidad del centro, su número de camas, que eran ocho, aunque cabe sospechar la posibilidad de una ampliación años más tarde, aunque no resulta fácil poderlo confirmar. Con ello quedaba en situación de prestar asistencia a un mínimo de dieciséis enfermos, pues habría que contabilizar dos enfermos por cama. La dotación del ajuar se hizo de acuerdo a este número de plazas, incluyendo: sábanas, almohadas, xergas, lana, brete, etc. Ajuar que con el paso del tiempo sufrió el lógico deterioro y que se tuvo que ir reponiendo, pues la calidad de los materiales no era muy alta, viéndose disminuir en algunos años, posiblemente coincidiendo con periodos de crisis.

En dicho hospital todo parece indicar que se acogía entre sus muros tanto a hombres como a mujeres, estimándose que se ofrecerían estancias diferenciadas, en cuanto al espacio, para unos y otros. Las atenciones recibidas no parece que fueran más allá de un alojamiento y albergue en caso de enfermedad. Nada registran las fuentes que haga referencia a tipo alguno de alimentación, como tampoco a una asistencia de carácter sanitario en sentido estricto.

En definitiva, el hospital de la Hermandad sería contemplado como una pieza más del sistema, al que vendría a completar, y cuyos gastos debían correr a cargo de la institución mencionada, suficientemente solvente como para hacer frente a los mismos sin necesidad de recurrir a dotarlo de otro tipo de rentas. Solvencia que no comportaba una atención preferente al mismo, puesto que la entidad fundadora tenía unos cometidos muy diferentes a los sanitarios.

RESUMEN

Se ofrecen en el trabajo los pormenores de la fundación en Ciudad Real de un hospital por la Hermandad Vieja de aquella ciudad en las décadas finales del siglo XV, las primeras vicisitudes del centro, su construcción, cómo se intuye que estaba organizado, la dotación del mismo, así como los servicios que prestaba y su gestión. Todo ello sobre el telón de fondo de una etapa de crisis epidémicas y calamidades naturales que cuando menos harían incrementarse los niveles de pobreza de la población donde se instaló, para responder a la cual se organizaría una infraestructura sanitaria acorde con las posibilidades de sus gentes. Los datos que sobre la asistencia prestada en él se tienen insisten sobre tales epidemias y contracciones en la economía del núcleo, ofreciendo un panorama bastante desalentador e interesante para ponerlo en conexión con otras facetas
de su actividad.

Adelina ROMERO MARTINEZ
Luis Rafael VILLEGAS DIAZ



119 Cuentas 1501-02, núm. 38.

120 Véase la nota 102. No se sabe si en este centro ocurría como, por ejemplo, en el caso de Torredonjimeno cuyo hospital tenía su propio cementerio. Cfr. SOLANO RUIZ, "Aspectos de la pobreza", p. 363.

121 Véase la nota 102. Por otra parte se sabe que la asistencia religiosa en los hospitales era muy frecuente. En este sentido se puede consultar SANCHEZ HERRERO, J., "Cofradías, hospitales y beneficencia en algunas diócesis del Valle del Duero", en Híspania, 34, 1974, pp. 5-50.

122 "Que dió por mandado de los alcaldes a Antonio Francés 40 mrs. para dar de comer un dia a los pobres". Cuentas 1506-07, núm. 22.

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