lunes, 27 de junio de 2016

BREVE NOTICIA DE DOS TABLAS DE PINTURA PERTENECIENTES AL ANTIGUO RETABLO MAYOR DE LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL PRADO



Desde la milagrosa llegada al llamado Pozo de don Gil de la primera  imagen  de  la  Virgen  del Prado  el  25  de  mayo  de  1088,  sus  primeros  habitantes,  movidos  por  una  sincera devoción  a  María,  pusieron todo  su  empeño  en  construir  un  lugar  sagrado  donde  albergarla  con  la  dignidad  que  tal  empresa  requería.  No  sólo  se  trataba  de  construir  un  templo,  sino  también  de  embellecerlo,  dotándolo  de  todos aquellos elementos materiales necesarios para agasajar a la Reina del Cielo  y  engrandecer  el  culto  divino.  Desde  entonces  cada  época  histórica  trajo  sus  anhelos  para  aquella  casa,  pasando  de   los  pobres  recursos  medievales  al  inicio  de  una  gran  reforma  materializada  a  lo   largo del siglo XVI.

Durante  aquellos  cien  años  del  quinientos  la  primitiva  ermita  dio  paso  a   una nueva construcción, mucho más ambiciosa,  de  gustos  tardogóticos,  comenzando por elevar una nueva nave a la que pronto  se  irían  añadiendo  varias  capillas,  distribuidas  alrededor  de  la  nueva  capilla mayor, costeadas por las familias más pudientes de Ciudad Real (Loayssa, Treviño, Hoces...) cuyos cuerpos descansaron bajo el suelo de la nueva iglesia, en enterramientos de abolengo.

Pero  los  muros  vacíos  debían  recubrirse  con  altares  y  retablos,  dotándose  a  todos  ellos  de  ornamentos  y  vasos  sagrados  para  las  celebraciones  litúrgicas,  siendo  el  presbiterio lugar  primordial  al que todas las miradas de los fieles debían dirigirse, ya que en él se colocaría el  Santísimo Sacramento acompañado de la  imagen de Nuestra Señora.

Los devotos de la Virgen del Prado conocemos  el  bello  retablo  mayor,  concebido y construido entre los años 1610 y  1617 gracias a los 10.500 ducados donados por Juan de Villaseca, secretario del  Marqués de Salinas y virrey de México.  Su  imponente  fábrica  ha  llegado  hasta nuestros  días  con  algunas  pérdidas  sufridas durante la Guerra Civil, pero prácticamente entero, según el trazado ideado en las Indias por Andrés de la Concha  y materializado  por  el  toledano  Giraldo de Merlo, Juan de Hasten y los hermanos Cristóbal  y Pedro  Ruiz  de  Elvira.  Pero ¿qué existió en aquel mismo lugar antes de  ampliarse  la  capilla mayor  e  instalar esta  maravillosa  obra?  Sin  duda,  al  ser sitio tan principal debió acoger, desde el primer  momento,  obra  de  singular  importancia,  aunque  de  dimensiones evidentemente más modestas.

Un   curioso   documento   custodiado actualmente   en   el   archivo   parroquial de  Nuestra Señora  de  la  Merced  puede  aportarnos  un  poco  de  luz  al  respecto. Se  trata  de  una denuncia  fechada  el  7 de  noviembre  de  1628  ante  el  Arzobispo  de  Toledo,  el  infante  don  Fernando, interpuesta  por  el  licenciado  Bartolomé de León, cura y mayordomo de la iglesia de la Virgen del Prado contra el entonces corregidor de Ciudad Real, don Gutierre,  marqués  de  Careaga,  clérigo  y  escritor, natural  de  Almería,  miembro  de  un  poderoso  linaje  asentado  en  la  casa  de  Careaga (Bilbao). A través de sus palabras podemos entender la razón de su enojo, al poner en evidencia lo que a todas luces consideraba un atropello y abuso contra las posesiones de su parroquia:


“...  digo  que  el  corregidor, con mano  poderosa  y  sin  poderlo  nadie remediar, sin licencia del cura y mayordomo que en aquel tiempo había en la dicha iglesia, se llevo dos cuadros o tableros de pincel, el uno de la Visitación de Nuestra Señora y santa Isabel, y el otro de la Adoración de los Reyes, que valdrán cien ducados, que son los que tenía un retablo que se deshizo en la dicha iglesia en el altar mayor cuando se puso el que hoy  tiene,  sin  que  los  haya  querido  restituir en muchos días que ha que se los llevó (de) la dicha iglesia, sin que haya habido quien se haya osado  a  pedírselos,  y  los  tiene  puestos  en el ayuntamiento...”

Evidentemente  el  tema  era  muy  delicado, pero,  independientemente    de    la  denuncia,  es  de  suma  importancia  el  dato aportado: existió un retablo mayor  anterior  al  realizado  por  Giraldo  de  Merlo,  teniendo  como  escenas  importantes  la  Visitación  y  la  Adoración  de los  Reyes  Magos,  cuya  calidad  debía  ser lo suficientemente importante para que, por un lado las codiciara el corregidor, y por otro, las reclamara el mayordomo en Toledo pese al temor natural que le producía  el  entonces  representante  del  rey en su ciudad. La respuesta del Arzobispo fue  tajante:  don  Gutierre  debía  entregar las tablas, teniendo como plazo tres días después  de  recibir  la  correspondiente notificación, so pena de excomunión mayor,  aunque  le  dejaba  abierta  la  puerta para  defenderse  pudiendo  aportar  sus alegatos en el plazo de seis días.

Por  desgracia  no  sabemos  cómo  terminó   aquella   historia.   Probablemente,  como   hasta   el   momento   presente   no  tenemos  ninguna  noticia  escrita  de  que dichas tablas retornaran finalmente a la fábrica  de  la  parroquia  de  Santa  María  del Prado, debemos conjeturar que nunca  fueron  devueltas  por  el  corregidor  a su  verdadera  poseedora,  pasando  a  formar parte, bien de los cuadros que adornaban  por  entonces  la  sede  del  ayuntamiento de la ciudad, bien del patrimonio de aquella importante familia.

Pilar Molina Chamizo. Boletín de la Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Prado, II Época nº 45, mayo de 2016


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