jueves, 19 de octubre de 2017

EL DESAPARECIDO RETABLO E IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA GUÍA DE LA PARROQUIA DE SAN PEDRO


 
Destruida imagen de la Virgen de la Guía del siglo XVIII, destruida en 1936

Existió hasta la restauración de la parroquia de San Pedro en los años setenta del pasado siglo XX, un retablo a los pies del templo en la parte anterior del coro, dedicado a Nuestra Señora de la Guía, que tuvo una gran devoción entre su feligresía hasta el año 1936.

La imagen de la Virgen, del siglo XVIII, estaba sentada en una silla de plata muy labrada, “su cara algo ancha y abultada pudiera decirse que es de tipo, a lo Rubens, harto humanizada sin expresión, inmóvil, pero no rígida ni incorrecta, interpretación poco adecuada, artística y espiritual; la ejecución de paños y manos como de época tan avanzada es correcta en general. En la actitud de la madre y el niño hay desde luego grandes diferencias con las imágenes antiguas. La madre sostiene al niño sobre la rodilla izquierda sentado, teniendo ésta un poco más alta que la derecha. El niño desnudo lleva la sabanilla bien plegada, sostiene en una mano un globo dorado; y la otra la extiende simplemente sobre el seno de la madre, sin la antigua actitud de bendecir(1). Completaba la imagen de la Virgen una corona y ráfagas de plata que llevaban cabezas de ángeles.

 
Altar de la Virgen de la Guía que se encontraba a los pies del templo

Recibía culto esta imagen de la Virgen,  en un retablo de estilo churrigueresco que se encontraba en la parte anterior del coro. “Va esta imagen encerrada en un gran templete de cristales y madera dorada, obra de mediados del siglo XVIII, de ya recargado estilo churrigueresco. Sobre el altar sirve de soporte al templete un cuerpo central en cuyos frentes se ven de medio relieve la Adoración de los Reyes y pastores y misterios de la vida de la Virgen, yendo este cuerpo rodeado de cuatro grupos de ángeles en las esquinas sosteniendo los basamentos de otros ángeles que teniendo a sus espaldas dobles columnas sostienen en sus hombros una tercera truncada, formando los capiteles de las tres columnitas junto a la misma altura el apoyo, en cada ángulo superior del templete por dichas columnas flanqueado de una escultura sentada, respectivamente de Malaquías, Isaías, Jeremías y David, elevándose entre las cuatro el coronamiento a modo de cimborrio ó pináculo bastante elevado y exornado el cual remata una figura de ángel señalando al cielo. El conjunto, como es propio de obras de este género, aparece de grandes proporciones y suntuoso, multiplicándose las líneas curvas y quebradas, así como los motivos ornamentales variados no sin alguna extravagancia a veces. Peca como otros ejemplares del estilo, de amanerado y retorcido en su disposición y ornamentos. Pero es innegable que la ejecución y talla es toda muy esmerada, correcta y acabada en todas sus partes, y el mismo conjunto, dentro de su barroquismo, tiene cierta armonía y algo de aéreo y esbelto que agrada, con curvas gallardas, si se las considera aisladamente(2). Este retablo fue dorado en 1765 con las limosnas que dieron sus devotos para este fin. En 1751, el mayordomo de San Pedro solicitaba permiso a nuestro consistorio para celebrar una corrida en la Plaza Mayor con el fin de recaudar fondos para construir el retablo de Nuestra Señora de la Guía.

Muestra de la gran devoción que tenía esta imagen dentro de la feligresía de San Pedro son las palabras que le dedica Joseph Díaz Jurado en su manuscrito titulado Singular idea del sabio Rey Don Alonso, dibujada en la fundación de Ciudad Real, cuando dice que: “Alegra, fervoriza, hechiza y enamora a todos cuantos, entrando en el coro, logran la dicha de mirar su gracia, una bellísima Imagen de Nuestra Señora colocada en un retablo de singular traza, magnitud y hermosura; se venera con el título gratísimo de la Guía. Siendo impropia toda expresión para manifestar lo elevado de su gracia, ha visto la equivalencia en decir que es propiamente imagen de su original. A su honesta y agraciada dulzura no hay afecto con tibieza, ni devoción sin ternura(3).

 
El altar se encontraba en la parte anterior del coro

La imagen de la Virgen de la Guía era sin duda una de las más veneradas de la Parroquia de San Pedro; así lo manifiesta también Domingo Clemente en su guía sobre Ciudad Real publicada en 1869 y prueba de ello era la cantidad de bautizadas en la parroquia con el nombre de Guía. La imagen era bajada todos los años de su retablo los días previos a la festividad de la Natividad de la Santísima Virgen María, celebrándose el 8 de septiembre una Solemne Función en su honor por la mañana y una procesión por la tarde que recorría el centro de la ciudad, cuyos balcones se decoraban para la ocasión, y en la que figuraba una representación de nuestro Ayuntamiento. Previo al día de su festividad, se oficiaba un novenario en su honor.

Poseía la Virgen dos aderezos de gran valor, uno de ellos compuesto por una cruz y pendientes con un lazo de diamantes, regalado en el año que se doró su retablo por D. Antonio Triviño y Carbajal, y el otro de esmeraldas y perlas regalado por un devoto cuyo nombre se ignora.

El culto y procesión en honor a la Virgen de la Guía se celebró en nuestra ciudad hasta 1935, siendo destruida su imagen en 1936 cuando la iglesia de San Pedro fue asaltada por republicanos del Frente Popular al inicio de la Guerra Civil Española, y su imagen al igual que el resto del templo fue quemada.

Tras la guerra, lo único que se salvo de la devoción que profesaron los ciudadrealeños a la Virgen de la Guía fue su retablo, que se desmontó y destruyó en los años setenta del pasado siglo XX cuando fue restaurada la Parroquia de San Pedro, distribuyéndose parte del mismo por diferentes lugares de culto, como los ángeles de la mesa del altar de la capilla del Santísimo de nuestra Catedral.

Lástima que tras la Guerra Civil no se volviera a reconstruir la imagen de la Virgen de la Guía, perdiéndose así una devoción de siglos en nuestra ciudad, y lástima que la reforma que se efectúo en la Parroquia de San Pedro acabara con un retablo que la devoción de los ciudadrealeños siglos antes, quisieron levantar para testimoniar la devoción a la Madre de Dios bajo la bonita advocación de la Guía.

 
El altar se salvó de su destrucción y fue desmontado en los años setenta del pasado siglo XX

(1)Bernardo Portuondo. Catálogo Monumental Artístico-Histórico de España. Provincia de Ciudad Real (Madrid 1917).
(2) Ibídem .
(3) Joseph Díaz Jurado. Singular idea del sabio Rey Don Alonso dibujada en la fundación de Ciudad Real. Ayuntamiento de Ciudad Real, Fondo Editorial 1986.

1 comentario:

  1. Es una pena que se desmontaran tantos retablos en los años 70. Lo que se salvó en la guerra,luego fue destruido por la propia iglesia. ¿Sobrevivió algo del retablo mayor? Cuantos pueblos de Ciudad Real habrían estado encantados de recibir esos retablos (mayor y del coro) destruídos. No parece que la ciudad luchara mucho por conservar su patrimonio.

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