lunes, 18 de noviembre de 2019

LA BANDA PROVINCIAL DE CIUDAD REAL 1869-1976



En el contexto de la sociedad católica del siglo XIX fue creado el Hospicio Provincial. Su misión era recoger niños huérfanos, abandonados, sin recursos, ejercer la caridad para evitar la marginalidad y mantener el orden social establecido. A este fin fundamental obedecían los presupuestos de beneficencia de la Diputación Provincial, la partida más amplia dentro de las cuentas provinciales. El cuidado y la educación de los niños del Hospicio fue encomendada a las hermanas de la Caridad. El centro funcionaba como un internado y una escuela nacional. Contaba con talleres para preparar a los asilados en un oficio. El rasgo más destacable era la severidad del régimen disciplinario.

La música fue uno de los talleres que primera se implantaron en el Hospicio Provincial junto a la imprenta y la contabilidad). En los reglamentos de 1884 y 1887 quedaba definida la figura del maestro de música y sus funciones: formar individual y colectivamente en la disciplina musical a los asilados, organizar y dirigir la banda del establecimiento. El maestro de música podía recomendar a los alumnos aventajados para posibles becas de la Diputación Provincial. Debía recoger los donativos y gratificaciones que obtuviera la banda, ingresando la mitad en las cartillas de los alumnos músicos, con el fin de que tuvieran unos ahorros a la hora de abandonar el Hospicio.

El primer maestro de música del que conocemos el nombre fue Sebastián Barrajón (dato de 1866). En 1869 ya estaba montada la Banda Provincial, compuesta por 36 músicos. A partir de 1885 fue dirigida por Justo Sánchez Escribano, que estuvo en el puesto hasta 1924. Uno de sus cometidos fue la selección de voces para formar un coro de asilados. En ocasiones Justo Sánchez colaboró con la Catedral (intercambio o unión de asilados con el coro de seises).


1924-1930: una banda infantil muy admirada

Con la dictadura de Primo de Rivera hubo notables cambios en la Diputación Provincial y en las instituciones que de ella dependían (Real Decreto de 12 de enero de 1924). El nuevo diputado visitador del Hospicio fue Ponciano Montero. En su memoria correspondiente a 1924 se mostraba contrario al rigor disciplinario excesivo, dispuesto a fomentar una educación alternativa de índole vital, capaz de convertir a los niños en hombre futuros integrados en la sociedad. En este sentido, inició una puesta al día, mejora y ampliación de los talleres del Hospicio, entre ellos el de música. Las instalaciones fueron mejoradas y se aumentó el presupuesto.

Dentro de esos cambios tuvo gran importancia la rehabilitación de la Banda provincial y la dotación para becas. En 1924, tras las correspondientes oposiciones, Antonio Segura se convirtió en el nuevo director de la banda, demostrando grandes dotes con los niños. Cobraba 2.475 pesetas anuales (casi 15 euros). En 1925 la Provincial ya estaba completamente reactivada, a nivel público, mereciendo todos los elogios de las crónicas locales. Hasta 1930 su actividad fue incesante: procesiones, conciertos, verbenas, salidas a otras poblaciones… Destacó especialmente la actuación en el Teatro Cervantes, 20 de abril de 1926, con el estreno del Himno a la Mancha, obra de Segura. También fue memorable la actuación en el mismo escenario el 19 de diciembre de 1927 (estreno del pasodoble Ruano, del mismo autor). Las últimas actuaciones de la Banda Provincial en esta etapa se produjeron durante la República: concierto conmemorativo del 12 de abril de 1932 y actuación con motivo de la visita de Alcalá Zamora a la ciudad (27 de abril de 1933).


La desaparición de la banda en la Segunda República

En 1932 el nombre de Hospicio fue cambiado por Hogar Provincial. Cuatro años después, en medio de una gran polémica fueron despedidas las hijas de la Caridad, siendo sustituidas por funcionarios de la Diputación Provincial. En el campo de la música, dentro del contexto de la creación de las Escuelas Profesionales del Hogar Provincial (1932), lo más destacable fue la conversión de la banda en un taller de enseñanza artística especial, restringido a nivel interno, lo que suponía el final de la banda, cuyo mantenimiento se hizo demasiado caro. Antonio Segura pasó a ser “profesor especial” y se contrataron nuevos profesores para instrumentos: Eleuterio Romero, Martín Calvillo y Joaquín Bermúdez. Poncio Montero, el artífice de la banda previa, se quejó amargamente de esta política a través de sus “Notas del día” en El Pueblo Manchego”. Ya durante la guerra, en 1937, se hizo una gran reforma educativa (diseñada por Luis Castillo Almena), dentro de la cual la música se afirmaba como “enseñanza especial” con una amplia dedicación dos horas al día.

La Banda Provincial en la posguerra

Terminada la Guerra Civil se acometió una tarea de recomposición de la beneficencia provincial bajo un concepto paternalista. En 1944 el Hogar Provincial sufría una superpoblación preocupante. El funcionamiento de los talleres y las escuelas especiales se hacía imposible, por falta de infraestructuras y recursos. Aún así constan unas oposiciones para elegir nuevo director de la Banda Provincial, puesto que recayó en José Caballero García, en reñida competencia con Cristóbal Ruyra (que ya era director de la Banda Municipal). También fueron contratados Eleuterio Romero Castellanos, profesor de bajo, y Zacarías de la Flor Albacete, profesor de clarinete. Las actuaciones de la banda son muy escasas, lo que prueba su extrema debilidad en estas fechas. En 1946 intervino en el Teatro Proyecciones, en el Cervantes y en el Casino. Desde 1947 a 1953 desaparece del contexto público.


La reactivación de la Banda Provincial en la segunda parte de los años cincuenta

Cecilio López Pastor, periodista de enorme prestigio en la capital, ocupó el puesto de diputado visitador del Hogar Provincial entre 1952 y 1958. Era gran admirador de Ponciano Montero y de su obra. Esa fue una de las razones que le movieron a reorganizar la banda de la institución, para lo cual se requería un gran esfuerzo de profesores y alumnos, que partían de un nivel mínimo. Con Germán Chacón figurando como director, asistido por Eleuterio Romero Castellanos, la nueva Banda Provincial hizo su presentación en el Palacio de la Diputación el día 31 de diciembre de 1954, con motivo de una celebración navideña. En la cabalgata de Reyes de 1955 inicia sus actuaciones en la calle. La agrupación aparecía con un nuevo nombre, dentro del contexto de las juventudes falangistas: Banda del Hogar Provincial Centuria Federico Ruyra.

Hasta 1961 la agrupación provincial estuvo muy activa. Tuvo una estrecha relación con determinadas hermandades de la Semana Santa de Ciudad Real: Hermandad de Jesús Nazareno y Hermandad de Jesús Caído. También era habitual su presencia en las festividades de la Hermandad de San Isidro y de la Hermandad del Carmen. Durante la feria de agosto fue habitual la programación de conciertos, lo cual supuso un avance notable en su repertorio (comparable al de la Banda Municipal). A partir de 1957 está documentada la dirección de José Martín Gil, al menos de forma esporádica. El veterano ex director de la Banda de Infantería de Toledo aportó toda su sapiencia musical a la agrupación. Como profesores destacaron Zacarías de la Flor (clarinete) y Antonio Ruda (saxofón).


El final de la Banda Provincial 1961-1976

A partir de 1961 los datos sobre la Banda Provincial son muy escasos; aparecen escuetamente en algunas de las memorias del Hogar Provincial. En este año la Diputación Provincial firmó un convenio con los salesianos para que se hicieran cargo de la educación en el asilo. A partir de entonces se potenció la formación profesional, al tiempo que disminuía el número de alumnos y el presupuesto provincial destinado a beneficencia. En el diseño de los salesianos la música fue considerada como una actividad formativa y lúdica dentro del Hogar, pero no externa, lo que suponía una disminución drástica de las actuaciones públicas de la banda.

Durante los años sesenta las memorias de la Diputación Provincial dan noticias sobre formaciones instrumentales dentro del Hogar para actividades extraescolares y recreativas, y sobre profesores especiales de bajo, saxo y trombón, a extinguir. A principios de los setenta el Hogar fue dividido en dos escuelas provinciales: masculina y femenina, con alumnos internos y externos. En 1973 se adopta el sistema de la EGB. La Banda Provincial subsiste en informaciones puntuales hasta 1976. En la memoria correspondiente a ese año se afirma que fueron suprimidas todas sus actividades. Consta, aún después, cierta reconstitución del grupo por Antonio Velascoín, porque la institución aún disponía de los instrumentos. Cuando estos fueron donados a distintos ayuntamientos que los habían solicitado (especialmente al de Castellar de Santiago), la posibilidad de reactivación se cerró para siempre. Fue entonces cuando los empleados de la Corporación Provincial quemaron los viejos uniformes de la banda infantil, que se guardaban en un almacén del Hogar.

Vicente Castellanos Gómez. “Musicalerías. Ciudad Real: Música y Sociedad 1915-1965”, páginas 249-255


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