domingo, 1 de noviembre de 2020

VISITA AL CEMENTERIO

 

Vista del exterior del cementerio en los años cuarenta del siglo XX. Fotografía Julián Alonso 

Ayer visitamos la necrópolis ciudarrealeña, con el ánimo entristecido de pensar y ver donde reposan per sécula los que nos dieron el ser, a nuestros hermanos y amigos más apreciados y lugar que será para nosotros la última morada.

Contemplamos el lujo en Panteones y Mausoleos, que profusión hay en el cementerio, que hace poco veíamos de reducido perímetro y hoy abarca uno extensísimo.

Tenemos seguro, otra próxima generación verá ampliarse hasta las cercanas canteras y olivares el cementerio de nuestra capital dado el creciente aumento de la población y por consecuencia el de los óbitos.

Al recorrer la galería de los nichos, y sepulturas que llenan profusamente el terreno, al leer nombres en las marmóreas lápidas; cuántos nombres vimos de personas que tratamos, de otras que oímos figuraron en otros tiempos y que para siempre desaparecieron.

Allí vimos donde yacen ilustres abogados que compartieron con nosotros las tareas del Foro, Acosta, Arredondo, Orlajan, Peñuela etc, compañeros que fueron en este Instituto de Segunda Enseñanza, Balcázar, Bolumberri, Corrales, Serna, Ferez etc.


Puerta de entrada al cementerio en los años cuarenta del siglo XX

Con amigos como Delgado Merchán, sabio historiador de Ciudad Real, alcaldes como don Eduardo Mena y don Ceferino Sánchez Báez, don Francisco Sauco, gobernador que fue de esta capital, los próceres Muñoz y Loaysas, Figueroa y Barasa, Marques de Treviño y Conde de la Cañada, don Luis Rey y el capitán general y ministro de la Guerra Aguilera, sin olvidar a don Miguel Pérez Molina y a don José Cruz Prado.

La enorme concurrencia de vecinos de Ciudad Real, que llenaba completamente el sagrado recinto, los variados colores de tantas flores que adornaban las artísticas tumbas, las juventudes con sus atuendos coloristas, quitaban el aspecto de tristeza que suele de ordinario verse en el Campo Santo.

¡Memento Homine! dice la lápida que hay a la entrada del cementerio, y que nosotros tenemos siempre presente en nuestra ya larga vida. Que pulvis eris et in pulverem reverteris, que polvo eres y en polvo te convertirás.

Emilio Bernabeu. Diario “Lanza”, lunes 2 de noviembre de 1953


Vista de un paseo del cementerio en los años cuarenta del siglo XX. Fotografía Julián Alonso 

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