sábado, 19 de febrero de 2022

EL PLAN NO ES “EL CHOCOLATE DEL LORO” (I)

 



El Plan supone una nueva distribución de la clasificación del terreno, recogiéndose la ampliación que se hace del suelo urbano. se reajustan las expectativas de crecimiento a unas previsiones demográficas más certeras que las que se hicieron en el antiguo Plan de 1978. El PGOU, si es aprobado mañana jueves en su fase final de tramitación por parte de la Junta de Comunidades, contempla normativas sobre edificabilidad, -reduciendo la construcción en altura-, reformas de espacios libres, ampliación de zonas verdes, etc... Pero a la vez se obvian asuntos como el problema del tráfico, o el futuro campus universitario -hecho que obligará a reformar el Plan que ahora se presenta-, o la ruptura estética que provoca el edificio 'del Ayuntamiento.

Para los promotores municipales con esta nueva legislación urbanística se pretende acabar con la especulación del suelo y, hacer de Ciudad Real «un lugar cómodo para vivir y agradable para sus habitantes, mientras que para otras fuentes consultadas, consideran que esto no es «el chocolate del loro...

 

En la primavera de 1987 el nuevo plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Ciudad Real era presentado en público. El objetivo de esta revisión se debía, según palabras del arquitecto municipal, Rafael Humbert, a “reconducir el planteamiento, ajustándolo a las directrices generales con vistas al año 2000; con dos premisas fundamentales: Idoneidad de las futuras localizaciones y control y mesura de los costes de ejecución”.

Con anterioridad se habían elaborado informes socio-demográficos que permitían conocer las expectativas de crecimiento de la población (1 por ciento anual; unas 570 personas aproximadamente). El Plan fue aprobado por el Pleno del Ayuntamiento a finales del pasado mes de julio, y supone un coste total de ejecución que asciende a los cuatro mil doscientos cincuenta y cinco millones de pesetas (4.255 millones), de los que el erario público de la ciudad financiará 1.768 millones, lo que representa un 41,55 por ciento del total. El resto debe correr a cargo de la inversión privada.

Como nuevo “suelo urbanizable programado” el Plan adjudica algo más de 54 hectáreas, en donde se podrán construir 1.350 posibles viviendas. Y como “suelo urbanizable no programado”, es decir, que queda en reserva para el caso de que las necesidades de población así lo requiriesen, se posibilitan casi 300 hectáreas más. Estas cifras suponen un recorte considerable respecto a las “generosas” perspectivas que contemplan el antiguo Plan vigente de 1978. Representa contar con unas expectativas de crecimiento que ronda el 60 por ciento de lo que prevenía aquella legislación que ahora se revisa.

A su vez el “suelo urbano”, lo que es el territorio de la ciudad, se amplia –“como una mancha de aceite que se extiende”, en palabras del concejal de Urbanismo -casi 50 por ciento de los hasta hoy existentes. También se aprecia que el error de cálculo realizado en 1978 ahora se ajusta reduciendo en una tercera parte aquellas cifras hinchadas de expansión.




PROPOSITOS MUY VERDES

 

Evitar la especulación del suelo es la principal aspiración del Plan, poniendo para ello el terreno “necesario” a disposición de la demanda constructora, y en teoría lograr que se regule el mercado y no se disparen los precios.

Otras pretensiones que se plasman en la nueva legislación municipal, es la de consolidar el “acariciado suelo industrial”, hecho casi logrado al tenerse prácticamente terminadas las últimas fases del polígono de Larache. A este sector se le concede una superficie neta de 47 hectáreas (aproximadamente el 8 por ciento del suelo urbano) lo que parece contraponerse al carácter “terciario” o de servicios por el que parece haber apostado Ciudad Real. Y aun así, el Plan contempla la posibilidad de añadir un 7 por ciento más de zona urbana si los industriales se deciden a invertir aquí y construir sus fábricas en la capital. En total se podría llegar a tener una hectárea y media de cada diez útiles dedicados a industria.

En el empeño por lograr que Ciudad Real sea, al menos, cómoda y agradable dentro del proceso de degradación urbanística al que se le ha sometido en los últimos años, el Ayuntamiento va a dedicar, entre los ya en disfrute y lo proyectado, unas 70 hectáreas a zonas verdes y espacios libres, lo que representa poseer un 20 por ciento de superficie neta total de suelo convertida en lugar de esparcimiento o zonas de descanso. “Es uno del estándar de confort más importantes de una ciudad”, asegura el concejal Vicente Romero. Las tendencias urbanísticas actuales hablan de distribuir con racionalidad estos “lugares verdes”, y en esto el Plan sí lo hace; pero según esas mismas teorías no se debe exagerar en la medida más allá de lo que el carácter urbano de cada población concreta considere necesario. No debe asociarse la idea de que a más parques se corresponde una mejor calidad de vida, sobre todo en núcleo urbano como Ciudad Real, en donde “la fuga del campo” se encuentra a menos de un kilómetro del Ayuntamiento, en cualquier dirección. Otros aspectos considerados se refieren al orden urbanístico, como es el aprovechamiento edificativo, con normativas sobre las alturas máximas permitidas, evitando así el escalonamiento irregular, irreparable “por arriba” y en algunos casos fuera de ordenanza con el que se rompe la estética en muchas calles de la ciudad. Ahora se permitirá la rehabilitación de edificaciones antiguas por parte de aquellos propietarios de los inmuebles que quieran conservar su tradicional estilo, de vida y no deseen construir pequeños bloques de viviendas.

El problema del tráfico rodado parece no contemplarse, manteniendo el laberíntico caos circulatorio que obliga al automovilista de Ciudad Real a plantearse la veracidad del principio físico de que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta: Tal y como está diseñada la red viaria de la ciudad todo indica que "quien la planificó pensó en que se saliese a la ronda cada vez que alguien pretendiese trasladarse en coche de un sitio a otro. Parece como si lo hubiese planeado Ocón D'Oro, el de los crucigramas", dice Félix Pillet, conocedor del urbanismo de esta capital.


Eulalio Román Labrador. Diario “Lanza”, 3 de febrero de 1988




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