lunes, 17 de octubre de 2022

HERNÁN PÉREZ DEL PULGAR, EL DE LAS HAZAÑAS, EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE (I)

 



El próximo día 11 del actual hará cuatrocientos años que murió en Granda Hernán Pérez del Pulgar, el de las hazañas.

Es de tal magnitud la figura del Pulgar, que prescindir de ella en los anales del recuerdo sería tanto como olvidar una de las páginas más gloriosas de la historia de España.

Nacido en Ciudad Real, con raigambre manchega bien definida, se unen en él la más típica hidalguía, la más rancia nobleza, el valor sin límites y la generosidad más caballeresca.

De estatura regular, más bien alto, derecho, formido, ágil, nerviosos: rostro lleno, severo, de color moreno; cabello negro, algo crespo; frente espaciosa, ojos grandes, redondos; cejas largas y pobladas, boca grande y labios gruesos, y en todo su aspecto, se leía -como dice un biógrafo suyo- el bravo espíritu que le animaba y el sublime corazón que le regía.

Alcanzó despierto ingenio, talento bien inclinado, resolución valiente, presteza al emprender, constancia en proseguir, fortaleza en la adversidad, consejo en prevenirla, industria en disponer, en la ejecución entero, blando en la prosperidad, breve en los enojos, piadoso con las mujeres, terrible con quien le ofendía e injuriaba, y con los vencidos pacifico. En los peligros se anticipaba y era el último en salir de ellos. Su acometer fue admirable, nunca temió, aun en lo que no podía preservar. No excusó el trabajo, y no se dejo vencer de la común necesidad de comer y dormir. Usó con moderación de las victorias, y cuanto en la paz era humano, era en la guerra tremendo. No sólo era amado de los cristianos, sino de los moros valientes venerado y temido…




Relatar en un breve articulo todas las proezas llevadas a cabo por Pulgar sería tarea muy difícil; baste decir que en Alhama, en el Cantaril y en Zalia, Salar, Venta del Gato, Bentomiz, Vélez-Málaga, Málaga, Salobreña, Zubia, Mondéjar, etc., el heroico manchego se destacó de modo valeroso.

Y más singular fue su triunfo en la acción del Zenete y en la famosa hazaña del Avemaría.

Corrían los años del 1486 al 89. Las huestes cristianas proseguían en el territorio granadino sus gloriosas conquistas. La santa cruz iba menguando el poder de la media luna. Y al deshacerse la obra del Guadalete, los reyes Católicos realizaban una de sus más legítimas esperanzas y uno de sus más vehementes deseos.

Reunidas o tomadas a viva fuerza las fortalezas moras de Vera, Vélez-Blanco y Vélez-Rubio, el poder del Zagal se fue empequeñeciendo, encerrando sus dominios entre Almería y Guadix.

Los cristianos habían puesto cerco a Baza: pero como aquél se presentaba erizado de grandes dificultades, algunos de los nuestros, entre ellos Pulgar, decidieron el 16 de agosto de 1489 hacer una incursión por tierras de Guadix. Advertido el enemigo, preparó una emboscada. Ocultos detrás de un cerro unos mil moros, se dieron vista en el momento preciso. La duda y recelo se apoderó de los nuestros; el mismo alférez abanderado huyó antes de comenzar el combate; pero Pulgar, lleno de entusiasmo y con esa fe propia de aquellos caballeros cristianos, desató la blanca toca que llevaba en su cabeza, y, atándola al extremo de su lanza, arengó a los suyos, diciéndoles: “No temáis nada, que el triunfo será nuestro, y no faltará bandera al que quiera seguir ésta”. Y sin más palabras levantó la lanza, y, ondeando sobre todos aquella blanca enseña, invocó a la Virgen, y, seguido de los suyos, acometió a los moros con tal denuedo y con tal destreza que a poco de comenzada la batalla la victoria se decidió por los nuestros.




Mas de quinientas bajas tuvo el enemigo, y hasta sus caudillo, Aben Zaide, fue herido y muerto por Pulgar; los demás que quedaron con vida huyeron, entre el espanto y el miedo que les producía ver el valor de los cristianos.

Los once alcaides que en unión de Aben Zaide capitaneaban a los moros fueron muertos o cautivos, alcaides tan renombrados que, según un escritor, eran de los más valientes vasallos del Zagal. Dichos alcaides se llamaban Reduan Cafarja, Alí Cahadón, Alcai Macit, Amut Amet, Alhafer Hiaya, Albayal, Aliatar Masit, Muza, Mahomet Aben, Acán y Mahomet Aben Dali. Cada uno de estos moros tenía a su cargo los castillos de Jerez. Alquit, Aryanteira, Ardail, Ferreira, Dolcar, Güenecha, Fiñana, Alba, Urucena y Calahorra. Este último castillo había siso en tiempos de los godos palacio del conde D. Julián, y después de la reconquista posesión de los marqueses del Zenete.

Por este hecho de armas Pulgar fue armado caballero de la Dorada Espuela, distinción que se hizo con toda solemnidad en el mismo campo de batalla y a presencia de todo el ejército. Los testigos y padrinos de esta ceremonia fueron D. Antonio de la Cueva y D. Francisco de Bazán, acompañantes de Pulgar en tal jornada, y el Rey Católico, con la espada del capitán Agüero, dio los tres golpes de ordenanza en la cabeza de Pulgar, siendo el duque de Escalona quien calzó la dorada espuela al héroe de esta campaña, que una vez armado caballero, recibió primero el abrazo del rey, después. De los testigos, y luego del maestre de Santiago, duque de Escalona, como de Cabra y los demás capitanes.

Además se concedió a Pulgar un nuevo escudo con el siguiente lema:

“Tal debe el hombre ser -como quiere parecer”.

El escudo consiste en un león en campo blanco o de plata abrazando una lanza, en la punta de esta aparece una toca, y muy cerca, en campo rojo, once castillos”

 

José Balcázar y Sabariegos, ABC (Madrid) 1 de agosto de 1931, páginas 10, 11 y 12



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