sábado, 2 de julio de 2016

FISONOMIAS DE LA CATEDRAL


 
Vista del Prado y Catedral en los años sesenta del pasado siglo

Con datos sueltos, relatos de viejos, recuerdos vacilantes y observaciones recientes, fotografías nuevas e ilustraciones desvaídas, he compuesto estos tres dibujos. A pesar de sus defectos – no livianos, ya lo sé-, tienen, a lo que presumo, el gran interés de presentarnos la volubilidad, forzada y lamentable, que impusieron a la fechada de nuestro principal templo diocesano precisamente desde esta época, desde que Santa María es Catedral.

Allá quien quiera, y quien pueda, pechar con la historia de las múltiples obras, casi siempre crueles y realizadas con estrago, sufridas por este templo en siglos y siglos. En verdad, nunca se reparó en nada. Desde la mutilación de la imagen de la Patrona, para vestirla, hasta su desaparición en nuestros días, desde el mal montaje de la románica puerta del primitivo templo al colocarla a los pies del actual donde, a pesar de todo, forma un bello conjunto con el curioso ventanal que la corona, y que un petulante murete, antepuesto, nos impide saborear, hasta cimentado de una crestería de cemento en el ábside y una techumbre de uralita; desde…

Ya casi no quedan en Santa María otras cosas notables, para enseñar, que la majestad de su única nave, dos retablos: el mayor, restauradito incompletamente, y el de San Miguel, el rosetón y la mentada medio tapada puerta –si nos dejan asomarnos al balconcillo frontero de la casa-palacio del marqués de Huétor-, y esas interesantes descascarilladas ventanas y molduras y el curioso reloj de sol de cubo que nación con pujos de noble torre, con su pétrea escalera de caracol, y no llegó a fin. La habitación donde se abre la florida ventana ¡que hermosa y cumplida sala capitular podía ser, si la adecentaran!

Nosotros hemos de limitarlos a la fachada del Prado. Para ello, digo, pergeñé mi tres dibujillos. No los critiques, pues, bien al comienzo, te anuncié eran malos. Prescindí en ellos, del arbolado –en la realidad, ¡nunca!- y de la verja, para apreciar mejor la puerta de ingreso a la iglesia. Comentaré brevemente lo que representan. Puedes tú –derecho tienes- hacerlo largo y cumplido, que conocimientos te sobran y a mí me faltan, y aprender de ti quisiera.

El dibujo 1, muestra la vieja parroquia de Santa María al convertirse en flamante Catedral del recién creado Obispado Priorato de las Órdenes Militares.

La portada, de encantador y sencillo gótico decadente, desenvuelve sus arcadas en los mismos muros del templo; al fondo del espacio comprendido entre el gran contrafuerte y los sillares de la inacabada torre del reloj de sol. Tras la puerta estuvo “la portentosa y magnífica obra del cancel, que por los años del 1600 (?), hizo el famosísimo carpintero Francisco Navas, y no hay en carpintería, otra pieza igual en España”. Restos deben ser las puertas actuales.

Bajo esos arcos lindos, en su modestia pétrea, pasaría el Cardenal Lorenzana, por primera vez, el día 26 de enero del año 1777, a las tres y media de la tarde, para asomarse de la dilátala y elevada nave. ¿Qué relieves habría en el tímpano de la portada? ¿Cómo sería el remate final del arco externo?


De la torre de las campanas, principiada a edificar en el año 1817, día de San Mateo, ha desaparecido el chapitel de pizarra que le daba esbeltez y se parecía al actual anacrónico y ruinoso de Santiago. Habia un recuerdo iconográfico de gran valor que tal vez recuerdes: un ingenuo “milagro” colgado en la escalera del camarín. Feneció en 1936 con los innúmeros reunidos allí desde 1734. Sí, desde 1734, por que este año hubo otro despojo de “milagros”  que “se efectuó sin motivo explicable. Al blanquear la iglesia, el Vicario Eclesiástico dio providencia para que se quitasen del Camarín y de la Iglesia unos cuadritos donde se explicaban, con láminas y letras; el favor que había recibido el devoto. Estos eran con tanta copia que los sacaron a carros”. Cuando leí esto recordé el Santuario de Consolación de Utrera donde las amplísimas antesacristía, sacristía, galerías, y el camarín y sus escaleras, están materialmente tapiados (paredes, bóvedas, molduras, aristas) de estos cuadritos, antiguos y de ahora, dando una inefable impresión sentimental, curiosa y hasta artística.

El cuadrito de nuestra catedral, a que nos referimos, representaba a un matrimonio, de rodillas, cumpliendo su promesa ante la Virgen cuando, el día de su día, la Morenica, desfilaba por el paseo de la calle de los Reyes con árboles muy verdemente pintados. Al final, se veía la mole de la iglesia, con su torre de chapitel empizarrado, ante un cielo de subido azul cromo. Como mi recuerdo del remate torrero no es lo suficiente claro, y lo siento, para describirlo y pintarlo, opte por copiar, de una vieja ilustración, la torre coronada de andamios y con el esqueleto de la base del insulso chapitel actual, sustituto del pizarroso desde aquellas calendas.

Fíjate en las buhardillas de los tejados.

Repara en la monotonía, seca y larga, de la fachada de las Salas Capitulares solamente rota por uno de los “aguaduchos típicos”.

Observa el primer ventanal del ábside, de los cinco que en él se abrían, con sus encajes pétreos, góticos y bellos, como sería el simétrico del otro lado de la nave y que tamizarían la luz de modo delicioso. Aun no los habían despedazado. Los otros tres tapiados están desde el siglo XVII, cuando dentro, en la cabecera del templo, adosaron el monumental retablo de Giraldo.

Segundo dibujo. Estamos en la arista que corta el XIX y marca el advenimiento del XX.

No existen los canceles.

El chapitel de azulejos, que achaparró la torre de las campanas, está terminado.

A la gótica portada tapada –y seguramente destruida- han adelantado un murallón entre el contrafuerte y la torre del reloj de sol y abrieron un horrible arco apuntado de ocasión. Puedes darte cuenta como sería mirando a su hermano de la puerta de la calle de la Azucena. Claro, al quitar los canceles haría frio en el interior. Correría el viento –y corre- de lo lindo. Precisaba poner remedio y no tuvieron otro alcance que anteponer a la portada un porche de cochera.

 
La puerta del mediodía con el porche que se le construyó a principios del siglo XX

Acorta la fachada de las dependencias capitulares, el exterior de la recién nacida capilla del Sagrado Corazón hecha con la anterior sacristía. No es airosa su silueta. Da sensación de un “aguaducho”, agigantado, empotrado entre tejados de los cuales apenas descuella el remate piramidal.

Desaparecieron los calados del gran ventanal. Dejaron dar más luz al interior dulcemente iluminado, y vaciaron el hueco, y entró el sol a torrentes y, a poco, fue preciso colocar cortinas para apaciguar tan áspera luminosidad. Pero lo arruinado, arruinado quedó.

Este tercer dibujo se aprecia como persisten los desaguisados y se han añadido otros.

Corren los años del 5 al 7 de la actual centuria.

La avanzada puerta de casa de labor se modifica recubriéndola o sustituyéndola, por otra, adornada de cemento. Sin entrar en lo artificioso del trazado, da, desde lejos, una cierta impresión de monumentalidad, aunque cursilona. Cerca, se hace detestable e insoportable por el material empleado. Impresiona igual, que una bambalina de escenario. Las cornisas de la torre del reloj de sol y los adornos de la ventana vecina –“la ventana del tesoro”- se desmoronan lastimosamente, a pesar de estar esculpidos en material noble, -¡con los bonitos que son!- pero el cemento de la portada ni siquiera se agrietó en cuarenta y pico años de existencia.

Al fondo del jabelgado y repintado zaguán, se abre la antigua puerta de ingreso con las aristas de los arcos interiores mutiladas, cementadas y repintadas. En el tímpano, ya sin los relieves originales, colocaron uno de escayola, obra de Modesto Cabildo, representando a Santo Tomás de Villanueva, Patrón de la Diócesis, dando limosna a los pobres. Durante la guerra ha desaparecido. ¡Pobre y fea entrada principal del principal templo de un obispado! La primitiva sería modesta, pero era armoniosa y en piedra esculpida. La de ahora sigue siendo modesta y por añadidura, fea… y ¡de cemento, Dios mío!

No olvidéis mirar ese pegote en forma de coronamiento seudo-gótico, de cemento -¡dichoso cemento!-, y ese remiendo de uralita en la techumbre. Tan recientes eran que todos los recordamos. Hace un par de años quitaron, por fortuna, pegote y remiendo. ¡Loado sea Dios!

Y nada más, como botones de muestra, sobre las tropelías sufridas, en el exterior, por la antigua Iglesia parroquial de Santa María del Prado; sede y arranque, desde 1875, del Obispado Priorato de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

Desde remotos tiempos, al correr los siglos, Santiago y Santa María, son de los tres seculares templos de Ciudad Real, los más recientemente maltratados en el interior y en lo externo.

Julián Alonso Rodríguez. Diario “lanza” jueves 25 de febrero de 1954, página 3.


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