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miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA ASIMILACION Y DIFERENCIA A TRAVÉS DE LOS PATRIMONIOS NUPCIALES DE MORISCOS Y CRISTIANOS VIEJOS, (CIUDAD REAL, 1570‑1610)1 (I)

 

 
Vista de la calle Morería con su confluencia con Postas en los años sesenta del pasado siglo XX. Foto de Salas del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha


Resumen. La historiografía ha demostrado que en las sociedades preindustriales el proceso de constitución de una nueva familia no solo llevaba aparejadas connotaciones de tipo biológico y social, sino también de orden económico y cultural. El estudio de los contratos matrimoniales otorgados ante notario por moriscos y cristianos viejos permite al autor analizar la configuración de las haciendas de los miembros de uno y otro colectivo. De igual manera, presta especial atención al análisis de la estructura y formación del ajuar femenino, pues es aquí donde se observan más diferencias en el plano cultural. Se pretende así poner de relieve la importancia del hogar como un espacio construido desde lo material, aspecto que en el caso de los moriscos conducirá a tratar tanto su proceso de adaptación a los usos sociales y culturales de los cristianos viejos como el mantenimiento de su herencia islámica.

Palabras clave: Cultura material, moriscos, Castilla, siglos XVI-XVII, protocolos notariales.

Cristianos viejos y moriscos compartieron un mismo espacio económico en la Castilla de finales del siglo XVI. Sin embargo, aún no está claro que ambos colectivos participasen de idénticas formas de hacer frente a los retos de su tiempo. De igual manera, resulta evidente que apenas si rivalizaron a la hora de ocupar mercados y que los nichos económicos de unos y otros estuvieron muy definidos, algo a lo que ayudó una coyuntura aún en expansión por aquellas fechas. Las informaciones disponibles sobre ellos nos hablan de la existencia de lugares comunes, de metas compartidas y de problemas similares, pero también de conductas dispares, incluso si se tiene en cuenta que éstas últimas cambiaron gradualmente como consecuencia de la integración de la minoría morisca en la estructura productiva y de consumo de la sociedad cristiano vieja. Es precisamente este aspecto lo que convierte tanto al espacio geográfico castellano como a los propios cristianos nuevos en ejes articuladores del incipiente campo de trabajo que analiza la economía doméstica de las minorías sociorreligiosas peninsulares y que, por extensión, realiza un examen comparado de la conducta mostrada por los diferentes grupos de población de la España interior durante la primera edad moderna.

 Los estudios relativos a la cultura material y al impacto de las pautas de consumo en la vida de las familias del Antiguo Régimen tienen una amplia tradición. Dicha tradición nació en la década de 1960 y se vio reforzada a lo largo de los años noventa del siglo XX. Fue entonces cuando aparecieron trabajos que, partiendo de diferentes enfoques, coincidían en señalar como durante el siglo XVII el comportamiento material de los europeos inició una lenta pero constante mutación, la cual afectó a todas las esferas de su vida cotidiana, caso de sus hábitos en el vestir o de los modelos de sociabilidad desarrollados en el seno de sus respectivos hogares (entre otros, Braudel, 1979; Roche, 1989; Brewer y Porter, 1994; Vries, 1994; Sarti, 1999). De manera paralela, y a remolque de la historia económica, en España aparecieron también una serie de trabajos con una base cuantitativa que abordaban cuestiones que fueron muy significativas para el posterior avance de la historiografía peninsular relativa a este tema. Así ocurrió con el estudio de las transformaciones de los patrones de consumo acaecidas desde el mismo siglo XVII, el mayor o menor empleo por parte de la población de determinados productos «innovadores» frente a otros que representaban el peso de la costumbre, o la caracterización más o menos precisa de cuáles fueron los sectores sociales que evolucionaron hacia dichas conductas (Torras y Yun, 1999). Más tarde, los historiadores dedicados al análisis de estas cuestiones fueron modulando sus perspectivas y metodologías, al tiempo que comenzaron a otorgarle un enfoque más cultural, en el cual primó el examen del papel que los objetos jugaron en la configuración de los patrimonios y los hogares de los particulares. En todo esto, el empleo de la documentación notarial resultó determinante, por cuanto, como es sabido, permite ahondar en comparaciones tanto desde una óptica temporal como geográfica.


Casa en un patio de vecinos en la calle Alamillo en los años sesenta del siglo XX


El recurso a esta documentación y el comentado enfoque han supuesto un estímulo para la particular historia de los moriscos, pues han permitido profundizar en su caracterización socioeconómica y en su definición como colectivo, contribuyendo de este modo a ensanchar las posibilidades de un campo de estudios que hace apenas un par de lustros se consideraba casi cerrado (Soria y Otero, 2010, p. 1). Los avances han sido manifiestos en todo lo que tiene que ver con el desempeño de las actividades socioprofesionales, con la imbricación de los propios moriscos en los circuitos productivos controlados por sus vecinos cristiano-viejos y, desde una óptica interna, con el surgimiento y paulatina consolidación de lo que podría definirse como una élite morisca (Pérez García y Fernández Chaves, 2015, pp. 148‑150). A pesar de ello, el análisis de su vida cotidiana adolece de importantes lagunas cronológicas y espaciales; tantas, que apenas si es capaz de responder a las cuestiones básicas que los investigadores se plantean en relación al modo de actuar de la propia minoría, sobre todo si lo que se pretende es establecer cauces de comparación con la conducta desplegada por los cristianos viejos.

Los primeros trabajos sobre la cultura material morisca se deben a Carmen Bernis (1959) y Rachel Arié (1965‑1966). Sus investigaciones tomaban como base la información aparecida en textos literarios, crónicas, relaciones de corte y libros de viaje. Se aprovechaban también de los recursos iconográficos —siguiendo en esto la línea abierta por Julio Caro Baroja (1957)—, al prestar una atención preferente al vestuario de los moriscos granadinos. Al reino de Granada se dedicaron las investigaciones que, por aquellos años y desde entonces, publicó Juan Martínez Ruiz (1967, 1972, 1988), continuadas luego por Joaquina Albarracín Navarro (1990, 1995, 1997) y Ana Labarta (1983), ésta última en el reino de Valencia. Todos estos trabajos poseen en un enfoque que podría definirse como filológico-antropológico, ocupado en indagar el origen de los útiles, ropas, muebles y demás objetos de los hogares de los antiguos musulmanes de la Península Ibérica, de fijar sus más que evidentes raíces islámicas y de poner el acento en todo lo que, por ser propio de aquella cultura, la ligara con el mundo norteafricano. No obstante, y dejando al margen estos aspectos, si por algo merecen ser mencionados estos autores es por haber sido los primeros en utilizar en el estudio de los enseres cotidianos de la minoría morisca las escrituras notariales, y más concretamente las cartas de dote. Fueron ellos quienes hicieron que los historiadores comenzasen a prestar interés a este tipo de fuente. Nacía así un nuevo enfoque en el estudio de la realidad morisca, el cual sólo suscitaría el interés de los investigadores a partir del momento en que se intentó acceder a un mejor y más profundo conocimiento de las características económicas de este grupo converso, en especial tras la guerra de las Alpujarras. A este esfuerzo contribuyó la preocupación que dichos investigadores mostraron por la historia de la familia y, sobre todo, por la reciente aplicación al campo de lo morisco de los métodos desarrollados por los historiadores de la cultura material y la vida cotidiana, todo lo cual ha derivado en la publicación de una creciente nómina de trabajos que, poco a poco, va cubriendo los territorios del sur y este peninsular. Son de destacar, por ejemplo, las aportaciones de Margarita Birriel para el reino de Granada (1995, 2002), la interesantísima comparación que Manuel Fernández Chaves y Rafael Pérez García realizan entre este último reino y la Sevilla posterior a 1570 (2010), así como las contribuciones de Israel Lasmarías Ponz para Aragón (2007, 2013).

Frente a esta serie de aportaciones, la economía doméstica de las comunidades moriscas del centro de la península ha sido tratada con desigual suerte. Poco se sabe de los antiguos mudéjares si no es a través de la información que proporciona el manejo de algún que otro secuestro inquisitorial. Por su parte, y en relación a los granadinos llegados a Castilla después de 1571, el tema ha sido abordado desde la década de 1990 partiendo de puntos de vista diferentes y mediante el empleo de una documentación mucho más dispar (Tapia, 1991; García, 1992 y 2009; Magán y Sánchez, 1993; Gómez, 2000; Moreno, 2009). A día de hoy, la cultura material parece haberse convertido en epicentro de trabajos más específicos (Lomas, 2011; Moreno, 2015a y 2015b), a pesar de lo cual debe afrontar todavía dos importantes retos: a) el estudio comparado con respecto a lo observado en otros territorios, y b) el análisis diferenciado de los comportamientos de moriscos y cristianos viejos, aspecto éste último que será abordado a continuación tomando como referencia el caso concreto de Ciudad Real. Para ello, se parte del examen de las escrituras matrimoniales otorgadas en el curso de los cuarenta años que la minoría morisca residió en la ciudad. Su contenido, su valoración y el modo en que fue empleado este instrumento legal han permitido analizar en profundidad los ajuares domésticos,  allí donde, y ante la imposibilidad de disponer de bienes de mayor envergadura, los moriscos volcaron gran parte de las estrategias que pusieron en marcha para transmitir los patrimonios familiares (Císcar, 2009, p. 67).

Francisco Javier Moreno Díaz del Campo. Obradoiro de Historia Moderna, N.º 26, 2017, (45-69)


Vista de un pozo en un patio de vecinos en la calle Alamillo en los años sesenta del siglo XX

 

(I) Este trabajo ha sido realizado gracias a la ayuda concedida al proyecto de investigación «Cultura material y vida cotidiana de los moriscos de Castilla: adaptaciones y pervivencias tras la Guerra de las Alpujarras (1570‑1610)», por el Centro de Estudios Mudéjares del Instituto de Estudios Turolenses.

Igualmente forma parte del proyecto de investigación «La Monarquía Hispánica y las minorías: agentes, estrategias y espacios de negociación (Ref.: HAR2015‑70147-R).


martes, 29 de septiembre de 2026

AUTOS DE FE EN CIUDAD REAL

 

La Plaza Mayor de Ciudad Real a principios del siglo XX

 

A falta de una biografía en particular, esta vez es la piedra del dintel de entrada de la casa del inquisidor general de Ciudad Real la que les habla desde un viejo almacén de derribos.

En cabeza iban los impostores, seguidos por los blasfemos, los bígamos, los hechiceros, los judaizantes y los herejes. Cabizbajos todos, unos era escoltados  mientras que otros que apenas se mantenían en pie eran sostenidos por los mismos frailes que la noche anterior se habían encargado de prepararles para la ocasión.

Excepto los arrepentidos prácticamente todos llevaban las manos atadas con unas cuerdas que se cruzaban sobre sus pechos. Iban vestidos con sayos de colores según el delito y casi todos llevaban sus testas tocadas con sambenitos. Para mayor humillación, los relajados llevaban las llamas del infierno reflejadas en ellos, los reconciliados un aspa y los abjurados dos; una por delante y otra por detrás. Los que parecían más derrengados eran los que vestían de amarillo sentenciados en su mayoría a muerte. Les seguían los funcionarios, los familiares y cerrando la fila iban los inquisidores.

Para que se ubiquen les diré que la casa de la Inquisición a la que pertenecí se mantuvo en pie durante más de cinco siglos de historia hasta que hace veinticinco años la demolieron en la actual calle Libertad.

Mirando aún un poco más atrás en el tiempo, fue por el año de 1483 de nuestro Señor cuando llegaron al zaguán los primeros jueces. Aquel tribunal del Santo Oficio estaría formado por el Licenciado Pedro Díaz de Costana, el Canónigo de Burgos y D. Francisco Sánchez de la Fuente. Ellos mismos designaron a los secretarios, fiscales, notarios, alguaciles y comisarios que les ayudarían a perseguir, detener y dar fe de todo tipo de delitos en general y a los apóstatas en particular.

A parte de los delitos comunes que se juzgaban, a menudo entraban delatores que venían a informar sobre algún vecino o conocido que habiéndose convertido al cristianismo seguía practicando el judaísmo en secreto.

Durante el par de años que este tribunal trabajó, cuarenta y cuatro personas fueron condenadas a ser quemadas en la hoguera y otras trescientas setenta y siete a otras penas como la de azotes, presidio, destierro, confiscación de todos sus bienes o la excomunión. Por no mencionar a los ciento ochenta y tres que, habiendo sido denunciados, una vez investigados fueron indultados por no encontrar pruebas de sus delitos.


La judía calle del Lirio en los años cincuenta del pasado siglo

 

Así fue como los jueces de la Santa inquisición después de dos años ejerciendo sus funciones decidieron pedir a sus superiores el traslado del tribunal de Ciudad de Real a Toledo al considerar muy pocos los condenados y muchos los falsos denunciados. La Inquisición General al comparar estos números con los del resto de los tribunales inquisitoriales no tardó en darse cuenta de la condición de buenos cristianos de las almas de nuestros habitantes y aceptó la proposición en mayo de 1485. Desde ese momento fue allí donde se juzgaron los pocos casos que surgieron por estos lares. El tribunal de Toledo permaneció activo hasta la abolición del santo Oficio en 1824.

Hoy 529 años después, les hago llegar en castellano moderno, el extracto de un proceso inquisitorial acontecido en Ciudad Real 6 de septiembre de 1484. Es curioso ante todo por delatar a dos personas ya fallecidas, el judío converso Juan González Escogido y su mujer.

«Muy Reverendos é virtuosos señores:

Yo Ferrand Rodríguez del Barco, capellán del Rey nuestro señor promotor fiscal de la santa Inquisición, acuso ante vuestra Reverencias a Juan Gonzales Escogido y a su mujer ya difuntos, los cuales sin temor de Dios e injuriando y menospreciando nuestra Santa fe Católica. Vivieron estos como cristianos gozando de los privilegios, exenciones e inmunidades que a tales personas se les concede y sin embargo Judaizaron y apostataron guardando la ley de Moisés y sus ritos y ceremonias en los casos siguientes:

Leyendo oraciones judaicas a otras personas

Encendiendo y mandando encender candiles limpios el viernes temprano para honrar el sábado y cumplir dicha ley

Guisando el viernes para no tener que hacerlo el sábado, así como vistiendo sus ropas limpias y de fiesta este mismo día.

Matando carne con la ceremonia judaica para ellos y para muchos otros conversos.

Consolando y confesando a los enfermos en artículo de muerte según los judíos

Quebrantando las fiestas y los domingos que la madre Santa iglesia manda guardar.

Por ello os pido y requiero, Reverendos señores, que pues los dichos Juan González Escogido y su mujer por lo cual incurrieron en la confiscación y perdimiento de todos sus bienes y en sentencias de excomunión mayor y otras censuras por los sacros cánones que los declaréis herejes mandándolos desenterrar donde quiera que estuviesen sus cuerpos y quemarlos a ellos y a sus huesos».

Fuente: https://www.latribunadealbacete.es/noticia/zc59cf3f2-ea19-2dcc-82b4fb62c741eae7/201304/autos-de-fe-en-ciudad-real


La calle del Lirio en su confluencia con la calle Libertad en los años sesenta del siglo XX

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

PEDRO DÍAZ DE LA COSTANA, ESCRITOR E INQUISIDOR DE CIUDAD REAL EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI

 

La desaparecida portada de los Barrera en la calle Libertad



Bien conocidos son, aunque no todos, los datos biográficos y bibliográficos de este varón ilustre, pero duéleme advertir que su fama ha ido oscureciéndose con el tiempo: colegial de San Bartolomé de Salamanca en 1477; licenciado y catedrático de Teología; acérrimo impugnador de los errores de Pedro de Osma en el concilio de Alcalá de Henares, que los condenó, fue nombrado inquisidor de Ciudad Real en 1483. Murió siendo Deán de Toledo en 1488. Doce años más tarde (18 Julio 1500) se hizo en Salamanca, seguida luego de otra (3 Noviembre 1502), la primera edición de su libro «Tractatus fructuosissimus atque Christiane religioni admodum necessarius super Decalogo et septem peccatis mortalibus, cum articulis fidei et sacramentis ecclesie atque operibus misericordie superque sacerdotali absolutione, utraque excommunicatione et suffragiis et indulgentiis ecclesie a Petro de Costana, in sacra theologia licenciato benemerito, non minus eleganter quam salubriter editus.»

A tres palabras «Costana (Pedro de)» se reduce toda la ilustración biográfica que dio de este libro el Sr. Gallardo. La del Señor Roura a estas breves líneas: «Pedro de Costana, ó de Constana, autor de gran virtud y notable saber. Su Confesional fué una de las obras más consultadas. Se cree que escribió á últimos del siglo XV.»

¿Por qué se llamó Pedro de Costana?

En los procesos de la Pampana y del Pampán, que instruyó y falló en Ciudad Real, años 1483 y 1484, se denomina «el lycenciado de la costana; pero dias de la costana, liçençiado en Santa theologia, Jués Inquisidor dado por la abtoridad apostólica. ofiçial é vicario general en este Arçobispado de toledo; Petrus llcenciatus.» En el congreso inquisitorial de Sevilla (29 Noviembre 1484), se llama «Pero Diaz de Costana, Licenciado en Santa Teología, Canónigo en la Santa Iglesia de Burgos, Inquisidor de la herética pravedad en la dicha Ciudad-Real». En el proceso que fulminó (1484 y 1485) contra Juan González Escogido, en Ciudad Real, se nombra también «pero dias de la costana, liçençiado en santa theología, canónigo en la yglesia de burgos, dado por la actoridad apostólica en la dicha çibdad Real é su tierra é en todo el canpo de calatraba é arçobispado de Toledo.»

Sin duda alguna, Costana o La Costana ha de estimarse nombre de la patria de Pedro Díaz, que en las ediciones salmantinas suplantó u oscureció el patronímico, al modo que suele acontecer en los de Pedro Martínez de Osma. Nicolás Antonio afirma que Pedro Díaz era natural de la diócesis de Burgos; y esto cabalmente se verifica en La Costana, lugar distante legua y media de Reinosa, en la provincia de Santander.

Su lápida sepulcral en la capilla de San Eugenio de la catedral de Toledo; los recuerdos de sus prebendas canonicales, archivados en esta catedral y en la de Burgos; los muchos procesos originales en que intervino como juez inquisidor, y que afortunadamente existen, proporcionarán al Diccionario biográfico de españoles ilustres, proyectado é iniciado por la Academia, nuevos y copiosos datos.

Madrid, 17 de Junio de 1892.

Fita Colomé, Fidel, S.l. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 21 (1892), pp. 31-32

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

COMENTARIOS A UNA COLECCIÓN DE POSTALES SOBRE CIUDAD REAL (XVI Y ÚLTIMO)

 




La última imagen de la colección de Mur, nos lleva de nuevo a la ermita de Nuestra Señora de Alarcos, y nos muestra la antigua puerta de entrada al recinto entonces amurallado y el también desaparecido campanario. En esta puerta se puso en 1936 la puerta de madera de la antigua cárcel de la Santa Hermandad. Al desaparecer esta, la puerta paso a formar parte de las dependencias de lo que fue escuela taller, hoy dependencias del parque arqueológico.



sábado, 26 de septiembre de 2026

COMENTARIOS A UNA COLECCIÓN DE POSTALES SOBRE CIUDAD REAL (XV)

 



La penúltima imagen de la colección de Mur, nos muestra una vista de la Ermita de Alarcos. En la imagen podemos contemplar la fachada de imafronte con una puerta con sencillo arco ojival y sobre ella el rosetón lobulado de estilo mudéjar y de bellísima labor, enmarcado en un círculo rehundido y cuadrado que embellece el edificio. Tanto el pórtico de la puerta como la fachada del imafronte se encuentran encaladas, y así estuvieron hasta la restauración que se realizó en los años setenta del pasado siglo, resultando curioso las plantaciones de árboles que había dentro del recinto, como las dos personas que aparecen en la imagen junto aun perro.


viernes, 25 de septiembre de 2026

COMENTARIOS A UNA COLECCIÓN DE POSTALES SOBRE CIUDAD REAL (XIV)

 



La siguiente imagen de la colección nos muestra a la Puerta de Toledo, ejemplo de la arquitectura militar los siglos XIII y XIV. Promueve su construcción el rey Alfonso X el Sabio cuando en 1255 otorga a la villa su Carta Puebla, concluyéndose la obra en 1328 en tiempos de Alfonso XI. La puerta es de estilo gótico-mudéjar, realizada en piedra de sillería con la marca de al menos siete canteros distintos. Tuvo diversas funciones a lo largo de su historia, sirviendo como puerta para la vigilancia de la ciudad, hasta portazgo o puerta donde se pagaban los impuestos en el transporte de mercancías y personas desde Toledo a Sevilla. La postal nos muestra la puerta junto aún lienzo de la muralla ya deteriorado, por lo que la fotografía posiblemente es de la segunda década del siglo XX.


jueves, 24 de septiembre de 2026

COMENTARIOS A UNA COLECCIÓN DE POSTALES SOBRE CIUDAD REAL (XIII)

 



La cuarta y última de las postales dedicada al antiguo casino de la colección de postales es la del “Salón de tertulia”, diseñado como espacio en comunicación con la terraza exterior elevada y protegida por las dos alas de la edificación. La doble puerta acristalada protege el espacio y permite la comunicación con el exterior, conservando la magnífica lámpara que preside la estancia. Hay que tener en cuenta que el casino era conocido como "casino de los señores" ya que constituía en numerosas ocasiones escenario del ocio de una pujante burguesía local, que tenía que tener un lugar para reunirse y conversar. Se llegaba a decir, que ser presidente del Casino, constituía un importante "escalón" para acceder con posterioridad a la alcaldía de la localidad o a puestos de cierta relevancia en la vida política, social y cultural de Ciudad Real.