Terraza del antiguo casino, hoy
Centro Cultural Municipal, en la primera década del pasado siglo XX, lugar de tertulias de la sociedad ciudarrealeña en aquellos años
Llegado habíamos a la tertulia, o las
tertulias, de los cuatro Palacios que, como desocupados estaban y “facultades” tenían,
grande la tenían, grande la reunían, y, a más, selecta había de ser, pues la
componían, en sus esquinas, los sujetos siguientes que, como veras lector, era “el
todo Ciudad Real” de antaño:
“Don Tomás, abogado y Regidor de la
ciudad; su hermano don Antonio Maltes; don Juan, clérigo y beneficiado de
Santiago; otro hijo, don Tomás Maltes; otro hijo de don Joaquín, ciego de las
Viruelas, don José Aguado, presbítero; don Francisco Cruz clérigo; don Domingo
Janini, mayordomo de Eduardo; don Manuel Dávila, escribiente del Ayuntamiento; don
Francisco Dávila, escribiente de número; don Francisco Sary, apoderado de la
señora marquesa de Peñafuerte y Aguilera; don Juan Lorenzo Arenas y Palacios,
escribiente de número; don Francisco Arenas Salcedo, notario del Tribunal Eclesiástico;
don Vicente Muñoz, grandemente sostenido con su caudal; don Benito del Campo,
labrador; don José Alarcos, escribiente del Tribunal de la Santa Hermandad; don
José García Pavón, médico; don José García Pavón, su primo abogado -este solo
iba al apoyo de la Puerta de Calatrava-; don Lorenzo Cárdenas, clérigo; Don
Francisco Delgado, clérigo; don Juan Bautista Visedo, médico; don Sebastián de
Almenara, cura de la Parroquia de Santiago; don José Monroy, mayorazgo; don
José Ledrado, mayordomo del señor Arzobisp de Toledo; don Vicente Contreras Jiménez,
con gran caudal labrador y don Ventura Estuardo”, (el Arcediano famoso), “hasta
que falleció fue el presidente o Pie de Hato de la tertulia. Luego heredo el
asiento el Maltes de don Antonio Palacios de Ocampo y Céspedes. Otros
concurrentes eran don Feliz Mesia de la Cerda, grande caudal, labrador, cuando
no estaba ocupado en asuntos del Real Juzgado y mi padre” (dice el relator) “don
Manuel García Pavón y Valverde. En esta tertulia no se trataba de otra cosa que
de divertirse sacando cuartetas. Urgaban a don Lorenzo Cárdenas, o don Joaquin
Bernal, o a otro cualquiera. El vulgo la llamaba la tertulia de los quitones. Asistían,
también, don Felipe Muñoz; Blas de Alba, el tío sierra; don Francisco Rada
Dueñas y Estrada empleado de oficinas, y don Diego Rubio, cura vicario de la
Parroquia de Santiago. Cuando se presentaban los estudiantes forasteros, con
música o alguna habilidad, los tenían ustedes en las esquinas de los Palacios”.
“En 1795 y en los años anteriores, en la
casa del presbítero don Francisco Cruz y Castilla Guijarro, el de Manzanares,
famoso jugador de naipes, con José Calero, alias Malete -que, aunque había ya caído
en las grandes pérdidas en los naipes, todavía arpeaba en lo que podía- con un
guarda de tabacos llamado Mendoza, se juntaban para jugar y si estaban en su
diversión la miseria de tres o cuatro días con sus noches, sin levantarse de la
banca. Había tan buenos apuntes que el tío Meregildo, criado del dicho Cruz,
andaba porteando talegos con la friolera de 50 o 100.000 reales”.
El antiguo casino siempre fue sitio
de reunión y tertulia de la alta sociedad de nuestra ciudad
“Al señor Cárdenas, marido de doña Juana
Velarde, sordo como un tronco, le peinaban muy bien Santiaguillo, el regalado;
Malaguilla el barbero; Estebanillo y otros compañeros. Le ganaban lo que
presentaba el señor Cárdenas”.
“En casa de la señora Estuarda todas las
noches se ponía la banca de firme. Vi a uno que su apunte era entrar la mano en
la bolsa y, a puñaos, cuanto cogía la mano de onzas -se entiende de oro- fijaba
en la carta. Este desbancó a todos”.
“Don Félix Messi ha sido un artillero muy
regular. Don Pedro Patiño, en sus tiempos, también lo ha hecho bien. Perico
Barrasa ha sido un nazareno muy regular. También don José Sendarrubias Baquero
ha sido aficionado, y don Domingo Plaza se ha divertido bien en el jueguecito y
como bailarín de manchego, bolero y baiñe ingles. Don Juan Salcedo y Camborda,
con otros, bien se ha sacado de los hitajos la polilla; la primera mujer, fue
Paulita Nolasco del Campo, muy bailarina y compañera de Paquita Yerro; luego
entró en el beaterio y ¡se acabaron los bailes!”.
“En el Carnaval hubo fuertes bullas y
funciones -con mucha fruta de sartén y barquillos- en casa de doña Angela Díaz,
en la de don Juan Lorenzo Arenas, y en la don Juan Bautista Bisedo y su
consorte, doña Josefa García Pavón, que era muy rumbona”.
“Todo cuanto he referido de las
diversiones y tertulias lo he escrito con el fin de manifestar a los hijos de
estos tiempos como se divertía la sociedad política que se hallaba en esta
ciudad y en qué grado se ve la variación triste, melancólica, de este tiempo
sin trato, ni comunicación, porque, desengañémonos” (razona el narrador, bien
entrado el siglo XIX)”, la familiaridad el trato y política engendra cariño
entre gente de buen talante”.
En 1949,… ¡pero ya os haréis históricos y
las veréis “en los papeles” tertulia de aculaos “perrilleros” y otras del día!
Adentrémonos, ahora, por los campos de la
Mancha aunque topemos -espigando en las memorias de algunos de ellos- con los
guerrilleros de la Independencia.
En las suyas, un veterano de la gloriosa
guerra de la Independencia recuerda sucesos militares y políticos dignos de ser
leídos con toda atención”, con otros de entretenimiento y así las inicia:
“A la edad de los 15 años me presente
voluntario en el escuadrón de Cazadores de Numancia, del cual era jefe el
valiente y desgraciado don Claudio Valera. En el mismo día de mi presentación me
dieron el nombramiento de cabo primero. La juventud en aquella época estaba muy
descuidada en su educación, yo sabía malamente leer, escribir y las cuatro
reglas de cuentas y, tal vez por estas circunstancias, me honraron con los
ascensos de cabo segundo y cabo primero. Si alegre y contento estaba, antes,
con mi vida campreste, mucho más orgulloso me encontraba, ahora, con mis tres
galones de seda, montando en un brioso caballo que se llamaba pajarito”. “Nuestro
norte era el General no importa”. “Los montes nuestras fortalezas y nuestro
amparo. El pan estaba por las estrellas; la carne asada… alguna vez era nuestro
alimento. Los caballos lo pasaban mejor, pues tenían con abundancia, buenos
pastos”.

La Plaza Mayor durante muchos años
fue el sitio de recreo de los ciudarrealeños con pocos recursos económicos
Con su bien escaso caudal de años y
subiendo escalones de galones, el manchego don Julián Alonso, mi abuelo y
tocayo, signo y persiguió repetidamente la Mancha, y aún Extremadura, con más
hambre que hartura. A la oportunidad de esta hora de entretenimientos copiamos
de sus memorias, un párrafo que se nos viene a la mano por lo curioso:
…”Ganamos los montes y sierras de Toledo y
Piedrabuena, donde tuvimos precisión de detenernos algunos días para acudir a
socorrer a los heridos y enfermos. Emprendimos, después, la marcha, muy lenta,
hasta el pueblo de Alía”. “Encontramos al general Morillo que había tenido la
humorada de dar a cada soldado una cartilla para aprender a leer y un par de
castañuelas… y cuando lo tenían, por conveniente, y alguna vez al frente del
enemigo al compás de las músicas y tambores bailaban, con mucho orden la
gallegada, que era su baile favorito por ser todos de por allá, gallegos pero
buenos soldados…” que, añado yo, nadie dijo estén regañados el buen humor y la valentía
y, a mi entender, es muy cierto que el uno ayuda a la otra.
Julián Alonso Rodríguez. Diario “Lanza”
13 de enero de 1949.