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lunes, 9 de marzo de 2026

AUTOCRITICA EL CRISTO DE COSCOLLA. ASI QUIERO A MI DIOS

 



Cumpliendo su promesa, Coscolla nos ha enviado las siguientes cuartillas expresión sincera de su alma soñadora, de imaginero renovador del arte y de la mística escultórica. La concepción de su Cristo, viene a romper los moldes de la escuela clásica, de gloriosa tradición en los imagineros españoles. Coscolla concibe a Dios con toda la grandeza de la Divinidad con esa entereza de espíritu, firme y serena de la disciplina oriental, indudablemente la nueva concepción de escuela, ha de producir interesantes controversias, entre la intelectualidad dentro de los naturales límites de la crítica artística. En Barcelona ya decía el escultor que se llevaría el tema a la tribuna del Ateneo. Samblancant se arrodilló ante la efigie en las Galerías de la exposición, exclamando ¡Oh, mi Dios, este es mi Dios!

Como detalle haremos observar que ya hace unos años el pintor Palencia nos hablaba aquí en Ciudad Real de esta nueva escuela de la mística escultórica Entonces no supimos apreciar el valor de sus palabras. Palencia ha triunfado y ha sido consagrado. Coscolla hoy nos presenta un Cristo de la nueva tendencia. Como sintomático lo hacemos notar a los profesionales del arte, si bien como occidentales y como latinos aun seguimos la formación artística de los que nos presentaron el Cristo dolorido, con la carne flagelada:

El Padre es Dios. El Hijo es Dios.

El Espíritu Santo es Dios. ¡Como vamos a concebir a Dios derrotado por los hombres por los seres que El mismo creó!




 ¡El espíritu triunfante que flota sobre todas las cosas, vencido por su propia obra! Dejaría de ser un Dios inmenso poderoso, creador, Dios. Mi Dios, está en todo y sobre todo, encarnado en forma o ser mortal, descendió a la tierra para redimir al mundo. Para enseñar a los hombres el camino que debía conducirles a gozar de la inmortalidad eterna Para dar un ejemplo a los seres mortales de su divino poder. Poder que al sentir la primera debilidad humana, la primera lamentación material nos haría dudar de su Divinidad. Dios. Mi Dios no puede ser un simple mortal... que descendió en carne mortal, si, pero no carne, materia sin espíritu, porque dejaría de ser divino Dios, mi Dios. El Padre de la creación.

El Hijo es Dios. El espíritu Santo es Dios, y el espíritu de Dios no pudo descender para plasmarse en derrota, gemebundo como el más inferior de los terrenales.

Su poder, su convencimiento divino, que es superior a todo, debe fortalecer nuestro espíritu para elevamos serenamente, convencidamente sobre todas nuestras flaquezas Dios, Mi Dios, vino a la tierra para morir con toda la conciencia divina de que solo El es capaz de sentir o sucumbir triunfante, vencedor Heroico, divino Dios mi Dios.

Pobre concepto de fe demostraron infinidad de artífices al plasmar la divinidad de Dios: seres inferiores, arrastrándose por el fango, no supieron tender el vuelo a las regiones luminosas para comprender todo el Misterio de la Encarnación del Hijo, de Dios hecho hombre y su venida al mundo para enseñar el camino, para dar el ejemplo. Y el ejemplo de un Dios no puede ser ni el de un rey, ni el de un hombre superior, y menos el de un ser vulgar, temeroso, denotado y sin convicción... sin divinidad.

Dios, no puede ser así. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. EI Espíritu Santo es Dios.

Dios triunfante. Ese es mi Dios.

Felipe Coscolla

Ciudad Real y Marzo 1926.

El Pueblo Manchego 1 de abril de 1926 Suplemento de la Semana Santa de Ciudad Real



domingo, 8 de marzo de 2026

EL TERCER MISTERIO DE DOLOR INTERPRETADO POR UN NOTABLE ARTISTA: “CORONACIÓN DE ESPINAS” PASO DE FELIPE COSCOLLA

 



Felipe Coscolla es un notable imaginero que domina todas las materias con destreza singular y tiene en la arcilla un buen elemento para fijar sus creaciones.

Una reciente tiene importancia notoria. Refiérome a Coronación de Espinas, «paso» tallado en madera que hizo Coscolla con destino a la procesión de Semana Santa de Ciudad Real y que acrecentará, sin duda, su bien ganada reputación.

Nos complace publicar en estas páginas unas reproducciones de esta importante obra de Coscolla.




En el paso aludido puso el autor cuatro figuras: la del divino Mártir y tres hombres burdos que caracterizan los tipos etíopes, galos y romanos ostentando torsos hercúleos de potente vigor físico.

El Nazareno de Coscolla es una encarnación artística repleta de una arrogancia especial que sobrepuja a la virilidad de los sayones.

El total es humanamente realista, sin que por ello le falte la debida unción religiosa, cosa difícil de lograr tratándose de hacer unión entre la verdad visible y la verdad incomprensible.

 



Antes de finalizar quedará en justo lugar decir que Felipe Coscolla es un humorista retinado, gran observador de todo aquello que se pueda caricaturizar.

Hemos apreciado de él unos trabajos deliciosos, chispeantes de aguda sátira, trazados con ponderable espontaneidad, que pueden parangonarse con los de los mejores dibujantes ingleses modernos, tan versados en poner de relieve la faceta baja de la humanidad.

Si, como se espera, Felipe Coscolla prosigue trabajando con arrestos y entusiasmos, dará cumplida satisfacción al arte nacional.

J.C. Revista de oro 10-1926

 


sábado, 7 de marzo de 2026

HACE UN SIGLO PROCESIONÓ POR PRIMERA VEZ LA EXTINGUIDA HERMANDAD DE LA CORONACIÓN DE ESPINAS

 

El escultor Felipe Coscolla delante de su paso en marzo de 1926 cuando fue montado a su llegada a Ciudad Real.



Ciudad Real comenzaba el siglo XX con una Semana Santa sin apenas relevancia, de cofradías con imaginería e insignias de poco valor artístico y reducidas en número de hermanos. Ésta se renovaría totalmente en la segunda década de este siglo, gracias a la intervención del que fuera quinto Obispo-Prior, D. Remigio Gandásegui y Gorrochátegui, quien se preocuparía de aumentar el esplendor de las procesiones.

Las cofradías en los años veinte del pasado siglo ya habían renovado sus pasos titulares, los estandartes y túnicas, y la celebración pasional alcanzaba su mayor brillantez, existiendo una rivalidad sana entre las distintas hermandades empeñadas en mantener, sostener y aumentar el lujo, la grandeza y la calidad de las mismas. Las procesiones en aquellos años sólo se celebraban los días de Jueves y Viernes Santo.

La idea de fundar una nueva hermandad nace con el auge de nuestra Semana Santa en los últimos años de la segunda década del siglo XX, por un gran ciudadrealeño amante de nuestra celebración pasional y de Ciudad Real, el abogado D. Francisco Herencia Mohíno. Esta nueva hermandad estaría basada en el extinguido paso de “los Judíos de San Pedro” que había procesionado la mañana del Viernes Santo hasta la primera década del siglo XX, y que había pertenecido a la Hermandad de Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas.


El misterio de la Coronación cuando estaba en el taller del escultor en fase de talla



Francisco Herencia comenzó a organizar en 1923 la Hermandad de la Coronación, poniéndose en contacto con el párroco de San Pedro, Emiliano Morales Rivera, gran amante también de nuestra Semana Santa, que acogió con gran entusiasmo la idea de Francisco Herencia y le animó para que cuanto antes procesionara en la mañana del Viernes Santo. Una vez que se contaba con la autorización del párroco de San Pedro, Francisco Herencia, que era el abogado de la Compañía M.Z.A. de Ferrocarriles, ofreció a los ferroviarios de la Asociación de Empleados y Obreros, la idea de que se reorganizara la Hermandad de la Coronación en el seno de esta asociación. Esta idea fue muy bien recibida por los directivos de la mencionada asociación, quienes se pusieron incondicionalmente a su lado, siendo reconocida la hermandad a partir de entonces como la de los ferroviarios.

La primera meta que se propuso Francisco Herencia al constituir la hermandad en 1923, era sin duda adquirir el paso de misterio que representara la Coronación de Espinas de Nuestro Señor Jesucristo. Sería José Mur Escolá, asesor artístico de la cofradía, quien se pondría en contacto con el escultor Felipe Coscolla, quien tallaría el paso. Llama la atención el largo proceso de elaboración de esta obra hasta su entrega definitiva, llegando a Ciudad Real el 16 de marzo de 1926 y su coste fue de 11.000 pesetas.



Detalle del Cristo y del sayón que hace burlas a la imagen del Señor, talladas en el denominado “Art Decó”.



En la obra del escultor, este paso destacaría por dos aspectos, el primero por ser la primera obra de imaginería religiosa en que se aplica el denominado Art Decó. Aplicándose unas formas vanguardistas al arte religioso de la imaginería procesional, y que destaca dentro del panorama de los talleres del momento, que seguían anclados en la imaginería convencional. El segundo aspecto es la amplia difusión que tuvo en su momento en diversos medios de comunicación, siendo expuesto en el salón de exposiciones “Galerías Dalmau” de Barcelona, que apostaba por el arte más moderno.

La descripción del conjunto escultórico la obtenemos de la Revista de Oro: “En el paso aludido puso el autor cuatro figuras: la del divino Mártir y tres hombres burdos que caracterizan los tipos etíopes, galos y romanos ostentando torsos hercúleos de potente vigor físico.

El Nazareno de Coscolla es una encarnación artística repleta de una arrogancia especial que sobrepuja a la virilidad de los sayones.

El total es humanamente realista, sin que por ello le falte la debida unción religiosa, cosa difícil de lograr tratándose de hacer unión entre la verdad visible y la verdad incomprensible.” (J.C. “El Tercer Misterio de Dolor interpretado por un notable artista. Coronación de Espinas, paso de Felipe Coscolla”. Revista de Oro. p. 742. Octubre, 1926).


El misterio de la Coronación de Espinas a su salida de la Parroquia de San Pedro la mañana del Viernes Santo.


Una descripción no exacta del todo, porque el grupo era de cinco figuras, las cuatro descritas y una quinta que representa a un romano durmiendo, reclinado boca arriba en las gradas en que se ubica el grupo, con el casco, quitado, junto a él, a los pies de Cristo. El conjunto forma una estructura piramidal, moderna, realzada por la utilización de volúmenes cúbicos formando un graderío como toda escenografía, destacando de este modo la esencia de la composición que son las esculturas.

Las imágenes, de tamaño natural, tenían una altura aproximada de 1,75 metros, y presentan, además de la exagerada musculación que se convierte casi en deformidad, la nariz recta desde la frente, la barbilla prominente y unas posturas extremadamente forzadas, especialmente la de aquel que lleva el látigo, el cual pasa el brazo por encima de la cabeza mientras que su cuerpo se inclina lateralmente para tomar aún mayor fuerza al descargar el golpe. La figura de Cristo aparece también con una musculatura muy desarrollada, algo que no es habitual en sus representaciones; sentado y atado, estaba completamente tensionado, con la cabeza ligeramente elevada y los ojos cerrados, como si intentara abstraerse de todo el sufrimiento que está pasando, por eso su rostro no refleja sensación alguna de dolor.

 


Cartel anunciando la Semana Santa de Ciudad Real en 1928 pintado por Ángel Andrade que reproduce un nazareno de la Hermandad de la Coronación de Espinas.



Con una buena crítica en la prensa catalana, llegó el paso de la Coronación de Espinas a Ciudad Real el martes 16 de marzo de 1926, como reseñe anteriormente, siendo trasladado al domicilio de Francisco Herencia en la calle de la Mata. Felipe Coscolla llegaría días después, más concretamente el 26 de marzo, para dirigir los trabajos de ensamblado y montaje de su paso. Fue bendecido el 30 de marzo de 1926 en la parroquia de San Pedro por el séptimo Obispo-Prior, D. Narciso de Estenaga y Echevarría y procesionó por primera vez portado aun hombro, el Viernes Santo 2 de abril de 1926 a las diez y media de la mañana, junto al resto de cofradías de la pasionaria de San Pedro. Los hermanos vestían túnica diseñada, al igual que las insignias de la cofradía, por José Mur Escolá, y consistía en un gran manto de moaré de seda morado y un cordón de oro con tres grandes borlas, también de oro, en forma de toisón, cerrando el manto cuatro broches de oro. El capillo era de terciopelo de seda morado, que llevaba bordada en oro el águila imperial de Roma, con la corona de espinas. Se completaba el atuendo con zapato negro y guante blanco, y alumbraban con cirio de cera. En 1928 se sustituyeron los cirios de cera por cetros de bronce, confeccionados expresamente en una fundición de Madrid y rematados por el emblema de la cofradía, constituido por el águila imperial romana y la corona de espinas.


El paso de la Coronación de Espinas procesionando por la Plaza Mayor.



El paso al igual que toda la imaginería de nuestra Semana Santa, fue pasto de las llamas al inicio de la Guerra Civil Española en 1936, al ser quemado por republicanos del frente popular, intentando de nuevo D. Francisco Herencia en 1939 su reorganización, poniéndose en contacto con Coscolla, llegando a un acuerdo con él para hacer un paso nuevo, pero debido a una agresión que sufrió el 26 de junio de 1940 a manos de un operario de su taller, que le golpeó repetidas veces con un mazo, fallecía días después. Y con él murió también la historia de la Hermandad de la Coronación de Espinas, ya que en 1945, cuando los ferroviarios se agruparon para constituir la nueva Hermandad del Encuentro, no contaron con Francisco Herencia y cambiaron la antigua advocación asociada a ellos de la Coronación por la del Encuentro.

De esta Hermandad solo ha llegado hasta nuestros días los diferentes estandartes que realizó la misma a lo largo de los años, que se salvaron de la Guerra Civil y no los entregó D. Francisco Herencia Mohíno a la Hermandad del Encuentro, al considerar que la nueva hermandad no era continuadora de la Coronación de Espinas. Sería años después de su fallecimiento cuando su hijo, D. Francisco Herencia Olivas, donaría sólo parte de los estandartes a la Hermandad del Encuentro, por la petición que le formuló la directiva, procesionando en la actualidad parte de los mismos la mañana del Viernes Santo.

 

Estandartes de la antigua Hermandad de la Coronación de Espinas que procesiona actualmente la Hermandad del Encuentro


viernes, 6 de marzo de 2026

CIUDAD REAL: CRONOLOGÍA DE UNA SEMANA SANTA EN AUGE (IV Y ÚLTIMO)

 



Finalizamos ese amplio repaso a la Semana Santa ciudarrealeña con la relación de nuevas Hermandades, que han venido a engrandecer la Semana Mayor. En 1942 se constituye la Hermandad del Silencio, que hace su primera salida al año siguiente, a las cinco de la madrugada del jueves, con una imagen del Crucificado de los religiosos del Corazón de María, siendo sus fundadores el periodista Elías Gómez-Picazo Moya, son unos dos mil cofrades, constituye un hito importante en el devenir procesional de la capital, por su especial significado de penitencia. Cuenta con los "pasos" del Cristo de la Buena Muerte y la Virgen del Mayor Dolor.

En 1945 se constituye otra nueva Cofradía, la de Las Palmas, por iniciativa de las Congregaciones marianas de la iglesia de San Ignacio, que hace su salida dicho año al término de la misa del Domingo de Ramos en la catedral. El "paso" es obra del escultor Rabasa, Su primer hermano mayor fue José María de la Peña, que contó con Sixto León, Pedro Contreras, Manuel Poveda, Ricardo Jodra, Juan de la Cruz Espadas, Francisco Fernández y Juan Bermúdez como directivos.



El entusiasmo de José Mur, persona a la que nuestra Semana Santa debe mucho en el aspecto artístico, y de un grupo de devotos de Jesús de Medinaceli hizo que se constituyera una nueva Hermandad bajo esta advocación, que tiene por título el de Real e Ilustre, Esclavitud de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, que fue acogida en la popular parroquia del Pilar. Mur dono la imagen que salió el Martes Santo de 1,953 por primera vez, siendo hermano mayor José Luis Mur Sedeño. En 1965 se creó una sección infantil, que tiene como titular el Niño del Remedio, gracias al empeño e ilusión de Enrique González y José Herrera.

Con el apoyo moral de los esclavos de Jesús y en el deseo de mejorar la procesión del Martes Santo con una imagen de la Virgen. se constituyó en 1954, a iniciativa del Colegio de Agentes comerciales, la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, que salió ese mismo año, logrando en los sucesivos colocarse a la altura de las mejores. Las túnicas, como las de Jesús de Medinaceli, reúnen valor y vistosidad. Su primer hermano mayor fue don Gaspar González.




Destaquemos por último, entre las Hermandades de nueva creación, la de la Santa Cena. Un grupo de jóvenes estudiantes; que quisieron seguir la trayectoria de sus padres, propulsores de la Semana Santa fundaron la Hermandad en 1960, siendo su primer hermano mayor Aurelio Oliver López, hasta su muerte, tres años después en trágico accidente. Para entonces ya habían hecho el encargo del "paso" al laureado escultor Faustino Sanz Herranz, que pudo terminarlo así para la Semana Santa de 1964, siendo bendecido en la parroquia de Santiago por el obispo don Juan Hervás. El conjunto escultórico, con sus trece figuras en talla, es sin duda el más valioso de cuantos desfilan en la Semana Santa ciudarrealeña.

Las procesiones pasionarias de la capital finalizan con las de la Soledad, el Sábado Santo, que gracias al interés de su hermano mayor Enrique Oliver ha recuperado la prestancia que tuvo en el primer tercio del siglo, y la de Jesús Resucitado, obra del paisano Donaire, en él que forman representaciones de todas Hermandades, en el último día de la Semana Mayor.

Cecilio López Pastor. Diario “Lanza” sábado 7 de abril de 1990. Especial de Semana Santa



jueves, 5 de marzo de 2026

CIUDAD REAL: CRONOLOGÍA DE UNA SEMANA SANTA EN AUGE (III)

 



Pero el gran acontecimiento de los años veinte lo constituyó sin dudas la creación de una nueva Hermandad, la de "La Coronación de Espinas", gracias al entusiasmo de un ilustre ciudarrealeño, don Francisco Herencia Mohino, alcalde de Ciudad Real en 1925. El señor Herencia, abogado, periodista y posteriormente director de una entidad bancaria, se propuso ese mismo año constituir una nueva Hermandad para la procesión de la mañana del Viernes Santo, para lo cual contó con la colaboración de los ferroviarios, con los que tenía buena relación por su condición de abogado de la entonces Compañía de Ferrocarriles de M.Z.A. Se encargó un "paso" del momento de la coronación de Jesús al escultor gerundense Felipe Coscolla, se confeccionaron numerosas y ricas túnicas de acertado modelo y se adquirió una valiosa colección de estandarte, saliendo por primera vez la nueva Hermandad en la Semana Santa de 1926, entre el entusiasmo de los cofrades y la aceptación del pueblo ciudarrealeño por esta importante aportación a la Semana Santa de la capital. El "paso", llevado a hombros por sesenta costaleros, llenaba las calles del recorrido y gustaba verlo desfilar especialmente en los trabajos más estrechos de entonces, como la entrada en las calles del Lirio o Estación y la salida de la plaza hacia Cuchillería. Lástima que luego los ferroviarios, en la restauración de la Semana Santa, se decidieran por cambiar el momento de la Pasión de Jesús, sustituyendo la "Coronación" por el actual de "El Encuentro", al reorganizarse la Cofradía en 1946. Justo es destacar aquí el entusiasmo de don Joaquín Monreal, primer hermano mayor, y de don Felipe Lanza, consiliario, junto a otros activos colaboradores de los que recordamos a Fernando Novillo.




Nuevas Hermandades y reorganización de casi todas las anteriores

En más de una ocasión hemos comentado la decisiva participación de un grupo de entusiastas ciudarrealeños para lograr que la Semana Santa de la capital volviese a su época de esplendor y aún la superase cumplidamente. Desde aquella primera procesión del Viernes Santo en el año 40, con solo dos "pasos", el Sepulcro y la Dolorosa de la catedral, que cumplieron el interés por iniciar nuestras procesiones, tras la vorágine destructora del año 1936, cuando esfuerzo, cuanta aportación y cuanto acierto, con ligerísimas excepciones, hasta llegar el momento actual, en que la Semana Santa de Ciudad Real ha sido declarada, por méritos propios, de interés turístico regional.

Ya en 1941 se unió a los dos anteriores "pasos" citados el del Stmo. Cristo de la Piedad, con una imagen adquirida al escultor García Coronado que en 1947 sería sustituida por la actual, obra del imaginero sevillano Castillo Lastrucci.

Se crea la Asociación de Cofradías y como ejecutiva la Comisión Permanente, que presidió don Lorenzo Montero, con don Enrique Pérez y don Hilario Richard como más directos colaboradores, a los que sucedieron en la presidencia don Pascual Crespo Campesino, don Cecilio López, don Alfonso Navarro, don Carlos Rojas, don Alfredo Ballester, don Sixto León y don José Fernández hasta llegar al actual, don Vicente García-Minguillán. Cuantas horas de dedicación hasta lograr superar lo destruido y alcanzar ese prestigio y esa nombradía de que hoy gozan las procesiones.




Pero sigamos resumiendo la entrega de tantos hombres y mujeres de nuestra Semana Santa. Las Hermandades de Santiago, con un entusiasmo digno de todo elogio, lograron pronto que su procesión del jueves volviera a salir. El "Ecce-Homo", tras tener un primer grupo adquirido por aportación de la C.N.S. el entusiasmo de su hermano mayor. don Lorenzo Sánchez de León, y otros cofrades logró adquirir el "paso" realizado por el escultor Claudio Rius, siendo hermano mayor buen número de años don José Cabañas. Y la Dolorosa de Perchel, que desde el año 1929 cerraba la procesión el Jueves Santo, haciendo así su segunda salida -la primera, en su fecha tradicional del Viernes de Dolores con sus hermanas de la Venerable Orden Tercera de las Servitas gracias al entusiasmo de hombres como Manuel Baeza, Manuel Álvarez, Herencia, Garrido, Muñoz, León y posteriormente Valentín Ortiz.

Volvió a salir Jesús Nazareno en 1941 y al año siguiente se adquirió la imagen actual, obra de Antonio Illanes sin duda una de las que mueve a mayor devoción. Justo es recordar a don Juan Medrano Rosales, hermano mayor hasta 1936, y a sus sucesores y colaboradores don Eduardo Gallego, don Luciano Santiyán, don Aurelio Bermejo, don Rafael Cárdenas.




La Comisión Permanente llegó a un acuerdo en el laureado escultor conquense Luis Marco Pérez para la realización de los "pasos" de "La Oración en el Huerto", "Jesús Caído" y el "Stmo. Cristo del Perdón", a cuyas Hermandades se unida luego, como hemos relatado antes, la de "El Encuentro" y a partir de 1985 se constituye la de la Stma. Virgen de la Misericordia por un grupo de jóvenes de la parroquia de San Pedro, con el apoyo del padre claretiano Javier Blázquez, que adquirieron una bella imagen obra del escultor sevillano Juan Ventura. Fue primero hermano mayor don Diego Lozano. En las tres primeras Hermandades de San Pedro antes citadas tuvieron destacada aportación como hermanos mayores don Ignacio Lorente, don Fabián Barco, don José Navas, don Lorenzo Montero, don Alfonso Navarro, don Jesús Fernández Bravo, don Alfredo Muñoz, don Pascual Crespo y don Carlos Rojas. En la tarde del Viernes Santo, al no contar con el "paso" de "La Enclavación", iniciaba la procesión el Cristo de la Piedad, ya con nueva imagen en 1947, debida a Castillo Lastrucci, siendo su hermano mayor bastantes años don Rafael Ayala, seguida del "Santo Descendimiento", también obra de Marco Pérez, y a partir de1944 se constituye la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, formada por excombatientes, que adquiere un grupo del citado artista conquense Y tiene como primer hermano mayor a don Evaristo Martín Freire. Don Ramón González tomó a su cargo la Hermandad del Santo Sepulcro a partir de 1940 y dos años más tarde se contó con el nuevo "paso", obra del catalán Ríus. Esta Hermandad, ahora a cargo de Javier González Yubero, cuenta desde 1982 con un segundo "paso", dedicado a la Virgen de la Pasión. La procesión del Viernes Santo la culmina la venerada imagen de la Virgen Dolorosa de la catedral, también debida a Castillo Lastrucci, de cuya Hermandad fue muchos años hermano mayor don Hilario Richard, consiguiendo notables mejoras.

Cecilio López Pastor. Diario “Lanza” sábado 7 de abril de 1990. Especial de Semana Santa



miércoles, 4 de marzo de 2026

CIUDAD REAL: CRONOLOGÍA DE UNA SEMANA SANTA EN AUGE (II)

 



En la tarde del Viernes Santo a partir de las cinco y media, se iniciaba la procesión oficial del Santo Entierro, a partir de la plaza de la Merced y calle de Toledo, presidida por el Obispo Prior y autoridades civiles, integrada por cinco Hermandades.

En primer lugar, la de la Enclavación, construido el "paso" para este año 11 en los talleres del artista valenciano José Romero Tena, formando un gran conjunto con cinco figuras que representaban el momento en que Jesús es clavado en la cruz. Lástima que al ser destruido en el 36 no se le haya sustituido como ocurriera con la mayoría de los que se perdieron. Era hermano mayor don Fernando Fernández, segundo don Pedro Suárez, secretario don Rafael Cárdenas y capellán don Alfonso López Guerrero. Los cofrades eran sólo 26.

En segundo lugar, desfilaba la Hermandad del Cristo de la Piedad, cuya imagen titular seda en el periódico la siguiente referencia: "Es de buena ejecución y fue construido en el último tercio del siglo XVI por el autor del retablo mayor de la Prioral (como se sabe Giraldo de Merlo) con destino a la coronación del mismo, hallándose por tal motivo sin concluir por la espalda, en atención a que, por sus grandes dimensiones, no resultó a propósito para colocarlo en dicho sitio". Son 55 cofrades y visten túnicas de veludillo negro. Constituían la directiva don Manuel Barenca, hermano mayor, presidente don Ramón Medrano y don Noel Colorado y como capellán don Alfonso López Guerrero.




El Descendimiento era el tercer "paso", adquirido en 1902, debido a la gubia del escultor madrileño José Alsina y Subirá, considerándose como uno de los mejores grupos de imaginería religiosa de la Semana Santa capitalina. Presiden la Cofradía, que cuenta con 66 hermanos, don Manuel Barenca Calahorra, don Antonio Burgos, don Jesús Díaz, don José María Vera, don Eduardo Prado y don José Díaz Portillo.

Del "paso" del Santo Sepulcro, que figuraba a continuación, se escribe. "Aunque de poco mérito, está decorado con bastante limpieza por el tallista dorador Donato Sánchez de Aldea del Rey, autor del precioso retablo de la capilla del Seminario". Custodiaban el "paso" los armaos, soldados romanos de vistosa vestimenta y era su hermano mayor don Agustín Lorente, segundo don Félix Mora y secretario don Mariano Jurado.

Cerraba la solemne procesión “la imagen bellísima de la Dolorosa, probablemente del mismo autor que el Jesús Nazareno, y que no desmerecería: gran cosa al lado de la famosa del "Desmayo" del célebre Botticelli”. Así lo escribía el periodista que en aquella fecha redactó tan amplia referencia de lo que era la Semana Santa ciudarrealeña, quien agregaba que la Hermandad era conocida por la de Ave María, nombre que se mantiene hoy, que el número de cofrades superaba los cien y que vestía túnica igual a la actual. Los principales directivos eran don Rafael Martín Herrera, hermano mayor, don José María Rueda, segundo hermano, y don Fernando Vázquez, secretario. Acompañaba a la Virgen Dolorosa la banda municipal de música, por disposición del Ayuntamiento, así como la del Hospicio a expensas del Santo Sepulcro.



La referencia de "El Pueblo Manchego", de la que hemos tomado los anteriores datos, termina con el siguiente párrafo: "Corona tan solemnes y lucidas procesiones la que sale en el mismo día, a las nueve de la noche de la iglesia de San Juan de Dios, con la Soledad, preciosa imagen del siglo XVIII, que, hasta la reparación del Hospicio provincial, hace unos cuatro años, venía venerándose en la ermita de su nombre adosada a dicho Establecimiento benéfico. Tiene una Hermandad de cerca de cien cofrades de ambos sexos, bajo la presidencia de don Miguel Espadas. don Robustiano Fuentes, don Leopoldo Acosta, en calidad de hermanos mayores.

Auge constante de las Hermandades y un nuevo "paso": "La Coronación de Espinas"

Hasta aquí un detallado resumen de las procesiones y Hermandades de la Semana Santa ciudarrealeña casi a principios de siglo. Unos hombres amantes de las tradiciones de su pueblo, cuyos apellidos aún nos suenan a quienes les sucedimos, lograron transformar los desfiles cofradieros, adquiriendo nuevos grupos escultóricos o imágenes de Cristo y la Virgen, cambiar por completo las modestas túnicas de percalina por otras de nuevo diseño y valiosos materiales, portar los penitentes faroles o atributos adecuados al momento de la pasión que representaba cada "paso" y, en suma, dar a los desfiles una magnificencia y vistosidad no reñida con la devoción, que pusieron a la Semana Santa ciudarrealeña a la altura de otras ciudades con tradición e importancia procesional.

Cecilio López Pastor. Diario “Lanza” sábado 7 de abril de 1990. Especial de Semana Santa



martes, 3 de marzo de 2026

CIUDAD REAL: CRONOLOGÍA DE UNA SEMANA SANTA EN AUGE (I)

 



Por el presidente de la Comisión Permanente de la Semana Santa de Ciudad Real, el buen amigo Vicente García Minguillán, se me pide una colaboración para el extraordinario que nuestro periódico LANZA va a dedicar a la Semana Mayor -cultos y procesiones ciudarrealeña. No puedo negarme por varias razones, pero en especial por colaborar a la entusiasta y acertada gestión que vienen realizando, en pro de la Semana Santa de la capital, un grupo de cofrades de las distintas Hermandades y también porque al haber formado parte de la Comisión Permanente buen número de años, sé, calibrar como se agradecen estas ayudas. Vaya pues, querido lector amante de nuestras tradiciones, esa cronología semanasantera, casi desde principios de siglo, aún a costa de que pueda resultar un poco más extensa de lo debido su narración.

En 1911, cinco procesiones y 13 pasos

Por esas circunstancias que en ocasiones favorecen al periodista, incluso por inesperadas más de agradecer, llega ahora a mis manos un extraordinario dedicado a 1a Semana Santa de Ciudad Real por el diario "El Pueblo Manchego", para mi tan querido por iniciarme en él, en 1932, como profesional de la prensa. El extraordinario lleva la fecha de 12 de abril de 1911. Miércoles Santo. Y en él se hace un resumen, lo suficientemente detallado, de las procesiones de Semana Santa, todas ellas en los días de Jueves y Viernes Santos, “a cuyo esplendor y lucimiento - copio literalmente- vienen contribuyendo, hace pocos años, las distintas Hermandades, reformando unas la indumentaria de sus cofrades, mejorando otras las efigies de los "pasos" y rivalizando todas en un piadoso entusiasmo y emulación cristiana dignos de los más justos y merecidos elogios”.




Las procesiones se iniciaban en la tarde del Jueves Santo, a las cinco, de la parroquia de Santiago Apóstol, pero el itinerario, prácticamente el mismo que en la actualidad, se modificaba al llegar a la calle Cuchillería para seguir por Dorada (hoy Ruiz Morote) en su totalidad, Granada y Palma, donde continuaba por la calle de la Mata para regresar al templo por Compás de Santo Domingo, Lirio y Norte.

Los tres "pasos" que formaban en esta primera procesión eran obra del escultor valenciano Federico Zapater. Según la referencia del periódico local fue en este año 1911 cuando salió por primera vez el grupo del "Ecce Homo" que muchos conocimos hasta 1936, con su típico balcón al que se asomaba Pilato mostrando a Jesús. Era hermano mayor don José Gómez y sus más entusiastas colaboradores, con Cayetano Bermúdez y don José Calvo.

El Santo Cristo de la Caridad era el segundo "paso" de la procesión perchelera y había sido adquirido el año 1908 por aportaciones de los cuarenta y seis cofrades que integraban la Hermandad. Componían la junta directiva don Ramón González, como hermano mayor, don Ángel Ocaña, don José Muñoz, don Santiago Velázquez, don Federico Vacas y don José Mota.

Cerraba la procesión del Jueves Santo la Santa Espina, "precioso relicario en forma de templete gótico, de airosa y finísima talla". Fue adquirida en 1909 y la túnica de los cofrades -lo detallamos para el recuerdo- era de veludillo rojo con escapulario y capillo morados. La junta directiva la integraban los señores Santos Quintanilla, como hermano mayor, Agustín Lorente, tesorero, y Juan González, secretario, a quien conocí en los años veinte como hermano mayor, al vestirme por primera vez en esta Cofradía.

 



En el periódico se detalla que las tres Hermandades irán acompañadas por bandas de música, la del Municipio de la capital, la de Torralba de Calatrava y al Provincial. Este acompañamiento de bandas de música, amigos de la Comisión Permanente, es lo que se echa de menos en los actuales desfiles procesionales de nuestra Semana Santa. ¿Nos animamos para años sucesivos?

A las nueve y media de la noche se iniciaba la procesión de N, P. Jesús Nazareno en la parroquia de San Pedro Apóstol, cuya imagen seguía en veneración a la de la Patrona por el vecindario y era atribuida al gran artista sevillano Montañés o a uno de sus más aventajados discípulos. Prueba de ello es que, según la referencia de la época, la Hermandad contaba de cerca de quinientos cofrades. Era hermano mayor don Miguel Espadas, y segundo hermano don Manuel Lázaro, que años después ocuparía la Alcaldía de Ciudad Real, siendo otros directivos don Manuel Astillero, don Agustín Lorente, don Tomás de la Fuente, don Aurelio Bermejo y don Pascual García y capellán don Manuel Consuegra, así como la camarera doña Teresa Rosales, viuda de Medrano.

El Viernes Santo, de siempre el día grande de la Semana Santa de la capital, contaba en primer lugar con la procesión pasionaria de la parroquia de San Pedro, que hacía su salida a las nueve de la mañana, siendo la primera Hermandad la de la Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, con nuevo "paso" también este año, obra del notable escultor murciano Venancio Marco, inspirada en la de igual nombre del famoso Salzillo, aunque por premura de tiempo los cofrades no podrían vestir hasta el año siguiente las nuevas túnicas, del modelo de la Hermandad sevillana del mismo nombre. Es hermano mayor don Ezequiel Naranjo, segundo don José Ruiz de León, capellán don Eloy Fernández y otros directivos don Ildefonso Cañadas, don Bernardo Mergeliza, con Eustaquio González, don Fernando Fernández y don Celestino del Campo.




La segunda Hermandad de esta procesión era la de Jesús Caído, que precisamente en este año de 1911 "estrenaba" una nueva imagen de Jesús, obra del ya citado escultor Marco, para posteriormente agregársele otras dos figuras, que junto con el Cirineo completarían el "paso" como nosotros lo conocimos ya en la década de los años veinte. La mayoría de los cofrades estaban en el gremio del Comercio, siendo hermanos mayores don Rafael Martín Herrera y don Leopoldo Acosta y tesorero-secretario don Facundo Fernández, propietario de un acreditado establecimiento de tejidos en la entonces calle de Arcos, hoy General Aguilera.

Cerraba esta procesión de la mañana del viernes el "paso" del Stmo. Cristo del Perdón y de las Aguas, adquirido en 1908 por la numerosa Hermandad -166 cofrades concretamente- y realizado por el escultor valenciano residente en Zaragoza Francisco Borja, de justo renombre por sus famosos "Misterios" para el gran Rosario de la capital maña. Precisamente este año a que nos estamos refiriendo estrenaron valiosos mantos las figuras de la Virgen, al pie de la cruz, San Juan y la Magdalena, bordados por distinguidas damas, mientras era propósito de los directivos adquirir para el año próximo las tallas de los dos ladrones, lo que parece que no se realizó hasta años más tarde y por lo que el pueblo comenzó a llamar a este "paso" por el nombre de "Las Tres Cruces". Ya era hermano mayor don Federico Fernández, prestigioso médico ciudarrealeño, con cuya amistad nos honramos en los años treinta, segundo don Enrique Pérez Pastor, capellán don Rafael Sanz, que después fue párroco de la Merced y posteriormente canónigo, y directivos don Leopoldo Acosta, don Vicente Canut, don Manuel Messía, don Adrián Saráchaga, don Antonio Folache, don José Alcázar Oliver, muchos años secretario del Ayuntamiento, don Enrique García y don Manuel Sánchez Gijón. Con esta Hermandad formaba siempre la Banda Municipal, que incluso en el año 12 comenzó a salir con túnica todos sus componentes, mientras la Provincial o del Hospicio desfilaba con Jesús Caído.

Cecilio López Pastor. Diario “Lanza” sábado 7 de abril de 1990. Especial de Semana Santa