1. La hidalguía en Ciudad Real: características generales del grupo
Tal y como indica el profesor López-Salazar Pérez, cuantificar al grupo noble de Ciudad Real durante el siglo XVI es complicado. No obstante, está claro que, fruto de las “ansias de acaballeramiento” que protagonizaron los sectores más acaudalados, el número de hidalgos de la ciudad aumentó durante el Quinientos (16).
Carente de relevancia en el seno de la política de la Monarquía, la nobleza de Ciudad Real presentó unas características muy similares a las de otras ciudades de Castilla (17) . A lo largo de la primera Edad Moderna, el grupo se caracterizó por ser tremendamente uniforme: no hubo titulados, apenas se contaron caballeros de hábito y sólo se localiza a un señor de vasallos (el de la villa de Picón –que residía en la ciudad–) (18). Sus funciones sociales se concentraban, principalmente, en el control del ayuntamiento (19), aunque los hidalgos locales tampoco desdeñaron su participación en la Santa Hermandad Vieja y una cierta actividad caritativa materializada, sobre todo, en la protección dispensada a conventos y monasterios y en la fundación de obras pías, memorias y capellanías (20).
La mayor parte de los miembros de la
hidalguía ciudarrealeña fueron personas acomodadas; algunas muy ricas (21). Con carácter
general, y lejos de protagonizar comportamientos rentistas, fueron personajes
que gestionaron de manera directa sus haciendas. También mostraron una importante
–y temprana– predisposición al desarrollo de actividades pecuarias. Los hubo, incluso,
que invirtieron en censos y juros si bien es cierto que, como ocurre en el
resto de La Mancha, ésta fue una actividad que, a lo largo de la Edad Moderna,
tendió a ser cada vez menos relevante entre ellos y que terminó siendo asumida
por el estamento clerical (22).
Tanto el gusto por los cargos municipales como la endogamia (otra de las características que definen al colectivo) son perfectamente visibles en los contratos matrimoniales fechados a finales del siglo XVI y principios del XVII. En relación con ello, un ejemplo ciertamente claro de esas estrategias es el representado por doña María Carrillo de Góngora, viuda de Francisco Carrillo (quien fuera regidor perpetuo), casada en segundas nupcias con Lorenzo Suárez de Figueroa, también propietario de una regiduría (23). Sin llegar a esos extremos, es frecuente encontrar entre los contrayentes a individuos cuyos padres (bien del marido, bien de la esposa) fueron o eran en aquel momento miembros de la elite dirigente de la ciudad. En el primer caso se localiza, por ejemplo, a don Cristóbal Treviño Carrillo, hijo del regidor Francisco Carrillo Treviño, que casó con doña Catalina de Torres Mansilla(24) o a Gonzalo Muñoz Loaisa, vástago del ya difunto Diego Muñoz Loaisa –también regidor–, quien se desposó con doña Elvira de Treviño, de la que más adelante tendremos ocasión de hablar (25). Prototípico es también el ejemplo representado por don Melchor Fernández de Treviño Vozmediano y por doña María de Poblete, cuyos respectivos padres ejercieron en su día como miembros del concejo (26).
No obstante, y aunque la cerrazón del grupo fue un hecho contrastado, tampoco resultaron extraños los enlaces con individuos llegados de fuera (27). Así ocurrió, entre otros, a doña Juana Mejía del Campo, casada con don Luis de Medinilla, a la sazón hijo de Álvaro de Torres, Veinticuatro de la ciudad de Úbeda(28); a doña María Treviño, quien contrajo matrimonio con un tal Baltasar Maldonado, procedente de Ocaña(29) o a doña Constanza de Figueroa, a quien le encontraron marido en la Corte(30).
Los mecanismos que facilitaron la entrada de nuevos individuos en el grupo son conocidos y parecen comunes al resto de la región manchega(31). En esencia se relacionan con las ansias de ascenso social mostradas por los “advenedizos”, con su riqueza y con la actitud receptiva que los miembros del ayuntamiento mostraron hacia aquellos que desearon formar parte de él y estuvieron dispuestos a apoyarles. Fue así como quedó definido un modelo de ingreso que, casi siempre, se inició con el desempeño de cargos municipales –previa manipulación de los padrones, si ello era necesario– y que, tiempo después, culminaba con la obtención de la tan perseguida condición noble(32).
Como es lógico suponer, en este proceso
jugó un papel destacado la posibilidad de ver reconocida una situación que, en
el peor de los casos, tenía que apoyarse en una confirmación por parte de la
Chancillería de Granada. Fue algo incómodo, pero en modo alguno extraño y determinó
que en el tránsito al siglo XVII el origen de gran parte de las familias nobles
de la ciudad estuviera “puesto en cuestión”(33). Debido a ello
–también porque gustaron de hacerlo–, los hidalgos locales desplegaron una
intensa actividad que les llevó a dejarse ver y a marcar diferencias con el
resto de vecinos de la ciudad. Fue, si así se quiere ver, una parte más –la visible
y pública– de esa estrategia que pretendía justificar la posición tanto de los
que poseían una hidalguía notoria y manifiesta como de aquellos otros que la
veían discutida.
(16) En relación a las
limitaciones que ofrecen los padrones elaborados en la ciudad en el siglo XVI,
véase LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J., “Estructura socioprofesional de Ciudad Real en
la segunda mitad del siglo XVI”, 20.000 km2, 11-12 (1977), pp. 51-53.
(17) Véanse DOMÍNGUEZ
ORTIZ, A., op. cit., p. 127 y PHILLIPS, C. R., Ciudad Real, 1500-1750. Growth, Crisis and Readjustment in the Spanish
Economy, Cambridge (MA)-Londres: Harvard University Press, 1979, p. 104.
(18) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J. y CARRETERO ZAMORA, J. M., “Ciudad Real en la Edad Moderna”, en ESPADAS
BURGOS, M. (coord.), Historia de Ciudad Real. Espacio y tiempo de un núcleo
urbano, Ciudad Real, Caja de Castilla-La Mancha/Ayuntamiento de Ciudad Real,
1993, p. 210.
(19) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J., “Estructura socioprofesional...” art. cit., p. 56.
(20) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J. y CARRETERO ZAMORA, J. M., “Ciudad Real...” art. cit., pp. 213-215.
(21) Ibídem, p. 214.
(22) Ibídem, p. 217.
En La Mancha y para el caso concreto de Ciudad Real, como mercado de capitales,
véase LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J., Estructuras agrarias y sociedad rural en La
Mancha (ss. XVI-XVII), Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos, 1986, pp.
617 y ss. Para la villa de Almagro LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J. y ORTEGA GÓMEZ, L.,
“Crédito y mundo rural. Censos y obligaciones en Almagro en el siglo XVII”, en
GARCÍA GUERRA, E. M.ª y LUCA, G. de (curs.), Il mercato del Credito in Età
Moderna. Reti e operatori finanziari nello spazio europeo, Milán, Franco
Angeli, 2009, p. 78 y ss. y ESCUDERO ESCUDERO, L., “La fe pública y el crédito
privado. Censos y obligaciones en Almagro en el cambio de centurias (1590-1615
y 1690-1715), en IGLESIAS RODRÍGUEZ, J. J., PÉREZ GARCÍA, R. M. y FERNÁNDEZ
CHAVE, M. F. (eds.), Comercio y Cultura en la Edad Moderna. Actas de la XIII
Reunión Científica de la FEHM, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2015, pp.
1.685-1.697.
(23) AHP CR,
Protocolos, leg. 56-1, fols. 100r-113r. 30.07.1597.
(24) AHP CR,
Protocolos, leg. 57bis-2, fols. 41r-44v. 31.03.1604.
(25) AHP CR,
Protocolos, leg. 71-3, fols. 5r-16v. 14.01.1601.
(26) AHP CR,
Protocolos, leg. 30bis-5, fols. 6r-22v. 13.11.1594.
(27) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J. y CARRETERO ZAMORA, J. M., “Ciudad Real...” art. cit., p. 213.
(28) AHP CR,
Protocolos, leg. 30bis-5, fols. 2r-5v. 25.04.1594.
(29) AHP CR,
Protocolos, leg. 53-1, fols. 208r-209r. 13.09.1592.
(30) AHP CR,
Protocolos, leg. 25-1, fols. 115r-124v. 25.02.1591.
(31) Véase al respecto
LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J., “El mundo rural en La Mancha cervantina: labradores e hidalgos”,
en SANZ CAMAÑES, P. (coord.), La Monarquía Hispánica en tiempos del Quijote,
Madrid, Sílex, 2005, pp. 55-62.
(32) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J. y CARRETERO ZAMORA, J. M., “Ciudad Real...” art. cit., p. 209. Véase también
DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., op. cit., p. 123. En el mismo sentido, y para el caso
cordobés, SORIA MESA, E., El cambio inmóvil…, op. cit., pp. 146-147.
(33) LÓPEZ-SALAZAR
PÉREZ, J. y CARRETERO ZAMORA, J. M., “Ciudad Real...” art. cit., p. 208. En ese
sentido Carla Phillips cifró en, aproximadamente, un 2,5% el número de
individuos que reclamaba su condición de noble ante los tribunales regios,
proporción que da por bueno el comentario anterior del profesor López-Salazar.
Véase PHILLIPS, C. R., op. cit., p. 100.





















