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sábado, 25 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (VI)

 

La calle Morería a principios del siglo XX


Calles. Estas son largas, casi rectas, espaciosas, con buen empedrado y con salidas naturales, de suerte que, para ir de un extremo a otro de la ciudad, apenas hay que dar la vuelta a dos o tres esquinas.





BARRIOS.

La ciudad está dividida en tres, a saber:

Barrio de S. Pedro. Su circuito lo forma la muralla, desde la puerta de Alarcos, y las calles de Postas, Feria y Mercado nuevo, aceras de la izquierda; y las de la Cruz y Libertad, correspondiendo al mismo además de la expresada puerta, las de la Mata, Granada, Ciruela y Alarcos.

Barrio de Santa María. Se extiende por las calles de Postas, Feria y Mercado nuevo; las de la Cruz, Paloma y Tintoreros, aceras de la izquierda; Jacinto, y Espartero, acera de la izquierda, estando dentro de el las puertas de Toledo, de Santa María y del Carmen.

Barrio de Santiago. Está limitado por las calles de la Libertad, acera de la izquierda; y de la Paloma y Tintoreros; Jacinto, acera de la izquierda, y Espartero. En él se hallaba enclavada la puerta de Calatrava.

 

viernes, 24 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (V)

 



Cloacas. Como las calles y plazas son llanas, las aguas tienen muy poca pendiente, y esto ha sido causa de que la ciudad haya estado varias veces expuesta a ser inundada. Tal sucedió a principios del siglo XVI, por lo que a fines del pasado se abrieron unas cloacas muy profundas, las cuales teniendo su principio en la plazuela del Pilar, siguen la dirección de la muralla entre las puertas de Alarcos y la de Santa María por fuera de la población, y llegan al Guadiana. Por haberlas dejado casi cegar, en 1803 que fue año muy lluvioso, retrocedieron las aguas, que por ellas debieran correr, en tales términos que habiendo inundado la plaza de la Constitución, sus habitantes corrieron grande riesgo.

Término y alrededores. El término de Ciudad-Real, aunque no tiene grande extensión, comprende las aldeas y caseríos que a continuación se indican, con su distancia a la capital expresada en kilómetros.




Armas de la ciudad. Tiene Ciudad-Real por armasen campo azul un trono de oro, la muralla y torres de plata sombreada denegro, figurando piedra, y en el trono un rey sentado con espada en la mano diestra y cetro en la siniestra, que representa a Alfonso X.

Carácter de sus habitantes. Así describe el señor Medrano, en su folleto citado al principio de este libro, el carácter y disposición física y moral de los habitantes de la Mancha: «El manchego, generalmente hablando, dice, es amigo de ostentar sus calidades físicas, como todo el que las tiene, y por consiguiente se inclina a los ejercicios gimnásticos, siendo sus diversiones en los días festivos desde muy joven los juegos de agilidad y fuerza, como la carrera, el salto, la lucha, tirar a la barra, jugar a los bolos u otros semejantes ejercicios, siguiéndose de esta costumbre fundada en su natural disposición, que participa de la ligereza que distingue a los valencianos y de la robustez y nervio de los habitantes de las provincias del Norte: es por tanto excelente soldado de línea como el gallego y el asturiano, buen cazador de tropas ligeras como el aragonés y el vascongado, y a propósito para la caballería como el andaluz; y en cuanto a la parte moral es por lo regular despejado, le son muy comunes las luces naturales, por lo que es penetrante y sagaz en todo lo que le llama la atención. Admira la frecuencia con que se encuentran hombres toscos que pasan la mayor parte de su vida en el campo, y que sin saber leer, ni mucho menos escribir, dirigidos únicamente por el buen sentido, y aleccionados por la experiencia, llegan a ser entendidos y diestros en los ramos a que se aplican: otros y no pocos, que sin más que una imperfectísima instrucción primaria adquieren singular acierto y desembarazo en el manejo y dirección de negocios, que por falta de conocimientos preliminares no debían considerarse a su alcance. Apenas hay pueblo, por reducido que sea, en que no se distingan por su sagacidad y penetración muchos sujetos que bajo la capa de ignorancia y sencillez ocultan una habilidad sorprendente para manejarse. Es imposible que haya un país en que la llamada vulgarmente gramática parda tenga más afiliados ni con más fruto para los mismos. La imaginación del manchego no se diferencia mucho de la del andaluz, o por lo menos participa de su vivacidad, y esta circunstancia, unida a las anteriores, le dan una disposición singular para recibir impresiones fuertes que le inclinan a los partidos extremos, y le impelen con violencia a empresas de riesgo, en las que tenazmente lucha con todas las contrariedades y peligros que se le presenten.»




Hombres célebres. Entre los principales que en la antigüedad descollaron, naturales de Ciudad-Real, se cuentan: Alfonso de Soto, jurisconsulto; Juan de Molina, historiador; el bachiller Fernán Gómez, médico y literato; y Hernán Pérez del Pulgar el de las Hazañas, guerrero, cuya biografía escribió Martínez de la Rosa. Notable fue también por su fuerza y valor D. Alonso Céspedes, llamado el Bravo. De entre los hechos que de él se conserva memoria, mencionaremos los más principales.

Contaba no más que seis años de edad, y conociendo que sus hermanas se asustaban de un ganso muy grande que tenían en su casa, se dirigió a él y le arrancó la cabeza.— Fueron tales las proezas con que se dio a conocer en Italia , que el emperador Carlos le dispensó una gineta o el empleo de sargento.—No pudiendo el ejército español, por carecer de medios, pasar al otro lado del rio Albis, se ofreció al emperador para tomar al enemigo las barcas y bageles que poseía; y, aceptado el ofrecimiento, se arrojó al río con la espada en la boca, acompaña do de nueve soldados elegidos por él, y ocasionando

muchas muertes a los contrarios, se apoderó de sus embarcaciones, con las cuales el ejército imperial se trasladó a la opuesta orilla, en donde Se dió la batalla, quedando prisionero, el Duque de Sajonia. —Hallándose en la iglesia principal de Barcelona observó que a una dama no le era posible tomar agua bendita, por impedírselo el gran número de personas allí reunidas; y acercándose a la pila la arrancó con una sola mano, y la acercó a la señora, causando el mayor asombro en los que tuvieron ocasión de presenciar tan extraño acontecimiento. —A presencia de Felipe II detuvo en Aranjuez la piedra de un molino harinero, habiendo después arrojado al Tajo a los molineros porque con malicia hicieron que toda el agua del rio, aunque por distintos puntos conducida, fuese a aumentar la corriente que movía la piedra, la cual con violento esfuerzo llegó a parar. —En Ocaña, y a petición de sus parientes, levantó con la punía de los dedos de la mano derecha, una pesada mesa sobre la que se habían colocado muchos vasos llenos de agua, consiguiéndolo sin que ni una gota se derramase. —Sirvióse en una ocasión de su brazo como de barrera para detener a un caballo que iba desbocado; y, en otra, paró una galera que cargada y lirada por un par de muías, era conducida a la carrera.—A propuesta del príncipe D. Carlos y con permiso del rey su padre, soltóse un tigre, y le acometió con tal fuerza que le causó la muerte al primer golpe que le asestó con su espada. —Cual otro Sansón desquició las puertas de la ciudad de Toledo, según asegura Méndez Silva. Y con una sola mano sacó de un profundo hoyo a un turco de elevada estatura, arrojándole por encima de la cabeza. —Paseando a caballo por una calle de su ciudad natal se afirmó a una reja, y excitado por una señora levantó con sus piernas al animal. Y amostazado porque la dama le significara que aquel hecho no era nuevo, se agarró a la reja y la echó al suelo. —Molestado en una noche de invierno por un alguacil, que quería despojarle de su espada, le mandó de un voleo a un tejado. —Tan esforzado varón fue acometido otra noche por un encubierto en el sitio llamado la Alcaná y después de haberse roto en la lucha las espadas y su rodela, lidiaron brazo a brazo, quedando ambos si no heridos bastante magullados. Retirado a su casa, supo por su hermana Dª. Catalina que ella era el encubierto, con quien había peleado. —Por último, al frente de 300 hombres causó a los moriscos de las Alpujarras en diferentes encuentros no pocas bajas; pero asediado de improviso por un numeroso ejército, en el que su espada dejó señales evidentes del indomable valor y fiereza con se hallaba adornado, una bala le dejó sin vida.

 


jueves, 23 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (IV)

 

Exterior de la Parroquia de San Pedro antes de construirse las dependencias parroquiales


Situación topográfica. La situación geográfica de Ciudad-Real es de 38°,59’ y 21,3” latitud N.; y 14’ y 29” de longitud O., medidas ambas desde la iglesia de Santiago en 1861, y su altitud 650 metros.

Tiene un horizonte dilatado; su cielo es despejado y alegre, y su clima benigno y excelente. Vista de lejos presenta un aspecto agradable, ya por el conjunto de sus casas, murallas y avenidas, ya por sus arboledas, viñedos y olivares. El Guadiana y el Jabalón,

su afluente, corren a una legua de ella, el primero al N. y el segundo al O.

 

Contorno. La circunferencia o perímetro de la ciudad es de unos 4.500 metros, y fué señalado por su regio fundador. El ámbito que cogen sus murallas es, pues, capaz de los diez mil vecinos que, en otro tiempo, según fama, contenía. La cerca, reparada en 1489 y maltratada por la inundación desastrosa de 1508, en que el Guadiana salvó una legua de distancia para visitar hostilmente la ciudad, ofrece una construcción mixta de tapia y sillería, de trecho en trecho coronada de almenas, aunque ya demolida en su mayor parte, así que de las ciento treinta torres que un tiempo la flanqueaban y guarnecían , quedan ya muy pocas en pié.

Entradas. La ciudad tiene ocho, tituladas puertas, con los nombres de Toledo, Calatrava, Mata, Granada, Ciruela, Alarcos, Santa María y Carmen. Retiene su fisonomía antigua la del P., vuelta hacia Alarcos, y la del M. hacia Miguelturra, flanqueada por dos torreones.

La mas notable de todas es la de Toledo: ábrese entre dos cuadradas torres, evocando arábigas memorias, si no supiéramos que el origen de la ciudad es muy posterior a la dominación de los moros. Los esbeltos arcos de herradura, descritos por uno y otro lado dentro una grande ojiva, y la bóveda interior de fábrica puntualmente sarracena, solo acreditan cuán en boga permanecieron entre los cristianos del siglo XIII la arquitectura y los arquitectos musulmanes.

 

Vista de la calle Cuchillería a principios del siglo XX



La de Ciruela, inmediata a la estación del ferrocarril, es también notable y de construcción moderna. Su combinación es sencilla, pues solamente se compone de dos torreones separados entre sí por una cortina ó muro, el cual, terminado por ménsulas y almenas sostenidas por arquitos de medio punto, abre el ancho y único arco gótico de bizantinas reminiscencias, que constituye la puerta flanqueada por los dos macizos y elevados torreones coronados también en sus cuatro frentes de muralla y almenas. Cada lino de estos dos torreones tiene practicadas en sus dos caras principales y á diferente altura dos angostas ventanas, como para dar luz á lo interior: entre las ménsulas y debajo de cada una de las almenas, tiene simulado otro orden de pequeñas troneras, como sí pretendiese aumentar los medios de defensa. Arranca el arco sobre impostas entalladas de rudo follaje y en sus enjutas hay dos medallones por ambos haces. La fábrica es de mampostería desconcertada con aristones de sillarejos de mayor y menor. Él ancho total de la puerta inclusos los torreones es de diez metros por once de altura, contados hasta la cúspide de las pirámides en que terminan las almenas; la luz es de cuatro metros y veinte centímetros, y su alto hasta el vértice es de seis y cuarenta. Los torreones son de base cuadrada. Trazó esta puerta y dirigió la obra el entendido arquitecto D. Cirilo Vara y Soria, ayudado de su inteligente hermano D. Antonino.

Población. En el último censo verificado en la noche del 26 de Diciembre de 1860, que es el que rige oficialmente, aparece que Ciudad-Real con sus aldeas y caseríos tiene 10.366 habitantes. De ellos 5.280 varones y 5.086 hembras; solteros 3.235 y solteras 2.775; casados 1.793 y casadas 1.739; viudos 252 y viudas 572. Sabían leer 154 hombres y 262 mujeres; leer y escribir 1.817 varones y 735 hembras; y no sabían leer ni escribir 3.309 personas del sexo masculino y 4.089 del femenino. Los vecinos eran 2.463.

Edificios. El número de edificios, viviendas, albergues, etc., es de 1.279 dentro de la ciudad, y de 379 fuera de ella; ó sea de 1.658, en la forma siguiente:


Riqueza. La imponible fue clasificada así en el año económico de 1868 A 1869:

Rústica............................. 176.580’900

Urbana .............................. 74.364’200

Ganadería.......................... 32.9S6’100

Total escudos. ……….. . 283.931’200

Propietarios. En el año económico último había en la capital 2.770, siéndolo de propiedad:

Rústica.................    812

Urbana................. 1.556

Ganadería……….    355

Colonia.................     47

Pozos. Para el riego de huertas se cuentan dentro del término unos 500.

Contribución. En el citado año económico pagó la capital 81.266’648 escudos, siendo por

Contribución territorial.................... 67.966’879

Id. industrial y comercial................ 13.299’769



Consumos. En el último año que se cobraron, pagó la capital por tal concepto 20.100 escudos.

Impuesto personal. Lo que con este nombre corresponde pagará la ciudad se eleva a 39.000 escudos.

Quintas. El número de mozos del último sorteo fue de 118, y el de los soldados 18, de los cuales una mitad han sido redimidos con los fondos del Ayuntamiento y los donativos hechos por particulares, y la otra por la Diputación provincial.

Terreno.  El del término no puede ser más feraz, y a excepción de algunos cerros insignificantes todo es llano, por cuya razón los caminos que llegan a la capital son carreteros.

Producciones. Críanse con tal abundancia los cereales, que ni aun por aproximación pueden calcularse; además cógese muchísimo panizo, patatas, aceite, verduras, higos, zumaque; hay muy buenos pastos para toda clase de ganados, manteniéndose de ellos manadas de toros y muías sumamente apreciadas tanto en la Península como en el extranjero; yeguadas de alguna consideración y ganaderías de lanar y cabrío: su vino es excelente y fue ya justamente alabado por Cervantes en el Quijote y en el Coloquio de los perros, y citando varios vinos de fama en el Licenciado Vidriera, nombra también el de la imperial más que real ciudad, recámara del Dios de la risa.



miércoles, 22 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (III)

 

El desaparecido ayuntamiento del siglo XIX a principios del siglo XX


No dejaremos pasar en silencio el hecho de que D. Álvaro de Luna, privado de D. Juan, no se desdeñó de obtener el nombramiento de Almojarife, y más tarde la escribanía mayor de Ciudad-Real; y el de que el médico del citado monarca, el bachiller Fernán Gómez, célebre como médico y como literato puesto que su Centón epistolario se tiene y es considerado como acabado modelo en su género, era natural de la misma ciudad.

Enrique IV, manteniendo á Ciudad-Real en el propósito de no ser enajenada, no quiso prestarla sino a sus dos consortes, Dª. Blanca y Dª. Juana, debiendo a esta en 1473 su Alcázar una nueva torre, y la ciudad completa exención de cualquier pecho y pedido de moneda, según real cédula de 22 de Junio del indicado año.

Entre tanto seguía animosa y viva la lucha con Calatrava. En 1397 ocurrieron nuevos desórdenes, saqueos y mortandades; en 1424 acordáronse treguas en Almagro con el Maestre Luis de Guzmán; en 1445 resistió la ciudad a los infantes de Aragón que pretendían el Maestrazgo para el joven D. Alonso, y estorbó la entrada a Lope de Vega, caudillo del partido aragonés, viendo asolada en venganza su campiña.

En 1449 era corregidor Pedro Barba, recaudador Juan González y alcalde el bachiller Rodrigo, su sobrino, los cuales validos de su influjo y del auxilio de sus parientes, cristianos nuevos casi todos, gobernaban con tal violencia y tiranía que los robos y muertes cometidas exasperaron a los caballeros y súbditos de la Orden, y hasta pusieron a algunos ciudadanos de parte de los ofendidos. Temiendo ó afectando temer que iban a ser robados, armáronse la noche del 18 de Junio más de trescientos conversos, y mientras otros de su raza, juntamente con los cristianos viejos, dormían sosegados, corrían ellos en tumulto por la población, amenazando abrasarla con fuego de alquitrán. Repitióse la alarma el 7 de Julio, y el bachiller Rodrigo, rodeando la plaza de fuerza armada, quiso prender á D. Gonzalo Manuento, comendador de Almagro, que se hallaba en la ciudad; pero libertado por los regidores y ornes buenos, que deseaban paz, volvió al siguiente día el comendador con gran golpe de gente, y apoderándose de una puerta empeñóse dentro de los muros un recio combate, durante el cual murió de un saetazo. Sin embargo, tras dos días de lucha, quedó por sus parciales la victoria, y corrió la sangre de los conversos, y abrasó el fuego sus casas, y el alcalde y su hermano Fernando, muertos a lanzadas, fueron colgados en la plaza de una picota con 20 cadáveres de los suyos.


La Plaza Mayor un día de mercado a principios del siglo XX



Muerto en 1474 D. Enrique el Impotente, y dividida la nación en bandos con motivo de la sucesión a la corona, el Maestre de Calatrava D. Rodrigo Téllez Girón, joven a la sazón de 16 años e hijo bastardo de D. Pedro Téllez Girón —pretendiente a la mano de la infanta y después reina Isabel, y que murió, tal vez envenenado, en su Castillo de Villarubia— fue de los primeros que lomaron el partido de Dª. Juana, llamada la Beltraneja, y de su marido el rey de Portugal, siguiendo en esto los consejos de su primo el Marques de Villena y de su hermano el Conde de Ureña, en cuyo poder se encontraba Dª. Juana. Persistiendo Ciudad-Real en su fidelidad a Dª. Isabel, a la que había prestado pleito homenaje en manos del mismo D. Rodrigo, verificándose este acto con singular regocijo y representando a la población sus cuatro regidores Fernando Treviño, Fernando Oliver, Fernando de Torres, y Fernando de Foces, el citado Maestre reunió en Almagro300 soldados de ¿caballo, freires, y 2.000 peones, seglares, con los que se proponía hacerla suya, alegando no sé qué donación de Sancho el Bravo, y cabeza de la Orden. Dícese por unos historiadores que la ciudad resistió denodadamente a las tropas del Maestre, habiendo hecho una defensa heroica, en la que fue herido y de sus resultas murió D. Rodrigo del Pulgar y Poblete, padre del de las Hazañas y pariente de D. Luis Osorio, después obispo de Jaca, uno de los que con más ardor abrazaron la causa de los reyes católicos; y que la reina agradecida les escribió el 24 de Abril de 1475 una carta encomiando sus virtudes cívicas. D. Rodrigo del Pulgar había corrido a la defensa de su pueblo natal, y sus paisanos le encargaron la dirección y jefatura de las tropas. Y supónese por otros historiadores que, abiertas pérfidamente las puertas, el Maestre entró en la ciudad, reduciéndola a servidumbre, habiendo sido decapitados muchos vecinos principales, y azotados con mordaza en la boca los plebeyos; pero que enviados por los reyes, acudieron en su auxilio con numerosa hueste el Conde de Cabra y el Maestre de Santiago, D. Rodrigo Manrique; y unidos los oprimidos a los libertadores arrollaron en sangrienta lid al de Calatrava de calle en calle hasta arrojarle de su recinto. Pero lo que parece completamente averiguado es que el Maestre con ardidosa traza se apoderó del Alcázar, y que los católicos reyes, por esto y por asegurar la paz, determinaron arruinar las casas fuertes y hacer donación y gracia de su palacio a Fernando Cerrera, natural de la ciudad y apoderado de SS. AA., despachándole cédula de posesión en Valladolid el 15 de Agosto de 1475. Poco tiempo después mandaron reparar los muros, fomentar el laboreo de las minas y escoger para su propia escolta cien arcabuceros.

De entonces sin duda data el nombre que tienen algunas calles de la ciudad, tales como la de la Lanza, del Caballo, de la Lentejuela, de la Sangre, de la Mata y de la Cuchillería; y también aunque alguna sea de fecha anterior, la de Ballesteros, de los Reyes, de los Infantes, de Caballeros, de Calatrava, de Granada y la Morería.


Vista de la Plaza Mayor a principios del siglo XX durante un acto castrense. Imagen del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha


En 1483 se estableció en Ciudad-Real, como rango propio do una capital, el Tribunal de la Inquisición, teniendo por primer presidente a Pedro Diaz Cotane, licenciado en teología y canónigo de la catedral de Burgos, y su asiento en el mismo sitio que ocupa la casa del Sr. Conde de Montesclaros, calle del Lirio, núm. 2; y aunque en breve fue trasladado a Toledo, no por eso dejó de ejercer con aprovechamiento su santo oficio, pues que en los cinco autos de fe de 1484 fueron quemadas según el abate Mongaillard tres mil trecientas setenta y siete personas, siéndolo:

El 13 de Febrero....................... 750

El 2 de A b r i l ........................ 800

El 7 de Mayo............................ 750

El 16 de Agosto........................ 127

El 12 de Diciembre................... 950

Total....................................... 3.377

Por los años de 1487 y hallándose en Málaga los citados reyes, pidieron a Ciudad-Real gente y subsidios, que se apresuraron a llevar, por lo que agradecidos a este servicio y atendiendo también al céntrico sitio que aquella ocupa en medio de la Mancha y entre Castilla y Andalucía, otorgaron privilegio, que fue expedido en Madrid a 30 de Octubre de 1494, para establecer en ella una Real Audiencia y Chancillería, con título de perpetuidad, la misma que por ennoblecer a Granada trasladaron en 1505 con calidad de por ahora, tanto que al salir el sello real dijo el pregón que iba depositado a dicha ciudad.

Las diferencias entre Ciudad-Real y la Orden de Calatrava no terminaron con el poder de ésta absorvido por la corona; de la adquisición de casas y bienes en el término de la primera hallamos todavía excluidos en 1506 los caballeros de Calatrava -y Alcántara; del desempeño de su Vicaría eclesiástica en 1520 los naturales del Campo de Calatrava; del cargo de regidor en 1526 los comendadores, y hasta en 1542 vemos retoñar con nuevo brio las tradicionales contiendas.

Pero libre ya Ciudad-Real de sus implacables enemigos, vió aumentar su población durante el reinado de Dª. Isabel y D. Fernando, y de sus sucesores hasta Felipe III, floreciendo en ella la industria en tales términos que llegó a poseer las mejores fábricas de Castilla, donde se curtía una inmensa cantidad de pieles y se-hacia el comercio de guantes en grande escala.


Otra vista de la Plaza Mayor en la segunda década del siglo XX


El decreto de 11 de Setiembre de 1609 dado por el último rey citado contra los moriscos, y según el cual se les obligó a salir de España, hirió de muerte la industria y la agricultura de nuestro país, y Ciudad-Real quedó cusi destruida, porque alejándose de ella más de cinco mil ricos propietarios y comerciantes, con sus bienes y sus riquezas, se arruinaron sus abandonadas fábricas y quedó sumida en la miseria, yermos los campos y desierta la población, no habiendo bastado después nada para volverla su comercio, su industria y el grado de prosperidad que en aquellos tiempos alcanzó.

Queriendo Felipe IV recompensar al Duque de Aveiro sus servicios le consignó reñías; y, entre otras cosas, le hizo merced de Ciudad-Real en 1640, lo cual dio motivo á que una comisión compuesta de cinco personas de las más ricas de la población se acercase al rey, y le arrancara la promesa de que la ciudad no sería enajenada de la corona de Castilla.

En tiempo de Carlos II fue nombrada Ciudad-Real cabeza de partido para conocer de millones en el Campo de Calatrava, librándose real privilegio y hasta tercera carta, a fin de serlo también en lo eclesiástico con Vicario, Juez ordinario de la ciudad, partido y Campo de Calatrava, que subsiste desde el siglo XVII con casa propia.

Ciudad-Real, finalmente, fue declarada capital de provincia por las Cortes en 24 de Abril de 1814, y cuando se hizo la última división de España en provincias; y la Junta eclesiástica en 1834 la marcó para silla episcopal, lo cual se hubiera ya verificado a haberse cumplido en esta parte el concordato últimamente celebrado con la Santa Sede.

Hasta aquí la historia de la ciudad, prescindiendo de hechos contemporáneos por ser de todos conocidos: ahora la presentaremos tal cual la han dejado las mejoras que ha recibido en los últimos diez años, y con las cuales, si bien no ha despertado de su abatimiento y postración, háse logrado al menos volverla parte de lo mucho que había perdido.


El escudo de Ciudad Real en el interior del viejo ayuntamiento


martes, 21 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (II)

 

Óleo de la Fundación de Villa Real en el Pozuelo Seco de Don Gil de Alfredo Palmero

 

PARTE II.

FUNDACION DE CIUDAD - REAL. — BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA MISMA.

Elevado al trono Alfonso X el Sabio en 1252, y comprendiendo que solo una población grande y libre podía ser la custodia permanente de los caminos y el vínculo de unión entre Castilla y las ricas adquisiciones de su padre, al través de la desierta zona que las dividía, otorgó el 20 de Febrero de 1255, hallándose en Burgos en compañía de su esposa Dª. Violante, la correspondiente Carta puebla para fundar y poblar a Ciudad-Real con el nombre de Villareal, dando a sus moradores las aldeas do Ciruela, Villar del Pozo, Higueruela, Poblete y Alvalá, por armas su propia figura sentada en escudo orlado de torres, por leyes el fuero de Cuenca para los plebeyos, y las franquicias de los caballeros toledanos a los de igual clase que en ella se estableciesen; concediéndoles además el privilegio de que no pagasen portazgo en ninguna parte, a excepción de en Toledo, Sevilla y Murcia.

Bien pronto los escasos moradores de la demolida Alarcos, su parroquia, su archivo, todo pasó al nuevo lugar, que empezó a formarse al rededor del pozo de D. Gil, el mismo, según cuenta la tradición, que se halla en la plazuela del Pilar, y a donde los privilegios atraían de todas partes gentes en tan gran número que, de una voz y como por encanto, quedó convertida Villareal en un crecidísimo pueblo, al cual así D. Alfonso, su ilustre fundador, como sus descendientes, no cesaron de acrecentar por cuantos medios les sugería su invariable deseo de hacerla una población importante.

De entre los privilegios a este efecto concedidos, citaremos los más principales.

En 6 de Junio de 1257 se ordenó por D. Alfonso, desde Monte Agudo, quedo se cobrase portazgos a Villareal; en 1261 se dio inmunidad de tributos a los caballeros en ella domiciliados, extensiva a todas Sus haciendas y dependientes; en 1264 púsose freno a las ávidas usuras de los judíos que especulando sobre las necesidades de sus deudores se alzaban con la colonia; en 15 de Octubre de 1266 y hallándose el rey en Sevilla concedíase toda la madera necesaria para la construcción de casas y del Alcázar que el soberano entre ellas mandaba erigir, y del que ya solo queda un arco de entrada de una de sus puertas, bien conservado por cierto, y que los curiosos pueden admirar en el sitio que tiene su magnífica bodega el Sr. Marqués de Villamediana, entre las puertas de Granada y la Mata y tocando a la muralla.




Villareal había crecido en 20 años lo que otras poblaciones en siglos cuando por el mes de Agosto de 1275 recogió el último aliento del primogénito de D. Alfonso, el infante D. Fernando de la Cerdo, detenido en ella por maligna calentura, en su marcha contra los moros. Tristes presentimientos afligieron la agonía del príncipe temiendo fuesen desheredados sus tiernos hijos, y con razón, pues su cadáver aún no había salido de la iglesia de Santiago para ser trasladado a las Huelgas de Burgos, y ya su hermano D. Sancho, volando a ponerse al frente de la expedición concebía el proyecto, que al poco tiempo realizó en Córdoba, de hacerse proclamar por los ricos hombres sucesor legítimo a la corona.

Situada Villareal en el centro de los dominios de la Orden de Calatrava, y exenta solo ella de su jurisdicción y señorío, tuvo en Calatrava un enemigo implacable, ofreciendo desde su fundación la interesante lucha de un Concejo libre, de un pueblo realengo, contra un poder en cierto modo feudal, que aspiraba constantemente a comprimirlo y absorberlo, si posible fuese, para quitar semejante ejemplo de emancipación a sus vasallos. Por eso el sabio D. Alfonso, comprendiendo la necesidad y el interés de protegerla contra la pujanza, ya formidable de los Maestres, mandó en 1280 que sus pobladores fuesen indemnizados por los súbditos de la Orden de los robos y malos. tratamientos que mostraren haber sufrido; así en 1293, estando en ella Sancho IV, prohibió que fuera jamás enajenada de la corona; y en 1305, para sostener sus derechos sobre pastos y leñas, la reina tutora Dª. María de Molina le ofreció gente de guerra contra Calatrava.

Ligados entre sí los vecinos de Villareal, a fin de no darse jamás a un hombre poderoso, y unidos en Hermandad con los de Toledo, para común defensa de sus libertades (cuya liga data del año 1282, y al tenor de ella el Concejo de dicha ciudad se interesó en 1316 con el Maestre de Santiago para que no auxiliase contra Villareal á Calatrava) lograron sostenerse y prosperar, transigiendo pacíficamente sus querellas en 1267 y 1292 con los Maestres Juan González y Rui Pérez. Violó con malos ojos su sucesor Garci López de Padilla, y decidido a ocasionarla todo el mal que pudiera, pensando que de este modo abandonarían la población y se marcharían a vivir a los pueblos del Campo de Calatrava, se propuso acorralarlos de tal suerte dentro de su angosto término, y con tal rigor en sus vedas y castigos, que tuvieron que abandonarlo. Reclamó Villareal en 1321 contra las muertes y talas que al abrigo de los muros de Miguelturra repetían los comendadores y sus vasallos, y contra los engaños y violencias con que se le sustraían los negociantes y se perturbaba su comercio; pero el rencoroso Padilla, enojado de la tenaz resistencia, contestó a los mensajeros: «que no le dejase Dios morir hasta vengarse de Villareal, y que teniendo ya un pié en el infierno y otro en el paraíso, se guardasen de él no metiera esotro pié en el infierno.» Embravecióle la orden del infante D. Felipe, tío y tutor de Alfonso XI, para quitar el mercado y derribar el castillo de Miguelturra, é intentó resistir a las tropas del Concejo, que desplegando los pendones reales, con el auxilio de Garci Sánchez de Viedma, alcalde de Jaén, manchaba a cumplirla, y la cumplieron a pesar suyo, y ardió Miguelturra con Peralvillo y Benavente, aprobando el rey los incendios y estragos hechos en tierra de Calatrava.




Agradecida Villareal a la protección del monarca, en medio de su peligrosa lucha, ofrecióle, a más de un donativo, cien jinetes y doscientos ballesteros, que no quiso aquel admitir por no exponerla demasiado a las iras de su terrible adversario, empleando no obstante contra los moros sus servicios. En ella recibió Alfonso XI el año de 1344 a los embajadores que le envió el rey de Marruecos para ofrecerle sus muestras de respeto y gratitud por haberle devuelto dos hijas que le había hecho prisioneras en la batalla de Tarifa, y dos años más tarde celebró Cortes en la propia población, a la cual concedió en 1347 varios privilegios y franquicias.

Ocasión de venganza contra Padilla le deparó también el cisma introducido en la Orden, después que aquel fue derrotado- por los moros en Baena. Villareal acogió dentro de sus muros en 1316 al clavero D. Juan Núñez de Prado, retoño bastardo de los reyes de Portugal por línea materna, y a los caballeros rebeldes, entre los cuales había tres de su vecindad, que eran los freires Alfonso de Mantilla, Juan Ramírez y Gonzalo de Mora, quienes se proponían permanecer allí hasta que entrado el rey en la mayor edad pudieran presentar ante él sus quejas y acusaciones contra el Maestre. Reclamados por este, sostuvo Villareal, por negarse a satisfacer tal pretensión, fieros ataques y cruel bloqueo del anciano Maestre acampado en Miguelturra, y derrotándole en sangrienta ¡id a vista de ambos pueblos en el año de 1328, no satisfecho con la fuga y deposición de su enemigo y el triunfo de D. Juan Núñez, se lanzó sobre su rival aborrecida á vengar por cuenta propia sus agravios. Al resplandor de las llamas que consumían á Miguelturra, la cual fue tomada por asalto, mujeres ultrajadas, niños y viejos pasados á cuchillo, saciaron la furia y lubricidad del vencedor: aquel lugar tan detestado y siete veces destruido, no parece, sin embargo, hoy pacífico y floreciente, sino que ha nacido a la sombra de su antigua competidora.

La ingratitud de Núñez de Prado para con el Maestre, su protector y de quien había recibido el hábito, no quedó sin castigo, pues el temerario rey D. Pedro dispuso su prisión cuando en Almagro le tenía a su mesa con una magnificencia poco común; y después de aterrar a los vecinos con amenazas de muerte y de dictar a la Asamblea de la Orden la destitución afrentosa de su jefe y la elección de Diego García de Padilla, hermano de su amada y pariente de Garci López, trasladóle al Castillo de Maqueda y allí mandó degollarle.

Puesto Padilla en posesión del Maestrazgo, Villareal en odio a aquel linaje, para ella tan ominoso, se declaró por D. Pedro Estévanez Carpintero, sobrino del depuesto Núñez, y no solo llevó la guerra a Calatrava, sino que se levantó por primera vez contra el monarca, cuyo perdón obtuvo en 1355 a costa de los jefes de la asonada, pereciendo Estévanez Carpinteyro a manos del mismo D, Pedro y en presencia de la reina madre.




Aun cuando Villareal fue en tiempo de Juan I cedida transitoriamente al desposeído rey do Armenia León V, y después a su secunda esposa Dª. Beatriz, los reyes no consintieron jamás en desprenderla absolutamente de la corona. Enrique III, su sucesor, la dispensó diferentes privilegios, así como a su Hermandad, por haber recibido de ella pruebas de fidelidad cuando se vio acosado por la tiranía de los grandes, en términos que le redujeron a la tristísima situación de empeñar una noche su gaban para poder cenar. En su tiempo se mandó quitar las sinagogas de los judíos, y la que tenían en Villareal fue concedida a Gonzalo Soto, quien en 1398 la vendió a Juan Rodríguez, tesorero mayor del rey en la Casa-moneda de Toledo, y luego fundó allí mismo el convento de Santo Domingo, del orden de predicadores, cuyas ruinas pueden aun verse por las calles de la Libertad y de la Mata y atravesando el llamado Compás de Santo Domingo.

Catorce años contaba Juan II, hijo menor de Enrique, cuando salió de Tordesillas, en donde le tenía como confinado D. Enrique, infante de Aragón y Maestre de Santiago. Fingiendo marchar a caza se retiró al castillo de Montalván, en compañía de Don Álvaro de Luna y de otros caballeros, encontrándose de repuesto únicamente ocho panes, una fanega de harina, dos de cebada y un cántaro de vino. No tardó el infante en cercar el castillo para impedir la entrada de sustentos, y entonces los de Villareal acudieron con fuerzas y entraron víveres en los críticos momentos de haberse ya comido los caballos, siendo el primero el del rey. Por tan oportuno y arriesgado servicio, la elevó el rey en Diciembre de 1420 a mayor categoría, trocando su título por el de muy noble y muy leal ciudad de Ciudad-Real, otorgándola el privilegio de voto en Cortes, y designando a Alonso García de Villaquiran, natural de la misma, para que asistiera continuamente al Príncipe de Asturias Don D.’ María, infanta de Aragón, el martes 24 de Abril de 1431, día memorable por haberse experimentado en la ciudad un terremoto, a consecuencia del cual se desprendieron tejas y almenas de la torre del Alcázar, se abrió una pared del convento de S. Francisco y cayeron dos piedras muy grandes de la capilla mayor de la iglesia de S. Pedro. Enrique; en 1427 le concedió su real fuero; en 1430 confirmó sus Ordenanzas municipales; y agradecido a los valientes soldados que Ciudad-Real le mandara cuando, cercado en Olmedo por el rey de Navarra, se vio en peligro de perder la corona, expidió una honorífica carta a los caballeros fijos-dalgos de esta ciudad, nombrando hasta treinta y ocho y ordenándoles que pasaran a descansar a sus casas. En ellas fueron visitados por el mismo D. Juan y su esposa Dª. María, infanta de Aragón, el martes 24 de Abril de 1431, día memorable por haberse experimentado en la ciudad un terremoto, a consecuencia del cual se desprendieron tejas y almenas de la torre del Alcázar, se abrió una pared del convento de S. Francisco y cayeron dos piedras muy grandes de la capilla mayor de la iglesia de S. Pedro



lunes, 20 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (I)

 

Vista de Alarcos en 1947. Archivo Layna Serrano. Diputación de Guadalajara



PARTE I.

ALARCOS. —LOS GOLFINES.— LA SANTA HERMANDAD .

A unos 11 kilómetros y al 0. de la capital, cuya reseña histórica, aunque A la ligera presentaremos más adelante, vése un pequeño cerro y en su cumbre un sencillo templo, cuya fundación es desconocida, dedicado a Nuestra Señora de Alarcos, porque ésta tan renombrada ciudad se extendió en derredor de aquel histórico, religioso y artístico monumento.

Llamóse Alarcos en lo antiguo Laccuris, y de ella se ocupa Alejandro Ptolomeo, haciéndola figurar entre las poblaciones de la belicosa Oretania, conociéndose en la edad media con el nombre de Alarcuris. Andando el tiempo, fue ganada al emir de Toledo y dada en dote por el de Sevilla Eber-Abed a su hija Zaida, cuando en 1083 se casó con Alfonso VI. Cedida más tarde por los cristianos, se arrebató a los moros por Alfonso VII en 1130, para perderla al poco tiempo y volverla a recobrar en 1158, aunque convertida en un montón de ruinas. Reedificada y poblada de nuevo por Alfonso VIII en 1178, se encomendó su defensa á los caballeros de Calatrava, quienes más tarde la obtuvieron en propiedad. Y el 19 de Julio do 1195, vencido Alfonso por el emperador da los almohades Yacub-ben-Yussuf, vió demolidos sus muros y entregada a las llamas, y sus habitantes llevados a poblar un barrio de Rabal, en la costa de África.

Reconquistada Alarcos después de la batalla ganada á los moros por el mismo Alfonso en las Navas de Tolosa el 16 de Julio de 1212, hiciéronse grandes esfuerzos por el rey y sus sucesores para su repoblación; pero ni estos esfuerzos ni las franquicias y privilegios

concedidos durante medio siglo para atraer moradores a aquel ominoso país, fue bastante para evitar que quedara yerma y baldía toda la orilla del Guadiana hasta más allá de Calatrava la Vieja, ya también abandonada.

Por entonces, y cuando arrojados-los infieles del otro lado de Sierra Morena debía considerarse restablecida la calma a este país, aparecieron, sin embargo en él, por efecto de las continuas guerras que habían precedido, hordas de bandidos, que por su cuenta y provecho continuaron los estragos que aquellas traen siempre consigo: vagos y malhechores, criminales prófugos, osados aventureros, é hidalgos arruinados por el juego y otros vicios, y sin más patrimonio que su espada, replegábanse de todas partes hacia la solitaria frontera, como terreno neutral de sus fechorías, y guarecidos en las vecinas selvas y montañas, tan pronto robaban los ganados y cosechas de los nacientes lugares manchegos, como interceptaban el tráfico y comunicación que las nuevas conquistas creaban entre Toledo y Andalucía. En sus atropellos no distinguían entre cristianos y moros, entre pastores y mercaderes, entre señores y pecheros: la violación, el robo, el homicidio eran su ley invariable. Conocíase a estos bandidos con el nombre de Golfines, y su jefe reconocido se llamaba Carchena.


Vista del interior de Alarcos en 1947. Archivo Layna Serrano. Diputación de Guadalajara


Demolida Alarcos, uno de sus más ricos y nobles habitantes edificó su casa en la pequeña aldea, término de aquella célebre ciudad, llamada Puebla del Pozuelo, cambiando su nombre por el de su nuevo poblador, en Pozuelo ó Pozo seco de D. Gil.

En aquella casa, y por los años de 1245 de la era cristiana, se hospedó el santo rey D. Fernando, a su vuelta de las Andalucías, y en ella aguardó a su esposa D.* Juana y á su madre Dª. Berenguela, reina de León, que venían a su encuentro desde Toledo. Allí oyó el rey de boca del anciano D. Gil Turro Ballesteros la relación de los excesos que los Golfines impunemente cometían , y tomando sus consejos creó tres Audiencias con el nombre de Hermandades; la primera en Pozuelo de D. Gil, la segunda en Ventas con Peña Aguilera, que después se trasladó a Toledo, y la tercera en Talavera, divididas en cuadrillas, llamadas cazadores, colmeneros, hortelanos y gente montaraz. Nombró el rey jefe de la primera á D. Gil, y a sus dos hijos, Pascual Ballesteros y Miguel Turro, de las otras-dos, autorizándoles para perseguir bandidos en campo yermo.

Compúsose la Hermandad de Pozuelo de D. Gil, conocida después con los nombres de santa, real y vieja, de caballeros y colmeneros, bajo determinados votos y privilegios, que en la aprobación obtuvieron del mencionado rey D. Fernando. Y los pastores empezaron contribuyendo voluntariamente con una res de cada rebaño para mantenimiento de los cuadrilleros, tributo que después se hizo obligatorio por orden de Alfonso X y Sancho IV.

Armóse de ballestas la vengadora milicia, y dando caza sin descanso a los foragidos hizo sentirles el terror que antes causaban a las indefensas poblaciones. Donde quiera que fuesen aprehendidos los Golfines, allí suspendidos de un árbol morían atravesados de flechas, dejando pendientes los cadávores por triunfo: más adelante se fijó el teatro de estas sangrientas ejecuciones a una legua de la ciudad, objeto de este libro, en Peralvillo, pobre aldea cerca del Guadiana, la cual fue por muchos siglos espanto -de bandidos. Y como para que al lado de la justicia brillase la misericordia, cuenta la tradición que Sancho de Valdivieso, compañero de D. Gil, formando una cruz de espinosa arzolla, con palabras de consuelo y perdón endulzaba la agonía de los reos, y daba a sus restos piadosa sepultura, naciendo así gemela de la Santa Hermandad, la Cofradía de la Caridad.


Iglesia de Peralvillo lugar de ejecución de la Santa Hermandad

 

Dedicáronse los cuadrilleros con tanto ahinco a cumplir su promesa de extinguir aquella raza de malhechores que a los 45 años de continuas fatigas y en tiempo de Sancho IV, ya se consideraron en el caso de pedir la relajación de los votos y de renunciar los privilegios; pero era tal el concepto que se habían granjeado por su valor y servicios que la santidad del pontifice Celestino V, u instancia del mismo rey, no accedió a la relajación solicitada, calificando la Hermandad con las palabras: Hoec sancta vestra fraternitas, que usó en su bula expedida en 1294.

Los muchos privilegios y las exenciones y prerrogativas obtenidas de los reyes por la Santa Hermandad, fueron siempre concesiones remuneratorias de servicios eminentes, como los prestados en el siglo XIV, durante la menor edad de Fernando IV, y en el XV, reinando Juan II. Entre estos privilegios mencionaremos la exención de pagar el diezmo de miel y cera, concedido por Sancho el Bravo, y la concesion de uso de sello, hecha por Fernando el Emplazado. Los reyes posteriores hasta Juan II confirmaron todos y ampliaron sus privilegios, y los reyes católicos, Dª. Isabel I y D. Fernando V, les dieron en 1485 nuevas Ordenanzas, expedidas por su consejero Francisco Maldonado, que adolecen de una severidad draconiana.

Según ellas, el hurto menor de 150 maravedises se castigaba con destierro y azotes, pagando el duplo a la parte y el cuadruplo para gastos al Tribunal; hasta 500 maravedises se castigaba con 100 azotes y pérdida de las orejas; hasta 5.000 con mutilación del pié, prohibiendo al ladrón, so pena de muerte, salir jamás a caballo; y el que robaba de 5.000 arriba era asaeteado en el campo por los cuadrilleros con trece saetas. Igual suplicio se imponía por salteamiento de bienes, violación de mujeres en despoblado, no siendo rameras, y por muertes y heridas alevosas, aunque solo fueren intentadas. Establecióse también que por la captura de un criminal se abonase al aprehensor o aprehensores 3.000 maravedises, si era reo de muerte; 2.000 si solo merecía pena corporal, y 1.000 a los condenados a multa o destierro.

Hasta en tiempo de los reyes últimamente citados, los servicios de la Santa Hermandad se limitaron a la seguridad de los caminos y a poner coto a los salteadores que infestaban el país; pero en 1488, dichos reyes resolvieron darla más importancia, haciendo que formara un ejército que, al mismo tiempo que sirviera de poderoso elemento contra los enemigos exteriores, constituyera un contrapeso formidable para la oligarquía. Para llevar a cabo este pensamiento, sometido al arzobispo de Palencia, al provisor de Villafranca y á Alonso de Quintanilla, contador mayor de Cuentas, como resultado de lo acordado en la Junta general de la Santa Hermandad, por Real cédula de 15 de Enero del expresado año, se verificaron levas, cuya fuerza ascendió a diez mil infantes, de entre los cuales se eligieron 300 espindargueros y 700 piqueros, divididos en 12 capitanías.


Botón de cuadrillero de la Santa Hermandad de Ciudad Real


El jefe supremo de las fuerzas de la Hermandad ejerció desde luego sobre las tropas la misma autoridad que los cónsules en los ejércitos romanos, y mandaba revistarlas por jefes llamados gobernadores.

El traje de los soldados, sumamente sencillo, consistía en sayo de lana blanca con manga ancha, calzas de paño encarnado, cruz roja en el pecho y la espalda, y la cabeza cubierta con un casco de hierro batido pero ligero: su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte.

Las banderas de las tropas de la Hermandad estuvieron depositadas en la Armería real, pero han desaparecido, sin que se sepa su paradero.

Si bien este cuerpo de ejército fue disuelto cuando cesaron las circunstancias que habían obligado a formarle, la Santa Hermandad, por el incremento que había tomado, merced a los privilegios de los soberanos, siguió ejerciendo su jurisdicción desde Aranjuez a Cádiz, cesando de juzgar a los delincuentes por medio de sus alcaldes en el año de 1835, en que dejaron de existir todas las Hermandades.

Las últimas Ordenanzas se aprobaron por el Consejo de Castilla en 1792. Su cárcel aún existe, que es la del juzgado de la capital, y Peralvillo sigue siendo como hace siglos una pequeña y mísera aldea.

El que la Hermandad llegase a ser inútil o poco conforme con nuestras leyes y costumbres, no puede borrar ni los servicios que prestó ni las calidades de los ilustres honrados manchegos que la formaron y compusieron, sin haber merecido nunca la chistosa, pero no justa, calificación que de estos cuadrilleros hizo Cervantes en boca de D. Quijote.

 


domingo, 19 de abril de 2026

OBRAS EN CIUDAD REAL

 

Diario “Lanza” 9 de julio de 1943