Se halla esta santa
imagen en tosca silla sentada y adorna su cabeza blonda cabellera; aunque su
rostro ostenta escasa corrección en los detalles, no está exento de expresión,
ni deja de manifestar noble y santa sencillez concepto sublime del candor é inocencia.
Viste túnica a la romana y ancho y aplastado manto de rectos y escasos
pliegues, enriquecido con recamada orla, todo él notablemente dorado. Tiene el
Niño unido al pecho izquierdo, (le ejecución correcta éste, graciosa y
rebosando tierna y candorosa expresión; bendice con su mano derecha la manzana,
que en otro tiempo le mostraba la Madre, figura y símbolo del pecado original,
el que bendiciendo perdonaba y redimía, y en la derecha mano tenía el testo ó
libro de la ley abierto ó cerrado. Al restaurarla, se la despojó ríe ese
hermoso emblema y bellísimo atributo, sustituyéndote con una mano descomunal,
que hasta por ser extraña a la imagen sale rompiendo el manto y con vuelo
desproporcionado, pero bastante, para que pudiera manifestarse al través del
moderno ropaje; creación funesta, pero muy propia de una época que corrompió el
gusto y adulteró la historia.
En 1147 Alfonso VII, el
Emperador, que ya en anteriores lides había conseguido mermar el poder musulmán
con repetidas victorias y valíosas conquistas, se pone sobre Calatrava, que
estrecha y acomete sin descanso, cayendo al fin en su poder, no sin que sus defensores
dén gallardas muestras de su bravura. El piadoso Morarca castellano nombra su
alcaide, el que ya ostenta el honroso título de Príncipe de la milicia de
Toledo, para que custodie y guarde tan robusta fortaleza, y por carta expedida
en Salamanca á 13 de Febrero de aquel mismo año hace donación de su mezquita
mayor “á Raymundo Arzobispo de Toledo..... para que como hasta aquí fué
Mezquita de Moros, la hagáis Casa de Dios é Iglesia de Fieles, haciendo que
diez clérigos permanezcan allí para su servicio”. Consagró el prelado toledano
la mezquita mayor de Calatrava en honor de la Virgen Santa María. Allí servían
y honraban los clérigos á la Madre de Dios con piadoso y permanente culto,
mientras que la vecina fortaleza abrigaba a los templarios y veía nacer dentro
de sus muros a la poderosa Orden, que había de ser por muchos siglos la dueña y
señora de La Mancha.
Pero Dios nuestro Señor,
que no permite gozar del triunfo sino tras grandes pruebas, tenía reservado un
grande infortunio á la piadosa fundación del Rey de Castilla, largos días de
luto á la Orden de Calatrava y hondo temor y espanto á las armas cristianas. El
Emperador de los Almohades vence y derrota en Alárcos á Alfonso VIII, teniendo
éste que fiar á la huida su salvación, vencedores y vencidos entran en
Calatrava en confuso tropel, sin darse cuenta los primeros del alcance de su
triunfo, ni apreciar los últimos, como tras sus fuertes torres podían aún hacer
pagar al musulmán su victoria. Sucumben al hierro agareno cuantos se acogen en
la fortaleza y en la villa, encendían ésta y la destruyen para siempre. Diez y
siete años después de esta catástrofe se vé ondear el estandarte de la cruz
sobre las más altas torres de la fortaleza; pero el templo mayor de la villa
dedicado á la Virgen María, como sus casas y edificios son un montón de ruinas,
sin que los privilegios y fueros concedidos a sus moradores por Alfonso VIII
sean bastante poderosos a despertarla de su mortal letargo.
El 1212 el Maestre D.
Rodrigo Garcés vuelve el Convento a Calatrava; cercana á la muralla que mira á
la arruinada villa habilitó su iglesia, la que dedicó a Santa Maria de la
Blanca, erigiendo allí en modesto nicho, que aún permanece, a la devota imagen destinada
á guardar aquellas ruinas, que hizo venerables S. Raimundo de Fitero y la
sangre de tantos mártires allí vertida. Una vez que en su recinto dejó de oirse
el toque de campana que llamaba a los frailes al templo, ó los apercioía para
el combate, luego que la Orden varió de residencia y llevó tras de sí todo el
ruido, que acompaña a las grandezas humanas, Santa María de la Blanca quedó
solitaria en su modesta iglesia santificando aquel lugar, custodiando tan
sagradas ruinas, recibiendo en cambio los sencillos y fervorosos homenajes de
los pastores y labriegos, que cruzaban aquellos solitarios campos y del piadoso
pueblo de Ciudad-Real que acudía a sus plantas en los días de aflicción y de
amargura.
¡Misterioso destino de
las obras del hombre!; nacen para morir y, únicamente alcalzan la inmortalidad,
cuando se cobijan bajo la sombra augusta de la religión. La acción destructora
del tiempo y la despiadada mano del hombre van minando v destruyendo á paso de
gigante aquella fortaleza que parecía destinada a luchar con los siglos y a
vencerlos; pero si aún son mirados sus restos con respeto y amor, lo deben, á
que los pueblos comarcanos veneraron siempre allí á la Madre de Dios, ayer á
Santa Maria de la Banca, cuyo patronato adquiere, Villa Real y estima como una
de sus más preciadas riquezas, y hoy a Ntra. Sra. de la Encarnación á la que el
vecino pueblo de Carrión tributa culto fervoroso y espléndido y profesa
ardiente amor. ¿Cómo Ciudad-Real adquirió sus derechos y jurisdicción sobre la
ermita de Santa María de la Blanca en territorio de la Orden y en término de
Carrión situada?
Tenemos a la vista un
testimonio de Gaspar Fernando de la Cueva de la Visita de este santuario sacado
de la Audiencia arzobispal de Toledo en 1773, en que se hace la historia de
este santuario de una manera tan torpe y con un desconocimiento tal de los hechos,
que desde luego denuncian la tosca hilaza de su inventor. Según costumbre de
aquel tiempo se atribuye el origen de su culto al hallazgo o que tuvieron un
padre y un hijo que pastoreaban por aquellos contornos. Sorprendidos vinieron á
Ciudad-Real á dar cuenta al Presidente y o¡dores de esta Chancilleria y en el
acto la clerecía partió á Calatrava, recogiendo la imagen y trasladándola con
gran aparato á la parroquia de Santiago. Corriendo el tiempo D. Gabriel López
Padilla, Maestre de Calatrava, hizo donación de los Palacios de los Reyes meros
antiguos adentro, desde los morros de ellos hasta el rió Guadiana á Ciudad-Real
á 10 de Abril de 1481, esta ciudad levantó la ermita y casa del santero,
después su devota cofradía, fijando su fiesta en la Cruz de Mayo, día de su
aparecimiento, que más tarde se trasladó á la Pascua del Espíritu Santo.
No es necesario gran
esfuerzo para destruir tan burda historia. La Chancillería no fué establecida
en Ciudad-Real hasta el año 1494, en 1487 era Maestre de Calatrava D. Rodrigo
Téllez Girón, D. García no le sucedió en la dignidad suprema de la Orden hasta
el año siguiente y los palacio, de los moros existían sólo en la imaginación
del autor, en cuanto se ha de pensar que las construcciones musulmanas que
hallaron Templarios y Calatravos á su instalación en la fortaleza las
modificarian notablemente para adaptarlas á su nuevo destino.
En él siglo XVI decía el
concejo de Ciudad-Real deber la posesión de este santuario á un privilegio
antiguo concedido por la Orden, conservando ésta siempre su jurisdicción; así
los visitadores desde Santa María de los Mártires pasaban á esta ermita y establecían
sus mandatos. Desde tiempo inmemorial y hasta los últimos años del siglo XVII
en las sequías y demas calamidades la ciudad recurría únicamente á Ntra. Sra.
de la Blanca, la cual su ayuntamiento en concepto de patrono ordenaba conducir
á la parroquia de Santiago, donde se la hacían fervorosas rogativas; pero en el
siguiente siglo disminuyó tanto su culto y devoción á la par que el de la
Virgen riel prado alcanzaba su mayor esplendor, que la cofradía se disolvió, la
ciudad sólo recurría á su intercesión en contadísimas y muy apuradas
situaciones, por lo que su culto se abandonó y la ermita amenazaba ruina
inminente
En estas circunstancias
el párroco de Santiago con la sola autorización del vicario y sin contar con el
ayuntamiento trasladó la imagen á su iglesia, colocándola en el camarín del
altar mayor-1774-. Despertó la ciudad de su letargo al ver desconocido su antiguo
patronato y determinó reparar la ermita, no permitiendo trasladar la imagen
hasta tanto que sus derechos no fuesen solemnemente reconocidos. Trascurrieron
así catorce años hasta que D. Sebastián de Almenara representó al ayuntamiento,
que estando arruinada la ermita de Santa María de la Blanca, los vecinos de
Carrión entraban en ella sus ganados, se habían llevado sus puertas y ventanas
y pedía se le concediesen los materiales, que aún restaban, á lo que accedió el
ayuntamiento-1778-con la condición de emplear su importe junto con los bienes y
rentas que aún quedaban en una capilla en la dicha iglesia, nombrando dos
regidores para que en unión del Sr. Almenara procedieran a su ejecución, como
lo practicaron al año siguiente.(1)
(1) Leg. Núm. 16-26
Los Visitadores de ls Orden del año 1634 decían: “Visitamos la hermita de Ntra.
Sra. De la Blanca que está en la fortaleza de los muros caídos de Calatrava la
Vieja, en la cual fuimos informados que los vezinos de Ciudad-Real celebran
fiesta la Cruz de Mayo y el de Santo
Matías… Mandamos que se conserve la costumbre, sin que ella los vecinos de la
dha ciudad puedan adquirir más jurisdicción de la que de Derecho les pertenece”
Archivo Municipal de Carrión.












