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lunes, 25 de mayo de 2026

LA ROMERÍA DE ALARCOS

 



SE PRETENDE ORGANIZAR UNA HERMANDAD PARA CULTO DE LA VIRGEN Y ORNATO DEL SANTUARIO

El próximo lunes tendrá efecto en el histórico Santuario de Alarcos, la tradicional romería en honor de la Virgen, como recuerdo de la tristemente, célebre derrota que sufrieron los cristianos hasta el extremo de cumplirse los deseos de aquel gran Califa que prometió y cumplió, no dejar piedra sobre piedra.

Pero si los españoles debemos a esta derrota la célebre victoria de las armas cristianas en las Navas de Tolosa, los hijos de Ciudad Real debemos mirar aquellos despojos, como origen de nuestro pueblo, como a la madre cariñosa, que dio su vida por crear a Ciudad Real; por eso este día todos deben ir a la ermita, a depositar sobre la tumba de aquellos patriotas y cristianos el recuerdo de sus oraciones.

Este año se constituirá una Hermandad en honor de la Virgen de Alarcos como medio de despertar el amor hacia esa bendita imagen y conservar el Santuario como una verdadera religión de tantos recuerdos para los españoles, para los manchegos y en especial para los hijos de Poblete, Valverde y Ciudad Real.

 



No es suficiente para demostrar nuestro amor a la Virgen gritar ¡Viva la Virgen de Alarcos! Sino que es necesario demostrar con obras y de todos es sin duda alguna dar nuestro nombre a la nueva hermandad que, una vez fundada y con vida propia, conservará la imagen y el Santuario, con el decoro y suntuosidad que merecen.

El orden de los cultos será el siguiente:

Misas rezadas a las 7, a las 8 y a las 9 de la mañana, pudiéndose recibir la S. Comunión en cualquiera de ellas, avisando previamente en la sacristía.

A las diez, función solemne con sermón que predicará el celoso coadjutor de San Pedro don Agustín Moreno, y la capilla musical correrá a cargo de dos cantores de la S. I. Prioral, terminando con la procesión de tan venerada imagen y una salve solemne.

Todos los cultos serán amenizados por la banda municipal de Ciudad Real, con asistencia de las autoridades de la capital.

Para dar facilidades a los que deseen asistir, habrá un excelente y barato servicio de autobuses, que partiendo de la Plaza de la Constitución a las siete, a las ocho y a las nueve y media de la mañana, terminada la procesión y la rifa del borrego, harán los mismos viajes de vuelta a Ciudad Real; los precios de los billetes de ida o de vuelta, serán de 1’30, 1’40 y 1’60 según la clase.

Es de suponer que este año, se vea más concurrida esta típica romería al Santuario de Alarcos, dadas las facilidades de locomoción que, merced a las gestiones de los señores delegados municipal y eclesiástico, se han conseguido para este día.

El Pueblo Manchego, sábado 7 de junio de 1930

 


domingo, 24 de mayo de 2026

LA BATALLA DE ALARCOS MARCÓ EL DESTINO DE LA GIRALDA (III Y ÚLTIMO)

 



Una referencia descriptiva del alminar, llamado por los cristianos la torre de “Santa María” tras ser conquistada Sevilla, nos la facilita la CRONICA GENERAL de Alfonso X “El Sabio” cuando habla del tiempo que estuvo la ciudad cercada (16 meses) y de las noblezas de ella; refiere que “et quan grant beltad et alteza et la grant nobleza es; sesenta bracas (1,672 m/Ud.) a en el techo de la su anchura, et quatro tanto en alto; tan ancha et tan llana et de tan gran(de) maestría fue fecha et tan compás ada la escalera por la torre subren, que los reyes y las reynas et lo altos (h)ombres que allí quieren subir de bestias subren quando quieren fasta en ssomo. Et somo de la torre a otra torre, que ocho bracas fecha a grandes maravillas. Et encima della están queatro nacanas (bolas) aleadas una sobre otra; tan grandes et de gran obra et de tan gran nobleza son fechas que en todo el mundo non podrían ser otras tan nobles nin tales: la de somo es la menor de todas, et luego la segunda que esta so(bre) ella es mayor, et muy mayor la tercera. Mas de la quarta non poemos retraer, que es tan gran(de) et de tan estremada obra que es dura cosade ceer a qui lo non viese: esta es toda obrada a canales, et las canales della son doze et (hay) en la anchura de cada canal cinco palmos comunales; et quando la metieron en la villa non pudo caber por la puerta, et (t)ouieron a tirar las puertas et a ensanchar la entrada; ....”.

Al tratar los almohades la rendición de Sevilla con Fernando III “El Santo”, las delegaciones musulmanas intentaron con repetidas instancias sacar un buen partido en las negociaciones, aunque cada vez iban moderando mucho las condiciones pasadas; puesto que, desde el principio, el rey Castellano les explicó y dijo que “no había capitulaciones si no dexaban libre la ciudad”. Y viendo los musulmanes en el rey “Santo” la constancia en mantener lo dicho y, por otra parte, como ellos no podían resistir por más tiempo aquella situación, al fin “cedieron a Dios y a la fuerza la ciudad y su cetro”.




Con este último despacho, los almohades determinaron rendirse sin condiciones y volvieron al real (donde estaba el rey castellano) ofreciendo la libertad de la ciudad de Sevilla; pero a su vez, los musulmanes, pidieron autorización a Fernando III para que “les dexase derribar la mezquita mayor” con el fin de que no pasase a manos cristianos,contestando en su nombre el infante Alfonso (X “El Sabio”) que “con solo un ladrillo que quitasen de la mezquita, quitaría de su lugar todas las cabezas a todos los moros”. Ycomo no se les concedió esta primera idea, los almohades fingieron otra: volvieron nuevamente y se presentaron ante el rey castellano para pedirle ahora que se “les permitiese derribar la torre mayor (el alminar), que ellos se obligaban a hacer otra igualmente costosa y magnífica” a lo que también respondió el Infante Alfonso diciéndoles que “mirasen bien lo que hacían, porque un solo ladrillo que reconociese removido de la torre quedarían sepultados en los campos de Sevilla todos los moros y moras que la habitaban”.

Amputación de la torre

El alminar o minarete de la mezquita mayor sevillana conservó su estado original hasta agosto de 1356 que fue cuando se rompió la barra de hierro que sujetaba las “manzanas”, como resultado del terremoto acaecido el día de San Bartolomé; también desapareció la cúpula de azulejos de diversos colores que enlazaba el segundo cuerpo del alminar con el yamur; fue, por consiguiente, cuando la torre almohade sufrió la primera amputación. Y sobre ello Ortiz de Zúñiga describe sus consecuencias de al forma siguiente: “Este tan magestuoso y bello remate, tronchada la espiga (barra) de Hierro en que estaba fixo cayó y las brillantes manzanas se hicieron menudas piezas, con gran sentimiento de toda la ciudad; quedando la Torre deforme y fea, en el qual se puso con la hermosora que ahora tiene”.

Sin embargo, antes de que el alminar (la Giralda, hoy) de la gran mezquita sevillana se pusiese “con la hermosura que ahora tiene”, se realizaron algunas reparaciones en el intervalo de 1356 a 1560. Es decir, la torre almohade a la que llamaron los cristianos la torre de “Santa María”, sufrió modificaciones durante un período de doscientos años; eso sí, siempre fueron pequeñas y se tuvieron por provisionales. Y la primera de ellas fue costeada por el rey castellano Pedro I, llamado también Pedro el Cruel.

Jorge Sánchez Lillo. Tribuna dominical, La. N.º 19, 20/9/1998



sábado, 23 de mayo de 2026

LA BATALLA DE ALARCOS MARCÓ EL DESTINO DE LA GIRALDA (II)

 



Las obras continúan

Las obras del alminar o torre de la mezquita mayor continuaron durante casi tres años sin que se interrumpiesen. Y tras tas campañas almohades que siguieron a la de Atareos (1196 y 1197), el emir se “dió a terminar la construcción de la mezquita y alminar e hizo tas manzanas (botas) de tan desmesurada grandeza que no se conoce su peso...” (Rawd al-Qirtas); pero sobre este hecho: la terminación del alminar, un cronista musulmán lo describe son sumo detalle y lo relaciona con el triunfo de la campaña de Alarcos sobre los infieles; dice así:

“Cuando llegó el Emir al-Muminin (Ya’qub al-Mansur) y le concedió Dios la derrota del tirano Alfonso (VIII), según lo refiere (la victoria de Alarcos), mandó, durante su estancia en Sevilla, hacer las manzanas de admirable obra; mucha elaboración, gran tamaño y dorado dibujo, de elevado renombre y tamaño.

“Se levantaron hasta su alminar en su presencia y por su indicación; y para conseguir su deseo, prepararon los arquitectos en lo alto de la torre un sostén (“markaba”), con una columna grande de hierro, cuya base se cimentaba en lo más alto de la obra del alminar. Pesaba la columna de hierro 120 arrobas (1.380,240 kgs.), aseguraba allí en el cuerpo del edificio en medio de su cúspide, sosteniendo estas figuras: llamadas manzanas, en el aire y resistiendo el embate de los vientos y el golpe de las lluvias, lo que acrecienta la admiración por su resistencia y solidez. Y la cantidad de oro con que se decoraron estas tres manzanas grandes y la cuarta pequeña fue de siete mil mizcales grandes yaqubies.




“Lo hicieron los orfebres entre las manos del tesorero (“amin”) del Amir al-Mumnin y en su presencia. Y cuando se terminó, se cubrieron con unas fundas de piezas de algodón para que no les alcanzase la suciedad de las manos y el polvo. Fueron transportados con gran rapidez hasta el alminar, entre aclamaciones y regocijos durante el trayecto; se elevaron hasta lo más alto del alminar y se colocaron en la barra.

“Se hizo esto y se realizó en presencia del Amir al-Muminin Abu Yusuf al-Mansur, de su hijo, el príncipe heredero: Abu Abd Allah y de sus restantes hijos y de los jeques de los almohades y de los caídes y de los talibes de la corte y de las personas principales del pueblo. Fue esto el miércoles, a fines de Rabi y segundo, correspondiente al 19 de marzo cristiano del año 594 (1198). Entonces se le quitaron las fundas y casi se cegaron los ojos por el resplandor del otro puro brillante y los rayos de sus reflejos. Y una noticia se mezcla con otra”.

Detalles de un cronista musulmán

Otro cronista islámico, respecto al mismo tema, facilita algún que otro dato de interés; tras referirse a que las manzanas eran de gran tamaño y que no se conocía su peso, añade que “solo se sabe que la central de ellas no entró por la puerta de los almuédanos, sino arrancando algo de mármol de la parte inferior; ... el que la construyó y la elevó hasta lo alto del alminar fue el maestre Abu-I-Layz, el siciliano; y en su dorado se gastaron 100.000 dinares de oro.




Por cuanto antecede y teniendo presente los textos orientales tras su consulta, nos induce a pensar a interpretar de una forma resumida lo siguiente, llegando a la conclusión de:

- Que Abu Ya’queb Yusuf I mandó construir la Mezquita Mayor de Sevilla en 1172, ejerciendo como alarife (arquitecto) y director de obras Ahmad B. Basso; obras que quedaron detenidas en 1176.

- Que en 1184, el emir almohade decide encerrar la Sala de Oración en un recinto amurallado y, además, ordena la construcción del aminar o minarete de la gran mezquita sevillana; obras que fueron iniciadas por el propio Ahmad b. Basso, deteniéndose las mismas después de la muerte de Yaqueb Yusuf I (julio de 1184).

- Que Yusuf Ya’qub al-Mansur, hijo y sucesor de Abu Ya’qub Yusuf, ordena en 1188 la continuación de las obras del alminar, pero cambió de materiales y también de alarife; ahora el nuevo arquitecto o maestro de obra era Alí al-Gomara, de origen africano.

- Y que tras la campaña de Alarcos (julio/agosto de 1195), célebre y conocidísima por los musulmanes, prosiguieron las obras del alminar de la Mezquita Mayor de Sevilla hasta concluir su fábrica, para lo que se destinó el “quinto” del botín (separado por Ya’qub al Mansur) de todo cuanto se habían apoderado los almohades. Y después, en febrero de 1196, fue cuando el emir almohade ordenó la ampliación del Patio de la Mezquita para la construcción de un bazar o alcaicería.




Ceremonia solemne

A principios de marzo de 1198 el alminar (la Giralda, hoy) de la Mezquita Mayor sevillana debía de estar terminado, faltando sólo la colocación del yamur que tuvo lugar el 19 de marzo del mismo año y con una solemne ceremonia; con ello conmemoraban los almohades el tercer aniversario de su victoria sobre los infieles en la batalla de Alarcos (1195). Y al acto ceremonioso asistió el propio Ya’qub al-Mansur, su hijo y príncipe heredero Abu Abd Allah, los jeques almohades, los cides, los tabiles de la Corte, 1as personas principales y pueblo plebeyo musulmán sevillano; todos ellos con gran regocijo, vibraron de alegría cuando se quitaron las fundas o piezas de algodón que cubrían las manzanas del alminar, quedando maravillados por lo “extraordinario de su arte y lo admirable de su vista, que se eleva en el aire y se alza en el cielo, pareciendo a quien mira a (varias) jomadas de Sevilla que está entre las estrellas del Zodíaco” (Abu Marwan b. Sahib al-Sala).

La misma admiración tuvieron los cristianos por esta torre o minarete cincuenta años después, cuando fue conquistada Sevilla en 1248 por Femando III “El Santo”. Y sin despreciar lo armonioso de su “silueta” ni tampoco la belleza de la decoración de sus paramentos, lo que más impresión causó a los cristianos fueron precisamente aquellas manzanas que, cuando “el sol fiebre en ella(s), resplandece como rayos muy lozientes más de una jornada”. Es decir, se veían a más de ocho leguas de distancia; superaba los 45 kilómetros.

Jorge Sánchez Lillo. Tribuna dominical, La. N.º 19, 20/9/1998



viernes, 22 de mayo de 2026

LA BATALLA DE ALARCOS MARCÓ EL DESTINO DE LA GIRALDA (I)

 



La situación de al-Andalus tras el derrocamiento de los almorávides en 1145 era muy oscura. El poder real estaba en manos de una serie de minúsculos gobernantes locales. Y por entonces gobernaba en Sevilla Ibn Mardanish, que controlaba también una gran parte del oeste de al-Andalus; con lo que tenía un mayor grado de independencia.

Diez años después de expulsar a los almorávides de al-Andalus, el fundador del imperio almohade, Abdal-Mu’min, dirigió de nuevo su mirada hacia la Península Ibérica y empezó a preparar una campaña en gran escala en el año 1162; pero la muerte le sorprendió antes de que sus planes hubiesen madurado. Y el hijo que le sucedió Abu Ya’qub Yusuf (1163-1184), después de una breve disputa interna, fue quien puso en práctica los proyectos de su padre; y fue en 1171 cuando el nuevo califa almohade trató de fortalecer su poder sobre el al-Andalus y cruzando el estrecho de Gibraltar al frente de un gran ejército se dirigió a Sevilla, donde asentó su cuartel general contra Ibn Mardanish y sus aliados cristianos. La lucha duró hasta la muerte del gobernador de Sevilla, en 1172.

Abu Ya’qub Yusuf I estuvo en al-Andalus casi cinco años (1172-1176). Durante ese período de tiempo, por iniciativa del nuevo califa almohade, se llevaron a cabo importantes obras públicas en Sevilla; entre otras, ordenó construir la Mezquita Mayor en 1172, situada prácticamente en el mismo lugar que hoy ocupa la actual catedral y de la que quedan muy escasos restos.

Proceso historiográfico

Ahora bien, no pretendemos hablar aquí, ni mucho menos, de la Mezquita Mayor de Sevilla que, evidentemente, fue obra grandiosa, puesto que en la actualidad existen exhaustivos y detallados estudios monográficos que se refieren a ella con suma precisión y por ello no consideramos necesario reproducirlos ahora; nuestro propósito, en cambio, es bien otro: el de seguir los pasos historiográficos de su alminar hasta el año 1400 que, al parecer, fue cuando se instaló un sencillo campanario donde estaba la cúpula que enlazaba con el yamur.


Lámina de Alejandro Guichot que muestra los tres estados de la Giralda. A la izquierda la primitiva torre almohade (siglo XII), a la derecha una fase intermedia después de la caída del yamur que coronaba la torre (1356), y en el centro la torre actual, con el remate renacentista del campanario (siglo XVI).


El alminar de la gran mezquita sevillana se empezó a construir en 1184 e inició las obras el mismo alarife (arquitecto) de la mezquita, Amah Ibn Baso; pero tuvieron que detenerse durante unos meses o quizás semanas. Y tras este pequeño lapso de tiempo prosiguieron las obras de la torre, aunque se alteró la primitiva idea de “militarizar” la gran mezquita; obras que volvieron a paralizarse después de la muerte de Ya’qub Yusuf I a manos de los cristianos el 13 de julio de 1184, en el sitio de Santarem (cerca de Lisboa, al nordeste).

Amah b. Baso situó el alminar o minarete en la esquina nordeste del muro y no en la “zona central de la pared norte del patio, como era común” (ej. la Mezquita de Córdoba); lo hizo, según algunos autores, por causa de una vía de agua subterránea que lo impedía, mientras otros porque aún no existía el patio de la mezquita. Y parece ser que si la “idea” original de Abu Ya’qub Yusuf se hubiera realizado en toda su extensión, la Giralda hubiese cumplido un doble papel que explicaría su ubicación: como alminar, para la llamada a la oración, situado lo más cerca posible a la población; y como torre de la muralla capaz de defender una puerta inmediata, que hasta el siglo XVIII se llamó de “Los Palos”.

Y tras la última y nueva detención, las obras del alminar o torre de la mezquita sevillana tardaron mucho en continuarse; no prosiguieron aquéllas hasta 1188, con la llegada de Yusuf Ya’qub al-Mansur (hijo y sucesor de Ya’qub Yusuf I). Y al respecto, Abu Marwan b. Sahib al-Sala refiere que hasta ese mismo año de 1188 el emir “no mandó reanudar la construcción del alminar citado y reedificar lo que se había arruinado en la mezquita. Se empezó la obra por el alarife Alí, el de Gomara, con ladrillo que es mejor que la piedra... para la construcción; y reparó lo que se había arruinado en las tres naves de la mezquita por el lado de Levante y por el Poniente y el Norte; lo consolidó y fortificó la obra”.



Ornato exterior

La obras del alminar (la Giralda, hoy) de la gran mezquita sevillana continuaron. Y no sabemos, al menos nosotros, qué volumen tenía la torre construida una vez transcurridos siete años desde el momento en que se reanudaron las obras en 1188 hasta julio de 1195, aunque debía estar muy avanzadas. Al alarife Alí, de Gomara, se debe el magnífico ornato exterior de la torre (mediante fábrica de excelente ladrillo) con la característica labor en rombos o de Tsebka.

Hacemos mención al mes de julio y año de 1195 porque Ya’queb b. Yusuf al-Mansur, con un poderoso ejército, se iba acercando a la línea fronteriza cristiana, habiendo salido de Córdoba el día 4 del susodicho mes y año. Y atravesando el “Puerto del Muradal”, ya en territorios de Ciudad Real actual, el emir almohade y sus huestes tomaron dirección de la fortaleza de Salvatierra de la que se apoderaron fácilmente; después se dirigieron hacia la plaza fuerte de Alarcos, hallándose el día 13 de julio a unos 22 kms. de ella.

Y mientras que Ya’qub al-Mansur estaba cerca de Alarcos, hallábase Alfonso VIII impactante en Toledo porque las fuerzas aliadas no llegaban, aun cuando los reyes de León, Aragón y Navarra le habían prometido ir con todas sus huestes disponibles. Y dada la proximidad de los almohades, el rey castellano no espera a las referidas fuerzas y decide salir solo con sus tropas al encuentro de los almohades, acampados ya frente al legendario e histórico lugar de Alarcos; sitio donde Ya’qub al-Mansur y su gran ejército musulmán tenían su campamento, pues se había presentado en las cercanías de la fortaleza los días 16 y 17 de julio.

La batalla

Ya los dos ejércitos frente a frente, el musulmán era en número muy superior al cristiano. Ello y otras circunstancias que surgieron después no hacen retroceder a Alfonso VIII, quien le presenta batalla a Ya’qub b. Yusuf al-Mansur. Y sin entrar en detalles de este encuentro bélico cristiano-almohade, conocido por la batalla de Alarcos, puesto que en la actualidad existen magníficos estudios que la relatan con bastante precisión, sólo recordaremos que ella representa una “página negra” en la historia de nuestra Reconquista. Lo es, por la derrota que sufrió Alfonso VIII que amanecer del día 19 de julio de 1195 tras la cual ocuparon los almohades la fortaleza de Alarcos mediante capitulación.



La derrota del rey castellano en Alarcos suponía un retroceso y grave peligro para los reinos cristianos; tanto que se “produjo un repliegue general, con sensación de pánico”, hasta más allá de la plaza fuerte de Calatrava (Qal’at Rabah), sin que se ofreciera resistencia en una sola fortaleza. Y tras ocupar el castillo o mejor dicho la alcazaba de Alarcos y después de que Ya’qub al Mansur separase el “quinto” del botín, según establece el Corán, los almohades prosiguieron su avance y se apoderaron de los castillos y fortalezas de Caracuel, Herrera, Benavente y, sobre todo, de Calatrava (la vieja), donde “pasaron a cuchillo a todos los frayles e caballeros e clérigos y otros muchos cristianos...”, así como del castillo de Malagón y cuantos le salían a su paso por los territorios de Ciudad Real actual. Es decir, cayeron las fortificaciones situadas en un radio de más de 30 kms., teniendo como centro la plaza fuerte de Alarcos; de las que Ya’qub al-Mansur separó siempre el “quinto” del botín que conseguía y el resto lo dividía entre los combatientes.

Sin embargo, fue muy corta la expedición que realizó Ya’qub al-Mansir tras la campaña de Alarcos; bien persentirse sin fuerza o por otra razón que desconocemos, lo cierto es que el emir almohade no supo sacar partido de su triunfo y al poco tiempo emprendió la vuelta hacia el al-Andalus tras de “haber llenado las manos de los musulmanes de botín”; quienes, veinte días después de su gran victoriase hallaban en Sevilla, entrando el martes 27 de Sa’ban del año 571 (7 de agosto de 1195). Y al poco tiempo de llegar Ya’qub al-Mansur a Sevilla se presentaron las delegaciones de sepáis, así como de otras regiones de al-Andalus para felicitarle en verso y prosa; les dijo: “la victoria es mayor que para ser prolijo en su descripción’ (Ibn Idari al-Marrakusi).




Batalla de Zalaca

La batalla de Zalaca (1086) estuvo repartida entre los almorávides y cristianos en cuanto a las pérdidas, y sobre todo, enturbiada su claridad para los primeros; pero, en cambio, la de Atareos fue de “fácil éxito y de general alegría... e hizo olvidar todas las victorias anteriores de los musulmanes y quedó en sus bocas su recuerdo hasta la muerte” (Al-Bayan); siendo el nombre de Atareos conocidísimo entre los musulmanes, puesto que esta memorable campaña fue la mayor que hicieron los almohades. Y ella ha sido transmitida de padres a hijos, generación tras generación, hasta nuestros días.

El regreso de Atareos y la entrada en Sevilla de Yaqub al-Mansur la realizó con el “auxilio de Dios (que le) brillaba en su frente y el triunfo sonreía a su derecha y su izquierda”; después se dirigió a su castillo de Aznalfarache (hisn al-faray), donde celebró la victoria de Atareos con una solemne recepción y un desfile militar, seguido de una serie de obras benéficas a tas preces u oraciones con que dio gracias a Dios en esta ocasión por su gran triunfo contra los infieles. Y tras todos estos solemne s actos, mandó a su Secretario Abu-I-Fadl b. Abi Tahir redactar la carta oficial dando cuenta con extrema concesión de la gran “victoria de Alarcos” e imitase tas cartas de los compañeros del Profeta sobre sus victorias.

Ya’queb al-Mansur hizo célebre la jornada de Atareos fortificando su imperio; se “extendió en hacer obras de piedad, en agradecimiento a Dios edificando hospitales para enfermos y locos; señaló pensiones a los alfaquíes y letrados; creó rentas para los enfermos de los hospitales, para los listados, etc... (Rawd al-Qirtas); y confirmó su propósito de construir la mezquita grande (de Sevilla) y su alminar”, prosiguiendo así tas obras que, sin duda, debían de estar paralizadas.

Efectivamente, el emir almohade mandó reanudar las obras del alminar (hoy, la Giralda) de la mezquita mayor sevillana; después ordenó, en febrero de 1196, “ensanchar su patio y (para ello) se derribaron tas casas y tas tiendas y posadas (además), se construyeron los mercados y tas tiendas con la más sólida obra y el más hermoso estilo de su clase., y se le colocaron cuatro puertas grandes, que lo cerraban por los cuatro lados....; lo que indicaba claramente que la finalidad de la operación era construir un bazar (alcaicería) contiguo al patio de la gran mezquita.

Jorge Sánchez Lillo. Tribuna dominical, La. N.º 19, 20/9/1998

 


jueves, 21 de mayo de 2026

NOTICIAS SOBRE CIUDAD REAL EN EL DIARIO DE CÓRDOBA EN EL SIGLO XIX (XI)

 



En una casa de la calle Azucena de Ciudad Real, al perforar un pozo, se ha encontrado una mina de mercurio nativo.

Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos. Año XXXI Número 9081, 30 de noviembre de 1880.



miércoles, 20 de mayo de 2026

NOTICIAS SOBRE CIUDAD REAL EN EL DIARIO DE CÓRDOBA EN EL SIGLO XIX (X)

Vista de San Pedro desde la calle Ruiz Morote en la primera década del siglo XX

 

-Ciudad Real, 7 (11,45 m)- El rey ha visitado los establecimientos benéficos de esta población y la iglesia de San Pedro.

S. M. y la comitiva se disponen a salir, de regreso a Madrid, a donde llegaran a las siete de la tarde próximamente. -MENCHETA

-S. M. el rey ha salido de Ciudad Real esta mañana a las once y media con dirección a Madrid, por la vía antigua, y llegara a esta corte a las siete de la tarde próximamente.

Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos. Año XXX Número 8519, 9 de febrero de 1879.




martes, 19 de mayo de 2026

NOTICIAS SOBRE CIUDAD REAL EN EL DIARIO DE CÓRDOBA EN EL SIGLO XIX (IX)


Arcos levantados en la calle de la Feria en 1879 durante la estancia de Alfonso XII en Ciudad Real. Dibujo publicado en la revista “La Ilustración Española y Americana” el 15 de febrero de 1879


-Ciudad Real, 3.- S. M. el rey fue recibido bajo palio en la Catedral por el Capítulo de las ordenes militares.

Después se cantó un solemne Te Deum.

Se aloja S.M. en el Instituto, y ha recibido a las autoridades y comisiones de la provincia.

La población está iluminada, y en este momento hay funciones de fuegos artificiales.

Han sido invitados a la mesa de S. M. los ministros, el obispo, las autoridades de la provincia, los senadores y diputados, los representantes de las ordenes militares y los consejeros del ferrocarril.

La comida ha sido de 50 cubiertos.

Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos. Año XXX Número 8517, 7 de febrero de 1879.