El Instituto de Estudios
Manchegos, con la financiación del Ayuntamiento de Ciudad Real, ha publicado
“Música en la SIP. El legado histórico musical de Salomón Buitrago
(1889-1975)”. Una investigación con la que Vicente Castellanos ha rescatado el
trabajo del que fuera maestro de capilla de la Catedral más 50 años. El alcalde
de Ciudad Real ha participado en la presentación de la obra.
El pasado 26 de marzo fue
presentado el libro en el Centro Cultural Municipal “Antiguo Casino”, con la
presencia del Alcalde de Ciudad Real, D. Francisco Cañizares y del Obispo-Prior,
D. Abilio Martínez.
En este libro se narra
con minuciosidad la historia musical de la catedral de Ciudad Real hasta el año
1975, fecha del fallecimiento de Salomón Buitrago Gamero, el maestro de capilla
y organista que más tiempo estuvo en el cargo, 53 años, desde 1922 hasta 1975.
La importancia de este maestro de capilla no es solo su longevidad y servicio
al templo, sino, sobre todo, su gran capacidad como compositor de música sacra
y de música profana. Respecto a la primera, siguió siempre el modelo de la
música cecilianista-música litúrgica ordenada desde Roma en 1903 para unificar
las formas musicales esenciales en la historia de la música: el canto
gregoriano y el estilo polifónico renacentista. Salomón Buitrago respetó en
todas sus composiciones dicha restauración, pero también fue protagonista del
cambio que significó el Concilio Vaticano II, que permitió el uso del
castellano en los cantos. Su obra arroja un total de 246 composiciones
originales de gran calidad y otras muchas atribuidas. Salomón Buitrago fue
mucho más que un compositor de calidad, fue el gran salvador de la música en la
catedral durante la Guerra Civil, lo cual nos ha permitido la recuperación de
la música de la catedral que data de finales del siglo XIX. Igualmente, fue un
copista consumado y un gran coleccionista de obras sacras y profanas que hoy se
guardan en su legado, cuyo estudio ha permitido la reconstrucción de la
historia de la música culta en Ciudad Real y en su Santa Iglesia Prioral.
El Camino Manchego o
Camino de Santiago Manchego comienza en Ciudad Real, y en sentido norte conduce
a los peregrinos hacia Toledo, donde se juntan con los que se dirigen a
Santiago por el Camino de Levante.
El Camino Manchego es una
antigua ruta jacobea que a través de 120 kilómetros discurre entre las ciudades
de Ciudad Real y Toledo donde se une al Camino del Sureste para continuar a
Santiago de Compostela. Es un histórico Camino de Santiago que utilizó el
antiguo Camino Real que unía ambas ciudades, que también es parte de la cañada
Real de las Merinas, y que ha sobrevivido milagrosamente en la mayor parte del
recorrido. Este camino ostenta con justicia el título de Camino Jacobeo.
Está documentada la
utilización del Camino Manchego en varias ocasiones: fue utilizado para llegar
hasta la ciudad del Apóstol por un ejército de cruzados que el en siglo XIII se
sumó al ejército de Alfonso VIII que vencería al ejército musulmán en la batalla
de las Navas de Tolosa.
Además, este camino fue
utilizado por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz en su labor de fundación de
conventos de sus respectivas órdenes; canónigos procedentes de Granada lo
utilizaron para peregrinar a Compostela en el siglo XVII. Un tramo es usado por
los manchegos que peregrinan hasta el Cristo de Urda, uno de los pocos lugares
del mundo que pueden conceder indulgencia plenaria en años jubilares.
El Camino Manchego tiene
un alto interés histórico. En el camino se encuentran localidades como Malagón,
donde se encuentra una de las últimas fundaciones de Santa Teresa de Jesús, la
citada Urda, con su santuario del Cristo de la Vera Cruz, Los Yébenes, Orgaz,
Sonseca, Ajofrin y la propia Toledo, declarada Patrimonio de la Humanidad.
Vicente Palomares García en la
presentación del libro el pasado miércoles 8 de abril en el claustro del Convento
de la Merced
El ojo clínico y el buen
hacer, y saber, del maestro, escritor e investigador Vicente Palomares García
le han encaminado, en esta ocasión, hacia la investigación de un artista de los
pinceles olvidado pero con un bagaje enorme y una prolífica obra de miles de
pinturas localizadas en museos, embajadas, universidades, colecciones
privadas...
El fruto de la compleja e
interesante investigación ha sido el libro Jesús Molina García (1903-1968) El
impacto de la guerra civil en un pintor republicano, escrita no sólo por
Palomares sino por otros dos eruditos de la época histórica y del arte que no
dudaron ni un segundo en embarcarse en el proyecto. Así, Vicente Palomares ha
realizado la parte biográfica de Jesús Molina, el historiador y catedrático de
la UCLM Francisco Alía Miranda, ha desempolvado la historia del artista durante
la guerra civil basada en los diarios del propio pintor; y el doctor en
Historia del Arte Javier García-Luengo Manchado ha repasado su trayectoria
artística. La publicación ha sido editada por Ediciones de la Universidad de
Castilla-La Mancha y Editorial Cuarto Centenario Colección Serie Memoria
Democrática de Castilla-La Mancha.
El libro será presentado
el próximo miércoles, 8 de abril, a las 19 horas, en el claustro del Convento
de la Merced. Con entrada libre hasta completar aforo.
Jesús Molina García en su exposición
en la sala Vayreda. 1965. Barcelona.
En conversación previa
con ayeryhoynews, Vicente Palomares nos cuenta cuál fue la principal
motivación. El estudio de una obra anterior sobre Miguel Pérez Molina, familiar
del pintor, le llevó en 2018 al hogar de Juan Pérez Serrano -sobrino nieto de
Pérez Molina- donde, en medio de la entrevista, se vio deslumbrado por un
magnífico óleo de su tío abuelo. Al preguntar por su autoría, Pérez Serrano,
tristemente desaparecido, le comentó que era de Jesús Molina, y aprovechó para
enseñarle otros cuadros más de su autoría. Suficiente para prender la mecha de
lo que ha sido, según el propio Palomares, un apasionante recorrido de ocho
años culminado ahora con la publicación.
A volapié se le cuelan a
Vicente Palomares muchísimas anécdotas de aquella entrevista con Pérez Serrano,
como que su otro tío abuelo, José Pérez Molina, y su esposa Adela Ayala,
rechazaron una exquisita obra del pintor, titulada La gitana, por llevar desnudo
uno de los pechos. "¿Dónde vas con esa indecencia Jesús?, eso no pasa a
esta casa", le espetó la señora Adela Ayala. De inmediato, Jesús Molina
simuló la teta pintando una mantilla encima.
La gitana, óleo (1920-1925).
Colección particular (Ciudad Real)
Como si de la búsqueda de
un tesoro se tratase, (más que un tesoro, se trataba de recuperar la memoria de
un gran artista), casi todas las fuentes orales consultadas, la familia Pérez
Serrano, los familiares de Barrenengoa, Pepe Pérez... colaboraron. Acto
seguido, Vicente Palomares indagó en internet descubriendo que Jesús Molina,
nacido en Zamora pero residente en Ciudad Real durante su infancia y
adolescencia, fue Premio Nacional de Pintura en 1944 por la magnífica obra
Mujer en amarillo, había participado en la Exposición Internacional de París de
1937 junto a artistas como Dalí o Picasso -que participó con el reconocido
Guernica-; cuenta con 13 pinturas en el Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía de Madrid, en el Museo del Ejército de Toledo,en
Sevilla, en embajadas, en el extranjero, en la Universidad de Princeton; había
estado becado en la Academia de España en Roma junto a otros pintores insignes
de la provincia como Gregorio Prieto y un largo etcétera.
El tercer punto de
investigación fue el propio hijo del artista, Rafael Molina, quien "ha
colaborado en todo lo que le hemos solicitado, es más, no conocía a sus
familiares de Ciudad Real y viajó hasta la ciudad a conocerlos, para sorpresa y
entusiasmo de todos".
Portada del libro
Jesús Molina: gran dibujante, retratista y
copista
Excelso dibujante, gran
retratista, copista de obras del Museo del Prado de Goya, Velázquez, Ribera...,
Jesús Molina García cuenta con una extensa obra, mucha en manos de colecciones
privadas y otra gran parte distribuida por todo el país y en el mundo. Gracias
a la investigación realizada para el libro, en la provincia se han localizado
al menos 15 obras en manos de familiares, una más en la Escuela de Arte de
Ciudad Real, donde fue alumno; un retrato a carboncillo de un antiguo compañero
en la Escuela, así como otra en el museo de Valdepeñas.
Se da la circunstancia de
que los dos óleos y las acuarelas que expuso en París en 1937, por las que
obtiene una medalla de oro, se perdieron hallándose casualmente en 2010 en
Barcelona. El hijo de Jesús Molina, nos cuenta Vicente, tuvo que litigar con la
Generalitat de Cataluña porque no quería deshacerse de esas obras, cuando en
realidad no había pagado nada por ellas, tal y como demostraron los diarios de
guerra de su padre. Finalmente, los herederos del pintor donaron estos cuadros
al Reina Sofía, "al parecer, Jesús Molina quería que esas pinturas se
exhibieran en un sitio público para que la gente conociera el horror de la
guerra y aprendiera a evitarla", apostilla Palomares.
En los diarios de guerra
escritos de su puño y letra de 1936 a 1939, Jesús Molina narra la miseria
propia y ajenas con motivo de la contienda bélica. Hambre, pobreza y muerte que
traslada a sus cuadros, pintados en ocasiones con material barato -ceras, carboncillo
o acuarela- por la escasez de alimentos y de todo en esa época. Un momento
personal especialmente triste para Jesús Molina fue la muerte de su hermano
Ramón en la guerra.
Concentración de tropas, oleó sobre
lienzo, 63 X 134 cm. (1937). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia
En el plano personal,
Vicente Palomares lo describe como una persona tremendamente culta:
"dominaba el francés y el italiano; era un apasionado de la lectura, de
los grandes clásicos, también de Maquiavelo y de todas las historias del arte,
de filosofía... Adoraba la música clásica, disponía de una pequeña radio que le
acompañaba a todas partes, pero si tenía
dinero, acudía a conciertos de música clásica. Era gran amigo de Enrique Tierno
Galván y de Camilo José Cela, entre otros".
En el aspecto político,
Jesús Molina era un republicano convencido, aunque no militante, apoyando al
gobierno en todo lo que su profesión de pintor le permitía, confeccionando
cartelería, litografía para alentar a los combatientes republicanos. Con el paso
del tiempo, explica Palomares, Jesús Molina se va desencantando del régimen
republicano, "por la desunión de sus miembros, la huida de los dirigentes
hacia otros lugares, etc.".
Tetuán de las victorias, acuarela sobre papel, 50 X 64 cm (1937). Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofia
En el plano artístico, el
pintor da un giro radical en su obra con la llegada de la guerra civil, que
pasó en Madrid, "el color de su pintura se apaga, especialista del arte
figurativo, sus maravillosos desnudos, bodegones de flores, y aparecen tonalidades
muy grises, negras, o en contraste con rojos". Describe la realidad social
del momento, pintando a mendigos, gitanos, escenas circenses, mujeres
cosiendo... pero para poder subsistir pinta retratos también a la burguesía de
Madrid. La etapa final de Jesús Molina será de nuevo otro cambio de registro
hacia el impresionismo, neocubismo... indagando en las nuevas corrientes
pictóricas de moda a finales de los 50 y 60.
Preguntado por qué motivo
no ha trascendido el nombre de Jesús Molina, Vicente Palomares subraya el hecho
de que no tuvo nunca marchante o un representante como otros artistas de la
época, léase Picasso, "eso ha hecho que no haya triunfado o no se le haya
recordado como a otros". De ahí el objetivo de esta publicación y la
prolija investigación llevada a cabo durante años: honrar y recuperar la
memoria de Jesús Molina García.
El pasado Lunes Santo CRTV en el apartado “Cultura
Real” emitía una entrevista a un ciudadrealeño que tenía un sueño, un sueño que
se está haciendo realidad. Escultor y pintor, sevillano de adopción... su
corazón está dividido, pero es tan grande que sabe llenar cada hueco con su
arte. La vida de Luis Fernando Ramírez Mata la está diseñando a golpe de
martillo y de pincel, dejándose la piel y las manos en cada obra. Nos ha
regalado una entrevista muy personal, gracias maestro por tu generosidad.
La incorporación de muchos jóvenes,en líneas
generales, a las cuadrillas de costaleros de nuestra Semana Santa ha hecho que
estas gocen de buena salud, duplicando las cuadrillas de muchos pasos, como por
ejemplo el paso de Jesús de la Bondad de la Cofradía Flagelación.
Las cofradías deben saber a quién ponen al
frente de sus respectivos pasos, si tienen la formación necesaria para asumir
un martillo, no por el simple hecho de haber salido de costalero se tiene
conocimiento para dirigir un paso e igualar los costaleros, porque la salud de
los costaleros depende mucho de una buena iguala. La juventud es cada vez más
exigente en el mundo del costal, y se deciden a formar parte de una cuadrilla u
otra depende de su devoción hacia cualquier imagen del Cristo y de la Virgen en
algunos casos, y una gran parte de la persona elegida para ser capataz, que les
de confianza y seriedad a la hora de ensayar.
Los capataces están al servicio de la
hermandad o cofradía y no la cofradía a su servicio. Afirmo esta expresión,
porque gracias a Dios cada vez son más las cofradías en las cuales el capataz
esta a las ordenes de los diputados que organizan el cortejo, pero aún hay
cofradías y hermandades donde el ritmo de caminar lo marca el capataz sin que
nadie les diga cuando tienen que parar o andar, y por este motivo el paso de
ciertas hermandades se hace eterno, como el discurrir de la Hermandad de
Nuestra Señora de los Dolores (Ave María) la tarde del Viernes Santo, con
paradas muy largas y andar sobre los pies, rompiendo con ello el discurrir
fluido de la hermandad.
Siempre he manifestado que un paso es
igual de digno llevado por costaleros que sobre ruedas, por lo que no hay que
obsesionarse con sacar de cualquier forma un paso con costaleros y menos aún si
no han ensayado ni una vez, y así nos evitaríamos situaciones como la creada la
mañana del Viernes Santo con el paso de Jesús Caído. Hay que preocuparse más en
sacar cortejos dignos que portar los pasos con costaleros. Reseñar la actuación
de auxilio de los costaleros de la Oración en el Huerto, que una vez acabada su
estación de penitencia, acudieron a auxiliar a la Hermandad de Jesús Caído para
que entrara en San Pedro sin grandes problemas.
EXORNO FLORALES-ACOMPAÑAMIENTOS MUSICALES
El exorno floral de los pasos de nuestra
Semana Santa son cada vez más cuidados con propuestas variadas. Se han visto
composiciones atrevidas, junto a otras más clásicas. En los pasos de misterio
han predominado las combinaciones florales, mientras que en los palios la rosa
ha sido la gran protagonista. En general, el nivel floral de este año ha sido bueno.
Hay que destacar la excepcional labor de
las bandas de música, agrupaciones y capillas musicales, corales y bandas de
cornetas y tambores que han procesionado por Ciudad Real acompañando a los
pasos. El nivel cada vez es mayor y eso repercute notablemente en la salida
procesional, en la presencia y el sentido responsable de la cofradía en la
calle, con repertorios en la mayoría de las veces muy cuidados y analizados por
las cofradías.
La saeta atraviesa un momento
delicado en nuestra Semana Santa, hemos pasado de tener en los años ochenta y
noventa el canto de hasta 10 saetas a lo largo del recorrido a cualquier paso
de nuestra Semana Santa, a no recibir el canto de ninguna en la actualidad en
la mayoría de las hermandades.
Alguna de las cofradías de nuestra Semana
Santa no puede quedar atrapada en la nostalgia de otros tiempos, y defender que
como siempre ha sido así su presencia en la calle debe seguir así. Debe adaptarse
a los tiempos con altura de miras, ya que es imprescindible para su
supervivencia. La misma iglesia cambio la liturgia de Semana Santa, que durante
siglos había mantenido para adaptarla al siglo XX, porque lo que una hermandad
también puede cambiar horarios, forma de portar los pasos y acompañamiento
musical, o con el paso de los años el mantenimiento de una forma de entender la
Semana Santa que no atrae a la juventud acabará
con la propia hermandad.
Muchas cofradías continúan avanzando en
búsqueda de la excelencia, aumentando su patrimonio destacando este año el
avance en el dorado en los pasos de Jesús de la Bondad, Oración en el Huerto y
Cristo de la Piedad, la finalización de la crestería del paso de las Palmas, el
tallado de la canastilla del Encuentro, el nuevo manto de la Virgen del
Consuelo, el nuevo paso del Cristo de la Caridad, la restauración de las
imágenes secundarias del paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén, de Jesús de
las Penas, Poncio Pilatos de la
Hermandad del Ecce-Homo y Nuestra Señora de Soledad. Todo ello demuestra una
apuesta por la calidad y conservación del patrimonio que debe marcar el camino
a seguir en los próximos años.
Quiero destacar la figura del Obispo, D.
Abilio Martínez Varea, presente en nuestra Semana Santa presenciando o
presidiendo el paso de muchas cofradías, algo que no veíamos en nuestra Semana
Santa desde hace décadas y desde tiempos de D. Juan Hervás, mostrándose cercano
y generoso en el trato, animando a los fieles a participar y ver las
procesiones. Esperemos que su presencia en este año continúe en años venideros compartiendo
la fe del pueblo en las calles.
El balance turístico de la recién
finalizada Semana Santa en Ciudad Real arroja unos datos muy positivos para la
capital, donde destaca el crecimiento de turistas que han visitado nuestra
Semana Santa con una ocupación hotelera del 80% y 90% y acercándose al 100% de
ocupación en algunos de los días principales de la celebración. Y entre las
novedades de este año el seguimiento de las procesiones por GPS que ha contado
con cerca de 50.000 consultas. Además, las retransmisiones en directo de la
Televisión Municipal han tenido una audiencia muy elevada, reflejo del interés
de la ciudad en su Semana Santa, con más de 46.000 visualizaciones solo en su
canal de Youtube, a los que hay que añadir los espectadores del canal TDT (en
el que no se ha realizado un estudio de audiencia). Lo que demuestra que la
gran semana y fiesta principal de la ciudad es la Semana Santa.
Esta ha sido la última celebración de la
Semana Santa de la actual Comisión Permanente. El horizonte electoral ya se
vislumbra, y la nueva Comisión que salga de las urnas tiene grandes retos como adaptar
estatutos y régimen interno de la propia Asociación, recobrar la actividad
perdida hace años, sacar a la calle en tiempo publicaciones y organizar una
Semana Santa en la cual la buena labor y puesta en la calle de muchas
cofradías, se ve empañada por los cortes y retrasos de otras sin justificación
alguna. También la nueva Comisión Permanente tiene que preocuparse por
adecentar aún más el Guardapasos y gestionar bien el tema de las Terreras.
Grandes retos que marcaran el futuro de nuestra Semana Santa.