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sábado, 7 de julio de 2018

EL ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED: BIEN DE INTERÉS CULTURAL CON LA CATEGORÍA DE MONUMENTO


Las fotografías de esta entrada son de Emiliano Cifuentes de la página Ciudad-Real.es

Culminada la tramitación del expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural del “Convento de la Merced” (antiguo Instituto Santa María de Alarcos), en Ciudad Real, conforme a las prescripciones establecidas por la normativa vigente sobre Patrimonio Histórico, la Consejería de Educación, Ciencia y Cultura, considera, vistos los informes y datos técnicos pertinentes, que el mencionado bien reúne los valores históricos necesarios para gozar de la protección que la legislación vigente dispensa a los Bienes de Interés Cultural; por lo que entiende procedente su declaración como tal, con la categoría de Monumento.

En consecuencia, y de acuerdo con lo establecido en el artículo 9 apartado 2 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (interpretado conforme a la Sentencia 17/1991, de 31 de enero, del Tribunal Constitucional), con el artículo 11.2 del Real Decreto 111/1986, de 10 de enero, de desarrollo reglamentario de la citada Ley (en la redacción dada a dicho precepto por el también Real Decreto 64/1994, de 21 de enero) y con los artículos 6 y 10 de la Ley 4/1990, de 30 de mayo, del Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha, a propuesta de la Consejera de Educación, Ciencia y Cultura, y previa deliberación en su reunión del día 3 de agosto de 2010, y en uso de las competencias atribuidas, el Consejo de Gobierno acuerda:


Primero.- Declarar Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, el “Convento de la Merced” (antiguo Instituto Santa María de Alarcos), en Ciudad Real. cuya descripción y entorno afectado por la presente declaración, figuran como anexo al presente Acuerdo.

Segundo.- Proceder a la publicación del presente acuerdo en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha y comunicar la misma al Ministerio de Cultura a efectos de su inscripción en el Registro General de Bienes de Interés Cultural.

Contra este acuerdo, que pone fin a la vía administrativa, cabe interponer, en el plazo de dos meses, a contar desde el día siguiente al de la publicación, recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Castilla-La Mancha, conforme a lo dispuesto en los artículos 10 y 46 de la Ley 29/1998, de 13 de julio, Reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa. Asimismo, cabe interponer potestativamente recurso de reposición en vía administrativa, según establecen los artículos 116 y 117 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Toledo, 3 de agosto de 2010
El Secretario del Consejo de Gobierno
SANTIAGO MORENO GONZÁLEZ


Anexo

Descripción

El Convento de la Merced se localiza en el Centro Histórico de Ciudad Real, como remate de una manzana urbana que comparte con la actual Diputación Provincial. El edificio tiene su fachada principal, al Oeste, sobre la Plaza de los Mercedarios, en el margen derecho de la calle Caballeros.

Además de esta fachada posee otras dos, secundarias, la más representativa sobre el Pasaje de la Merced (sur), llegando hasta la actual Iglesia de la Merced, antiguamente, integrante del propio convento y hoy independiente y dedicada al culto diario. Sobre la calle La Rosa (norte) se extiende la tercera fachada, hasta el edificio de la Diputación.

A lo largo de la calle La Rosa se localiza un edificio, del primer tercio del siglo XX, anexo al antiguo convento, que estuvo destinado en un principio a viviendas y posteriormente a dependencias del Instituto de Enseñanza Secundaria Sta. María de Alarcos, ocupando éste la totalidad de los edificios referidos desde el año 1843 hasta 1995, fecha en que cerró sus puertas para trasladarse a un nuevo edificio en la Ronda de Alarcos.



El Convento de la Merced fue fundado en 1613, si bien las obras comenzaron en 1621 tras la adquisición y posterior demolición de varias casas ubicadas en su actual solar, poniéndose la primera piedra en 1622.

Se desconoce la autoría de las trazas del convento y la iglesia, si bien se sospecha que fueran obra de un religioso de la propia orden, costumbre habitual en la arquitectura religiosa del siglo XVII. El que fuera Convento de los Mercedarios Descalzos de Ciudad Real, estaba formado por la Iglesia actual, todo el edificio del que fue Instituto de Enseñanza Secundaria de Nuestra Señora de Alarcos y parte del actual Palacio de la Diputación, apareciendo la Iglesia empotrada entre los dos edificios.

El Convento fue objeto de desamortización y suprimido en 1835. Posteriormente, el edificio pasó a propiedad de la Diputación Provincial. En 2002, la Diputación revierte el inmueble al Estado y finalmente se produce la segregación y cesión del antiguo convento a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para uso cultural.

El edificio original del Convento de los Mercedarios se extendía a lo largo del Pasaje de la Merced, desde su fachada principal sobre la Plaza de los Mercedarios, hasta el edificio actual de la Diputación, situándose entre ambos edificios la Iglesia de la Merced, perteneciente también al complejo conventual. Posteriormente, el edificio sufrió una ampliación en sus tres primeras crujías hasta la calle La Rosa. En su estado actual, la plaza en que se ubica la fachada principal, en la calle Caballeros, es de traza moderna, ya todo su espacio correspondía al Huerto del Convento y posteriormente al jardín botánico del Instituto.


El esquema compositivo del convento se estructuraba en torno a dos patios, uno inicial de menor importancia y el segundo que se corresponde con el claustro del convento al que se adosa, en su lado Este, la Iglesia de la Merced (Santa María del Prado); mientras que éste permanece en su traza original, aquel quedó prácticamente cubierto al incluir en él, en el siglo XIX una escalera de tipo palaciego, como acceso a la planta alta del Instituto.

El claustro responde a la tipología de claustro barroco, con un cierto clasicismo. Se compone de arcos de medio punto sobre pilastras impostadas. Aún se conserva la bóveda barroca con pequeñas adaptaciones realizadas en el siglo XIX. Así, las galerías se cubren con bóvedas de cañón, arcos fajones y lunetos, conservando su estado primitivo. Sus muros de fachada están realizados con ladrillo de tejar, al igual que la plementería de la bóveda. Todo ello estaba revocado con mortero de cal.

Al exterior, la fachada consta de una sencilla portada adintelada en piedra a cuyos lados se conservan paramentos con sillares almohadillados. El resto es una composición simétrica en cuanto a distribución de elementos, articulada por un moldurado de grandes pilastras como elemento sustentante de impostas y cornisa.

Se han descubierto pinturas murales en la planta alta, similares a las descubiertas en la Iglesia de la Merced, así como dos estancias subterráneas.


Objeto de la declaración

Inmueble correspondiente al “Convento de la Merced”, localizado en Ciudad Real.

Entorno de protección

Vendría definido por:

Manzana: 96600, parcelas 01, 02 y 04, completas, y 03, parcial, la parte no incluida en el objeto, según plano.
Manzana: 96590, parcelas 01, 02 y 03, completas.
Manzana: 95600, parcelas 05 y 06, completas.
Manzana: 96610, parcelas 07, 08, 09 y 12, completas.
Manzana: 97620, parcelas 06 y 07, completas.
Manzana: 97606, parcelas 01, 02 y 14, completas.

El entorno de protección afecta, asimismo, a todos los espacios públicos contenidos por la línea que bordea el perímetro exterior de las citadas manzanas y parcelas y las une entre sí.

Se juzga necesario posibilitar el control administrativo establecido en la legalidad de Patrimonio Histórico sobre el entorno de protección señalado, en razón de que cualquier intervención en él se considera susceptible de afectar negativamente a la conservación o a la contemplación del bien objeto de tutela.

Diario Oficial de Castilla-La Mancha Año XXIX Núm. 153, 10 de agosto de 2010


jueves, 5 de julio de 2018

LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS EN EL ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED (V Y ÚLTIMO)


Detalle de los restos óseos humanos localizados en los enterramientos de las galerías del claustro

Restos Óseos. En todos los sondeos se han documentado restos óseos perteneciente a animales que, posiblemente, formaban parte de la diete alimenticia de los moradores del edificio. En ningún caso tenían conexión anatómica, ya que se trata de fragmentos de despiece. Los más abundantes pertenecen a ovicápridos, posiblemente corderos, cerdos y también hay numerosos restos de conejo y ave.

También se encontraron huesos pertenecientes a otras especies domésticas, gatos y perros, como así lo atestiguan restos de sus cráneos.

No hay que olvidar el hallazgo de huesos en las galerías del claustro, tema ya tratado en el apartado correspondiente a esa zona del edificio.

Entre las piezas metálicas halladas hay clavos, remaches, restos de una llave y un picaporte. Todos ellos realizados en hierro y muy deteriorados

Otras huellas: Vidrio y metal

El metal documentado es escaso, siendo todo de hierro. Los elementos recuperados están en muy mal estado de conservación y en proceso de corrosión muy avanzado. Se trata principalmente de clavos y remaches de diferentes tipos.

Junto a este tipo de piezas encontramos otras como los restos de una llave y un picaporte de ventana o puerta de doble hoja. Otras fragmentos localizados están tan degradados, que no podemos determinar a qué pieza pertenecen.

Otro elemento metálico documentado en hierro son las hebillas de cinturón localizadas en los enterramientos de la esquina noreste de la galería del claustro. Se trata de tres piezas del mismo tamaño y forma circular, pertenecientes al hábito de los frailes. No han sido recogidas, tan sólo se han fotografiado, dejándolas en el mismo lugar en el que aparecieron, ya que estaban en muy mal estado de conservación y formaban parte de los enterramientos.

No han aparecido otros tipos de metales, ni siquiera, cobre, bronce, plomo o latón, así como tampoco se han encontrado piezas tan comunes como cuchillos, cucharas, tenazas, ganchos o tijeras.

Detalle de las hebillas metálicas pertenecientes a los hábitos de los frailes enterrados en el claustro

Por último, apenas ha sido posible recuperar unos fragmentos de cristal, de alguna botella o vaso, en los sondeos realizados en distintas zonas del inmueble, excepto en la entrada a la cueva localizada en la zona de la escalera de emergencia. En este lugar han sido hallados muchos restos de cenizas mezcladas con cerámicas, huesos de comida, escombros y numerosos recipientes de cristal. Estos vidrios se utilizaron para guardar diversos tipos de medicamentos, tanto pastillas como jarabes, agua oxigenada, potasio; y también para colonia, tinta o licores.

Los tamaños son variados, así como las formas, documentándose distintos tipo de botellitas, frascos y pomillos. También hay recipientes de diferentes colores como varios tonos de verde, azul, ámbar y transparente.

Fuente: “Un Convento, Un Instituto, Un Museo”. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha 2005.

Los recipientes de vidrio localizados en la entrada a la cueva han sido numerosos y variados en formas, tamaños y colores

LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS EN EL ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED (IV)


Lebrillo de 10,5 cm de alto, 18,5 cm de diámetro de base y 30 cm en el arranque del borde desaparecido. Recipiente multiusos de paredes exvasadas y fondo plano. Está vidriado en melado con motivos decorativos en amarillo al interior y salpicaduras y correones al exterior. Siglos XVIII-XIX.

Fragmento de cazuela de 5 cm de alto y 19 cm de diámetro de boca. Recipiente de paredes levantadas a partir de la carena del centro de la panza, de borde saliente y labio de sección redondeada. Las paredes están alisadas y presentan restos de humo por la acción del fuego. Siglos XVII-XVIII.

Olla de 18,5 cm de alto, 11 cm de diámetro de boca y 8 cm de base. Recipiente destinado a la preparación de alimentos, de cuerpo globular con un estrechamiento a la altura del cuello, labio recto y labio de sección redondeada y base plana. Tiene un asa en cinta que une el labio con la panza. Está vidriado marrón al interior y en parte de la superficie exterior. Conserva restos de la acción del fuego en la base y en el cuerpo. Siglos XVII-XVIII.

Fragmento de cazuela de 3,5 cm de alto y 18 cm de diámetro de boca. Recipiente destinado a la preparación y presentación de viandas, de paredes levantadas a partir de la carena del centro de la panza, de borde saliente y labio redondeado. Presenta paredes alisadas con restos de engobe claro. Siglos XVII-XVIII.

Lebrillo de 7,5 cm de alto, 25 cm de diámetro de boca y 14,5 cm de base. Recipiente de paredes exvasadas, borde entrante y labio con acanaladura para encajar una tapadera y fondo plano. Está esmaltado en melado al interior con algún chorreón al exterior. Siglos XVII-XVIII.

Ollita de 5 cm de alto y 4 cm de diámetro de fondo. Recipiente de cuerpo globular con dos bandas marcadas en la plaza, donde hay restos de arcilla de pegar el asa, y cuello marcado con línea incisa, fondo cóncavo al interior y plano al exterior, con anillo de solero. Pasta anaranjada de paredes muy finas alisadas. Siglos XVII-XVIII.

 Recipientes de uso cotidiano. Se trata de piezas que se utilizaban para otras actividades diferentes a las descritas anteriormente, pero empleadas a diario, como es el caso de los bacines u orinales, de los que se han encontrado varios ejemplares. Este tipo de vasijas documentadas están realizadas en cerámica esmaltada en blanco, generalmente decorada.


Bacín de 14 cm de alto, 22 cm de diámetro de boca y 13 cm de base. Recipiente de cuerpo semiglobular, borde saliente, labio redondeado, asa de cinta, fondo algo cóncavo y pie anular. Presenta superficies esmaltadas en blanco, decorado al exterior con motivos vegetales y geométricos policromados. Tiene en la base las iniciales de su dueño. Talavera. Siglo XIX.

Bacín de 14 cm de alto, 22 de diámetro de boca y 13 cm de base, cuerpo semiglobular, borde saliente, labio redondeado, asa de cinta, fondo cóncavo al interior y plano de pie anular al exterior. Presenta superficies esmaltadas en blanco sin decoración alguna. Siglos XIX-XX.

Especiero de 4 cm de alto, base rectangular con dos extremos redondeados, posee un frente rectangular de 8,5 x 4 cm, con superficies esmaltadas en blanco y fondo plano con el sello grabado del taller. Siglos XIX-XX.


Fuente: “Un Convento, Un Instituto, Un Museo”. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha 2005.

miércoles, 4 de julio de 2018

LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS EN EL ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED (III)


Cántaro de 34,5 cm de altura, 10 cm de diámetro de boca y 10 cm de base, pasta rojiza, cuerpo periforme con un estrechamiento a la altura del cuello, recto y con una estría en el centro y borde recto de labio engrosado al exterior. Fondo plano. Conserva un asa de cinta que une el centro del cuello y la mitad de la panza. Tiene algún chorreón de vidriado marrón al exterior. Recipiente destinado a contener y acarrear líquidos. Siglo XVIII-XIX.

Vajilla Común. Dentro de la vajilla común, se hace distinción entre los recipientes destinados a la distribución de productos y numerosas vasijas de cocina, tanto vidriados como sin vidriar. Entre la cerámica común encontramos fragmentos de recipientes a torno, de pastas anaranjadas y amarillentas, desgrasantes minerales de grano fino y medio, cocción oxidante y mixta, paredes alisadas y ligeramente engobadas, que pertenecen a arcaduces, cántaros, cantimploras y jarras, utilizados para el acarreo del agua y lebrillos.

Fragmento de jarra de 11,4 cm de altura y 12 cm de diámetro de boca, hecha a torno de pasta amarillenta con desgrasantes minerales finos, cocción oxidante y paredes alisadas. Recipiente destinado a contener y servir líquidos, de borde entrante y labio recto con molduras que delimitan un espacio decorado con rehundidos alveolares. Siglo XVII.

Fragmento de cantimplora de 16 cm de alto. Recipiente para el agua, de cuerpo esférico de sección ovalada, cuello marcado con boca estrecha y un asa ocupando el centro de la panza. Paredes alisadas. Siglos XVII-XVIII.

Fragmento de arcaduz de 7 cm de alto y 18 cm de diámetro de boca. Recipiente para sacar agua de un pozo de noria, borde recto con labio redondeado, de pasta anaranjada, desgrasantes minerales finos y medios, cocción en atmósfera oxidante y paredes alisadas. Siglos XVIII-XIX.

Fragmento de jarra de 14 cm de altura y de 9 cm de diámetro de boca, pasta anaranjada, desgrasantes finos, cocción oxidante y paredes alisadas. Recipiente de tamaño medio destinado a contener y servir líquidos, de cuerpo periforme, cuello estrangulado, boca trilobulada, borde ligeramente interno, labio redondeado con moldura al exterior y varias líneas incisas en cuello y hombros. Siglos XVII-XVIII.

Puchero de 37, 5 cm de altura, 18 cm de diámetro de boca y 10 cm de diámetro de fondo. Borde recto, labio redondeado con un estrechamiento a la altura del cuello, cuerpo periforme y fondo plano; cerámica a torno con pasta pardo rojiza y desgrasantes minerales de tamaño grueso y medio, cocción oxidante con vedrío verde al interior y chorreones al exterior, presenta las paredes ennegrecidas por la acción del fuego. Tenía un asa en cinta, cuyo fragmento no se ha podido añadir al resto del recipiente. Se destinaba a la preparación de alimentos. Siglo XVII.

En cuanto a la vajilla de cocina se caracteriza por ser una cerámica a torno, con pasa pardo rojiza y desgrasantes minerales de tamaño grueso y medio, cocción oxidante, que presenta acabados con vedrío en tonos marrones, melados y verdes al interior y chorreones al exterior sin cubrir las superficies o simplemente alisados o con un ligero englobe. De este tipo documentamos fragmentos pertenecientes a pucheros con superficies quemadas, ollas, tapaderas, cazuelas y lebrillos.

Fragmento de cazuela de 4 cm de altura y 22 cm de diámetro de borde ligeramente saliente marcado con una hendidura en su parte inferior y labio plano, de pasta anaranjada, desgrasantes minerales finos, cocción oxidante y superficies con engobe claro. Se utilizaba para servir alimentos.

Fragmento de puchero de 24,5 cm de alto y 11 cm de diámetro de base, pasta rojiza con correones de esmalte verde melado al exterior. Tiene cuerpo periforme y un asa en cinta, con fondo plano. Presenta la pared ennegrecida por la acción del fuego y varias marcas de atifle. Siglos XVII-XVIII.

Fragmento de cazuela carenada de 3,5 cm de altura y 22 cm de diámetro, de borde plano y labio saliente, pasta rojiza con desgrasantes finos, cocción oxidante y superficies alisadas. Recipiente para el servicio de mesa. Siglos XVI-XVII.

Fuente: “Un Convento, Un Instituto, Un Museo”. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha 2005.

martes, 3 de julio de 2018

LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS EN EL ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED (II)


Plato de 2.5 cm de alto, 24 cm de diámetro y 14 cm de base a torno de plasta blanca. Recipiente para la presentación de viandas, borde abierto, labio redondeado, fondo plano, ala cóncava de tramos gallonados y solero rehundido. Superficies esmaltadas en blanco con motivos decorativos en el anverso en marrón oscuro. Presenta decoración floral, geométrica y exótica. Porcelana de la Cartuja de Sevilla. Siglo XIX.

Destaca la cerámica esmaltada en blanco de pastas anaranjadas y amarillentas. Algunas piezas presentan decoración en azul cobalto con motivos vegetales o simples líneas en el borde, pero también los hay esmaltados en tonos azules, en verde claro y azul, marrón anaranjado, amarillo y verde, con dibujos vegetales y cenefas, producciones típicas de los alfares de Talavera, entre las que abundan cuencos o escudillas, fuentes, jarras, platos y tazas.

Tacitas de café de 4.5 cm de altura, 5 cm de diámetro de boca y de base. Recipientes de cuerpo troncocónico, borde recto con arranque de asa y fondo plano rehundido. Presentan superficies esmaltadas en blanco sin decoración alguna. La Cartuja de Sevilla. Siglo XIX.

Plato de 2.5 cm de altura, 24.5 cm de diámetro de boca y 15 cm de base a torno de plasta blanca. Recipiente destinado al servicio y presentación de viandas, de borde abierto y labio redondeado, fondo plano, ala cóncava de tramos gallonados y solero rehundido. Presenta superficies esmaltadas en blanco con motivos decorativos en el anverso en marrón oscuro. En el ala hay motivos florales alternando con geométricos y una escena exótica con arquitectura y paisajes orientales en el fondo. Porcelana de la Cartuja de Sevilla. Siglo XIX.

También se han encontrado piezas de vajillas procedentes de talleres de La Cartuja de Sevilla, pertenecientes a platos y tazas, decoradas en tono marrón, negro o rojo, con guirnaldas, rosas y margaritas, que enmarcan escenas campestres idílicas con arquitecturas orientales al fondo y animales. Resultan muy refinadas y exóticas, imitando a las porcelanas inglesas. Estas piezas comienzan a realizarse a mediados del siglo XIX.

Fragmentos de tacitas de café de 5 cm de alto y 5.4 cm de diámetro de boca y de fondo. Recipientes de cuerpo troncocónico, borde recto con arranque de asa y fondo cóncavo al interior y plano rehundido al exterior. Presentan superficies esmaltadas en blanco con decoración en negro, donde aparece una escena idílica con fuente escultórica, arquitecturas palaciegas y un lago con barcas y cisnes, en el interior el borde tiene restos de guirnalda. La Cartuja de Sevilla. Siglo XIX.

Fragmento de cazuela de 4.5 cm de altura y 16 cm de diámetro, de boca a torno de pasta rojiza, cocción oxidante, vidriado melado al interior y en el borde. Recipiente de borde exvasado ligeramente vuelto y labio de sección triangular. Destinado a la reparación de alimentos. Presenta restos de la acción del fuego en la cara externa de la pieza. Siglos XVII-XVIII.

La cerámica vidriada de mesa más corriente está realizada a torno con pastas rojizas y pardas, que tienen desgrasantes minerales, calcita, cuarcita y mica, de grano grueso y medio. La cocción se realiza en atmósfera oxidante y las superficies están vidriadas al interior y con chorreones al exterior, en tonos verdes, melados y marrones. Las formas más representadas son fuentes, cuencos y escudillas con marcas de atifles, redomas y jarras.

Fuente: “Un Convento, Un Instituto, Un Museo”. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha 2005.


Jarrita de 9.5 cm de alto, 8 cm de boca y 5 cm de base. Recipiente para líquidos, de pasta rojiza y superficies esmaltadas en melado, borde exvasado con cuello marcado y labio engrosado, tiene un asa en cinta y fondo plano.

Escudilla de 5cm de alto, 13 cm de diámetro de boca y 6 cm de base. Recipiente de cuerpo semiglobular de borde ligeramente entrante, labio redondeado y fondo plano. Está esmaltado al interior y con correones al exterior en verde melado. Presenta marcas de atifle al interior y al exterior. Siglo XVII.

Fragmento de escudilla de 4 cm de alto y 22 cm de diámetro de boca. Recipiente para preparar y servir alimentos, de cuerpo semiesférico, borde ligeramente entrante con labio de sección redondeada. Está vidriada al interior en verde con correones al exterior. Siglos XVII-XVIII.

Fragmento de cazuela de 5 cm de alto y 20 cm de diámetro de boca. Recipiente de cuerpo semiglobular de borde ligeramente entrante y labio redondeado. Está esmaltado al interior y con correones al exterior en marrón melado. Presenta marcas de atifle al exterior. Siglo XVII.

Fragmento de escudilla de 4 cm de alto y 28 cm de diámetro de boca. Recipiente para preparar y presentar viandas, de cuerpo semiglobular, borde ligeramente entrante con labio de sección triangular. Está vidriada al interior en marrón  rojizo con chorreones al exterior. Siglos XVII-XVIII.

Fragmento de escudilla de 4 cm de alto y 19 cm de diámetro de boca. Recipiente destinado a la presentación de alimentos, cuerpo de tendencia a la semiesfera, borde ligeramente entrante y labio de sección redondeada. Presenta borde e interior vidriados en marrón melado. Siglos XVII-XVIII.

Escudilla de 5.5 cm de alto, 13 cm de diámetro de boca y 4 cm de fondo. Recipiente destinado al consumo de viandas, carenado, borde sencillo y vertical, fondo cóncavo al interior y plano al exterior. Está esmaltada al interior en melado y presenta una mancha de vidriado verde. Siglos XVII-XVIII.

lunes, 2 de julio de 2018

LOS HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS EN EL ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED (I)


Fragmento de jícara de encargo que conserva una altura de 6.5 cm. ya que ha perdido el fondo y un diámetro de 8 cm; esmaltada en blanco, decorada en azul cobalto y aguada de azul con el escudo coronado de la Orden de la Merced circundado de elementos vegetales y un filete en azul cobalto bajo el labio. Recipiente de cuerpo cilíndrico que se estrecha en la parte inferior y labio ligeramente apuntado y vuelto; pieza utilizada como taza para tomar chocolate. El consumo de este producto está documentado, apareciendo datos sobre el gasto en reales para su compra en el libro de cuentas del convento del año 1777.

Durante las obras de restauración del antiguo Convento de la Merced y los trabajos de excavación y los diferentes sondeos efectuados durante el control y seguimiento arqueológico de la obra, han dado como fruto la localización en el inmueble de numerosas estructuras subterráneas y elementos arquitectónicos no documentados hasta ahora, pero también diversos restos de material arqueológico, sobre todo cerámicos y óseos, aunque también las hay metálicos y de vidrio.

Plato de 4.2 cm de altura, 23 cm de diámetro de boca y 11 cm de base. Recipiente destinado al servicio y presentación de viandas, de borde abierto y labio redondeado, fondo ligeramente cóncavo, ala convexa y solero rehundido. Presenta superficies esmaltadas en blanco con decoración en azul cobalto en el anverso. El ala aparece rematada por la característica hoja de palma alternada con helechos, enmarcada con dos líneas dobles., arriba y abajo. En el fondo aparece un motivo vegetal a modo de flor rodeada por una doble línea. Talavera. Siglo XVII.

Sótanos ocultos, cuevas ahondadas en la roca, antiguos enterramientos humanos, frescos del siglo XVII, restos de cerámicas… hallazgos, todos ellos, de gran valor cultural, huellas de otras épocas que nos acercan a la forma de vida, de sentir y de pensar de nuestros antepasados.

Asa torneada unida a un fragmento de jarra para servicio de líquidos en la mesa, de pasta amarillenta con desgrasantes minerales finos, cocción oxidante y superficies esmaltadas en blanco con restos de decoración en azul cobalto. Talavera. Siglo XVII.

Las cerámicas se han lavado y siglado para proceder a su inventario y clasificación, recogiéndose datos de cada uno de los estratos de procedencia, con diferenciación por tipos e indicación de la parte de la pieza a la que corresponden, como borde, galbo, fondo o asa. Para siglar la cerámica se han empleado las iniciales asignadas al edificio seguidas durante el último año de la intervención, ya que las obras se han desarrollado entre 2004 y 2005.

Escudilla de 5 cm de altura, 14 de diámetro de boca y 6 cm de base. Recipiente de cuerpo semiesférico, labio exvasado de sección redondeada y anillo de solero. Tiene superficies esmaltadas en blanco y presenta marcas de atifles en ambos lados. Siglo XVI-XVII.

Una vez realizado el inventario de los restos cerámicos hallados, se reconstruyeron las piezas que poseían varios fragmentos, procediendo a la descripción de las mismas y a la selección de las piezas más significativas y representativas de las distintas épocas en las que estuvo ocupado el inmueble.

El resto de los materiales es menos numeroso, pero indicativo de la evolución histórica del edificio.

Plato de 4.5 cm de alto, 21 cm de diámetro de boca y 9 cm de fondo. Recipiente destinado al servicio y presentación de viandas de cuerpo de tendencia semiesférica, borde saliente con labio de sección redondeada, fondo ligeramente cóncavo al interior y con solero rehundido al exterior. Vidriada en blando con una línea en el labio y un motivo vegetal esquematizado en el fondo en color azul, siglos XVII-XVIII.

LA CERÁMICA

Hay que destacar de las cerámicas su carácter fragmentario y parcial, ya que no se ha procedido a una excavación en extensión, siendo recogido dicho material en los distintos sondeos realizados durante las intervenciones supervisadas mediante control y seguimiento arqueológico.

En la mayoría de los casos los elementos hallados se encontraban en niveles de revuelto, como sucedió en los sondeos, o bien en estructuras en desuso y abandonadas, como ha sido el caso de la cueva o el aljibe. Además, casi no hay piezas enteras, encontrándose abundantes fragmentos que apenas aportan información sobre el diámetro y tamaño de la pieza o de sus motivos decorativos.

Plato de 2.5 cm de alto, 20 cm de diámetro de boca y 12 cm de fondo. Recipiente destinado al servicio y presentación de viandas, borde saliente con labio ondulado de sección redondeada y ala con una guirnalda en relieve punteada con palmetas, fondo plano y con solero rehundido al exterior. Está vidriado en blando con una línea azul en el ala remarcando un motivo floral policromado en el fondo en verde, azul y amarillo. Siglos XVIII-XIX.

No obstante, se han localizado distintos tipos de cerámicas documentadas en los diferentes sondeos y en las estructuras subterráneas. Todas ellas están realizadas a torno y pertenecen a vasijas de distintos tamaños y tipos, entre los que encontramos vajillas de mesa y vajillas comunes, además de otros recipientes de uso cotidiano.

Plato de 4 cm de alto, 23 cm de diámetro de boca y 13 cm de fondo. Recipiente destinado al servicio y presentación de viandas, de cuerpo de tendencia semiesférica, borde saliente con labio de sección redondeada. Fondo plano con solero rehundido al exterior. Presenta una línea en la pared al exterior y dos líneas paralelas al anillo de la base y el sello del taller en verde. Está vidriado en blanco sin decoración alguna. Siglos XIX-XX.

La cronología de los materiales documentados abarcan varios siglos y abundan los elementos pertenecientes a los siglos XVII y XVIII, aunque también hay piezas del siglo XIX y principios del XX.

La cerámica hallada de la época del convento, aparece representada en bodegones y escenas costumbristas de la pintura del barroco, en obras de Zurbarán y Velázquez, entre otros conocidos artistas.

Plato de 4 cm de altura, 24.5 cm de diámetro de boca, 11.5 cm de diámetro de fondo, pasta clara amarillenta, desgrasantes finos y cocción oxidante. Recipiente destinado al servicio y presentación de viandas, de borde abierto y labio redondeado, fondo ligeramente cóncavo, ala convexa y solero rehundido. Decoración pintada en azul sobre esmalte blanco, consistente en una línea doble en el borde, orlada con seis grupos de dos trazos y una decoración vegetal, posiblemente un arbusto o un ramo de flores esquematizado, en el fondo, dentro d una doble orla. Conserva las marcas del atifle en el interior, así como en el exterior. Talavera. Siglo XVII.

Vajilla de mesa

La vajilla de mesa es la utilizada para comer y por lo general, es vidriada y con una gran variedad de formas y decoraciones. A este apartado también corresponde la vajilla fina, utilizada como servicio de mesa, representada por lozas y porcelanas de tipo talaverano y cartujano, que denotan cierto lujo.

Escudilla de 5 cm de alto, 16 cm de diámetro de boca y 8 cm de fondo. Recipiente destinado al servicio de viandas, de cuerpo semiesférico, labio exvasado de sección redondeada, fondo cóncavo y anillo de solero. Tiene superficies esmaltadas en blanco. Siglo XVII-XVIII.

domingo, 1 de julio de 2018

REHABILITACIÓN EJEMPLAR



El patrimonio arquitectónico es propiedad colectiva que requiere el cuidado la atención de todos través de las administraciones públicas. Ya desde el siglo XIX aprendimos que, tanto legalmente como en la necesaria inversión pública, el patrimonio histórico es competencia común. La recuperación del antiguo convento de la Merced ha sido una oportunidad única por sus valores arquitectónicos, su sentido social de valoración afectiva sus posibilidades, una vez perdido su último uso educativo.

La rehabilitación realizada es modélica por varias razones. La primera de ellas es porque el edificio se ha recuperado para un uso que es perfectamente compatible con la estructura del edificio original. La rehabilitación debe mantener los valores espaciales funcionales de la construcción original.

El edificio rehabilitado se sigue reconociendo como el antiguo convento con sus claustros, sus galerías su estructura espacial. No todos los edificios son adecuados para cualquier uso. El estudio de los nuevos usos es elemento esencial en el proyecto de rehabilitación de manera que la nueva función sea compatible con el edificio preexistente sepa aprovechar los valores del edificio histórico que quiere conservarse.

La nueva función expositiva permite mantener los espacios en grandes áreas con dimensiones perfectamente adecuadas para presentar las obras de arte, esculturas pinturas. La modificación realizada sigue haciendo reconocibles los valores originales del edificio, sus espacios sus proporciones sus elementos singulares.


Por otra parte se ha realizado el estudio minucioso de la realidad original para descubrir los trazados conventuales modificados alterados por usos posteriores, esa realidad se ha integrado de forma inteligente en el nuevo proyecto. Los antiguos niveles de suelo sus materiales se hacen visibles en zonas de los pasillos recubiertos de cristal la altura de los nuevos pavimentos. Hornacinas, pinturas en los paramentos nos remiten la época original del edificio enriquecen el proyecto actual.

La arqueología ha sido un instrumento para conocer el edificio se sitúa como elemento que se integra en el nuevo proyecto que sabe asumir esos elementos antiguos sacándoles provecho valorándolos en el contexto del nuevo edificio. Los elementos estructurales singulares como los pilares de madera parecen con la fuerza de los elementos antiguos que se reconocen con sus grandes secciones y la calidad del material conservado y ahora evidenciado.

Pero toda la rehabilitación es un nuevo proyecto de arquitectura que altera, modifica y añade nuevos valores al edificio construido. La historia se continúa en la nueva rehabilitación introduciendo nuevos valores en el mismo. Y el nuevo proyecto ha introducido con habilidad las nuevas necesidades que demanda un edificio actual con sus instalaciones, requerimientos de climatización iluminación y nuevas tecnologías. Y junto a ello la utilización de materiales tradicionales como la madera y la piedra ennoblecen el edificio y crean una nueva lectura de sus espacios.

La escalera revestida de madera, los espacios de acceso, la sala de conferencias de la planta superior son ámbitos donde el material artesanalmente tratado llena de nuevo sentido los ámbitos comunes del edificio rehabilitado.


Y finalmente el edificio tiene el privilegio de ocupar un espacio esencial en la ciudad. Un espacio que se integra en un recorrido cultural a lo largo de la calle Caballeros y un espacio que goza de una gran plaza de entrada que dignifica su acceso y permite una excelente comunicación con la ciudad. La plaza requiere ahora un nuevo tratamiento más acorde con el edificio mejorando sus tratamientos ajardinados, sus pavimentos elementos de mobiliario urbano.

El edificio comenzó su andadura con la gran exposición Referentes albergando una selección de pintura escultura de Castilla-La Mancha después ha acogido la exposición de fotografías de la Hispanic Society de nuestra comunidad autónoma. En la actualidad la exposición de Miguel Prieto. Las tres exposiciones han encontrado en el edificio un lugar magnífico para su presentación.

El proyecto de rehabilitación proyectado dirigido por el arquitecto Javier Navarro el arquitecto técnico Martín Pozuelo tiene por todo ello las cualidades de lo que se convierte en ejemplar. La concurrencia de las decisiones administrativas la calidad del proyecto nos permiten disponer en Ciudad Real de un gran edificio que debe convertirse en el Centro de Arte Contemporáneo de Castilla-La Mancha.

Diego Peris Sánchez. Diario “Lanza”, domingo 2 de diciembre de 2007, página 5