
PROYECTO DE OBRAS DE CONSOLIDACIÓN Y
AISLAMIENTO DE LA PUERTA DE TOLEDO EN CIUDAD REAL
Ponente: ILMO. SR. D. VICENTE LAMPÉREZ.
Excmo. Señor:
Esta Real Academia ha examinado el
expediente remitido por V. E. a su informe, relativo al proyecto de obras de
consolidación y aislamiento de la Puerta de Toledo, en Ciudad Real.
Al proyecto, que contiene los documentos
reglamentarios, y está firmado por el Arquitecto D. Telmo Sánchez, acompaña un
oficio del Ministerio, en el que se copia parte del informe que emitió la Junta
facultativa de Construcciones civiles sobre el mismo.
En la Memoria se hace la historia del
edificio, mandado construir por Alfonso X el Sabio, en documento que expidió a
su paso por la entonces Villa-Real, en 1262; entre cuya fecha y la de 1297, en
que Gil Pérez, Alcalde de la Villa, libraba cantidades para construir ciertas
murallas, debió ser levantada la Puerta de Toledo, pues la fecha de 1328, que
da la lápida empotrada en el muro del Sur, no niega que la Puerta pudiera haberse
comenzado anteriormente. Sigue en la Memoria otra parte destinada a la
descripción y al estilo arquitectónico. Por aquélla, y por los detallados
planos que acompañan, se conoce que el edificio consta de un vano flanqueado
por dos torres de planta rectangular, cubierto el paso que aquél forma por dos
bóvedas de crucería. El arco que está hacia Toledo es de herradura; el que da
hacia la ciudad es tómido-apuntado, y los de las bóvedas son apuntados. Dejan
estas ranuras para los peines o rastrillos, y tuvo, además, puertas atrancadas.
Por una escalerilla embebida en un torreón se sube a una azotea con barbacana;
pero en el estado actual, no es fácil deducir si tuvo sobre aquélla otro piso,
ni cómo fueron las almenas y merlones que la defendían, a pesar de subsistir
algunos de éstos. En las fachadas hay sendas lápidas: una contiene la Oración
de Completas; otra, el escudo de Castilla y León. El edificio es de ladrillo y
sillarejo. En cuanto al estilo, es claramente mudéjar. Viene Juego en la
Memoria el plan de obras que se propone ejecutar, a saber: el aislamiento del
monumento, derribando dos trozos de la muralla antigua para formar una plaza
alrededor, dando circulación lateral, y prohibiéndola por el vano, el rejuntado
y sustitución de sillares que están en mal estado; la restitución de las
almenas; el solado de la azotea y la construcción de una garita que cubra el
desembarque de la escalera.
Haciendo caso omiso de los demás
documentos del proyecto, que se refieren a las partes técnica y económica de
las obras, cuyas cuestiones no le competen a esta Real Academia, pasa al
extracto del dictamen de la Junta facultativa de Construcciones civiles.
Encuentra está bien el rejuntado y recalzo de las partes que están malas, en lo
que sea absolutamente preciso para la conservación del monumento, el rejuntado
de la bóveda, el solado de la terraza y los muretes de protección del
desembarque de la escalerilla, y el aislamiento, cortando la muralla a dos
metros de los torreones para que quede bien amparada. Pero no aprueba la Junta
la ejecución del almenado, pues no existiendo datos para deducir cómo fue el
coronamiento primitivo, y teniendo el que ahora se propone escaso sabor
morisco, no es el más a propósito para el monumento, por lo cual, la Junta
opina que debe oírse a esta Real Academia.

Ordenado así por la Superioridad, cúmplela
expresar su opinión, que es como sigue:
No es la vez primera que la Corporación se
ocupa del monumento de Ciudad Real. En 11 de Noviembre de 1914, el numerario,
ya fallecido, Excmo. Sr. D. Adolfo Fernández Casanova, informó en el expediente
incoado para su declaración de Monumento nacional. Extensamente se exponía en
su escrito que Villa-Real levantaba sus murallas en 1297, aunque la Puerta de
Toledo se construyó algo después, en 1328, según la inscripción grabada sobre
el arco interior; que el edificio es un ejemplar típico en el concepto arquitectónico-militar,
por cuanto contiene los elementos defensivos usados en la época; de muy
atractivo aspecto, si lo consideramos desde el punto de vista estético, por la
belleza del conjunto, y de subido valor histórico, por ser testimonio de la
protesta de la villa Realenga contra la absorbente Orden Militar de Calatrava,
señora de la región; por todo lo cual, debe ser considerada como Monumento
nacional. Acordado fue así por Real orden de 4 de Febrero de 1915, quedando con
ella reconocida oficialmente la importancia que atesora.
Ya lo había sido, y lo fue luego por los
escritores que de esta Puerta se habían ocupado. Quadrado y La Fuente, en su
libro Castilla la Nueva; Ramírez de Arellano, en el suyo, Ciudad Real Artística;
Amador de los Ríos (R.), en su Toledo, entre otros. Todos, siguiendo la lectura
de la arriba mencionada inscripción, hecha por Delgado Merchán y por Piñera,
aceptan el año 1328 para el de la erección, defiriendo en esto de la fecha que
da el Sr. Sánchez, anterior en treinta y un año. En lo que hay conformidad es
en las alabanzas al monumento, señalándolo como típico de un estado social, de
una época histórica y de un estilo arquitectónico.
Laudabilísimo es, por tanto, el proyecto,
ahora formulado, de aislamiento y reparación; aquél, por cuanto se evitará el
tránsito rodado por el vano, causa principal de su deterioro, al par que dará
al edificio mayor lucimiento; y la reparación, porque alargará su vida, tan cara
para la historia y el arte españoles. En cuanto a los medios propuestos para
lograr estos fines, esta Real Academia los encuentra acertados en su mayor
parte. El aislamiento de la puerta, en el centro de una gran plaza, le da
airosa situación; la conservación de los dos espolones de murallas laterales
obedece a una necesidad, por cuanto su mayor altura sobre la muralla indica que
son parte de la puerta, y, al par, su masa servirá de contrafuerte,
convenientísimos para la estática de la construcción. Parece muy acertado,
igualmente, el recalzo de muros y jambas, así como las demás obras menores
propuestas por el Sr. Sánchez, y a las que ya dio su aquiescencia la Junta
facultativa de Construcciones civiles.
Queda para discutir el coronamiento que el
Arquitecto propone, consistente en un muro de defensa del adarve, corrido al
mismo nivel por todo el perímetro, rematado por almenas y merlones, rectangulares
éstos, perforados por sendas aspilleras y cubiertos por albardillas. La
propuesta debe examinarse con detenimiento.
Desde luego, y previamente, la idea de
completar el monumento con una parte nueva repugna a las actuales teorías
restauradoras, que tienden a lo contrario en los monumentos que se llaman muertos
(o sea fuera ya de uso social), entre los que ha de clasificarse la puerta
ciudarealeña, tal como va a quedar.

En segundo lugar, ¿hay datos para tener
por verídica la coronación que se proyecta? El Sr. Sánchez mismo, en su
Memoria, expone sus dudas, aumentadas con la conjetura de que quizá hubo
habitaciones superiores para cuerpos de guardia y para los mecanismos elevatorios
de los peines. En efecto; a la vista de una fotografía del monumento,
adviértese que en la actualidad, sobre una imposta nivelada, álzanse trozos de
muros desmochados, de muy desigual altura, con restos en la parte sobre el
vano, de algún merlón; haciendo sospechar si el segundo cuerpo tenía más altura
sobre los torreones que sobre el vano, por razones de defensa. Y el ejemplo de
las puertas mudéjares de la Herrería (o del Sol) en Toledo; de San Gil en
Burgos, y de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), da esa disposición como
general según los preceptos militares de la época. Tenemos, por tanto, un
desconocimiento de la primitiva coronación, que aconseja no adoptar una
nivelada muy dudosa.
Veamos ahora el detalle de merlones y
almenas. El Sr. Sánchez dice que los que propone están copiados de algunos que
existen. Conforme con esto, sería preciso probar que ellos son los primitivos.
Las torres mahometano-españolas o mudéjares, anteriores o contemporáneas a la
de Toledo en Ciudad Real, tienen merlones de muy otra forma. Prescindiendo, por
demasiado antiguos, de los escalonados de las obras del Califato, y almohades,
de que hay muestra, aparte de los de las mezquitas de Córdoba y Sevilla, en la
puerta de Sevilla, en Carmona, vemos en el mahometano recinto de Niebla que los
merlones son prismáticos cuadrados, rematados por pirámides y sin aspilleras;
de igual forma y terminación son los de la Puerta vieja de Bisagra de Toledo,
acaso ya mudéjares (aunque lo más del edificio sea mahometano), y los de las
conocidamente mudéjares de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), y del Sol de
Toledo, éstos con el aditamento de una pilastrilla en los frentes; sin que se
pueda afirmar cómo fueron, por no existir ya, los merlones de otras puertas
mudéjares, como la de San Gil en Burgos. Ejemplos son éstos que dan como muy
dudosa, aunque no pueda decirse que como impropia, la solución propuesta en el
proyecto del Sr. Sánchez para coronar la Puerta de Ciudad Real, ya en cuanto a
su igual nivel, ya en cuanto a la forma de los merlones.
Ante estas dudas, y ante el criterio ya
expuesto sobre las restauraciones de estos monumentos muertos de otras edades,
que hoy impera, lo prudente es la abstención, y a ella se inclina esta Real
Academia, apoyada, además, por varios precedentes. Entiende, pues, que esa
parte del monumento debe dejarse como ahora está, limitándose la acción
conservadora (y no restauradora) a coger con buen mortero los elementos disgregados,
o a punto de estarlo, y cubriendo el trasdós de todos los muros y adarves con
una capa de cemento que, sin percibirse desde abajo, los defienda de los
ataques atmosféricos.
Y así, aislada y sin uso, recalzada y
cubierta, y libre de aditamentos que por su juventud y discutible autenticidad
arqueológica desdigan del histórico aspecto, la Puerta de Toledo, en Ciudad
Real, se conservará en su vetusto y respetable estado.
Lo que, con devolución del expediente,
tengo el honor de elevar al superior conocimiento de V. E., cuya vida guarde
Dios muchos años. Madrid, 4 de Enero de 1921.-El Secreta1·io general, ENRIQUE
M. a REPULLÉS y VARGAS.-Excmo. Sr. Ministro de Instrucción Pública y Bellas
Artes.
Boletín de la Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando, segunda época nº57, Madrid 31 de marzo de 1921