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sábado, 29 de noviembre de 2025

CIUDAD REAL EN EL ALBUM-GUIA DE LA COMPAÑÍA DE LOS FERROCARRILES DE MADRID A ZARAGOZA- Y A ALICANTE DE 1915

 


Ciudad del antiguo reino de Castilla la Nueva/capital de la provincia de su nombre, con Gobierno civil de tercer orden; Gobierno militar, Audiencia provincial, Obispado, Instituto general y técnico y Delegación de Hacienda, y además de las oficinas correspondientes á la organización provincial ordinaria, servicio agronómico de la región de la Mancha y Extremadura y División Hidráulica del Guadiana. Amén de los boletines del Gobierno civil, obispado, de Agricultura y ventas de bienes nacionales se publican seis periódicos, tres diarios. La ciudad está alumbrada por gas y electricidad, y suministra este último fluido á otros municipios cercanos.

Tiene 13.439 habitantes; se halla situada en el punto medio de E. á 0. de la provincia, y algo al N., en la dirección NS., á cinco kilómetros de la margen izquierda del Guadiana, en terreno muy fértil y tan llano, que éste la inundó en 1508, y el encharcamiento de las lluvias ó las filtraciones del río han sido, durante mucho tiempo, causa de insalubridad pública. La latitud de la capital de Ciudad Real es de 38’51’ y 21’3” Norte, y la longitud de 14’29”. Su altura sobre el nivel del mar, 650 metros. El clima es riguroso en verano é invierno.

Descripción general.—Ciudad Real ábrase á los campos en sus construcciones modernas, y á trechos permanece limitada por sus murallas antiguas de sillería y tapia, coronadas en 1489 y destrozadas por el desbordamiento del Guadiana á principios del siglo XVI.

Abarca desde su fundación un perímetro de 4’5 kilómetros, extensión excesiva para el número de sus habitantes, si se tiene presente los campos encerrados dentro de su recinto y el sistema de edificación de la mayoría de sus casas, compuestas de planta baja y un solo piso alto. Su caserío blanco, dominado por torres y chapiteles, y rodeado de arboledas, viñedos y sembrados, presenta un aspecto agradable y risueño. Rodean la ciudad: por el N., el camino del cementerio; al E., el trozo de carretera de circunvalación, ya construido, y parte de la ronda exterior de la Mata; al S-, la continuación de esta ronda, el paseo de Cisneros y la vía férrea de Manzanares y Alcázar, y al 0., la de Madrid.




Ocho puertas tuvo Ciudad Real: la de Toledo, al N.; las del Carmen y Santa María, al 0.; las de Alarcos, Ciruela, Miguelturra ó Granada, al S., y la de la Mata y Calatrava, al E. De ellas, unas han desaparecido; de otras, quedan algunos vestigios, y la de las menos, permanece en pie la mayor parte de su fábrica. Entre estas últimas se cuenta la de Toledo, flanqueada por dos torres cuadradas, con una gran ojiva, dentro de la cual se abre un arco árabe, prueba de la influencia que la arquitectura sarracena ejercía aun en el tiempo en que fueron levantadas las murallas; la de Ciruela, que se abre al camino de la estación y al paseo de las afueras, ha sido restaurada modernamente con bastante gusto, y la de Miguelturra, por último, que conserva sus torres, y junto á la cual se hallan algunos vestigios del alcázar que edificó Alfonso X el Sabio, el fundador de lá ciudad.

En el interior divídese la población en tres barrios, denominados con los nombres de sus parroquias respectivas: al NE., el de Santiago, comprendido entre las calles de Toledo, General Espartero, Cruz y Libertad, y los límites del recinto; al NO., el de Santa María (la Catedral), entre las calles de Toledo, Feria, Postas y Alarcos y las murallas, y al S., el de San Pedro, que se extiende desde éstas á las calles de Alarcos, Postas, Feria, Cruz y Libertad. Hay tres fuentes públicas. Las calles, entre las que citaremos las de Toledo, Feria y Calatrava, son espaciosas, bastante rectas, bien empedradas y de fácil salida.

Plazas. -Tiene Ciudad Real muchas plazas y plazuelas: las de Santa María, Carmelitas, Remedios, Merced y Belmonte, en el barrio de Santa María; las de la Constitución ó Mayor, Pilar, donde se conserva el pozo que, según la tradición, perteneció á Pozuelo de Don Gil, San Francisco y San Pedro, en el barrio de San Pedro, y las del Hospicio ó Cuartel, Dominicas, San Antón, Santiago, Franciscas, Doctor Muñoz, Conde y Palacio, en el barrio de Santiago. Las plazas más importantes son: la Mayor ó Constitución, la de San Pedro, arboleda; la del Hospicio, la de las Franciscas y la de Muñoz.




Tiene también dos paseos importantes: en el interior, el del Prado, con árboles, parterre á la iglesia y cuatro fuentes, y fuera de las murallas, al S., entre las puertas de Alarcos, Ciruela y Granada, el paseo de Cisneros, arbolado también y prolongado hacia el NE. por la ronda de la Mata.

Ciudad Real tiene 15 iglesias: las parroquias de Santa María, San Pedro y Santiago, y las iglesias y oratorios del Carmen, Dominicas, Franciscas, Hermanitas de los Pobres, Hospital, PP. Jesuítas, la Merced, Misioneros del Corazón de María, Remedios, San José, San Juan de Dios y Siervas de María. Existen tres conventos de monjas consagra das á la vida contemplativa: el de las Carmelitas, el de las Concepcionistas ó religiosas Franciscas, y el de las Dominicas. Hay además las instituciones de las Siervas de María, Hermanas é Hijas de la Caridad, Hermanitas de los Pobres, Misioneros del Corazón de María y PP., de la Compañía de Jesús, dedicadas unas á la enseñanza y otras á la beneficencia.

Como edificios civiles, tiene Ciudad Real la Casa Consistorial, la Diputación Provincial, el Palacio Episcopal y el Instituto general y técnico.

De los centros recreativos mencionaremos el Casino de Ciudad Real, en el paseo del Prado; el Círculo Artístico Mercantil, en la calle de Arcos; el teatro de Cervantes, el teatro-circo de verano y la Plaza de Toros.




Ciudad Real tiene un mercado de reciente construcción en la plaza Mayor; matadero público en la calle del general Margallo; un cementerio situado en las cercanías y al Norte de la ciudad, á la izquierda de la Puerta de Toledo y de la vía férrea de Madrid; una Central de Correos en la de Portas, y servicio de Telégrafos y Teléfonos.

Ciudad Real posee-un Manicomio y un Hospital Provincial, Asilo de los Pobres, una Casa de Misericordia y una Casa-Cuna. También tiene esta ciudad Instituto general y técnico, creado en 1843. Escuela Normal superior de Maestros, fundada en 1842, y Escuela Normal de Maestros, creada en 1859; Seminario Conciliar, Escuela práctica de Agricultura, Granja Agrícola de la Mancha, varios colegios particulares y Observatorio Astronómico, y una Academia general de Enseñanza.

En la estación de Ciudad Real confluyen las líneas de Manzanares y Badajoz, y la línea directa de Madrid. Hay servicio diario de diligencia desde la capital á Daimiel, Piedrabuena, Carrión, Torralba y Miguelturra, y en verano en los baños de los Hervideros de Fuensanta. De Ciudad Real parte, al 0., el camino a las Casas, que arranca de las cercanías del Hospital y los caminos de Picón, las Minas, Sancho Rey y Campillo, que comienza en la Puerta de Santa María; al S., el de Villadiego y Alarcos, que sale de la puerta de este último nombre; el camino de Ballesteros, la carretera de Miguelturra, que principia en la puerta de Granada, y el camino del Calvario, ramal de la vía anterior; al E,, el antiguo camino de Miguelturra, la carretera de Madrid, que parte de la puerta de la Mata y los caminos de Carrión y los Mártires.



viernes, 28 de noviembre de 2025

LA DESAPARECIDA IMAGEN DE LA MILAGROSA DE LA POBLACHUELA

 

El Pueblo Manchego 29 de octubre de 1928


Ayer se celebró la festividad de la Milagrosa, devoción difundida en Ciudad Real por las Hijas de la Caridad, que llegaron a tener varias comunidades en nuestra ciudad y de las que ya solo queda el recuerdo en el Colegio de San José.

Pero la devoción a la Milagrosa también estuvo presente en las pedanías de Ciudad Real como en la Poblachuela, con la instalación de un retablo y una imagen en 1928. La idea adquirir un retablo e imagen de la Milagrosa en la iglesia de la Poblachuela, surge por la iniciativa de las señoras Dª. Dolores G. Gil de Messia de la Cerda y Dª. María Martín de Piqueras, quienes realizaron una suscripción popular entre amistades para comprar la imagen y un retablo donde recibiera culto, que fue encargado y adquirido al escultor madrileño Alsina, por un importe de 475 pesetas.

La bendición del retablo e imagen la realizó el 25 de octubre de 1928 el entonces Obispo-Prior, actual Beato, D. Narciso Estenaga, quien, acompañado también del actual Beato, D. Julio Melgar, se desplazaron a la conocida ermita de la Poblachuela. El acto comenzó a las 4 de la tarde, y a parte del alcalde pedáneo, también asistió el alcalde de Ciudad Real acompañado de varios concejales y la banda municipal. El obispo entró en el templo bajo palio portado por seminaristas, quienes junto a alumnas del Colegio de San José cantaron motetes, realizando la bendición revestido de capa y mitra. Posteriormente se expuso el Santísimo y el acto terminó con el rezo del rosario desde el púlpito por el señor Obispo y una salve popular a la Virgen.

Tanto el retablo de estilo neogótico como la imagen fueron destruidos durante la Guerra Civil Española (1936-1939).


jueves, 27 de noviembre de 2025

EL PAÑO QUE BAILÓ: VESTIMENTA DE INVIERNO UTILIZADA DESDE LOS INICIOS DEL SIGLO XIX (II)

 

Fotografías archivo personal Luis Prado Fernández


Rasgos femeninos

La mujer utiliza chambra (camisa) de terciopelo, cuello de tirilla, adornado con agremanes negros. En el centro va una tira ribeteada con agremanes más estrechos y la botonadura se presenta negra de azabache, o botoncillos de plata labrada de filigrana, al igual que los puños, que, a veces, llegaban hasta casi el codo. Los delanteros de la chambra van con jaretitas más o menos anchas y, otras veces, con unas más anchas y otras que forman manojitos en el pechero.

La falda o refajo es de lana, albornoz o pañete, de un sólo color y con mucho vuelo. En la parte de abajo va bordada, también, de un sólo color, que suele ser negro para que resalte. Por dentro de la falda, para proteger el bordado de enganches, se solía poner un friso de percal. La falda amplia, de cuatro metros o más, va cosida a una cinturilla, fruncida o a plieguecitos, obteniendo así gran amplitud.

La mujer siempre ha protegido sus faldas con un mandil, al que cogían dos o tres alforzas, para que pesase más y quedase más lucido. Solían hacerse grandes o lujosos, según la ocasión, y se preferían negros, con franjas de agremanes o azabaches, y muy fruncido en la parte de la cintura para después darle amplitud y proteger la falda.

La faltriquera suele ser de pana lisa, haciendo juego con el color de la falda, aunque también las había de ganchillo, predominando los colores rosa fuerte, garbanzo ó morado y negro, que formaban artísticos dibujos, según el gusto de quien la confeccionaba.

Remata el traje un mantón de Manila o estampado de lana, de un sólo color, de los llamados adamascados, en el que predominan los colores tostados o negros. El mantón se coloca en forma de pico, desmentido en la parte interna, y se coge a la altura del cuello con un broche para que no se caiga hacia delante, cruzándose por la parte delantera y colocándose por encima el delantal y en el lado derecho la faltriquera.



Las medias eran tejidas por las mujeres y se presentan de varios colores y dibujos. Las hay blancas, azules o rosas.

El zapato más usual es el de color negro y de piel de ternera. El peinado es con raya en medio y moño de picaporte, sobre el que suele colocarse un lazo de terciopelo, adornado en sus extremos, en los días festeros. Mientras que las mujeres casadas suelen usar el lazo negro, las solteras pueden elegir color según su gusto. Los pendientes son de los llamados de chorro, o de los de guisante y van adornados con granos de aljófar. Al cuello suelen llevar un collar de una o varias vueltas también de aljófar, pendiendo en el centro el sacramento o custodia.

Para las ceremonias religiosas usaban la mantilla de paño negro o de colores oscuros, que llegaba hasta la cintura por la parte delantera y se solía ribetear con un bies de terciopelo o agremán.

Siempre cubrían la falda o refajo con una basquiña o sobrefalda de color liso negro o marrón o estampada con cuadros.

Rasgos masculinos

El hombre utiliza el calzón de los llamados de “maldis”. No lleva abertura central, como los actuales pantalones para la cremallera, sino que los laterales aparecen abrochados con botones, y una pretina abrocha en la parte delantera. Posee una abertura lateral en las piernas, con botones de latón, en la parte de la boca del calzón. Este adorno variaba según la posición social del propietario y el uso. Las perneras solían ir adornadas con aplicaciones de paño negro o de otro color, para resaltar sobre el marrón carmelita, tono del que se compone todo el traje, y ribeteado con cordoncillo negro, para darle más sujeción y realce.

La chaqueta con gran influencia andaluza, suele ser corta como en toda la región. El chaleco es de pico y lleva solapillas. Se abrocha en la parte delantera con botones, igual que los pantalones. La parte de la espalda y las coderas se adornan con aplicaciones recortadas de paño negro u otro tono, que recuerdan a las aplicaciones de los zajones de cuero. La faja que ciñe la cintura masculina puede ser de diferentes colores: negra, azul, de o roja. En su parte delantera suele ir un pequeño bordado. Encima de la faja se dispone un cinturón de cuero repujado, dejando ver siempre el bordado.




La camisa, con cuello de tirilla y adornada en las pecheras, se configura con pequeñas jaretillas. Antiguamente no se usaban los botones de nácar, sino unos lacitos que se ataban para cerrar la parte delantera de la camisa.

El calzón cubre el comienzo de la polaina, que suele ser de cuero o badana y van abrochadas hacia afuera con hebillas que se cosían con hilos de color amarillo, verde o rojo. Según el guarnicionero que las hacía, podían ser más o menos vistosas.

Las polainas descansan sobre los botos o zapatos de becerro con medio tacón, también aquí podemos apreciar la influencia andaluza.

El sombrero era de los denominados “calañés”, (aunque en nuestra provincia se le denomina “calañel” por la deformación del vocablo) de tipo castellano y en tonos marrón carmelita o negro. La vuelta del ala, así como del cono, es de cinta de terciopelo.

La cabeza también se cubre con un pañuelo anudado en la parte de atrás.

En las grandes solemnidades era costumbre utilizar la capa, con más o menos adornos, teniendo en cuenta las posibilidades de quien la usaba. Esta prenda cumplía a la perfección su función contra el frío.

El traje en el campo

Si tuviéramos que hablar del traje utilizado en el campo veríamos que la hechura se conserva, pero los materiales y tejidos utilizados son de menor calidad. Se utilizan paños burdos, piezas de pana, y en algunas ocasiones los hombres rebuscaban trapos viejos con los que cubrir sus pantorrillas, sujetándolos con las cintas de cuero de las propias “abarcas”.

Tanto en invierno como en verano solía ser costumbre generalizada el uso de múltiples prendas para proteger al individuo de los rigores del sol en la llanura manchega, así como de los crudos inviernos que hace siglos soportaban los habitantes de la provincia de Ciudad Real.

Antonio Luengo Ruiz. Lanza Semanario de la Mancha. Viernes 31 de enero de 2020




miércoles, 26 de noviembre de 2025

EL PAÑO QUE BAILÓ: VESTIMENTA DE INVIERNO UTILIZADA DESDE LOS INICIOS DEL SIGLO XIX (I)

 

Fotografías archivo personal Luis Prado Fernández


Una de las facetas más importantes en sentido sociológico, psicológico o artístico y a la que menos importancia se le ha dado ha sido la de la indumentaria, es decir, la forma de vestirse el pueblo a través de los tiempos, a pesar de ser una de las maneras más importantes con que el mismo se manifiesta de una forma externa, permitiéndonos ver, por su vestimenta, la propia personalidad de cada individuo; en este sentido tiene más importancia que las características físicas de cada uno de ellos, ya que éstas le han sido dadas por la naturaleza y, por el contrario, el traje, se lo adorna y confecciona cada uno a su gusto.

Hoy en día cuando hablamos del Traje Tradicional, nos referimos al último de los variados trajes que, a través de los tiempos, se pusieron nuestros mayores, el cual no tiene una antigüedad superior a los dos siglos. Aunque existen prendas con una mayor antigüedad, la mayoría de ellas empezaron a usarse a finales del siglo XVII, más en los siglos XVIII y XIX cuando el traje que conocemos por tradicional toma carácter.

A lo largo de los años, e incluso de la vida, el ser humano necesita ser partícipe de su sociedad y de su cultura. Participa en todas aquellas fiestas y celebraciones en las que puede. Nacimientos, bautizos, bodas, e incluso ha participado en otras que el tiempo se ha encargado de borrar, como es el caso de los Quintos. Pero es en las fiestas patronales

donde la inmensa mayoría de los habitantes de una misma localidad participa, ya sea de una forma o de otra. Es allí donde, de forma totalmente consciente, se lucen las mejores galas. Como se decía allá por el siglo XIX, se desempolvan aquellos baúles y arcones con un mismo fi n, el de poder lucir en la plaza del pueblo lo mejor de sus labores textiles.

Inconscientemente, cuando hablamos del traje tradicional lo hacemos refiriéndonos más al de la mujer que al del hombre. Ello es debido a que el primero ha sido siempre más variado, rico y ostentoso que el segundo. Sin embargo, esto no quiere decir que el hombre no vistiese bien. Éste se preocupaba enormemente de aquello que le diese realce en la calle. Sobre esto se contaba de la ropa un refrán. Cuando la ropa hablaba decía a su amo: “Cuídame en la casa que yo te honraré en la plaza.




La diferencia de indumentaria utilizada en las faenas del campo y domésticas de la que podía ser utilizada y que lucían, tanto hombres como mujeres, en las fiestas del pueblo eran completamente distintas. Ya entonces existía una gran rivalidad entre los habitantes de un mismo pueblo a la hora de vestir. Las telas solían ser mucho más ricas y las piezas se adornaban con mucha profusión. No sólo en la provincia de Ciudad Real solía suceder tal hecho, en toda la geografía española se daba este fenómeno. También había que distinguir entre prendas de verano y de invierno.

Diferencias climáticas

La diferencia de los trajes utilizados en verano con los usados en invierno estaba en el grosor de las telas utilizadas y en el número de prendas que podía vestir un mismo individuo. En nuestra provincia se ha dado el caso de utilizar, en épocas de frío invierno, hasta cuatro y cinco refajos confeccionados en lana, además de la sobrefalda de color negro o marrón carmelita. Esto condicionaba la forma de andar y de bailar del individuo como más adelante veremos.

Si lo comparamos con la actualidad, la gente de una misma localidad no viste igual cuando va a trabajar que cuando celebra una boda, un bautizo, etc. Es cierto que ahora el mercado es mucho más amplio y todos podemos vestir de una misma forma, independientemente de la zona geográfica en la que nos encontremos. Esto ha sido producto de la globalización.




Trajes y bailes

La indumentaria de aquella época, como apuntábamos anteriormente, condicionaba la forma de bailar en la plaza del pueblo. Por ejemplo, las mujeres, al no usar sujetador, solían bailar con los brazos pegados al cuerpo para que los movimientos rápidos y saltados no dieran que hablar. En las vueltas rápidas de los bailes también sujetaban su refajo con las manos para no dejar ver sus intimidades. No olvidemos que también las señoras de aquella época tenían un pecho pronunciado, el cual disimulaban ciñendo a su torso un mantón de Manila o pañoleta. Las mujeres de la provincia vistieron siempre dibujando con su torso un triángulo invertido. Las faldas, refajos, sobrefaldas y enaguas eran amplias. También los mandiles. En su cintura ceñían al máximo el mantón o pañoleta, y en la parte superior solían dejar más amplia la ropa. Por eso tiene una forma triangular. El vértice, en este caso, estaría formado por la cintura.

Viaje en el tiempo

Por un momento vamos a viajar en el tiempo y nos vamos a adentrar en la plaza de cualquier localidad ciudarrealeña, un día de fiesta, y a principios del siglo XIX. Allí vemos cómo bailan los mozos y mozas del pueblo al son de las guitarras y bandurrias. Alguna más lanzada se atreve incluso a tocar las castañuelas. Así van vestidos:

Antonio Luengo Ruiz. Lanza Semanario de la Mancha. Viernes 31 de enero de 2020


martes, 25 de noviembre de 2025

LOS QUINTOS

 


El nombre de “QUINTO” proviene de la contribución de sangre u obligación de servicio militar que Juan II de Castilla impuso durante su reinado entre 1406 y 1454 según la cual uno de cada cinco varones debía servir al ejército, disposición que Felipe V retomó en 1705. En el año 1768 Carlos III dictaba las Reales Ordenanzas del Ejercito de su Majestad el Rey de España estando vigentes hasta 1978.

Así nacería la tradición de los “QUINTOS”. Esta Ordenanza indicaba que uno de cada cinco mozos de España (UN QUINTO), debía dedicarse a la vida militar. El sorteo se realizaba entre enero y febrero, que un reclutador acudía a los pueblos a seleccionar a los mozos que durante ocho años tenían que servir al rey abandonando familia, amigos y novia. Luego se fueron reduciendo los tiempos de servicio, así en 1924 eran dos años y a partir de 1930 se pasó a un año. Hasta que el treinta y uno de diciembre del año dos mil uno se aprobó la disposición de la finalización del servicio militar obligatorio.

La imagen que publico hoy en el blog fue recogida en la revista “Vida Manchega”, en el mes de febrero de 1913, y nos muestra la imagen del sorteo de quintos de ese año en la entonces Plaza de la Constitución, hoy Plaza Mayor.


lunes, 24 de noviembre de 2025

LA RADIOGRAFÍA DE LA CIUDAD REAL DE HACE 100 AÑOS NACIDA DEL CONTROL POLICIAL: ENTRE CONVENTOS Y PROSTÍBULOS (III Y ÚLTIMO)

 



Actividad comercial especializada

Existían, entonces, en la capital dos bazares y tres comercios de muebles, tres droguerías y, al menos, una perfumería, cinco relojerías y 15 peluquerías. Eran numerosas las tiendas de comestibles: ultramarinos, carnicerías, pescaderías, fruterías y vaquerías para la venta de leche.

En la Ciudad Real de hace un siglo, había tres establecimientos dedicados a la comercialización de abonos. La venta de grano la monopolizaba el despacho de la familia Ayala en el n.º 25 de la calle Postas. Había seis estancos y una tercena, que era una concesión estatal para almacenar tabaco y otros efectos para vender al por mayor. Se contaban siete establecimientos dedicados a la venta de tejidos, además una sombrerería y una corsetería. La mayoría de estos comercios también en el entorno de la plaza

Industrias, oficios y talleres

Más allá de vino, el aceite y el chocolate, en el aspecto industrial, la capital contaba con una Fábrica de Gas, que estaba en el callejón del Tinte, en la zona que hoy ocupa el Bar Trini, y una Fábrica de Luz en la calle General Monescillo esquina a calle Lanza. Había dos fábricas de jabón, una fábrica de lejía, tres de cerámica y mosaicos y cinco dedicadas a la marmolería. También había seis fraguas, tres hojalaterías, un taller de bicicletas y otro mecánico -que además era electricista y arreglaba máquinas de escribir-, un herrero, tres pintores y un carretero. Hace un siglo, en Ciudad Real había un aserradero, ubicado en el entorno de la Ronda del Carmen a la altura de la calle del Carmen, 14 carpinterías y dos fábricas de sillas.

La actividad económica se diversificaba con tres modistas y muchos más sastres (uno de los más reconocidos era un sargento de artillería que tenía su atelier en el n.º 8 de la hoy calle María Cristina), una tintorería, un almacén de pieles cerca de la Puerta de Alarcos, una fábrica de calzado y numerosas zapaterías, una guarnicionería y varios zapateros. La capital contaba con varias imprentas, entre ellas una dependiente de la Diputación Provincial que se encontraba en la plazuela de San Francisco, donde se imprimía el Boletín Oficial de la Provincia.




En el Ciudad Real de aquella época el Matadero Municipal se encontraba entre el final de las calles Lentejuela y Morería. Había una fábrica de hielo y cuatro de gaseosas que también producían sifón. La más grande se encontraba en la Plaza de Cervantes y elaboraba diversas marcas de gaseosas como Gallito, Belmonte o Koki, la más vendida. La Gran Horchatería Valenciana estaba en el n.º 9 de la calle General Aguilera.

Hospedaje y restauración

La capital de hace un siglo contaba con 16 casas de huéspedes, cuatro posadas, la Posada del Sol, la Posada del Pito, la Posada de la Cruz y la Posada del Pozo Dulce, y una fonda. Se contaban cuatro hoteles, el Hotel Pizarroso y el Pizarroso Pérez, uno en frente del otro en la actual calle Paloma, donde unos pocos metros más allá se encontraba también el Hotel Miracielos

Pero en hostelería, el más destacado era el Grand Hotel, que en 1925 “era, sin duda, el hotel más importante de la ciudad”. Su propietario, Enrique Morales, compró al ayuntamiento -por algo más de 15.760 pesetas- los terrenos donde lo edificó en la calle Carlos Vázquez. El establecimiento fue inaugurado el 1 de febrero de 1912. Era un edificio de dos plantas con 40 habitaciones, todas con luz eléctrica y calefacción. Las dos plantas originales se conservan en la actualidad en el edifico que hoy alberga la tienda de Zara y el Hotel Alfonso X

Sofí y Arche documentaron cuatro casas de comida y restaurantes. Dos de las más conocidas ‘Regio’ y ‘El Moderno’, antes conocido como ‘La Verdad’, se encontraban en las inmediaciones de la antigua Estación de Ferrocarril. Se contaban siete tabernas y otros tantos bares. El ‘Bar Ideal’, en el inicio de la calle General Aguilera, presumía de ser el más antiguo de la capital. Su propietario era Antonio Rodríguez y era un local estrecho y profundo, con una pianola para escuchar música en la planta baja y con una planta superior para “echar la partida”. El ‘Bar Ideal’ ponía terraza en la Plaza Cervantes (hoy Plaza del Pilar) y su propietario consiguió del Ayuntamiento la concesión del quiosco, el único al que llegaba la prensa del día. En esta zona había también un dispensador de combustible para los pocos vehículos que entonces circulaban por la capital.




Ocio y entretenimiento

En 1925, el principal entretenimiento de los ciudadrealeños consistía en pasera por la zona de la calle Alarcos y Parque Gasset. Lo de salir a ver y ser visto era lo que más se llevaba en esa época. Otros lugares donde poner en práctica esta actividad eran los teatros. Ciudad Real contaba con el Teatro Cervantes, levantado sobre el antiguo Teatro-Circo del n.º 3 de la calle Alarcos. Se reinauguró como tal el 13 de agosto de 1922 con la actuación de la compañía de opereta Barreto-Ballester y estuvo en pie hasta su derrumbe en 1973. La competencia al Cervantes, aunque sin llegar a su prestigio y acogida, la hizo desde 1923 el Teatro Olimpia, que ofrecía espectáculos de variedades y mucho cine. La capital disponía, además, para el ocio de sus habitantes de la Plaza de Toros, que se conserva en gran medida como entonces, y un campo de fútbol, que se ubicaba donde hoy se encuentra el Colegio Carlos Eraña y la calle Balbuena. Se tarta de un enorme campo en el que disputaban sus partidos equipos como Once Negritos o Atlético de Ciudad Real.

Conmemoración del centenario

De todos estos detalles da cuenta el plano-censo de 1925. El documento ofrece una valiosísima información para poder visualizar los cambios que ha experimentado la capital a lo largo de los últimos cien años. Porque, la Ciudad Real de hace un siglo ya no existe. La afirmación la avalan los historiadores, arquitectos y estudiosos que han colaborado en el rescate del plano elaborado por Sofí y Arche, así como en la redacción del libro que recoge las muchas curiosidades extraídas de este documento “único en su especie”.

La publicación del doble volumen ‘El plano-censo de Sofí Heredia y Ruiz Arche: Ciudad Real hace cien años”, de Juan Carlos Buitrago con edición de José Luis Sobrino de la Editorial Serendipia, prólogo del historiador Isidro Sánchez e introducción del arquitecto y estudioso de la capital, Diego Peris, ha sido uno de los eventos culturales de este otoño en la capital.

La publicación se ha acompañado de una exposición y un ciclo de conferencias, que han formado parte de los actos de conmemoración del centenario de la creación e impresión del plano, auspiciados por el Ayuntamiento de Ciudad Real y llevados a cabo a lo largo del mes de octubre en el Antiguo Casino de los Jardines del Prado.

Fuente: https://www.lanzadigital.com/provincia/ciudad-real/la-radiografia-de-la-ciudad-real-de-hace-100-anos-nacida-del-control-policial-entre-conventos-y-prostibulos/



domingo, 23 de noviembre de 2025

LA RADIOGRAFÍA DE LA CIUDAD REAL DE HACE 100 AÑOS NACIDA DEL CONTROL POLICIAL: ENTRE CONVENTOS Y PROSTÍBULOS (II)

 



Reproducción para venta al público

Pero regresemos a 1925. A principios de enero de aquel año, Sofí tenía el plano-censo listo para presentar en el Ayuntamiento, donde fue validado por el arquitecto municipal. A continuación, se convirtió en noticia. La prensa se hizo eco del singular documento y los dos diarios de la época que convivían en la capital, ‘El Pueblo Manchego’ y ‘Vida Manchega’, lo reprodujeron en sus páginas, dejando constancia del plano original hoy perdido.

El interés que suscitó el documento y la positiva valoración de los jefes de Sofí en Madrid fue tal que se decidió realizar reproducciones para venderlas a particulares por un precio de entre 60 y 70 pesetas, en función de si el ejemplar se adquiría o no barnizado.

Se desconoce el número total de litografías que se produjeron, pero se han podido localizar 12 de ellas. Dos están en manos públicas, en el Museo Provincial de Ciudad Real y en el Centro de Estudios Manchegos. Las otras 10 se encuentran en manos privadas, como las de los propietarios de Óptica Navarrete, que se toparon con la litografía del plano-censo en una de las plantas superiores del edificio que adquirieron en el n.º 3 de la calle María Cristina donde aún hoy se encuentra su establecimiento.




Así era la capital de hace un siglo

El plano-censo original ofrecía una detallada radiografía de la Ciudad Real de hace 100 años. Entre los datos recopilados aparecía que la capital estaba formada por 143 manzanas, 135 calles y plazas y contaba con 4.386 vecinos (ahora acaba de alcanzar los 77.000 habitantes, multiplicando la población más de un 1.600 por cien en el último siglo). Aquellos vecinos se distribuían en 1.984 casas y edificios de viviendas. La capital albergaba, además, una veintena de edificaciones religiosas y otras tantos de enseñanza, 487 fábricas, talleres y comercios, siete bancos y 39 centros oficiales.

Entre estos últimos destacaban el Ayuntamiento, el Gobierno Civil o la Cárcel Municipal. El Ayuntamiento había sido construido en la Plaza de la Constitución, hoy Plaza Mayor, por Cirilo Vara en 1868. Era un edificio de estilo grecorromano que justo un siglo después, en 1968, fue declarado en ruinas y sustituido por el actual de Fernando Higueras. El Gobierno Civil compartía dependencias con la Academia General de Enseñanza (hoy Museo Provincial), hasta que en 1949 se construyó el edificio de la Plaza de Cervantes. La Cárcel Provincial se encontraba en la calle Ruiz Morote, frente a San Pedro. Debido a sus malas condiciones, se proyectó una nueva en 1934 en la Ronda de la Mata, que estuvo en funcionamiento hasta los años 90.

De los centros oficiales, uno de los más sobresalientes era la Diputación Provincial. Creada el 5 de noviembre de 1835 por Real Decreto de septiembre de ese mismo año, inicialmente no contó con sede propia y se instaló en diferentes inmuebles. Como en la Casa de Sánchez Cantalejo, un edificio ya desaparecido que se encontraba frente a la Plaza de la Merced, con entrada por la calle Toledo y salida por Elisa Cendrero, con un gran jardín en medio. También estuvo en la Academia de Enseñanza, donde el aula magna servía de salón de plenos, hasta que se construyó el edificio actual de la calle Toledo. El solar, ocupado entonces por la Vicaría Eclesiástica y un pósito que lindaba con la Iglesia de la Merced, fue adquirido en 1887. La edificación, a cargo del arquitecto Santiago Rebollar, concluyó en 1893. En este emplazamiento aparece en el plano-censo y en él y se mantiene, con algunos cambios posteriores, como un referente de la arquitectura pública ciudadrealeña del siglo XIX.



Vino, aceite y chocolate

La Ciudad Real de hace 100 años contaba con una pujante industria agroalimentaria y amplias superficies ‘intramuros’ dedicadas a cultivos. Se computaban 37 bodegas y fábricas de alcohol. Muchas eran familiares, pero había algunas consideradas auténticas factorías vinícolas. La más grande se encontraba en el n.º 33 de la calle Alarcos y pertenecía a Ricardo Arévalo Maya. De estas construcciones sólo pervive la antigua bodega de Francisco Pérez Beteta, natural de Carrión de Calatrava, que en 1918 se construyó “una vivienda y una gran bodega” en lo que hoy es el Museo del Quijote. Como industrias complementarias había una tonelería (Ronda de la Mata) y una fábrica de tapones de corcho (n.º 11 de la calle Calatrava).

La producción de aceite era otro de los polos industriales de la localidad. En 1925 se contaban dentro de la ciudad ocho molinos aceiteros. Uno de los más importantes pertenecía al Marqués de Treviño y se ubicaba en la esquina de la calle Morería con la calle Postas. Aunque una de las empresas más destacada de la época era la Fábrica de Chocolate de Barrenengoa. Localizada al inicio de la antigua carretera de Miguelturra, también comerciaba con café y té y empleaba a unos 70 trabajadores. Elaboraba 24 tipos distintos de chocolates con y sin canela y con vainilla. El olor que desprendía hizo que la barriada que fue surgiendo a su alrededor, hoy Barrio de los Ángeles, se conociera como el Barrio del Chocolate.




Pan, cochura, pasteles y churros

Había, además, una pujante industria panadera en lo que hoy es la Ronda de Ciruela. Relacionada con ella el plano-censo identifica dos hornos donde se elaboraban la típica cochura: bollos, magdalenas, pastas, galletas, bizcochos, perrunas y resecas. Los dulces más finos podían encontrarse en tres pastelerías. Una de ellas era ‘La Deliciosa’, ubicada en el n.º 51 de lo que hoy es la Plaza Mayor e identificada como confitería. Entre sus especialidades estaban el tocinillo de cielo y las capuchinas. Estas eran “unos bizcochos muy esponjosos de forma redonda o ligeramente abombada, elaborados con yemas de huevo, azúcar y almíbar». También “era el lugar de referencia en la capital para encargar las tortadas o tartas que se servían en las grandes celebraciones”.

Gran parte de la actividad comercial se ubicaba alrededor de esta plaza, espacio en torno al cual se articulaba la ciudad. En sus inmediaciones había también tres buñolerías que ofrecían churros, porras, roscas y buñuelos. Y en el n.º 43 se encontraba un establecimiento especializado exclusivamente en la venta de turrones y mazapanes.

Fuente: https://www.lanzadigital.com/provincia/ciudad-real/la-radiografia-de-la-ciudad-real-de-hace-100-anos-nacida-del-control-policial-entre-conventos-y-prostibulos/



sábado, 22 de noviembre de 2025

LA RADIOGRAFÍA DE LA CIUDAD REAL DE HACE 100 AÑOS NACIDA DEL CONTROL POLICIAL: ENTRE CONVENTOS Y PROSTÍBULOS (I)

 

La calle Palma en los años cuarenta del pasado siglo XX


El control policial, instaurado a raíz de las revueltas y movimientos obreros de principios del siglo XX, derivó en Ciudad Real en la creación de un “documento excepcional y único”, el plano-censo de 1925 que ofrece una radiografía sin igual de la capital de hace 100 años y un sinfín de curiosidades: Como que había más prostíbulos que bares (12 frente a siete documentados) o la importancia del patrimonio religioso, con una veintena de edificios dedicados a conventos, iglesias e instituciones de beneficencia.

La desaparición de los prostíbulos de la ‘almendra’ de la ciudad es uno de los cambios más palpables respecto a la capital de hace un siglo. El plano-censo de 1925 identificaba 12 casas de prostitución ‘intramuros’, siendo el entorno de lo que hoy es la calle La Palma (en El Torreón) el epicentro de ‘la noche ciudadrealeña’. Aquí se concentran burdeles como ‘Luciano’, ‘La Constanza’, ‘La Juanita’, ‘La Palmira’ o ‘La Juanona’. Otros en calles aledañas eran ‘La Angelita’, ‘La Estrella’ o ‘La Sara’.

En la zona se producían frecuentes altercados, lo que llevó al gobernador del momento a cerrar las casas de alterne. La decisión provocó una gran controversia en la prensa. Mientras el más conservador ‘Pueblo Manchego’ abogaba por poner freno y primar el orden público, la revista satírica ‘Pero Grullo’ se lamentaba de que se privara de sus derechos a las personas que “se ganaban la vida con procedimientos legales”. Aunque el plano concentra en este área la mayoría de los lupanares, había muchos más repartidos por diferentes calles con nombres tales como ‘La Codorniz’, ‘La Cantaleja’, ‘La Mari’ o ‘La Bollera’.


El desaparecido monasterio de Dominicas de la calle Altagracia


Frente a la desaparición del ‘barrio rojo’, la conservación del patrimonio religioso, el que mejor ha sobrevivido hasta la época actual, pese a alguna sonada pérdida como la del Convento de las Dominicas. Construido en la calle Altagracia, se constituyó como monasterio en 1435. Cinco siglos después, cuando se realiza el plano, su deterioro era grande y había sufrido varios derrumbes. Con todo, las monjas permanecieron en él hasta 1969. Un año después se derribó, salvándose únicamente su portada, que en ahora se ubica en la rotonda de la Puerta del Carmen. En la parte superior, flanqueando a la Virgen, destacan dos perros que representan “ser fiel a dios y defender su doctrina como un can”.

Aún se conservan la Catedral del Prado, las iglesias de Santiago, San Pedro y la Merced, la Ermita de los Remedios, y los conventos de la Merced, Carmelitas (en la Plaza del Carmen), Concepcionistas (congregación de franciscanas, más conocido como Convento de las Terreras, adquirido en 2023 por el Ayuntamiento y actualmente en rehabilitación), y Siervas de Santa María (por la Plaza de San Francisco). Pervive también el Palacio Episcopal, de la calle Caballeros, que ahora alberga en parte el Museo Diocesano, o el Asilo de Ancianos, hoy Colegio de los Marianistas.

La compañía mariana llegó a la Ciudad Real en 1916 a instancias del Obispado que había recibido una gran herencia a la muerte de Concepción Medrano. Parte de estos fondos se destinaron a la construcción de un instituto en la actual calle La Mata, al que poco después se incorporaría Carlos Eraña, figura clave de la educación ciudadrealeña. En 1928, los Marianistas se trasladaron al antiguo asilo, donde continúa la comunidad.


El antiguo Colegio de los Marianistas

 

Otras instituciones educativas que permanecen inalteradas son el Colegio de San José, en la calle Calatrava desde su apertura en septiembre de 1889, y el Colegio de Ferroviarios, inaugurado en septiembre de 1924, en el entorno del Parque Gasset, como centro de enseñanza para las familias ferroviarias, con instrucción primaria, educación para adultos, corte y confección y preparación para fogoneros y factores del ferrocarril.

Ciudad Real hace 100 años contaba, además, con tres instituciones educativas de grado superior: El Instituto General Técnico, que se ubicaba en el Convento de la Merced, vacío tras la desamortización de Mendizábal, y donde se impartía multitud de disciplinas, además, de albergar en su azotea el primer observatorio meteorológico de Ciudad Real y la Biblioteca Provincial, dotada entonces con 9.000 volúmenes. La Academia General de Enseñanza, una institución privada que formaba también para el acceso a la Academia Militar y contaba con salones de estudio, aula magna, museo escolar, enfermería, comedor y dormitorio, para los alumnos de fuera de la capital. Y la Escuela de Artes y Oficios, constituida en 1911. Ubicada en la calle La Mata, destacaba por el taller de metalurgia, enfocado a los obreros ferroviarios, y el taller de encajes para mujeres. La institución tenía “gran predicamento entre la ciudadanía” y ya por entonces contaba con 240 alumnos.

Información y delineación

Toda esta información, y mucha otra, tuvo como germen la mente policial de Martín Sofí Heredia. La elaboración del plano-censo fue impulsada por el jefe de Inspección y Vigilancia de Ciudad Real y, por tanto, máxima autoridad policial de la provincia. Natural de Zaragoza, llegó a la capital en abril de 1924, imbuido del espíritu de la Comisaría de Barcelona donde había trabajado y de donde sacó la idea de tan inestimable documento.

Al poco de instalarse, Sofí empezó a pensar en procurarse “la mejor información posible para controlar, desde el principio, el orden público”. Apenas pasado el verano de su llegada, sacó a cinco de sus colaboradores -el secretario policial, dos agentes y dos aspirantes- a la calle para que recopilarán casa por casa y local por local los datos de sus habitantes y propietarios. Realizando un trabajo ímprobo, en poco más de cuatro meses habían registrado toda la información.

El siguiente paso fue contactar con Andrés Ruiz Arche. El ciudadrealeño, que contaba entonces 24 años y era delineante del Catastro, además de profesor de la Escuela de Artes y Oficios, fue el encargado de plasmar los datos sobre un papel de 1,30×1,50 metros. El plano-censo incluía información en 16 capas de colores diferentes que identificaban los principales estamentos, labores y personalidades de Ciudad Real.

La historia de estos dos hombres, Sofí y Ruiz Arche, ha quedado unida más allá de su colaboración profesional. Ambos permanecen ligados para la eternidad al compartir ubicación en el cementerio de Ciudad Real. Curiosamente, sus tumbas distan apenas cinco metros la una de la otra, a pesar de la gran diferencia de años que separan sus defunciones. Sofí murió de forma repentida en 1927, a la temprana edad de 43 años, mientras que Arche fue enterrado en 1968, 41 años después.

Fuente: https://www.lanzadigital.com/provincia/ciudad-real/la-radiografia-de-la-ciudad-real-de-hace-100-anos-nacida-del-control-policial-entre-conventos-y-prostibulos/


El Plano Censo en manos de los responsables de la histórica Óptica Navarrete / Elena Rosa


viernes, 21 de noviembre de 2025

LA PLAZA DEL PILAR HACE CINCUENTA AÑOS

 



La Plaza del Pilar de Ciudad Real amaneció el 20 de noviembre de 1975, con los carteles de Falange, puestos unos días antes, con la cara de José Antonio Primo de Rivera, donde se anunciaban los actos de los que murieron en el nombre de España, que consistían en una misa en su memoria celebrada el 19 de noviembre a las 20:30 horas en la Parroquia de San Pedro, y a su término el acto de ofrenda y afirmación que se celebró en los jardines del Prado, donde se ubicaba en aquellos años la Cruz de los Caídos. Con motivo de la muerte de Franco, la madrugada del 20 de noviembre, debajo de los carteles de José Antonio Primo se colocaron carteles con la fotografía de Franco, dos personajes históricos idealizados en la España de aquellos años. Carlos Robledo lo captó con su cámara y hoy lo traigo yo al blog.



jueves, 20 de noviembre de 2025

HACE CINCUENTA AÑOS: ESPECIAL DE “LANZA" POR LA MUERTE DE FRANCO

 

Fotografías Herrera Piña


La hora en que se produjo la muerte de Su Excelencia el Jefe del Estado -5'25 horas de ayer, anunciada por el ministro de Información y Turismo, señor Herrera Esteban, a las 6'12 por Radio Nacional de España- impidió a los periódicos de la mañana, entre los cuales esta LANZA, dar cabida en sus páginas a la noticia del fallecimiento del Caudillo. A esta hora, nuestro periódico está ya en los primeros correos y se preparan los paquetes de venta y suscripción, no sólo en la capital, sino de Puertollano, Valdepeñas y otras localidades importantes.

Quienes trabajamos en LANZA, tanto en Redacción como en talleres, hacía una hora que todos habíamos retirado descansar, pero a las seis y media de 1a mañana ya conocíamos la noticia dolorosa, aunque esperada para cualquier momento, y sopesamos  la conveniencia de rehacer el número del 20 de noviembre, con la sola noticia de la muerte del Caudillo, cambiando la primera plana, solamente aprovechando lo que ya teníamos preparado de amplia biografía, o esperar unas horas para ofrecer a nuestros lectores una edición especial, con todas las noticias que se hubieran producido hasta el momento del cierre. Afortunadamente optamos por la segunda decisión, pensando precisamente en la ventaja que suponía para el público tener una información. mucho más completa de los importantes acontecimientos que la muerte de nuestro Caudillo y su sucesión, provocaba hora a hora.




A las nueve de la mañana ya estábamos de nuevo en plena actividad, tan pronto la agencia «Efe» nos fue suministrando las informaciones nacionales y del extranjero que tenían relación con el fallecimiento de Franco, que habían hecho lanzar ediciones especiales a la prensa mundial y detener programas de emisoras de radio y televisión de los más diversos países. A las doce y media cerrábamos el número especial y a la una, en lucha contra el tiempo y los imponderables, situábamos LANZA en los habituales quioscos de venta en la capital y salían cuatro coches para cubrir otras tantas rutas de la provincia, al objeto de ofrecer a los manchegos la información con más peso de los últimos tiempos. El público premió nuestro esfuerzo arrebatando materialmente los ejemplares de los lugares de venta, hasta el punto de que nuestra máquina hubo de tirar cinco mil ejemplares más de lo habitual.

Son muy numerosas las felicitaciones que hemos recibido, que agradecemos, y dentro de nuestra modestia estimamos en lo que valen, felicitación que trasladamos especialmente a nuestro personal de Redacción, Administración y Talleres, que ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

Diario “Lanza” viernes 21 de noviembre de 1975