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jueves, 22 de octubre de 2020

EL SALMO INSCRITO EN LA PARED DE LA IGLESIA DE SANTIAGO

 


En la pared del último tramo de crucería de la nave central de la parroquia de Santiago, antes de su llegada al ábside, nos encontramos una inscripción en latín que reproduce el Salmo 24:4: “Innocens manibus et mundo corde qui non accepit // in vano animam suam nec iuravit in dolo proximo suo”, que traducido al castellano dice lo siguiente:  “El limpio de manos y puro de corazón: El que no ha tomado su alma en vano, ni jurado con engaño a su vecino”.

 


miércoles, 21 de octubre de 2020

LA LÁPIDA SEPULCRAL DEL DIÁCONO BENEFICIADO ALFONSO MOLINA DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO

 


En la capilla del Santísimo Cristo de la Caridad de la parroquia de Santiago. Se halla la lápida sepulcral del diácono beneficiado Alfonso Molina. El enterramiento está fechado sobre la misma losa en 1600. Los Molina están presentes en la hidalguía de Ciudad Real al menos desde 1525, cuando Nuflo de Molina solicitó a la Chancillería de Granada carta de hidalguía en pleito sostenido con el gobierno municipal de la ciudad. El reconocimiento le fue otorgado dos años después. Por otra parte, Hernando de Molina fue regidor en Ciudad Real; de él se tiene noticia a finales del siglo XV a través de los pleitos sostenidos con arrendatarios de tierras en la Alcudia.

Con perfiles nítidos aparecen los Molina relacionados con los Treviño mediante el matrimonio de Lope Fernández Treviño Carrillo con Francisca Ruiz de Molina, enlace efectuado por el primer tercio del siglo XVI. La dama fue heredera del mayorazgo de los Ruiz de Molina. El religioso que en su día recibió sepultura bajo las bóvedas del templo debió de pertenecer a aquella casa, tal como se deduce de los dos cuarteles del blasón.

Carlos Parrilla Alcaide y Miguel Parrilla Nieto. “Linajes y Blasones de Ciudad Real”. Biblioteca de Autores Manchegos. Diputación de Ciudad Real


martes, 20 de octubre de 2020

LA PILA DE BAUTISMO DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO

 


La pila de bautismo de la Parroquia de Santiago de Ciudad Real, que se encuentra ubicada en la capilla del Santísimo Cristo de la Caridad, es una pila histórica del siglo XIV de taza semicircular, que lleva bajo su borde una inscripción, y a continuación unas anuaciones donde se alojan los gallones en relieve con un fuste redondo estriado y una basa cuadrada. Esta pila tiene similitudes con la iglesia de San Pedro.

Fuente: https://loscaminosdelatierra.wordpress.com/pilas-bautismales/espana/ciudad-real-iglesia-de-santiago-pila-bautismal/

 


lunes, 19 de octubre de 2020

LA CAPILLA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA CARIDAD

 

Pintura con la dedicación de la capilla

La iglesia parroquial de Santiago Apóstol está considerada como el templo más antiguo de Ciudad Real. Su construcción se sitúa en las postrimerías del siglo XIII y principios del XIV, a los pocos años de la fundación de la entonces llamada Villa Real en 1255. Según algunos autores, lo más antiguo de la edificación sería la torre, que habría sido un antiguo torreón defensivo. Lo cierto es que en sus piedras se aprecian marcas de canteros que denotan su procedencia, los edificios de la ruinosa Alarcos. Adosada a ella se habría iniciado la construcción del templo de tres naves, mediante columnas de sección octogonal de las que arrancan arcos ojivales sobre los que se situaban cubiertas simples de madera. El templo se completa con la cabecera, con bóvedas de crucería y terminada en tres ábsides, que muestran un gótico más elaborado.

Posteriormente se reformó el templo, como es el caso de la magnífica armadura mudéjar que cubre la nave central, construida en torno al año 1400. A finales del siglo XV y en el siguiente, se amplió el edificio mediante la construcción de dos capillas en la cabecera de las naves laterales, rompiendo los ábsides y construyendo en su lugar sendos arcos de medio punto para dar entrada a las mismas. En una de estas capillas, la situada en la nave del Evangelio, recibe culto desde tiempo inmemorial el Santísimo Cristo de la Caridad.

La construcción de la capilla se puede fechar con bastante precisión gracias a que en la clave de la bóveda se encuentran pintadas las armas de los Reyes Católicos, por lo que habría sido edificada entre 1474, inicio de su reinado, y 1492, año de la toma de Granada, cuyo emblema se incorporó al de los monarcas pero no aparece en el citado escudo.

Julián Alonso se hizo eco de una leyenda, aunque sin darla como cierta, que afirmaba que la capilla fue construida como homenaje al infante Fernando de la Cerda, hijo primogénito de Alfonso X, fallecido en Villa Real en 1275, además de explicar su uso primitivo: “Por algunos meses estuvo depositado el cadáver del Infante en la Parroquia de Santiago. Luego se lo llevaron a enterrar a las Huelgas de Burgos. En recuerdo del piadoso depósito, D. Sancho regaló a la iglesia una de las 72 espinas de la corona del Redentor. También, como memoria, erigióse en Santiago, pasando el tiempo, la Capilla de San Benito, donde los “Sambenitados de la Cruz Verde” celebraban sus cultos y que hoy se llama del Sto. Cristo de la Caridad. Su clero constaba de cuatro sacerdotes. En la clave de la bóveda, por ser de fundación real, se veían las armas de Castilla y de León. De sus murallas colgaba una pequeña cadena(1).

El mismo autor da más datos al respecto: “…la Cruz Verde del barrio de los cristianos nuevos, “los sambenitados”, acosados hasta la apostasía o cristianos hasta el sacrificio heroico, que, en la iglesia del señor San Tiago fundaron la congregación de San Benito, con capilla propia “donde hoy está la imagen del Cristo de la Caridad”.”(2)


Clave de la bóveda de la capilla

Es verdad que la fecha de construcción de la capilla coincide en el tiempo con un periodo de gran actividad contra los judíos conversos por parte de la Inquisición, que llegó a tener un tribunal en Ciudad Real entre 1483 y 1485. Los “sambenitados” eran aquellos condenados por la Inquisición a llevar puesto un hábito penitencial o sambenito, prenda en forma de amplio escapulario cuyo fin era avergonzar públicamente a quien lo llevaba, bien por un periodo determinado o para toda la vida. Los sambenitos, una vez cumplido el plazo previsto, eran colgados en las paredes de la iglesia parroquial donde el hereje vivía, para escarnio y recuerdo perpetuo de los parroquianos. Junto al sambenito se indicaba el nombre la familia, el delito cometido contra la Iglesia y el castigo impuesto.

Llama la atención que, efectivamente, en las ordenanzas de la Hermandad del año 1612 se la llama capilla de San Benito: “…sanctísimo Crucifixo de la Caridad que esta en la parroquial de señor Santiago de esta dicha ciudad en la Capilla de señor sant Benito della…”. Hay que tener en cuenta además la cercanía de la iglesia de Santiago con la antigua judería, ubicada aproximadamente entre las calles Calatrava y Mata. Además, el símbolo de la Inquisición era una cruz verde, y tradicionalmente se ha denominado Cruz Verde al ensanche de la calle Calatrava en su confluencia con Lirio, lugar inmediato a la iglesia de Santiago. En cualquier caso, no se conocen datos que permitan dar como cierto lo afirmado por Julián Alonso.

La presencia del Santísimo Cristo de la Caridad llevó a la actual denominación de la capilla, probablemente a raíz de la fundación de la Hermandad. Pese a la casi total pérdida del archivo parroquial de Santiago, el nuevo nombre está documentado en las postrimerías del siglo XVIII, aunque debió de llamarse así desde mucho antes: “En la Ciudad de Ciudad Rl, en treze dias del mes de febo del año de mil ochozs y tres Joaqna Bollon, natl. y beza. de esta Ciud, viuda de Vizente Muñoz y Osma, habiendo recibido los Stos. Sacramentos de Penitencia, Eucaristia y extrema Uncion fallecio, y habiendo otorgado testamto en nuebe de Dizre. del año pasado de mil setezs. nobenta y ocho ante Fernando Camborda y Espinosa, ssno. del numo. de referida Ciud. por el qual se mandó enterrar en la Capilla del SSmo. Christo de la Caridad de esta Iglesia Parroql. del Sr. Santiago con la asistencia de todo el clero de ella, y la Comunidad de N. P. Sn. Franco…(3)

Queda constatado, además, el uso de la capilla como lugar de enterramiento. Muy probablemente serían sepultados en ella los hermanos fallecidos, como sucedía en otras cofradías de Ciudad Real en los siglos XVII y XVIII. También hay constancia de que se enterraba a otras personas de las que no se hace mención a su pertenencia a la Hermandad. Tal es el caso de José Messía de la Cerda en abril de 1830, y Manuel Messía de la Cerda, coronel de infantería de los Reales Ejércitos y Regidor perpetuo de la ciudad, apenas unos días después: “En la Ciudad de Ciudad Real en diez y siete de Abril de mil ochoctos. y treinta se dio Sepultura Eccca. en la Capilla del Smo. Cristo de la Caridad de esta Iglesia Parroql. del Sr. Santiago, con asistencia de todo el Clero de la misma al cuerpo de Dn. Manl. Mesia de la Cerda, legítimo marido de Da. Josefa Palacios…(4)


Segunda imagen del Cristo de la Caridad del valenciano Federico Zapater del año 1908 y destruida en 1936

En esta capilla existió una lápida, hoy desaparecida, donde se hacía constar que “en el año 1861 el culto y conservación estaba a expensas del excelentísimo señor don Fernando Palacios, conde de Montesclaros(5). Fernando Palacios Azaña tenía su palacio al principio de la calle Lirio, en el lugar donde la tradición situaba el tribunal de la Inquisición, aunque en dicho año residía en Madrid. Cuentan los hermanos más antiguos, que este noble local hizo donación de la capilla a la Hermandad, pero falta la documentación que lo avale.

Hasta principios del siglo XX hubo en la capilla “un retablo barroco, ejemplar profuso de la ornamentación del estilo(6).  Probablemente se trate del “altar del Cristo de la Caridad(7)  que recordaba el profesor Alonso. También existía a la entrada, bajo el arco, una gran reja de madera, y recibió culto en ella, hasta 1936, la imagen del Cristo de los Ojos Vendados.

Durante la Guerra Civil (1936-1939), la iglesia de Santiago fue incautada por los milicianos de la coalición izquierdista Frente Popular, quedando prohibido el culto y práctica religiosa en toda la ciudad. Las imágenes fueron sacrílegamente destruidas, entre ellas el antiquísimo Cristo de la Caridad y el moderno que lo sustituyó en 1908. El templo se dedicó a almacenes y estancia de evacuados, sufriendo grandes desperfectos. Se quemaron la mayoría de elementos que pudieran arder, como retablos, imágenes, el archivo parroquial o la puerta de acceso a la torre. Una auténtica catástrofe cultural y religiosa que borró de un plumazo siglos de historia.

Concluida la Guerra Civil, se restauró el culto en el templo, siendo necesario efectuar importantes obras de reparación y acondicionamiento. Entre ellas, en 1951 se proyectó renovar el solado de la iglesia, pero no el de la capilla. Ante esta circunstancia, la junta directiva de la Hermandad se puso al habla con el cura ecónomo, Javier María de Castro, llegando al acuerdo de arreglarla también, poniendo nuevo solado, pintándola y procediendo a la “instalación de altar para poder colocar el paso fuera de la carroza una vez pasada la Semana Santa”(8).  El coste de estas obras ascendería a tres mil pesetas, que la Hermandad pagaría merced a una operación financiera con un banco. De lo anterior parece deducirse que, efectivamente, la Hermandad tenía ciertos derechos y obligaciones sobre la capilla, como aseguran los cofrades más antiguos. Debió de ser durante estas mismas obras cuando se rebajó el nivel del suelo de la capilla, a la que hasta entonces se accedía subiendo un escalón, dejándolo a la misma altura del resto del templo. Al acometer estos trabajos se puso de manifiesto su antiguo uso como lugar de enterramiento, al aparecer numerosos huesos humanos.

Hasta 1985, el Santísimo Cristo de la Caridad recibía culto bajo el arco de entrada a la capilla, en su paso procesional, flanqueado por los candelabros posteriores y con la trasera del paso haciendo de altar. Para ello, se giraba la cruz sobre sí misma 180 grados, y tras el Cristo se colocaba una gran tela roja que tapaba el resto de imágenes del misterio. De esta manera, la capilla era inaccesible para el público. A la izquierda del arco, existía una lápida de mármol con la leyenda “Stmo. Cristo de la Caridad (Longinos)”.

 

Capilla del Santísimo Cristo de la Caridad, hacia 1985, fotografía Francisco Granados

Entre septiembre de 1985 y julio de 1989 la iglesia de Santiago estuvo cerrada al culto, llevándose a cabo unas profundas obras de restauración cuyo objetivo era dejarla en su estado original, eliminando añadidos y deformaciones. Entre ellas, se dejó la piedra vista en las paredes, se eliminaron las falsas bóvedas de yeso que ocultaban los techos de madera, se sacaron a la luz varios ventanales góticos, se demolieron capillas, se suprimió la puerta por la que salía la procesión del Jueves Santo y la de entrada exterior a la torre, y un largo etcétera.

Tras la citada restauración, la capilla sufrió importantes cambios. El Santísimo Cristo de la Caridad sigue presidiéndola, pero ahora situado en la pared, frente al arco de entrada. En el centro se decidió colocar la pila bautismal, pieza de gran antigüedad que anteriormente estaba a los pies del templo. A ambos lados se puso sillería coral de nueva factura. En la pared de la derecha, que da al altar mayor, se encuentra la lápida sepulcral de Alfonso Molina, diácono beneficiado, fechada en el año 1600. En la pared opuesta, una ventana por la que recibe luz, y debajo, un cuadro de la Virgen con el Niño. En la parte exterior del arco de entrada, a la derecha, pintada en la piedra, la dedicación de la capilla: “Stmo. Cristo de la Caridad”. La bóveda muestra las armas de los Reyes Católicos en el centro, así como conchas de Santiago y cruces de Calatrava. En los nervios se ven cabezas de dragones similares a los que existen en la otra capilla y en el ábside del altar mayor. Desde el 17 de abril del año 2000, Lunes Santo, el Santísimo Cristo del Ecce Homo, que hasta entonces no estaba al culto, se encuentra en la capilla del Santísimo Cristo de la Caridad, en un pedestal construido bajo la ventana, desplazando el cuadro de la Virgen con el Niño junto al arco de entrada.

Exteriormente, destaca el tamaño de la capilla, mayor en altura y anchura que la nave de la que es prolongación. La fachada de la calle Norte presenta un hueco, que debió de ser parte de una galería de acceso al camarín del desaparecido retablo del altar mayor. En la fachada de la calle Estrella, tapada parcialmente por las dependencias parroquiales, se aprecia una ventana muy deteriorada, probablemente de estilo gótico-renacentista, con una gran grieta que se abre desde el tejado. Con total seguridad, debió tener esta ventana su parteluz, hoy perdido, similar a los de las ventanas de la capilla de Jesús Nazareno de la parroquia de San Pedro, construcción de la misma época.

Alberto Carnicer Mena. “Santísimo Cristo de la Caridad. Cuatro Siglos de Hermandad”


(1) La más antigua Semana Santa de Ciudad Real. Artículo en Lanza, 12 de abril de 1949.

(2) Páginas de nuestro callejero botánico: Calle del Lirio. Artículo en La Pasión, 1963.

(3) Libro de defunciones de la Parroquia de Santiago (1793-1831). Folios 174 y 174 vto.

(4) Ibídem. Folios 414 vto. y 415.

(5) Semana Santa Española. Ángel Rodríguez y Francisco Narbona. Madrid, 1960. P. 556.

(6) Catálogo monumental artístico-histórico de la provincia de Ciudad Real. Bernardo Portuondo. Madrid, 1917. Pág. 262.

(7) “El Cristo de las enagüillas” de Santiago y Matías. Artículo en el diario Lanza, 1 de abril de 1958.

(8) Acta de la Asamblea General Ordinaria de 25 de febrero de 1951.

Imagen que presenta actualmente la capilla

domingo, 18 de octubre de 2020

ESTELAS FUNERARIAS MEDIEVALES EN LA PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL

 


En la restauración que se efectuó  en los años ochenta en la Parroquia de Santiago Apóstol de Ciudad Real, se encontraron diez estelas funerarias medievales formando parte del relleno del ábside o de la cubierta. Estas estelas aparecen sistemáticamente asociadas al modelo del cementerio parroquial de tumbas de lajas extramuros de los templos (siglos XII y XIII) pasando, a partir del siglo XV, a preferir los enterramientos dentro de sus muros. No obstante la costumbre antigua se mantiene hoy en Francia, Irlanda y en el País Vasco.



Ante la variedad de piezas con diferentes motivos en ambas caras (cruces, rosetas, estrella de David, mano de Fátima, ballesta), nos hemos planteado algunas hipótesis: ¿proceden de cementerios cristianos, judíos y musulmanes, cuyas piedras (la de las judías, al menos) permitieron los Reyes Católicos reutilizar para la edificación de templos cristianos en el siglo XV? En esta línea destacamos la existencia de una de estas estelas, con cruciforme, conservada hoy como parte integrante de un contrafuerte en la fachada sur de la Parroquia de San Pedro Apóstol. ¿Estamos ante el muestrario de un taller de estelas funerarias del siglo XIV en Ciudad Real que atendía a las necesidades de los fieles de tres religiones?



Con esta colección se abren las expectativas de investigación para los estudiosos de la Edad Media.

Solo resaltaremos, junto a la pieza elegida para la exposición adornada con símbolos judíos y musulmanes, la estela funeraria de un ballestero y otra en la que está someramente trazado el motivo decorativo, previamente a su talla por parte del cantero.

La Pieza del Mes, Palacio del Medrano, mayo-junio 2008



sábado, 17 de octubre de 2020

LA MISA DE SAN GREGORIO DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DE CIUDAD REAL

 


La Misa de San Gregorio es un tema de carácter eucarístico que gozó de gran difusión en las artes plásticas entre finales de la Edad media y principios del siglo XVI. La escena se hacía eco de una leyenda que narraba la aparición milagrosa de Cristo sobre el altar en el que estaba oficiando el santo. Tal y como recoge Louis Réau, la tradición surgió en la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma, edificio en el que habría tenido lugar la presunta aparición(1). La leyenda afirmaba que estando oficiando la misa, uno de los asistentes dudó de la presencia real de Cristo en la hostia y que, acto seguido, tras la correspondiente plegaria del Papa, Cristo apareció sobre el altar mostrando los estigmas y rodeado por los símbolos de la Pasión. El propio Louis Réau precisa que la leyenda es muy tardía, porque no aparece en ninguna de las Vita de San Gregorio ni tampoco la recoge la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, incorporando además un posible origen iconográfico para ella, origen que podría estar relacionado con una imagen animada de Cristo que, separada del muro, se contemplaba en la bóveda del ábside de la Iglesia de la Santa Cruz o con las miniaturas que decoraban los ejemplares del Sacramentario, libro con el que está relacionado el santo. Sea como fuere, lo cierto es que el tema gozó de una gran difusión debido a las indulgencias que se concedieron a las imágenes de esta escena milagrosa.

Generalmente la escena suele representarse de este modo: “el Papa celebra misa, el Cristo de Piedad, desnudo y coronado de espinas, aparece sobre el altar de pie o con medio cuerpo hundido en la tumba, dos ángeles, que a veces están reemplazados por la Virgen y san Juan, lo sostienen por las axilas. Cristo presiona con la mano los labios de la llaga, y hace brotar sangre que vierte en el cáliz”. Además, tal y como señala Réau, “alrededor de Cristo están dispuestos como trofeos de victoria, los Instrumentos de la Pasión”. La escena se completa con la figura de “un cardenal o un obispo” que sostiene la tiara de San Gregorio mientras éste celebra misa.

El tema no solo gozó de una gran difusión, como ya hemos dicho antes, sino que también fue representado por artistas de gran renombre, como el Bosco (Reverso del Tríptico de la Epifanía) o el propio Alberto Durero, que la plasmó en uno de sus grabados. En este sentido, no hace falta decir que la mayor parte de las representaciones son pinturas (ya sean sobre tabla, frescos o miniaturas), pero también encontramos ejemplos de carácter escultórico, como el que podemos contemplar en la sacristía de la Iglesia parroquial de Pisón de Castrejon (Palencia)(2).



La parroquia de Santiago de Ciudad Real nos ofrece una representación de esta escena que podemos contemplar en uno de los muros del ábside que remata la nave del evangelio. El fresco debió restaurarse cuando se llevó a cabo la intervención que sacó a la luz la armadura de madera que cubre la iglesia. No obstante, y a pesar de esta actuación, la obra presenta grandes lagunas que fue imposible recuperar debido al estado que presentaba. La figura de Cristo, situada a la derecha de la composición, es de menor tamaño que el resto de los personajes que hay en la escena, reproduciendo de esta forma uno de los convencionalismos típicos de las representaciones góticas de este milagro. Jesús, que surge del sepulcro semidesnudo, ataviado tan sólo con el paño de pureza, mantiene los brazos abiertos y extendidos hacia abajo mostrándonos las palmas de las manos, y en consecuencia las llagas, aunque éstas no se pueden apreciar por el estado de la pintura.

La imagen de Cristo está rodeada por los instrumentos de la Pasión (las arma christi) y por tres personajes. Algunos de los elementos están mal conservados que resulta imposible identificarlos. Detrás de Cristo podemos ver la cruz y, apoyada sobre uno de sus brazos, la escalera que se utilizó en el descendimiento. A la izquierda nos encontramos con una columna alta y esbelta de fuste encintado y encima de ella el gallo, relacionado con las negaciones de San Pedro. Finalmente, a la derecha de San Gregorio, hay un gran disco dorado que resulta muy difícil de identificar por el estado en el que se encuentra.

La imagen de Jesús, además, está rodeada por tres personas. A la izquierda, junto a la columna, vemos la imagen de un hombre que va tocado con un gorro rojo y luce una espesa barba negra. Aunque su rostro está muy bien conservado, no ocurre lo mismo con el resto del cuerpo, que está bastante difuminado. Además, el gran lienzo blanco que aparece junto a la columna oculta parte de su figura y nos impide saber si sostiene el martillo que hay a su lado.

Junto a la base de la columna nos encontramos con un segundo rostro tan mal conservado que apenas es visible, por lo que resulta imposible identificarlo; aunque, si tenemos en cuenta otras representaciones de este tema, podría tratarse de un ángel.

La última de las figuras que rodean la imagen de Cristo está situada a los pies del sepulcro, en el extremo derecho de la composición. Se trata de una mujer que levanta ligeramente la cabeza, aunque su mirada no se dirige hacia la figura de Cristo, sino al personaje que aparece junto a la columna. Su estado de conversación tampoco es demasiado bueno, pero todavía es posible apreciar parte de su vestido y de su tocado. A juzgar por el gran adorno que luce en el escote de su vestido, y por su peinado, que también lleva unos pequeños adornos a modo de cuentas esféricas o perlas, se trata de una mujer de cierta posición social, probablemente la donante, aunque no podemos ver la postura que adopta.



A la izquierda de la escena nos encontramos con un grupo compuesto por cinco hombres dispuestos en dos filas superpuestas. Los tres que aparecen en la fila inferior son eclesiásticos. San Gregorio es el que está más cerca de la figura de Cristo. El Papa, que luce una amplia tonsura, contempla atentamente el milagro en actitud orante. Sus ropajes están muy mal conservados y no porta ningún atributo, pero los ornamentos papales (la tiara y la cruz) que nos sirven para identificarlo están en manos de los otros dos eclesiásticos que hay a la izquierda. Se trata de dos cardenales (vestidos con el característico hábito y capelo rojos) que dialogan entre sí. El cardenal más cercano a San Gregorio sostiene una tiara en sus manos al tiempo que gira la cabeza hacia su compañero que aparece más a la izquierda. Éste, en cambio, señala con el dedo índice de su mano derecha hacia la figura de Cristo, interpelándole para que mire hacia el lugar donde está produciéndose el milagro. Además, con la otra mano sostiene una cruz dorada que va engastada en un mango tan largo que sobresale por encima de las cabezas de los personajes de la fila superior.

Por último, los dos hombres que hay encima son seglares y también están dialogando entre sí. El de la derecha mantiene una actitud muy similar a la de cardenal que sostiene la cruz. Gira la cabeza hacia su interlocutor mientras señala con el dedo índice de su mano izquierda hacia la figura de Cristo. Su compañero mira hacia el lugar donde se está produciendo el milagro y contempla el acontecimiento en actitud orante, con las manos juntas a la altura del pecho.

José Javier Barranquero, Licenciado en Historia del Arte. “VERACRUZ” Revista oficial de la Hermandad de la Veracruz y Ntra. Sra. de la Soledad de Puertollano, Nº 23.


(1) REAU, L., Iconografía del arte cristiano, Tomo 2, Volumen 4, Barcelona, 1997, p. 53.

(2) IBAÑEZ GARCÍA, Miguel Ángel, “La Misa de San Gregorio: Aclaraciones sobre un tema iconográfico. Un ejemplo en Pisón de Castrejón (Palencia)”, Norba-Arte, nº 11, 1991, pp. 7-18.



viernes, 16 de octubre de 2020

FALLECE EL XI OBISPO-PRIOR DE LAS ÓRDENES MILITARES, D. ANTONIO ALGORA HERNANDO

 

Fue Obispo de Ciudad Real y Prior de las Ordenes Militares entre los años 2003-2016

Ayer, jueves, 15 de octubre, fiesta de santa Teresa de Jesús, ha fallecido Antonio Ángel Algora Hernando, obispo emérito de la diócesis de Ciudad Real, con 80 años de edad, de un fallo multiorgánico en torno a las cuatro de la tarde.

Durante 13 años fue obispo de nuestra Diócesis de Ciudad Real y desde 2016, obispo emérito.

Le encomendamos especialmente a la Virgen María, a la que tanta devoción y cariño ha mostrado a lo largo de su vida. Rogamos oraciones por su eterno descanso a todo el pueblo de Dios, laicos, monasterios y casas religiosas, consagradas y consagrados, sacerdotes y parroquias.

El Señor, que es buen pagador, le premie con misericordia.

Proceso en el Hospital de La Paz

Don Antonio ingresó en el Hospital de La Paz de Madrid el pasado 20 de septiembre, con diagnóstico de neumonía bilateral provocada por la COVID-19. Durante los veinticinco días en los que ha estado ingresado, sin salir de la gravedad, ha tenido momentos que animaban a la esperanza en su recuperación, aunque pudiese ser un proceso lento. En los últimos días había dado signos de recuperación porque la infección había remitido, la presión arterial se le había estabilizado y cada vez aguantaba más la respiración de manera autónoma. Sin embargo, esta mañana, el equipo médico ha informado del fallo multiorgánico que ha derivado en su muerte.


Entre 1985 y 2003 fue Obispo de Teruel y Albarracín

Datos biográficos de Antonio Algora Hernando

Don Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el día 2 de octubre de 1940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1967, fue ordenado sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era la Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Estudió Sociología en el Instituto Social León XIII, de la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid.

Desde 1968 a 1973, desempeñó el cargo de Consiliario de las «Hermandades del Trabajo», en Alcalá de Henares. Trasladado a Madrid como consiliario de los jóvenes de las

Hermandades del Trabajo, sustituyó al fundador, don Abundio García Román, en 1978, como Consiliario del Centro de Madrid.

El 9 de octubre de 1984, fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid.

El 20 de julio de 1985, fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Fue consagrado Obispo el 29 de septiembre de ese mismo año por el Nuncio Apostólico en España, Mons. Taglaferri.

El día 20 de marzo de 2003, al aceptar el Santo Padre la renuncia, por razones de edad, de Mons. Torija al gobierno pastoral de nuestra diócesis, fue nombrado Obispo de Ciudad Real, con el título honorífico de Prior de las Órdenes Militares. Tomó posesión el día 18 de mayo de 2003 en la Santa Iglesia Catedral Basílica, de manos de don Rafael Torija.

El 2 de octubre de 2015, después de doce años como obispo prior de la diócesis de Ciudad Real, presentó la renuncia al gobierno de la diócesis por razones de edad. El 8 de abril de 2016 se anunció que lo sucedería Gerardo Melgar Viciosa, en ese momento obispo de la diócesis de Osma-Soria, que tomó posesión el 21 de mayo de 2016.

Desde ese momento, Antonio Algora ha residido en Madrid, celebrando la eucaristía a diario en la parroquia Santa María la Mayor y San Julián, en el distrito madrileño de Tetuán. Además, ha continuado acompañando a Hermandades del Trabajo, tal y como comenzó en sus primeros años de sacerdocio.


 Delante de la imagen de la Virgen del Prado a su llegada a Ciudad Real en el año 2003

Otros datos de interés

En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y como tal, obispo responsable del Departamento de Pastoral Obrera desde el año 1990. También fue miembro, desde 1993, del Consejo de Economía y el responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia hasta noviembre de 2016. Además fue miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de 1987 a 1999. Ha sido también miembro de la «Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia», que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.

También fue presidente de la Fundación Pablo VI y, en los años en los que fue obispo de Ciudad Real, copresidente de la Comisión Mixta Iglesia-Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Con el cambio en la organización de la Conferencia Episcopal y la aprobación de sus nuevos estatutos en noviembre de 2019, quedó como miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción humana. De marzo de 2020 a septiembre de 2020 fue el obispo responsable del Departamento de Pastoral Obrera de esa Comisión Episcopal.

Fuente texto: https://www.diocesisciudadreal.es/noticias/1557/ha-fallecido-antonio-algora-hernando-obispo-emerito-de-ciudad-real.html


Presidiendo la procesión del Resucitado en el año 2011