Este año de 2005 se celebra el setecientos cincuenta aniversario de la fundación de nuestra ciudad, ordenado por Alfonso X. Tan significativa circunstancia dará motivo a disfrutar de numerosas conferencias, comunicaciones, o mesas redondas, con asistencia de personalidades nacionales y extranjeras, especialistas en historiografía, pero me temo, que la ausencia de historiadores locales ha de ser notable, precisamente por nuestro carácter de quijotes. Lamentable error.
No obstante, y dejando a un lado las consabidas injusticias, será conveniente recordar que, dentro de los proyectos del urbanismo de la Edad Media, se ha de gestar en la “Puebla del Pozuelo” o “Pozuelo Seco”- aldea o lugar dependiente de Alarcos, que después de la batalla del mismo nombre (julio de 1195) comienza a despoblarse-. Luego al dicho “Pozuelo” se le agrega “de D. Gil”. El tal Don Gil era un caballero vecino de Alarcos que actuará como señor del lugar, seguramente por méritos contraído en la célebre derrota de Alarcos.
La carta de población o carta puebla se data con fecha del 20 de febrero de 1255, y fija las condiciones de vida de los futuros pobladores. Por las razones que todos conocemos respecto a la Orden de Calatrava, don Alfonso X funda el nuevo núcleo de población al que le impone Villa Real. El monarca castellano planifica el recinto urbano con unas excepcionales dimensiones perimetrales entre murallas. La leyenda o tradición nos dice: «... que el mismo rey trazó los límites de la cerca con su propia espada, montado sobre su caballo». ¿Proyectó el monarca castellano, que aquel núcleo urbano en el futuro constituyera cabeza de toda la región? Lo ignoramos, pero evidentemente acertó unos siglos después.
El origen de la capitalidad de Ciudad Real
tiene sus inicios en 1691, cuando se crea la provincia de La Mancha con los
partidos de Alcaraz, Almagró, Ciudad Real e Infantes, sin perder, no obstante,
su denominación el resto de la región del mismo nombre. En 1699 le fue agregado
el territorio del Gran Priorato de San Juan como quinto partido, todo bajo la
intendencia de La Mancha, cuyo centro era Ciudad Real.
Un decreto de Felipe V en el año 1713, manda arrendar las rentas por provincias, y por un golpe de suerte, el tomador de las rentas, don José Mecha, que disponía de libertad para fijar su residencia y oficinas donde más le acomodara, eligió nuestra ciudad que en 1718 se convierte en sede de la Intendencia o capital de la provincia. Sin embargo, muerto Felipe V en 1746, le sucede su hijo Fernando VI, de infausto recuerdo para Ciudad Real, al consentir que su ministro de Hacienda, el almagreño conde de Valdeparaíso, trasladase, aprovechando su influencia, la capital de la provincia de la Mancha a Almagro, aunque sólo durante el periodo comprendido entre los años de 1750 a 1761. Pero debemos matizar, que se autorizaba a Ciudad Real para que subsistiera en ella las Arcas Reales de las rentas provinciales.
A Carlos III -que reinó de 1759 a 1788- le debemos el fijar definitivamente la capitalidad en Ciudad Real «... por tener aquí la Intendencia y rentas; por su pasado histórico, y por su fundación realenga...» manifestaba el rey a los de Almagro. Hoy, la antigua villa de Ciudad Real ha rebasado con creces el perímetro de muralla que trazara el rey Sabio en 1255. Pero apenas poseemos vestigios que nos recuerden su pasado, si exceptuamos las iglesias de San Pedro, Santiago, Catedral (antigua Santa María) algunos viejos conventos, y la puerta de Toledo, terminada en el primer tercio del siglo XIV. Se perdieron definitivamente considerables muestras del pasado de la villa realenga en barrios como la Morería y la Judería y también el barrio cristiano, y sus puertas de acceso. Debemos recordar los innumerables privilegios con los que contó la villa y luego ciudad, tales como ser sede del Tribunal de la Inquisición (1483-1485) y de la segunda Chancillería de Castilla, (1494-1605) con jurisdicción desde la orilla sur del Tajo hasta toda la Andalucía, cárcel principal de la Santa Hermandad Vieja, etcétera Así pues, hasta los años 50-60 del siglo XX la ciudad contaba aun con numerosos testigos o restos de su pasado. Magníficos caserones de viejas e interesantes portadas. Citamos algunos: arco de Pozo del Concejo, casa de la Inquisición, la extraordinaria portada de cárcel de la Santa y vieja Hermandad, más las numerosas portadas de casas de ilustres familias llegadas aquí con Alfonso X, para repoblar la villa a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII.
Cuando el monarca funda Villa Real, la pequeña aldea de Pozuelo de Don Gil, se hallaba situada al sudoeste del recinto trazado por el rey, conformando los barrios moro y cristiano (hoy calles de Alamillo, Lentejuela, Zarza, Real, Infantes, Azucena, Reyes, Ciprés, etcétera. No obstante, se sabe que convivían mezclados ambas razas, más los judíos, llegados poco después, constituyendo el más importante grupo social, a causa de su poder económico. Los deberes religiosos de las tres etnias las celebraban en la mezquita de la calle del Alamillo, la ermita del Prado, y la sinagoga de la calle Real de Barrionuevo. Así permanecerán musulmanes y judíos hasta su expulsión. A principios del siglo XVII se expulsa también a gran parte de los moriscos ciudarrealeños, decayendo así la industria y las artes de Ciudad Real, acompañando en su caída a numerosos oficios, para desgracia de su población.
José Golderos Vicario. La Tribuna
de Ciudad Real, domingo 15 de mayo de 2005



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