5. Las consecuencias indirectas: huidas temporales y limitación de las costumbres y ritos judaicos.
Una de las principales consecuencias de los ataques contra los conversos, fue la huida de éstos de la ciudad. En algunos casos, estas marchas serán temporales, acogiéndose en casas de conocidos hasta que se calmara la situación, como le ocurre a Sancho de Cibdad, vecino de Ciudad Real, que “después de los movimientos desta cibdad” huyó a Toledo y se refugió en casa de Fernando de Toledo, el cual había vivido hacía dos o tres años en Ciudad Real, donde casó con una mujer conversa.20. Otros muchos marcharían a poblaciones cercanas, pertenecientes a la Orden de Calatrava, como Daimiel o Almagro, población esta última que todavía en 1474 conservaba su aljama, como nos muestra el padrón realizado por Rabbí Jacob Aben Núñez, mientras que cerca de una treintena se refugió en la cordobesa población de Palma del Río, bajo la protección de Luís Portocarrero, donde permanecieron cerca de tres años, hasta que se calmó la situación y pudieron regresar a Ciudad Real21.
En otros casos los judaizantes huyeron definitivamente, como le ocurre a Juan Panpán, que marcharía dejando a su mujer, María González en Ciudad Real, declarando ésta ante la Inquisición, en 1484, que su marido había abandonado la fe católica y practicaba ritos judíos, y que “ha dies años que bivo sin el, porque se fue desta cibdad e yo nunca quise yr con el”, coincidiendo la huída con la revuelta de 1474, y cuando vuelve seis años después para intentar convencer a su mujer para que marche con él, lo hará a escondidas (“vino aquí una noche”), para evitar posibles represalias22. En otros casos, cuando la muerte afectó directamente a las familias, éstas intentaron iniciar una nueva vida en otras poblaciones, como veremos en un próximo capítulo.
Los conversos que continuaron viviendo en Ciudad Real, verían muy limitadas las posibilidades de mantener sus ritos, debiéndose ocultar todavía más de la vista de sus vecinos, lo cual podemos comprobar cuando diez años después, los oficiales inquisitoriales recojan las denuncias por judaizar, en muchos casos estaban basadas en hechos ocurridos con anterioridad a la revuelta.
Un claro ejemplo de ello lo vemos en el
testimonio de Catalina González, vecina de la acusada María Alonso, que
declara: “que desde los dichos dies e ocho años hasta el robo vido entrar a
un judio en sus casas unas tres veses e vido que leyo dentro en su casa donde
ella tenia un telar, e ella oyo al dicho judio e le respondia puesto un braço
sobre otro”23. En la acusación
de Juan Martínez Alcaraz contra Juan Martínez de los Olivos, nos indica: “que
labrando este testigo antes del robo postrimero en las casas de çiertos
conversos desta cibdad, entre los quales dixo que sabe e vido en casa de Juan
Martinez de los Olivos se ençendian candiles el viernes por la noche e guisaban
de comer (el viernes) para el sabado, e guardaban el sabado, e vestian ropas
limpias”24. En estas dos
declaraciones, podemos observar como hubo un antes y un después tras los
sucesos de 1474, y como los judíos se vieron obligados a restringir aún más sus
ritos y costumbres judaizantes.
6. La diáspora judía de Ciudad
Real: el caso de la familia de Diego Barceno y Leonor López.
Las personas que huyeron definitivamente de Ciudad Real fueron aquellas que se vieron más directamente afectadas por los sucesos, dispersándose por la provincia y reforzando las comunidades criptojudías de otras localidades, incluso de algunas cuya población de origen judío era de pequeño tamaño. De esta forma buscaban integrarse en zonas donde la presión social que se ejercía sobre ellos fuese menor, especialmente en poblaciones rurales, donde podrían desempeñar trabajos artesanos, muy solicitados.
Sin embargo, lo que nos deja entrever el caso de esta familia, es cómo a pesar de la dispersión, se mantuvieron en perfecta comunicación las distintas comunidades conversas, fomentándose las relaciones a través de unos enlaces matrimoniales endogámicos, buscando así protegerse de las posibles denuncias de cristianos viejos y al mismo tiempo mantener la práctica de sus ritos y costumbres. Por ello, había una notable relación entre personas de diferentes y distantes poblaciones, pero que aseguraban la continuidad de una comunidad, cada día más perseguida, cercada y desarticulada.
Las vicisitudes de la familia de Diego Barceno y Leonor López, las conocemos gracias al hecho de que una de sus hijas, María López, será procesada en 1512 por los inquisidores, con lo que se abrirá un intenso proceso mediante el que podemos tener un conocimiento bastante exacto de su vida.
En las declaraciones de María, nos indica
que “se fue de dicha Cibdad Real por los robos que les hicieron en dicha
cibdad en los que mataron a su padre (de Maria, marido de Leonor), Diego
Barceno, y su madre se fue a vivir a Mançanares” con sus hijos que todavía
eran pequeños25. Esto es
corroborado por las declaraciones de Beatriz Rodríguez, vecina de Villaharta,
que declara que hará unos treinta y ocho años (en 1474), se encontraba viviendo
en “el lugar de Mançanares del Maestrazgo de Calatrava” y se trasladaron
a vivir al lado de su casa, una mujer llamada Leonor, procedente de Ciudad
Real, acompañada de sus nueve hijos:
seis hembras (María de 20 años, Isabel de 15, Constanza de 13, Inés de 11,
Francisca de 10 y Juana de 8) y tres varones (Fernando de 25, Alfonso de 15 y
Cristóbal de 12)26. Sin embargo, las edades dadas por dicha vecina, no se
corresponden con la que tenían cuando huyeron de Ciudad Real, y las
declaraciones de otros testigos nos dan a entender que éstos eran cinco o seis
años más pequeños, pues la mayor de las hijas, María, tendría catorce o quince
años, cuando huyeron. En un primer momento se acogieron en la casa de un
converso de la localidad, Gonzalo Rodríguez de Avicena, para después alquilar
Leonor una casa situada en “la plaça del dicho lugar”27.
Al quedarse viuda y establecerse en una población distinta, Leonor se ganó la vida hilando y tejiendo vestidos, tarea en la que le ayudaban todas sus hijas mayores de diez años, como nos muestran las declaraciones de los testigos: “hilaban y cosian y devanaban”, “texian las dichas Ysabel y Constanza” 28.
Tras su establecimiento en Manzanares, los hijos de Leonor seguirán diferentes caminos, permitiéndonos éstos conocer las relaciones entre las comunidades judías manchegas a finales del siglo XV y comienzos del XVI.
El mayor de los hijos, Fernando de Lora, que cuando su madre y el resto de sus hermanos huyeron de Ciudad Real, se encontraba residiendo en Alcázar de Consuegra, se trasladará a vivir con ellos. Fernando, junto con su hermano Alfonso emigrarán a Sevilla, precisamente la ciudad donde se refugiaron los conversos huidos de Córdoba tras los sucesos de 1474, y donde el duque de Medina Sidonia y las autoridades locales eran permisivos con los judíos, llegando a plantear un proyecto para establecerlos en Gibraltar29. Allí Alfonso estuvo al servicio de un “escudero del duque de Medina”, aunque no debió gustarle mucho el ambiente existente en dicha ciudad, pues volvió al poco tiempo. Las causas del viaje a Sevilla las podemos encontrar en las declaraciones de uno de los hermanos, que nos indica que cuando se produjo la salida de Ciudad Real, una de sus hermanas pequeñas, Constanza, “estaba con una tia de Sevilla”30, de ahí que sus hermanos mayores marcharan a dicha ciudad, donde tenían familiares y posiblemente volvieran con su hermana pequeña, tras su estancia en ella. Sin embargo, este dato es obviado por la mayoría de los miembros de la familia, posiblemente para proteger a los familiares que tenían en Sevilla y evitar que la Inquisición hiciera indagaciones sobre ellos, causándoles más problemas.
Carlos Fernández-Pacheco
Sánchez-Gil. V Congreso de Historia Social. Ciudad Real, 2005
20 AHN. Sección
Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 139, expediente 11. Proceso contra
Sancho Ciudad y su mujer, María Díaz. 1483-1484. Declaraciones del testigo
Fernando de Toledo. (BEINART: Records…, Vol. One, pág. 24).
21 BEINART, Haim:
Los conversos…, pp. 81, 82 y 83.
22 AHN. Sección
Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 154, expediente 28. Proceso contra
MaríaGonzález, mujer de Juan González Panpan. 1483-1484. Confesiones de la
acusada. (BEINART: Records…, Vol. One, pág. 71).
23 AHN. Sección Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 133,
expediente 5. Proceso contra María Alonso. 1483-1484. Declaraciones de la
testigo Catalina González. (BEINART: Records…, Vol. One, pág. 231).
24 AHN. Sección
Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 165, expediente 1. Proceso contra Juan Martínez
de los Olivos. 1483-1484. Declaraciones del testigo Juan Martínez de Alcaraz.
(BEINART: Records…, Vol. One, pág. 518).
25 AHN. Sección
Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 163, expediente 7. Proceso contra María
López por judaizante. 1512-1522. Confesiones de María López.
26 Ibídem. Declaraciones de Beatriz Rodríguez, mujer de
Lucas Rodríguez.
27 Ibídem.
Declaración de Alfonso López Barceno.
28 Ibídem.
Declaraciones de Alfonso e Inés López Barceno.
29 CARO BAROJA,
Julio: Op. cit., pág. 146.
30 AHN. Sección Inquisición. Tribunal de Toledo. Legajo 163, expediente 7. Proceso contra María López por judaizante. 1512-1522. Declaración de Inés López Barceno.



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