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martes, 21 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (II)

 

Óleo de la Fundación de Villa Real en el Pozuelo Seco de Don Gil de Alfredo Palmero

 

PARTE II.

FUNDACION DE CIUDAD - REAL. — BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA MISMA.

Elevado al trono Alfonso X el Sabio en 1252, y comprendiendo que solo una población grande y libre podía ser la custodia permanente de los caminos y el vínculo de unión entre Castilla y las ricas adquisiciones de su padre, al través de la desierta zona que las dividía, otorgó el 20 de Febrero de 1255, hallándose en Burgos en compañía de su esposa Dª. Violante, la correspondiente Carta puebla para fundar y poblar a Ciudad-Real con el nombre de Villareal, dando a sus moradores las aldeas do Ciruela, Villar del Pozo, Higueruela, Poblete y Alvalá, por armas su propia figura sentada en escudo orlado de torres, por leyes el fuero de Cuenca para los plebeyos, y las franquicias de los caballeros toledanos a los de igual clase que en ella se estableciesen; concediéndoles además el privilegio de que no pagasen portazgo en ninguna parte, a excepción de en Toledo, Sevilla y Murcia.

Bien pronto los escasos moradores de la demolida Alarcos, su parroquia, su archivo, todo pasó al nuevo lugar, que empezó a formarse al rededor del pozo de D. Gil, el mismo, según cuenta la tradición, que se halla en la plazuela del Pilar, y a donde los privilegios atraían de todas partes gentes en tan gran número que, de una voz y como por encanto, quedó convertida Villareal en un crecidísimo pueblo, al cual así D. Alfonso, su ilustre fundador, como sus descendientes, no cesaron de acrecentar por cuantos medios les sugería su invariable deseo de hacerla una población importante.

De entre los privilegios a este efecto concedidos, citaremos los más principales.

En 6 de Junio de 1257 se ordenó por D. Alfonso, desde Monte Agudo, quedo se cobrase portazgos a Villareal; en 1261 se dio inmunidad de tributos a los caballeros en ella domiciliados, extensiva a todas Sus haciendas y dependientes; en 1264 púsose freno a las ávidas usuras de los judíos que especulando sobre las necesidades de sus deudores se alzaban con la colonia; en 15 de Octubre de 1266 y hallándose el rey en Sevilla concedíase toda la madera necesaria para la construcción de casas y del Alcázar que el soberano entre ellas mandaba erigir, y del que ya solo queda un arco de entrada de una de sus puertas, bien conservado por cierto, y que los curiosos pueden admirar en el sitio que tiene su magnífica bodega el Sr. Marqués de Villamediana, entre las puertas de Granada y la Mata y tocando a la muralla.




Villareal había crecido en 20 años lo que otras poblaciones en siglos cuando por el mes de Agosto de 1275 recogió el último aliento del primogénito de D. Alfonso, el infante D. Fernando de la Cerdo, detenido en ella por maligna calentura, en su marcha contra los moros. Tristes presentimientos afligieron la agonía del príncipe temiendo fuesen desheredados sus tiernos hijos, y con razón, pues su cadáver aún no había salido de la iglesia de Santiago para ser trasladado a las Huelgas de Burgos, y ya su hermano D. Sancho, volando a ponerse al frente de la expedición concebía el proyecto, que al poco tiempo realizó en Córdoba, de hacerse proclamar por los ricos hombres sucesor legítimo a la corona.

Situada Villareal en el centro de los dominios de la Orden de Calatrava, y exenta solo ella de su jurisdicción y señorío, tuvo en Calatrava un enemigo implacable, ofreciendo desde su fundación la interesante lucha de un Concejo libre, de un pueblo realengo, contra un poder en cierto modo feudal, que aspiraba constantemente a comprimirlo y absorberlo, si posible fuese, para quitar semejante ejemplo de emancipación a sus vasallos. Por eso el sabio D. Alfonso, comprendiendo la necesidad y el interés de protegerla contra la pujanza, ya formidable de los Maestres, mandó en 1280 que sus pobladores fuesen indemnizados por los súbditos de la Orden de los robos y malos. tratamientos que mostraren haber sufrido; así en 1293, estando en ella Sancho IV, prohibió que fuera jamás enajenada de la corona; y en 1305, para sostener sus derechos sobre pastos y leñas, la reina tutora Dª. María de Molina le ofreció gente de guerra contra Calatrava.

Ligados entre sí los vecinos de Villareal, a fin de no darse jamás a un hombre poderoso, y unidos en Hermandad con los de Toledo, para común defensa de sus libertades (cuya liga data del año 1282, y al tenor de ella el Concejo de dicha ciudad se interesó en 1316 con el Maestre de Santiago para que no auxiliase contra Villareal á Calatrava) lograron sostenerse y prosperar, transigiendo pacíficamente sus querellas en 1267 y 1292 con los Maestres Juan González y Rui Pérez. Violó con malos ojos su sucesor Garci López de Padilla, y decidido a ocasionarla todo el mal que pudiera, pensando que de este modo abandonarían la población y se marcharían a vivir a los pueblos del Campo de Calatrava, se propuso acorralarlos de tal suerte dentro de su angosto término, y con tal rigor en sus vedas y castigos, que tuvieron que abandonarlo. Reclamó Villareal en 1321 contra las muertes y talas que al abrigo de los muros de Miguelturra repetían los comendadores y sus vasallos, y contra los engaños y violencias con que se le sustraían los negociantes y se perturbaba su comercio; pero el rencoroso Padilla, enojado de la tenaz resistencia, contestó a los mensajeros: «que no le dejase Dios morir hasta vengarse de Villareal, y que teniendo ya un pié en el infierno y otro en el paraíso, se guardasen de él no metiera esotro pié en el infierno.» Embravecióle la orden del infante D. Felipe, tío y tutor de Alfonso XI, para quitar el mercado y derribar el castillo de Miguelturra, é intentó resistir a las tropas del Concejo, que desplegando los pendones reales, con el auxilio de Garci Sánchez de Viedma, alcalde de Jaén, manchaba a cumplirla, y la cumplieron a pesar suyo, y ardió Miguelturra con Peralvillo y Benavente, aprobando el rey los incendios y estragos hechos en tierra de Calatrava.




Agradecida Villareal a la protección del monarca, en medio de su peligrosa lucha, ofrecióle, a más de un donativo, cien jinetes y doscientos ballesteros, que no quiso aquel admitir por no exponerla demasiado a las iras de su terrible adversario, empleando no obstante contra los moros sus servicios. En ella recibió Alfonso XI el año de 1344 a los embajadores que le envió el rey de Marruecos para ofrecerle sus muestras de respeto y gratitud por haberle devuelto dos hijas que le había hecho prisioneras en la batalla de Tarifa, y dos años más tarde celebró Cortes en la propia población, a la cual concedió en 1347 varios privilegios y franquicias.

Ocasión de venganza contra Padilla le deparó también el cisma introducido en la Orden, después que aquel fue derrotado- por los moros en Baena. Villareal acogió dentro de sus muros en 1316 al clavero D. Juan Núñez de Prado, retoño bastardo de los reyes de Portugal por línea materna, y a los caballeros rebeldes, entre los cuales había tres de su vecindad, que eran los freires Alfonso de Mantilla, Juan Ramírez y Gonzalo de Mora, quienes se proponían permanecer allí hasta que entrado el rey en la mayor edad pudieran presentar ante él sus quejas y acusaciones contra el Maestre. Reclamados por este, sostuvo Villareal, por negarse a satisfacer tal pretensión, fieros ataques y cruel bloqueo del anciano Maestre acampado en Miguelturra, y derrotándole en sangrienta ¡id a vista de ambos pueblos en el año de 1328, no satisfecho con la fuga y deposición de su enemigo y el triunfo de D. Juan Núñez, se lanzó sobre su rival aborrecida á vengar por cuenta propia sus agravios. Al resplandor de las llamas que consumían á Miguelturra, la cual fue tomada por asalto, mujeres ultrajadas, niños y viejos pasados á cuchillo, saciaron la furia y lubricidad del vencedor: aquel lugar tan detestado y siete veces destruido, no parece, sin embargo, hoy pacífico y floreciente, sino que ha nacido a la sombra de su antigua competidora.

La ingratitud de Núñez de Prado para con el Maestre, su protector y de quien había recibido el hábito, no quedó sin castigo, pues el temerario rey D. Pedro dispuso su prisión cuando en Almagro le tenía a su mesa con una magnificencia poco común; y después de aterrar a los vecinos con amenazas de muerte y de dictar a la Asamblea de la Orden la destitución afrentosa de su jefe y la elección de Diego García de Padilla, hermano de su amada y pariente de Garci López, trasladóle al Castillo de Maqueda y allí mandó degollarle.

Puesto Padilla en posesión del Maestrazgo, Villareal en odio a aquel linaje, para ella tan ominoso, se declaró por D. Pedro Estévanez Carpintero, sobrino del depuesto Núñez, y no solo llevó la guerra a Calatrava, sino que se levantó por primera vez contra el monarca, cuyo perdón obtuvo en 1355 a costa de los jefes de la asonada, pereciendo Estévanez Carpinteyro a manos del mismo D, Pedro y en presencia de la reina madre.




Aun cuando Villareal fue en tiempo de Juan I cedida transitoriamente al desposeído rey do Armenia León V, y después a su secunda esposa Dª. Beatriz, los reyes no consintieron jamás en desprenderla absolutamente de la corona. Enrique III, su sucesor, la dispensó diferentes privilegios, así como a su Hermandad, por haber recibido de ella pruebas de fidelidad cuando se vio acosado por la tiranía de los grandes, en términos que le redujeron a la tristísima situación de empeñar una noche su gaban para poder cenar. En su tiempo se mandó quitar las sinagogas de los judíos, y la que tenían en Villareal fue concedida a Gonzalo Soto, quien en 1398 la vendió a Juan Rodríguez, tesorero mayor del rey en la Casa-moneda de Toledo, y luego fundó allí mismo el convento de Santo Domingo, del orden de predicadores, cuyas ruinas pueden aun verse por las calles de la Libertad y de la Mata y atravesando el llamado Compás de Santo Domingo.

Catorce años contaba Juan II, hijo menor de Enrique, cuando salió de Tordesillas, en donde le tenía como confinado D. Enrique, infante de Aragón y Maestre de Santiago. Fingiendo marchar a caza se retiró al castillo de Montalván, en compañía de Don Álvaro de Luna y de otros caballeros, encontrándose de repuesto únicamente ocho panes, una fanega de harina, dos de cebada y un cántaro de vino. No tardó el infante en cercar el castillo para impedir la entrada de sustentos, y entonces los de Villareal acudieron con fuerzas y entraron víveres en los críticos momentos de haberse ya comido los caballos, siendo el primero el del rey. Por tan oportuno y arriesgado servicio, la elevó el rey en Diciembre de 1420 a mayor categoría, trocando su título por el de muy noble y muy leal ciudad de Ciudad-Real, otorgándola el privilegio de voto en Cortes, y designando a Alonso García de Villaquiran, natural de la misma, para que asistiera continuamente al Príncipe de Asturias Don D.’ María, infanta de Aragón, el martes 24 de Abril de 1431, día memorable por haberse experimentado en la ciudad un terremoto, a consecuencia del cual se desprendieron tejas y almenas de la torre del Alcázar, se abrió una pared del convento de S. Francisco y cayeron dos piedras muy grandes de la capilla mayor de la iglesia de S. Pedro. Enrique; en 1427 le concedió su real fuero; en 1430 confirmó sus Ordenanzas municipales; y agradecido a los valientes soldados que Ciudad-Real le mandara cuando, cercado en Olmedo por el rey de Navarra, se vio en peligro de perder la corona, expidió una honorífica carta a los caballeros fijos-dalgos de esta ciudad, nombrando hasta treinta y ocho y ordenándoles que pasaran a descansar a sus casas. En ellas fueron visitados por el mismo D. Juan y su esposa.



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