Ciudad Real 15 de septiembre.= En la misma noche hemos sabido que por la fuerza armada y con la asistencia de los celadores de policía de esta capital, se han sacado de varias casas de ella, respetables algunas por las buenas cualidades de sus dueños, las armas que con las oportunas licencias de policía tenían para la defensa de sus personas e intereses. Ya por otra vez se practicó igual operación en este pueblo, y a algunos sujetos que se las han sacado anoche con la incomodidad de la deshora, les fueron devueltas, de modo que esto aparece bastante singular. Llegue el tiempo en que disfrutamos sin azares la libertad que proclamamos, y sea respetado en su asilo el ciudadano pacífico y honrado. No gustamos de procedimientos ruidosos, si el mismo efecto puede conseguirse sin ellos. Por otra parte, si algún día se presentase una fuerza facciosa, que si bien no lo esperamos al fin es posible, ¿cómo había de resistirla esta población desarmada? Entraría en ella y haría cuanto quisiese, porque su milicia urbana es cortísima y todavía no la hemos visto uniformada, armada ni en estado de hacer una gran resistencia. Se quería imponer a la población el castigo de la ley, y no sería a nuestro entender muy justo si se la desarmara. Tómense enhorabuena tales providencias con el hombre malo o sospechoso, pero no se confunda con esta clase el honrado traficante, labrador pacifico ni demás conocidos por su nunca desmedido buen obrar; esto en nuestro entender debe contribuir a consolidar más y más el gobierno de nuestra Reina.
Mensajero de las Cortes. Viernes 19
de septiembre de 1834

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