Enfermo sin amparo
Mariano Soto, anciano de 66 años, llegó a nuestra capital a primeros de Enero, mendigando de pueblo en pueblo, enfermo y sin recursos.
Ingresó en el hospital, permaneciendo en una de las salas de medicina cuatro o cinco días, al cabo de los cuales fue dado de alta por tratarse de un catarro crónico.
¡Indocumentado!
El pobre se encontró en la calle, cuando más necesitaba el amparo; cuando la nieve dificultó el transito y cerró las puertas, haciendo aún más apurada la situación de los mendigos.
Alguien acompañó al viejo, pocos días después, al hospital para que nuevamente fuera admitido por enfermo; pero se tropezó que el infeliz carecía de documentación, y a los indocumentados no se le abren las puertas de los establecimientos oficiales, aunque sean benéficos.
Otra vez deambuló el anciano por las calles nevadas, tropezando y cayendo, acurrucándose unas veces en el quicio de una puerta, guareciéndose otras en el arco de una iglesia.
Y así, cada vez más enfermo, soportando todas las inclemencias del tiempo, sin pan, sin abrigo, sin hogar, el pobre indocumentado vivió unos días, -vivió muriendo- victima de sus miserias y de su indocumentación.
Hubiera mostrado algunos documentos, que
acreditaran su persona, o una carta de un diputado provincial, y acaso todavía
estuviese gozando del abrigo, del calor, y de las atenciones a los enfermos se
les guardan en todo establecimiento benéfico.
En la casa de socorro
El día 19 de enero, el mendigo Mariano Soto, viejo y enfermo, fue encontrado en una de las calles próximas al Hospital tendido sobre la nieve, se sintió morir desfallecido, y dejóse caer sobre la blanca alfombra.
¿Creéis en la pureza de la nieve? El mendigo enfermo también creyó, y sintióse herido. La alfombra de la nieve no pudo resguardarle de los picachos de las piedras.
Herido, además de enfermo, algunos individuos de la Cruz Roja llevaron a la casa de Socorro al anciano.
Y allí fue, donde uno de nuestros compañeros de redacción, escuchó las lamentaciones del inspector de Policía Sr. Pacheco, refiriéndose a los mendigos enfermos, indocumentados.
¿Qué hacemos -decía el Sr. Pacheco- con este pobre viejo? En el hospital no lo quieren porque carece de documentos. De la capital no podemos echarlo, según se nos ordena, porque está enferma. Es cruel abandonarlo a su miseria, en medio del arroyo… ¿Qué hacemos con él?
Y estas lamentaciones motivaron aquellas
Notas de optimismo que escribió “Aviceo”, en las cuales pedía para los pobres
más caridad y menos escrúpulos.
En una casa de la calle del Carmen socorrieron al desgraciado anciano con una taza de caldo, porque no podía tomar otra clase de alimentos, y aquella noche fue acogido por una familia de la calle Ciprés para que descansase en un pajar.
Al día siguiente lo admitieron, por fin,
en el Hospital.
El mendigo se muere
Mariano Soto abandonó anteayer el benéfico establecimiento, porque le obligaron a ello con el alta de sanidad.
A las cuatro y media del miércoles, el barrendero Pedro García, condujo al mendigo a las puertas del Hospital por haberlo encontrado desfallecido, casi examine, en mitad del arroyo; pero un practicante manifestó al caritativo barrendero, que Mariano Soto había estado varias veces en el Hospital, y que no le admitían, porque no tenía nada.
La guardabarrera del paso a nivel, denominado “Portillo de los toros”, dio al enfermo algunos alimentos que no pudo ingerir.
El barrendero lo dejo después en el arco de la puerta del Carmen.
A las once de la noche, el guarda barrera Rufino del Hoyo notificó al sereno del distrito Antonio Barenca Serrano, de que a la derecha de la puerta del Carmen había un hombre tendido, que al parecer estaba muerto.
Después de muerto…
El sereno dio parte a la inspección de vigilancia, y esta al señor juez.
A las diez de la mañana, del día de ayer, se personó en el lugar del suceso el escribano Sr. Las Heras, ordenando la traslación del cadáver.
¿De qué murió Mariano Soto, el anciano de 66 años, enfermo e indocumentado? Unos dicen que murió de frio; otros que de hambre, algunos que de hambre y frio…
Nosotros solo sabemos que había sido echado del hospital.
El Pueblo Manchego diario de información Año I Número 27 – 3 de
febrero de 1911




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