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lunes, 9 de marzo de 2026

AUTOCRITICA EL CRISTO DE COSCOLLA. ASI QUIERO A MI DIOS

 



Cumpliendo su promesa, Coscolla nos ha enviado las siguientes cuartillas expresión sincera de su alma soñadora, de imaginero renovador del arte y de la mística escultórica. La concepción de su Cristo, viene a romper los moldes de la escuela clásica, de gloriosa tradición en los imagineros españoles. Coscolla concibe a Dios con toda la grandeza de la Divinidad con esa entereza de espíritu, firme y serena de la disciplina oriental, indudablemente la nueva concepción de escuela, ha de producir interesantes controversias, entre la intelectualidad dentro de los naturales límites de la crítica artística. En Barcelona ya decía el escultor que se llevaría el tema a la tribuna del Ateneo. Samblancant se arrodilló ante la efigie en las Galerías de la exposición, exclamando ¡Oh, mi Dios, este es mi Dios!

Como detalle haremos observar que ya hace unos años el pintor Palencia nos hablaba aquí en Ciudad Real de esta nueva escuela de la mística escultórica Entonces no supimos apreciar el valor de sus palabras. Palencia ha triunfado y ha sido consagrado. Coscolla hoy nos presenta un Cristo de la nueva tendencia. Como sintomático lo hacemos notar a los profesionales del arte, si bien como occidentales y como latinos aun seguimos la formación artística de los que nos presentaron el Cristo dolorido, con la carne flagelada:

El Padre es Dios. El Hijo es Dios.

El Espíritu Santo es Dios. ¡Como vamos a concebir a Dios derrotado por los hombres por los seres que El mismo creó!




 ¡El espíritu triunfante que flota sobre todas las cosas, vencido por su propia obra! Dejaría de ser un Dios inmenso poderoso, creador, Dios. Mi Dios, está en todo y sobre todo, encarnado en forma o ser mortal, descendió a la tierra para redimir al mundo. Para enseñar a los hombres el camino que debía conducirles a gozar de la inmortalidad eterna Para dar un ejemplo a los seres mortales de su divino poder. Poder que al sentir la primera debilidad humana, la primera lamentación material nos haría dudar de su Divinidad. Dios. Mi Dios no puede ser un simple mortal... que descendió en carne mortal, si, pero no carne, materia sin espíritu, porque dejaría de ser divino Dios, mi Dios. El Padre de la creación.

El Hijo es Dios. El espíritu Santo es Dios, y el espíritu de Dios no pudo descender para plasmarse en derrota, gemebundo como el más inferior de los terrenales.

Su poder, su convencimiento divino, que es superior a todo, debe fortalecer nuestro espíritu para elevamos serenamente, convencidamente sobre todas nuestras flaquezas Dios, Mi Dios, vino a la tierra para morir con toda la conciencia divina de que solo El es capaz de sentir o sucumbir triunfante, vencedor Heroico, divino Dios mi Dios.

Pobre concepto de fe demostraron infinidad de artífices al plasmar la divinidad de Dios: seres inferiores, arrastrándose por el fango, no supieron tender el vuelo a las regiones luminosas para comprender todo el Misterio de la Encarnación del Hijo, de Dios hecho hombre y su venida al mundo para enseñar el camino, para dar el ejemplo. Y el ejemplo de un Dios no puede ser ni el de un rey, ni el de un hombre superior, y menos el de un ser vulgar, temeroso, denotado y sin convicción... sin divinidad.

Dios, no puede ser así. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. EI Espíritu Santo es Dios.

Dios triunfante. Ese es mi Dios.

Felipe Coscolla

Ciudad Real y Marzo 1926.

El Pueblo Manchego 1 de abril de 1926 Suplemento de la Semana Santa de Ciudad Real



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