En la tarde del Viernes Santo a partir de las cinco y media, se iniciaba la procesión oficial del Santo Entierro, a partir de la plaza de la Merced y calle de Toledo, presidida por el Obispo Prior y autoridades civiles, integrada por cinco Hermandades.
En primer lugar, la de la Enclavación, construido el "paso" para este año 11 en los talleres del artista valenciano José Romero Tena, formando un gran conjunto con cinco figuras que representaban el momento en que Jesús es clavado en la cruz. Lástima que al ser destruido en el 36 no se le haya sustituido como ocurriera con la mayoría de los que se perdieron. Era hermano mayor don Fernando Fernández, segundo don Pedro Suárez, secretario don Rafael Cárdenas y capellán don Alfonso López Guerrero. Los cofrades eran sólo 26.
En segundo lugar, desfilaba la Hermandad
del Cristo de la Piedad, cuya imagen titular seda en el periódico la siguiente referencia:
"Es de buena ejecución y fue construido en el último tercio del siglo
XVI por el autor del retablo mayor de la Prioral (como se sabe Giraldo de
Merlo) con destino a la coronación del mismo, hallándose por tal motivo sin
concluir por la espalda, en atención a que, por sus grandes dimensiones, no
resultó a propósito para colocarlo en dicho sitio". Son 55 cofrades y
visten túnicas de veludillo negro. Constituían la directiva don Manuel Barenca,
hermano mayor, presidente don Ramón Medrano y don Noel Colorado y como capellán
don Alfonso López Guerrero.
El Descendimiento era el tercer "paso", adquirido en 1902, debido a la gubia del escultor madrileño José Alsina y Subirá, considerándose como uno de los mejores grupos de imaginería religiosa de la Semana Santa capitalina. Presiden la Cofradía, que cuenta con 66 hermanos, don Manuel Barenca Calahorra, don Antonio Burgos, don Jesús Díaz, don José María Vera, don Eduardo Prado y don José Díaz Portillo.
Del "paso" del Santo Sepulcro, que figuraba a continuación, se escribe. "Aunque de poco mérito, está decorado con bastante limpieza por el tallista dorador Donato Sánchez de Aldea del Rey, autor del precioso retablo de la capilla del Seminario". Custodiaban el "paso" los armaos, soldados romanos de vistosa vestimenta y era su hermano mayor don Agustín Lorente, segundo don Félix Mora y secretario don Mariano Jurado.
Cerraba la solemne procesión “la imagen
bellísima de la Dolorosa, probablemente del mismo autor que el Jesús Nazareno,
y que no desmerecería: gran cosa al lado de la famosa del "Desmayo"
del célebre Botticelli”. Así lo escribía el periodista que en aquella fecha
redactó tan amplia referencia de lo que era la Semana Santa ciudarrealeña,
quien agregaba que la Hermandad era conocida por la de Ave María, nombre que se
mantiene hoy, que el número de cofrades superaba los cien y que vestía túnica
igual a la actual. Los principales directivos eran don Rafael Martín Herrera, hermano
mayor, don José María Rueda, segundo hermano, y don Fernando Vázquez, secretario.
Acompañaba a la Virgen Dolorosa la banda municipal de música, por disposición
del Ayuntamiento, así como la del Hospicio a expensas del Santo Sepulcro.
La referencia de "El Pueblo Manchego", de la que hemos tomado los anteriores datos, termina con el siguiente párrafo: "Corona tan solemnes y lucidas procesiones la que sale en el mismo día, a las nueve de la noche de la iglesia de San Juan de Dios, con la Soledad, preciosa imagen del siglo XVIII, que, hasta la reparación del Hospicio provincial, hace unos cuatro años, venía venerándose en la ermita de su nombre adosada a dicho Establecimiento benéfico. Tiene una Hermandad de cerca de cien cofrades de ambos sexos, bajo la presidencia de don Miguel Espadas. don Robustiano Fuentes, don Leopoldo Acosta, en calidad de hermanos mayores.
Auge constante de las Hermandades y un nuevo "paso": "La Coronación de Espinas"
Hasta aquí un detallado resumen de las procesiones y Hermandades de la Semana Santa ciudarrealeña casi a principios de siglo. Unos hombres amantes de las tradiciones de su pueblo, cuyos apellidos aún nos suenan a quienes les sucedimos, lograron transformar los desfiles cofradieros, adquiriendo nuevos grupos escultóricos o imágenes de Cristo y la Virgen, cambiar por completo las modestas túnicas de percalina por otras de nuevo diseño y valiosos materiales, portar los penitentes faroles o atributos adecuados al momento de la pasión que representaba cada "paso" y, en suma, dar a los desfiles una magnificencia y vistosidad no reñida con la devoción, que pusieron a la Semana Santa ciudarrealeña a la altura de otras ciudades con tradición e importancia procesional.
Cecilio López Pastor. Diario “Lanza” sábado
7 de abril de 1990. Especial de Semana Santa




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