Ayer se celebró la festividad de San Pantaleón, y muchos municipios de Ciudad Real lo festejaron al ser su patrón. Uno de esos municipios es Porzuna, que guarda en su parroquia la imagen de este santo mártir obra del afamado escultor gaditano Luis Ortega Brú.
Ortega Brú nació el 16 de Septiembre de 1916 en la localidad gaditana de San Roque, recibiendo el sacramento de la primera Comunión en 1928. En La Línea de la Concepción, allá por el año 1931, estudia escultura en la escuela de Artes y Oficios, y en 1934 recibe clases de dibujo con el maestro y poeta de San Roque, José Domingo de Mena.
Durante la Guerra Civil estuvo en la
ejercito republicano, siendo condenado a su término y encarcelado por ayudar al
bando republicano.
En 1943 consigue el primer premio del certamen de escultura de Cádiz con su obra «Los Titanes», y en 1944 llega por primera vez a Sevilla. Al año siguiente curso estudios en la escuela de Artes Aplicadas de Sevilla, siendo su maestro Juan L. Vasallo.
En 1949 expone por primera vez en Sevilla
en la sala Hernal. En 1951 es apoyado por el general de aviación José Rodríguez
y Díaz de Lecea, para tallar imágenes procesionales, contrayendo matrimonio un
año después con Carmen León Ortega en la capilla del Baratillo, con la cual
tuvo tres hijos.
En este mismo año de 1952 recibe el primer Premio Nacional de Escultura por su obra «La Piedad» e ingresa como hermano de Santa Marta, el 2 de febrero. En 1953 recibe la Encomienda de Alfonso X El Sabio, por la realización del misterio de Santa Marta declarándose la obra de interés nacional. En 1954 expone por segunda vez en Sevilla, en la galería Cubiles.
En 1955 marcha a Madrid al haber sido
contratado como maestro de escultura en los talleres de Arte Granda. El
escultor también estuvo trabajando para los Estudios Cinematográficos Bronson,
tallando esculturas de canon clásico y diseñando decorados para sus películas. En
1958 abandona definitivamente Sevilla y se establece en la barriada de Ciudad
Jardín de Madrid, exponiendo en la Biblioteca Nacional de Madrid. En 1961 abre
su primer estudio-taller en la madrileña calle de Gustavo Fernández Balbuena.
Este mismo año consigue el Premio de Escultura al aire libre organizado por el
Club Urbis de Madrid.
En 1964 expone en la sala Álvarez y Carbajo de Madrid. En 1965 concursa en el Primer certamen Internacional de Escultura de Bruselas, donde recibe una mención. También este año recibe la Primera medalla de la Exposición de Otoño en Madrid con su obra «La Piedad». En 1966 vuelve a exponer en Sevilla, en la Sala Florencia. En 1967 comienza a trabajar para la Semana Santa jerezana.
En 1969 expone en la Sala Cultural de la Caja de Ahorros de Jerez y expone en la sala Zeros de Madrid. En 1971 el pleno del Ayuntamiento de San Roque acuerda darle el nombre del escultor a uno de las calles de la localidad. Tras su estancia en Jerez de la Frontera, en 1972 regresa a Madrid, donde cambia de domicilio a la calle O´Donnell, 1 y estableciendo su nuevo taller en la calle Prat, 42.
En 1978 se establece definitivamente en
Sevilla, donde es acogido en los talleres de Guzmán Bejarano y residiendo en
principio en la calle Santa Ana y posteriormente en la calle Teodosio. En
diciembre de este año ingresa en la cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Pasión
y María Santísima del Amor Doloroso de Málaga.
En 1979 pasa su residencia a la sevillana Plaza del Pumarejo y abre un nuevo taller en la calle Castellar, 52. El 21 de noviembre de 1982 fallece en su casa de la plaza del Pumarejo.
Ortega Brú esta Luis Ortega Bru está considerado uno de los más brillantes escultores españoles del siglo XX. Hay que destacar también sus obras pictóricas, poco conocidas pero de gran interés artístico, con una marcada influencia en los acontecimientos vividos durante la Guerra Civil.
Su obra esta repartida por muchos lugares
de la geografía nacional, y en concreto en nuestra provincia contamos con los
trabajos que realizó para Manzanares, y el paso de la Virgen del Espino en Membrilla
y la poco conocida imagen de San Pantaleón de Porzuna, que fue adquirida al
escultor en los años setenta del pasado siglo XX por un grupo de devotos, para sustituir la imagen de poco valor artístico que poseía el pueblo de su patrón.





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