Isidoro Madrid decía a este Ayuntamiento, que desde el año 1778 venía realizando por su cuenta “sin gravamen de los vecinos ni exacción de los caudales públicos” el desmonte y allanamiento del sitio del Prado para su riego, por lo que la ciudad le asignó doscientos ducados anuales para que continuara su labor-1792-. Era por este tiempo un lugar asqueroso, depósito de inmundicias, indecoroso e impropio del soberbio templo que la piedad cristiana había levantado a la Virgen María. A Isidoro de Madrid se debe la idea de hacer en él un plantío de árboles y lugar de recreo.
Un acontecimiento verdaderamente extraordinario e inesperado, pero frecuente en las manifestaciones extraviadas del pueblo, vino a turbar la paz de esta población, de suyo quieta y pacífica. Oigamos al Ayuntamiento que nos lo refiere en razonada cuanto documentada Exposición, que en 25 de Junio de 1821 dirigió a S. M. Fernando VII por las causas que después diremos.
“Se trataba por el Ayuntamiento a fines
del mes próximo pasado de regar cierta alameda que hay en la inmediación de la
Parroquia Santa María del Prado, como desde su aparición se ha venido
ejecutando. (1) El agua se
conducía de un pozo próximo a dha alameda propio de unas memorias de la Santa
Imagen y habiéndose conferido a censo cierto terreno de las mismas memorias a
D. Fermín Diez, excorregidor de esta capital, se creyó equivocadamente, que
había entrado en el contrato, no siendo así (2)… Y en ese intermedio
se rompe un antiguo conducto ciego desde antes de la guerra pasada, que se
dirige a dos fuentes o pitones que hay en medio de dha alameda y paseo público,
brota el agua con abundancia a la superficie de la tierra en los regueros de la
cañeria: se advierte por las gentes de ambos sexos y de todas edades y corren
precipitadamente al Prado, a ver y cerciorarse de aquella novedad, que sin
enterarse ni detenerse en averiguar su origen lo tuvieron por milagro. El cura
propio de la misma Parroquial les hace palpable con la mayor eficacia y
esfuerzo que el agua de aquellos depósitos procedía de la trasvenada de la
alverca inmediata, pero aún las gentes titubean. Hace llamar al Alcalde de
primer voto para que le ayudara a convencerles y se logra a poco esfuerzo
separarlos de esta maniática creencia. Mas suplican aquellas gentes que se
vuelva a la Virgen su pozo y se riegue su arboleda, y así se verificó. Reúnense
por la tarde del mismo día dos varias mujeres, jóvenes y algunos hombres,
limpian las fustas y yerbas del Prado, traen caballerías a su costa y
principian a regar, pidiendo para ello el correspondiente permiso al Gobierno.
Al anochecer del propio día y concluido el riego se pasan las mismas gentes a
casa del Párroco: seis granaderos provinciales le conducen a brazos a la del
Vicario Eclesiástico, y le ruegan permita, que la Virgen salga a otro día en
procesión alrededor del Prado. El Vicario se lo concede, con tal que el Jefe
político lo consienta, con quien contaban también las gentes, y regresando al
Párroco a su posada, tanto aquél, como por este y los Alcaldes se consiguió el
retiro a sus respectivas casas, sin que ocurriera la menor indisposición; así
lo demuestra el Testimonio nº 1º que acompaña al Expediente.
El día tres… a ruego de varias gentes salió la procesión a las seis de la tarde… en ella y su tránsito no se notó otro desorden, que el de tributar esforzadamente repetidos y altos vivas a la divina Imagen y a la Religión, durando éstos hasta las diez de la noche dentro de su santo templo…, se oyeron también en la Plaza y Paseo del Prado, por espacio de ambos días únicamente… según el Testimonio nº 2; quedando el pueblo en la mayor tranquilidad y sosiego, en cuyo estado le encontró el Comandante de la Caballería del Regimiento de Alcántara-Informe número 3 de id.
Motivó esta representación el recurso que a su vez hicieron a S. M. el Coronel y oficialidad del Regimiento de Navarra, acantonado en esta Ciudad hacía un año, acusando al pueblo de actos de sedición, y, al Clero y Autoridades de promovedores de los dichos actos, cuyas calumnias reprodujo en sus columnas “El Expectador”, periódico de la Corte. La Corporación prueba, además de su inocencia, el recto proceder de todas las autoridades y vecinos de la población, y que el oficio de falsos denunciadores no era nuevo en aquel Cuerpo, puesto que, por idéntico motivo se le había trasladado de Badajoz a Toledo.
Al año siguiente, el Ayuntamiento compró
las Casas de Cozar, así llamadas por pertenecer a la vinculación de este
nombre, destinadas para habitación del campanero, frente a la puerta dek Sol de
dicha iglesia, con lo que, el Prado adquirió una forma regular, y dando el
Arzobispo de Toledo la piedra para construir, quedó constituido en, el más
bello recreo de la población”.
(1) Para aquilatar el
valor de esta afirmación hay que tener presente las ideas que entonces
dominaban acerca de este hecho.
(2) El Sr. Diez,
corregidor de esta ciudad y dueño de la casa, hoy casino de la calle de
Caballeros, adquirió dos solares, linde a ella con salida a las calles Prado y Camarin,
para hacer de ellos un jardín. Las reclamaciones del Ayuntamiento te hicieron
dejar la noria para el riego del Prado, y su hijo D. Vicente pedía después de
estos sucesos pagara el Concejo la parte que le correspondía de los censos-3 de
Julio de 1852-


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