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viernes, 7 de mayo de 2021

ACTUACIÓN EN EL SALÓN DE PLENOS DE LA DIPUTACIÓN DE FISAC Y LÓPEZ VILLASEÑOR: 1959-1960

 

El Salón de Plenos en la segunda década del siglo XX



En 1958 la Corporación necesitó actualizar la imagen de su función como institución de un nuevo tiempo político y para proyectar esta nueva imagen recurrió, una vez más, a la ornamentación. La segunda operación ornamental del Palacio se verificó exclusivamente en el Salón de Plenos –espacio más emblemático del edificio- entre 1959 y 1960. Fue encargada nuevamente a dos jóvenes artistas de la tierra, ambos con brillante currículum y cercanos a los círculos oficiales: Miguel Fisac (Daimiel, 1913-Madrid, 2006) y Manuel López Villaseñor (Ciudad Real, 1924-Torrelodones, 1996), arquitecto y pintor, respectivamente. Asistimos con ello, al menos en el caso de Villaseñor, a la repetición de esa recuperación patrimonial de artistas por las instituciones que les ayudaron al principio de sus carreras, una vez que aquellos hubieran conseguido currículum fuera de la provincia.


Alegoría de la virtud de la prudencia, realizada por Ángel Andrade en el techo del Salón de Plenos



Tras desestimar los proyectos solicitados a varias casas de decoración, evidentemente porque no traducían el carácter deseado por la Corporación, la primera noticia documentada sobre el tema es una explicación del Presidente de la Diputación, Daniel Aliseda “de las gestiones que viene realizando con Villaseñor para la pintura y el decorado del Salón de Sesiones, que desea recoja la época actual y sea eminentemente sobrio”. El proyecto de reforma de Fisac es de 2 de enero de 1959. En la memoria descriptiva expresa que “el local está construido a principios de siglo y dentro del gusto de la época, y ornamentado con pinturas de escaso valor… La Diputación pretende reconstruirlo con arreglo a las exigencias técnicas y al gusto estético de nuestro tiempo”, y más adelante: “el proyecto que se presenta comprende los trabajos de albañilería y los previos para ornamentación…, que serán completados con una gran pintura al fresco, cortinas y mobiliario”. Prevé un plazo de ejecución de sesenta días y un presupuesto de 230.818 pesetas.


Alegoría de las virtudes de la Justicia y Fortaleza, realizada por Ángel Andrade en el techo del Salón de Plenos



El proyecto fue aprobado en Pleno de 26 de febrero de 1959. En esta Sesión se acuerda también contratar la decoración mural del Salón con Manuel López-Villaseñor por importe de 300.000 pesetas. La argumentación es: “Vistos los informes emitidos por los Señores Camón Aznar y Lafuente Ferrari, se acuerda facultar ampliamente al Presidente para que pueda contratar la decoración mural del Salón de Plenos con el pintor manchego Manuel López-Villaseñor, por su calidad de tal y por haber decorado a plena satisfacción la Diputación de Zaragoza y el transatlántico Cabo San Roque”. En sesión de 23 de julio de 1959, se acordó por unanimidad aprobar el expediente incoado de excepción de las obras del trámite de subasta y concurso. El acta de recepción de la pintura mural, último de los trabajos de la nueva ornamentación, data de 26 de septiembre de 1960.


Alegoría de la virtud de la Templanza, realizada por Ángel Andrade en el techo del Salón de Plenos



La reforma consistió básicamente en la construcción de una pared de unos 25 cm de grosor, soporte para la pintura mural, que se antepuso a las paredes derecha y central del salón adquiriendo forma cóncava en la intersección de ambas, y en la disposición de un falso techo de escayola enrasado con el mural. La pared a la calle se cubrió con cortinas corridas. Las consecuencias de esta intervención radical sobre el Salón fueron la eliminación funcional del espacio de prensa y público abierto a esta sala por tres palcos y ahora oculto por el mural, la eliminación visual de la ornamentación de las paredes pilastras, cornisas, escocías y la retirada del techo de los lienzos de Andrade.


Vista del Salón de Plenos tras la reforma de Fisac y López Villaseñor



La modificación transformó el espacio abierto que era el Salón de Plenos con su eje fachada-diputados-público, en un espacio basilical cerrado, efecto reforzado por la envolvente e impactante presencia del mural. Un espacio que está concebido con los presupuestos dinámicos que Fisac aporta a la arquitectura de este momento, visibles, por ejemplo, en sus singulares iglesias. El mural de Villaseñor es una pintura de más de 120 m2, ejecutada con una increíble rapidez, ya que en su realización empleó, escasamente, los meses de verano de 1960. Está concebido en ese lenguaje que caracteriza la obra del pintor en los años cincuenta y sesenta, que empleó también en la decoración de la Diputación de Zaragoza, el transatlántico de los Ibarra o la obra La duda de Santo Tomás (primera medalla en la Exposición de Arte Sacro de Zaragoza de 1958). Es un código lingüístico lanzado como propuesta de modernidad que también utilizaron otros muralistas como Francisco Baños, y que muestra claras influencias del arte oficial musoliniano como intento de arte nuevo ante la inoperancia de los lenguajes de las Exposiciones Nacionales, influencias recibidas por el pintor durante su estancia en la Academia Española de Bellas Artes en Roma (1949-1952). Comentando obras del autor pertenecientes a esa época –quizá la más singular de su actividad artística-, Gabriel Ureña define su lenguaje como “esquematismo monumentalista, escenográfico, lineal y místico, que aplicará para pintar desolados paisajes españoles y fisonomías angulosas de campesinos con ascendencia carpetovetónica”.

 

Parte del Mural de López Villaseñor



La obra mural se titula Vida, Trabajo y Cultura en la Provincia. En el panel frontal, destinado a la glorificación de la historia de la provincia como metáfora del presente, elabora temas existentes en la ornamentación anterior del Salón como alguno de los personajes ilustres: San Juan de Ávila asistido por ángeles que le inspiran la escritura de la reforma del clero que “ha de calmar las impaciencia de un mundo en plena subversión teológicas”, Diego de Almagro, que hace participe a La Mancha de la conquista del Nuevo Mundo; Don Quijote y Dulcinea, ejemplo del amor ideal. En el centro de la composición, flaqueado por musulmanes y judíos, está representado el pueblo cristiano a través de los Maestres de las Órdenes Militares que rodean a Santo Tomás de Villanueva, quien cobija, bajo su hábito episcopal que recuerda a alguna arquitectura religiosa del momento, a una maternidad y, en el plano real, al sillón presidencial. Esta representación del pueblo cristiano sería “el espíritu de la reconquista espiritual en la Edad Media” y anuncia claramente la estrecha relación Iglesia Católica-Estado del periodo franquista.

En el muro derecho antepuso a los palcos que se abrían a la original sala de prensa y público, presenta una exaltación del trabajo agrícola, ganadero y minero de la provincia. En el centro de la composición, la recia y ascética familia campesina de varias generaciones, ligada a la tierra, cuyos personajes “no son famélicos, sino magros; están más curtidos por la penitencia y el trabajo que por el gozo de algún festín carnal”.

María Luisa Giménez Belmar en “El Palacio Provincial y su Época”. Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación Provincial de Ciudad Real 2018


Vista actual del Salón de Plenos tras la reforma de 1985


jueves, 6 de mayo de 2021

LA GALERÍA DE HOMBRES ILUSTRES DE LA MANCHA DE LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL

 

Vista de la Sala de Recepciones



A propuesta del que fuera Catedrático del Instituto de Ciudad Real, y Cronista de Ciudad Real, D. José Balcázar y Sabariegos, la Diputación Provincial crearía en la segunda década del siglo XX, la Galería de Hombres Ilustres de la Mancha, con la intención de inmortalizar a diversas personalidades de la provincia.


Retrato del general Espartero obra de Samuel Luna



Así la sala originariamente de la Comisión Provincial, hoy Sala de Recepciones, se fue poblando de retratos de personajes ilustre de nuestra provincia. En la misma se encuentran los retratos del General Espartero y el Cardenal Monescillo de Samuel Luna, de Hernán Pérez del Pulgar y San Juan de Ávila de Carlos Vázquez, Bernardo Balbuena de Alfredo Palmero y Santo Tomás de Villanueva de Juan Bermúdez.

 

Retrato del cardenal Monescillo obra de Samuel Luna


Retrato de Hernán Pérez del Pulgar  obra de Carlos Vázquez


Retrato de San Juan de Ávila obra de Carlos Vázquez


Retrato de Santo Tomás de Villanueva obra de Juan Bermúdez


miércoles, 5 de mayo de 2021

LA ORNAMENTACIÓN DE LA DIPUTACIÓN POR ÁNGEL ANDRADE Y SAMUEL LUNA (II)

 

Representación de las Bellas Artes, en concreto la Música, realizada por Ángel Andrade en el tambor de la cúpula central de la escalera



Las pinturas murales que Ángel Andrade ejecutó en la cúpula sobre la escalera principal y en los techos del Salón de Plenos y la Sala de la Comisión Provincial, supusieron la culminación de lo que hemos llamado primera operación ornamental del Palacio. Si la ornamentación arquitectónica caracterizaba al edificio dándole un estilo convenido a su función, la pintura mural o pintura decorativa, como se definió en la época, tenía asignada la función de ser “el comentario perpetuo del edificio”. Ángel Ferrant, uno de los muralistas más relevantes y conocidos del siglo XIX, lo expresa en su Discurso de ingreso en la Academia de San Fernando: “Es el complemento obligado de los edificios públicos de carácter monumental y contribuye poderosamente a fijar su expresión precisando la impresión profunda, pero necesariamente vaga, que produce la arquitectura reducida a sus propios recursos, con alusiones claras y directas al objeto a que se destina el edificio, y a las ideas que presidieron su fundación”. Más adelante precisa aún más esta función social y sus relaciones con la arquitectura diciendo que no es solo “la aplicación de este arte divino a la exornación de los edificios, sino más bien y principalmente la íntima unión y compenetración de sus variados recursos con los procedimientos peculiares de la arquitectura para la realización de obras que por su grandeza y majestad, impresionen fuertemente a las multitudes, procurándoles los más nobles goces de la belleza, y la más fácil y provechosa enseñanza” (A. Ferrant, Reflexiones sobre la Pintura Decorativa, Discurso de Ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1885, p.9)


Representación de las Bellas Artes, en concreto la Arquitectura, realizada por Ángel Andrade en el tambor de la cúpula central de la escalera



Las pinturas que ejecuta Andrade en el Palacio muestran su conocimiento de estas funciones específicas de la pintura mural que ha de dialogar con el marco arquitectónico y avenirse al decoro debido. Es aún un pintor académico formado en el estudio de la gran pintura del pasado clásico y su aventura con el paisaje no ha comenzado apenas en ese cuadro de El Aniversario premiado en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Además ha visto las grandes decoraciones murales del Renacimiento y Barroco italianos en su reciente estancia en ese país y, probablemente, desea abordar el gran reto que suponía para los pintores decimonónicos ejecutar una composición mural de grandes dimensiones.


Representación de las Bellas Artes, en concreto la Pintura, realizada por Ángel Andrade en el tambor de la cúpula central de la escalera



Sitúa las pinturas en los espacios cualificados, disponiéndolas en los lugares preceptivos, aquellos sobre los que se quiere llamar la atención y estructuralmente no son activos: los techos. Hace ese comentario del edificio eligiendo como vehículo la alegoría, ampliamente utilizada y vulgarizada en el siglo XIX, incluso para decorar edificios menores como puede observarse en la Alegoría del Té con que su maestro Bussato decoró el techo madrileño café de Fornos. Los temas de procedencia clásica están ejecutados en un lenguaje academicista, con cierta suavidad romántica en el dibujo y el color. En el tambor de la cúpula central sitúa simétricamente, sobre recuadros con fondo dorado, a las Bellas Artes. En eje con la puerta de entrada, la Arquitectura y la Pintura, en el otro eje, la Escultura y la Música, todas ellas con sus atributos tradicionales, haciendo clara referencia al mundo clásico. Constituyen, en primer lugar, la expresión de la aceptación del magisterio de la Academia, pues son las cuatro secciones en que esta se divide y, por tanto, de su concepción de las artes y de su papel de custodia de la tradición clásica. Bellas Artes cobijadas por la cúpula, donde está representado el cielo surcado por unos putti que juegan con paños y guirnaldas de rosas, figuras olímpicas que caracterizan el espacio como “templo civil” de una sociedad donde el Arte y la Belleza, junto con la Historia, se han elevado a la categoría de nueva religión que profesaba también la Corporación, culta, amante y mecenas del Arte. Andrade sitúa en el mismo lugar principal a la Pintura y a la Arquitectura, afirmando su idéntica dignidad, y les confiere una actitud pensante, reflejo de la naturaleza intelectual, además de artística, de ambas profesiones.

 

 
Representación de las Bellas Artes, en concreto la Escultura, realizada por Ángel Andrade en el tambor de la cúpula central de la escalera


Frente a la escalera, ya en la planta noble y sobre la entrada principal está la Sala de Recepciones, originariamente de la Comisión Provincial. La Comisión Provincial tenía carácter permanente y estaba formada por miembros de la Corporación elegidos por esta y sus frecuentes reuniones se desarrollaban generalmente sin asistencia de público. Se ocupaba de los temas de Ayuntamientos y del orden y gobierno del edificio de la Diputación. El uso de la sala para reunión frecuente de una parte de los miembros de la Diputación, la hacía menos solemne que el Salón de Plenos, menos retórica que la escalera, menos pública o más reservada que ambos espacios. Por estas razones los decoradores conciben su ornamentación como la del gabinete de una casa burguesa: con un carácter más reservado y mayores licencias decorativas. Ello permite a Andrade, prueba de su versatilidad, prescindir de los temas clásicos universales y abstractos adecuados para las otras salas y desarrollar un tema más singular de género histórico-literario, destinado a caracterizar la provincia: una representación en lienzo adherido al techo de la novela de Cervantes y de sus protagonistas Don Quijote y Sancho Panza y, en segundo plano, como soñadas, sus principales aventuras. Asunto que pretende identificar el espíritu manchego en una trasposición del ideal romántico nacionalista que busca singularizar el gentío de los pueblos. Caráceter “manchego” del cual participa y era representante la Comisión. La función de la sala se hace aún más explícita con la decoración heráldica que, simulando relieves escultóricos, Andrade sitúa alrededor del lienzo del Quijote en la moldura escocía corrida que une techo y paredes: una representación de la provincia a través de los escudos de los diez municipios cabeza de partido en que entonces estaba dividida, flanqueados por grifos los esquinados y por angelotes los demás. Son las armas de Ciudad Real, Valdepeñas, Daimiel, Almodóvar del Campo, Puertollano, Almagro, Infantes, Almadén, Manzanares y Piedrabuena. Sobre la puerta un remate dorado con el escudo de Alfonso X el Sabio flanqueado por grifos, alusión al periodo histórico de la Restauración en que se construyó el edificio.


Detalle de las pinturas murales de Ángel Andrade en la cúpula de la caja de la escalera principal



Para el techo del Salón de Plenos, lugar de reunión del Congreso de los Diputados Provinciales, Andrade elige las alegorías de la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza, virtudes que deben presidir el ejercicio de la función pública para lograr el buen gobierno. Esta temática, con una iconografía fijada en el Barroco, se utiliza con similar simbología en edificios contemporáneos de esta naturaleza, siendo, por ejemplo, parte de la decoración de una de las salas del Palacio de la Diputación de Navarra. Dispone las alegorías en tres lienzos adheridos al techo que subrayan el eje longitudinal del Salón de Plenos, cuyo formato responde al esquema decorativo de uso más generalizado en el Palacio: un rectángulo interseccionado por semicírculos de forma cóncava o convexa. En este caso son cóncavos, dejando entre ellos dos círculos de cuyo centro pendían dos lámparas también diseñadas por Andrade. En la escocía corrida entre techo y paredes dispone unas cartelas, en las que, con letras doradas, graba los nombres de personajes históricos ilustres nacidos en la provincia, cuyas vidas son un ejemplo a seguir por la también ilustre Corporación. Es en realidad una operación de “identidad” de la provincia para reclamar su lugar en la Historia, que se verifica con la apropiación de estos hijos ilustres, asemejándose a la que comentábamos que se hacía con los artistas.


Cúpula en escalera principal



La pintura del Salón de Plenos, más solemne que la del resto de los espacios comentados, desarrollaba en definitiva temas universales alusivos a la función que en él se desempeñaba, con argumentos fácilmente descifrables para el público, en una clave amable, elegante y de buen tono, plenamente decimonónica y acorde con el edificio.

Los nombres de los personajes ilustres, con algunos cambios, se transformaron con el tiempo en retratos encargados a pintores pensionados por la Diputación. Los retratos conforman la galería de personajes ilustres que se expone actualmente en la Sala de Recepciones. En el momento de la Construcción del Palacio ya existían, pintados por Samuel Luna los retratos del Cardenal Monescillo y del General Espartero. Entre 1911 y 1918, se encargó a Carlos Vázquez los retratos de Hernán Pérez del Pulgar y San Juan de Ávila, a Andrade, el del General Aguilera y a Alfredo Palmero, el de Bernardo Balbuena. Por último a Juan Bermúdez se le encargó el retrato de Santo Tomás de Villanueva. La Corporación Provincial continuaba directamente la ornamentación del Palacio, a la par que desarrollada su labor de mecenazgo. Por último, presidía el Salón un buen retrato de Alfonso XIII, realizado por Andrade en 1903.

María Luisa Giménez Belmar en “El Palacio Provincial y su Época”. Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación Provincial de Ciudad Real 2018


Salón de Recepciones


martes, 4 de mayo de 2021

LA ORNAMENTACION DE LA DIPUTACIÓN POR ÁNGEL ANDRADE Y SAMUEL LUNA (I)

 



El carácter de proyecto abierto que había ido adquiriendo el Palacio por obra de las reformas ejecutadas por el arquitecto, en un proceso de aquilatamiento de la singularidad del edificio requerida por la Corporación, tuvo como colofón el gran despliegue decorativo que, sobre los espacios más representativos, llevaron a cabo los pintores Ángel Andrade (Ciudad Real, 1866-1932) y Samuel Luna (Almagro, 1860-Ciudad Real, 1929), por encargo de la Corporación y con la necesaria colaboración del arquitecto. Tuvo lugar entre enero de 1891 y septiembre de 1892. Esta decoración no prevista, por la dimensión que adquirió en el proyecto inicial, supuso un aumento de 6.700 pesetas sobre el presupuesto de la obra que, en total, fue sobrepasado con las reformas referidas y algunas otras en 49.234 pesetas.

Los aumentos por reformas (unos comprendidos en presupuestos adicionales, otros no, unos aprobados por la Corporación, otros surgidos de hecho al hilo de las obras) tuvieron que ser justificados por Rebollar en la liquidación. Detrás de su ejecución estaban los deseos de la Corporación de que se realizan. Por esta razón acabó aceptando la liquidación en 1895, como aceptó la recepción definitiva de la obra con todas sus reformas en 1893. Las razones para la aprobación de la liquidación superior al presupuesto están expuestas en el acuerdo de la siguiente forma: “Careciendo esta Corporación de conocimientos técnicos para comprobar por sí la exactitud de la liquidación… y no debiendo dudar de la suficiencia y honradez del facultativo que practicó la liquidación, ha de suponer que esta es exacta en todos los extremos que comprende” y más adelante “…Considerando, que si bien las obras que comprende el estado número dos (friso de la cúpula central, entarimado del salón de quintas, decorado de yeso en pilastras, ménsulas, etcétera) implican modificaciones en el proyecto, sin estar aquellas basadas en acuerdos de la Diputación,  no es menos cierto el hecho de resultar tales obras ejecutadas con el asentimiento tácito de la Corporación que ha recibido el edificio, en las condiciones que hoy tiene, sin protestar de modo alguno respecto de aquellas modificaciones… y cuya utilidad redunda en beneficio de la autoridad que las disfruta” (Proyecto del Palacio Provincial: Traslado al Arquitecto del acuerdo sobre aprobación de la liquidación de la obra del Palacio, 22 de julio de 1895)




El asentimiento tácito sobre las modificaciones sin trámite de proyecto y aprobación, y por tanto indocumentadas, demuestran el deseo de la Corporación de que se efectuaran. En muchas ocasiones las ausencias documentales sobre determinados actos son más elocuentes acerca de los verdaderos deseos de sus responsables que los actos documentados. Por la decoración recibió Andrade 7.000 pesetas en total y Luna, 3.500. Cantidades respetables que reflejan la valoración que este tipo de trabajos artísticos tenía el cliente. Sirva de referencia que el sueldo anual del arquitecto (con excepción de dietas) era de 3.500 pesetas…

…Ángel Andrade, en su calidad de pintor, realizó y firmó la decoración mural de la cúpula de la escalera y los lienzos incorporados a los techos del Salón de Sesiones y Sala de Comisiones y, en su calidad de director de la decoración, probablemente realizaría los bocetos de ornamentación de las salas seleccionando el repertorio ornamental de entre los manuales disponibles cuyo conocimiento adquirió en la Escuela Central de Artes y Oficios y anteriormente en el taller de Bussato, también en Madrid. Samuel Luna sería el encargado de realizar la decoración propiamente dicha y el concurso de más de diez “oficios”.




En la memoria de 1889, Rebollar dedica escasamente siete líneas a describir la decoración interior que propone, siendo esta más bien exigua y discreta. En los planos se observa que articula las paredes laterales de la escalera con pilastras jónicas entre las ventanas y en la pared frontal dispone recuadros de estuco entre los arcos. En el Salón de Plenos, estos mismos recuadros alternando con pilastras pareadas jónicas sobre un zócalo. Por último, en la Sala de la Comisión Permanente los muros aparecen decorados con zócalo y recuadros y un friso superior de pequeños recuadros (clavos) alternando con una pilastrita. En la liquidación de la obra referida, el arquitecto justifica el aumento sobre el presupuesto debido a la decoración interior, especificando que se refiere a las pilastras, capiteles, ménsulas, escocías y demás molduras de yeso que hubo necesidad de hacer en los espacios definidos “con arreglo a las indicaciones de D. Ángel Andrade encargado de la decoración de estas dependencias”.

La ornamentación interior fue diseñada, pues, por los decoradores. Los elementos añadidos responden a un repertorio de filiación clasicista como correspondía a la caracterización del estilo del palacio dictado por el decoro. Adoptados solamente desde su apariencia llegando, en ocasiones, casi a subvertir el lenguaje. Muestra de ello son las pilastras cóncavas dispuestas en las esquinas de la sala de la Comisión Provincial. Este espacio y el de la escalera son los que reciben un mayor esfuerzo decorativo. La profusión de elementos decorativos más el tratamiento pictórico con que se revistieron simulando materiales nobles (oro y mármoles de colores y maderas) proporcionaron la expresión  de riqueza y artisticidad apetecida por la Corporación.

Enjutas revestidas de pintura imitando mármoles de colores, recuadros con grutescos dorados… fascinaron al público y a la crítica local por su impresionante apariencia. Acaso algún observador avezado pudo reparar en que esas enjutas o recuadros eran de distintos tamaños y formatos, en que determinados arcos en serie arrancaban de distintas alturas o en que el revestimiento de las pilastras de la escalera con un cajeado y grutescos imitando bajorrelieves sobre fondo dorado, llegaba a hacer difusa la forma de la pilastra.

 



El programa decorativo se efectuó sobre los espacios representativos y públicos referidos. Nada se dice de actuaciones decorativas en las dependencias administrativas, galerías y patios. Parece lógico pensar que la decoración de estos últimos, tal y como la conocemos, se deba al arquitecto sucesor de Rebollar, Telmo Sánchez, quien en 1929 cubrió los patios con monteras acristaladas con motivo de la instalación de la calefacción. La transformación de los patios en espacios interiores le llevaría a revocar en dos tonos cremas (más oscuro para molduras y más claro en paramentos) las fachadas exteriores en ladrillo de los patios de Rebollar, articuladas como la fachada principal, sustituyendo las dos pilastras sobre la línea de impostas de las ventanas del piso superior por dos pares de mensulillas y diez cartelas dispuestas, seguramente, para recibir una pintura de tipo heráldico, semejante a la realizada por Andrade en la Sala de la Comisión Provincial (actualmente Salón de Recepciones), donde pintó los diez escudos de los municipios cabeza de partido de la provincia.  A la misma intervención se deberían entonces los escudos apergaminados que marcan la clave de los arcos de este piso, así como la imitación en estuco de ventanas en los muros cerrados del patio. Por su similitud estarían comprendidas en esta actuación también las cartelas sobre puertas y ventanas de las galerías que circundan los patios y la moldura que marca una línea de zócalo en éstas. Si esta hipótesis fuera cierta, demostraría también que la decoración desarrollada por Andrade sirvió de pauta a operaciones decorativas posteriores en el Palacio.

María Luisa Giménez Belmar en “El Palacio Provincial y su Época”. Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación Provincial de Ciudad Real 2018

 


lunes, 3 de mayo de 2021

LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL 1889-1893 (II)

 


La  fachada a la plaza de la Constitución, con cerca de 54 m de longitud, tiene una composición horizontal con una simetría definida por su centro de acceso. El cuerpo central sobresale del plano general de la fachada (50 cm) con la puerta central de acceso y en la planta superior una pequeña tribuna con tres vanos separados por dobles columnas en el centro y machones rectangulares en los lados. A cada lado del cuerpo central cuatro ventanas con proporciones clásicas de trazados a 60º y remates de frontones triangulares en las de la planta superior. A ambos lados de esta composición, dos torreones circulares de 3,20 m de radio con tres ventanas en su perímetro y remate de cúpulas sobre una base que sube sobre la línea de cornisa otros 3,50 m.

Una fachada que tiene, en sus elementos, composiciones de proporciones clásicas en los cuerpos laterales, en el núcleo central y en los huecos de balcones superiores. Pero por encima de este recurso formal hay una voluntad de acentuar el carácter horizontal de la composición con diferentes recursos. En primer lugar, por el uso de los materiales. La planta baja se reviste de piedra caliza blanca con entrecalles horizontales que marcan esta dirección en el edificio. Frente a los 54 m de largo una altura hasta la cornisa de 11,50 m lo que subraya el sentido de la composición. Los acentos de la entrada marcan el carácter representativo del edificio en su punto de acceso sin romper este sentido lineal de su totalidad. Incluso los dos laterales acentúan este carácter, la fachada a la Plazuela de la Merced porque se hace visible desde el frente y la fachada a la calle de la Rosa por el inicio de este cuerpo, ligeramente retranqueado respecto de la fachada principal indica la continuación de la composición. El remate de las cúpulas de los extremos con la planta circular subraya más el giro de las fachadas laterales que el final de la composición. De hecho, en los planos de Rebollar la altura de estas cúpulas era menor de lo que finalmente se ejecutó (1).

La fachada lateral a la Plazuela de la Merced, con sus menores dimensiones tiene, sin embargo, un peso de la composición clasicista de gran fuerza. El espacio de esta fachada es más ajustado y necesita incluso ocupar parte de la iglesia de la Merced en su interior. La fachada va a dejar en su lateral izquierdo la pequeña portada de la iglesia con 9,85 m frente a los 22 que tiene este frente de fachada de la Diputación. Y en ese espacio construye un cuerpo que sobresale de la fachada de 11,50 m de longitud que, en la planta baja, tiene tres huecos y que, en la planta primera, conforma una tribuna de composición clásica con tres vanos que en el centro tiene dobles columnas y en los laterales una separada ligeramente del cierre lateral. Todo ello coronado con un gran frontón triangular, con óculo central superior. El lenguaje de elementos de columnas, balaustradas de piedra y fondo de ladrillo con huecos rematados por arcos semicirculares obedecen al uso de un lenguaje historicista que, este caso, quiere ser la envolvente formal de la institución.




El Salón de Plenos planteaba una fuerte estructuración formal, fijando una sutil relación interior exterior propiciada por la fluidez espacial que generaba la tribuna como cuerpo abierto-cerrado. El mantenimiento de la alineación de la iglesia de la Merced como alineación del Palacio establecía un diálogo de la tribuna neoclásica con el paramento barroco de la Iglesia. Las lecturas de tal decisión de Rebollar pueden amparar diferentes matices que irían desde el predominio de la Institución Civil sobre la Institución Religiosa hasta la supremacía de los valores políticos sobre los valores ciudadanos. Las alegorías de Andrade que ornamentaban el techo avalan lo expuesto, al ensalzar la Política a través de las virtudes de la Sabiduría, la Prudencia, la Justicia y la Fortaleza (2).

En la calle de la Rosa, la sobriedad se hace presente en una modulación de huecos que repite el ritmo de la fachada principal en planta baja y primera, pero prescinde de cualquier punto singular como ocurre en las otras dos fachadas eliminando algunos elementos del proyecto original. Y las proporciones y equilibrio de las formas quedan como referentes que introducen el equilibrio en la composición total con independencia de los espacios interiores a los que va dando servicio.

Tan solo 20 años antes, en 1868, José Ramón Berenguer y Cirilo Vara y Soria, avalaban la necesaria adecuación entre contenido y continente. Propiciando la identificación entre lenguaje formal y contenido del edificio, exigiendo determinadas elecciones de Órdenes Clásicos, para la resolución de diversos programas edificatorios. Estos supuestos, habrían exigido en buena lógica, que el Palacio se ejecutara en Neoclásico, frente a la contaminación formal que emplea Rebollar. La presencia neoclásica queda reducida a un enclave concreto: las tribunas del frontal y del lateral de la Merced. Enclaves externos que mantienen una junta correspondencia con los espacios internos privilegiados: el Salón de Comisiones y el Salón de Plenos (3).

El edificio en su conjunto está lleno de recursos estilísticos procedentes de los órdenes clásicos: sus proporciones, los equilibrios de las diferentes partes, la importancia de elementos como los accesos o los ámbitos singulares como definidores de su imagen externa nos remiten a un Rebollar que, con un encargo institucional y una voluntad de representación, recurre a recuperar estos lenguajes. En su interior las secciones acentúan este carácter historicista de la construcción con sus dobles alturas de la escalera, patios y espacios singulares del Salón de Comisiones y Salón de Plenos.

La ornamentación de Ángel Andrade y Samuel Luna incrementa esta sensación monumental de los ámbitos singulares del mismo. Pero referentes clásicos que se alteran y modifican con un nuevo lenguaje (4). Porque hay una ruptura del uso del lenguaje clásico con elementos singulares y con una composición general que habla más de un proyecto personal, de una evolución hacia el uso de los recursos estilísticos históricos de forma libre configurando un lenguaje nuevo que abre el camino a nuevas formas de representación (5).



Sin embargo en el proyecto se aprecia con claridad el declive del clasicismo y el constante rediseño del concepto marco del decoro que incorpora las nuevas aportaciones de la disciplina en la búsqueda del estilo único, por una parte, y por otra de edificios singulares en cada caso (6).

Un edificio que define un espacio urbano con su gran fachada principal que se abre a la plaza de la Constitución con 69 m de distancia hasta el frente opuesto lo que permite una visión completa del edificio en la actualidad. Un frente ocupado en su momento por el edificio de los Juzgados y ahora por el de Correos. La Plazuela de la Merced, con algo más de 500 m2 y su forma irregular, permite una imagen más recogida de la fachada lateral que se asoma a la calle de Toledo. Un edificio que se convierte en un referente urbano dentro de la ciudad, en esa manzana que forma con la iglesia y el antiguo convento de la Merced. En su momento, según el plano de Coello con referentes como la iglesia de la Merced, las oficinas del Gobierno y el teatro de la Amistad.

En 1985 se realizó un proyecto de restauración redactado por el arquitecto Alejandro Moyano, con diferentes actuaciones de remodelación de espacios entre el edificio y la iglesia de la Merced y mantenimiento general del conjunto construido.            

Diego Peris Sánchez en “El Palacio Provincial y su Época”. Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación Provincial de Ciudad Real 2018

(1) El arranque de las cúpulas se hacía por debajo de la línea de coronación de la cubierta, mientras que, en la actualidad, hay una base de altura algo mayor que la cubierta, a partir de la cual se conforma la cúpula. Plano coloreado firmado el 12 de marzo de 1882. ADCR, Arquitectura, Obras.

(2) J. Rivero Serrano, “Montecarlo sin saberlo” en Mancha Ciudad Real, núm. 22, 1986, p. 9. La actuación de Fisac con las pinturas de Villaseñor alterarán gravemente el sentido de este espacio central del edificio.

(3) J. Rivero Serrano, 1986, p. 8.

(4) Las columnas de la fachada de la plaza de la Merced tienen 500 cm de altura y una sección de 50 cm lo que da una proporción clásica 1:10. Sin embargo las de la calle Toledo miden 425 cm lo que supone una relación 1:8,5 que rompe los moldes clásicos tradicionales.

(5) J. Rivero Serrano, “Los orígenes del ojo moderno”, en Revista Mancha, núm. 24, 1987, pp. 39-40.

(6) M. L. Giménez Belmar, 1993, p. 100.

 



domingo, 2 de mayo de 2021

LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL 1889-1893 (I)

 



Las diputaciones surgieron con la división territorial en provincias que propusieron las Cortes de Cádiz en 1812. Años después, en 1835 se constituyó la de Ciudad Real, sin tener sede propia en ese momento.

En el año 1886 se adquirió un solar en la calle Caballeros a Magdalena Maldonado en 39.500 pesetas. Después, posiblemente por problemas de espacio, se decide vender dicho edificio y adquirir la antigua Casa de la Vicaría en la calle Toledo (que el Obispado tenía en venta por 40.000 pesetas, según escritura de 1888). Siendo el solar pequeño y por recomendación del arquitecto Sebastián Rebollar Muñoz se acordó, en función del poco terreno disponible para sede de la Diputación, adquirir por 6.000 pesetas un viejo granero próximo, propiedad de Catalina Jarava (viuda de Luis Muñoz). La parcela actual del edificio tiene una superficie de 1.857 m2, con 3.017 m2 construidos de acuerdo con la información del Catastro. Un solar complejo en el que será necesario resolver no sólo su presencia urbana en el frente a la plaza delantera sino los encuentros laterales con las propiedades colindantes, especialmente con la iglesia de la Merced.

En 1889 se encargo al arquitecto Rebollar el proyecto de edificio para la institución y la obra se terminará cuatro años después, en 1893. Un proyecto que debía ser un símbolo de la nueva institución surgida años atrás. La primera piedra se colocó el 6 de agosto de 1889, siendo presidente Mariano Pinilla, continuando las obras durante la Presidencia de Francisco Rivas Moreno, y finalizando el 21 de septiembre de 1893, siendo presidente José Cendrero y Díaz del Castillo. El proyecto de Rebollar tenía un presupuesto de 368.778, adjudicándose las obras al contratista Joaquín Castillo en 320.000 pesetas, aunque después dicho presupuesto se elevará a 420.023,42 pesetas, al añadírsele diversos suplementos. El edificio es un encargo institucional de importancia.

Uno de los edificios más importantes de la provincia es indudablemente el Palacio Provincial y se comprende que así sea toda vez que las Diputaciones Provinciales son las encargadas del establecimiento y conservación de todos los servicios de la provincia, del fomento de sus intereses materiales y morales. Para que estos diversos y múltiples servicios puedan llevarse a cabo con la debida perfección, necesario es en primer lugar, que el edificio destinado a Palacio Provincial llene ciertos requisitos y ofrezca una disposición en armonía con las necesidades que está llamado a ofrecer (1).




La organización del edificio tiene componentes funcionales prácticos y una importante carga representativa. La planta tiene, en este caso, una concepción clásica en su composición y en sus proporciones. El frente de 55 m de longitud tiene en su centro el acceso principal con un vestíbulo de 9x4 m que con unas escaleras en todo su perímetro lleva al nivel de la planta baja del edificio. Frente a este acceso una gran escalera imperial de tres tramos con unas dimensiones interiores de 10,5x8,4 m. A ambos lados de la caja de escalera dos patios de planta rectangular, abiertos en el proyecto original de iguales dimensiones que la caja de escalera, soportados por nueve columnas perimetrales, de fundición. Este conjunto formado por la escalera y los dos patios laterales se rodea por un pasillo de circulación de 3,4 m de ancho que recorre todo el perímetro del edificio dando acceso a las dependencias. El espacio central del edificio, de 33x18 m formado por las galerías y los elementos centrales de patios y escalera, tiene una proporción clásica con trazados reguladores a 30º en su composición constituyendo así un núcleo interior de gran fuerza en la composición general de la planta del edificio. Un conjunto de planta rectangular de 594 m2 que supone un vacío de la tercera parte de la dimensión total del solar. Los patios se cubrirán en 1929 según proyecto de Telmo Sánchez.

Las crujías son de dimensiones más ajustadas en la fachada a la plaza de la Constitución, 4,8 m a la calle de la Rosa, 5,2 m, que en la de la Plazuela de la Merced con 7,5 m, lo que obliga a la colocación de pilares metálicos en la planta baja. Los encuentros con las calles inclinadas de ambos extremos se resuelven con piezas que asumen las formas trapezoidales que general los encuentros de las diferentes direcciones. El cuerpo central con sus trazados reguladores y su composición clásica se hace más funcional en la necesidad de resolver los espacios de estas dos fachadas laterales.

En los diferentes espacios se resuelven las estancias destinadas a los usos administrativos y se ubican los espacios singulares. El espacio destinado al Consejo Provincial, hoy Sala de Recepciones, ocupa una posición central al igual que el Salón de Sesiones con fachada a la Plazuela de la Merced. Los gruesos muros de carga de tres pies de espesor de la fachada se repiten en el interior en los espacios de la plaza de la Constitución y de la calle de la Rosa. En la fachada de la Plazuela de la Merced los muros tienen una dimensión de cerca de dos metros de espesor que, en la planta primera, permitirá el espacio de la tribuna comprendida entre las columnas exteriores y el muro de cerramiento, y que sobresalen un metro del plano general de la fachada. La planta resuelve los giros a la Plazuela de la Merced y calle de la Rosa con la presencia de los elementos circulares rematados por cúpulas (2).

Constructivamente hay un uso de materiales modernos como el ladrillo aplantillado, el vidrio y sobre todo el cemento y el hierro con las columnas de fundición interiores. Ya en 1820 Villanueva había publicado su Tratado de Albañilería, en el que establece las normas básicas de la construcción con ladrillo: “La obra de ladrillo es la más bella de la Albañilería, y por lo mismo pide toda la atención del Oficial”. La aparición del ladrillo aplantillado supone un avance importante al eliminar la llaga del plano de fachada y crear un paramento continuo, definido por el material cerámico, que debe ser de una buena calidad.




El proyecto en su proceso constructivo va experimentando diferentes cambios: el tramo central de la escalera se cubre con cúpula, la fachada se reviste con caliza de Novelda, en lugar del enfoscado inicialmente proyectado para la planta baja, se rehace el remate central de la fachada principal, se colocan dobles columnas en la fachada de la Merced, se eleva la altura de las cúpulas y se replantea la fachada de la calle la Rosa.

Un edificio con una triple fachada con lecturas diferentes. La entrada principal se resuelve en un frente de un edificio simétrico en su composición general, que tiene en el eje de acceso el punto singular principal con la gran escalinata de entrada rematada por cúpula superior. Las tres fachadas tienen elementos comunes en el uso de los materiales, el ladrillo y la piedra caliza de Novelda, pero utilizan lenguajes diferenciados. La fachada principal tiene en su centro una pequeña tribuna que se asoma a la plaza delantera y que en su interior era la sala del Consejo Provincial, hoy sala de Recepciones. En la Plazuela de la Merced se utiliza un lenguaje más ampuloso, con el gran frontón que corona la tribuna y que en su interior corresponde con el salón de sesiones para las reuniones del Pleno de la institución.

Diego Peris Sánchez en “El Palacio Provincial y su Época”. Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación Provincial de Ciudad Real 2018

(1) S. Rebollar y Muñoz, Proyecto de Palacio Provincial Memoria, en ADCR, Arquitectura, Obras. Registro 16. Pocos años después se realizan de nuevo obras en el edificio. ADCR, Arquitectura, Obras. Obras en Palacio Provincial 1919-1932, Registro 16. J. Rivero Serrano, “El Palacio Provincial y la arquitectura del siglo XIX: razón y crisis de un modelo”, en VV.AA., El Palacio Provincial, Ciudad Real, Diputación Provincial, 1993, pp. 67-91. 

(2) Las cúpulas rematadas con plomo en su cubierta presentarán numerosos problemas que pocos años después (1916) resolverá Telmo Sánchez con la colocación de escamas de Pizarra.



sábado, 1 de mayo de 2021

EL TEMPLO PARROQUIAL DE SAN JOSÉ OBRERO CUMPLE SU VEINTICINCO ANIVERSARIO

 



El templo parroquial de San José Obrero de Ciudad Real, cumple hoy 1 de mayo el veinticinco aniversario de su consagración, por el que fuera Obispo-Prior, D. Rafael Torija de la Fuente. Parroquia situada en la calle Socuéllamos, 2, perteneciente a la UAP de Santo Tomás de Villanueva, y con una población de unos 6749 habitantes.




El nacimiento de esta parroquia, tiene sus orígenes en la desaparecida capilla de la conocida barriada del Larache, que se encontraba en la Carretera de Fuensanta, dependiente de la Parroquia de San Pedro, y atendida por los Padres Claretianos, que se puso bajo la advocación de San José Obrero.

 



Con el crecimiento de la barriada y la supresión de las vías del tren que la mantenían separada del resto de la ciudad, surge la necesidad de realizar un templo parroquial, que atendiera a todos los fieles de esta zona de la ciudad. La encargada de construir el templo, sería la Parroquia de San Pedro, colocándose la primera piedra el 18 de febrero de 1995.




El proyecto de la nueva parroquia, fue realizado por el arquitecto D. Arturo Álvarez Labarga, siendo la empresa encargada de su construcción Proconsa S.L., siendo el 1 de mayo de 1996, cuando se consagró el templo por el Obispo-Prior que colocó la primera piedra.




Para conmemorar esta efeméride, la parroquia ha programado diferentes actos entre los que se encuentra una exposición fotográfica que se bajo el nombre “Las Huellas de la Fe”, fue inaugurada el pasado martes día 27 y se podrá visitar durante todo el mes de mayo de 18:00 a 19:00 horas. Hoy concluyen el Triduo que han estado celebrando en honor a San José Obrero, con la celebración de la Santa Misa presidida por el Obispo-Prior D. Gerardo Melgar Viciosa.




A partir del mes de septiembre, todos los 1º miércoles de mes a las 20:00 horas, se realizará una oración en torno a San José Obrero, iniciándose en este mes de septiembre también unas charlas sobre la figura de San José, terminándose los actos el 1 de mayo de 2022, con la celebración de la festividad de San José Obrero y su salida procesional.