Cerca de las cuatro de esta tarde, comenzó a descargar sobre esta capital y término municipal una fuerte e impresionante tormenta, acompañada de aparato eléctrico y granizo. Al principio, este caía unido a la lluvia, por lo que se amortiguaban sus efectos, pero luego cayó solo y con gran violencia. Hacia tiempo que no veíamos granizos tan grandes, pues algunos tenían el tamaño de huevos de paloma y de nueces. Y en general, eran mayores que las avellanas.
Se cortó el suministro de energía eléctrica
y gran cantidad de cristales han sido destrozados, así como numerosos arboles han
sido desgajados y quedado sin hojas por la enorme fuerza y gran tamaño del
granizo caído. Numerosos pisos bajos de las casas, sobre todo del centro de la
población quedaron inundados. Muchas bombillas del alumbrado público quedaron
rotas asimismo.
Aunque los daños no se pueden calcular de momento, han debido ser muy graves, tanto por el tamaño de los granizos como por su fuerza, muy especialmente en las huertas y viñedos.
La tormenta duró más de una hora y la granizada más de media.
Poco después de las cinco y media, volvió a caer agua torrencialmente.
Diario “Lanza”, sábado 31 de agosto
de 1957



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