Pedro Pablo Antonio Sánchez de Moya nació en Ciudad Real, el 29 de junio de 1763, siendo bautizado en la iglesia de Santa María del Prado el 11 de junio.
Hijo de Josef Casimiro Sánchez de Moya y
de Manuela de Aaribas. Su infancia debió transcurrir muy vinculada al gremio de
la construcción. Su hermano mayor, Joseph, ejerció, al menos entre 1789 y 1800,
el oficio de contraste municipal de madera. Su madrina y tía materna, Isabel de
Arribas, estuvo casada con Jerónimo García Céspedes, miembro de una importante
saga de maestros alarifes ciudadrrealeños que acapararon multitud de obras,
civiles y religiosas, realizadas en el último tercio del siglo XVIII no solo en
la capital sino también en toda la provincia: convente e iglesia de San Juan de
Dios y convento de madres carmelitas de Ciudad Real, Casa de la Encomienda de
Moral de Calatrava, Iglesia parroquial de Mestanza, casa-quintería de Sancho
Rey, Iglesia parroquial de Valverde, ermita de Santa María del Valle en Aldea
del Rey, etc. En el año 1789 entró como aprendiz en el despacho notaria de
Manuel Dávila Muñoz, ejercitándose en el oficio de la escribanía. Estas dos
facetas en su formación le conferirían una gran habilidad para trazar, dibujar
y delinear.
Plano de la planta de la ciudad de Ciudad
Real, en el que se manifiestan las plazas, calles, iglesias, ermitas, casas y
otros edificios que contiene en el día / ha sido delineado y formado por Pedro
Sánchez de Moya, vecino y escribano de número de dicha ciudad capital de La
Mancha y lo concluyó en 30 de noviembre de 1819; copia del original que existe en
Ciudad Real 24 de agosto de 1848. El comandte. Del Cpo. De E. M. Juan de Dios
Sevilla (1848). 1:1.750. Escalas gráficas de 600 pies castellanos y 200 varas
=9,6cm) CDU:912:314 (084.3):721(464.315-2)”1819” 464.315-2. Archivo
Cartográfico de Estudios Geográficos del centro Geográfico del Ejército –
Ubicación: AR – Signatura: Ar.E-T-C.4-233 – Código de barras: 2205986
En 1793 Pedro Sánchez Moya presentó en
Toledo un proyecto e informe destinado a la Real Casa de la Misericordia,
fundada por el cardenal Lorenzana en Ciudad Real, en el que proponía crear una
escuela de Arquitectura abierta a todos los vecinos que lo deseasen. Además,
envió una traza para el retablo de la iglesia de esta nueva institución. Ambos
fueron revisados y rechazados por el arquitecto Ignacio Hann, miembro de la
Real Academia de San Fernando y discípulo de Sabatini, artista predilecto del
cardenal, quien, a pesar de reconocer su buena voluntad, le recriminó
cruelmente por intentar ejercer un oficio ( el de arquitecto y tracista) que
solo estaba al alcance de aquellos que hubieran podido costearse los estudios
en la mencionada Academia, menospreciando así una formación tradicional, a pie
de obra, heredera de los gremios medievales, y muy habitual todavía en muchas
ciudades del momento.
En el año 1793 recibió un importante
encargo por parte del ayuntamiento de Ciudad Real: debía dibujar dos proyectos
para la torre nueva que se quería construir en la iglesia de Santa María del
Prado, para sustituir a la que se había tenido que desmontar en el año 1780 por
los problemas de estabilidad que sufría desde el terrible terremoto de Lisboa
-1755-. Presentó dos trazas. La primera era más sencilla y económica
(710.542,32 reales). Se accedería por el interior del templo, constaría de
cinco cuerpos y reaprovecharía el capitel de la antigua torre que estaba
desmontado en el suelo. La segunda era mucho más ambiciosa y cara (su ejecución
superaría el millón de reales, 1.034.125,17 reales), tanto por los materiales como
por la elección de elementos arquitectónicos, así como la propuesta de
levantarse sobre una nueva capilla del Descendimiento, que vendía a sustituir a
la anterior derribada también junto con la torre del siglo XVII.
Ambos proyectos fueron rechazados por la
Gobernación del Arzobispado de Toledo tachándolos de desproporcionados para una
iglesia de capital tan modesta. La torre definitiva sería diseñada en 1817 por
el arquitecto Troconiz y dirigida por el maestro de obras Joaquín Romero, ambos
aprobados por la Real Academia de San Fernando, experimentando muchas reformas
y un lento proceso de construcción, motivado por la escasez de fondos, que no finalizaría
hasta 1835.






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