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domingo, 7 de junio de 2020

UNA CASA CON HISTORIA



Un involuntario accidente ha tirado por tierra un pedazo de la historia de Ciudad Real. Lo que desde hace siete años venía siendo el centro de la movida nocturna ciudarrealeña, El Ave Turuta, arrastraba tras de sí una tan interesante como intensa vida.

La casa estaba enclavada en uno de los más antiguos barrios de la ciudad, el de la Judería. En la calle llamada Compás de Santo Domingo porque allí estaba enclavado el convento de los frailes. En esta casa vivió la época de la Inquisición con especial protagonismo.

Muchos años después volvió a estar en boca de la gente por un famoso crimen ocurrido después de la guerra civil. La memoria popular recuerda cómo un hombre mató a hachazos a su esposa y la enterró dentro de la casa hasta que fue descubierto.


Años después la casa pasaría a funcionar como bar-bodega, llamándose ya El Compás de Santo Domingo hasta que sus actuales propietarios se quedaran con él y lo reformaran para convertirlo en el lugar marchoso por excelencia y cita obligada para los visitantes que venían de fuera de la ciudad.

Epitafios por el Turuta

«El Ave Turuta lo es todo, era y será el lugar de referencia de tanta gente distinta, de culturas tan heterogéneas que nunca podrá olvidarse», empieza diciendo Vicente Ballester, una de las voces más conocidas en Ciudad Real por sus programas en la cadena Rato de la capital. «Era el nexo, la unión de gente con ganas de divertirse y de pasarlo bien, un santuario vamos. Han salido muchos novios de ese local, incluso matrimonios -continúa diciendo Vicente- que han seguido yendo de casados. Ahora yo estoy fuera de Ciudad Real, en Valladolid y cuando me enteré me causó una impresión enorme porque no puedo olvidar que allí he pasado muchas horas divertidas y miles de anécdotas. Incluso montamos nuestra propia productora llegando a hacer algunos programas de televisión. ¡Menudas borracheras me he cogido en el Turuta! Espero que Ángel y Rafa vuelvan a abrir pronto porque con ellos al frente el Turuta será el mismo

José Ramón Negrete es el propietario de otro local de moda en Ciudad Real capital, El piropo, y su versión sobre El Ave Turuta es así de clara: «Yo cerraba mi local y me iba a tomar la última copa al Ave Turuta. Desde luego era una institución ya que ser el primero ya es mucho. Lo que ha pasado me entristece porque era algo de todos. Además esto no me beneficia el negocio a mí ya que siempre ha ido la gente de unos locales a otros. Seguro que volverán».


Para Pilar Naranjo, otra conocida noctámbula, «El Ave Turuta era un sitio muy agradable donde yo tenía un montón de amigos. Ya se sabe que te acostumbras a ir a un sitio y repites con asiduidad. El que ahora haya pasado lo que ha pasado no es bueno para nadie pero tampoco es tan trágico en estos momentos en Ciudad Real porque, afortunadamente, existen bastantes sitios nuevos. Si vuelven pueden perder su encanto aunque les deseo lo mejor».

Mientras, María Ángeles Gómez-Limón, que fue Dulcinea de Ciudad Real y Maja de La Mancha en 1989, ni se había enterado. «La verdad es que ni lo sabía. He estado unos días fuera y no me lo habían dicho. Lo mejor del local es que allí podían convivir los que medio se caían por la borrachera y los que sólo iban a tomar una copa. Cuando lo vuelvan a abrir, si esto se produce, habrá que ver si consiguen llegar a donde habían llegado porque lo que no se puede negar es que era un buen negocio. Menos mal que se están abriendo más sitios como La Plaza del Pendón que van a seguir animando a esta ciudad.»

“Bisagra” Nº 168, Revista Semanal Del 3 al 9 de marzo de 1991


sábado, 6 de junio de 2020

SE HUNDIÓ EL PIONERO DE LOS TEMPLOS DE LA NOCHE


Ángel y Rafa en la puerta del “Ave Turuta” recién hundido

Once y treinta horas del viernes 22. El Ave Turuta, como el resto de los locales que conforman la noctámbula movida ciudarrealeña se sacude la resaca a golpe de lejía y fregona preparándose a recibir el fragor de un nuevo fin de semana. Sin embargo, no se podía imaginar el pájaro que la noche anterior sería la última que compartiría con sus más fieles seguidores y amigos.

A esa hora de la mañana los muros del Turuta se vinieron abajo en medio de una densa polvareda y un gran estrépito que sorprendió a los transeúntes que en ese momento atravesaban la calle del Compás.

Los trabajadores de las dos empresas constructoras que realizaban las primeras labores sobre los solares colindantes asistieron al espectáculo con sorpresa sin dar crédito a lo que estaban viendo. El entrañable Ave Turuta había muerto víctima de un repentino ataque. Nada se podía hacer para salvarlo.

La confusión de los primeros momentos hizo que se barajasen múltiples conjeturas sobre lo sucedido. Incluso  llegó a pensarse en la posibilidad de que el accidente hubiera sido provocado, extremo que, tanto los propietarios del local como las empresas constructoras implicadas se han apresurado a desmentir.
  
Los daños fueron tales que fue imposible su reconstrucción

Mientras que las paredes del popular local se venían abajo la moral de los propietarios hacia lo mismo. Rafael Espinosa y Ángel Muñoz veían cómo la fatalidad acababa con su pasado reciente y con un prometedor futuro. «Es una tragedia -dicen- hemos quedado además de sin local, sin todo lo que había dentro que era todo: papeles, licencias, facturas, el almacén, todos los discos... Todo está bajo los escombros. Las cinco personas que trabajaban dadas de alta y los extras que lo hacían ocasionalmente se han quedado en la calle. Nuestra situación económica es una ruina en estos momentos con lo que esta pérdida supone. De momento un economista y un arquitecto están redactando un informe para evaluar las pérdidas materiales y la pérdida que representa interrumpir una actividad que era muy rentable.»

Los responsables del local habían invertido sus ahorros en iniciar el proceso de compra -hasta ahora lo habían tenido alquilado- y precisamente el buen momento que atravesaba el bar les había llevado a esto. «Era un bar que estaba funcionando muy bien, con un gran volumen de trabajo y que gozaba de la aceptación de la gente joven. Fuimos punteros en muchas cosas, como en poner un portero. Convertimos un sitio de comidas en un bar de moda.»

Los dos socios -asesorados por su abogado- desean llevar el asunto de las responsabilidades que piensan pedir a las empresas implicadas en el derrumbe por las buenas. «Lo importante es llegar a un acuerdo. Nos vamos a poner en contacto directamente con las compañías de seguros una vez que hayamos hecho las averiguaciones oportunas de qué empresas exactamente pueden responder. Reclamamos dos conceptos: los daños materiales y las ganancias que hemos dejado de obtener


La misma buena voluntad que los dueños quiere poner el gerente de la constructora Promociones Martínez Lara que construía en los solares próximos un bloque de pisos. Para Domingo Martínez el derrumbamiento del Turuta es un hecho fortuito: «Nosotros creemos que se trata de un suceso completamente accidental. El local estaba en malas condiciones aunque no presentaba un riesgo inminente de que aquello pudiera venirse abajo. Las palas no tocaron los muros, la edificación reventó literalmente, a los lados hacia los que estaba cargado la cubierta; si las máquinas tuvieron algo que ver es algo que sí es cierto es que lo que sucedió podía haber ocurrido en cualquier otro momento. Esto lo hemos podido comprobar tras el desescombro y posterior estudio. Imagínate lo que hubiera pasado si llega a suceder un viernes o un sábado por la noche. Lo que sí puedo añadir es que nunca pensamos en que aquello se podía hundir».

Esto mismo piensan los propietarios ya que el local pasaba las inspecciones obligadas y las últimas remodelaciones lo habían dejado en perfecto estado.


Pudo ser una tragedia

Ambas partes coinciden en señalar la tragedia que se hubiera producido si el derrumbamiento hubiera tenido lugar un fin de semana. Cuando Domingo Ruiz se enteró de la noticia afirma que se sintió profundamente preocupado por la posibilidad de que hubiera alguien en el interior. Algunas versiones afirman que la mujer de la limpieza terminaba de marcharse del lugar cuando ocurrió el suceso, pero lo que es cierto, es que los únicos daños que hay que reseñar son, afortunadamente, materiales. El gerente de DIMARSA reconoce que lo primero que preguntó es si había habido alguna víctima, «cuando supe que no, dije: lo que se puede arreglar con dinero es lo menos caro».

Entre los escombros del Turuta han quedado atrapados unos 4.000 discos, además de todos los aparatos audiovisuales existentes. «Se han destruido neveras, el almacén, discos, documentos, facturas - afirman los propietarios- o Nos hemos quedado con lo puesto porque todos nuestros ahorros los teníamos aquí invertidos

«Nosotros - cuentan Ángel Muñoz y Rafael Espinosa- invertimos el pasado verano unos ahorros en acondicionar el local, pero cuando derrumbaron las casas colindantes se corrió la voz de que ésta se podía venir abajo...».

Pioneros de la marcha Antes de 1984, el Ave Turuta era un bar dirigido a gente mayor frecuentado masivamente por jóvenes. A partir de esa fecha, que ha sido recordada puntualmente cada año por sus actuales propietarios con una gran fiesta, el pub, alquilado en un principio, fue adquiriendo mucha popularidad entre la juventud de toda la provincia. Los jóvenes de cada pueblo con más posibilidades se desplazaban a Ciudad Real los fines de semana a pasar un buen rato en el Turuta.

Solar donde estuvo enclavado el “Ave Turuta”

El estilo y la .marcha de El Ave ha sido el embrión que ha dado a luz toda la movida frenética del Torreón, tan apetecida por la gente joven y tan denostada por los vecinos. El Ave Turuta ha sido el local puntero que ha asistido al nacimiento de otros pubs que han conformado el circuito de copas obligatorio en Ciudad Real. Ha resistido, incluso los ataques de las instituciones contra la guerra declarada al ruido. Nunca ha llegado a cerrarse, tampoco nunca ha habido que resaltar ninguna bronca espectacular aunque la policía haya tenido que actuar en alguna que otra ocasión.

Ahora, sus dos socios se encuentran en una situación angustiosa. Ambos esperan que El Ave resucite aunque no de la -misma manera, sí con el mismo espíritu que siempre ha tenido. La última palabra la tiene el Ayuntamiento, cuyo plan general de Ordenación Urbana no permitirá levantar un local de características similares.

El Ave Turuta se ha muerto de viejo, la fragilidad de sus cimientos ha sucumbido a los deseos de diversión y se ha venido abajo, pero el mismo entusiasmo que los jóvenes han mostrado por su espectacular caída, será puesto de manifiesto cuando sus socios, Ángel y Rafael, decidan emprender una nueva aventura.

 “Bisagra” Nº 168, Revista Semanal Del 3 al 9 de marzo de 1991


viernes, 5 de junio de 2020

EL COMPÁS PERDIDO DE SANTO DOMINGO


Calle Compás de Santo Domingo, septiembre de 1950. Colección López de la Franca

Siempre me intrigó esa calle, una de las más antiguas de Ciudad Real, conocida por el misterioso nombre de "Compás de Santo Domingo" (que en el siglo XVIII se llamó "de Santo Domingo", a secas). "¿Qué "compás" será éste, tan sibilino, cuyo significado nadie parece conocer?" - he venido preguntándome durante años. Alguien me sugirió, un día, que acaso el curioso nombre obedeciera al ángulo que dicha calle forma con la adyacente calle "Delicias"; pues, en efecto, si observamos el plano de la ciudad, el trazado de ambas nos recuerda las dos piernas de un compás. No me pareció acertada esta hipótesis, empero, antes bien coja, dado que sólo una de esas piernas lleva el nombre de "Compás", y ello conduce a pensar que para nada precisa de la otra.

Así que seguí investigando sobre esta calle, integrada antaño en el barrio de la "Judería", sin conseguir avance alguno sustancial. Consulté el Diccionario de la Real Academia, y bajo la voz "compás" descubrí la siguiente acepción 2ª: "Territorio o distrito señalado a un monasterio o casa de religión, en contorno o alrededor de la misma casa o monasterio". Y a continuación me topé con una nueva acepción, la 3ª, que dice, escuetamente: "En algunas partes, atrio o lonja de los conventos e iglesias". Algo es algo, reconozco pero pronto me percato de la futilidad de mi hallazgo, ya que en la actualidad no existe casa de religión alguna en dicha calle, y nadie parece recordar que haya existido en otro tiempo. Únicamente, eso sí, me digo, la última parte del nombre - "...de Santo Domingo" - podría tener algo que ver con algún antiguo enclave de esa Orden cuya existencia hubiera caído en el olvido... Inquiero, por tanto, a la Superiora del convento de Dominicas que hoy se encuentra, tras sucesivos traslados, en el barrio de San Martín de Porres, y a esa enciclopedia viviente que es el Padre Bernardo, del cenobio dominico de Almagro; pero ninguno de los consultados puede aportar la menor pista de que en la misteriosa calle haya existido jamás un convento de la Orden, si bien el P. Bernardo me sugiere dirigirme a un joven historiador ciudadrealeño de nombre nuevo para mí: José López de la Franca: "Lo que no sepa él" – me asegura - "no lo sabe nadie". Le llamo, pero está en Roma, me dicen. Y dejo mi número para que me contacte a su regreso, cosa que no llega a producirse.

Y sigo repitiéndome, entretanto, que forzosamente tuvo que existir ese convento. De lo contrario, parece lógico pensar que la calle no se llamaría así. Y como siempre (ya lo decía Cervantes) en la porfía encierra la victoria su alegría, el interesante libro "Ciudad Real en el Siglo XVIII" (Instituto de Estudios Manchegos, 1955), viene a colmar al poco tiempo mis ansias. Leo en él, con alivio, que en el siglo XVIII existía en Ciudad Real la calle de "Santo Domingo" y que, entre las calles carentes de nombre, había una "que de la de Leganitos sube al Compás de Santo Domingo". Caliente, caliente, exclamo para mí, al constatar de una vez que en verdad existió ese "compás". Y si hubo un compás -elucubro con fruición, sintiéndome ya imparable y las definiciones 2ª y 3ª del docto Diccionario son ciertas, ¿quién puede dudar que tuvo que haber también, pegadito a aquél, aunque fuera mucho antes del XVIII, un convento? Éste, en primer lugar, y el compás, algo después, tuvieron que ser, en buena ley, los concausantes de ese nombre compuesto que hoy ostenta nuestra calle de marras: el convento dominico le proporcionaría el sustantivo primitivo de "Santo Domingo", y el compás (hay que suponer que los "atrios" y las "lonjas", o los "territorios circundantes", que menciona la Academia, se organizaban una vez construidos los edificios principales) habría permitido la posterior sustitución de su primer nombre por el de "Compás de Santo Domingo" que ha conservado hasta la fecha.

Calle Compás de Santo Domingo en la actualidad

A mayor abundamiento, en la obra citada se menciona, aunque sin precisar emplazamientos, los siguientes conventos dominicos que a la sazón (siglo XVIII) existían en Ciudad Real: el de monjes, "De Nuestro Padre Santo Domingo", y el femenino, "De Religiosas Dominicas". ¿Cuál de ellos pudo estar situado en la "calle de Santo Domingo" de mis desvelos, proporcionando a esa calle su denominación primigenia? ¿O se trataría tal vez de un convento distinto, o más antiguo, de los allí mencionados? En este punto de mi investigación, y a pesar de lo que llevo avanzado, lamento tener que reconocer que nadie lo sabe.

Cuando más sumido me hallaba en estas meditaciones, cayó casualmente en mis manos un ajado ejemplar de "La Ilustración Artística", de 1896, en el que (como si no tuviera ya bastante con un compás) descubrí un artículo titulado: "El Compás de Santa Isabel". Lo devoro con avidez y me entero de que " .. . los aspectos artísticos del Convento de Santa Isabel la Real, se revelan principalmente en el amplio pórtico-jardín que se extiende delante de la fachada del edificio, y que se conoce en Granada con el nombre de "Compás de Santa Isabel", paraje delicioso, mil veces reproducido por los artistas, donde se respira un ambiente de paz y calma, que predispone el espíritu más excéptico a las dulces emociones del misticismo ...". Y continúo leyendo la descripción, compuesta en florido estilo decimonónico, en la que se sigue relatando que "... el "compás" ofrece dulce recreación a los sentidos; el patio es un hermoso y casi selvático jardín en cuyo suelo crecen hierbas olorosas (...) y árboles corpulentos elévanse hasta tocar con sus copas altísimas el minarete de la esbelta torrecilla árabe ...".

Lo que acabo de leer, no sólo me aporta la noción nueva de "compás- jardín", o "zona ajardinada de una casa de religión", sino que sus románticos efluvios logran levantar mi recaído impulso investigador. Ya casi podría jurar que en la antigua calle tuvo que existir, por fuerza, un "compás", o jardín, como ese tan hermosamente descrito en la antigua crónica. Pienso que, como ocurre con el nombre "perchel", que confiere idéntico sentido a un barrio histórico de Ciudad Real y a otro de Málaga (ambos de primitiva economía pesquera), el "compás" de la capital manchega y el granadino han de tener un común denominador.

Tuvo que existir, estoy seguro, un convento dominico en nuestra calle. Y, anejo al mismo, cual frondoso "ábside" vegetal (me parece estar viéndolo), un bellísimo "compás", lujurioso y recoleto como el de Granada. Lástima que no hayan quedado trazas de él, o alguna pintura de artista por lo menos. Ni siquiera nos ha quedado el recuerdo. Apenas el intrigante nombre de una calle y esta extraña intuición que me asegura, sin desmayo, que en algún siglo lejano de la ciudad, ambos - el convento y el compás - tuvieron su asiento en ella.

Mas, he aquí, amigos, que cuando ya no podía soportar más tanta angustia, me encuentro con el dato que me faltaba. Lo descubro por azar en "Internet", al darme de bruces, hace apenas unos días, con unas páginas que tienen todo el cariz de una tesis doctoral. Su autora: Susana Díaz Moy. En ellas leo, enardecido, estas líneas providenciales: "...En su tiempo (en el de Juan I) se mandó quitar las sinagogas de los judíos (...) y luego (el rey, se entiende) fundó allí mismo el convento de Santo Domingo, de la orden de Predicadores, entre las calles de la Libertad y de la Mata y atravesando el llamado Compás de Santo Domingo...". ¡Eureka! ¡Lo había encontrado!


Si bien Susana Díaz, que introdujo esta información en la "red" en 1999, se refiere a esta calle dándole el nombre que hoy ostenta, y aceptando (erróneamente, en mi opinión) que éste era su nombre cuando se fundó el convento, debo insistir en mi ya expresada intuición de que, antes de darse tal nombre a esta calle de mis pecados, tuvo que existir en ella el citado Convento y, pegadito a él, su "Compás". La asignación de los nombres, primero, "de Santo Domingo", y más tarde, de "Compás de Santo Domingo", a la calle, tuvo que ser posterior a la construcción, "allí mismo", del convento y de su bucólico jardín. Admitir el orden cronológico opuesto, iría contra el elemental principio causa-efecto, y sería como pretender que el histórico "Pozo Seco de Don Gil" ya ostentaba este nombre antes de quedarse sin agua. Por lo demás, los concluyentes datos aportados por la culta investigadora me permiten concluir aquí, aunque no sin cierta nostalgia, mi intuitiva y accidentada pesquisa.

Tiro una raya en la "tele" de mi ordenador, para indicar que este artículo, que me propongo enviar a "Lanza" el lunes próximo, ha terminado. (Y es que aún no sé que en Argamasilla de Alba, en la conferencia que José González Lara pronunciará mañana, sábado, junto a la "Cueva de Medrano" - en relación con su magnífico libro "Tras el Guadiana Sálico" -, vaya conocer en persona a José López de la Franca, ese estudioso de nuestra Historia que, según el Padre Bernardo, lo sabe todo).

Y ya en la noche del domingo, después de un sábado cultural inolvidable, de esos que "Los Académicos de la Argamasilla saben hacer realidad, pulso el tabulador de mi artefacto para mandar la línea hacia abajo y hacer hueco en la pantalla a estos renglones de propina. Porque ya he conocido a José López de la Franca (nombre medieval, por cierto, como el de "Piero de la Francesca") en el cenáculo argamasillero, y me ha dejado anonadado con sus conocimientos, sobre todo su confirmación de que no sólo existió el convento en esa calle, sino que estuvo ubicado junto al palacio del Corregidor y fue, en el siglo XV, el mayor edificio de la capital; tan grande era -como correspondía al poder de la Orden en la época-, que sobresalía orgulloso entre los demás edificios de "Villa Real".

Son tantos los datos que me aporta, y de tal interés, que sólo podré referirme a ellos en un posterior trabajo. Sirvan de botón de muestra éstos: que el convento fue erigido en el mismo solar que en la "Judería" había ocupado la Sinagoga Mayor de la ciudad, antes de su expropiación en 1391, y subsiguiente demolición; que las piedras de la sinagoga sirvieron para levantar la fábrica del gran convento dominico, al igual que, corriendo el tiempo, las piedras de este último (así mismo derruido cuando se acometió la nueva urbanización del sector), servirían... ¡para construir las gradas de la plaza de toros!

Como colofón, quiero recoger la propuesta que el joven historiador formula y que me parece justísima: que se coloque una placa en esa histórica calle del "Compás de Santo Domingo", con la siguiente leyenda: "En este paraje se alzó la Sinagoga Mayor de la ciudad, que fue luego demolida para permitir la construcción, en el mismo solar, del gran Convento de Hermanos Dominicos donde predicó el dominico valenciano San Vicente Ferrer". (Por lo que a mí respecta, y porque también cuenta lo presente, hace tiempo que una buena amistad dejó grabada esta otra placa en mi memoria: "En esta calle habita el polígrafo manchego Joaquín Muñoz Coronel, y su familia". A mi amistad con esta familia atribuyo, más que a otra causa, mí desusado interés por una calle.

Pepe Romagosa, diario “lanza”, domingo 30 de enero de 2000

El ayer y hoy de la calle Compás de Santo Domingo 

jueves, 4 de junio de 2020

CALLE COMPÁS DE SANTO DOMINGO


Vista del primer tramo de la calle Compás de Santo Domingo, la mañana de un Viernes Santo de los años setenta del pasado siglo XX, donde podemos ver las edificaciones de una y dos plantas que existían en la misma

La actual calle de Compás de Santo Domingo, es una de las calles históricas del antiguo barrio judío de la ciudad, que tiene sus inicios en la calle de la Mata, y termina en la confluencia de esta calle con la de la Libertad.

Su primitivo nombre era calle de la Barrera, y al establecerse los dominicos en Ciudad Real, a finales del siglo XIV, el ayuntamiento capitalino cedió esta calle a la comunidad de los predicadores, el 13 de junio de 1407, comenzándose a llamar Compás de Santo Domingo. Con la desamortización del convento en el siglo XIX, la calle se edificó de viviendas de una y dos plantas, que subsistieron hasta los años ochenta del pasado siglo XX, existiendo también una bodega.

En esta calle nació el pintor, Manuel López Villaseñor, y en l984 abriría sus puertas el disco-bar “El Ave Turuta”, un referente para los jóvenes de la movida ciudadrealeña de los años ochenta del pasado siglo XX, que cerró sus puertas en 1991 (http://elsayon.blogspot.com/2014/07/el-ave-turuta-el-local-de-moda-de-la.html).

Vista del segundo tramo de la calle Compás de Santo Domingo, la mañana de un Viernes Santo de los años cuarenta del pasado siglo XX, en su confluencia con la calle Libertad

miércoles, 3 de junio de 2020

SANATORIO DR. BARREJON EN CALLE REFUGIO, 3


Desde los inicios de los años cuarenta del pasado siglo XX, funcionó en la calle Refugio, 3, el sanatorio del Dr. Barrejón, propiedad de D. Gregorio Sánchez-Barrejón Fernández, médico-cirujano de gran prestigio en nuestra ciudad. Desempeño los cargos de Médico de la Cruz Roja, Caja Nacional de Accidente de Trabajo, Mutualidad de Futbolistas y Montepío de Toreros. El inmueble constaba de dos plantas y sótano, con una superficie que superaba los mil metros cuadrados.


Fallecido el Dr. Barrejón el 28 de junio de 1982, el sanatorio fue demolido en 1988, y al estar afectado en el Plan General de Urbanismo, parte se destino a la construcción de una nueva calle, que lleva el nombre “DCTR. G. SANCHEZ BARREJON”. Al haber sido el médico-cirujano durante muchos años el  Dr. Barrejón de la Plaza de Toros de nuestra capital, sus familiares tras su fallecimiento donaron a la Plaza de Toros, todo el material del quirófano del desaparecido sanatorio de la calle del Refugio.


martes, 2 de junio de 2020

RECUPERADO UN MANTO DE 1940 PARA EL CULTO DIARIO DE LA VIRGEN DEL PRADO



Coincidiendo con la festividad de Pentecostés, la Virgen del Prado ha recuperado un manto color rojo para su culto diario, que hacía años no lucia, propiedad de la Ilustre Hermandad y que fue regalado por un hermano de la misma.

En el acta de la Junta General de Hermanos, de la Ilustre Hermandad de fecha 28 de julio de 1940, figura el regalo de D. Ángel Morales Antequera, de un manto color rojo adamascado con relieves.


Este manto era el que utilizaba la Virgen para la celebración de Pentecostés todos los años, hasta que por motivos de conservación de la imagen de la Virgen, se le realizó una nueva forma de anclaje de las ráfagas y la corona, quedándole este manto pequeño y estrenando otro nuevo de color rojo en el año 2005.

Al dejar de ponerse este manto a la Virgen, y con el paso del tiempo, este necesitaba ser restaurado, por lo que Dª. Pilar Carranza Oliver, perteneciente a la Corte de Honor de la Virgen del Prado, ha realizado la restauración del mismo, arreglándole el forro, poniéndole puntillas nuevas y cintas. Para sanear el manto, ha tenido que deshacerlo entero y siguiendo el patrón original, con mucho esmero y cuidado volverlo a hacer.


Con esta restauración, la Virgen del Prado ha vuelto a recuperar un manto de camarín, gracias a la Corte de Honor, y desde el pasado viernes 29 de mayo, y hasta la celebración de la solemnidad del Corpus Christi, la Virgen del Prado lo lucirá en su trono.


lunes, 1 de junio de 2020

UNA ACCIÓN DE GRACIAS A LA VIRGEN DE ALARCOS EN 1890


Primitiva imagen gótica de la Virgen de Alarcos, destruida en 1936 por milicianos de izquierdas al inicio de la Guerra Civil Española

En Ciudad Real iba hace pocos días por la vía férrea, con dirección a las Huertas, una familia muy conocida en aquella ciudad, cuando sin saber cómo, una preciosa niña de diez años que formaba parte de la misma, quedó sujeta por el tacón de la bota entre dos raíles, precisamente cuando el tren mixto de Badajoz avanzaba a toda velocidad.

La madre de la niña, presa de indescriptible espanto, empezó a porfiar por sacar el piececito de su hija, pero todos los esfuerzos eran vanos, antes al contrario, se complicaba más la cosa ante el sobresalto de todos y la llegada del tren, que se aproximaba a pasos agigantados.

Una catástrofe era inevitable, y hubiera ocurrido seguramente si el padre de la criatura, serenándose repentinamente, no hubiera procedido con prontitud a desabrochar los botones del calzado de la niña y tirar de esta con fuerza, al tiempo que la maquina y coches pasaron como una exhalación por encima de la bota desprendida, que quedó aplastada y deshecha.

Pasado el peligro, la madre fue acometida de un sincope, y al volver en sí, ofreció una función religiosa a la Virgen de Alarcos en acción de gracias por haberla conservado su hija.

Fuente: Periódico   La Iberia (Madrid. 1868) 10 de marzo de 1890, página 2