Vista de la calle Jacinto en los años cincuenta del
pasado siglo
Jacinto. La
ciencia ha perpetuado el nombre del joven muerto por Apolo en una planta
bulbosa, de hojas lineales y bella inflorescencia de florecillas con seis
hojuelas, casi soldadas, de color blanco, azul, rosa, morado… según las
variedades, pero siempre de penetrante y agradable olor.
Y una calle de
Ciudad Real lleva, desde época lejana y desconocida, el nombre del joven Jacinto.
Se inicia, casi frontera de la de la Rosa, entre las casas números 40 y 42
antiguos de la de Toledo. Se diluye, al final, allá por el Perchel, en la
descuidada plazuela dedicada al almodovense don Agustín Salido, gobernador
civil de la provincia, bajo cuyo mandato, por el año 1868 y según los planes de
Maldonado y Treviño, los “Terreros” fueron rellenados con los escombros de la
demolición de la parte de la muralla que corría a lo largo de la ronda de
Calatrava y con la tierra del cerro del Calvario, transportada por la histórica
máquina Miguel de Cervantes del ferrocarril Madrid-Ciudad Real. Al quedar
cegados definitivamente los “Terreos”, el día 21 de julio del citado año, con
el último tren de tierra arrojado a la laguna Longuera, terminó el azote
palúdico secular y depauperador de la ciudad, y se fundó, después, sobre los
terrenos saneados, la Granja Agrícola de la Puerta de Calatrava.
A la calle del
Jacinto se abren las ventanicas de las celdas del convento de Dominicas de Alta
Gracia, fundado en 1435, en las casas de los ciudarrealengos don Alfonso Pérez
de Ledesma, abogado de los Reales Consejos, y doña Mencía Alonso de
Villaquirán, según disposiciones testamentarias. De las primitivas casas de los
donantes aún se conserva, en la clausura, un hermoso arco de herradura.
La Sociedad
Obrera tenía su edificio en una de las esquinas que esta calle forma con la
Tintoreros, frente a la actual Casa de Socorro que ocupa parte de los antiguos
graneros de don Luis Muñoz, fundador, creo, de la plazuela que ostentaba su
nombre entre Tintoreros y Toledo.
Julián Alonso Rodríguez. Diario “lanza”, lunes 25 de
febrero de 1956

La calle Jacinto en su confluencia con la calle Altagracia,
cuando aún permanecía en pie el Monasterio de las Dominicas