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miércoles, 4 de enero de 2017

LA CASA POPULAR DE NUESTRA SEÑORA DEL PRADO


 
Vista de la Casa Popular de Nuestra Señora del Prado en la calle de la Mata, que después se convertiría en el Instituto Popular de la Concepción

El pasado año 2016, se cumplió un siglo de la presencia de los Marianistas en nuestra ciudad. Por este motivo, voy a dedicar las entradas del blog de los próximos días, a difundir la historia de esta congregación religiosa en Ciudad Real, que tiene sus orígenes en la Casa Popular de Nuestra Señora del Prado.

La Casa Popular de Nuestra Señora del Prado, fue una labor del que fuera quinto Obispo-Prior, D. Remigio Gandásegui y Gorrochategui, que fue Obispo de nuestra diócesis del 26 de agosto de 1905 hasta el 3 de julio de 1914 que fue trasladado a Segovia. En su afán de proporcionar educación a los obreros y sus hijos, adquirió el 15 de julio de 1912,  a D. Luis Parral y Cristóbal, catedrático del Instituto Técnico del Cardenal Cisneros de Madrid, un antiguo e histórico caserón en la calle de la Mata, entonces llamada Sauco Diez,  por un importe  de 21.000 pesetas, para destinarlo a centro social y educativo.

El arquitecto municipal y diocesano, Florián Calvo, sería el encargado de convertir entre 1913 y 1914, el viejo caserón, en un centro escolar para niños y adultos y lugar donde acoger instituciones que tuvieran como fin la educación moral, social y religiosa del obrero y el mejoramiento de su vida en nuestra sociedad. Una vez concluidas las obras, la Casa Popular fue inaugurada el 19 de agosto de 1914, por el Obispo Gandásegui, ya siendo Obispo de Segovia.

El  diario el “El Pueblo Manchego”, en su número del citado día 19 de agosto, relata así el acto de inauguración de la Casa Popular: “Son las diez y media. Ha llegado la comitiva cívico-religiosa presidida por el Prelado.
 
 
Plano y vista de los años veinte del siglo pasado, donde se señala la manzana que ocupaba la Casa Popular

En el amplio vestíbulo le aguardan el M. I. Sr. Dr. D. Eloy Fernández Alcázar, gobernador eclesiástico y otras distinguidas personalidades.

Ante un altar improvisado en un gabinete del exterior se reviste el Prelado de pontifical procediéndose inmediatamente a la solemne bendición de la casa y aspersión de las principales dependencias.” Continúa la crónica de la inauguración hablando de las personalidades presentes, y del discurso que pronunció el Prelado en el salón de actos, en el que dijo entre otras cosas: “Habla después del matrimonio, primera célula social, y de la alta misión que tiene que cumplir en orden a la instrucción y educación de los hijos; y dice que  si  los padres ricos cuentan con los medios suficientes para hacerlo, llevándolos a buenos colegios o con buenos profesores, los padres pobres, los padres obreros que viven esclavos del trabajo, no pueden, muchas veces, atender a esos deberes y abandonan y descuidan el grave problema de la instrucción de sus pequeñuelos, siendo preciso para ella estas instituciones, donde puedan recibir una enseñanza gratuita y fundamental.

Pensando en esto yo he levantado la Casa Popular para que por medio de ella el obrero sea, no un mero técnico de su arte, jornalero de su profesión, sino que redimido del analfabetismo y poseyendo esos medios poderosos de la lectura y escritura que le relacionan con sus semejantes y le dan conocimiento de los adelantos y progresos modernos, logre ser, culto e instruido convirtiendo su trabajo anticuado y rutinario, en científico y racional. Dice que al poner esta casa bajo la advocación de nuestra Patrona la Virgen del Prado, ya se ve que ha cuidado también de la educación sólida y moral de los niños, es decir de su educación religiosa y pone bellos símiles para demostrar la esterilidad de la instrucción si no va acompañada de su educación.

Se dirige luego a los obreros y les dice: pensando en vosotros, obreros de Ciudad Real, yo he querido que aquí tengáis un centro, donde sin atender a vuestra condición política, podáis todos unidos trabajar por vuestro mejoramiento social. Este Centro defensor de vuestros intereses no será de resistencia porque mi obra quiero que sea obra de amor, de unión y de paz. Y por eso deseo atraer hacia esta casa, la simpatía de las clases directoras para que os ayuden como socios protectores pero sin que esto parezca intervención en las diferentes lecciones de vuestro Circulo-Bolsa de trabajo, Caja de Ahorros y de Crédito, etc., que vosotros organizareis  y dirigiréis con entera libertad e independencia”.

 
Puerta de la Casa Popular en la desaparecida calle Alcázar, que según los historiadores perteneció a la medieval casa de la moneda

Desde la inauguración de la Casa Popular, el Obispo Gandásegui quiso poner al frente de ella una congregación religiosa, pero como el mismo relata en su “Pastoral de Despedida”, publicada en el ya citado diario “El Pueblo Manchego” el 30 de noviembre de 1914: “que nuestros propósitos de poner al frente de esa Obra Social una Congregación religiosa se estrellaron contra la escasez de personal”, y encomendaba a: “Nuestro dignísimo sucesor el complemento de la obra”, como así fue.

La Casa Popular de Nuestra Señora del Prado, era un gran caserón manchego situado entre las calles Mata, Alcázar y Joven, levantada sobre la que fue la Casa de Moneda de nuestra ciudad en época del rey don Alfonso, de la que aún conservaba una portada blasonada en su fachada de la calle Alcázar.  El resto de las fachadas estaban pintadas con vivos colores, y tenían amplios balcones y numerosos ventanales. Su interior contaba con amplias salas para la enseñanza, capilla, grandes patios y un salón de actos con cinematógrafo, donde el ayuntamiento colocó una placa en agradecimiento al Obispo Gandásegui por la realización de esta obra social.

 
El Obispo-Prior, D. Remigio Gandásegui y Gorrochategui, bendiciendo la Casa Popular de Nuestra Señora del Prado el 19 de agosto de 1914. Fotografía publicada en la revista “Vida Manchega” en su número del 10 de septiembre del referido año.

martes, 3 de enero de 2017

CERVANTES HACE APARECER A CIUDAD REAL Y MIGUELTURRA EN EL CAPITULO XLVII DEL QUIJOTE



Como ciudarrealeño, no quiero dejar pasar la oportunidad de homenajear, ahora que el año 2016 se acaba, y dedicar unas notas en conmemoración del IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, el inmortal autor que dio a conocer al mundo su grandiosa obra desarrollada por nuestros lugares manchegos.

Son numerosos los estudios que brindan argumentos para señalar a un determinado pueblo como “el lugar de la Mancha que no quiso acordarse…”. Pero tras una inicial criba, tres son los municipios que refieren más méritos para hacerse con este honor. Un honor que sería como la de aquellos ilustres hidalgos que pinta Cervantes. Los pueblos que aspiran son numerosos: Argamasilla de Alba, Villanueva de los Infantes, Mota del Cuervo… y un largo etcétera.

En nuestro Villanueva de los Infantes, capital de la comarca del Campo de Montiel, un cartel anticipa al visitante casi asegurando que este es “El lugar de la Mancha…” En efecto, no hay duda de la devoción cervantina del dicho municipio, pues en su bellísima Plaza Mayor vemos un conjunto de esculturas, que muestra a Don Quijote, Sancho y otras figuras de la inmortal obra. Sabemos que veinte expertos cervantinos visitaron los pueblos de “la Ruta del Quijote” para localizar el lugar del que Cervantes “no quería acordarse”. El camino de los pueblos candidatos continúa en Argamasilla de Alba, que se siente avalada por la historia y por los “Académicos de la Argamasilla”, que señalan en El Quijote, se reunían en la botica del pueblo y de los que Cervantes se mofaba. por sus ínfulas literarias. La Oficina de Turismo del municipio ofrece metas para descifrar el enigma del lugar de la Mancha, y es en este lugar donde está ubicada la cueva de Medrano, donde Miguel de Cervantes sufrió cautiverio unos cuatro meses y donde, según la mayoría de los biógrafos del escritor, pudo entonces concebir El Quijote.

En otro orden de cosas, Cervantes nació el año de 1547 en Alcalá de Henares. A su madre se la señala como "cristiana nueva", descendiente de judíos españoles, un grupo culto y trabajador forzosamente convertido al catolicismo. Su padre fue cirujano, oficio menor al de médico. Tras su azarosa vida, por un arcabuzazo Cervantes perdió el uso de la mano izquierda en la batalla de Lepanto. Durante un viaje de vuelta a España, el manco de Cervantes fue hecho prisionero por piratas argelinos. Entonces comienzan sus cinco años de cautiverio en Argel, volviendo liberado a España gracias a los esfuerzos de su familia y de un tal Juan Gil, fraile trinitario. Después consigue ser recaudador de impuestos atrasados en el reino de Granada, y para ganarse el sustento desarrollará otros varios oficios.

Cuando pasaba de 58 años, consiguió el apoyo económico del conde de Lemos que le permitió dedicarse completamente a escribir. En 1605 Miguel de Cervantes publica la primera parte de “Don Quijote de la Mancha”.


En 1613 apareció un Quijote apócrifo, publicado por Avellaneda, quien trató de hacer una continuación de la obra original, por ello Cervantes decidió escribir la segunda parte de su Don Quijote, dándole un final que no permitió ninguna continuación. El famoso grabador francés Gustavo Doré fue el primero en plasmar los maravillosos grabados del libro. Otra curiosidad fue que Miguel de Cervantes sufrió tartamudez, él mismo lo confiesa en el prólogo de sus Novelas Ejemplares.  Su óbito en 1616 ocurrió cuando contaba 68 años, siendo sepultado en el convento de las Trinitarias Descalzas, pero sin definir el sitio exacto donde reposan sus restos.

Un dato de interés más es que la población de Miguelturra aparece en el Quijote por la amistad de Cervantes con la familia de “los Perlerines”, personajes ricos y reales labradores naturales de este municipio. Lo vemos  en la frase: “Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra (sic), un lugar que está a dos leguas de Ciudad Real…”, lo pronuncia un labrador, pidiendo a Sancho, ya gobernador de la Ínsula Barataria, para que interceda a favor de su hijo, para poder casarse con la hija del rico “Perlines”. Por otro lado, lamento no recordar un interesante suelto anónimo, de hace unos años, donde aseguraba cómo Miguel de Cervantes llegó a Ciudad Real para socorrer a la viuda de un entrañable amigo.

Otro enigma es el misterioso personaje de Cide Hamete Benengeli, un personaje colateral, supuesto autor moro del origen de la obra Don Quijote, supuestamente adquirido por Cervantes a Benengeli, con quien había topado en Toledo, cuyo apellido Benengeli habría utilizado como inspiración para, entre bromas, atribuir la autoría de su Quijote al sabio portador de los famosos “cartapacios” con los originales de su novela. El mismo Cervantes nos cuenta en el capítulo IX: “Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero…  y parece que aquellos cartapacios contenían la Historia de Don Quijote de la Mancha, cuya autoría  se arrogaba Cide Hamete.

En 1609, Cervantes termina su obra “Coloquio de los perros”, donde podemos observar su obsesiva e inquietante preocupación por el tema de su linaje. Cervantes quiso para su obra, en medio de una sociedad con el criterio racista de la limpieza de sangre, no obstante, si fue o no converso a pesar de todo, profesó en la Orden Tercera de San Francisco.

José Golderos, miembro de número de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales



lunes, 2 de enero de 2017

UN “CIUDADREALEÑO” DESCONOCIDO: THURRO



Tal vez el nombre de Thurro no sea tan conocido como los de Diego de Almagro, Juan de Ávila, Antonio López Torres, Sara Montiel o José Mota. El hombre del que les hablo es anterior a todos ellos, anterior incluso a la creación de la provincia de Ciudad Real. Tan antiguo de hecho, que las tierras que hoy conforman nuestra tierra eran conocidas como Carpetania, y estaban pobladas por tribus de íberos. En la época de Thurro estas tierras que hoy vemos repletas de cultivos, pueblos y carreteras eran un inmenso campo de batalla en el que los sufridos íberos trataban de mantener su independencia, primero frente a los cartagineses y más tarde frente a las invencibles legiones romanas. Thurro luchó contra estas últimas. Y lo hizo años antes de los célebres episodios de Viriato y Numancia.

Actualmente no tenemos demasiados datos sobre este caudillo carpetano, y la única fuente antigua que lo menciona es Tito Livio, un historiador romano del siglo I a.C que habla de Thurro en un párrafo de su obra Ab urbe condita (Desde la fundación de la ciudad) una obra que recoge la historia de Roma desde su fundación. Se le menciona en el relato de las campañas del general Graco para someter a los carpetanos:

“Marchó a Alces y comenzó el asedio del lugar […] aquí se capturó una gran cantidad de botín y muchos nobles, entre los que estaban la hija y los dos hijos de Thurro. Este hombre era el líder de aquellas gentes y el hombre más poderoso de Hispania en aquel momento”

Podemos fechar este episodio gracias a las campañas de Graco, que se produjeron en torno al año 179 a.C y en las que los carpetanos ofrecieron una gran resistencia al avance romano. Thurro logró unificar y poner bajo su mando a varias tribus de la región y crearon un ejército para proteger la zona. A pesar de todos los preparativos la maquinaria militar romana pasó como un rodillo sin que los íberos pudiesen detenerla. Los legionarios eran muy superiores en tácticas y armamento que los pobladores autóctonos y lograron derrotarlos y capturar varias de sus ciudades. El general Tiberio Sempronio Graco dirigió sus legiones a la población de Cértima (que podría corresponderse con Campo de Criptana). Los habitantes pidieron ayuda pero el ejército íbero no acudió y Cértima fue tomada. Graco llevó después a sus tropas hasta Alces (posible correspondencia con Alcázar de San Juan) y los pobladores del enclave se prepararon para defensa. En las inmediaciones Graco levantó un campamento que estableció como cuartel general. Las legiones se enfrentaron entonces a los íberos y les infligieron una dolorosa derrota. Los defensores de Alces se quedaron solos y  rechazaron algunos ataques de la infantería romana pero no pudieron hacer nada para protegerse de los disparos de las catapultas y otras piezas de artillería romana. Los muros de Alces no resistieron tanto y la ciudad cayó en poder de Roma. Según el relato de Tito Livio dentro de esta población estaban refugiados los hijos de Thurro. Los romanos avanzaron más y lograron conquistar buena parte del territorio. Thurro, viéndose ya incapaz de revertir el curso de la guerra y sabiendo que prolongarla sólo costaría más vidas, las de sus hijos incluidas, decidió dirigirse al campamento de Graco y le ofreció la rendición a cambio de las vidas de su familia. Graco aceptó y alcanzó un tratado de paz con el caudillo carpetano. Buena parte de las poblaciones que aún ofrecían resistencia se unieron al pacto y la guerra en la región concluyó. Thurro terminó siendo aliado de Roma y combatiendo en su ejército. Según el historiador Tito Livio, sus palabras fueron las siguientes: “Iré en contra de mis viejos aliados, ya que ellos no quisieron coger las armas para defenderme”.

La guerra en Hispania se prolongó durante muchísimo tiempo más, con episodios tan notables como el levantamiento de Viriato, la resistencia de Numancia o las Guerras Cántabras. Thurro fue uno de los muchos caudillos que trataron de preservar la libertad de los pueblos celtíberos frente a los conquistadores romanos, y como todos, fracasó en su intento.

Desgraciadamente apenas nos ha llegado nada de él. Vivió en una época de profundos cambios en los que la espada y la política iban de la mano. Hoy nosotros vivimos en las mismas tierras que él se esforzó en defender, y por ello creo que merece este pequeño reconocimiento para que su nombre figure entre nuestros “ciudadrealeños” ilustres.

Daniel Cuadrado Morales, escritor


domingo, 1 de enero de 2017