Esta tierna fiesta es una de las más arcaicas de Ciudad-Real y una de sus más prístinas tradiciones, que arranca desde las primeras horas de su historia.
Es una fiesta de puro sabor popular, sencilla y fervorosa como ninguna.
En ella entran los sentimientos más tiernos del alma y todos aquellos otros que se denominan y tienen por más espirituales.
La música, el canto y el fervor religioso, trasmitidos en toda su pureza y factura clásica de generación en generación, son los factores que dan vida al homenaje que el pueblo ofrece a su Patrona, quince días antes de la función y solemnidad patronímica. Arte y Religión, fervor y entusiasmo, en magnífico y amoroso consorcio, tejen a la Virgen del Prado una corona de gratitud, que no por ser arcaica carece de perfume.
Es como la santa oblación de los hijos de la Mancha a la Madre de sus amores.
La «Pandorga», así llamada, es la
Salutación a la Virgen con voces e instrumentos. Tal es el sentido que da a
este vocablo, no sabemos si un antiguo léxico o una viejísima historia de
Ciudad Real.
Sea como quiera, la palabra tiene entre nosotros carta de naturaleza, y su aplicación corresponde perfectamente a la acción, pues no otra cosa significa la Pandorga, sino la serenata o concierto pastoril ofrecido por la gente sencilla del pueblo a su Patrona la Virgen del Prado, quince días antes de su fiesta.
En el presente año, interrumpiéndose el silencio de algunos por falta de iniciativas, se ha celebrado esta típica fiesta organizada por un grupo de músicos entusiastas por las tradiciones populares, cuyos sentimientos arraigan en las costumbres con firmeza indestructible, como perennes plantas de siemprevivas.
La Pandorga congregó en el Prado, durante la noche del 31 de Julio último, a millares de almas, resultando la serenata una verdadera solemnidad; un regocijo religioso; una manifestación de cariño a la veneranda Patrona, piedra angular donde se asienta la historia de Ciudad-Real, según tradiciones que pasan como históricas y que son artículo de fe para los buenos manchegos hijos de esta noble é hidalga tierra de Castilla.
Para que todo fuera de alguna novedad, hubo gran concurso de cantadores de manchegas, esa melancólica tonadilla del país, que es el canto característico de fiesta tan clásica y popular.
Bien hayan las buenas tradiciones que nos hablan de sencillez y de pureza de costumbres, y bien hayan los pueblos que saben conservarlas, como perfume bendito que exhala recuerdos de nuestros antepasados y resucita sentimientos de fé y de religión.
J. Aguilera.
La Tribuna: extraordinario. Ciudad
Real 15 de agosto de 1907.



No hay comentarios:
Publicar un comentario