La causa esencial y primitiva de esta
perpetua rivalidad está vinculada al pensamiento, que guió á nuestros Reyes,
para fundar a Ciudad-Real y cuidar en todo tiempo de su mejoramiento; guerra
que informa toda la Edad Media, puesto que, representa la aspiración constante
de los Reyes en conservar su primacía en lucha continua con los nobles y ricos
hombres, que tendían á mermar la autoridad real. Pero el motivo que dió origen
á todas sus querellas, paladinamente lo expresa y determina Alfonso XI; “por
cuanto, dice, vi cartas é privilegios del rey Don Alfonso mio abuelo é del rey
Don Fernando mío padre.... en que mandava que el consejo de Villa Real que
cortase leña verde, é seca, de los montes, veviesen las aguas, paciesen las
yerbas son sus ganados, é agora la Reyna mi madre dijome que habia Maestre de
Calatrava é sus frayles que non los dejan á los vecinos é moradores de Villa
Real e su termino cortar leña de los montes.... ni traer el carbón.... ni el
esparto, ni las otras casas que seas menester.... en esto dispassan contra las
cartas e' los Privilegios, é los usos, é las costumbres que el Concejo de Villa
Real ovieron con los otros maestres, ---13 de julio de 1329—(1) Careciendo
Ciudad-Real de estas cosas necesarias para su existencia, siéndole reconocido,
estos servicios por los Reyes en sus cartas y por los Maestres en sus repetidos
convenios, al ser violados estos derechos por la Orden, faltaba a la justicia y
conculcaba la fe jurada. Mas el pensamiento de destruir á Ciudad-Real fue en
ella permanente, como este era el camino más seguro y expedito para conseguir
su codiciado objeto, de aquí el que no cesara en su ocupación en prender á los
leñadores, lanzar de sus dehesas a los ganados y prohibir el uso de sus
molinos; reclamaba siempre el concejo de Villa Real, aunque sin resultado y
enardecidos unos y otros en la defensa de sus intereses, guiados por la pasión
y añejos rencores, lanzabanse a la lucha sangrienta, allegando al combate
cuantos recursos hallaban a las manos y les prestaba el estado de la nación.
Tanto influía la situación del reino en el proceder de los conténdientes, que
fué ley invariable la que no faltaron jamás, el recurrir á las armas, cuando el
desorden del gobierno y debilidad del Monarca les impedían ocuparse en otra
cosa, que sostener su autoridad, y el pleitear en su curia cuando era ésta
potente y robusta, para la defensa de sus derechos sostenía Villa Real una
milicia permanente de cien jinetes y doscientos ballesteros, y reclamando esta
fuerza el infante D. Felipe, tutor del Rey, en 1325, hubo de contentarse con un
auxilio de dinero, por no dejar desamparada en la lucha empeñada con la orden
de Calatrava autorizando este mismo Infante á Villa Real, para que ocupara el
Castillo de Guadalerza, que pertenecía á sus contrarios.
El reinado de Fernando IV y menor edad de
Alfonso XI fueron tan provechosos á Villa Real como perjudiciales á la Orden;
pero el fuerte reinado que inició el último hizo cesar la lucha en el terreno
de la fuerza, para llevarla al de la ley, y llamando á su tribunal las pruebas
todas del proceso dictó su sentencia en 1329, ordenando en ella, que Villa Real
devolviera á la Orden á Benavente, Alcolea, Picón, Sedano, Turrillo, Hernán
Caballero, Peralbillo, La Celada, Fuente Porcuna, Robledo con todos sus términos
y las ruedas ó aceñas del Espino, Cación, Batán el Nuevo, Pedro Sancho,
Batanejo, Emperador, Salceda y Torrecilla, condenándole además al pago de
60.000 maravedis por los frutos que de los mismos había recibido. Al fin de
cortar de raíz estas discordias dio varias providencias el Rey de Castilla, las
que mencionaremos al tratar de Miguelturra; pero desgraciadamente no lograron
calmar las excitadas pasiones de los dos bandos contendientes, contribuyendo á
ello la Orden como siempre en primer termino, pues según nos refiere Rades de
Andrada, su cronista más conspicuo, continuó en su fatal tarea de hacer mala
vecindad á Villa Real, castigando con rigor inusitado á las que cogía cortando
leña en sus dominios y haciéndole á sus vecinos, en las demás cosas el mayor
mal que podía; vengáronse estos y terriblemente de tales demasías, admitiendo á
los caballeros rebeldes D. Alonso de Mantilla, D. Juan Ramírez y D. Gonzalo de
Mera, y acaudillados todos por don Juan Nuñez vencieran al Maestre en batalla
campal y asolaron el vecino pueblo de Miguelturra.
El diligente cronista Rades de Andrada nos refiere el último ato de hostilidad armada de la Orden contra Ciudad-Real. “Elegido, nos dice, don Rodrigo Tellez de Girón Maestre de Calatrava en Villarrubia á los ocho años, administró el maestrazgo su tío D. Juan Pacheco, pero muerto este cuando aquel contaba solos 16 años de edad tomó las riendas del gobierno; al mismo tiempo que se declaraba fogoso partidario de Dª. Juana y hacía crecer las hondas divisiones de Castilla, declaró la guerra á Ciudad-Real como de la Corona. “Junto, en Almagro 300 de á cavallo con otros 2000 peones y fue contra esta ciudad con intento de tomarla para su orden. Decia pertenecerle por virtud de la donacion que el rey D. Sancho el Bravo havía hecho de aquel pueblo. Los de Ciudad-Real se pusieron en defensa por no salir de la Corona Real y sobre esto uvo guerra entre el Maestre y ellos, en la qual de ambas partes murieron muchos hombres. Finalmente el Maestre tomó la ciudad por fuerza de las armas como parece por la cronica de los Reyes Católicos, la tuvo muchos días y hizo cortar la cabeza á muchos hombres de ellos, porque habían dicho algunas palabras injuriosas contra el; y á otros de la gente pleveya hizo azotar con mordazas en las lenguas. Los de la ciudad se quexaron á los Reyes Católicos de los agravios y afrentas que los de la Orden de Calatrava les hazían; y dixeron como en aquella ciudad avia pocos vezinos, y ninguno dellos era rico ni poderoso para hazer cabeza del contra el Maestre: antes todos eran gente comun y pobre, por estar la ciudad cercada de pueblos de Calatrava y no tener términos ni aldeas. Los Reyes Católicos viendo que si el Maestre de Calatrava quedava con Ciudad-Real, podía más fácilmente acudir con su gente á juntarse: con la del Rey de Portugal, que ya avia entrado en Extremadura, enviaron contra el á D. Diego Fernandez de Cordova, Conde de Cabra, y á D. Rodrigo Manrique, Maestre de Santiago con mucha gente de guerra. Llegaron estos dos capitanes á Ciudad-Real donde el Maestre D. Rodrigo Tellez estava, y pelearon la gente de unos con la de otros á la entrada y por las calles, que no es pueblo de fortaleza, ni castillo, sino solamente cercado de una ruyn cerca. "Cotos pelearon valerosamente, y de ambas partes murieron muchos; mas como los dichos dos capitanes avían llevado mucha gente, y los de la ciudad eran con ellos, vencieron, y echaron fuera al Maestre con los suyos estuvieron allí los capitanes mucho tiempo haciendo guerra en las tierras de la Orden á fin de que el Maestre por defender las dexase de acudir al Rey de Portugal.(1)
D. García López de Padilla en el siglo XIV
y D. Rodrigo Téllez Girón en los últimos años del siguiente fueron los Maestres
de Calatrava, que irás extremaron su odio a Ciudad-Real, jurando su ruina, la
que estuvieron á punto de conseguir; porque circunscribiendo el primero su
término á poco más de sus murallas, hacía imposible la vida de sus vecinos, y á
durar más tan penosa situación se hubieran visto obligados á dejar desiertos
sus hogares. Decretando el segundo su exterminio, hacia sufrir la última y huir
no pudieron; a no venir las tropas reales en su auxilio, esta ciudad en breve
tiempo dejara de existir a manos de su implacable verdugo.
(1) Libros Capit.
Núm. 26.
(2) Chrónica-Calatrava-fol.º
79.

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