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miércoles, 28 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (VI Y ÚLTIMO)

 

Inscripción mariana en una de las ventanas cegadas en el ábside de la capilla penitencial de la catedral


Como otra manifestación del profundo deseo de obtener la protección de la Virgen fue utilizada la Parroquia de Santa María del Prado para celebrar las ceremonias de proclamaciones de los monarcas.

Fue la devoción a la patrona, Virgen del Prado, la que hizo que se utilizara su recinto sagrado como lugar para proclamaciones y también para archivo de estandartes reales que como nos dice Madoz, a veces ondeaban en sus bóvedas (a ambos lados del retablo), hasta seis.

José Balcázar nos indica que desde tiempos de Felipe II para ello se utilizó esta parroquia.

"La proclamación de los Reyes en Ciudad Real se hacía de modo solemnísimo desde Felipe II en su iglesia mayor de Santa María del Prado". (BALCAZAR Y SABARIEGOS, José, 1940, pág. 84).

Los documentos inéditos que queremos dar a conocer como prueba de la consideración y de la piedad que la ciudad sentía por su Reina y Señora, son: las proclamaciones de Felipe V, Carlos II, Carlos IV e Isabel II.

Ciudad Real sufrió a principios del siglo XVIII una gran inundación presentando un aspecto realmente desolador, casas medio hundidas, pertinaz plaga de langosta, epidemias en la población y pobreza en las arcas municipales, y así y con todo:

"realizó con gran solemnidad en la Iglesia de Nuestra Señora del Prado la proclamación de Felipe V... y por su parte el monarca envió para tal fiesta un pendón real costeado de su propio peculio... y más tarde en 1707 autorizó con su regia esposa que la princesa de Cersinos se inscribiera como cofrade de la hermandad de la Virgen del Prado y aceptara el cargo de Camarera Mayor". (A.P.N.Sra. del Prado, Leg. 1012. Folio 64).

Tras la muerte de Fernando de VI con motivo de la subida al trono de Carlos III:


Canecillo en el exterior de la capilla de acceso al camarín de la Virgen del Prado


"En virtud de la orden de la Reyna Nuestra Señora yntitulada del Prado, patrona y titular de esta ciudad donde por ynmemorial y en señal de su antigüedad semejan tes actos se han practicado y haviendo llegado a sus puertas, en ellas estavan las tres parroquias... por el portero se llamó la atención al numeroso pueblo que concurrió, diziendo: “silenzio, silenzio, silenzio, oid, oid, oid” y el alférez mayor remolando el estandarte dijo: “Castilla, Castilla, Castilla, Ciudad Real, Ciudad Real, Ciudad Real”, y su provincia por nuestro Catholico Monarca el Señor D. Carlos Tercero que Dios guarde y prospere.... que la ciudad y concurso respondió con alegría: Amén, Amén, Amén, Viba, Viba, Viba, y sin dilazión se entonó el Te Deum Laudamus... finalizada la Misa se subió del coro al presbiterio todo el clero y puesto en medio de la superior grada el Señor alférez mayor a la diestra del Preste arrodillado en la almoada se entonó el Te Deum. Y finalizado con la presencia de mi el presente escribano entrega en manos del referido cura de dicha parroquia, quedando dicho estandarte en depósito según costumbre por ser esta insigne parroquia archivo de todos los estandartes reales de los monarcas que estos reynos han tenido". (A.A.C.R. Leg. ne 25).

Cuando Carlos IV sucedió a su padre, su proclamación en Ciudad Real tuvo también lugar los días 8, 9 y 10 de Marzo; se pregonó con acompañamiento de música y tambores:

"Se fue a recoger al alférez mayor de su casa yendo con él precesionalmente desde las casas consistoriales hata la Iglesia del Prado, donde después de oir misa y cantar un Te Deum el alférez mayor hizo entrega del pendón real al cura de la parroquia para que se guardase en el templo por ser antiquísimo archivo y custodia de todos los pendores Reales que se han levantado en esta ciudad por nuestros católicos Reyes". (A.Parq.de Sta. María del Prado, leg. n9 1018. Folio 18 y siguientes).

Testimonio de la proclamación de la Reina Isabel II:

"Dando buelta a la plaza con el más magestuoso orden, dirigiéndose a la parroquia de Nuestra Señora del Prado en que se recibió a la ciudad por el clero de las tres parroquias... pidiendo silencio por el portero al grande concurso que ocupaba la iglesia diciendo: Castilla, Castilla, Castilla, Ciudad Real, Ciudad Real, Ciudad Real y su probincia de la Mancha por la Católica Real persona de la Reyna nuestra señora Doña Isabel segunda de este nombre que Dios guarde y prospere muchos años, viba, viba, viba, amen, amen, amen, se repitió por el concurso... Concluida la Misa se entonó el Te Deum etado de pie el mencionado caballero Alférez mayor con el Real Pendón para que quedase depositado y custodiado en dicha iglesia, según costumbre como lo están los demás Pendones Reales de los Augustos predecesores de S.M.". (A.A.C.R. Leg. 34-4).


Rosetón cegado en el coro alto de la catedral


Por último, la parroquia de Nuestra Señora del Prado se utilizó para que la Reina Isabel II y su hijo el príncipe de Asturias rezasen en Ciudad Real. Llegaron la tarde del 9 de Diciembre de 1866 para continuar viaje a la mañana siguiente. Les acompañaba en el séquito el Padre Claret, visitaron la Virgen del Prado cantándose un solemnísimo Te Deum. Con motivo de la visita se realizó una transformación "ficticia" de la ciudad a base de adornos de romero, tomillo y ramajes de madroño.

"Que la fuente que existe en la plaza de los Carmelitas se cubra con varios arcos cubiertos de ramaje y madroña y coronado como los anteriores, otro delante del camerín de la Virgen del Prado y otro elevado y de buenas formas en la entrada del prado público el que se encontrará iluminado con faroles a la veneciana, de una manera vistosa para lo cual podrá contratar el señor alcalde con el adornista indicado, cubriéndose las verjas que dan a la entrada al templo de Nuestra Señora santa María con ramaje de madroña, y coronada de gallardetes y banderas, haciendo lo mismo con todas las casas que existen en la plazuela que forma el huerto del prado por ser el paso de las gentes y carruajes que vayan en pos de sus Majestades y Altezas Reales". (A.A.C.R. Legajo nº 38).

 

BIBLIOGRAFIA

ALBORG Juan Luis, Historia de la Literatura Española Gredos Madrid. 1981.

BALCAZAR Y SABARIEGOS, José - La Virgen del Prado a través de la Hs. Dipt 1940.

CAMPOS Y FERNANDEZ DE SEVILLA, F. Javier. La mentalidad en Castilla la nueva en el siglo XVI. Edic. Escurialenses. 1986.

HUEVELIN, P. Essai historique sur le droit des marches et des foires; París, 1887.

MANSILLA PEREZ, Isabel. Fiestas patronales en honor del Stmo. Cristo de la Columna. Bolaños (C.Real). 1987.

MANSILLA PEREZ, Isabel. La Casa de la Encomienda perteneciente a la Orden de Calatrava en la Villa de Carrión de Calatrava. C. Real. 1987.

PERNOUD, Régine. ¿Qué es la Edad Media?. Ed. Magisterio Español. Madrid. 1986.

SANCHEZ ALBORNOZ, Claudio. Una Ciudad de la España cristiana hace mil años. Ed. Rialp. Madrid. 1985.

SIMSON, Otto von. La catedral gótica. Alianza edit. Madrid. 1985.

VALBUENA PRAT, Angel. Historia de la Literatura Española. Edt. Gustavo Gili. Barcelona. 1974.

 

FUENTES

Utilizamos las siguientes siglas:

A.A.C.R. Archivo del Ayuntamiento de Ciudad Real.

A.M. Archivo Municipal (seguido del pueblo correspondiente).

A.P.N.S. del Prado Archivo Parroquial Nuestra Señora del Prado

 

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988

 

Sillería en el coro alto de la catedral

 

martes, 27 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (V)

 

Gárgola en el exterior de la capilla de acceso al camarín de la Virgen del Prado


El arraigo de estas celebraciones como demostración de luto y dolor por sus monarcas se intensifica en el siglo XVIII. Tras la orden recibida el 9 de Septiembre de 1758 del Rey Fernando VI.

"Honras generales y demostraciones de sentimiento que en semejantes casos se acostumbra" por sesión celebrada al día siguiente La Ciudad manda solemnes funerales por su esposa Dª. María Bárbara de Portugal con establecimiento de un túmulo y ceremonias religiosas que se llevaron a cabo en la citada parroquia. (A.A.C.R. Actas Capitulares, Leg. 25).

Al año siguiente el día 26 de Agosto se recibe carta orden de la Reina Gobernadora:

"Dispongáis que en esa ciudad se hagan las honras, funerales y demostraciones de sentimiento que en semejantes casos se acostumbran,... y visto por la ciudad acordó se hagan las debidas exequias con forme a lo que se debe y acostumbra en semejantes ocasiones, como se ejecutaron por las muertes de los Señores D. Luis I (ocurrida en 1724) y Don Felipe V (ocurrida en 1746), las que se han de executar y celebrar el Domingo 16 de Septiembre próximo que viene en la iglesia parroquial de Nuestra Señora Santa María del Prado, Patrona de esta ciudad, asistiendo ambos cabildos secular y eclesiástico... Habiendo llegado hoy 16 de Septiembre de 1759 esta ciudad poniendo en ejecución su decreto y acuerdo del día 31 de Agosto próximo, siendo como las nueve horas de la mañana se juntó y compuso su cuerpo místico en las reales casas del ayuntamiento y acompañado de se nobleza y con los maceras y portero vestido de vayeta y todos con lutos rigurosos fueron a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora Santa María del Prado su patrona a donde se han executado las honrras y exequias por nuestro difunto llamado Rey y Señor Don Fernando el Sexto que Dios goza... un túmulo de 7 cuerpos de alto hasta el Camerín de Nuestra Señora... y una almohada de la misma tela y encima de ella una efigie de Nuestro Señor Cruzificado con antorchas de peso dos libras en un candelera grande de plata y encima de dicha almohada de damasco negro la corona de perlas preciosas de mayor estimación que tiene Nuestra Señora y su centro gran de de Plata" (A.C.C.R. Actas Capitulares, Leg. 25).


Rosetón en el exterior de la capilla de acceso al camarín de la Virgen del Prado


Otros documentos en los que se narran acontecimientos fúnebres regios, se nos han conservado en el archivo Parroquial de Santa María del Prado, como el realizado tras la muerte de la reina Isabel segunda esposa de Fernando VII el día 16 de enero de 1819, fue organizado por los regidores D. Vicente Curruchaga y D. Manuel Mexia de la Cerda. Se encargó de la estructura del túmulo el arquitecto D. Joaquín Romero y todo ello bajo la dirección religiosa del cura propio de la Iglesia D. José Francisco Gómez Freire. Celebró la Misa por enfermedad del cura el beneficiado D. Luis Valverde Sarabia, comisionado del Santo Oficio de la Inquisición y predicó D. Francisco José Fernández Toral, guardián del convento de Franciscanos, asistiendo todo el vecindario con todas las autoridades. Terminado el Funeral el Ayuntamiento recibió el pésame de los asistentes siendo después despedido en las puertas de la Iglesia por el clero de las tres parroquias.

"El túmulo levantado en el centro de la Iglesia estaba formado de un zócalo poligonal de tres lados iguales, imitando a mármol negro de San Pablo estrellado y floreado de blanco todo el fondo y partes donde prometía la mejor vista, dándole de diámetro todo el ancho de la Iglesia, cortada por un extremo, que contiene 60 pies de latitud y 6 de alto..., el segundo cuerpo constaba de ocho pies de diámetro y seis de elevación. Se hallaba guarnecido de esqueletos formados de sedas blancas y amarillas, sobrepuestas en terciopelo negro y en los ángulos varios atributos reales, y en el tercer cuerpo que sólo constaba de cuatro pies, representando la urna sepulcral, donde se guardan las cenizas de la reina nuestra Señora, colocándose sobre el cúspide de la fachada principal de la urna un rico almohadón que sirvió de base a la real corona y centro" (A.P.N.S.P., Leg. 1018. Folio 32).

También queda constancia en el citado legajo, que los días 7 y 14 de Febrero de 1819 hubo funerales por las almas de Carlos IV y su esposa Da María Luisa de Borbón.

En Ciudad Real la devoción que inspira desde la Edad Media la Virgen del Prado, a la cual consideran como la única Reina y Señora de estas llanuras, es cada vez más intensa. Esta devoción fue en aumento desde que, con la desaparición del poderío de los Calatravos, la devoción a la Virgen Blanca llegó casi a extinguirse. No obstante, se nos han conservado algunos testimonios de la devoción que Ciudad Real tuvo también a la Virgen Blanca de los Calatravos. Tenemos noticia de ello por la visita a la Encomienda de Carrión del 15 de Agosto de 1721.


Decoración de un capitel del interior de la Catedral


"Vimos y visitamos la ermita de Nuestra Señora de la Blanca que está en la fortaleza de los muros caídos de Calatrava la viexa en la cual fuimos informados que los vecinos de la ciudad de Ciudad Real celebran fiesta el día de la Cruz de Mayo... y hayamos la dicha ermita bien aderezada y el altar decente... mandamos que se conserve la costumbre sin que los vecinos de la dicha ciudad puedan adquirir más jurisdicción a la que de derecho les pertenece... Visitadores Juan Fernández Triviño Verlarde caballero profesor de la Orden de Calatrava, digidad seglar y Fray Miguel Cejudo capellán de Su Majestad Prior de Valencia". (A.A. de Carrión, caja ne 1, Leg. 1-1-3).

De este mismo año pero a 8 días de Junio por los mismos visitadores se conserva la visita hecha a la fábrica y rentas de Nuestra Señora la Blanca, sita en la ermita del Santísimo Cristo de la Consolidación de la Villa de Torralva de Calatrava.

"Mandaron sus señorías que en atención a la corta rrenta  que se ha reconocido tiene esta obra pía en cada un año, que consiste sólo en los dichos 32 reales y 23 maravedís de los rédidos de las dichas 5 ecrituras de censo, lo qual no alcanza para los gastos precisos de la zelebridad de la fiesta de la sagrada imagen de Nuestra Señora la Blanca en su glorioso día de la Asunción... mandaron que Manuel Díaz Val monte, sacristán... continúe cobrando con el celo que ha hecho hasta aquí..., y porcure adquirir las limosnas que puediese de los devotos y que se haga y celebre dicha festividad. (A.A. de Torralba, Caja 273, Leg. 280).

En esta misma caja, en libro pergaminado, se conserva relación de las rentas para los años 1569 siendo piostre Alfonso de Carrión de 7.552 maravedís y del año 1646, 4.701 maravedís. Otros legajos posteriores a la visita nos dan las siguientes rentas: 1784, 640 reales, 14 maravedís, 1786 660 reales, 11 maravedís, 1826, 546 reales 22 maravedís, siendo piostre Bernardino Villanueva.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988


Decoración del capitel de la Sala Capitular de la Catedral


lunes, 26 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (IV)

 

 

Rogativas

Otra manifestación de la Fe en la actuación medianera de Nuestra Señora, la encontramos en las Rogativas que realiza el pueblo cuando los males afectan al campo y a sus frutos. En especial estas Rogativas las solían hacer ante la seguía y las plagas.

Rogativas por aguas encontramos en diversas sesiones del Ayuntamiento de Ciudad Real, como la conservada del año 1779. (A.A.C.R. Leg. 27).

Las plagas de Langosta, que tan repetitivamente afectaron a las tierras de La Mancha, son motivo de que el pueblo vuelva su mirada esperanzada, como en tantas ocasiones, hacia la Virgen.

"En la ciudad de Ciudad Real, a tres días del mes de Junio de mil setezientos y diez años... en este ayuntamiento se trató la gran plaga de langosta que hay en el término y que se an puesto los medios posibles no bastan y para acudir a Dios Nuestro Señor que sirva aplacar su ira y mi ramos con ojos de piedad y misericordia y por los buenos suzesos de la monarquía acordo la Ziudad se baje a la Santísima Imagen de Nuestra Señora del Prado Patrona de esta Ziudad y se le haga novenario Se nombran por Diputados a los señores D. Gaspar del Forcallo y D. Juan de Maiorga y que al dicho novenario asista el Cavildo Eclesiástico para cuio efecto dichos señores Diputados beran a su abad y al Cura de dicha parroquia de Nuestra Señora del Prado y hagan las demas prevenciones que convengan.

Y se feneció dicho cabildo y lo firmaron como acostumbran y que dicho novenario que empieze el martes seis del corriente. Firmado D. Francisco Muñoz y D. Gaspar de Forcallo y Heredia, ante mí Pedro García Moreno". (A.A.C.R. Leg. 20. Folio 1072).

En la Edad Media la esfera religiosa y económica se entrelaza, por eso, como señala Simson, la época de las grandes iglesias de peregrinación y de las catedrales es también desde el punto de vista económico la de las grandes ferias. Eran estos mercados periódicos que con gran fuerza movían concentraciones intermitentes de la vida económica de regiones enteras estimulando al mismo tiempo el crecimiento de estas ciudades medievales.

"Las festividades religiosas por su solemnidad, por el número de personas que atraen, por su periodicidad regular y por la seguridad de que la protección divina se extiende a todas las reuniones que se celebren bajo sus auspicios, suponen necesariamente una oportunidad para realizar transacciones comerciales... No hay gran festividad que no tenga su feria, ni a la inversa, una exige la otra". (HUVELIN, P. 1887, pp. 37).


 

En Ciudad Real se repite este fenómeno, también en la Edad Moderna. En tiempos de Felipe III, la ciudad sufría una gran despoblación por la numerosa emigración a América y por la total expulsión de los moriscos. En esta situación, se buscó dar nuevo auge a la vida ciudadana haciendo coincidir las fiestas patronales de agosto, con el resurgir su feria.

La importancia que el concejo daba a la feria se hace patente en el nombramiento, del que tenemos constancia en el año de 1680, de dos comisarios.

"Y se nombran dos cavalleros comisarios que son los señores D. Juan Muñoz de Loaisa y D. Alonso de Belmar, que son diputados de este mes para que asistan en el tiempo de la feria para en nada falte el abasto para el que veniere todos este mes a la feria Y que se haga saber para que loguardaren" (A.A.C.R. Leg. 19. Folio 14).

En efecto la vida comercial desarrollada en estas fechas apenas sería imaginable sin la gran devoción a Nuestra Señora del Prado. Esta gran actividad se desarrollaba en las calles y plaza inmediata a la parroquia de Nuestra Señora del Prado como nos testifica el bando conservado de Agosto de 1886. En él se nos describe la ubicación de los feriantes.

en la plaza se colocarán las tiendas de comercio... las obras de calderería en la parte interior de los portales de la casa consistorial... la elaboración de buñuelos en la fachada de Pósito público... ocuparan la calle cuchillería los puestos de fruta y panaderos con carros”. (A.A.C.R. Leg. 38. Fol. 30).

Por otra parte, la devoción a la Virgen aparece también en las celebraciones solemnes de todos aquellos actos que hacían relación con la monarquía. Ya hemos aludido al entrelazamiento de la vida religiosa con todos los demás ámbitos de la vida de la ciudad o del reino. Es de nuevo Simson quien expone con documentos medievales esta idea:

"Místico y realista a la vez, Suger esperaba que la construcción de su iglesia (se trata de Saint-Denis) y la ceremonia de su consagración, en las que había participado todo el reino, contribuyeran a la consolidación de Francia bajo la corona.(...) (por eso concluye el tratado donde explica la construcción, con estas palabras) ¡Oh Dios, que restauras y transformas milagrosamente el presente en el Reino Celestial... por tu poder y misericordia nos conciertas a nosotros y a la naturaleza de los ángeles, al cielo y la tierra, en una sola república!". (SIMSON, Otto von, 1985, pág. 153).


 

La iglesia de Santa María del Prado enclavada en un sitio significativo de Ciudad Real, buscó su propia monumentalidad aprovechando la ligera pendiente del terreno del Prado, lo que favoreció la altiva apariencia, construcción en su conjunto.

Parroquia que miraba desde su altura a la ciudad y a sus vecinos situándose por encima de todos los demás intereses, como nos dice Otto Von Simson "en el espacio delimitado por sus muros (...) el templo medieval era la imagen del cielo". Fue esta parroquia bajo la advocación de Nuestra Señora del Prado, la principal de las tres de esta ciudad: Santa María del Prado, San Pedro y Santiago. Por esta razón veremos cómo se celebrarán en ella los actos solemnes que hacen referencia a la monarquía: fiestas realizadas para sus proclamaciones y Honras Fúnebres, en su interior y bajo la protección de la Virgen, se han establecido históricamente las relaciones emocionales entre lo sagrado y lo profano, en un intento de que el cielo y la tierra, los asuntos de uno y otro lugar, se hicieran una sola cosa.

La primera de estas Honras Fúnebres regias de que nos ha quedado constancia fue la realizada por la madre de Isabel la Católica en la que se gastaron 10.000 maravedís por sisa. (MUSEO ARCHIVO HISTORICO ELISA CENDRERO, caja nº 1).

En 1504 murió en Medina del Campo Isabel la Católica:

"En Ciudad Real hubo suntuosos funerales por su alma en la Iglesia Parroquial de Santa María del Prado a los que asistió con gran fervor religioso numerosísimo público". (BALCAZAR SABARIEGOS, José. 1940. pág. 53).

Este mismo autor nos relata que en 1539 tras la muerte en Toledo de la Emperatriz Isabel, dispuso su esposo Felipe II, que se le diera sepultura en la catedral de Granada. El cortejo fúnebre pasó por las inmediaciones de Ciudad Real, siendo recibido por el Concejo y sus vecinos. Al día siguiente se hicieron Honras Fúnebres en la Iglesia de Santa María del Prado cuyo discurso necrológico corrió a cargo de San Juan de Ávila, nacido en Almodóvar del Campo.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988


Ventana en la torre de la Parroquia de Santiago


domingo, 25 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (III)

 

Decoración de un capitel del interior de la Parroquia de San Pedro

 

Pasamos ahora a transcribir una serie de documentos de los archivos de Ciudad Real y algunos pueblos más de la provincia, en los que se hacen patentes estas características de la Devoción Mariana Medieval, sobre todo por el carácter de tradición que se  desprende de ellos, lo que nos indica que se trata de formas acuñadas mucho antes de las fechas en que se narran.

Si analizamos el sentimiento popular reflejado en la celebración de algunas fiestas y el sentido religioso que dimana de  ellas encontramos esa raigambre medieval: Caridades; Rogativas para pedir bienes y evitar males; Fiestas religiosas locales que dan  como fruto Votos hechos por una colectividad ante cualquier tipo de  calamidades; temor, amenazas, o simplemente por fervor o piedad.  En todas estas circunstancias el sentido popular apunta hacia la expresión -traducida en obras- de una seguridad en la intercesión Mariana.

Caridades

La Caridad entendida como una limosna en especie, comenzó siendo "comida dada a enfermos, pobres, niños y transeúntes”, pero llegó a complicarse con tantos matices y  contenido que terminó siendo una fiesta con comida (..), no ya para enfermos o necesitados, sino para el pueblo entero. Algunos autores ven su origen en el pueblo griego que tenían como diosa de los cereales y de la tierra a Demeter. Estas ofrendas de pan continuaron en el mundo romano cuya diosa Ceres sustituyó a Demeter. Con la cristianización se da un sentido religioso nuevo a estas ofrendas. Junto a la costumbre de dar estos panes como ofrenda surgió la idea de comer el pan con carácter curativo y preventivo de enfermedades, debido a la intercesión solicitada a la Virgen o a los Santos.

Así lo argumentan los siguientes autores:

"Por el cual el fiel al participar externamente de los bienes ofrecidos a la divinidad conecta y se religa de forma directa a ella en clave religiosa". (CAMPOS Y F. de SEVILLA, Feo. J. 1986, pp. 72").

"El pensamiento medieval se preocupó por la naturaleza simbólica del mundo de las apariencias. Por todas partes, lo visible parecía reflejar lo invisible. Y lo que hacía posible esa coordinación de las dos esferas no era la ingenua caracterización de lo invisible con los atributos de los fenómenos sensoriales, sino más bien la relativa indiferencia del hombre medieval ante la apariencia sensorial de un objeto cuando lo que él perseguía, fuera teólogo, artista o "científico", era comprender su naturaleza. Esta tendencia hacia la abstracción es tan patente en el arte como en el pensamiento de la Edad Media". (SIMSON, Otto von, 1985, PP 19).

 

Las típicas caridades de la Hermandad de San Antón de Ciudad Real


Manifestaciones claras de esta costumbre, las encontramos en la villa de Bolaños por los votos hechos a Nuestra Señora del Monte y a algunos Santos. Se conserva una Real Cédula del tiempo de Felipe II, dada en Madrid a 21 de Enero de 1580, en contestación a la súplica de los vecinos de esta villa, por la cual solicitaban les fuera autorizado gastar 5 ó 6.000 maravedís a costa del concejo, en Caridades de pan y queso, costumbre que había sido prohibida por los visitadores generales de la Orden de Calatrava desde hacía ocho años.

"Por la cual todos los vecinos estaban muy desconsolados porque no se guardan los dichos votos y fiestas con la solemnidad antigua y como solía hacerse por la devoción que con las dichas fiestas tenían". (MANSILLA PEREZ, Isabel. 1987, pág. 4).

En el año 1727 debido a una nueva epidemia de tabardillos contagiosos, el concejo de la villa de Bolaños y el cabildo eclesiástico solicitan de nuevo les sea autorizado por el Consejo del Reino gastar cien reales de los propios para Caridades de pan y queso.

"Dijeron que en esta villa están padeciendo sus vecinos unas enfermedades tan perniciosas que los médicos que se an traydo de Almagro llaman tabardillos contagiosos por la malignidad que traen y la prontitud con que contaminan a las personas que asisten a los enfermos, de forma que siendo este pueblo de poco más de doscientos vecinos en dicho tiempo se an muerto de dicho azidente zerca de los zincuenta y actualmente se está pedeciendo con el mismo rigor sin que se haye el exemplar; a las personas que les haya dejado de morir se por ser muy pocos los que an mexorado por lo cual y aliarse esta villa noticiosa que en otras ocasiones que an padecido semejantes enfermedades havia votado con la solemnida, de hacer las funciones de la Iglesia y dar caridades de pan y queso a todos los hombres y mujeres y muchachos a la Soberana Reyna Nuestra Señora del Monte". (A.M. de Bolaños. Leg. 220. Folio 29 y ss.).

Estos textos evidencian la existencia de un sentimiento, conservado a través del tiempo, de fe y devoción, que los habitantes de Bolaños quieren mantener a pesar de las prohibiciones impuestas.

En Ciudad Real encontramos testimonio de que el Pósito Real de esta ciudad regalaba cada año seis fanegas de trigo para el voto de Nuestra Señora de Marcos. Se nos ha conservado este testimonio. En las Actas Capitulares de numerosos años. Transcribimos la correspondiente a la Sesión del 25 de Abril de 1683. Sesión presidida por D. Juan de Aguilera y Guevara.

"Y que se den las seis fanegas de trigo que se acostumbran para el voto de Nuestra Señora de Alarcos y así lo acuerdan los señores que hay de presente y se de libramiento al depositario de dichas seis fanegas de trigo. Y lo firmaron ante mi, Juan de Arenas" (A.A.C.R. Leg. 19).

Por lo escueto del texto podemos deducir, que en esta fecha, se trataba de una costumbre tan arraigada que la aprobación del gasto era un mero trámite.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988



sábado, 24 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (II)

 

Rosetón en el imafronte de la Parroquia de San Pedro




Vamos a recoger, más adelante, los documentos inéditos de los Archivos de Ciudad Real y algún otro pueblo de la provincia, que nos transmiten esta misma actitud: tanto en las manifestaciones de alegría de las fiestas populares; como en las peticiones de ayuda ante situaciones límite: sequía, plaga; como ante el deseo de revitalizar la vida económica de la ciudad, el pueblo vuelve su mirada a la Virgen. Lo mismo ocurre en los acontecimientos solemnes como la proclamación del Rey, los funerales por su muerte, o la alegría por una visita regia de la ciudad. Todos estos hechos son acontecimientos, que tendrán su celebración primera y más solemne a los pies de la Virgen. Se trata de testimonios escritos posteriores, pero tienen sus raíces, en esos años en los que la Devoción Mariana era tan real, y tan verdadera, que movilizó a la población hasta el punto de llegar a construir esas imponentes catedrales que nos impresionan vivamente.

Por último, el aspecto religioso, y más concretamente Mariano, del tema general del Simposium, tiene también un especialísimo interés en nuestra civilización, que está vivamente sensibilizada por los temas femeninos y que presenta una gran ansiedad de la espiritualización por contraste con el edonismo y el materialismo dominantes. ¿No es esta situación algo parecido a lo que pasó en la Edad Media, cuando la sociedad busca en la mujer un contra punto en la figura del héroe?

De nuevo es la doctora Pernoud, la que nos señala la importancia y el papel que la mujer toma en la Edad Media. Después de narrar algunas historias fantásticas, precisa:

"Historias fantásticas, sí, pero cuyos detalles nos recuerdan que surgieron en una sociedad en la que contaban sobre todo los lazos personales, que exaltaba el Ideal del caballero culto y cortés, que magnificaba la fidelidad a la palabra dada y que hacía de la mujer una reina, una soberana (PERNOUD, Regine, pp. 97).

No es de extrañar que en este contexto la Devoción Mariana arraigara extraordinariamente y que oraciones como la Salve, se extendieran por toda Europa rapidísimamente.


Capiteles de la portada de la Umbría de la Parroquia de San Pedro decorador son de hojas y  racimos de vid y matas de encina


Este panorama histórico, interesante y arduo al mismo  tiempo, es el que nos ha puesto delante el título general del Simposium.

Ciertamente son muy pocos los documentos escritos de  época medieval en los cuales se nos narre, tal como quizá nos gustaría ver, la Devoción Mariana, pero esto no quiere decir que no tengamos fuentes históricas que nos permitan conocer lo que debió ser el culto Mariano en esos siglos de la historia occidental.

Podemos acudir a los temas que el arte, la escultura, la  literatura, la pintura, ha repetido en esas fechas; y salta a la vista, en primer lugar, la importancia que en la iconografía adquiere el tema de la Virgen. En el centro de los tímpanos de las portadas góticas, aparecerá con mucha frecuencia el tema Mariano sustituyendo al Pantócrator Románico. A este respecto es interesante observar también, cómo entre los testimonios sobre el nacimiento de las lenguas y de las literaturas romances uno de los primeros temas, es precisamente el de la más arraigada Devoción Mariana: su poderosa intercesión en favor de los hombres. Comentan, tanto Ángel Valbuena Prat, como Juan Luis Aiborg, en sus respectivas historias de la Literatura Española, que "Los Milagros de Nuestra Señora" y "Las Cantigas" son creaciones literarias que tienen una fuente común de inspiración:

"Sobre estos milagros y leyendas piadosas existía en todos los países de la Europa Medieval una abundantísima literatura latina de la que son modelos típicos y más populares el "Speculum Historiale" de Vicente Beauvals, la "Leyenda Aurea" de Jacobo de Varágine y en romance francés "Les Miracles de la Sainte Vierge” de Gautier de Coincy." (ALBORG. 1981, pp. 117).

Es decir, el tema de la intercesión mañana, no es algo de un lugar, de unas gentes, sino que se nos aparece como general en la sociedad medieval. Por otra parte, Berceo mismo nos dice que escribe en "romance": "en el cual suele el pueblo hablar de su vecino". Y naturalmente con este comentario nos está transmitiendo que lo que él hace, recoger unas historias sencillas y encantadoras donde se nos narra sobre todo el poder que la Virgen tiene para proteger a los que la invocan, es algo que tiene que hacerlo porque las gentes "quieren leerlo" y escucharlo, y para ello es necesario ponerlo en el idioma que hablan y entienden.


Decoración exterior en la fachada de la puerta del mediodía en la Parroquia de San Pedro


El que dentro de la amplísima temática y la variedad de géneros literarios que cultiva el Rey Sabio, aparezca de nuevo la Devoción Mariana es otra confirmación interesante para demostrar que este era un tema principal e inexcusable para cualquier escritor en aquella época.

Sería interminable enumerar todos los aspectos de la vida medieval en los que se hace patente la devoción Mariana, pero nos parece singular el hecho de que cuando alguien decidía donar un cuadro a una iglesia, fuera costumbre exigir al artista que situara, en actitud orante, a los pies de la Virgen al generoso fiel. ¡Qué duda cabe que es posible interpretar este hecho como un gesto de ostentación!, pero volvemos a encontrarnos aquí con una interpretación realizada "según nuestros esquemas" y probablemente no según los esquemas medievales.

"Como es lógico, cada visión del mundo atribuirá a la actividad y experiencia artísticas muy diferentes funciones. El pensamiento moderno le ha cortado al símbolo, a la imagen, todas sus amaras metafísicas; para Nietzsche el arte es una mentira, el producto de la voluntad heroica del artista de "huir de la verdad", y de crear esa "ilusión" que es lo único que hace llevadera la vida. La Edad Media percibía la belleza como el esplendor verítatis, como el resplandor de la verdad; la imagen no se percibía como ilusión, sino como revelación. El artista moderno es libre para crear; solamente le pedimos que sea sincero consigo mismo. Pero el artista medieval se hallaba comprometido con una verdad que transcendía la existencia humana. Los que contemplaban su obra la juzgaban en tanto que imagen de esa verdad, y de ahí la tendencia medieval a alabar o condenar una obra de arte en términos de lo absoluto de la expriencia religiosa.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988

 

Heraldo con las armas del chantre, pero todo casi borrado por el tiempo, en el exterior de la capilla del Chantre de Coca en la Parroquia de San Pedro

viernes, 23 de enero de 2026

ARRAIGO DE LA DEVOCIÓN MARIANA MEDIEVAL EN CIUDAD REAL COSTUMBRES POPULARES Y CELEBRACIONES SOLEMNES (I)

 

Escudo del Rey Alfonso el Sabio en la Carta Puebla fundacional de Ciudad Real



El tema general del Simposium "Devoción Mariana Medieval” es muy atrayente para los estudiosos de las ciencias sociales, como gusta denominar ahora, al amplio campo científico que comprende los conocimientos que no son estrictamente tecnológicos o de  carácter biológico.

La Edad Media es un período histórico que la civilización actual tiende a revalorizar. Frente a un enjuiciamiento genérico de la etapa histórica "oscura", "sin valor, "bárbara", (tras la que se encierra muchas veces un profundo desconocimiento) se va alzando otra forma de valorar el sentido de esos siglos de la Civilización Occidental.

El estudio de las fuentes medievales se ha intensificado notablemente. Fruto de esa exhumación de documentos, es una visión mucho más completa de la realidad Medieval. Poco a poco se van descubriendo los valores y los hallazgos que los hombres de aquellos siglos supieron cristalizar. La Devoción Mariana adquirió en esos siglos un gran desarrollo, tanto teológico, con figuras como San Bernardo, como de costumbres populares, hasta observar la importancia que sus representaciones adquieren en la iconografía gótica. Hasta hace muy poco atribuíamos al Renacimiento, el cambio y la importancia que el mundo femenino, -y paralelamente la Devoción Mariana-, adquirieron, pero ahora vamos descubriendo que las primeras vivencias de este hecho se remontan varios siglos antes.

"Hasta época muy reciente, sólo por error o por casualidad se podía entrar en contacto con la Edad Media. Era preciso tener una gran curiosidad personal, suscitada, frecuentemente, por un choque, un encuentro, ya fuera de un pórtico románico o la flecha de una catedral gótica vistos durante un viaje, o bien con un tapiz o un cuadro descubiertos en un museo o en una exposición; sólo entonces se empezaba a sospechar la existencia de un mundo ignorado hasta ese momento. (...) Hasta tal punto esto era cierto, que el nivel general de conocimientos sobre la Edad Media, en los años 60, podría dárnoslo con cierta exactitud la pregunta que servía de base a unos encuentros del Círculo Católico de intelectuales franceses, celebrados en 1964: ¿Existió civilización en la Edad Media?. (PERNOUD, R., 1977 PP. 46).


Crismón en la Carta Puebla fundacional de Ciudad Real


"Así pues, Edad Media sigue significando, para muchos época de ignorancia, de embrutecimiento, de subdesarrollo generalizado, aunque durante ese subdesarrollo se construyeran las catedrales. Y es que las investigaciones que se han hecho en los últimos ciento cincuenta años no han llegado, en su conjunto, hasta el gran público". (PERNOUD, R., 1977, pp. 53).

El profesor Luis Suárez Fernández, dice en el prólogo del libro que acabamos de citar de Regine Pernoud:

"Estamos comenzando a comprender muchas cosas en relación con la Edad Media, y a convencernos también de que es mucho más lo que ignoramos. En el momento en que la sociedad antigua entró en crisis, se plantearon problemas para los que parecía difícil o imposible la solución. Uno de éstos era el de la libertad, otro el de las relaciones entre inmanencia y trascendencia, un tercero el significado de la riqueza y de la pobreza. Muchas de las conquistas que el hombre moderno cree que son suyas no son sino herencia recogida de manos de sus mayores". (PERNOUD, R„ 1977, pp. 13).

Estas palabras del profesor Suárez Fernández, nos pueden situar en el doble plano en el que deseamos movernos a lo largo de este trabajo: 1) descubrir, en las Costumbres y Devociones Marianas de la sociedad Moderna y Contemporánea, su raigambre Medieval, y 2) apreciar el acierto con que aquellas gentes supieron expresar y traducir en hechos sus más profundas creencias.

Otro aspecto interesante, para las ciencias sociales de hoy, es el reto que supone "entender", según su propio contexto histórico, el verdadero sentido de lo que nos narran esas fuentes. La dificultad se presenta sobre todo por que tendemos a valorar los hechos y los datos de aquella época con nuestra actual esca la de valores, con nuestros criterios. Es necesario un estudio histórico, desinteresado, no partidista, para comprender el verdadero valor de las acciones y de las costumbres de aquella época.

Dentro de ese "entender según su contexto histórico" presenta especial dificultad el aspecto religioso. Unas palabras del profesor Simson nos sitúan claramente en las grandes diferencias existentes entre el pensamiento medieval y el nuestro, en este campo.

"La religión del hombre medieval era una comunicación con una realidad sagrada que era invisible, pero que a la vez estaba presente de forma inmediata y constante. No pueden entenderse la veneración de los santos y de sus reliquias, (caso excepcional es el de la Devoción Mariana) y las repercusiones que ese culto tenía en casi todos los aspectos de la vida medieval (...) a menos que comprendamos correctamente el carácter inmediato de esa relación con lo sobrenatural". (SIMSON, Otto von, 1985, pág. 219).


Imágenes en  los arcos de la puerta de los reyes de la Catedral  pertenecieron a una construcción anterior a la construcción del actual templo

 

Aunque la cita sea larga vale la pena leer lo que Simson vuelve a decir:

"No nos resulta fácil darnos cuenta de en qué medida se entrelazaban en aquella época la esfera religiosa y la económica. (...). La época de las imponentes iglesias de peregrinación y de las catedrales es también, económicamente hablando, la de las grandes ferias. (...). Aún más reveladora que estos hechos es la íntima interconexión que existía entre los elementos religiosos y los económicos en la vida corporativa de artesanos y comerciantes. (...). Este aspecto de la vida medieval es extraño a nuestra mentalidad. Admitimos y apreciamos la sinceridad de las convicciones religiosas, pero el que esas convicciones invadan el mundo de los negocios y de la política es una cosa muy distinta". (SIMSON, Otto von, pág. 223).

Y no sólo existía esa relación inmediata de lo sobrenatural con lo profesional o lo económico sino con todos los aspectos de la vida humana, sobre todo con los más acuciantes de resolver en aquellas circunstancias: la guerra.

Volvemos a encontrarnos con esa necesidad de interpretar "según su mentalidad" las costumbres medievales y las ideas que las sustentan, al leer la reconstrucción histórica que hace Claudio Sánchez Albornoz en "Una ciudad de la España Cristiana hace mil años". Reflejan las palabras que transcribimos a continuación, este mismo hecho: el entrelazamiento del espíritu religioso con los demás aspectos del vivir humano. En el capítulo dedicado a narrar los preparativos de la guerra señala:

"Ordoño madruga con el día; (...) (después de describirnos con todo género de detalle su indumentaria) abandona su cámara. Le esperan ya los condes y oficiales del Palacio, armados de modo semejante, (...) Ordoño monta de un salto sobre el hermoso bruto; le imitan las gentes de su séquito; (...) y marcha a la iglesia mayor precedido de sus arqueros y lanceros y seguido de los magnates de su corte/...).

Todo León presencia el paso de Ordoño y su cortejo en el corto trayecto que separa el palacio de la iglesia consagrada a la Madre de Dios/...) Dentro de la Iglesia, el prelado y el clero de León/...) Se hallan recogidas las cortinas que ocultan a las veces, en las tres naves de las antiguas termas, las areas consagradas: a Santa María, en la central y al Salvador y a sus Apóstoles y al Bautista y a los santos confesores y Mártires, en las dos laterales". (SANCHEZ ALBORNOZ, Claudio, 1985, pp. 100-103).

Vale la pena detenerse a comparar la actitud, tan diversa a la nuestra, que muestran estas acciones; como decía Simson, probablemente, al leer la escena que nos describe Sánchez Albornoz, tenemos la impresión de que se trata de una invasión de las creencias religiosas priva das en la esfera pública. En todo caso estamos dispuestos a admitir que el Rey es muy libre de tener sus propias ideas, pero de eso a que haga de ellas una manifestación pública, con todo su séquito, y a que todo el pueblo participe, y a que los ministros sagrados le reciban con toda solemnidad... ¡casi estamos dispuestos a calificarlo como una imposición intolerable!, no obstante parece que no se imagina Sánchez Albornoz, uno de nuestros más documentados medievalistas, una ciudad en la que la vida económica, artesanal, guerrera, no estuviese presidida, alentada y amparada por la iglesia consagrada a Santa María.

Isabel Mansilla Pérez y Soledad López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”. Instituto de Estudios Manchegos 1988

 

jueves, 22 de enero de 2026

LA CRUZ DE LOS CASADOS. TRADICIÓN CIUDADREALENGA (IV Y ÚLTIMA)

 



Ya había vuelto la paz a los corazones de nuestros personajes, excepto al alma de Fr. Ambrosio de Almodóvar, que más que nunca andaba caviloso y desasosegado. Habíase formado el propósito de casar a nuestros protagonistas, pero le roía la conciencia la duda pertinaz de si al hacerlo cometería un grave pecado engañando, burlando la vigilancia de Remondo, arrebatándole su hija para entregarla a Sancho, y haciendo a la hija rebelde a la autoridad paterna, aunque la rebeldía fuese para un fin meritorio a los ojos de Dios. Como en balanza de alquimista pesaba el pro y el contra de sus deseos, y ya el uno, ya el otro platillo, se inclinaba. Ponía en el uno la felicidad de los jóvenes, la paz de las familias y el beneficio que de ella había de reportarse a los dos pueblecitos vecinos. Añadía la salvación del alma de Sancho, tan expuesta a condenarse si no lograba sus amorosos deseos, y la de Blanca, que también peligraba, si se realizase la escapatoria sin las bendiciones de la Iglesia, y revinando sobre ello, se decidía a proteger a los jóvenes y facilitar su unión con o sin el consentimiento de sus progenitores. Ponía en el otro platillo su deslealtad con los padres al burlarles en sus propósitos, las mentiras que tendría que decir para lograr su plan, la rebelión de Blanca y de Sancho, aunque en éste fuese menor por su edad, ya pasada de la mi noria, y, finalmente, las consecuencias, tal vez fatales, de aquel paso, si el diablo las enredaba; aunque se prometía que fuesen más bien favorables que adversas. En estos balanceos andaba de continuo, y así pasaba el tiempo, acortándose el plazo de la vuelta de Sancho, sin que el prior de los franciscanos supiese cómo salir del atolladero en que tan por de

lleno se encontraba metido. Pero como en su cabeza se había formado ya una verdadera obsesión, que se concretaba y resumía en la palabra casados, por más vueltas que le daba y por más que miraba el lado malo, venía siempre a concluir en que solo había una solución buena que lo arreglaba todo, y a ella le llevaban sus deseos y su pensamiento perpetuo. Casados. ¡Cuánto diera por tenerles casados! Así todo se arreglaría: Remondo y Alvar Gómez se abrazarían en público, terminarían las rencillas y rencores y una era de paz y bienandanza caería sobre Villarreal y Miguelturra, que resurgirían y se engrandecerían a la sola emisión de la palabra mágica casados, derramando la felicidad con solo pronunciarla. Y cerró los ojos a toda otra voz de su conciencia y marchó derecho a su fin: a ver a Blanca y Sancho casados y felices.

Decidido a afrontar la empresa, faltaban aun los medios de ejecutarla y éstos los dio la Pascua florida, trayendo a Blanca al confesionario de Fr. Ambrosio. Allí vertió la joven todas las amarguras de su corazón, avivando el deseo del religioso por endulzarlas. Ganó Fr. Ambrosio a su causa, sin gran esfuerzo, la voluntad de algunos servidores de Remondo, y ya con conspiradores dentro de la fortaleza, no había más que planear la batalla y darla, para lo que escribió a Sancho llamándole con todo secreto, a fin de no desperdiciar la ocasión que se presentaba; los conspiradores se pondrían al habla en el confesionario, para lo que les impuso de penitencia la frecuencia de los sacramentos.




Vino Sancho, no á Miguelturra, sino a Caracuel. Acudió Fr. Ambrosio con pretexto de su ministerio, conferenciando secretamente y convinieron en que una noche, ya mediada, vendría el joven a las cercanías de Villarreal, a un humilladero del camino de Extremadura, con buenos caballos para huir con su amada. Al mismo lugar acudirían la dama con Fr. Ambrosio, quien bendeciría la unión, y, ya casados, se ocultarían lejos del país hasta que el fraile arreglase la paz entre los consuegros y éstos perdonasen a sus hijos y abriesen sus brazos al nuevo matrimonio. Y así se hizo. A principios de mayo, Blanca, valiéndose de llaves que contrahizo, ayudada por servidores de su padre, salió de su casa mediada ya la noche. Esperábala Fr. Ambrosio rebozado en su capa y calada la capucha. Un portero infiel, ganado por el fraile, les facilitó el paso por la puerta de Alarcos, y con la alegría de la esperanza cumplida, caminaron hasta el humilladero, donde Sancho, impaciente, les esperaba con dos fogosos caballos andaluces.

Ante una imagen de la Virgen, adorada en el humilladero por los caminantes, bendijo Fr. Ambrosio la unión de los novios, y éstos cambiaron las palabras sacramentales, y después, los tres, de hinojos, imploraron el auxilio de la Augusta Señora para que les amparase en el viaje y les abriese pronto las puertas de los hogares paternos, y de seguida Fr. Ambrosio les aconsejó, o mejor dicho, les ordenó, cabalgasen y huyesen, y así trataron de hacerlo, pero al ponerlo por obra vieron cortado su camino por gente armada que avanzaba a carrera tendida hacia donde ellos estaban, y en menos que se dice se alzó ante sus ojos la figura airada y terrible de Remondo, con la espada desnuda y amenazándoles de muerte.

Salió a su encuentro Fr. Ambrosio. Blanca, arrodillándose é implorando misericordia, se amparó, llorando, a los pies del religioso, que la cubrió con su manto, y Sancho, desnudando su espada, se preparó a defender a su mujer y a vender caras las vidas de los nuevos casados.




Detente, Remondo: Esos que ahí ves están casados. Dios los ha unido y tú no puedes desatar lo que Dios ató. Dios lo quiso: hágase su santísima voluntad. Detente, hombre ciego, que vas a lanzarte en las llamas del infierno... Así decía Fr. Ambrosio a grandes voces, creyendo aplacar la ira del viejo, pero éste, presa de un vértigo, loco de furor, se arrojó sobre el grupo, y atravesando con su espada el hábito del franciscano, atravesó también el corazón de su hija. Sancho comprendió, por un grito único de Blanca, que había muerto, y sin respetar al fraile, se lanzó sobre su suegro, como tigre furioso, pero, aunque consiguió matarle, no pudo impedir que las picas y espadas de sus contrarios se entrasen por sus carnes y fue a exhalar el último suspiro sobre el cadáver de su amada. El pobre Fr. Ambrosio se quedó solo al lado de los muertos y parecía un muerto en pie. Los asesinos huyeron. El buen fraile, contemplando los inanimados cuerpos de los jóvenes a favor de los primeros pálidos destellos de la aurora, exclamaba: Casados, sí; casados, pero muertos. Mis deseos fueron de paz y de dicha y se han trocado en luto y lágrimas. ¡Dios mío, Dios mío, qué desgracia tan grande!

En el lugar del suceso, para memoria y a fin de que los caminantes rezasen en sufragio de los jóvenes, se puso al día siguiente una cruz de madera con inscripción de sus nombres y una sucinta relación de la tragedia. Mas tarde la cruz de madera se reemplazó con el rollo o cruz cuyos restos perduran. La gente la llamó la Cruz de los Casados. Esta es, señor me dijo el viejo, la historia de ese marmolillo. Yo, por si es cierta, siempre que paso por allí rezo un Ave María por las almas de los casados. Haga V. lo mismo, que si estos son fábula, las animas benditas se lo agradecerán seguramente.

Ciudad Real, Abril de 1910    

Rafael Ramírez de Arellano. Diario de Córdoba, Científico, Literario, de Administración, Noticias y Avisos. Domingo 20 de junio de 1910.