viernes, 18 de abril de 2014

EL CORTOMETRAJE “CIUDAD REAL Y SU SEMANA SANTA” DE 1952



La Comisión Permanente de la Asociación de Cofradías de la Semana Santa de Ciudad Real de los años cuarenta y principios de los cincuenta del pasado siglo XX, tenía un proyecto desde hacia varios años, la filmación de una película que recogiera con toda perfección y detalle la grandiosidad y esplendor de la magnífica Semana Santa de la capital de la Mancha, pero esta empresa resultaba altamente difícil y costosa por los innumerables elementos técnicos y artísticos que para ello tenía que reunir, además de tener que realizar previamente un guión técnico-literario que tuviera las garantías necesarias.

En la Semana Santa de 1952, la citada Comisión Permanente presidida por Evaristo Martín Freire, consideró que tenía resueltas todas las dificultades para llevar a cabo tan importante empresa y sin reparar en gastos y sacrificios, contrato con una productora madrileña la realización de un cortometraje. Esta productora con la debida antelación desplazó a Ciudad Real el siguiente equipo de técnicos cinematográficos: Cámara Carlos Pahissa, Operador Alfredo Cores, Jefe de Producción Francisco Alarcón, equipo completo de iluminación de los estudios Chamartín, todos ellos bajo la dirección del director de cine español, Eduardo G. Maroto, que tomaron como base el guión literario escrito por el periodista ciudarealeño Cecilio López Pastor.


El rodaje comenzó la tarde del sábado 5 de abril tomando varias vistas de Ciudad Real, continuando la mañana del Domingo de Ramos grabando la salida de la procesión de las Palmas en los jardines del Prado y a su paso por la Plaza del Pilar. Continúa la grabación con la salida de la Hermandad del Silencio la madrugada del Jueves Santo de la Parroquia de San Pedro, grabándose también la mañana de este día desde ese templo, la salida de las diferentes autoridades tras su visita al monumento y Adoración  Nocturna. Mostrando también el cortometraje unas imágenes de bellas ciudadrealeñas tocadas con la clásica mantilla española visitando los monumentos, también la mañana del Jueves Santo, a la S. I. P. B. Catedral y la Parroquia de Santiago.

A partir del Jueves Santo el tiempo empeoró e hizo acto de presencia la lluvia durante la Pasionaria de Santiago, al llegar el inicio de la misma a la altura de la Diputación Provincial, decidiendo las cofradías continuar su recorrido procesional, pudiendo ser grabadas las imágenes de la procesión sin ningún inconveniente en la calle Cuchillería.

A las doce de la noche del Jueves Santo llovió considerablemente, por lo que fue suspendida la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno, por lo que para que pudiera ser grabado para el cortometraje, salió en procesión la tarde noche del Viernes Santo, incorporándose a la Procesión Oficial del Santo Entierro en la Parroquia de Santa María del Prado (Merced). Ese es el motivo por el cual la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, aparece detrás del Niño Jesús que procesionaba la Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad la tarde del Viernes Santo en el cortometraje.

Tampoco pudo salir la procesión del Viernes Santo por la mañana, ya que desde primera hora de la mañana la lluvia no cesó, por lo que los Hermanos Mayores solicitaron del entonces Excmo. Sr. Obispo-Prior, D. Emeterio Echeverría y Barrena, la debida autorización para salir en la mañana del Sábado Santo, a lo que bondadosamente accedió el Prelado, teniendo en cuenta que en los templos de nuestra capital no se celebró la Vigilia Pascual hasta la noche.


La Procesión Oficial del Santo Entierro pudo procesionar sin ningún inconveniente, al cesar la lluvia a las seis de la tarde, siendo grabada esta procesión en la calle Cuchillería al igual que la procesión de Nuestra Señora de la Soledad, que procesionó a la terminación de la  Procesión Oficial del Santo Entierro y que según el diario “Lanza” regresó a San Pedro a las 4 de la madrugada.

Una vez cogidas todas las imágenes en la filmación, de las hermandades que procesionaban entonces en nuestra Semana Santa, pese a los inconvenientes climatológicos, fueron colocadas por orden de salida, lográndose un interesante documental de veintidos minutos de metraje.

El cortometraje se estrenó el domingo 27 de abril de 1952 a las 12 de la mañana en el desaparecido Cine-Teatro Cervantes con la asistencia de las autoridades locales, municipales y el Obispo-Prior. Ese mismo día se proyecto en el Cine Olimpia en las tres funciones que existían entonces, familiar, tarde y noche. Su proyección resultó todo un éxito y desde el día de su estreno y durante 15 días fue proyectada  sin interrupciones en el Teatro Cervantes y Salón Olimpia de nuestra capital. Debido a este éxito, este se volvió a proyectar en el también desaparecido cine Savoy. El cortometraje también fue proyectado por los cines de la provincia, encargándose de su distribución el empresario Tomás García Martínez.


En Ciudad Real quedaron dos copias de este cortometraje, una en poder de la Asociación de Cofradías de la que se ha perdido la pista, y la otra en manos del empresario, Tomás García, que fue salvada de su perdida por el cofrade Enrique Gonzalez Poblete, más conocido por “El Tranquilo”, cuyos herederos la tienen en propiedad en la actualidad. Esta última copia se fue deteriorando con sucesivas proyecciones no siempre bien cuidadas por los operadores de cabina, por lo que fue perdiendo metros de imágenes tanto en el inicio cómo al final. Por eso, cuando en 1995 la Asociación de Cofradías, entonces presidida por Pascual Sánchez Ruiz, decidió realizar una edición en video de la misma, hubo que limpiar y eliminar los trozos deteriorados, perdiéndose definitivamente imágenes bastante explicativas que hacen que lo editado tenga tanto un inicio cómo, y sobre todo, un final inexplicablemente brusco. Pero, pese a ello, esa cinta VHS de video es un reflejo de un periodo histórico de nuestra Semana Santa, y merece ser conocida por los amantes de la misma.

Yo conservo una copia de esta grabación en DVD, que el pasado año 2013 fue proyectada en la exposición de arte religioso que organiza la Asociación de Cofradías y que también deje a la televisión municipal CRTV, siendo proyectada en Semana Santa por el mencionado canal municipal. A continuación se reproduce dicho cortometraje que Emiliano Cifuentes Pérez subió a youtube.com para conocimiento de los amantes de la historia de nuestra Semana Santa.



jueves, 17 de abril de 2014

LOS DIBUJOS DE LAS TÚNICAS DE NUESTRAS COFRADÍAS, EN LA REVISTA OFICIAL DE LA SEMANA SANTA DE 1945


Fotografía aparecida en la portada de la guía del año 1945, donde aparece la imagen del Cristo de la Misericordia, entonces procesionada por la Hermandad del Silencio

En el año 1945, la Comisión Permanente de la Asociación de Cofradías de la Semana Santa de Ciudad Real, editó en la revista oficial de nuestra Semana Santa, los dibujos de las túnicas de las entonces cofradías y hermandades que había en nuestra ciudad. A continuación reproduzco los mismos, deteniéndome con ciertos comentarios en las túnicas de las hermandades que han sufrido alguna modificación o han cambiado su uniformidad.


La Semana Santa en 1945 comenzaba el Domingo de Ramos con la salida procesional de la Hermandad de Las Palmas, y continuaba la madrugada del Jueves Santo con la salida de la Hermandad del Silencio. En el dibujo de esta ultima hermandad, podemos ver el cíngulo que usaron los hermanos los primeros años, que era un cordón de seda blanco terminado en dos borlas amarillas. El calzado también cambia a la actualidad, ya que en un principio los hermanos llevaron zapato negro, cambiándose después a sandalia negra franciscana. Por último decir que en aquellos años los hermanos del Silencio llevaban velas eléctricas, cambiándose en 1967 por los actuales hachones de madera.


La pasionaria de Santiago era abierta por la Hermandad del Ecce-Homo (Pilatos) que mantiene su misma uniformidad desde 1911, con la variante de los zapatos, que actualmente no son botas de charol con hebilla de plata, sino zapatos negros, y el farol no es de acetileno sino eléctrico. En cuanto a la túnica de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Caridad, ha sufrido alguna modificación a la que aparece en el dibujo, ya que en 1946 se reformó quedando desde entonces con túnica de raso granate, botonadura blanca y grecas bordadas en mangas y bajos, fajín blanco con dos borlas, capillo blanco con la estampa del paso sobre el pecho y capa blanca con la cruz de Santiago sobre el hombro izquierdo. Actualmente los hermanos portan cirios , aunque todavía algunos siguen llevando farol.


Cerraba la pasionaria de Santiago la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de Santiago, que desde su fundación como hermandad de penitencia en 1929, vistieron hasta la década de los años cincuenta del pasado siglo XX, túnica de terciopelo color eminencia con capillo de veludillo negro con el escudo de la hermandad bordado sobre él, cíngulo, guante blanco y zapato de charol negro.

En cuanto a la túnica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, siguen utilizando la misma túnica desde el año 1915 cuando se implantó en la hermandad sólo para ser vestida por los hombres. 


La pasionaria de San Pedro la mañana del Viernes Santo, se inicia con la Hermandad de la Oración en el Huerto, cuyos hermanos visten en la actualidad con la misma túnica que aparece en el dibujo. En 1965 se le incorporó la capa de raso granate, la palma se sustituyó en 1967 por el actual cetro niquelado, cambiándose también el zapato negro por las sandalias negras. Le seguía en aquel año de 1945 a la Hermandad de la Oración en el Huerto, la de Nuestro Padre Jesús Caído que hasta 1952 llevaban la capa recogida en el brazo, implantándose en el año referido una amplia y holgada capa de raso morado.


Cerraba la Pasionaria de San Pedro la Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas, cuyos hermanos vistieron hasta esta década de los años cuarenta del siglo XX, túnica de terciopelo morado con botonadura dorada, capillo de igual color cayendo por delante hasta la cintura y con el escudo de la hermandad a la altura del pecho. Escapulario y cinturón blanco, guantes y calcetines morados, con zapato negro con hebilla plateada completaba el atuendo.


La procesión oficial del Santo Entierro era abierta como en la actualidad por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad, que visten sus hermanos como aparece en el dibujo a excepción del cíngulo, llevando actualmente fajín de color blanco. Le sigue a esta Cofradía la Hermandad del Santo Descendimiento que mantiene también la misma indumentaria que la dibujada, a excepción del fajín blanco que fue cambiado en 1979 por el cordón dorado.


La Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias mantiene el mismo diseño de túnica desde su fundación en 1943, tan solo ha sufrido el cambio del escudo bordado en el capillo, que hasta el año 2004 era el del Ejercito Español, pasando en el año anteriormente referido a llevar el nuevo escudo aprobado por la Junta General de la Hermandad.


La Hermandad del Santo Sepulcro impuso la túnica a sus hermanos en 1943, vistiendo desde entonces la misma. Hermandad que era conocida por la Compañía de “Armaos” que siempre llevo y que desaparecieron a principios de los años 70 del pasado siglo XX. Estos “armaos” vestían a principios de siglo con pantalón corto, ceñido de bayoneta amarilla, comprendido de madroños de estambre en las rodillas, medias de punto inglés y zapatos negros, coraza y escudo de hojalata limpísima y morrión con chorizo rojo y blanco. Las lanzas eran de palo y lata. Se cubrían con esclavinas de bayoneta también, pero rojas. Con varias transformaciones en su vestuario a lo largo del siglo XX, desaparecieron en los años 70 como he dicho anteriormente.


Cierra la Procesión del Santo Entierro la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores “Ave María”, cuyo diseño de túnica data de 1904. Túnica que se mantiene en la actualidad y que presenta la variación respecto al dibujo, de la capa negra que se incorporó a esta sustituyendo el escapulario.


Concluía nuestra Semana Santa en aquellos años cuarenta del pasado siglo, con la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad que era acompañada por señoras y señoritas que vestían la típica mantilla española y flor de pasión en el pecho. En el año 1945 se impuso uniformidad para los hombres con túnica de raso negro, que es la que aparece en el dibujo, siendo sustituida esta túnica en 2012.

miércoles, 16 de abril de 2014

EL PROGRAMA DE MANO DE LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL DE 1946



Entre la documentación que he podido ir recuperando de nuestra Semana Santa, guardo en  mi archivo personal el programa de mano que se publicó en Ciudad Real, con motivo de la Semana Santa de 1946.  La portada del programa reproduce el cartel oficial de aquel año pintado por José Mur Escolá y en su interior se recoge las diferentes procesiones que se celebraron, los oficios religiosos que se oficiaron en la S. I. P. B. Catedral y todo lo relacionado al pregón de Semana Santa.

Los desfiles procesionales comenzaban el Domingo de Ramos a las once de la mañana, con el paso de la “Entrada de Jesús en Jerusalén” que desfilaba por las principales avenidas de nuestra capital, según el programa. Continuaban el Martes Santo a las once de la noche con la procesión de señoras de la Virgen del Mayor Dolor, pasando a las tres de la mañana con la procesión del Silencio, con los pasos del Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora del Mayor Dolor. En la  tarde del Jueves Santo la procesión Pasionaria de Santiago a las siete y media de la tarde, con el Niño Jesús, “Ecce-Homo”, Cristo de la Caridad y Virgen de los Dolores; y a las doce de la noche la procesión de Nuestro Padre Jesús de Nazareno.

En la mañana del Viernes Santo la Pasionaria de San Pedro a las once de la mañana con las hermandades del Niño Jesús, Oración en el Huerto, Jesús Caído, El Encuentro y Cristo del Perdón. Por la tarde a las siete y media la Procesión del Santo Entierro con las Cofradías del Niño Jesús, Cristo de la Piedad, Descendimiento, Virgen de las Angustias, Santo Entierro y Dolorosa; terminando los desfiles procesionales a las once y media de la noche con la procesión de Nuestra Señora de la Soledad.

Los oficios religiosos comenzaban el Domingo de Ramos con la bendición de palmas a la que asistían las Autoridades, Cabildo Catedral y Seminario Conciliar. El Miércoles Santo a las siete de la tarde el Ceremonial de Tinieblas y el Jueves Santo de ocho a diez de la mañana los Divinos Oficios en todas las iglesias. A las cuatro de tarde se efectuaba el Lavatorio de pies y el sermón de mandato. El Viernes Santo a las diez de la mañana los Divinos Oficios y a las cuatro de la tarde el Sermón de la Pasión.

El sábado de Gloria a las nueve de la mañana se celebraron los Divinos Oficios en la Prioral y a la misma hora en la Parroquia de Nuestra Señora del Prado (Merced), la Función del Resucitado con asistencia de la Hermandad del Santo Sepulcro y desfile después de la guardia romana.  A las diez de la noche, fiesta popular y fuegos de artificio y cohetes luminosos en la Plaza del Generalísimo. Por último el Domingo de Resurrección a las diez de la mañana, la Solemne Función Religiosa con misa Pontifical y bendición Papal.

En cuanto al Pregón de Semana Santa, este se celebró en el antiguo Casino el Domingo de Ramos con la intervención de los oradores, D. Francisco Tolsada, D. Carlos Calatayud y D. Pedro Alpera. Asistiendo las Bandas Municipal y de Cornetas y Tambores del Regimiento de Artillería núm. 61, bendiciéndose en este acto los estandartes, faroles y demás atributos que estrenaban aquel año, confeccionados por las diferentes cofradías y hermandades.


martes, 15 de abril de 2014

PEQUEÑECES HISTÓRICAS. CAMBIO EN EL ITINENARIO DE LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA EN 1686



Los pueblos durante su vida están sujetos a diversas fluctuaciones.

Unas veces se les ve en pleno crecimiento económico y demográfico; otras sufren agudas crisis en las que desciende la población si disminuyen sus medios de vida.

Hoy está dando Ciudad Real una prueba de pujante vitalidad.

Las numerosas casas en construcción, y de muchas plantas en contraste con la escasa altura de las típicamente manchegas, y las levantadas durante el último decenio tan importantes como la Barriada de Pío XII, que es una verdadera ciudad, demuestran claramente el despertar vigoroso de nuestra capital.

He oído decir, y supongo será cierto; que en cuarenta y ocho horas se han vendido los cincuenta pisos de que constará una casa sin empezar a edificar. Esto es una prueba más.

No era así el Ciudad Real del año 1686.

Empobrecido por las malas cosechas, y aún sin recuperarse de los daños materiales que le causó en la segunda decena de este mismo siglo XVII la expulsión de los 5.000 moriscos que en ella residían, tenían muchas casas deshabitadas y no pocas caídas.

De aquí la preocupación de las Autoridades Eclesiásticas por evitar que las Procesiones de Semana Santa desfilaran entre ruinas y escombros.

Transcribo literalmente el acta del acuerdo, como aparece en el “Libro Mudo” de la Parroquia de San Pedro en su folio 727:

En la Ziud, de Ziud,Rl, en diez de Abril de seiscientos y ochenta y seis as, se juntaron a Cavildo a son de campana tañida como lo han de costumbre los Sres. Mtro, Joseph Diaz Jurado Abdad, major y Cura propio de la Parroquia de San Pedro; Dn, Juan de Macaia y Estada Cura propio de la Parroquia del Sr, Santiago; y Dn, Pedro de Bargas Avila Cura propio de la Parroquia de Sta, María; y el Sr, Licdo, Lorenzo García Beneficiado propio de Sn, Pedro; el Sr, Licdo, Alonso Diaz Maldonado, y el Sr, Licdo, Franco, de Castro, thente, de Beneficiados, y dcho, Sr, Abbad propuso que considerando que por la mucha falta de frutos y esterilidad de los campos había esta Ziud, venida a grande ruina de Casas quedando muchas sin que las habiten y otras caídas solo quedando Arrañales y ser necesario que las prozessiones de Semana Santa anden por algunas de las calles, no hallándolas dezentes, antes como la tiene referido =proponía al Cavdo, que determinasen porque calles sería mejor que fuesen para mair decoro y dezencia de dchas, prozessiones, y todos unánimes  y conformes dijeron que anduviesen las Iglesias y Calles acostumbradas dejando de ir a la hermita y Hospital de Sa, Antº, Abbad, y que en saliendo las prozessiones del Combento de Religiosas Dominicas de esta Ziud, fuesen dando la vuelta a dcho, Combento y vía recta al Combento de Carmelitas, y prosiguiesen en la demás Iglesias Parroquias y Combentos volviendo las prozesiones donde saliesen y assi lo Decretaron, y firmó dcho, Sr. Abbad en presencia de mí el Secretario de dcho, Cavdº, de que Zertifico fcha ut supra=Mtro, Joseph Diaz Jurado= Ant mí Dn, Luis de Aguilera y Triviño.

De cuanto precede se deduce evidentemente que las procesiones continuaban por la calle Alta Gracia hasta llegar a la que hoy es Plazuela de San Antón, en donde estuvo emplazado el Convento-Hospital de San Antonio Abad, cuya Comunidad se componía de un Comendador y seis Hermanos de Hábito. Esta Comunidad construyó una Iglesia nueva que abrió al culto el año 1717, y se extinguió en 1785.

Seguramente desde dicha fecha -1686- empezarían a pasar las Procesiones por la calle de la Estrella, como lo hacen en la actualidad.

Poca, poquísima importancia tiene esta noticia, pero no sé qué tiene el correr de los siglos – y de ésta han pasado ya casi tres- que hace interesantes las “pequeñeces históricas” si pertenecen a nuestra patria chica. Por eso me atrevo a publicarla.

AURELIO GOMEZ RICO Y MARTIN DE ALMAGRO
Provicario General del Obispado Priorato de las Cuatro Órdenes Militares
(Publicado en el Boletín de Información Municipal número 26 de abril de 1968)


lunes, 14 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL EN LOS AÑOS 10 (V Y FINAL)



EL SANTO SEPULCRO Y LA DOLOROSA CERRABAN LA PROCESIÓN DEL VIERNES SANTO

Don Joaquín Menchero y sus  <<Armaos>>.- El Farol de <<Joselito>> Tenían que llevarlo cuatro hombres.- Rubisco, Acosta y Rueda, Tres Ilustres Ciudarrealeños que engrandecieron la Hermandad de la Virgen

La procesión de la Soledad, en la noche del Viernes Santo, tuvo años de gran esplendor

Finalizamos hoy los reportajes que hemos dedicado a la Semana Santa antigua de Ciudad Real, concreta entre los años 10 al 20, aunque lógicamente hayamos intentando dar detalles anteriores cuando eran necesarios para conocer el origen y propulsores de las distintas Hermandades y también posteriores, al ser conveniente completar datos sobre determinadas cofradías. Aunque hubiera sido posible ampliar el serial, hemos procurado que finalizase dentro de la Semana Santa, si bien no descartamos que el año próximo, si Dios nos lo permite, dediquemos otros reportajes a narrar anecdotario que existe, y a los pregoneros que han tenido nuestras fiestas pasionarias.

MENCHERO Y EL SANTO SEPULCRO

La procesión del Santo Entierro que ha reflejado desde muchísimos años el carácter oficial, tenía como “paso” principal el Santo Sepulcro, Hermandad de diferentes características a las demás, hasta hace tres o cuatro lustros. No se conoce la fecha exacta de su fundación, aunque parecen existir documentación que hacen referencia a esta Cofradía y que llevan la fecha de 1810. En la primera década del siglo, don Joaquín Menchero el popular “Alfombrista” tan conocido en el mundillo taurino, se hizo cargo de la Hermandad, como tantos paisanos suyos de las demás, según hemos explicado.

Menchero, hombre joven, emprendedor, que poseía en Madrid un saneado negocio de alfombras –de ahí su alias- en la Carrera de San Jerónimo, según nos han dicho donde el antiguo café Regio, no se conformo con el sepulcro existente –un Cristo muerto dentro de la clásica urna de cristal- y encargo uno nuevo a Zaragoza, de no gran valor artístico, que salió por primera vez el año 1910 y que gustaba a la sencilla gente de por aquel entonces. Aunque Menchero tenía algunos colaboradores, él venía todas las Semanas Santas a su casa palacio de la calle del Lirio, donde hoy está el Hogar de Auxilio Social, y allí se reunían los “armaos” de la corte romana, convocados a tambor batiente por el popular “Menchita”, como ya escribimos la semana pasada. Todos ellos eran entusiastas gentes del pueblo, que tenían por rey al serio de “Jeringón”, de elevada estatura y que vestía el cargo con gran prosopopeya, tanto en la procesión como en la función del Sábado de Gloria en la Merced, cuando se tiraban al suelo, con gran estruendo de armaduras, lanzas y escudos. Ni que decir que le tenían un gran respeto al hermano mayor, que no salía en la procesión, en cuya casa bebían limonada hasta hartarse, y que ya mas que mediado el desfile repostaban de líquido en la citada mansión.


Don Joaquín Menchero, gallista hasta la médula, tenía gran amistad con él entonces muy famoso “Joselito”, que cuando estaba en Madrid no faltaba a la tertulia de “El Alfombrista”, donde quedó concertada su actuación en un festival en la plaza de toros de Ciudad Real a beneficio de la cofradía ciudarrealeña. Se celebró el 20 de septiembre de 1919, con “Gallito” como único matador, aunque luego cediera un novillo, el quinto, a su cuñado y peón de confianza “Cuco”. Ni que decir como la gozaron esta tarde los muchos “gallistas” que aquí había, entre los cuales se contaba mi padre, aunque también fueron no pocos partidarios de su rival Juan Belmonte. El éxito económico corrió pareja con el artístico y “Joselito” no solo actuó desinteresadamente sino que regaló además un gran farol, que habían de llevar cuatro hombres en la procesión, destruido también en el 36.

Menchero, afectado dolorosamente por la tragedia de Talavera, siguió con mucho entusiasmo laborando con su Hermandad en la siguiente década y ya muchos recordarán el brillante desfile del Viernes Santo por la tarde, de varias agrupaciones de soldados romanos utilizando la guardarropía del Teatro Real, que vestían con gran marcialidad los artilleros de la guarnición.

Al cesar don Joaquín, le sustituyó don Manuel González y en vísperas del 36 su hijo Ramón, que aún continúa al frente de la Cofradía y a cuya iniciativa se debe el nuevo “paso”, de contrastado valor artístico, obra del catalán Rius, así como que los hermanos vistieran túnica, al ir disminuyendo los populares “armaos”.


LA DOLOROSA DE LA CATEDRAL

En las fechas en que hemos situado este reportaje, la Hermandad del Ave María, que tenía por titular a Nuestra Señora de los Dolores, era si cabe, la más aristocrática. El pueblo la conocía por la Dolorosa de la Catedral, pues allí era venerada con gran fervor. La Cofradía se fundó por el año 1.600. Su hermano mayor sufragaba de su peculio los cultos en honor de la Virgen de los Dolores el día de su festividad y los de la procesión del Viernes Santo, que ascendían a la cantidad de cuatrocientos reales, incluidos misas, sermón y pólvora. Hacia 1905, cuando llegó la renovación de nuestra Semana Santa, según señalamos en el primero de estos reportajes, se hicieron cargo de la Hermandad un grupo de ilustres hijos de la capital o aquí residentes, entre los que destacan don Ramón Clemente Rubisco, don Leopoldo Acosta y don José María Rueda, y poco después D. Tomás Martínez y D. Manuel Sabariegos, Espadas y algunos más, fervientes devotos de la Virgen, cuyas ricas túnicas de terciopelo aún visten algunos de los nietos de estos manchegos por los cuatro costados.

El señor Clemente Rubisco fue quien regaló el manto que lleva la Dolorosa y que pudo salvarse de la general destrucción, por estar guardado en casa de la hija del citado benefactor, doña Carmen, viuda de Cuevas, muchos años camarera de la Virgen, cargo en el que la sucedió su hija Dolores y, al marchar ésta a Madrid, la hija política, señora de don Francisco Cuevas.

En la época a que nos referimos se le puso carroza a la Virgen, con diez varales sujetando el airoso dosel, pero aún no llevaba la teoría de luces y flores con que ahora se adorna el trono.

La imagen, destruida en el año 36, fue sustituida por una provisional y más tarde por la actual, obra del imaginero sevillano ya fallecido Castillo Lastrucci, por iniciativa de su hermano mayor don Hilario Richard.

El “paso” del Santo Sepulcro cuando don Joaquín Menchero fue hermano mayor. Era la época de la Banda de Ingenieros que dirigía el maestro Marquina, de los vistosos soldados romanos con el vestuario del Real, del farol que regalara Joselito

LA SOLEDAD, ÚLTIMA PROCESIÓN DE LA SEMANA SANTA LOCAL

Las procesiones de Ciudad Real finalizaban en estos años a que nos hemos venido refiriendo, con la de la Virgen de la Soledad, que salía de San Pedro en la noche del Viernes Santo. Según los datos que hemos podido recoger, la cofradía se fundó en el año 1880, integrando su primera junta don José Peñalver, como hermano mayor; don Pedro Montijano, segundo hermano; don Clemente González, mayordomo, y D. Perfecto Acosta, secretario. Por esta época, la procesión era muy modesta, formando en ella unas docenas de mujeres ciudarrealeñas, con una virgencita pequeña de cierta belleza y mérito, siendo la familia de don Eduardo Gallego quien por tradición tenía a su cargo la Hermandad. Realmente no guardaba relación con el auge logrado por otras Cofradías y ello movió sin duda a un hombre de contrastadas iniciativas, un periodista de pro, don Enrique Pérez Pastor, a rehacerla y renovarla, quien de acuerdo con el señor Gallego, que continuó siendo presidente, encomendaron al hijo mayor del señor Pérez Pastor, Enrique Pérez Fernández, joven, con iniciativa, muy amante de las cosas de su tierra, poner en franquía la Hermandad, para que no tuviera nada que envidiar a las demás. Una hija de don Eduardo Gallego, doña María de la Guía, casada con don Enrique Frías y doña Cecilia Ruiz Claros, esposa de don Enrique Pérez, fueron las camareras de la virgen en la época del gran esplendor de los años veinte cuando cuatro o cinco centenares de señoras y señoritas de la capital, vistiendo traje negro, mantilla y flor pasionaria, acompañaban a la imagen en su recorrido nocturno por la larga carrera.

En el año 1928 se dotó a la imagen de carroza y dosel de plata y el 21 de abril de 1929 fue nombrada presidenta de honor S. M. la reina doña Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, que recibió a una comisión de la Hermandad en audiencia celebrada en Palacio, aceptando muy complacida la distinción y otorgando el título de Real a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Tercio de los Siete Dolores.

Destruida la imagen y desaparecidos ornamentos y atributos, el entusiasmo del buen amigo que fue Enrique Pérez logró devolver a la Cofradía el esplendor de la anterior época, contando con la imagen – en realidad solamente la cara y las manos- que hiciera Marco Pérez y saliendo con túnica un total de treinta y tres hermanos, que acompañaban por parejas a los catorce estandartes que representaban las estaciones del Vía Crucis, y los cinco hermanos de cetro. Desaparecido en doloroso accidente el señor Pérez Fernández, fue decayendo la Hermandad por razones que no son del caso señalar aquí y se llegó en los últimos años casi a su desaparición. En el presente, se ha hecho cargo de la imagen la Hermandad de la Virgen de la Esperanza, que la sacará en procesión en la tarde del Sábado Santo. ¿Logrará el entusiasmo de estos cofrades que la Soledad vuelva a ser acompañada por las mujeres de Ciudad Real? Con este deseo finalizamos la serie de reportajes dedicados a la antigua Semana Santa.

CECILIO LOPEZ PASTOR
(HOJA DEL LUNES, AÑO VII Nº 214, LUNES 5 DE A BRIL DE 1971)


domingo, 13 de abril de 2014

LA SEMANA SANTA DE CIUDAD REAL EN LOS AÑOS 10 (IV)



LA PROCESIÓN DEL VIERNES SANTO POR LA TARDE, CON CINCO “PASOS”

“La Enclavación”, con su modesta Hermandad, única no restaurada. El Cristo de la Piedad y el entusiasmo de don José Gómez y don Fernando Vázquez- Alsina y el Santo Descendimiento

A las dos horas escasas de haberse “recogido” la procesión del Viernes Santo por la mañana, con el gentío apiñado en la calle Cuchilleria y alrededores del templo parroquial de San Pedro, ya estaba “Menchita” batiendo el tambor para avisar a los “armaos”, que habían de dar guardia a Cristo muerto, en la solemne procesión del Santo Entierro, que partía de la parroquia de la Merced, presidida por el Obispo Prior y todas las autoridades, éstas con su chaqué o levita sin que faltase la chistera, en aquellas fechas de obligado uso en los trajes de ceremonia.

Pero antes de seguir adelante un inciso, para aclarar algún leve reproche que se nos ha hecho, indudablemente con razón. Insistimos en que la referencia que estamos haciendo en estos reportajes, sobre la Semana Santa ciudarrealeña, alcanza la década de los años 10 y casi el 20 y el 21, porque resulta muy difícil delimitar y señalar la fecha exacta de algunos acontecimientos, relacionados con nuestras procesiones pasionarias. Tal nos sucedió con el “paso” del Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas, que hasta final de esta década citada no se le agregaron los dos ladrones, pues hemos visto unas fotografías de los años 15 o16, en que solamente figuraba el Santísimo Cristo. Más tarde es cuando se agregaron las otras dos cruces y fue entonces cuando el pueblo comenzó a llamar a este “paso” el de las “Tres Cruces”. Si alguno de los más allegados a esta Cofradía –nos referimos casi concretamente a los hermanos Rojas Dorado- pudiera aclararnos la fecha exacta, la consignaríamos con mucho gusto.

EL NIÑO JESUS Y “LA ENCLAVACION”

La procesión de la tarde del Viernes Santo siempre la recordamos iniciada por la Guardia Civil a caballo, en traje de gala, inmediatamente detrás la pequeña imagen del Niño Jesús con túnica negra, llevada en andas por pequeños cofrades, que en corto número le acompañaban también, ¿verdad Celestino? La familia Ayala era la encargada de custodiar la imagen el resto del año y de “gobernar” su salida procesional.

La primera Hermandad que desfilaba en esta gran procesión de cinco “pasos” era la de “La Enclavación”, en la que se nos ha dicho tenía gran participación el gremio de la madera. Era un grupo escultórico de discreta categoría artística, pero que impresionaba por su tamaño y por el momento de la Pasión de Cristo que representaba. En los años que a nosotros llega el recuerdo, era un veterano trabajador creemos que apellidado Moraga, quien lo sacaba a la calle, pues el número de cofrades no debía ser ya muy nutrido. No falta quien nos contó que este “paso” no había formado siempre en esta procesión, pero realmente no tenemos confirmación de ello. Sus penitentes portaban faroles de acetileno y el hecho de llevar el capillo granate oscuro, puede que afirme aquella información, pues ya sabido que el color predominante en estas Cofradías del Viernes Santo por la tarde era el negro.


No hemos de hacer un reproche –solo elogios se merecen por su entusiasmo y actividad- a los hombres sobre los que recayó el peso de  la reconstrucción de nuestra Semana Santa por los años cuarenta. Pero ese reproche si hemos de hacérselo a todo Ciudad Real, a  tantos como se proclaman amantes de su Semana Santa, y permitieron que, como en el caso de “La Coronación”, nos quedásemos sin contar con momento tan trascendental como el de “La Enclavación”. Si no fuera evidente la crisis porque atraviesa en Ciudad Real la Semana Santa, motivada por varias razones que no es este el momento de analizar, nos atreveríamos a sugerir que la Hermandad del Cristo de la Piedad, de tanta raigambre y solera, como seguidamente vamos a reflejar, le echara valor, recabando ayudas, y consiguiera que el momento de clavar a Jesucristo en la cruz precediera a su bella imagen titular, por la que tanta devoción se siente en nuestra capital. Nuestro modesto apoyo no le faltaría a quien se decidiera a completar este “paso” tan añorado por los que ya pasan de la cincuentena de años que recuerdan el grandioso grupo del monte Calvario.

EL CRISTO DE LA PIEDAD

Es tradición en Ciudad Real que en el siglo XVII se inició ya la devoción a una imagen del Crucificado atribuida a Luisa Roldán, más conocida por “La Roldana”, con el nombre del Santísimo Cristo de la Piedad, a la que se daba culto en la iglesia de Santa María la Mayor, posteriormente elevada a Catedral o Santa Iglesia Prioral al instituirse el Obispado Priorato de las Cuatro Órdenes Militares. Hasta nosotros nos ha llegado la referencia que esta imagen fue realizada  con el propósito de ser colocada en el magnífico retablo que preside nuestra catedral, pero al subirla hasta lo alto del mismo y debido a la distancia con que había de ser contemplada, resultaba de pequeño tamaño y hubo de hacerse otra imagen mayor. Si es cierta o no esta tradición, no somos nosotros quién para afirmarlo ni negarlo, pero sí lo consignamos para la debida constancia.

A principios de siglo, un grupo de buenos ciudarrealeños amantes de las cosas de su tierra y estimulados por el ya citado párroco don José Antonio Espadas, constituyeron la Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad, siendo don José Gómez y don Fernando Vázquez quienes llevaron el peso principal de formar la nueva Hermandad, pero contando con personas tan devotas de la antigua imagen como los señores Martín, Víctor Cantos, Medrano Rosales (don Ramón), que fuera hermano mayor, como igualmente el militar señor Sánchez de León, don Juan de la Cruz Espadas y don Félix García Ibarrola, hasta el año 36, y posteriormente los señores don Alfonso Navarro y don Rafael Ayala Cueva, siendo un gran entusiasta de la Cofradía don Ángel López Calderón, con acreditado gusto para el adorno del trono, cuajado de claveles rojos.

El desfile de esta Hermandad, con túnica negra y capillo del mismo color, portando los cofrades hachones de cera, era de gran fervor y seriedad en esta procesión oficial del Santo Entierro, incorporándose, como la Dolorosa, desde la catedral, hasta la Merced, en la calle de Toledo. La imagen hacía subir un punto de emoción a los espectadores, que al ser llevada en andas por un grupo de costaleros vistiendo túnicas negras, hacían balancear la gran cruz con un sonido característico. A su paso se cantaban numerosas saetas, especialmente en las calles del Compás y Lirio, como al llegar a la plaza de Agustín Salido, desde uno de los balcones donde siempre había de detenerse para que una voz femenina bien conocida moviera a devoción a los que ya esperaban escuchar la bien timbrada voz de una mujer nacida en el popular barrio de Santiago. Era especialmente emotivo el momento de quedar encuadrado el “paso” en el principio de la calle del Lirio, tras la trabajosa maniobra de los costaleros, dirigidos por su capataz, procedente del Compas de Santo Domingo. El genial poeta don José Luis Barreda Treviño dedicó al Cristo de la Piedad un bello soneto, del que son estos versos:


¿Por qué, Señor, tanta bondad conmigo?
Al que a tus leyes hizo vil desprecio,
con tu clemencia pagas su pecado.
En tu piedad inmensa busco abrigo,
yo que, ¡pobre de mí! Ingrato y necio,
los clavos de tu Cruz he remachado.

La venerada imagen fue destruida el año 36, como tantas otras, y al reorganizarse la Cofradía en los años cuarenta, se adquirió una artística talla del imaginero sevillano Castillo Lastrucci, que igualmente hizo el bello trono, constituyendo uno de los mejores “pasos” de nuestra Semana Santa, gracias al interés y celo de don Rafael Ayala Cueva, luciendo en su procesión una rica colección de estandartes bordados en oro, que representan  las Siete Palabras de Cristo en la cruz. Lástima que, por dificultades de contar con personal idóneo, se sustituyera la tradición de ser llevado a hombros por la carroza con ruedas, aunque buscase la fórmula de que fuera lo más idóneo a cuando se llevaba en andas.

Es interesante destacar que cuenta la Hermandad con un estandarte pintado por el gran artista local Ángel Andrade, cofrade fervoroso del Cristo de la Piedad, así como un cetro de plata de ley para el hermano mayor.

EL SANTO DESCENDIMIENTO

Seguía a continuación del Cristo de la Piedad un conjunto escultórico de Alsina, representando el momento de ser bajado de la Cruz el cuerpo muerto de Cristo. Y con el nombre de “Santo Descendimiento” se constituyó la nueva Hermandad, que tuvo numerosos cofrades, especialmente del ramo de la construcción, aunque la familia Pérez, de tanta vinculación con las cosas de Ciudad Real, fuera muchos años rectora de la Cofradía, siendo hermano mayor el abogado don José Pérez Fernández. No hemos podido obtener mayor número de datos sobre la primitiva Hermandad y quienes fueron sus principales propulsores.

Los penitentes visten desde hace muchos años valiosas túnicas de terciopelo negro con capillo blanco y portan faroles, que fueron modificados al reorganizarse la Cofradía en los años cuarenta, siendo el “paso” actual del escultor Marco Pérez.

Con el fin de no hacer demasiado extenso el reportaje retrospectivo de esta semana, dejamos pendiente para la próxima las dos Hermandades que cerraban esta procesión y la de la Soledad, con que finalizaba nuestra Semana Santa por los años a que nos estamos refiriendo.

CECILIO LOPEZ PASTOR
(HOJA DEL LUNES, AÑO VII Nº 213, LUNES 29 DE MARZO DE 1971)


sábado, 12 de abril de 2014

HOY EN EL CUPÓN DE LA ONCE LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA CARIDAD



Esta mañana la ONCE ha puesto a la venta Cinco millones y medio de cupones con la imagen del Santísimo Cristo de la Caridad de Ciudad Real, al precio de 2 Euros. Esto corresponde a una petición que realizó la  Hermandad del Santísimo Cristo de la Caridad con motivo del IV Centenario que se celebró el pasado año 2012.

La presentación del cupón tuvo lugar la mañana del pasado martes día 8 en el Ayuntamiento de Ciudad. En el acto intervinieron  la alcaldesa de Ciudad Real, Rosa Romero; el delegado territorial de la ONCE en Castilla-La Mancha, Antonio Cebollada; el director de la ONCE en Ciudad Real, Cristino Ortuno; y el Presidente de la Hermandad, Antonio de la Peña.

La primer edil agradecía a la ONCE “este detalle que es un espaldarazo para Ciudad Real y para nuestra Semana Santa, pues el Cristo de la Caridad, será un escaparate de la capital a través de los cinco millones y medios de cupones que se venderán por todas las ciudades y pueblos de España”.

La alcaldesa animaba a los ciudadrealeños a que compren el cupón del próximo 12 de abril, que con la imagen del Cristo de la Caridad, “es un documento histórico para guardar”.

El Delegado Territorial de la ONCE en Castilla-La Mancha, Antonio Cebollada, calificaba de “muy especial” este cupón dedicado al IV Centenario de la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Caridad, y resaltaba que tiene como objetivo “aportar su granito de arena en la difusión y promoción de la historia, la cultura, el patrimonio y las tradiciones de Castilla-La Mancha”.

Cebollada manifestaba “que cinco millones y medio de cupones están ya procesionando por las calles y plazas de todos los pueblos y ciudades de España gracias a los 20.000 vendedores de la ONCE

Por último el Hermano Mayor de la Hermandad, Antonio de la Peña, manifestaba que el cupón dedicado al 400 aniversario de la Hermandad del Cristo de la Caridad, “es la guinda a un año de celebración, el 2012, muy especial y completo para ellos, y aseguraba “que todos los cofrades y ciudadrealeños guardarán como recuerdo este cupón”.