miércoles, 30 de septiembre de 2020

ASI QUEDÓ EL ALTAR MAYOR DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO EN 1957

 


El domingo 25 de junio de 1950 tomó posesión de la Parroquia de Santiago el Rvdo. Sr. D. Javier María de Castro Díaz, sacerdote que le tocaría restaurar el templo parroquial, enriqueciéndolo y restaurándolo durante los años que estuvo al frente del mismo.

Una de las reformas que realizó, fue el cambio y embellecimiento del altar mayor por dos veces. La primera de ellas, y de la que me voy a referir en esta entrada fue la que realizó en el año 1957. Esta reforma consistió en colocar presidiendo el mismo, una imagen de Santiago Apóstol a caballo de pasta de madera de 1,50 c/m, adquirida por el Padre Castro a la casa de artículos religiosos de José Mur de nuestra ciudad, en el año 1951. Esta imagen se colocó sobre una repisa y debajo de esta a una menor altura y sobre repisas, se situaron las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y del Sagrado Corazón de María. Sobre la mesa de altar se encontraba el sagrario y encima de este la imagen de un crucificado. Completaba el conjunto candelabros de orfebrería.

Así permanecería el altar mayor hasta el año 1962, cuando otra reforma del Padre Castro, colocó en el mismo unas pinturas de Vicente Martín, pero de esta reforma me ocupare otro día. 



martes, 29 de septiembre de 2020

EL ALTAR MAYOR DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO TRAS LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 


Terminada guerra civil española en 1939, el culto vuelve a las Parroquias, conventos y capillas de la ciudad. D. Alejandro de la Pastora, que fue el Párroco de Santiago hasta 1936 y que se salvó de ser asesinado, se hizo de nuevo cargo de la parroquia en 1939. El fue el encargado de volver a poner al culto el templo parroquial, tras la pérdida de todo el patrimonio histórico-artístico del mismo.

A parte de ser la Parroquia de Santiago la más afectada durante la guerra, era la parroquia más pobre de la ciudad, por lo que al abrir de nuevo al culto el templo se optó por un altar mayor sencillo, solo lo presidia la imagen de Santiago Apóstol, de ningún valor artístico, y  a ambos lados suyos unos cuadros. Completaba el altar varios candelabros y la mesa del altar. Así permanecería el altar mayor hasta el año 1957, que cambio totalmente su fisonomía.

La imagen de Santiago fue retirada del culto, en el referido año 1957, guardada en los salones parroquiales, hasta el año 2000 que fue restaurada y comenzó a procesionar el día de su festividad el 25 de julio.



lunes, 28 de septiembre de 2020

LA DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


La destruida imagen de la Virgen de los Dolores en los años veinte del siglo XX en su altar de cultos cuaresmales


La guerra civil española supuso la pérdida más importante de la historia del patrimonio religioso ciudadrealeño, pese a que nuestra ciudad estuvo en la retaguardia de la contienda. El sectarismo antirreligioso de socialistas, comunistas y anarquistas desató la mayor persecución religiosa de la historia contra la Iglesia católica, siendo asesinados 13 obispos, 4.184 sacerdotes seculares, 2.365 frailes y 283 monjas, lo que equivalía a uno de cada siete sacerdotes y a uno de cada cinco frailes. A estos datos habría que añadir el elevado número —imposible de establecer con exactitud— de tantos católicos españoles que murieron víctimas del odio contra la religión, en una persecución que hasta para asemejarse a la de los primeros cristianos dio cabida a acontecimientos como los de la "Casa de Fieras", el zoo situado entonces en el parque madrileño del Retiro, donde se arrojaban a las personas para que fuesen devoradas por los osos y los leones.

Junto al asesinato de sacerdotes, religiosos/as y laicos, se produjo la mayor destrucción del patrimonio religioso de los templos de culto, y Ciudad Real no iba a ser ajena a esta destrucción por parte de los partidos que formaban el Frente Popular, y sus parroquias, iglesias y ermitas fueron saqueadas, destruido su patrimonio histórico-artístico y robadas las piezas de orfebrería de valor.

La Parroquia de Santiago de nuestra ciudad, fue el templo que mayor destrucción sufrió, perdiéndose casi todo el patrimonio que poseía sus muros. Una relación de lo destruido, elaborada por mí, después de consultar diferentes documentos históricos relacionados con la parroquia sería la siguiente:

-Retablo barroco del altar mayor, presidido por la imagen de Santiago Apóstol.

-Retablo barroco con las imágenes de san Joaquín y Santa Ana.

-Imagen de la Virgen de la Blanca del siglo XIV.

-Imagen de estilo gótico decadente del Cristo de la Caridad.

-Imágenes barrocas de Nuestra Señora del Pilar, San Francisco y San Buenaventura.

-Imagen barroca de San Isidro Labrador.


El destruido relicario de la Santa Espina en la desaparecida capilla de la Virgen de la Blanca


-Imagen de San Antón del siglo XVII, procedente del antiguo convento-hospital de antonianos.

-Paso procesional del Ecce-Homo, compuesto de las imágenes del Ecce-Homo, Pilatos, un soldado romano, un judío y un niño portando la palangana, obra del escultor Federico Zapater del año 1911.

-Paso procesional del Santísimo Cristo de la Caridad, adquirido en el año 1908 al escultor valenciano Federico Zapater, compuesto por las imágenes del crucificado, la Virgen María, San Juan, la Magdalena y el soldado romano Longinos.

-Retablo barroco e imagen de la Virgen de los Dolores de la escuela del Montañes.

-Reja de madera y retablo barroco de la capilla del Cristo de la Caridad.

-Reliquia de la Santa Espina, regalo del rey Alfonso X el Sabio.

-Paso para procesionar la reliquia de la Santa Espina, del año 1909 del escultor valenciano Federico Zapater.

-Cuadro con la escena de la aparición de la Virgen a San Ildefonso, de gran tamaño, que se encontraba en la Sacristía.

-También en la Sacristía había cuatro curiosos cuadritos antiguos pintados sobre piedra.

-Cuadro de Santa Lucia pintado por Jose Boada, y al que se la realizaba función religiosa  el día de su festividad el 13 de diciembre.

-Cruz parroquial de plata de interés del siglo XVII.

-De los siglos XVII y XVIII, un buen terno de tissú de oro, con menudas flores divinamente bordadas.

-Custodia del siglo XVII, y vasos sagrados de diferentes siglos.

-Todo el mobiliario de la parroquia: Bancos, confesionarios y lámparas.

-Todas las campanas de la parroquia. Entre las campanas figuraba una del siglo XV,  Según Ramírez de Arellano fue probablemente costeada en 1492 por el Obispo Iñigo Manrique, Presidente de la Chancillería de Ciudad Real, y fabricada acaso por el mismo campanero que fundió la «del Alba» de la Catedral de Córdoba. También había otras campanas de tradición interesante en los huecos del Mediodía; la mayor refundida tenía una inscripción que acreditaba haber sido construida en tiempo de Felipe II; la otra del Mediodía procedía de 1614 y la del Norte de 1609.

-El archivo parroquial fue casi totalmente destruido, salvándose solo algunos libros parroquiales.


La destruida imagen de San Antón en sus cultos del mes de enero


domingo, 27 de septiembre de 2020

EL RELOJ DE SOL DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO

 


El reloj de sol es un instrumento usado desde tiempos muy remotos con el fin de medir el paso de las horas, minutos y segundos (tiempo). En castellano se le denomina también cuadrante solar. Emplea la sombra arrojada por un gnomon o estilo sobre una superficie con una escala para indicar la posición del Sol en el movimiento diurno. Según la disposición del gnomon y de la forma de la escala se puede medir diferentes tipos de tiempo, siendo el más habitual el tiempo solar aparente. La ciencia encargada de elaborar teorías y reunir conocimiento sobre los relojes de sol se denomina gnomónica.

El reloj canónico, es un tipo de reloj de sol, que marcaba de forma muy exacta las horas canónicas (una división de tiempo empleado durante la Edad Media en la mayoría de las regiones cristianas, que seguía el ritmo de la vida monástica; cada una de las horas indicaba un “Oficio Divino” o “Liturgia de Horas”, es decir, el conjunto de oraciones indicadas para esa parte del día).

Se solía representar en las fachadas de las iglesias, catedrales o monasterios medievales, en ocasiones también se pudo ver en monasterios de épocas más tardías. Su construcción era muy rudimentaria y se denominaban “relojes arañados”.

Estos relojes tenían forma semicircular y estaba dividido por radios con el centro en un punto en común de las líneas. El ángulo que había entre las líneas se intentaba que fuera el mismo. A veces, el número de líneas era variable y no coincidían con las 12 horas de los relojes de sol normales.

El reloj de misa era muy usado antiguamente sobre todo para conocer el Oficio divino que tocaba en el momento del día en que se le consultara. La liturgia exige la utilización de un método para determinar la hora. Allí donde haya una iglesia y un clérigo que deba cumplir con el rezo del Oficio y la celebración de la misa, podemos encontrar un reloj de sol canónico. Los relojes canónicos los utiliza el preste en la parroquia y el monje en el monasterio.



Las horas canónicas son una división del tiempo empleada durante la Edad Media en la mayoría de las regiones cristianas de Europa, y que seguía el ritmo de los rezos de los religiosos de los monasterios. Cada una de las horas indica una parte del Oficio divino (hoy denominado liturgia de las horas) es decir el conjunto de oraciones pertinente a esa parte del día.

San Benito denominó a estas horas de rezo "horas canónicas", y así se haría desde el siglo VI; su nombre proviene de las órdenes y normas o cánones de la Iglesia del medioevo. Durante esa época se organizó el sistema de horas centralizando su uso principalmente en los monasterios benedictinos.

La división del día en siete partes tiene su origen en el Libro de los Salmos de la Biblia, en el que se lee: "Siete veces al día te alabaré", y también se lee "a medianoche me levantaba para darte gracias". De ahí se puede ver que existe una agrupación de las siete horas canónicas de los Ofícios diurnos, y así mismo los Ofícios nocturnos, que a su vez se reparten en tres guardias o vigílias, denominadas Maitines. Cada semana los monjes debían rezar el salterio íntegro (es decir los 150 salmos). En su regla, San Benito recomienda a sus monjes que durante los viajes no dejen pasar el rezo las horas de oración.

Las horas canónicas eran las siguientes:

Maitines: medianoche.

Laúdes: al amanecer, habitualmente sobre las 3:00

Prima: Primera hora después de salir el sol, aproximadamente las 6:00 de la mañana

Tercia: Tercera hora después de salir el sol, las 9:00

Sexta: mediodía, a las 12:00

Nona: sobre las 15:00

Vísperas: tras la puesta de sol, habitualmente sobre las 18:00

Completas: antes del descanso nocturno, las 21:00

La Parroquia de Santiago, al igual que las otras dos parroquias históricas de nuestra ciudad, Santa María del Prado y San Pedro, cuenta con un reloj de sol en la pared sur de la fachada de la sacristía, obra del siglo XVIII.



sábado, 26 de septiembre de 2020

EL ANTIGUO CEMENTERIO PARROQUIAL DE SANTIAGO

 


Hasta el siglo XIX no existieron cementerios civiles alejados de la población. Hasta este siglo los fallecidos eran enterrados en las iglesias, ermitas y conventos de las poblaciones. Las clases más elevadas, nobleza y aristocracia, los personajes más favorecidos o aquellos pertenecientes a hermandades o cofradías ocupaban espacios privilegiados en el interior de los edificios religiosos, bien en capillas privadas, bien en criptas o en bóvedas excavadas en muros y suelos. La nave central, sin embargo, era reservada a las categorías eclesiásticas y familias reales. El resto de la población quedaba fuera del recinto sagrado ocupando todos los terrenos adyacentes a la iglesia, conformándose con la cercanía al templo donde se situaban los llamados cementerios parroquiales o "de feligresía". Eran tumbas en su mayoría anónimas que se reciclaban sin ningún pudor con el paso de los años para dejar terreno libre a los sucesivos enterramientos.

El cementerio de la Parroquia de Santiago, se iniciaba a los pies de la torre de la parroquia, se prolongaba por toda la calle Estrella hasta el ábside de la parroquia.  No fue hasta el año 1834, cuando se crea el actual cementerio de Ciudad Real, por lo que hasta ese año estaría funcionando el cementerio parroquial. Posteriormente los terrenos del antiguo cementerio se convertirían en huerto, y sobre él se levantó las diferentes dependencias parroquiales, que en sus inicios fue guardería.



viernes, 25 de septiembre de 2020

EL ANTIGUO RELOJ DE LA PARROQUIA DE SAN PEDRO ESTUVO EN LA TORRE DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO

 


El antiguo reloj de la Parroquia de San Pedro, fue colocado en la torre de la Parroquia de Santiago en el siglo XIX, cuando esta tenía chapitel. El que fue cronista de Ciudad Real, don Julián Alonso, no lo cuenta en un artículo publicado en el diario “Lanza” el jueves 29 de enero de 1953, bajo el titulo: “Rafael Barahona, su teatro y otras muchas cosas”, en el cual dice lo siguiente:

No sabemos si hasta 1797 conservó la torre de Santiago su gallardo y original estado: Torreón almenado, al cual debe volverse por la belleza de la torre más antigua de Ciudad Real y por exactitud arquitectónica de su estilo inicial, quizá anterior a la llegada de Alfonso X. Lo que si podemos consignar, se regentaba la Parroquia, en estas fechas, por don Sebastián Almenara y que, ese año “se había sacado alguna piedra de la cantera dentro de muralla, inmediata a la puerta de Calatrava, para hacer la cornisa de la torre”, y que en el verano de 1798 ó 1799, la torre estrenó chapitel con linterna y balconcillo y todo el faldón emplomado mandados hacer, por el párroco al maestro Jerónimo Armilla “La cruz la hizo Josef Muñoz de Morales excelente profesor de armería”.

Precisamente “el 24 de febrero de 1800 concluido el reloj fabricado por un hijo de esta ciudad, don Rafael Barona y puesto en el chapitel de la parroquial del señor San Pedro Apóstol y el que tenía antiguo la ciudad –allí colocado-  lo dio a la parroquial del señor San Tiago, el Cebedeo, Apóstol y lo pusieron en el flamante chapitel, donde este “reloj viejo anduvo algunos años”. Lo fabricó el citado Muñoz de Morales como asegura el texto que dice: “En 1793, bajo orden del señor intendente don Vicente Dominguez, para la composición del reloj que hizo el armero Josef Muñoz de Morales, se hizo en la torre del señor San Pedro un cañon de ladrillo para las pesas”.

Curioso sería hallar la marca de Muñoz de Morales en el reloj de Santiago, parado otra vez, desde 1936, y descubrir la de Barona en alguna pieza del reloj de San Pedro, rehecho en fecha reciente.

“Después, bien entrado el XIX porque se llovía el chapitel y se pudrieron algunas maderas, el párroco entonces señor don Juan Muñoz de Canteras lo mando derribar y crearlo de nuevo sin linterna, con empizarrado en el faldón”, que se derrumba y arruina en estas calendas dejando a la vista su maderamen descarnado, guarida de palomas fabricantes de buena palomina.

Así va acabando el chapitel sustituto del mandado hacer por Almenara quien también debió ser el ordenador del famoso desaguisado de cubrir el hermoso artesonado de la nave central del templo que tanto urge descubrir y sacar con tino, con muchísimo tino, pues su deterioro aumenta cada día para vergüenza de nuestro acerbo artístico, bien mermado por cierto y por incuria. ¡Gran obra para inmortalizar a las primeras autoridades eclesiásticas y civil de Ciudad Real”.




jueves, 24 de septiembre de 2020

LA IGLESIA DE SANTIAGO. CARTA ABIERTA

 


Mi querido amigo Julián Alonso:

Muchas gracias por esa llamada a filas que me haces el día 5, en LANZA, en nombre propio y en el de la entrometida e imperecedera amiga doña Curiosidad, un tanto humorística en el retrato que me hace. A vuestro mágico conjuro se han desplegado en semicírculo todos los antecedentes que poseo, antiguos y modernos, de la fundación de esta ciudad, desde las Crónicas y Concordias hasta el último artículo de don Emilio Bernabeu. Delante de mí lo tengo, risueños y tentadores, y ante ellos experimentó la perplejidad de no saber por cual empezar la colaboración de lo que tanto tenemos hablado.

El tema es excesivamente largo para una carta. Prescinde, pues, de las versiones de la aparición de la Virgen del Prado (1020-1088) y más aún de la fundación de la Santa Hermandad a instancias del célebre don Gil Turro Ballesteros. Madoz, Quadrado, Hosta, Blázquez y Espasa revelan deber las noticias a las “Ordenanzas de la Santa Hermandad aprobadas EN MIL SETECIENTOS NOVENTA Y DOS por el Consejo de Castilla”. El propio Cuadrado desconfía de ellas, evitando así el anacronismo de hacer que los portadores de la imagen de la Virgen se detuvieran en Pozuelo de Don Gil un siglo y medio antes de que existiera este señor.

Alquilata bien los siguientes extremos: La Concordia de 1245 cita la iglesia de Pozuelo, aproximadamente en la fecha de las famosas VISTAS de Fernando III y su madre, y, por otra parte, ni Blázquez, ni Hervás citan la iglesia de Pozuelo de Calatrava entre las iglesias de la Edad Media; primera ocasión para empezar a dudar de que el Pozuelo de la Concordia fuera el Pozuelo de Calatrava. En el 1254 Alfonso X acomete la última tentativa de fomento de población en Alarcos, y, en 1255, en vista del reiterado fracaso (atribuible a la insalubridad de la antigua plaza fuerte), extiende el privilegio de la fundación de Villa Real sobre la población de Pozuelo. El nombre es feo, pero el poblado no lo seria tanto. El mismo Blázquez, con fino criterio, observa que Pozuelo, más que una aldea, era una población de alguna importancia, pues de otra manera no hubiera sido posible dar allí albergue durante 42 días a damas y caballeros como acompañaban al monarca.

Y tendría, desde luego, su iglesia, iglesia de nueva construcción o resultado de la adaptación de una iglesia anterior y, por lo tanto, no cristiana. Sin embargo, desde el privilegio de la fundación de Villa Real (1255) y a pesar de los dos documentos de vuestro Archivo municipal (1256 y 1257), relativos a madera, citados por Delgado, parece que transcurren 7 años sin que prospere el intento de población. En 1262 Alfonso X en persona replantea las murallas de la villa. Y aún así y a pesar de la intervención personal del monarca las obras llevan ritmo lento. La Orden de Calatrava sigue dificultando el transporte de maderas, y el rey vuelve a proveer en 1263 y 1266 (Delgado). En esta última fecha Alfonso X visita las obras de Villa Real a su regreso de Murcia a Toledo (Crónica). En 1267 –añade Mariana- el rey vuelve a Villa Real para inspeccionar los edificios y fábricas que en el nuevo poblado se levantan. Observa bien que no habla de IGLESIAS, como dando a entender que iglesia ya la había.



¿Cómo no iba a tener una iglesia la tal población –pensarás tú como yo-. Pero refrena un momento tu impaciencia. Las Cortes de 1272, reunidas en Almagro y no en Villa Real, constituyen una prueba fehaciente de que en tal fecha la última población no se encontraba aún en condiciones de escenario de una solemnidad; solemnidad urgente, pero no hasta el punto de justificar el agravio a una villa real por una diferencia de dos leguas, que si resultaba beneficiosa a unos, perjudicaba a los más. De modo que en 1272, a los 17 años del privilegio de la fundación, Villa-Real distaba bastante de ser una población TERMINADA. Pero tenía su iglesia.

Y esta iglesia, que existía ya cuando la Concordia de 1245, es decir, “27 años antes de una fecha en que Villa Real no estaba aún TERMINADA” o sea, 33 años después de la batalla de las Navas de Tolosa; esta iglesia hay que identificarla con la más antigua de Villa Real, que, en opinión de Ramírez de Arellano, es la de Santiago, cuya torre parece ser lo más antiguo del edificio, y acaso fuera un torreón de defensa del antiguo pueblo. ¡Ese ajinez!... Delgado demuestra la existencia de la Cofradía de Caballeros hijosdalgos de dicha iglesia en 1339, precisamente unos 25 años antes que el Maestre Muñiz de Godoy embelleciera con el magnífico artesonado la única iglesia que había en la población. Y, finalmente, la grata preocupación que me produjo Cuadrado al hablar del “notable rasgo del arco de herradura de una de las capillas de la iglesia” y que tú resuelves ahora al comunicarme el hallazgo de caracteres pre-góticos en las obras dispuestas por el actual párroco, todo, todo me afirman en mi convicción de que vuestra iglesia de Santiago es la autentica iglesia de la concordia, la iglesia de aquel Pozuelo que dejó de llamarse Pozuelo para empezar a llamarse Villa Real…

Desmenuzar todo esto exigiría muchas páginas, que suplo recurriendo a tu exquisita sensibilidad histórica. Si ves este verano a mi pariente Alfredo Palmero, dile que en el fondo de su cuadro ponga algo parecido al torreón de vuestra iglesia, que estará muy en su punto. Dime lo que pensáis de estas sugerencias y que seguís apreciando (así en plural, pues también es para esa señora, aunque vieja), el fuerte abrazo  de tu buen amigo.

 E. Agostini. Diario “Lanza”, jueves 12 de agosto de 1954 página 3