miércoles, 26 de noviembre de 2014

EL GUADIANA POR SANCHO REY




Desde la llamada Puerta del Carmen, en la Ronda de circunvalación hacia el poniente y perpendicular a la carretera de Las Casas, sale un polvoriento y pedregoso camino, cada vez  menos frecuentado, hacia la llamada Aldea de Sancho Rey, por donde discurre el río Guadiana. A pocos kilómetros de Ciudad Real, dicho camino asciende repentinamente la pequeña loma de la denominada “Cabeza del Palo”, restos antiquísimos de un volcán de los muchos que existieron en los alrededores, y que aun pueden comprobarse por la proliferación de piedras negras, procedentes de la lava en los terrenos aledaños a dicho lugar. Luego tras sucesivas curvas descendentes, vuelve el camino a subir un par de pequeños repechos, para el fin, bajar hasta lo que en los años cincuenta y anteriores era una aldea.

Allí, según se llega a la izquierda, había una finca de labor, a la que se penetraba por un paseo de más de cien metros, flanqueado por árboles de tupida sombra. Más allá, las primeras casas bulliciosas de gente, aunque no muy numerosa, y por último el río, de aguas transparentes y carrera viva, cuyo cauce penetraba en el molino, que en aquellos años, aun hacía molienda. Un pequeño puente de madera nos conducía, si así lo deseábamos, a la otra orilla, toda cuajada de vegetación por el tráfago de las leves barcas de los pescadores y cangrejeros. Recuerdo un verano –mi hermano y yo éramos muy niños- en aquel lugar con placentero regusto y baños, pesca y aventuras infantiles sin fin.

Hoy, todo aquello es cosa fenecida y muerta. El campo, triste y desolado. Las aguas, lentas, sucias, y sin vida, como ocurre en Alarcos y en otros lugares por donde Guadiana –no corre- anda, cansino y viejo y harto de historias y restos pútridos de esta civilización que está acabando con casi todo lo vivo.

¿Qué hacemos con nuestros ríos? ¿Qué hacemos con nuestros campos? Porque, aquí en Sevilla donde escribo, a menos de cien metros pasa el Guadalquivir que camina lento y perezoso y sucio y muerto también. ¿Es ésta la civilización que deseábamos?

Ahora todos tienen una segunda residencia en lugares lo menos ensoñadores que pueda imaginarse, con piscina y cemento y césped artificial y comodidades dignas de un pueblo decrépito. Ahora todos o casi todos, no necesitan del río para su solaz y disfrute. Ahora, lo original es ser pobre y no poseer más vivienda que la necesaria. En aquellos años –y no me dejaran mentir muchos lectores de estas líneas- la mayoría de los ciudarrealeños iba de excursión, a pasar el día a Sancho Rey o a Alarcos, o a la zona del Vicario, o qué se yo, si Ciudad Real está rodeado a ocho kilómetros por el Guadiana, y era un disfrute desde el día anterior con los preparativos, hasta la vuelta, cansados por el aire, el sol y el agua limpia de nuestro río. (Habrá quien diga: “que disfrute más elemental e infantil, teniendo nuestro chalecito con nuestra piscina…”) Pero hoy… las cosas han cambiado y lo que prima y priva es lo artificial, lo cómodo aunque sea insano. En fin, que en esta ocasión y reciba las criticas que reciba y contrariamente a mi artículo, tengo que decir ahora sí, ahora y en este aspecto cualquier tiempo pasado fue mejor y se me antoja cantar aquello de:

Tu calle ya no es tu calle
que es una calle cualquiera
camino de cualquier parte.

Francisco Mena Cantero (Publicado en la contraportada del diario “Lanza” el 26 de septiembre de 1986 en la sección “Conversaciones en el Pilar”)



martes, 25 de noviembre de 2014

EL MOLINO HARINERO DE GAJIÓN


El Molino de Gajión en los años cuarenta del pasado siglo XX cuando estaba en pleno funcionamiento

Ciudad Real es una ciudad que no ha sabido mantener su patrimonio a lo largo de los años por diferentes motivos. Alrededor de nuestra ciudad se encuentran restos arquitectónicos que están unidos a la historia de nuestra ciudad que se deberían restaurar y estudiar. Uno de estos restos es la iglesia de de Sancho Rey, como veíamos ayer, y en el mismo camino de este lugar cogiendo el camino que llega hasta el río Guadiana nos encontramos los restos del  Molino de Gajión, que se ubica en el margen derecha del Guadiana.

Estado actual del molino

Unas de las primeras referencias históricas que encontramos de este molino, data del siglo XIV cuando el rey Alfonso XI, obligaba en una sentencia al concejo de Villa Real a devolver los molinos del río Guadiana a la Orden de Calatrava, entre los que se encontraba este de Gajión.

Actualmente es propiedad de la Diputación de Ciudad Real

En el siglo XVII, y más concretamente en 1615, el molino era propiedad de doña Ana Corredor viuda de Alonso de Ureña. Un siglo más tarde en el Catastro de la Ensenada de 1751, se dice que este molino era propiedad de don Juan Antonio Espinosa, vecino de Alcázar de San Juan, como titular de un vínculo. En aquel año poseía dos piedras de moler y producía cien fanegas.

Las entradas al viejo molino se encuentran actualmente tapiadas

Pascual Madoz en su “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar”, publicado a mediados del siglo XIX, nos dice de este molino que tenía dos piedras y que “a su inmediación está la huerta del mismo nombre, en la que se crían cereales y buenas hortalizas; existiendo por último una hermosa alameda, de la que se surten los carreteros para la construcción de carruajes”.

Los muros del viejo molino fue construido en mampostería y argamasa

A principios del siglo XX se le añadieron cuatro pares de piedra de moler, además de las dos que tenía. Su actividad molinera la cesó entre 1959-60, siendo uno de los últimos molineros Francisco Rodríguez Fernández.
 
El edificio de dos plantas se encuentra actualmente en estado ruinoso 

El molino tenía dos plantas y de forma rectangular, construido en mampostería y argamasa. Delante y detrás encontramos sus seis cárcavos de salida y entrada y sus 23 ventanales. La sala de molienda tenia la misma forma que el molino, en él que encontramos sus seis regolfos y es donde se encontrarían sus seis pares de piedras de moler. En la planta de arriba era donde vivía el molinero, también era utilizado como almacén.

El molino tiene forma rectangular

Actualmente el molino tiene perdida la cubierta y el suelo de la segunda planta y se encuentra en estado ruinoso. Dentro de la ruina que tiene su estado es bueno, conserva todos sus cárcavos, aunque tiene varios vallados, también sus regolfos, sus muros y la presa que está invadida de maleza. En la puerta de entrada llego a tener una inscripción hoy desaparecida. Sus actuales propietarios son la Diputación Provincial de Ciudad Real.

Resto de las piedras de moler