domingo, 7 de febrero de 2016

DEL CIUDAD ANTIGUO. HERÁLDICA.- APELLIDO MUÑOZ


 
Escudo labrado en piedra de la segunda mitad del siglo XVII, situado en el dintel de la portada de la iglesia de la Merced. Blasón de alianza del caballero de Santiago, Álvaro Muñoz y Figueroa, y su esposa, María Torres Aguilera, fundadores del templo en 1674

Es parejo en antigüedad con el apellido Treviño, dentro de la urbe manchega, el de Muñoz.

Desde lejanos tiempos figuran los Muñoces en nuestra capital, como de los más fijodalgos, formando parte del Concejo o Ayuntamiento de Ciudad Real y de todas las Hermandades que requerían para su ingreso limpieza de sangre, es decir, no tener en su familia ni moros ni judíos, no haber padecido lepra, no viajar en burro, ni ser comerciantes al menudo, ni ejercer algunos de los oficios llamados serviles.

Los Muñoces de esta población tuvieron su casa solariega en el edificio donde hoy está la audiencia provincial, siendo grandes labradores con magnificas fincas en esta provincia como Villadiego, Benavente, La Puebla, etc. etc.; además de extensas dehesas en Extremadura, pues la Casa de Muñoz fue riquísima en ganados alcanzando gran renombre su cabaña ganadera.

Tuvieron los Muñoces acreditada ganadería de reses bravas, que se lidiaron en todas las plazas de España con grandes éxitos, conservándose todavía por D. Manuel Muñoz y Maldonado el antiguo hierro de la casa que figura como una cruz de Calatrava.

Hemos estudiado el riquísimo archivo de Muñoz, hoy en poder de D. Manuel Muñoz y Maldonado, que fue organizado por el competente D. Manuel Tolsada y en él están las pruebas de haber sido caballeros de todas las Ordenes Militares y Reales Maestranzas, en todos los tiempos individuos de esta casa solariega.

Por el año de 1700, D. Álvaro Muñoz Y Figueroa, caballero  del hábito de Santiago, mando levantar la Iglesia de la Merced, a sus expensas, pues era riquísimo y un Pósito Pio, que hemos conocido donde hoy está la Puerta falsa de la Diputación, para facilitar granos o simientes los años de escasez de cosechas a los labradores modestos.

En la plaza que siempre se llamó Muñoz, después de la República y hoy de José Antonio, frente a la Audiencia, en su centro hubo una cantera de la que sacó D. Alvaro Muñoz Figueroa, en la fecha anotada, la piedra para construir la nombrada Iglesia de la Merced, a excepción de su portada que es del cerro de Picón, lo mismo que la puerta de las Carmelitas.

Este piadoso y esplendido caballero santiaguista que se llamó D. Álvaro Muñoz y Figueroa, tuvo los privilegios siguientes por haber levantado con su peculio el Templo de la Merced:

1º. Poner sus escudos de armas en la piedra clave de la puerta de entrada de la Iglesia, como hoy se ve, además en el techo del vestíbulo en relieve bien tallado y policromado, y cuatro en la media naranja del centro, donde pueden en la actualidad contemplarse muy conservados.

2º. Tener su enterramiento y sus sucesores en el mismo templo y

3º. Ser depositario de las llaves del Sagrario en Jueves y Viernes Santo.    

Figuran como varones de esta antigua Casa, los Muñoces y Loaysa; Muñoz y Vera; Muñoz y Antolinen de Castro y Muñoz y Jaraba y en la actualidad D. Álvaro y D. Manuel  Muñoz y Maldonado.

En los escudos enumerados hay en sus cuarteles variados blasones, siendo el principal como tronco del apellido 1º y 4º en campo de oro una cruz floreteada de gules, 2º y 3º en el mismo campo de oro, tres fajas de gules que es el que usa el que estas líneas escribe, por ser Muñoz de tercer apellido.

En la puerta del sol o del Mediodía de la Iglesia de San Pedro de esta capital, tallado en madera hay otro escudo de Muñoz, con cinco toros. Todos los escudos de este apellido van orlados con una cadena por haber estado en la batalla de las Navas de Tolosa un insigne Muñoz.

Emilio Bernabeu. Diario “Lanza” martes 3 de enero de 1950, página 2.                 

 
Escudo labrado en una hoja de las puertas de mediodía en la iglesia de San Pedro, de la segunda mitad del siglo XVII. Blasón atribuible al caballero de Calatrava Gonzalo Muñoz Loaysa o sucesores, casado en 1639 con Jerónima Velarde

sábado, 6 de febrero de 2016

DEL CIUDAD REAL ANTIGUO. HERÁLDICA.- APELLIDO TREVIÑO II


 
Los dos escudos de armas que publico son de la Casa Treviño de nuestra ciudad

Puede decirse que el apellido Treviño consta de documentos municipales desde los comienzos de Ciudad Real. Así lo hemos visto en los libros capitulares como individuos del Concejo por el estado o brazo noble o de hidalgos  y en cofradías locales que para su ingreso había que probar limpieza de sangre y no proceder de moros ni de judíos.

El fundador de este antiguo apellido manchego era Rodrigo de Urda, que por sus proezas en las guerras fronterizas de moros se hizo notar, como capitán esforzado y a una hazaña famosa debió el cambio de su apellido originario por el de Treviño, que uso y sus descendientes.

Cuenta la tradición que ese célebre valeroso soldado Rodríguez Fernández de Unda en una reñida batalla con los moros mató a tres de estos volviendo al campamento con las tres cabezas que cortó a los vencidos por su propias manos.

Rendido de tanto pelear en la refriega, se quedó dormido en la tienda de campaña y al volver otra vez el ataque de los moros un soldado que dijo: “Despertar al capitán Rodrigo que los infieles nos acometen” y otro compañero contestó: “Dejallo que con tres viño (dejadlo que con tres vino) trocando desde entonces el nombre primitivo por el de Treviño.

Un caballero abogado de los Reales Consejos del Rey, en 7 de diciembre de 1789, por sus grandes prestigios como jurisconsulto, D. Francisco Treviño Dávila, fue creado previamente como era de rigor, Vizconde de Poblete y después Marqués de Casa Treviño Gotor, siendo en la actualidad la marquesa de este título doña Concepción Treviño y Aranguren, López Guerrero y Alzaga y su primogénito e inmediato sucesor don José Luis Barreda y Treviño.

La marquesa viuda del último Marqués, de tan grata recordación y llorado por todos, D. Juan Manuel Treviño y Aranguren es doña Trinidad Prat y Escarza.

El escudo de los Treviños de Ciudad Real que publicamos en anterior artículo está compuesto de dos torres en su centro, encima tres escudetes, sobre estos, tres estrellas y debajo de las grandes torres tres cabezas de moro.

Otros Treviños, de origen castellano y que probaron su nobleza al ingresar en las Órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan de Jerusalén, llevan por escudo de armas: En campo de oro cinco estrellas de azur, puestas en sotuer bordadura de oro con cuatro órdenes de veros, de azur (azul).

Otros Treviños traen como armas, en campo de gules un castigo de oro y sobre cada homenaje de los lados, un águila de plata; bordura de azur con siete perros de plata, acollarados de gules.

En próximos artículos me ocuparé de la Casa de Muñoz y de la Iglesia de la Merced, fundada por don Álvaro Muñoz y Figueroa, caballero santiaguista y después del apellido “Forcallo”.

Emilio Bernabeu
Diario “Lanza”. Miércoles  14 de diciembre de 1949, página 3.


viernes, 5 de febrero de 2016

DEL CIUDAD REAL ANTIGUO. HERÁLDICA.- APELLIDO TREVIÑO


 
Escudo labrado en piedra, de la segunda mitad del siglo XVIII, con las armas de los Treviño en la actual Delegación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en la calle de la Paloma

No hace mucho tiempo que me visitaron unos amigos de Madrid, competentes genealogistas, maestros en la ciencia de Heráldica y que venían en la búsqueda de datos fehacientes sobre unos apellidos de abolengo que hubo en esta capital en siglos pasados.

Les era preciso encontrar documentos que atestiguaran la nobleza e hidalguía de los antepasados, de un señor que aspiraba al ingreso en la orden militar de Calatrava.

Me preguntaron lo siguiente: Vd. que es  conocedor y ha compulsado detenidamente el archivo municipal y otros particulares, ¿sabe si ha existido o existen algún documento en que conste la lista de los nombres de los primeros que vinieron a poblar el Pozuelo de Don Gil, después Villa Real?

Les contesté categóricamente que no tenía noticia alguna sobre el asunto.

Que la leyenda y tradición recogidas por nuestros historiadores parece que hubo un ricohome de Castilla que se llamó D. Gil, del que tomó nombre este lugar que es hoy capital de la Mancha.

Era costumbre en siglos pasados que al fundar un pueblo o repoblarlo, bien por haberse arruinado o por habérselo conquistado a los moros, dar el Rey u otro fundador conquistador, dar a las gentes con grandes franquicias y exenciones de impuestos y tributos, terrenos para el cultivo y para la construcción de palacios, castillos y casas, dentro y fuera de las nuevas poblaciones.

Así se sabe y constan documentalmente los nombres de los que fueron pueblos, o fueron con los Reyes a su conquista. Bien sabido es, por ejemplo, los repartimientos que hizo el rey Fernando III el Santo a los principales caballeros y mercaderes que le ayudaron a la conquista de Córdoba y Sevilla.

En lo que atañe a Ciudad Real, ya lo he dicho antes: no he podido encontrar después de muchos años de rastrear y bucear por nuestros archivos locales, y en los nacionales, como el de Madrid, Alcalá, Simancas, etc. ni un solo documento que quiera aclarar esto de la fundación de la Villa del monarca Alfonso X el Sabio.

Hemos visto, si, nombres, en antiguos papeles de apellidos, que ya casi ninguno existe, como los Velardes, Villaquirán, Arcienaga, Isasi, Poblete, Aguilera, Ladrón de Guevara, Galiana Bermúdez y muchos más.

Hoy solo quedan como apellidos antiguos los de las casas solariegas de Muñoz y Treviño.

De esta última, nos ocuparemos en el artículo siguiente o mejor dicho en la segunda parte de este que escribimos hoy. Únicamente adelantamos la publicación de la portada monumental donde está la jefatura de Falange en la calle de la Paloma y el escudo que en ella campea de los Treviños.

Emilio Bernabeu (Continuará)
Diario “Lanza”. Martes 29 de noviembre de 1949, página 2.


jueves, 4 de febrero de 2016

LA PROCESIÓN DE AYER DE SAN BLAS



Los alrededores de la iglesia de San Pedro eran ayer un hervidero de niños acompañados casi siempre de uno o dos adultos. Pequeños y grandes se arremolinaban en la rampa que forma el atrio de la céntrica parroquia en espera de la salida de la procesión de San Blas, que cada 3 de febrero recorre las calles más céntricas hasta concluir de nuevo en el templo de salida, donde se presenta la reliquia del santo a los fieles.


La tarde soleada reunió sobre todo a niños pequeños, muchos aún sentados en la silla de paseo. En este sentido, el sacerdote Pablo Martín del Burgo reconoció que cuando esta procesión se organiza en días laborables, baja mucho la asistencia puesto que buena parte de los niños están desarrollando actividades extraescolares.


A pesar de ello, se formó una comitiva densa en la que las filas de quienes salieron a acompañar al santo de los niños y protector frente a las afecciones de garganta no alcanzaron toda su longitud hasta que el estandarte que abría la marcha está a punto de llegar a la plaza del Pilar, mientras que el santo se encontraba todavía detenido a la altura de la delegación de Hacienda, en la parte alta de la calle Ramón y Cajal.


Tras rebasar la plaza del Pilar, la marcha prosiguió por la de Cervantes y la calle Bernardo Mulleras para pasar bajo el Ayuntamiento camino de la capital antes de regresar a la iglesia de San Pedro por las calles Carlos Vázquez y Ruiz Morote. Una vez en el templo, los asistentes a la procesión tuvieron ocasión de contemplar y besar la reliquia de San Blas de Sebaste (actual ciudad turca de Sivas) que se conserva desde el siglo XVI en la iglesia ciudadrealeña.


Martín del Burgo explicó a La Tribuna que como preparación de esta cita «en la catequesis se trabaja un poquito en la vida de San Blas y se les anima a que vengan a la procesión». Al mismo tiempo, el grupo de liturgia de la parroquia se encarga de preparar el santo, montarlo en las andas para cuatro porteadores y de montar las flores.

El sacerdote recordó que «San Blas es obispo», razón por la que se representa «con el báculo, la mitra y el anillo», a lo que se añade su condición de médico, a la que corresponde la tradición de que «salvó a un niño que se atragantó con una espina cuando se estaba asfixiando y muriendo». Martín del Burgo señaló que se desconoce la antigüedad de esta procesión en Ciudad Real, aunque «siempre se le ha tenido mucha fe, en la ciudad y sus alrededores».


Al mismo tiempo, recordó que el santo murió en una de las persecuciones en el imperio romano anteriores al Edicto de Milán, por el que el emperador Constantino autorizo el culto cristiano. Por ese motivo, la imagen de San Blas lleva en la mano derecha la palma, que simboliza el martirio.