martes, 24 de enero de 2017

TRANSFORMACIÓN ARQUITECTONICA DE UN ESPACIO PÚBLICO: EL CASO DE LA PLAZA MAYOR DE CIUDAD REAL (II)


 
En esta postal de los Hermanos Pérez de principios del siglo XX, podemos ver parte de la Plaza Mayor y el viejo ayuntamiento, tal y como se encontraba a inicios del pasado siglo

No tenemos de cómo fue acogida la idea de levantar el nuevo edificio Consistorial por el vecindario. Es de suponer que las cargas tributarias no fueran del agrado de nadie; aunque el objetivo de formalizar un espacio con un edificio público, quizá contribuyó a soportar los incrementos fiscales, en aras de un objetivo más o menos público. La valoración de la iniciativa municipal, por parte del Gobernador Civil, es sumamente favorable a la edificación del nuevo Consistorio. Produciéndose por parte de aquel una juiciosa lectura de lo que supondría tal obra, entendiéndola como el “cierre perfecto de una cuadrilonga”. Ciertamente, la erección  del edificio en el emplazamiento fijado, supondría la regularización planimétrica del recinto. Tomando ahora la forma de un trapecio que se abre hacia el lado norte. Este efecto de abocinamiento, que se produce a lo largo de eje norte-sur, genera un efecto perspéctivo evidente al contemplar el espacio, situado el espectador en el lado norte. Este efecto que comentamos, entendemos que no fue buscado al concebir el emplazamiento del nuevo Consistorio en el lado sur, ya que tal decisión vino más bien condicionada, por la posibilidad de disponer de suelo libre en la plaza, antes que por unos específicos conocimientos de cultura visual.

“Una vez presentados los planos por el Arquitecto Provincial, se dio cuenta de un oficio del Gobernador Civil, donde se hacía constar que una vez examinados éstos y conociendo el visto bueno de la Junta Provincial de Obras Públicas aplaude el acierto de haber abandonado las viejas casas y haberse decidido el Ayuntamiento por un edificio de nueva planta, ya que el anterior no era decoroso ni decente. Respecto a la ubicación del nuevo edificio, la señalada le parecía la más apropiada, ya que de esta forma la Plaza de la Constitución terminaría cerrándose por sus cuatro lados, en la parte correspondiente a la calle Arcos. El edificio lo ve el Sr. Gobernador como el cierre perfecto de una cuadrilonga”. (10)

El proyecto del nuevo Consistorio está realizado por Cirilo vera y Soria y las obras una vez adjudicadas a D. Rafael Chacón y D. Pedro Pérez, dan comienzo el 23 de Enero de 1868, con la colocación de la primera piedra. El edificio consiste en un cuerpo longitudinal, de dos plantas, quedando abiertos al tránsito los laterales de planta baja. Los recursos formales utilizados responden a un eclecticismo neohistoricista, pilastras con remate de capitel corintio en el cuerpo superior, frontones partidos en los dinteles de huecos, etc. La lectura que del edificio se efectúa posteriormente, se sitúa en la órbita ya comentada de la microarquitectura. Se ejecuta un análisis del edificio en base a unos criterios de fragmentación pormenorizada, sin que se produzca en ningún momento un intento de comprender la obra en su totalidad. Así, por ejemplo podemos leer.

 
El desaparecido ayuntamiento de Cirilo Vara Soria

Hallase este edificio ocupando el lado menor del trapecio que forma la Plaza de la Constitución. Su planta se compone de tres crujías terminadas simétricamente y en degradación de N. a S. y se eleva sobre un gran zócalo de un metro de altura, el cual se salva con una amplia escalinata de seis batientes y con subida de frente y por los costados: esto por la parte de la fachada principal. Desde la escalinata se penetra en el vestíbulo que es octogonal, a cuyo frente se haya el tiro central de la escalera principal, de cual parten otros dos, uno a cada lado. El desembarco de la escalera es precioso, y toda la caja de ella, pues en los ángulos tiene hornacinas propias para la colocación de estatuas, y en el lienzo del centro y para iluminar la escalera una grandiosa ventana de tres arcos divididos con pilastras y con sus vidrieras de colores.

En cuanto al decorado del edificio en las tres fachadas que presenta, distinguese el cuerpo bajo por su severidad, poco atavío y robustez en sus detalles, consistiendo n unos pequeños resaltos almohadillados en los centros, gruesos amagos de pilastras en los extremos, y arcos escarzanos y de medios punto para todos los vanos de las puertas y ventanas, diferenciándose únicamente los de la fachada principal por llevar un poco más de riqueza en sus guarniciones y repisas. Este piso se halla coronado por una  imposta moldada todo alrededor para que la divida del superior, en el cual la decoración tiene más adornos tanto en la fachada principal como en las demás. En aquella, que es la que da frente a la plaza, se ha empleado el mayor lujo posible. Su zócalo con molduras en la parte superior e inferior, sirve de base para las pilastras de orden compuesto con basa ática, con sus capiteles de follaje y estriadas en sus dos tercios, dividiendo éstas los diferentes grupos de pabellones y frontones. Todos los vanos de los entrepaños tienen sus guarda-polvos con triangulillos en los que se ostentan las armas de la ciudad, y medios puntos en el centro figurando estar sostenidos por otras pequeñas pilastras estriadas. En el grupo central hay un gran balcón corrido al descubierto con balaustrada de escayola. Corona todo este cuerpo una gran cornisa de piedra de Novelda, y sobre ella una balaustrada interrumpida solamente por el ático que ocupa todo el grupo central. Es este de mayor altura y en él se ha colocado la lápida de la Constitución de piedra de mármol, pero muy bien orlada. Sobre ésta y en el vértice de frontón, que forma, se halla el escudo de las armas de la ciudad cogido por dos grandes genios. A cada lado del frontón hay una estatua, que representa la Justicia y la Prudencia. Los pabellones formados a cada uno de los lados de la fachada están asimismo terminados por frontones sumamente graciosos, y sobre sus vértices y esbelto pedestal las estatuas de la Industria y la Agricultura. En el tímpano de los frontones laterales de esta fachada hay escudos de armas de Castilla y de la ciudad, muy bien orlados por racimos de vástagos de sarmientos y hojas de acanto.

Y por último, da un realce extraordinario al edificio la graciosa torre que arranca en la parte media de las cubiertas, guardando la más estricta simetría entre uno y otro lado. Es cuadrada, de tres cuerpos sencillamente decorados, siendo el último el más rico en detalles, pues tiene pilastras con graciosos capiteles, y en su parte media simula unos arcos que le dan mucha visualidad y cierto aspecto de ligereza que agrada: la cornisa es de piedra de Novelda y sumamente graciosa. Termina este torre un elegante y sencillo chapitel, y sobre él hay un armazón de hierro muy vistoso, en el cual se halla colocada la campana del reloj, rematando con una pequeña caperuza de plomo que sostiene una, al parecer aislada estrella o grifo”. (11)
 
Desde tiempo de los Reyes Católicos, se celebraba mercado en la Plaza Mayor hasta la primera década del siglo XX

Al margen de otras consideraciones, un aspecto que queremos recalcar del edificio, es su versatilidad figurativa. Hecho éste que comentamos, en funciones de las variaciones obtenidas al paso del tiempo con la sola utilización de la pintura. Y así podemos efectuar tres visiones del Ayuntamiento decimonónico. La primera responde a un esquema, en el que se han valorado de forma diferente las dos plantas del edificio. La baja se pinta en tono más oscuro y se constituye a modo de basamento de la principal. La segunda visión se ejecuta con un tratamiento pictórico continuo en las dos plantas, en tonos oscuros, quedando silueteados en blanco los elementos estrictamente decorativos: pilastras, arcos, cornisas, balaustradas, etc. Finalmente la tercera, responde a un solo tratamiento en todo el edificio, percibiéndose éste como un elemento continuo en su fachada.

La transición del siglo va a conferir, a lo largo de los veinte primeros años, un claro cambio de imagen al recinto heredado del XIX. De esta forma se va iniciar un lento proceso tendente a posibilitar una cualificación funcional especifica, con una clara vertiente simbólica que trata se subrayar la representatividad que tal espacio demanda.  Ello va a conducir primeramente, al traslado del mercado público y posteriormente al de la feria de agosto. Dichas funciones, tradicionalmente ligadas al ámbito de la plaza, quedan segregadas, perdiendo aquella parte de sus contenidos seculares, y planteándose ahora un “decoro” burgués como valor nuevo a personificar y representar a lo largo de toda una estrategia espacial que vamos a ir viendo.

En 1904, se introduce el alumbrado eléctrico, que viene a sustituir al de gas. Novedades aparte, esta afirmación de modernidad, supuso la introducción durante algún tiempo, de un elemento que confería un aire fantasmal: nos referimos al generador, que situado en la Plaza sobre un poste de acero, daba a una plaza provinciana un carácter cuasi-maquinista.

La traída del hierro, como material innovador, a  continuar en la solicitud que se formula, en el mismo año, para sustituir las columnas de piedra, por otras de fundición. Esta petición, no será satisfecha hasta 1911. La sustitución de las viejas columnas por las nuevas, causó gran expectación entre los vecinos, ya que suponía no solamente un gesto de modernidad, sino también una sustitución de elementos portantes, respetando los cuerpos superiores que eran aguantados por los soportales; para lo cual se precisaron los buenos oficios del arquitecto municipal, D. Florián Calvo.

La modernidad que tales cambios superficiales, podían aportar, eran más intenciones emblemáticas que voluntad de introducir reformas ciertas. Quizá por ello, se convoca en 1912 el concurso para erigir un monumento al Cardenal Monescillo, teniendo una gran respuesta por parte de “escultores afamados, arquitectos, profesores de dibujo y modestos artistas locales “. (12)

Alejandro Moyano-José Rivero. Revista ALMUD, nº 4 (1981)

(10) Félix Pillet. Op. cit.
(11) Domingo Clemente. “Guía de Ciudad Real”.
(12) Archivo histórico municipal.

 
Columnas de hierro que sustituyeron las columnas de piedra de los soportales en 1911

lunes, 23 de enero de 2017

TRANSFORMACIÓN ARQUITECTONICA DE UN ESPACIO PÚBLICO: EL CASO DE LA PLAZA MAYOR DE CIUDAD REAL (I)


 
Vista de la antigua Casa Consistorial a principios del siglo XX

1. GENESIS Y CUALIFICACION ESPACIAL

El recinto originario de la Plaza Mayor de Ciudad Real, puede entenderse de forma análoga a los que se generaron en las ciudades medievales. Surge un vacio espacial, sobre el cual va a gravitar buena parte de la vida ciudadana, ya sea por las actividades comerciales que allí se desarrollan, ya sea por otro tipo de intercambios sociales que van a tener como marco el citado espacio.

La mayor parte de las Plazas Mayores Manchegas que se han construido en los siglos XVI o XVII, con su forma simétrica, las pocas salidas que tienen, su uniforme arquitectura, dan la impresión de un lugar de festejos y, en efecto la Plaza Mayor servía no sólo como mercado, sino también para desfiles solemnes y festivales, Autos de Fe y corridas de toros…(1)

El paso del tiempo tiende a consolidar dicho recinto como el espacio público por excelencia. La singularidad urbana que así se origina, va a tener su correspondencia en la búsqueda de una pretendida singularidad arquitectónica. Antes de que se produzcan intervenciones concretas, tendentes a realizar la “cualidad” del citado espacio, entendemos que la componente urbana básica vendría dada, no tanto por lo edificado, como por el vacio lleno de contenidos y de permanencias. La arquitectura circundante, habría sido fruto de renovaciones puntuales y aportaciones edificatorias parciales, produciéndose una amalgama edilicia, sin otra voluntad que la de flanquear el vacio espacial del recinto.

De esta forma, y con estos antecedentes, surge la iniciativa de los Reyes Católicos, que en 1481 autorizan al Concejo a confiscar la casa de Alvar Díaz para construir el Ayuntamiento, siendo las trazas del edificio del maestro Manuel Perez de Valenzuela (2). La edificación del Ayuntamiento en el lado norte de la Plaza Mayor, suponía la voluntad de conferir contenidos públicos e institucionales al primer espacio de la ciudad. Es ahora, cuando se inicia una larga operación arquitectónica, cuya finalidad es la de potenciar y realizar los contenidos formales de la Plaza. Las transformaciones operadas, van modificando el aspecto inicial de “portales sobre postes de madera, desiguales en su forma y altura con largos corredores y grandes ventanas de madera y balcones, también de madera, de forma variada y caprichosa(3). En 1728 el Concejo acometió las primeras reformas tendentes a darle a la Plaza Mayor “más simetría y belleza” (4), finalizándose dichos trabajos en 1744, tras diversas dificultades (5).

 
Frontispicio de entrada a la antigua Casa Consistorial con la inscripción de 1612 como fecha de finalización de la edificación

La imagen resultante tras estas operaciones, sería bastante próxima a la que descubre Ponz en 1791: “La longitud de la Plaza Mayor viene a ser de ciento cincuenta pasos regulares con la mitad de ancho. Lo cercan dos corredores dispuestos para ver funciones públicas. La han revocado nuevamente de muy mal gusto(6).

La escasa dinámica social y económica que va a padecer Ciudad Real durante los años siguientes, no va a propiciar operaciones de transformaciones espaciales profundas, por lo que todas las operaciones que se van a ir desarrollando, van a tener un limitado alcance. Es por ello, por lo que se advierte que las renovaciones operadas en la Plaza, tienen más entidad escenográfica que edificatoria, afectando fundamentalmente al tratamiento formal de las fachadas que dan cara a la Plaza. La primera propuesta global de renovación data de 1859-1860.

Por entonces el aspecto que presentaba la Plaza, es el de un trapecio de poco más de 4.000 metros cuadrados, con cierta simetría formal y compositiva. La pavimentación que poseía era un empedrado, situándose en el centro la fuente erigida en honor de Hernán Pérez del Pulgar.

Las primeras decisiones municipales tendentes a formular algún tipo de reforma, datan de 1859; estableciéndose merced a los acuerdos formulados entonces el primer tipo edificatorio que se va a ensayar en la Plaza, con un criterio de tratamiento global y unitario.

Entre Octubre y Noviembre de 1859, el Ayuntamiento esgrime una lucha constante con los vecinos de la Plaza de la Constitución. La Corporación quería que las obras de ornato de ella, fueran pagadas por los propietarios, éstos requerían al Ayuntamiento que los gastos de reforma sean pagados entre ellos y el Ayuntamiento. Poniendo algunas condiciones en la reforma, concretamente piden que se rebajen los arcos para que no quiten luz a los habitantes del piso principal. Lo cierto es que los planes de reforma no pasan a las actas municipales; viéndonos en la necesidad de recurrir a un autor contemporáneo que nos describe como quedo la Plaza:

 
Vista de la plaza tras la reforma de la misma de 1860 y el antiguo ayuntamiento del arquitecto Cirilo Vara y Soria

Al repararla en 1860, se procuró que su decorado, aunque sencillo, caracterizase del mejor modo posible este sitio, y se consiguió efectivamente a pesar de los grandes obstáculos con que se luchó para no hacer gravosa esta reparación a los dueños de las casas, y también por la mezquina altura que tienen los pisos, empleándose al efecto el género greco-romano. Los edificios en tres de los lados del trapecio son de tres pisos. El bajo forma una galería en su crujía exterior dividida con robustos pilares de piedra sillería, perteneciente al orden toscano, con las molduras de sus pedestales y capiteles labrados con poco esmero. Sobre estos pilare y agregados a él, las carreras y toscas zapatas que antes tenían, se voltearon arcos elípticos sumamente rebajados, pero que les han hecho aparecer con proporciones más desahogadas; una cornisa de bastante riqueza en molduras corona este piso, teniendo cartelas pareadas en la parte que cae sobre los pilares.

El piso principal es más rico, pues todos sus vanos son de medio punto, y la división de claros la forman pilastras estriadas hasta un tercio de su altura con lindos capiteles y basas. Las ventanas están sobre recuadros de bastante realce y orladas de unas pequeñas pilastras, también con sus capiteles, hasta la altura de los arcos, sobre los que descansa airosa una bien moldeada archivolta. Los balcones son pequeños y de poco vuelo, pero de gracioso dibujo sus cenefas y balaustradas. Una bonita imposta corona este piso, y recibe al tercero, cuyos vanos no aparecen, si bien airosos, con la riqueza de los del principal. Están de forma que sirven de antepecho, cerrados por tabiques hasta la altura de un metro y son de arco de círculo rebajado. Los claros se hallan igualmente divididos con pilastras, pero no de tanto adorno como las principales. Por último, a este tercer piso corona una preciosa cornisa con modillones, y sobre ella y para evitar el feo aspecto que presentarían las diferentes horizontales que forman las cubiertas, tiene un ático dividido a su vez con pilastras y terminadas con otra pequeña cornisa”. (7)

La cualificación formal que se produce queda reflejada en la descripción que nos hace Domingo Clemente, como una necesidad para la buena caracterización del recinto. Dicha operación se ejecuta “por vía noble”, buscando la simulación ilusoria de órdenes clásicos; como si la utilización de éstos confiriera estatuto de nobleza a lo conformado. A la vista quedaría la tensa oposición entre la estilística solemne y la endeblez de los materiales aportados. La descripción pormenorizada, nos otorga una visión de microarquitectura, leída fragmentariamente y en orden ascendente. Sin que se produzca, por el contrario, un juicio global, no ya del recinto que se configura, sino de la utilización de tales recursos en un programa determinado.

La reforma que se opera en 1860, es la que va a precipitar la demanda de una nueva Casa Consistorial, más apropiada a la estilística introducida, buscando de esta forma la posible homogeneización del recinto. Al margen de estas razones, los datos que nos proporciona Félix Pillet, nos revelan que la decisión municipal de erigir un nuevo Consistorio, viene condicionada por el deficiente estado de la antigua Casa Consistorial y por la necesidad de que tal edificio deba presentar el decoro apropiado a su función.

 
Otra vista de la plaza con los edificios tal y como quedaron tras la reforma de 1860

El único edificio construido de nueva planta y que dio cierta raigambre a este momento del reinado de Isabel II, fueron las Nuevas Casas Consistoriales. En 1852, hubo que dedicarles a las antiguas Casas un presupuesto de 2.620 reales, para que presentaran el decoro necesario para una capital de provincia de segunda clase. Pero 12 años más tarde, el edificio comienza a resentirse, y se empieza a hablar, pero ya de forma decidida en su demolición”. (8)

Un aspecto que conviene valorar, es la tremenda presión fiscal que va a tener que soportar el pueblo de Ciudad Real, para que la Corporación Municipal, pueda obtener los recursos económicos precisos para sufragar las obras.

En este misma sesión, la Corporación acuerda la forma de pagar los 48.308,998 escudos a que asciende el presupuesto. Teniéndose que recargar la contribución territorial en 35%, la del subsidio en un 40% y las especies de consumo comprendidas en las tarifas vigentes en un 45, 9%; y en el que ha regir el año próximo el máximo que permita la ley(9).

Alejandro Moyano-José Rivero. Revista ALMUD, nº 4 (1981)

(1) Otto Jessen. “La Mancha. Contribución al estudio geográfico de Castilla la Nueva”.
(2) Inocente Hervás y Buendía. “Diccionario histórico y geográfico de Ciudad Real”.
Las obras en las palabras de Hervás, marcharon lentamente, aportando el dato de que en 1526 se autoriza un reparto de 120.000 maravedís con los que completar la construcción.
En el frontispicio de la entrada, puede verse, por otra parte, 1612 como fecha de finalización de la edificación. En 1765 se produce el incendio del Consistorio y de los corredores contiguos, y en 1864 se procede a la declaración de ruina.
(3) Op. cit.
(4) Op. cit.
(5) Las dificultades que se mencionan, derivan del rechazo de los propietarios a efectuar a su costa las reformas acordadas. Parte importante de dichos propietarios estaban vinculados a la iglesia, monasterios, obras pías, etc.
Sería interesante, pero excede de este trabajo, analizar la relación del primer espacio de la ciudad con las fuerzas sociales dominantes, tratando de colegir la representación espacial del poder. Representación referida también a los procesos inquisitoriales, corridas de toros, desfiles y procesiones, como dato valga citar que las corridas organizadas en la Plaza Mayor en el siglo XVII y XVIII, lo eran por “el cura de Santiago”, “el mayordomo de San Pedro”, “los hermanos de San Juan de Dios” o “la abadesa de las Franciscanas”. Igualmente mencionar el sitial preferente que ostentaba el vicario en las celebraciones y que en 1640 origino un conflicto ciudadano.
(6) Antonio Ponz. “viaje de España”.
El aspecto de la Plaza en su revoco reciente, quizá fuera la reforma debida al incendio de 1765. Igualmente, es posible que esta sea la reconstrucción citada por Hervás y Buendía.
(7) Félix Pillet. “Geografía urbana de Ciudad Real”
(8) Félix Pillet. Op. cit.
(9) Félix Pillet. Op. cit.