Buscar este blog

domingo, 25 de octubre de 2026

CIUDAD REAL EN EL DICCIONARIO HISTÓRICO, GEOGRÁFICO, BIOGRÁFICO Y BIBLIOGRÁFICO DE LA PROVINCIA DE CIUDAD REAL (V)

 



La incorporación de los Maestrazgos de las Ordenes Militares a la corona cortó en su raíz la ocasión para estas violentas escenas teñidas en sangre, pero dejó aún por largo tiempo expedito y libre el camino al expediente y litigio, porque a más del espíritu de la época muy afecta a las batallas curiales, la Orden seguía aún animando con sus tendencias guerreras al Consejo y a los comendadores, señores territoriales de los pueblos del Campo de Calatrava. La lucha no manaba ya sangre, pero sí causaba la ruina y empobrecimiento de los concejos, obligados a consumir todos sus recursos en las Audiencias.

La sentencia de Alfonso XI, que incapacitaba a las personas y vasallos de la Orden para tener heredades y casas en Villa Real, confirmada por los Capítulos Generales, prohibiendo éstos además a los caballeros y comendadores la residencia en esta ciudad, puestas también estas disposiciones en vigor por los Reyes Católicos, para impedir todo motivo, que diera ocasión a renovar sus perpetuas discordias, no fueron bastantes fuertes para ser obedecidas. Los caballeros siguieron viviendo en Villa Real varios siglos antes de que el Capitulo General de 1747 se lo consintiera y el comprar haciendas; aquí tenían sus casas y algunas propiedades; el Maestre poseía el Almojaraifazgo o Alcaicería desde 1434 por permuta que hizo con D. Alvaro de Luna, al que fuera concedido por D. Juan II, las monjas de la Orden, de Almagro, el Mesón de Caballeros y el comendador de Las Casas y Fuente el Moral cobraba un cornado por cada panilla de aceite, que se vendía al por menor fuera de los días de mercado franco.

A pesar de la proximidad de Toledo, LAS COMUNIDADES que perturbaron tan hondamente a Castilla, sólo provocaron en esta ciudad un leve tumulto. Refiere Díaz Jurado, que las noticias que a ella llegaban diariamente del foco de la rebelión, juntamente con las excitaciones a tomar en ella parte y las peticiones constantes de fuerzas y recursos, hizo impresión en la gente levantisca sólo, pues la parte noble e hidalga, permaneció fiel al Rey. A los primeros chispazos el corregidor abandonó su cargo, dando esto incremento al tumulto. Un caballero, que al ver la actitud levantisca de los muchos corrillos formados en la Plaza grito ¡Viva Dios y el Emperador Nuestro Señor! Hubo de refugiarse en la iglesia de San Pedro para salvar su vida. Llamábase D. Sancho de Mora. Esto hizo que caballeros e hijosdalgo se unieran, y su actitud decidida fue bastante a calmar la revuelta.(1)

Tampoco el intento de Felipe IV de enagenar esta ciudad al Duque de Aveiro causó sino una pasajera alarma, porque apercibido el Ayuntamiento nombró una Comisión de su seno bajo la presidencia en la Corte hizo desistir de su propósito al Monarca.




Desde las luchas con la Orden de Calatrava, Ciudad-Real gozó de los beneficios de una larga paz hasta la INVANSIÓN FRANCESA. Nombró esta ciudad, como todas las de España, su Junta de Defensa, la que presidida por el Intendente asumía las atribuciones todas del gobierno y administración de la Provincia. En los primeros días del año 1809 el Conde de Cartaojal sucedía al Duque del Infantado en el mando del Ejército del Centro, el que situado en Sierra Morena tomó el nombre de la Mancha y reunió en Carolina 16.000 infantes y más de 1.000 caballos. De acuerdo con Cuesta, que operaba en Extremadura y para descargarle de las fuerzas enemigas, que le asediaban, el Duque de Alburquerque salió con 9.000 infantes, 2.000 caballos y 10 piezas de artillería y por esta ciudad se dirigió a Mora, donde puso en fuga a un destacamento de dragones. Los franceses principiaron a reunir sus fuerzas, y Alburquerque se replegó por Consuegra a Manzanares. Después Cartaojal se situó en esta ciudad, donde no tardó en ponerse también aquí en lucha con la Junta. Determinó continuar la diversión hacia Toledo iniciada por Alburquerque y el 24 de Febrero se dirigió a Las Guadalerzas. El brigadier D. Juan Bernuy, que mandaba la vanguardia, atacó a Yebenes, retirándose el destacamento de polacos que la guarnecía a Orgaz, saliéndole al encuentro el vizconde de Zolina con sus ginetes, acuchillándolos. El Mariscal Jourdan se le vino encima y Cartaojal opinó por esquivar el encuentro, tomó el camino de la Venta de Juan de Dios y Malagón perseguido por 6.000 infantes y 1.500 caballos franceses, cruzó el Guadiana por los puentes el Emperador y Nolaya. Creyéndose seguro en Ciudad-Real, se desprendió de dos divisiones, que mandó a Daimiel y Manzanares y la artillería a Miguelturra. Otras fuerzas tenía entre Valdepeñas y santa Cruz. Mas el día 26 pasaron el Guadiana unos 1.000 ginetes con cuatro piezas de artillería, dirigiéndose a la Puerta de Toledo. Cartaojal logró rechazar al enemigo, hacerle repasar el Guadiana, pero no despojarle del puente. Tranquilo estaba en su posición, pero los franceses al día siguiente volvieron sobre sus pasos, arrollando a la infantería española. El conde, viendo la inutilidad de la resistencia, ordenó la retirada al Moral. Esta se hizo con orden, gracias a la caballería destacada en Miguelturra, que luchó con gran firmeza. Así continuaron hasta Valdepeñas. Esto no puede llamarse batalla, sino sorpresa, que debió preverse, pero nada más.(2)

Las tropas francesas fueron destinadas unas a sus antiguos acantonamientos, otras  a ocupar otros nuevos, pagando los pueblos con el saqueo, el incendio y todo género de desmanes las consecuencias de la derrota. El Regimiento de Húsares de Holanda hizo su entrada en Ciudad-real sin oposición alguna, tomando su jefe el título de Comandante de esta Plaza-27-Marzo-1809-El vecindario huyó casi todo; la Junta, el Ayuntamiento, el intendente, el corregidor, los oficiales de todas las oficinas públicas, todos huyeron, tomando la dirección de los Montes, confesando después las autoridades interinas, que la dispersión y despoblación fue tan grande y general, que las casas principales, edificios públicos, el comercio, todo estaba cerrado y calles enteras sin vecinos.



Los que quedaron conmoviéronse de tal abandono y temieron se repitieran los excesos y desmanas a que se entregó el populacho a la sola noticia de la aproximación de los franceses(3) y se organizó pata la defensa, nombrando una Junta popular, que se encargara del gobierno de la ciudad. En el Archivo Histórico Nacional existe un Extracto hecho de la Junta Central de una Exposición de la Junta Popular de Ciudad-Real de 1809 que pinta bien la situación, diciendo “Que abandonado el gobierno de la ciudad por los Jefes y Autoridades, desde que se acercaron la primera vez las tropas francesas, quedaron todos los ramos en verdadera disolución y la vuelta de algunos solo sirvió de compromiso. Que es maravilla que el pueblo haya podido conservarse en el buen estado que tiene desde los sucesos militares de 26 y 27 de Marzo sobre el Guadiana. No ignora la Junta Popular, que en ciertos momentos puede convenir la fuga, pero es muy extraño, cuando nada debía temerse, como sucedió el 18 de Agosto anterior, en que a la voz de que se acercaban los enemigos huyeron los más. A las dos de la tarde llegó una avanzada francesa de 40 soldados y un Comandante, que entró con 10 de ellos y no encontró autoridad a quien dirigirse por haberse fugado el Corregidor, Alcalde mayor, Regidores, Síndico y Alguaciles: algunos vecinos, viendo el riesgo de la anarquía, compusieron con el Comandante, que no se hiciese daño al vecindario, dándole para ello jamones, vino, pan y cebada”.


(1) Como consecuencia inmediata de la Guerra la escasez y carestía de los artículos de primera necesidad, especialmente del pan, se hizo sentir con gran fuerza en los pueblos y villas de la Orden de Calatrava, de la Mancha y Andalucía; para tratar de su remedio escribió D. Diego López de Padilla al Condestable de Castilla-2 de Agosto de 1521-Archivo de Simancas-Catal. V-número 474-Revista de Arch. Bibliot.-Set. A Dic. 1912.

(2) Gómez Arteche-Tom. 5º p. 238-Id Muñoz Maldonado-Tom. 2º p. 161.

(3) Véase el Apénd. Nº 2.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario