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viernes, 17 de septiembre de 2021

LA PROVINCIA ENTREGÓ UNA BANDERA A LA GUARDIA CIVIL EN 1961

 



Ciudad Real entera se unió a este homenaje, que se celebró el pasado día 16 de agosto, de la entrega de una bandera a la 204 Comandancia de la Guardia Civil.


De Madrid se desplazaron el Excmo. Sr. don Marcelino Crespo, general-jefe de la VI Zona de la Guardia Civil, en representación del Director General; el Ilmo. señor D. Mariano Pelayo, jefe del IV Tercio de la Guardia Civil, al que pertenece la Comandancia de Ciudad Real, lo hizo de Toledo. Así mismo, se hallaba el coronel don Antonio Torres García, que con el Teniente Coronel don Manuel Prieto López, jefe de la 204 Comandancia, constituían los altos jefes del Benemérito Instituto que formaron en la presidencia de los actos.


De Ciudad Real se hallaban presidiendo el Excmo. Sr. Gobernador Civil y jefe provincial del Movimiento; Excelentísimo Sr. Gobernador Militar. Presidente de la Diputación, Alcalde, Coronel de la Zona, Delegado de Información y Turismo. Jefe Nacional de Cooperación, Delegado de Hacienda, Ingeniero Jefe de la Jefatura Agronómica y subjefe provincial del Movimiento. La Diputación, Ayuntamiento y Consejo del Movimiento, en Corporación, y representaciones de las fuerzas armadas y organismos civiles, así como los alcaldes de la provincia que han asistido a los actos del «Día de la Provincia».


En sitio preferente, en el presbiterio, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de las Ordenes Militares.


Las autoridades pasaron revista a la banda del Tercio Móvil de la Guardia Civil y fuerzas que formaban, afectas a la Comandancia de Ciudad Real.




En el Parque de Gasset y frente al estanque de la Primavera se había levantado un artístico altar, bellamente adorna lo con flores naturales y que presidía una imagen de Ntra. Sra. del Pilar, Patrona de la Guardia Civil. Una escuadra de gastadores daba guardia al altar y ayudaron al oficiante en la Misa de campaña, capellán del Regimiento Rvdo. D. Narciso Martín de Almagro, dos guardias civiles. Toda la fuerza vestía el uniforme de gala.


En otro lugar reservado, se hallaban la esposa del Gobernador civil y las esposas de las autoridades civiles y militares con otras ilustres damas.


Terminada la Misa, el Excmo. señor Obispo se revistió de pontifical para proceder a la bendición de la bandera que la provincia regala a la Comandancia de Ciudad Real.


La bandera la portaba el presidente de la Diputación, don Alfonso Izarra, y era madrina de la misma, su hija María Luisa, a la que acompañaban, como damas de honor, Marisa Madrid, hija del alcalde de Valdepeñas, y María del Pilar Ayuso, hija del Vicepresidente de la Diputación e ingeniero jefe de la Jefatura Agronómica, las tres tocadas de la clásica mantilla española.

 

Boletín de Información Municipal número 4, Ciudad Real octubre de 1961



jueves, 16 de septiembre de 2021

UNA BANDERA PARA LA GUARDIA CIVIL

 



En Ciudad Real, como en todas las provincias españolas, surgió, a raíz de los sucesos revolucionarios del pasado octubre, el deseo de manifestar el agradecimiento del pueblo al benemérito instituto, y como cosa inmediata se resolvió adquirir por suscripción pública una bandera, que el jueves último fue solemnemente entregada, presidiendo el señor Gil Robles, actuando de madrina la señorita Antonia Mejía Rodero, hija del presidente de aquella Diputación Provincial, y con asistencia de comisiones y banda de música de los pueblos de Tomelloso, Carrión, Miguelturra, Torralba, Campo de Criptana, etc. El acto se celebró en el Parque de Gasset, donde se habían levantado tribunas para el elemento oficial e invitados. Las fotografías de esta plana reproducen la Tribuna, después del momento de la entrega, y la escuadra infantil de gastadores, del colegio de Valdemoro, que encabezó el desfile, durante el cual hubo entusiásticos aplausos a la Guardia Civil. (Fotos Morales y Díaz Parra)

 

ABC “Blanco y Negro” Madrid 3/11/ 1935




miércoles, 15 de septiembre de 2021

EL GRANDIOSO HOMENAJE A LA GUARDIA CIVIL

 



La Srta. Antonia Megía Rodero, hija del Presidente de la Diputación, actúa de madrina de la Bandera regalada al Benemérito Instituto y adquirida por suscripción popular. Asisten los Sres. Gil Robles, Cabanellas y Diputados a Cortes


Conforme estaba anunciado, el día 24 fue entregada a la Guardia Civil, la bandera que, por suscripción popular, regala la provincia, por iniciativa de don Luis Megia Rubio, Presidente de la Excma. Diputación.


Desde las primeras horas de la mañana, Ciudad Real presentaba un fantástico aspecto. Día de gran solemnidad, que la capital debe a nuestro ilustre paisano señor Megia Rubio. El llamamiento del Presidente de la Diputación halló eco en todos los municipios, y como prueba de patente de adhesión, acudieron a englobar el homenaje que se daba a la institución que ya apuntamos. El Ayuntamiento de Valdepeñas estaba representado en el acto por los señores Ruiz Cejudo, alcalde, y concejales señores Madrid, Rodríguez Ruiz, Galán, Rodero (don juan). Santa maría, y el oficial mayor, en funciones de Secretario, señor Sánchez. También vimos sumados al homenaje a don Manuel Barba e infinidad de amigos particulares del Presidente.


El acto de entrega


Poco después de las once, llegó el Sr. Gil Robles, acompañado del Director de la Guardia Civil, general Cabanellas, y diputados a Cortes señores Mondéjar, Montes, Jiménez Izquierdo, Pérez Madrigal, Maroto Y Morayta. El Ministro de la Guerra, en compañía de éstos, revistó a las fuerzas que, formadas al mando del comandante D. Miguel de la Vega, se hallaban en el Parque de Gasset, lugar elegido para la ceremonia. Terminada la revista, el Ministro y sus acompañantes subieron a la tribuna. Al dirigirse el Sr. Gil Robles a la madrina, para felicitarla, el público aplaude calurosamente a la señorita Antonia Megía.


Seguidamente se procedió a la entrega de la bandera, entre ovaciones ensordecedoras, y hecho el silencio, la señorita Megía pronunció la alocución que aparte reseñamos en este mismo número.


El comandante señor Ibáñez, después de recibir la bandera entre los vivas y aclamaciones del público, contestó emocionado a las palabras, de la madrina, en esta forma:


Señorita: Emocionado recibo de sus delicadas manos la bendita enseña de la Patria, que esta capital y su provincia por suscripción popular ofrenda a estos veteranos hijos de Ahumada, cuya representación de la Comandancia de Ciudad Real está aquí presente.


Recibid, señorita, el testimonio del más profundo agradecimiento que os dan por vuestro generoso gesto, desde el Excmo. Sr. Inspector general hasta el último huerfanito del Colegio nuestro, cuya destacada representación tenemos aquí presente, así como también el eterno reconocimiento por las frases cálidas y vibrantes de elogio a esta Institución. 




Estad segura, señorita, que esta Institución esencialmente benéfica y protectora, protegerá y beneficiara todos sin excepción desde las personas más elevadas del país y de más merecimientos hasta el obrero honrado; este Instituto que desde su existencia gravita dentro de la Ley, protegerá a las personas de orden, más al infractor, al delincuente, al que salga de estos mandatos, para ese, la Guardia civil será un dique insuperable contra sus maquinaciones y una fortaleza inexpugnable a sus desmanes, sin que sus odios y los que como ellos piensan y obran, hagan mella en estas huestes, pues nuestra sabia Castilla con su visión profética en uno de sus artículos le sale al paso diciendo, que la Guardia civil «no será temida sino de los malhechores ni temible sino a los enemigos del orden», tened también, señorita, la seguridad de que la Guardia civil siempre fiel a su deber defenderá esta enseña veneranda que me entregáis, y es el emblema de nuestra Patria que encarna todas sus tradiciones gloriosas en una palabra encierra el honor de España. Para nosotros es más, pues vivimos a su amparo y bajo su amparo moriremos, prometiendo defenderla hasta perder nuestras vidas, como lo hemos hecho en muchas provincias de la nación y principalmente en Asturias hechos que todos guardamos en la memoria. Como Guardias civiles hemos de deciros que por serlo, por entregarla el pueblo del que hemos salido, de este Ciudad Real noble y honrando y de su provincia y entregada por vos señorita que sois la más bella representación de la mujer manchega, os prometemos que seremos fieles y dignos guardadores de ella, significando este color morado como el rojo de ella la sangre vertida por el Ejercito nacional y color que queda después de la sangre vertida por la Guardia civil una vez restañadas las heridas que sufrieron sus hijos.


Prosigue haciendo presente el agradecimiento de la Guardia Civil, a las autoridades, especialmente a D. Luis Megía y Rubio, alma y vida de este homenaje y al pueblo y después de un canto a la Virgen del Prado, termina con los tres vivas de rigor:


¡Viva España! ¡Viva la Republica! ¡Viva Ciudad Real!


Seguidamente bajó el Sr. Ibáñez de la tribuna, y pronunció una brillante y patriótica alocución a la Guardia Civil.


Terminada su oración el teniente abanderado, Sr. Molín, recibió la insignia. y el comandante señor De la Vega ordenó a la voz de mando que las fuerzas hicieran las descargas de rigor, entre una ovación enorme.


E1 Gobernador Sr. Pérez Moya impuso a continuación varias condecoraciones que el Gobierno de la República concede al coronel Sr. Piñal y Capitán de Asalto Sr. Ríos.


Breves palabras del Sr. Gil Robles


Ante la insistencia del público, habla el ministro de la Guerra, destacando la actuación brillantísima de la Guardia Civil, en inteligencia constante con la justicia que anhelan el Gobierno y el pueblo. (Es calurosamente ovacionado).


El Desfile


Acto seguido comenzó el desfile de las fuerzas y público. Al paso de los coches el enorme gentío estacionado en la carrera, ovacionó calurosamente a la madrina a su paso hasta la Diputación, donde se celebraba el banquete oficial.

 

Adelante. Órgano Regional del Partido Agrario Español. Valdepeñas 29 de octubre de 1935



martes, 14 de septiembre de 2021

EL EDIFICIO DE LA COMANDANCIA DE LA GUARDIA CIVIL

 

La Comandancia de la Guardia Civil en 1949 en plena construcción



En la esquina de la calle Pedrera Baja con calle de la Esperanza, nos encontramos el edificio de la Comandancia de la Guardia Civil. Realizado por la Diputación Provincial, en principio iba a ser el cuartel de la Policía Armada, destinándose definitivamente a Cuartel y Comandancia de la Guardia Civil, que hasta mediados de los años cincuenta del pasado siglo, tenia su sede en la calle de la Paloma número 5.

 

Imagen de la construcción del cuartel



El proyecto de construcción fue realizado por el entonces arquitecto provincial, D. Arturo Roldan Palomo en 1944, sobre el terreno de toda una manzana en la calle Pedrera para albergar la actividad de la Policía Armada, posteriormente Guardia Civil, y grupo de viviendas.

 



Terminada la construcción del edificio en 1951, fue cedido a la Guardia Civil en 1952. El edificio es sencillo, con fachada enforcada en color blanco con huecos con formas de arcos de herradura. Aunque la edificación tiene fachadas a las calles Pedrera Alta, Baja y Esperanza, la entrada al edificio se produce por la esquina a la calle Pedrera Baja y Esperanza, presentando una fachada con huecos rectangulares con los recercados de herradura en las zonas de las terrazas de las viviendas. En su interior existen grandes patios.

 



lunes, 13 de septiembre de 2021

IGLESIA DE LA PEDRERA

 

Exterior de la iglesia vista desde la Plaza de Toros. Fotografías de Julián Alonso



En un documento o cuaderno de memorias, conservado en el Archivo parroquial de Nuestra Señora Prado (Merced), vemos una relación o índice de cofradías que albergaba el templo parroquial de Ntra. Señora Santa María (cuaderno que comprende el periodo entre 1598-1604). Entre lo documentado aparece la cofradía de la Virgen de Agosto, ya existente a mediados del S. XVI, la de Ntra. Sra. de los Caballeros, Ntra. Sra. de los Mozos, la de Tejedores y también la cofradía del gremio de zapateros.


Exterior del cruce de las naves



Unos años más tarde, el 13 de marzo de 1633, se juntaron en el coro de la dicha iglesia parroquial, los 13 cofrades de Nuestra Señora de la Pedrera, coincidiendo con el día de la Asunción. De aquí debió salir la nueva cofradía, titulada “Los Esclavos de la Madre de Dios del Prado de Ciudad Real", porqué el libro de actas de la citada cofradía recoge la primera reunión de la misma, precisamente el 13 de marzo de 1633, cuyo libro se prolonga hasta el 2 de julio de 1728. El acta de fundación dice lo que sigue. «...Que puesto que la Iglesia Hospital y Hospitalidad de Nuestra Señora de la Pedrera en muy antigua y vieja y está parte de ella arruinada y entre huertos, eriales y casas caídas e inhabitadas, donde de ordinario se acoge gentes facinerosa y deshonesta, acordamos desampararla y venderla, sí hubiera quien comprara, y si no el despoje del edificio solar, y con lo que rentase y con lo demás que tenía la dicha cofradía, que sería hasta treinta ducados, para cumplir sus memoria antiguas y otras que de nuevo añadían en la iglesia parroquial de Nuestra Señora Santa María del Prado, de dicha ciudad, en cuyo distrito estaba dicho Hospital y donde se habían cumplido las dichas memorias y trasladar la cofradía a dicha iglesia de dicha parroquia, con cargo de que en la dicha iglesia de Nuestra Señora del Prado se cante perpetuamente una Salve y letanía de Nuestra Señora con solemnidad y devoción, todos los sábados del año por la tarde, dos horas antes de la oración, tañendo las campanas para que se junten y lleguen los fieles cristianos y cofrades de dicha cofradía; que se han de nombrar Esclavos de la Madre de Dios del Prado, que en esta Salve han de acompañar a los cofrades con 12 hachas de cera al preste, desde la sacristía al altar mayor, para cuyo objeto cada uno de los cofrades ha de dar en tributo dos maravedís de limosna en cada sábado... «Cinco meses después, el 26 de agosto de 1633, el arzobispo de Toledo autorizaba la venta de las propiedades del antiguo Hospital de la Pedrera. La falta de documentación del origen y fundación del dicho hospital, nos lleva a la conclusión, que debió existir un albergue u hospitalillo en tiempos de la aldea de Pozuelo de D. Gil o en los albores de Villa Real. Nos dice Madoz, que primero fue dedicado a cárcel y luego a hospital. En efecto, el autor Forres Alonso, recogiendo los datos del famoso Diccionario Geográfico de aquel autor, apunta «La antigua iglesia de la Virgen de los Remedios (La Pedrera) de Ciudad Real era una cárcel y un condenado a muerte la pintó tan bien (la Virgen) sobre una pared, que se le perdonó tal pena…» La imagen según los cronistas al ser trasladada a la actual ermita de Los Remedios, levantada en el S. XVII, que todos conocemos hoy notablemente remozada, fue encajonada «por ser pintada en la pared». Señalando otros, que el mural con la imagen fue arrancado de la pared, y se hallaba a la entrada del hospital... se le profesa mucha devoción y las madres al dar a luz le elevan aceite parra la lamparilla y es costumbre tocarla campana... El historiador y cura párroco de San Pedro Apóstol, Díaz Jurado, que permaneció en dicho cargo hasta 1,707, manifestaba en su famoso libro sobre la fundación de Ciudad Real «Singular idea del sabio rey don Alonso.. diciendo «el Hospital de la Pedrera y su capilla, bajo la advocación de Ntra. Sra. de los Remedios, fue levantada al principio de la población, es decir, cuando Alfonso el Sabio fundó Villa Real, en 1255». Sin embargo, tenemos un interesante dato acerca de esta ermita, muy amplia, por cierto, pues constaba de tres naves, donde se la llama Santa María de la Pedrera, que en 1438 fray Sancho Sánchez de Ávila, comendador de Benavente y Almadén, al hacer donación de unas casas suyas y otros enseres al convento de Calatrava, puso determinadas condiciones que si no se cumplían, revocarían la donación y pasarían dichos bienes al cabildo de los onmes buenos de la cofradía de Santa María de la Pedrera, de la cual él era cofrade. Así lo afirma Villegas Díaz en su obra Ciudad Real en la Edad Media. (AHN, Calatrava, carp. 467)


Nave central



¿Pero cuál es el origen de la advocación de la Pedrera? Nosotros creemos, sin datos fiables que lo sustenten, que la iglesia del Hospital de los Remedios llegó a conocerse popularmente por la Pedrera, simplemente, por hallarse junto a una cantera o pedrera, que, efectivamente allí se encontraba aun muchos años después con el nombre de «cantera de Patazas» en la calle de La Pedrera Un craso similar fue aplicado a las llamadas «monjas terreras», sólo por estar próximas a las tristemente conocidas laguna de «Los Terreros». Joseph Díaz Jurado (S. VII) prosigue afirmando «que la espaciosa y agraciada ermita de Nuestra Señora de los Remedios, muy venerada por los vecinos de esta ciudad fue antiguamente hospital que llamaron de La Pedrera, siendo ignorado su primitiva fundación, y en sus ruinas se manifestó un milagro, al quedar sepultado un niño, por venirse abajo toda la fábrica del edificio, resultando finalmente ileso.

Por la década de los cuarenta del siglo pasado (1949), nos contaba Emilio Bemabeu: «...Visitamos detenidamente el molino de aceite, propiedad de la viuda de Barbería, hoy de Ramón Fontes, donde estuvo la iglesia de la Pedrera, conservándose en la actualidad toda la edificación casi completa, especialmente sus tres naves...»

Por fortuna, podemos comprobar a través de unas fotos, toda la fábrica de aquella iglesia-prisión-hospital de los primitivos tiempos de Ciudad Real. Sebastián de Almenara, al mencionar el Santo Hospital de la Pedrera, en su «Compendio Histórico de Ciudad Real» dice: «su destrucción (que no fue tal, sino sólo abandono y venta) por el año 1640, dio lugar a otra iglesia que fue fundada por la piedad de las devotas de la Virgen, llamándola Los Remedios. Esta es, pues, la historia de un edificio religioso de los más antiguos de nuestra ciudad, que abandonado en el primer tercio del S. XVII, desapareció tres siglos más tarde convertido en molino de aceite.

 

Arco de ingreso a la nave de la epístola



Sin embargo, añadiré, que en Toledo fue venerada una imagen con el título del Remedio, donada en el S. XII, por Sancho III de Castilla a San Raimundo de Fitero, que fundó la Orden de Calatrava. Después del Medievo la palabra «remedio» conservó el sentido de «rescate»; lo cual hace alusión directa a presidio, pero también el título del «remedio» evidencia una alusión directa a «salud, «medicina», «alivio» etcétera. Con estas significaciones se estaría aludiendo también a «hospital, «auxilio», o «refugio».

¿Cuál de las tres funciones de cárcel, hospital o iglesia desarrolló el extinto edificio de la iglesia de la Pedrera en nuestra ciudad? ¿O fueron las tres a un mismo tiempo, o en periodos diversos?

La fotografía panorámica, con la silueta de la Catedral al fondo, tomada desde la plaza de toros, levantada en 1844, creemos corresponde a primeros del S. XX, pero, en un plano municipal de nuestra ciudad correspondiente al año 1925, figuraba como propietario el conde de la Cañada. En la foto, Vemos las tres naves de la iglesia, encerradas en un solar mutado; convertido ya en molino de aceite y con fachadas a las calles Pedrera Alta y Espino. Las otras dos vistas pertenecen al interior mostrándonos las naves, el solado primitivo y los esbeltos arcos apuntados. ¡Una lástima la pérdida de esta valiosa reliquia de nuestro pasado, aunque fuera por su valor histórico y no monumental!

 

José Golderos Vicario. La Tribuna de Ciudad Real, 14 de agosto de 2004, extra de ferias


Nave de la epístola


domingo, 12 de septiembre de 2021

CALLE PEDRERA BAJA

 

Vista de la calle Pedrera desde la calle Espino en 1971, cuando aún no había hecho acto de presencia la piqueta. Fotografía Herrera Piña



La calle Pedrera Baja, es una calle que nace en la Plaza del Carmen y muere a su llegada a la Puerta de Toledo. Se desconoce el motivo de su nombre, aunque todo apunta que pudiera ser, porque antiguamente existió en ella una cantera de piedra o pedrera que le dio el nombre a la calle.

Por el año de 1633, ocupaba en la calle de Pedrera Baja un caserón antiguo el Hospital de la Pedrera, lugar que entraba en el turno de las iglesias que eran visitadas durante las procesiones de Semana Santa y Letanías Menores. Su estado ruinoso y sobre todo, el encontrarse en zona no urbanizada lejos del centro de la población, y donde acampaban solamente vagabundos y gente de mal vivir, fueron motivo para que la Cofradía de Nuestra Señora de la Pedrera pensase en su venta. La autorización para llevar a cabo aquel proyecto de realización estuvo sujeto a no pocas deliberaciones, hasta que al fin fue autorizado por el Cardenal Infante Arzobispo de Toledo, el 26 de julio de 1634, y pasando su importe de venta a engrosar los fondos de la Cofradía de Nuestra Señora del Prado.

La demolición del hospital se llevó a cabo, conservándose de él solamente la imagen de Nuestra Señora de los Remedios que era muy venerada, por lo que fue trasladada a una capillita construida próxima al hospital, con las limosnas de sus numerosos devotos. La Circunstancia de que la imagen se hallase esculpida en la pared obligó a que los operarios encargados del traslado, para no deteriorarla construyesen un cajón de madera del tamaño de la imagen y en el cual introdujeron el bloque de pared junto con la imagen, saliendo esta ilesa de tan arriesgada operación”. (Prudencio Herrero Vior. (Cuaderno del Instituto de Estudios Manchegos. Primera Época nº 4)

La calle no llegó a estar totalmente urbanizada, hasta mediados del siglo XX, ya que solo existían viviendas hasta la confluencia de la calle con la del Espino, el resto de la calle hasta la Puerta de Toledo, eran huertos de labor. Las viviendas que siempre hubo en la misma, eran de arquitectura tradicional, sin que existiera ninguna que resaltará. A finales de los años cuarenta del pasado siglo, se construyó el Cuartel de la Guardia Civil, en la confluencia de la calle con la de la Esperanza.

La calle siempre se llamó Pedrera Baja, salvo en dos ocasiones. La primera durante la II Republica Española, que fue rotulada con el nombre de Nicolás Salmerón, político y filósofo español que ocupó en 1873, durante mes y medio, la presidencia de la Primera República Española. Al terminar la Guerra Civil, esta calle recuperó el nombre de Pedrera Baja. El segundo cambio se produjo el 21 de septiembre de 1967, cuando recibió el nombre de Capitán Cortés, en recuerdo a los guardias civiles que resistieron durante la Guerra Civil en el Santuario de la Virgen de la Cabeza. El 29 de diciembre de 1982 la calle se volvió a rotular con su primitivo nombre de Pedrera Baja. 


La misma vista de la calle Pedrera veinte años más tarde en 1991. Fotografía Antonio López González de la Higuera


sábado, 11 de septiembre de 2021

PEPEA

 



Dejó dicho San Pablo que la vida es una carrera en un estadio, en donde se sufre y se lucha por conseguir la meta que es el resultado final, la corona de gloria que nos hace olvidar las dificultades de la competición. Y no le faltan razón al santo, pues que sufrimos y luchamos por llegar a la meta.

Hace unos días se nos fue para siempre Pepea, que tanto sabía de sacrificio y lucha y meta. Porque desde muy joven, apenas un niño, se curtió con la bicicleta en estadios y carreteras. Es Cierto que no llegó a ser una gloria nacional, pero no fue por carecer de facultades que las tenía en grado suficiente. El hombre, como decía Ortega, se ve envuelto en sus circunstancias que le hacen ser lo que es.

Sin embargo Pepea ha sido nuestro mejor ciclista local, con un nombre en la provincia que hizo saltar a otras, como al Levante español donde era conocido y temido sobre la bicicleta, o aquella vuelta a Jaén que la ganó, si no recuerdo mal, en dos ocasiones; así como sus escarceos por Andalucía, siempre con las mieles del triunfo. Por los años cuarenta y cincuenta nos deleitó con su inigualable estilo y velocidad en aquellas competiciones en el circuito de la Ronda, donde podía observarse perfectamente y con todo detalle el acontecimiento ciclista sin perderse un detalle. Y era de admirar la endiablada velocidad de Pepea en las distancias cortas, en las disputas por las llegadas, así como subiendo. 




Dada su pequeña estatura y el poco peso que tenía, era un escalador nato donde pocos le igualaban.

En fin, si no llegó a más fue por las circunstancias, pero ahí está su nombre como figura indiscutible en Ciudad Real y en su provincia en aquellos años de posguerra cuando tan difícil era, incluso, sobrevivir.

Pepea consiguió todo esto sin ayuda de nadie, con tesón, sacrificio y vocación., Pues dos fueron sus vocaciones: el ciclismo y su absoluto mancheguismo, como lo demuestra que, tras varios años trabajando en Zaragoza, no dudó en cuanto pudo volverse a su tierra, donde se abrió camino siempre con la bicicleta ahora construyéndolas, pues hasta llegó a tener una marca, conocida incluso en el extranjero.

Pepea se nos ha ido y yo creo y espero que, después de luchar por la vida en el estadio del mundo, Dios le haya dado la corona del triunfo, porque, como ya dije en otra ocasión, Dios sabe lo que hace.

 

Francisco Mena Cantero, diario “Lanza” sábado 30 de noviembre de 1996