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sábado, 10 de febrero de 2024

EL VOTO A SAN ROQUE (XII)

 



Uno de los santos más venerados de la historia ha sido San Roque, que fue durante siglos el protector de gentes y ciudades contra la peste. La hagiografía al uso cuenta que, habiendo nacido en Montpelier (actual Francia) hacia el año 1295, mientras que otras versiones lo trasladan al siglo XIV, entre los años 1348 y 1350.  Al morir sus padres, entregó toda su fortuna a los pobres y se encaminó a Roma atendiendo por el camino a aquellos que hubiesen tenido la desgracia de ser atacados por la peste. A su regreso hacia Montpelier se dio cuenta de que había contraído la enfermedad y se retiró a un bosque donde fue atendido por un ángel y por un perro de un noble caballero que todos los días le llevaba un pan. El noble, intrigado por el comportamiento de su perro lo siguió y encontró al santo. Una vez recuperado de la peste, volvió a su casa donde nadie le reconoció y murió encarcelado tras haber sido acusado de ser espía. Junto a su cuerpo se dice se encontró una tablilla en la que estaban escritas estas palabras: Los que tocados de la peste invocarán a mi siervo Roque, se librarán por su intercesión de esta cruel enfermedad. Tras su muerte San Roque se convirtió en el Patrón de los peregrinos, de los contagiados por epidemias, de los enfermeros, de los falsamente acusados, San Roque se representa siempre junto a su fiel perro, y se recuerdan su vida y su milagro el 16 de agosto. Su devoción se extendió muy rápidamente a partir del siglo XV.

Con la llegada de la peste a España y cuando está visitó Ciudad Real, su vecindario y Concejo se acordó de San Roque, realizando voto particular en su festividad del 16 de agosto. En el siglo XVI ya debería ser una de las grandes devociones de los ciudarrealeños, ya que su imagen se encuentra pintada en una “Ejecutoria librada a petición del Concejo, Justicia y Regimiento de Ciudad Real, por el Presidente y Oidores de la Cancillería de Granada, por mandamiento de Felipe II el 20 de junio de 1562”, donde se recogen las grandes devociones de los ciudarrealeños en aquellos tiempos, y que se conserva en el Archivo Histórico Nacional.


San Roque en la Ejecutoria librada a petición del Consejo de Ciudad Real de 1562



El cumplimiento del Voto a San Roque se efectuaba en la Parroquia de Santa María del Prado, donde existía una cofradía que le daba culto, y que está documentada tenía vida en los siglos XVI y XVII. A parte del cumplimiento del Voto religioso con procesión con la imagen del santo, la llegada de su festividad tenía también una parte pagana con funciones de toros, donde el Concejo invertía grandes cantidades de dinero.

Las corridas de toros se realizaban en Ciudad Real en la Plaza Mayor, ya que no fue hasta el siglo XIX cuando se construyó la plaza de toros capitalina. En los libros de actas del Concejo de Ciudad Real del siglo XVII, conservados en el Archivo Histórico Municipal, aparecen numerosas referencias a “fiesta de toros de Sr. S. Roque”, existiendo también en este archivo una carta del 23 de agosto de 1690, sobre la fiesta de toros que se celebra con motivo del Voto de San Roque. En este archivo también se encuentra documentación de un incidente entre el Corregidor de Ciudad Real y el Vicario de nuestra ciudad, durante la corrida de toros del día de San Roque del año 1659 y que acabo en la Real Chancillería de Granada (http://elsayon.blogspot.com/search?q=incidente+1660).

Durante el siglo XVIII se seguía celebrando el Voto a San Roque, y en los libros propios del Concejo de Ciudad Real de este siglo, figura que en el año 1766 se destinaban 100 reales para cumplir este Voto, por lo que tuvo que ser durante el siglo XIX cuando desapareciera el Voto a este santo, absorbido por la festividad de la Virgen del Prado y la Feria y Fiestas en su honor.

 

Mediorelieve de San Roque en el retablo de la catedral ciudarrealeña


sábado, 5 de abril de 2014

PEQUEÑO INCIDENTE EN LA CUARESMA DE 1660


Interior de la Parroquia de San Pedro a principios del siglo XX, lugar donde se produjeron los incidentes en la Cuaresma de 1660

El Ayuntamiento de Ciudad Real disfrutaba de tiempo inmemorial de una Ejecutoria –decían- que permitía colocar sillas en las Capillas Mayores de las Iglesias de esta ciudad para asistir a los Oficios Divinos.

En la Cuaresma de 1660, todo cambió. En un expediente que se conserva en el Archivo, se dice que el día 18 de febrero, miércoles de Cuaresma, el Corregidor fue informado de que el Vicario, al visitar la Iglesia de San Pedro, preguntó para quién eran aquellas sillas que estaban colocadas en la Capilla Mayor. Se le contestó que para el Corregidor y regidores que asistirían al Sermón. Inmediatamente ordenó “que se quitaran las sillas y se bajasen al cuerpo de la Iglesia”, como en efecto así se hizo.

El Corregidor no asistió al Sermón, no quiso renunciar a sus derechos, y empezó el pleito de rigor, a que tan aficionados eran nuestros antepasados durante los siglos XVI y XVII ¿Qué motivos impulsaron al Vicario a tomar tal decisión? No hemos encontrado razón positiva alguna; pero al registrar otro expediente, en el mismo Archivo Municipal, su título nos hizo sonreir, y creo que en él está la clave, no de la razón o motivo de la decisión anterior sino de la “sin-razón de las debilidades humanas”.

Me refiero a la documentación que han registrado ya algunos historiadores de Ciudad Real como nota pintoresca. D. Inocente Hervás habla de ello en su Diccionario. Se trata de la “Relación de los hechos acaecidos en el año 1659 entre el Vicario de Ciudad Real y el Corregidor, con motivo de haber colocado en uno de los balcones de la Plaza, el Vicario, una silla con una almohada de terciopelo carmesí, y otra (almohada), en la baranda, en forma de sitial, para ver una corrida de toros. El Corregidor la quitó, y otros la sacaron violentamente e hicieron resistencia al Corregidor, afirmando éste que sólo persona Real o representación de ella podía usarla.

No tenemos noticia de cómo se desenvolvió la corrida. Por las declaraciones de los testigos vemos que los ánimos debían de estar muy alterados. Se envió testimonio de lo acaecido a la Real Chancillería de Granada, y del año 1660 es una Real Provisión “para que la función de toros en la festividad de San Roque se lleve a debido efecto sin que el Vicario coloque su sitial en el lado preferible, que pertenece al Corregidor”.

El protocolo de la Semana Santa del año que venimos comentando debió variar. Las sillas no se colocaron en las Capillas Mayores ¡qué incómodo resultó para muchos no disfrutar de un sitio privilegiado! ¡Las damas sin sus estrados! ¡Y qué violencia para todos los que intervinieron en los pleitos enviados a la Real Chancilleria de Granada!

En el año 1963, cuando Ciudad Real se dispone a conmemorar una vez más el drama Divino, con el mayor recogimiento, con el entusiasmo de las Cofradías, nos hace sonreír estas discusiones, que hoy nos parecen, con el enfoque del tiempo, tan nimias, pero que en la Semana Santa de 1660 apasionó, causó tristeza, y también divirtió a muchos ciudadrealeños, que a la salida de los Oficios Divinos comentarían con calor las incidencias que hemos relatado y que prosiguieron hasta el año 1666.

Isabel Pérez Valera,
(Revista “La Pasión” Semana Santa en Ciudad Real 1963)

Antiguo Ayuntamiento de Ciudad Real en el siglo XVII, actual carrillón en nuestra Plaza Mayor