“En tal estado, y una vez nombraron Corregidor al abogado D. Alfonso Pastor, individuos de la Junta de gobierno a los Curas de las tres Parroquias, al beneficiado D. Esteban Sánchez, al Prior de Santo Domingo, a los abogados D. Raimundo Qyurós y D. Antonio Buro, a D. Manuel García y D. Ángel Enríquez; por alguaciles mayores a D. ventura Carrión y D. José Rarrasa y por Fiel de Fechos a D. Vicente Salcedo. En seguida se decretó un segundo cabildo, y en él, el nuevo Corregidor enteró a todos de lo ejecutado y en este acto todos mostraron el mayor entusiasmo y patriotismo y particularmente el teniente de la parroquia de Santiago D. esteban Sánchez León, que fue el que salió a hablar con el Comandante. Se acordó aumentar el número de vocales y fueron nombrados los presbíteros D. Juan Sobrino, D. Juan Palacios y D. José Savariegos y por Procurador del Común a D. Juan de Plaza”.
“En este estado, la Junta
Popular, persuadida, de que será cruel, que vuelvan a la ciudad los que
abandonaron sus cargos y deber, cuando más se necesitaba, pide a S. M. haga la
declaración conveniente, de que merecieron bien de la patria, los que aceptaron
el cargo de gobernar al pueblo en tan críticas circunstancias”
(1)
Siguen dos R.O. remitiendo el Extracto anterior a la Secretaria de Gracia y Justicia
y dando de ella conocimiento a la Junta de Ciudad-Real sobre la creación de la
Popular”(2).
La decisión oficial no
consta, pero los hechos vinieron prontamente a demostrar, que la petición de la
Junta Popular había sido desatendida, en cuanto que, al regreso del regidor perpetuo
más antiguo D. José Torres tomó el nombre de Corregidor; ingresando los demás,
a medida que regresaban de su voluntario destierro. Repetidas veces ofreció el
jefe militar la seguridad en sus bienes y personas e invitó al regreso a sus
hogares bajo las penas de confiscación de sus bienes, especialmente al
comercio, pero con muy escaso resultado. Además, hizo nombrar una comisión
nutrida de los tres estados, llano, nobleza y clero bajo la presidencia del
Párroco de San Pedro, para ir a Madrid a prestar el juramento de fidelidad a
José Bonaparte, la que eludió el compromiso, por lo que el General en Jefe, la
acriminó de sospechosa. La jura general se hizo en la iglesia de Santa María
del Prado.
Para la organización
administrativa se constituyó la Provincia de La Mancha con su capital en
Ciudad-real a cargo de un Intendente, siendo nombrado el abogado D. Ignacio
Pérez, reemplazado al poco tiempo por don Florentino Saráchaga e Izquierdo -3
de Mayo.- Intentó éste, la formación de un cuerpo de policía de 50 hombres,
para seguridad de la ciudad, pero sin resultado. También se constituyó el
Partido de Ciudad-Real, bajo la presidencia del Corregidor, compuesto de los
pueblos Fernancaballero, Malagón, Fuente el Fresno, Villarrubia, Porzuna, Picón
y Villar del Pozo.
La demanda constante de
dinero y efectos para el sostenimiento del Cuerpo de Ejército y de la
guarnición con los atropellos y violencias consiguientes para sus exacción y
conducción, hacían llover sobre el vecindario calamidades sin cuento. Al
agotarse las existencias del país aquéllas arreciaron. El General en Jefe dio un
decreto sobre la salvaguardia y custodia del soldado francés, corriendo a cargo
de los pueblos y haciendo a éstos responsables de las muertes, que en su
término ocurrían. La muerte de uno en la Fuente, hízola víctima de atroz
castigo, el cual, aunque no especifica, consistiría en el saqueo e incendio de
sus casas, que eran las penas marcadas en la circular. Daimiel y Ciudad-real
viéronse libres de los tropas francesas el día 9 de Mayo, hallándose el General
en jefe con el Cuartel general dos días después -el 11- en Solana.
En la GUERRA CIVIL que le
siguió no sólo mantiene Ciudad-Real los fuertes levantados en el período de la
de la Independencia, sino que gasta sumas respetables en la reedificación de
las murallas, reconstruye los rastrillos o puertas levadizas de las Puertas,
fortifica las torres de Santa María y de San Pedro, estableciendo en ella
guardia permanente, amplía y arma con dos cañones el fuerte de Hospicio o
Cuartel de la Misericordia y manda asimismo cantidades a los pueblos de
Ballesteros, Fuente el Fresno, etc., para la reparación de sus fortificaciones.
Dos compañías, una de milicianos y otra de tropa de línea constituyeron de
ordinario su guarnición. La facción dominaba libremente en el campo. En la noche
del siete de Agosto de 1837 los partidarios de D. Carlos aportillaron el tambor
número 14, llevándose varios caballos de la guarnición y el 27 de mayo del año
siguiente Palillos se presentó delante de sus murallas con sus fuerzas, intentando
su paso sin resultado alguno, por lo que se retiró a Miguelturra sin más
pérdida, que la de algún trabajador del pueblo, a los que obligó a trabajar en
el derribo de la murallas.
En primero de Septiembre
de este mismo año D. Ramón María Narvaez, General en Jefe del Ejército de
Reserva, llegó a esta ciudad. Se organizaron grandes festejos, pólvora, iluminaciones,
regocijos populares; habilitándose el convento de la Merced para dar en su
obsequio un refresco, baile y recepción oficial. Entre varios justificantes de
los gastos hechos con tal motivo hallamos el siguiente: “De palos y vanquetas
que se han colocado a la dha de la Puerta de Granada para asentar los reos que
han de fusilar”, lo firma el carpintero Antonio Delgado. Las grandes fiestas
fueron indudablemente empañadas por esta nota triste. El historiador D. Antonio
Pirala, que halló tan fácil como justificación mentida a los fusilamientos de
la Calzada, porque ocasión se le presentaba de injuriar la buena y respetable
memoria de un santo Sacerdote, dice por toda noticia y explicación de estos
tristes acontecimientos: “Pacificado el campo de Calatrava por los ejemplares y
prontos castigos verificados en carlistas y encubridores de ellos, empleándose
no poco rigor y prescindiendo muchas veces de las fórmulas legales”.(2)
(1) Docum.
218-Sevilla-23-Sept.-1809-
(2) historia de la
Guerra Civil -To. 3º -pág.112.


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