Orduña (Vizcaya) 1828 - Ciudad Real 1896.
Empresario, político.
Nace en Orduña (Vizcaya) en diciembre de 1828 y muere en Ciudad Real el 13 de noviembre de 1896. Hijo de Francisca Arberas Landaburu y Manuel Dionisio de Barrenengoa Jauregui. Dámaso se queda huérfano de padre posiblemente por las guerras carlistas y aproximadamente llega a Ciudad Real en 1854, teniendo en 1856 construida su fábrica de chocolates en la calle Calatrava número 7. Se casa con María Pérez Casado el 13 de abril de 1862, la cual era tía de Miguel, José, Lorenzo, Ángel y Soledad Pérez Molina. El matrimonio no tendrá hijos por lo cual toda su fortuna y propiedades pasarán a sus sobrinos cuando fallece su mujer.
Era una persona emprendedora, generosa,
honrada, trabajadora y con grandes miras en el futuro de la ciudad y de su
empresa. En 1856 inaugura la fábrica de chocolates y cafés y pronto comienza a
obtener los primeros reconocimientos a la calidad. La Junta de Agricultura le
otorga un premio al mérito en la Exposición de 1858. Su tesón y continuo
esfuerzo por mejorar y obtener uno de los mejores chocolates del mundo darán su
fruto en poco tiempo, obteniendo en la Exposición Universal de Londres de 1862
un premio, en la de París de 1867 otro premio y rematando en la de Viena de
1873. Su fama llegó hasta las casas reales de España y Reino Unido, de las
cuales será proveedor. Son numerosas las distinciones y premios que obtiene
en diferentes exposiciones, entre ellas destacamos la exposición
franco-española de 1864 celebrada en Bayona obtendría una medalla de plata, la
exposición internacional de Oporto de 1865,
la de Madrid de 1871, las exposiciones universales celebradas en Barcelona en 1888 y la de París
en 1889.
La primera fábrica la pone en marcha en la
calle Calatrava de Ciudad Real, que luego trasladará su sobrino José Pérez
Molina a principios del siglo XX al barrio de Los Ángeles, popularmente llamado
el barrio del chocolate. En la actualidad sigue la fábrica de cafés, en otro
barrio, pero gozando de gran prestigio por su calidad.
Barrenengoa era un empresario inquieto, siempre emprendiendo, quizás el mayor industrial de la provincia. No tenemos que olvidar que en la provincia de Ciudad Real los poseedores de capitales no invertían en industria. Una provincia tradicionalista, donde el caciquismo, analfabetismo, los latifundios, la agricultura de subsistencia, el vivir de las rentas, la explotación, el cólera, la filoxera, la langosta y las guerras carlistas dominaban el panorama económico y social.
El industrial vasco siempre estaba
pensando en el progreso de la ciudad y por ello fundará la Fábrica del Gas el 6
de septiembre de 1875 siendo su presidente, formando parte de la Junta
Directiva Juan Obón, Diego Sanz, Domingo López-Salazar, José Ruiz de León y
Vicente Hernández. Gracias a esta iniciativa empezó a tener iluminación pública
la capital.
Un hombre con proyecto de futuro y de progreso sabía que si la población se instruía y mejoraba su economía podría consumir más y habría un proceso de mejora social y económica. Por ello promovió grandes construcciones en la ciudad, como el palacete que llevará su nombre, el edificio de la futura Academia General de Enseñanza, la casa y fábrica de la calle Calatrava, dando trabajo a muchos obreros de la ciudad. El Palacete de Barrenengoa sito en la plaza del Pilar actual, lo hizo el arquitecto Sebastián Rebollar y decoró sus techos Ángel Andrade. Su proyecto comenzó el 20 de abril de 1885 y lo inaugura en 1892. Dicho palacete fue derribado en 1961 para construir sobre su solar un edificio de seis plantas.
El 5 de mayo de 1873 solicita hacer una
casa de la calle Caballeros nº1 dando fachada también a calle Prado. Esta casa
será la sede de la Diputación Provincial desde el 20 de octubre de 1880 hasta
el 31 de diciembre de 1892. El edificio fue obra del arquitecto Sebastián
Rebollar y la construcción corrió a cargo de su cuñado José Pérez Casado. La
heredó Miguel Pérez Molina y en ella fundó en 1895 la Academia General de
Enseñanza. El mismo arquitecto hizo su mausoleo en el cementerio por encargo de
su mujer, asimismo es digno de ver por su ornamentación y estilo. También tuvo
una casa de campo muy sencilla para sus días de recreo y descanso en La
Poblachuela llamada Villa María en honor a su mujer.
Francisco Rivas Moreno en su libro Los grandes hombres de mi patria chica dice de Barrenengoa: “Todas las iniciativas oficiales y particulares que tenían por finalidad buscar un alivio para las calamidades públicas contaban con la cooperación eficaz y generosa del afamado industrial”. Así tenemos su aportación de los primeros cien escudos para que se iniciasen las obras para cegar Los Terreros, que eran una fuente de contagios e infecciones para la población de Ciudad Real. También sabemos de sus importantes aportaciones económicas a la extinción de las sucesivas plagas de langosta que asolaban las cosechas de los agricultores, a pesar de no tener tierras de cultivo, contribuyó con 3.000 escudos en la plaga de 1870.
En los momentos de necesidad de la
población, Barrenengoa salía siempre al frente a colaborar con las autoridades
y con la gente necesitada, así sucedió en la crisis de subsistencias de
1867-1868, contribuyendo con lotes de arroz y bacalao el Jueves y el Viernes
Santo.
Estas aportaciones eran frecuentes por parte de Barrenengoa, así tenemos que en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real de 13 de abril de 1874 se anuncia por parte del alcalde de la capital: “El Sr. D. Dámaso de Barrenengoa ha puesto a disposición del ilustre Ayuntamiento de mi presidencia la cantidad de 100 pesetas con destino a la extinción de la langosta, no en el concepto de anticipo reintegrable, sino en el donativo voluntario. Este rasgo de generosidad es digno de aplauso, y el Municipio ha dispuesto se haga público por medio del BOLETÍN de la provincia, para que conocidos los sentimientos del Sr. Barrenengoa en pro del vecindario, puedan servir de estímulo a los que se hallen en disposición de secundarlos”.
Barrenengoa fue industrial y político. A
esta última faceta nos vamos a referir a continuación. Sus cargos fueron
concejal de la capital y diputado nacional. Rivas Moreno dice al respecto:
“Llamarse en aquella época republicano en una provincia donde los elementos
tradicionalistas tenían tan profundas raíces era un acto de verdadera
abnegación política”. Comenzó de concejal en 1863 por un bienio, aunque luego
ejerció el cargo durante otros periodos de tiempo. Entre sus intervenciones
caben destacar el socorro que presta a los pobres de solemnidad, jornaleros,
viudas y huérfanos y por ello se le da las gracias en el pleno del Ayuntamiento
el 5 de abril de 1868.
Un hombre que siempre buscó el progreso de la ciudad, propone el 27 de marzo de 1869 que el Ayuntamiento ofrezca a la compañía de ferrocarriles facilidades para que establezca en la capital sus talleres y oficinas e insta a que se les envíe a los diputados nacionales un informe para que hagan las gestiones oportunas en Madrid. Otra de sus iniciativas fue una proposición para que el Ayuntamiento ofrezca al ejército la instalación en el Cuartel de las Tahonas un Depósito de Sementales, en 1870, con la idea de asentar una población militar permanente en la ciudad, para ello ofrece anticipar 600 escudos para acondicionar las instalaciones.
En la sesión municipal del 3 de julio de
1879 propone que la feria se cambie al 8 de septiembre ya que en esa fecha se
han terminado todas las labores agrícolas y así pueden venir a ella gente de
toda la provincia, también propone construir una plaza de Abastos y como
urgente indica que es completamente necesario traer el agua potable a la
ciudad. Sus propuestas no se harán hasta pasados muchos años. Su sobrino Miguel
Pérez Molina traerá las aguas potables cuando llegó a la alcaldía en 1912.
Otra de sus aportaciones en defensa de las clases más humildes fue en la sesión municipal de 29 de abril de 1880 en la cual sale en defensa de los maestros auxiliares, indicando que se les debe pagar el alquiler de la casa-habitación, aunque no tengan derecho, puesto que tienen sueldos muy reducidos y apenas pueden atender sus primeras necesidades.
El 24 de septiembre de 1865 inaugura su
casa en la calle Calatrava y se hace la primera reunión del Comité Democrático
Provincial en un teatro de la capital. Barrenengoa fue un demócrata y
republicano convencido y gran defensor de este sistema de gobierno. Emilio
Castelar fue un gran amigo suyo y con el que tuvo una gran relación política
durante muchos años. Mantuvieron un estrecho contacto y una gran
correspondencia. Subastas Durán subastó el 12 de julio de 2001 la
correspondencia epistolar mantenida entre ellos durante veinte años. El
conjunto ofertado estaba compuesto por 109 cartas y una tarjeta postal, la
mayoría escritas entre 1877 y 1896. El contenido de dichas cartas era de
carácter personal y político, en ellas queda manifestado que enviaba a Castelar
grandes sumas de dinero destinadas a actividades políticas y periodísticas.
Este lote fue adjudicado en dos millones de pesetas a la Dirección General del
Libro, Archivos y Bibliotecas del Estado. Además de Castelar, mantuvo una
intensa correspondencia con Miguel Morayta y el periódico El Globo, al cual
ayudaba económicamente con cantidades significativas de dinero.
Al retirarse de la política Emilio Castelar recomienda que ingresen en el partido liberal monárquico, pero los republicanos históricos, entre ellos Barrenengoa, se reorganizan y no aceptan ese consejo y constituyen el partido republicano histórico posibilista en 1874. A nivel local formaban parte del mismo, entre otros, D. Maximiliano Regil y D. Jerónimo López-Salazar.
En 1869 era el presidente del Comité
Republicano de Ciudad Real y firmó el Pacto Federal Castellano en
representación de la provincia. Se presentaría a las elecciones al Congreso de
Diputados el 10 de mayo de 1873, apoyado por el Comité Republicano Federal,
saliendo elegido por abrumadora mayoría. De un total de 4645 votantes obtuvo
3979 votos. Estuvo de diputado hasta el 8 de enero de 1874. Toda su vida estuvo
convencido de sus ideas republicanas y en la Asamblea del Partido Republicano
Histórico del 26 de marzo de 1894 formó parte de la Junta Directiva. Siempre
defendió la unidad nacional dentro de un sistema republicano federal.
El periódico La Discusión publica el 30 de abril de 1873 una carta dirigida por Barrenengoa para pedir el voto a su candidatura de la cual extraemos el siguiente párrafo explicativo “Demócrata de toda mi vida, hoy soy soldado de la República en sentido federal, y entiéndase que la República federal, lejos de ocasionar la disgregación de nuestra querida patria, tiende a unir más y más a los pueblos que la forman, y si así no fuere, jamás el voto del candidato propuesto por este distrito estaría al lado de los representantes que otra cosa desearan”.
Francisco Pérez Fernández en un artículo
publicado en 1966 en el Boletín de Información Municipal comenta: “La verdad es
que no fueron todo satisfacciones y felicidades en la vida pródiga de don
Damaso de Barrenengoa. También – ¿cómo no? – sufrió amarguras y difamaciones,
envidias, críticas, malquerencias, resquemores y bellaquerías”.
Las mayores críticas las recibió del tradicionalismo, de los grandes latifundistas y de la burguesía rentista de la capital. Su condición de republicano convencido y de empresario con talento, trabajador, honrado, solidario y que llegó a tener más capital y mejor casa que ellos, no se lo perdonaron.
En el pleno municipal de 5 de diciembre de 1932 pusieron la calle Granada con su nombre, pero pasada la Guerra Civil volvieron a cambiarla. Algo se merece este hombre en Ciudad Real con tanto que invirtió en ella y tanto trabajo dio a la clase trabajadora, quizás algún día vuelva a tener una calle con su nombre.
Hasta su muerte mantuvo su actividad
política y el 13 de noviembre de 1896 fallece debido a una neumonía catarral.
En la memoria quedan sus hechos, su amor por esta tierra y el actual tostadero
y tienda de Cafés Barrenengoa que tanto prestigio tiene en la provincia y que
se mantiene después de más de un siglo y medio.
Bibliografía:
Rafael Villena Espinosa, El Sexenio
Democrático en la España Rural. Ciudad Real (1868-1874), Ciudad Real,
Diputación Provincial de Ciudad Real, 2005.
Francisco Rivas Moreno, Los grandes
hombres de mi patria chica. El Escorial, Imprenta Monasterio del Escorial,
1925.
Vicente Gasch Muñoz, Dámaso Barrenengoa:
agiotista y político (1828-1896). Trabajo fin de Master, 2023-24. Dirigido por
el Dr. Juan Antonio Inarejos Muñoz. UCLM.
Entrevista y documentación aportada por los descendientes de Dámaso de Barrenengoa en Ciudad Real, familia Pérez García.
Fuente: https://diccionariobiograficodecastillalamancha.es/biografias/damaso-de-barrenengoa-arberas/












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