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sábado, 17 de enero de 2026

LA FIESTA DE SAN ANTÓN

 

Revista “Vida Manchega” Núm. 154. Ciudad Real 25 de enero de 1916


Hay Santos popularísimos, que a pesar de no figurar sus nombres como feriados en el calendario, declaran sus días festivos.

A esa categoría pertenece San Antonio Abad, el asceta que en el yermo sufrió con divino heroísmo todas las tentaciones, que perseveró en la penitencia y en las abstracciones mundanales hasta morir gloriosamente, no sin ver cómo su ejemplo había cundido y era imitado por otros hombres que hacían vida contemplativa ansiosos de una resurrección eterna.

No habrá rincón del mundo donde deje de invocarse a San Antonio, donde deje de dedicársele en el día 17 de Enero una fiesta por humilde que esta sea.

Son las clásicas romerías en que se va a la ermita o la iglesia del santo, llevando el regocijo por fuera y la fe por dentro. Allá va el labrador que puso su ganado bajo la protección de San Antonio, la mozuela en cuyos ojos se vislumbra una nostalgia de amores, la viejecita que ofrendará un exvoto si alcanza la gracia pedida.

Torrente de poesía el que brota de esta fiesta popular de San Antonio, consoladora muestra de arraigadas convicciones la que vemos en ese pueblo bullicioso que, alborotador y dicharachero come los panecillos del Santo, se pasea ufano en el jaco u el borriquillo lujosamente enjaezado y hace gasto en los puestos de chucherías que el mercantilismo previsor establece en el lugar de la romería.

Siempre celebra Ciudad Real esta fiesta acudiendo a la parroquia de Santiago, puesto que allí es donde se venera a San Antonio, congregándose la gente en la Plaza de D. Agustín Salido. Suele haber música y jinetes rumbosos y regocijo popular. No sólo es Madrid el pueblo donde con más esplendidez se verifica la romería de San Antonio. También en este solar manchego parecen existir majos de Maravillas, mozas del Avapies, hombres y mujeres arrancados al barrio de Embajadores. Si tuviésemos la musa retozona de Casero y López Silva, hubiésemos escrito en verso y en nada desmerecería la escena arrancada a la realidad a esas típicas de San Antón en la villa del Oso y del Madroño.

Hogaño tuvo la fiesta un inconveniente. Por la mañana amaneció la ciudad envuelta en el blanco sudario de la nieve. Todo blanco, todo blanco, daba frio…

Sin embargo cerró el comercio sus puertas como de Costumbre y hasta me aseguran que, los que acostumbran a hacer festivo el día de San Antonio, aunque no aparece feriado en el calendario, rindieron culto a la tradición pues hicieron su asomadita a la plaza de don Agustín Salido algún que otro labriego que puso su ganado bajo la protección del Santo, la moza de nostálgicos amores y la viejecita del exvoto.

Ellos son los heraldos de la fe, y la fe que mueve las montañas no puede temerle a un día de frío, a un día de nieve…

F. Sastre Moreno. Revista “Vida Manchega” Núm. 94. Ciudad Real jueves 22 de enero de 1914


Revista “Vida Manchega”. Ciudad Real 23 de enero de 1912


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