Ya unos días que la prensa viene ocupándose del viaje de Nuestro Emmo. y Rdmo. Prelado a Ciudad-Real, de donde regresó anoche, después de haber cumplimentado la Bu1a de Su Santidad, y erigido en dicho punto el Obispado Priorato de las Órdenes Militares. Esta erección es ya un hecho.
Preparados con actividad y grande esmero los importantísimos trabajos que exigía este asunto, de suyo delicado, y en el que tantas y tan repetidas pruebas viene dando Su Eminencia Rdma. de su elevada Ilustración, prudencia consumada y apostólico celo; una vez todo arreglado con el Gobierno de S. M. y con su acuerdo, púsose en marcha para Ciudad-Real Su Emcia. Rdma. en la mañana del 2 de los corrientes.
No nos es dado detenernos a enumerar uno por uno los obsequios y deferencias de que constantemente ha sido objeto en todos los pueblos y estaciones de la línea el ilustre Prelado. Todos y cada uno sabemos, y lo sabe también por la prensa España entera, que los pueblos han rivalizado en amor y cariñosa adhesión al Purpurado Emmo., que, sin perdonar trabajo ni fatiga alguna, se dirigía a Ciudad-Real a cumplir con su elevado encargo.
Llegó empero el momento de dar vista a la capital de la nueva Diócesis, anunció a los nobles Manchegos de Ciudad-Real el silbido de la locomotora que se acercaba a sus muros el distinguido Príncipe de la Iglesia, que iba a honrarlos y ennoblecerlos, y la población en masa corrió a la estación ansiosa de conocer y saludar al Prelado Emmo., que se presentaba a erigir la nueva Diócesis. Arribado que hubo a la estación Su Eminencia Rdma. la satisfacción y el entusiasmo se dejaban ver en todos los rostros, y el pueblo, y las Autoridades, y el Clero, todos saludaron al Emmo. Prelado, ofreciéndole sus profundos respetos y cariñosa gratitud.
Vítores atronadores se oían por todas partes, y entremezclados sus ecos con los de muchos y muy variados cohetes y a la vez con los acordes de la música, púsose en marcha para la población el Prelado, acompañado de una brillante comitiva, con dirección a la Iglesia de Santa María del Prado.
Era inmenso el gentío que llenaba los anchurosos ámbitos del templo, donde se cantó un solemne Te-Deum, dejando oír a seguida su tiernísima y elocuente palabra Nuestro Reverendísimo Sr. Arzobispo, quien invitó al pueblo a aprovecharse de la indulgencia plenaria, que podía hacer suya el primer día de Pascua de Pentecostés, asistiendo a la erección de la nueva Catedral.
Vino por fin este día deseado y tan oportunamente designado para erigir la Catedral Iglesia de Ciudad-Real, y la alegría que rebosaba en los semblantes, el bullicio de un pueblo a quien se veía entusiasmado, las campanas con sus misteriosos ecos, las músicas que recorrían la población, las ricas colgaduras que engalanaban las calles y balcones, y hasta el sol que sonreía por entre su dorada cabellera, todo anunciaba el grande acontecimiento que iba a tener lugar en obsequio á Ciudad-Real y su provincia.
Llegó por último la hora convenida que lo fue a las nueve de la mañana, y las Autoridades, y el Clero, y el pueblo en masa, acudieron al acto solemne en que, desde la casa-Vicaría , hospedaje de Su Emcia., había de conducirse procesionalmente la Santa Bula, en cuya virtud quedaría, como efectivamente ha quedado erigida Ciudad-Real y su provincia en nueva Diócesis.
Acompañado Su Emcia. de una extraordinaria
muchedumbre, que hasta de pueblos muy distantes había acudido a presenciar la
ceremonia, y seguido de un piquete de infantería, la música y una banda de
cornetas, empezó la procesión solemne en que llevaba a la mano las Letras
Apostólicas el muy Ilustre Sr. Vicario de Ciudad-Real y su partido.
Llegó la procesión a la Iglesia, se colocó la Bula en el altar mayor convenientemente, y celebró de Pontifical Su Emcia., pronunciando intra Missam un discurso tan bello, tan conmovedor y oportuno, y tan en armonía con la festividad y ceremonia del día, que se inspiró por completo en cuantos le oían, pendientes de su palabra cerca de una hora, admirando y bendiciendo a la vez su profundo saber y unción Evangélica.
Terminada la Misa subió al púlpito el Secretario del Sr. Cardenal con capa pluvial, dio lectura de la Bula y del decreto de Su Emcia. cumplimentándola, terminando la ceremonia con otro decreto de Su Emcia. Rdma. en que se declaran obligatorias para la nueva Diócesis las sinodales del Arzobispado de Toledo, hasta que determine lo que más le plazca el Prelado que Su Santidad nombrare.
Concluido se cantó un solemnísimo Te-Deum en acción de gracias a Dios por acontecimiento tan fausto.
Su Emcia. ha nombrado Vicario general interino y Gobernador Ecles1ástico al muy Iltre. Sr. D. Clemente León y Rivas, y confirmado en sus funciones a todos los Sres. Curas Párrocos, Ecónomos y Coadjutores.
Incansable Nuestro Prelado ha administrado
el Sacramento de la confirmación en la nueva Diócesis, ha regularizado aquella
Iglesia en lo posible, y con el pan ele la palabra ha repartido también el de
la limosna, habiendo depositado en poder del Sr. Gobernador civil de aquella
provincia la cantidad de veinte mil reales con destino a los establecimientos
de beneficencia, y otra respetable suma para los pobres de la localidad.
Terminamos este artículo escrito al vapor, felicitando muy de veras a Ciudad-Real y su provincia por la señalada merced, que la ha otorgado la munificencia de Su Santidad, y no sin razón esperamos de la probada religiosidad é hidalguía de los Manchegos, que como han sabido excederse a sí mismos en caballerosidad, delicadeza y galantería para con el renombradísimo Prelado, que trae de Ciudad-Real imperecedera memoria, sabrán también esforzarse en correspondencia y eficaz gratitud para vencer generosamente cuantos obstáculos presentarse puedan al desarrollo de 1a obra comenzada y que tanto les honra.
Bendición pedimos a Dios para la nueva Iglesia y su Diócesis, gloria y larga vida para el preciadísimo Pontífice Pio el grande, gloria también, prez y loor al Purpurado esclarecido que, con la cooperación siempre laudable del Gobierno de S. M., ha sabido llevar con tanta actividad como discreción a feliz término el espinoso asunto que Su Santidad le tenía encomendado; y á Ciudad-Real y su provincia también honra y gloria por tan alta distinción.
Boletín Eclesiástico del
Arzobispado de Toledo. Año XXIV sábado 10 de junio de 1876 nº 24




No hay comentarios:
Publicar un comentario