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martes, 7 de julio de 2026

AGUAS Y BAÑOS HERVIDEROS DE FUENSANTA

 

Vista del hervidero de baño. Fotografía Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 

A quince kilómetros de la capital, en el término municipal de Pozuelo de Calatrava en la carretera que une Ciudad Real con Aldea del Rey-Calzada de Calatrava, vemos en la actualidad los restos de uno de los balnearios más famosos con que contó el centro España “Aguas y baños de Hervideros de Fuensanta”, cuyos restos están destinados en la actualidad a una granja ganadera.

Los Hervideros de Fuensanta era un manantial de aguas termales (hervidero) fruto de la actividad hidrotermal vinculada al volcanismo del Campo de Calatrava. Sus aguas, bicarbonatado ferruginosas acidulas, están indicadas principalmente en las enfermedades cardiovasculares del sistema nervioso (neurosis) y del aparato digestivo (gastritis, gastralgias, dispepsias). Las primeras noticias escritas sobre estos hervideros son del siglo XVI, y a lo largo de los años sus aguas fueron ganando fama por sus propiedades medicinales. Las gentes de la comarca acudían al manantial y se bañaban desnudas en él y muchas sanaban, por lo que la fama del hervidero se fue extendiendo, convirtiéndose el lugar con la llegada de gente de forma masiva, en un lugar con cierto desorden.


Vista del interior del balneario a principios del siglo XX. Fotografía Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 

En el siglo XVIII el infante don Gabriel, propietario de la Dehesa de Villafranca, correspondiente a la Encomienda de Calatrava, para facilitar el albergue y comodidad de las cientos de familias que acudían al hervidero, mando construir hacia 1750 un estanque de 15 pies de lado, con cinco gradas de piedra caliza y algunas dependencias donde pudieran albergarse los bañistas.

Años mas tarde el infante don Carlos María de Borbón, sobrino del infante don Gabriel y heredero de la Dehesa de Villafranca, pensó en dotar al balneario de un establecimiento digno de su importancia, contrayéndose casa para operarios, capilla y hospedería. Entre 1833-1850 los hervideros pasaron a ser propiedad del tesoro público, y en 1840 la partida carlista de los Palillos los arrasó.


Al balneario acudía gente de toda condición esperando sanar sus dolencias. Fotografía Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.


Con la ley General de desamortización del 1 de mayo de 1855, planificado por Madoz, los baños salieron a subasta pública y fueron adquiridos por el militar y geógrafo Francisco Coello de Portugal y Quesada. Bajo su propiedad se realizan obras en los baños construyéndose dos edificaciones separadas, una la construcción de habitaciones bajas sin enlosar, a teja vana y sin cocina (que constituyeron el edificio que se llamó Triana); dos el edificio de la fonda. Este último estaba compuesto de un cuerpo central con una galería o pórtico de 13 arcos, que tenía la administración, despacho del director, comedores y habitaciones de los bañistas, terminado a cada extremo por dos torreones, con cuartos que se alquilaban. En el extremo norte estaba el salón de reuniones con un piano y, dentro de él, un oratorio. También se levantó una cubierta de madera para proteger del sol el hervidero grande.

En 1869 los baños pasaron a ser propiedad de Andrés Arango y en 1878 a ser propiedad de José y Antonio Beneytez que realizaron obras que afectaron principalmente en el edificio de la fonda y que supusieron la mayor transformación en la historia del balneario, construyéndose tres cuerpos más de habitaciones con sus galerías, que se amueblaron de lujo, y se plantaron árboles, comenzando el arreglo de la carretera que unía Ciudad Real con el balneario.


Comedor de primera del balneario a principios del siglo XX. Fotografía Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 

El balneario siguió recibiendo mejoras y en 1892 siendo propietaria Cesárea Beneytez el edificio rodeado por arboledas formando paseos con asientos de piedra, ocupaba un inmenso espacio rectangular, con jardín central, rodeado de galerías espaciosas que daban acceso a todas las dependencias, despacho de medico director, capilla, salas de reunión y recreo, comedores, cocina y corral.

A finales del siglo XIX y principios del XX el balneario se encontraba en pleno apogeo, con adecuadas instalaciones, con todo género de adelantos, que provocaron una gran afluencia de bañistas, mayormente de clase social acomodada. En aquella época constaba de dos manantiales. En el grande se hallaba una piscina cubierta por una marquesina, y el hervidero pequeño era la fuente destinada a bebida. El agua brotaba de abajo arriba por entre las junturas de la roca caliza, desprendiendo multitud de burbujas. El aforo grande del hervidero fue de 100 litros por minuto, con unos 20º de temperatura y de 18 litros por minuto a una temperatura de 17º en el pequeño hervidero.  Este se encontraba a unos cincuenta metros de la piscina y al lado de la iglesia, bajo al advocación de Santa Cecilia.

 

Hervidero pequeño donde se cogía el agua para beber. Fotografía Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

El balneario siguió funcionando hasta la Guerra Civil Española, que fue ocupado por tropas y destinado a cuartel, quedando en estado deplorable al termino de la misma. Aunque hubo intentos de rehabilitarlo en los años cuarenta del pasado siglo, no se conseguido, y el edificio fue destinado a cuadras y granja ganadera.

Emilio Martín Aguirre


Vista de la capilla. Fotografía Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 

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