El tema general del Simposium "Devoción Mariana Medieval” es muy atrayente para los estudiosos de las ciencias sociales, como gusta denominar ahora, al amplio campo científico que comprende los conocimientos que no son estrictamente tecnológicos o de carácter biológico.
La Edad Media es un período histórico que la civilización actual tiende a revalorizar. Frente a un enjuiciamiento genérico de la etapa histórica "oscura", "sin valor, "bárbara", (tras la que se encierra muchas veces un profundo desconocimiento) se va alzando otra forma de valorar el sentido de esos siglos de la Civilización Occidental.
El estudio de las fuentes medievales se ha intensificado notablemente. Fruto de esa exhumación de documentos, es una visión mucho más completa de la realidad Medieval. Poco a poco se van descubriendo los valores y los hallazgos que los hombres de aquellos siglos supieron cristalizar. La Devoción Mariana adquirió en esos siglos un gran desarrollo, tanto teológico, con figuras como San Bernardo, como de costumbres populares, hasta observar la importancia que sus representaciones adquieren en la iconografía gótica. Hasta hace muy poco atribuíamos al Renacimiento, el cambio y la importancia que el mundo femenino, -y paralelamente la Devoción Mariana-, adquirieron, pero ahora vamos descubriendo que las primeras vivencias de este hecho se remontan varios siglos antes.
"Hasta época muy reciente, sólo por
error o por casualidad se podía entrar en contacto con la Edad Media. Era
preciso tener una gran curiosidad personal, suscitada, frecuentemente, por un
choque, un encuentro, ya fuera de un pórtico románico o la flecha de una
catedral gótica vistos durante un viaje, o bien con un tapiz o un cuadro descubiertos
en un museo o en una exposición; sólo entonces se empezaba a sospechar la
existencia de un mundo ignorado hasta ese momento. (...) Hasta tal punto esto
era cierto, que el nivel general de conocimientos sobre la Edad Media, en los
años 60, podría dárnoslo con cierta exactitud la pregunta que servía de base a
unos encuentros del Círculo Católico de intelectuales franceses, celebrados en 1964:
¿Existió civilización en la Edad Media?. (PERNOUD, R., 1977 PP. 46).
"Así pues, Edad Media sigue significando, para muchos época de ignorancia, de embrutecimiento, de subdesarrollo generalizado, aunque durante ese subdesarrollo se construyeran las catedrales. Y es que las investigaciones que se han hecho en los últimos ciento cincuenta años no han llegado, en su conjunto, hasta el gran público". (PERNOUD, R., 1977, pp. 53).
El profesor Luis Suárez Fernández, dice en el prólogo del libro que acabamos de citar de Regine Pernoud:
"Estamos comenzando a comprender muchas cosas en relación con la Edad Media, y a convencernos también de que es mucho más lo que ignoramos. En el momento en que la sociedad antigua entró en crisis, se plantearon problemas para los que parecía difícil o imposible la solución. Uno de éstos era el de la libertad, otro el de las relaciones entre inmanencia y trascendencia, un tercero el significado de la riqueza y de la pobreza. Muchas de las conquistas que el hombre moderno cree que son suyas no son sino herencia recogida de manos de sus mayores". (PERNOUD, R„ 1977, pp. 13).
Estas palabras del profesor Suárez Fernández, nos pueden situar en el doble plano en el que deseamos movernos a lo largo de este trabajo: 1) descubrir, en las Costumbres y Devociones Marianas de la sociedad Moderna y Contemporánea, su raigambre Medieval, y 2) apreciar el acierto con que aquellas gentes supieron expresar y traducir en hechos sus más profundas creencias.
Otro aspecto interesante, para las ciencias sociales de hoy, es el reto que supone "entender", según su propio contexto histórico, el verdadero sentido de lo que nos narran esas fuentes. La dificultad se presenta sobre todo por que tendemos a valorar los hechos y los datos de aquella época con nuestra actual esca la de valores, con nuestros criterios. Es necesario un estudio histórico, desinteresado, no partidista, para comprender el verdadero valor de las acciones y de las costumbres de aquella época.
Dentro de ese "entender según su contexto histórico" presenta especial dificultad el aspecto religioso. Unas palabras del profesor Simson nos sitúan claramente en las grandes diferencias existentes entre el pensamiento medieval y el nuestro, en este campo.
"La religión del hombre medieval era
una comunicación con una realidad sagrada que era invisible, pero que a la vez estaba
presente de forma inmediata y constante. No pueden entenderse la veneración de
los santos y de sus reliquias, (caso excepcional es el de la Devoción Mariana)
y las repercusiones que ese culto tenía en casi todos los aspectos de la vida
medieval (...) a menos que comprendamos correctamente el carácter inmediato de
esa relación con lo sobrenatural". (SIMSON, Otto von, 1985, pág. 219).
Aunque la cita sea larga vale la pena leer lo que Simson vuelve a decir:
"No nos resulta fácil darnos cuenta de en qué medida se entrelazaban en aquella época la esfera religiosa y la económica. (...). La época de las imponentes iglesias de peregrinación y de las catedrales es también, económicamente hablando, la de las grandes ferias. (...). Aún más reveladora que estos hechos es la íntima interconexión que existía entre los elementos religiosos y los económicos en la vida corporativa de artesanos y comerciantes. (...). Este aspecto de la vida medieval es extraño a nuestra mentalidad. Admitimos y apreciamos la sinceridad de las convicciones religiosas, pero el que esas convicciones invadan el mundo de los negocios y de la política es una cosa muy distinta". (SIMSON, Otto von, pág. 223).
Y no sólo existía esa relación inmediata de lo sobrenatural con lo profesional o lo económico sino con todos los aspectos de la vida humana, sobre todo con los más acuciantes de resolver en aquellas circunstancias: la guerra.
Volvemos a encontrarnos con esa necesidad de interpretar "según su mentalidad" las costumbres medievales y las ideas que las sustentan, al leer la reconstrucción histórica que hace Claudio Sánchez Albornoz en "Una ciudad de la España Cristiana hace mil años". Reflejan las palabras que transcribimos a continuación, este mismo hecho: el entrelazamiento del espíritu religioso con los demás aspectos del vivir humano. En el capítulo dedicado a narrar los preparativos de la guerra señala:
"Ordoño madruga con el día; (...) (después de describirnos con todo género de detalle su indumentaria) abandona su cámara. Le esperan ya los condes y oficiales del Palacio, armados de modo semejante, (...) Ordoño monta de un salto sobre el hermoso bruto; le imitan las gentes de su séquito; (...) y marcha a la iglesia mayor precedido de sus arqueros y lanceros y seguido de los magnates de su corte/...).
Todo León presencia el paso de Ordoño y su cortejo en el corto trayecto que separa el palacio de la iglesia consagrada a la Madre de Dios/...) Dentro de la Iglesia, el prelado y el clero de León/...) Se hallan recogidas las cortinas que ocultan a las veces, en las tres naves de las antiguas termas, las areas consagradas: a Santa María, en la central y al Salvador y a sus Apóstoles y al Bautista y a los santos confesores y Mártires, en las dos laterales". (SANCHEZ ALBORNOZ, Claudio, 1985, pp. 100-103).
Vale la pena detenerse a comparar la actitud, tan diversa a la nuestra, que muestran estas acciones; como decía Simson, probablemente, al leer la escena que nos describe Sánchez Albornoz, tenemos la impresión de que se trata de una invasión de las creencias religiosas priva das en la esfera pública. En todo caso estamos dispuestos a admitir que el Rey es muy libre de tener sus propias ideas, pero de eso a que haga de ellas una manifestación pública, con todo su séquito, y a que todo el pueblo participe, y a que los ministros sagrados le reciban con toda solemnidad... ¡casi estamos dispuestos a calificarlo como una imposición intolerable!, no obstante parece que no se imagina Sánchez Albornoz, uno de nuestros más documentados medievalistas, una ciudad en la que la vida económica, artesanal, guerrera, no estuviese presidida, alentada y amparada por la iglesia consagrada a Santa María.
Isabel Mansilla Pérez y Soledad
López Fernández en “Devoción Mariana y Sociedad Medieval. Actas del simposio”.
Instituto de Estudios Manchegos 1988


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