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viernes, 24 de abril de 2026

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN DE CIUDAD REAL EN LA GUIA DE DOMINGO CLEMENTE EN 1869 (V)

 



Cloacas. Como las calles y plazas son llanas, las aguas tienen muy poca pendiente, y esto ha sido causa de que la ciudad haya estado varias veces expuesta a ser inundada. Tal sucedió a principios del siglo XVI, por lo que a fines del pasado se abrieron unas cloacas muy profundas, las cuales teniendo su principio en la plazuela del Pilar, siguen la dirección de la muralla entre las puertas de Alarcos y la de Santa María por fuera de la población, y llegan al Guadiana. Por haberlas dejado casi cegar, en 1803 que fue año muy lluvioso, retrocedieron las aguas, que por ellas debieran correr, en tales términos que habiendo inundado la plaza de la Constitución, sus habitantes corrieron grande riesgo.

Término y alrededores. El término de Ciudad-Real, aunque no tiene grande extensión, comprende las aldeas y caseríos que a continuación se indican, con su distancia a la capital expresada en kilómetros.




Armas de la ciudad. Tiene Ciudad-Real por armasen campo azul un trono de oro, la muralla y torres de plata sombreada denegro, figurando piedra, y en el trono un rey sentado con espada en la mano diestra y cetro en la siniestra, que representa a Alfonso X.

Carácter de sus habitantes. Así describe el señor Medrano, en su folleto citado al principio de este libro, el carácter y disposición física y moral de los habitantes de la Mancha: «El manchego, generalmente hablando, dice, es amigo de ostentar sus calidades físicas, como todo el que las tiene, y por consiguiente se inclina a los ejercicios gimnásticos, siendo sus diversiones en los días festivos desde muy joven los juegos de agilidad y fuerza, como la carrera, el salto, la lucha, tirar a la barra, jugar a los bolos u otros semejantes ejercicios, siguiéndose de esta costumbre fundada en su natural disposición, que participa de la ligereza que distingue a los valencianos y de la robustez y nervio de los habitantes de las provincias del Norte: es por tanto excelente soldado de línea como el gallego y el asturiano, buen cazador de tropas ligeras como el aragonés y el vascongado, y a propósito para la caballería como el andaluz; y en cuanto a la parte moral es por lo regular despejado, le son muy comunes las luces naturales, por lo que es penetrante y sagaz en todo lo que le llama la atención. Admira la frecuencia con que se encuentran hombres toscos que pasan la mayor parte de su vida en el campo, y que sin saber leer, ni mucho menos escribir, dirigidos únicamente por el buen sentido, y aleccionados por la experiencia, llegan a ser entendidos y diestros en los ramos a que se aplican: otros y no pocos, que sin más que una imperfectísima instrucción primaria adquieren singular acierto y desembarazo en el manejo y dirección de negocios, que por falta de conocimientos preliminares no debían considerarse a su alcance. Apenas hay pueblo, por reducido que sea, en que no se distingan por su sagacidad y penetración muchos sujetos que bajo la capa de ignorancia y sencillez ocultan una habilidad sorprendente para manejarse. Es imposible que haya un país en que la llamada vulgarmente gramática parda tenga más afiliados ni con más fruto para los mismos. La imaginación del manchego no se diferencia mucho de la del andaluz, o por lo menos participa de su vivacidad, y esta circunstancia, unida a las anteriores, le dan una disposición singular para recibir impresiones fuertes que le inclinan a los partidos extremos, y le impelen con violencia a empresas de riesgo, en las que tenazmente lucha con todas las contrariedades y peligros que se le presenten.»




Hombres célebres. Entre los principales que en la antigüedad descollaron, naturales de Ciudad-Real, se cuentan: Alfonso de Soto, jurisconsulto; Juan de Molina, historiador; el bachiller Fernán Gómez, médico y literato; y Hernán Pérez del Pulgar el de las Hazañas, guerrero, cuya biografía escribió Martínez de la Rosa. Notable fue también por su fuerza y valor D. Alonso Céspedes, llamado el Bravo. De entre los hechos que de él se conserva memoria, mencionaremos los más principales.

Contaba no más que seis años de edad, y conociendo que sus hermanas se asustaban de un ganso muy grande que tenían en su casa, se dirigió a él y le arrancó la cabeza.— Fueron tales las proezas con que se dio a conocer en Italia , que el emperador Carlos le dispensó una gineta o el empleo de sargento.—No pudiendo el ejército español, por carecer de medios, pasar al otro lado del rio Albis, se ofreció al emperador para tomar al enemigo las barcas y bageles que poseía; y, aceptado el ofrecimiento, se arrojó al río con la espada en la boca, acompaña do de nueve soldados elegidos por él, y ocasionando

muchas muertes a los contrarios, se apoderó de sus embarcaciones, con las cuales el ejército imperial se trasladó a la opuesta orilla, en donde Se dió la batalla, quedando prisionero, el Duque de Sajonia. —Hallándose en la iglesia principal de Barcelona observó que a una dama no le era posible tomar agua bendita, por impedírselo el gran número de personas allí reunidas; y acercándose a la pila la arrancó con una sola mano, y la acercó a la señora, causando el mayor asombro en los que tuvieron ocasión de presenciar tan extraño acontecimiento. —A presencia de Felipe II detuvo en Aranjuez la piedra de un molino harinero, habiendo después arrojado al Tajo a los molineros porque con malicia hicieron que toda el agua del rio, aunque por distintos puntos conducida, fuese a aumentar la corriente que movía la piedra, la cual con violento esfuerzo llegó a parar. —En Ocaña, y a petición de sus parientes, levantó con la punía de los dedos de la mano derecha, una pesada mesa sobre la que se habían colocado muchos vasos llenos de agua, consiguiéndolo sin que ni una gota se derramase. —Sirvióse en una ocasión de su brazo como de barrera para detener a un caballo que iba desbocado; y, en otra, paró una galera que cargada y lirada por un par de muías, era conducida a la carrera.—A propuesta del príncipe D. Carlos y con permiso del rey su padre, soltóse un tigre, y le acometió con tal fuerza que le causó la muerte al primer golpe que le asestó con su espada. —Cual otro Sansón desquició las puertas de la ciudad de Toledo, según asegura Méndez Silva. Y con una sola mano sacó de un profundo hoyo a un turco de elevada estatura, arrojándole por encima de la cabeza. —Paseando a caballo por una calle de su ciudad natal se afirmó a una reja, y excitado por una señora levantó con sus piernas al animal. Y amostazado porque la dama le significara que aquel hecho no era nuevo, se agarró a la reja y la echó al suelo. —Molestado en una noche de invierno por un alguacil, que quería despojarle de su espada, le mandó de un voleo a un tejado. —Tan esforzado varón fue acometido otra noche por un encubierto en el sitio llamado la Alcaná y después de haberse roto en la lucha las espadas y su rodela, lidiaron brazo a brazo, quedando ambos si no heridos bastante magullados. Retirado a su casa, supo por su hermana Dª. Catalina que ella era el encubierto, con quien había peleado. —Por último, al frente de 300 hombres causó a los moriscos de las Alpujarras en diferentes encuentros no pocas bajas; pero asediado de improviso por un numeroso ejército, en el que su espada dejó señales evidentes del indomable valor y fiereza con se hallaba adornado, una bala le dejó sin vida.

 


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