El ojo clínico y el buen
hacer, y saber, del maestro, escritor e investigador Vicente Palomares García
le han encaminado, en esta ocasión, hacia la investigación de un artista de los
pinceles olvidado pero con un bagaje enorme y una prolífica obra de miles de
pinturas localizadas en museos, embajadas, universidades, colecciones
privadas...
El fruto de la compleja e
interesante investigación ha sido el libro Jesús Molina García (1903-1968) El
impacto de la guerra civil en un pintor republicano, escrita no sólo por
Palomares sino por otros dos eruditos de la época histórica y del arte que no
dudaron ni un segundo en embarcarse en el proyecto. Así, Vicente Palomares ha
realizado la parte biográfica de Jesús Molina, el historiador y catedrático de
la UCLM Francisco Alía Miranda, ha desempolvado la historia del artista durante
la guerra civil basada en los diarios del propio pintor; y el doctor en
Historia del Arte Javier García-Luengo Manchado ha repasado su trayectoria
artística. La publicación ha sido editada por Ediciones de la Universidad de
Castilla-La Mancha y Editorial Cuarto Centenario Colección Serie Memoria
Democrática de Castilla-La Mancha.
El libro será presentado
el próximo miércoles, 8 de abril, a las 19 horas, en el claustro del Convento
de la Merced. Con entrada libre hasta completar aforo.
En conversación previa
con ayeryhoynews, Vicente Palomares nos cuenta cuál fue la principal
motivación. El estudio de una obra anterior sobre Miguel Pérez Molina, familiar
del pintor, le llevó en 2018 al hogar de Juan Pérez Serrano -sobrino nieto de
Pérez Molina- donde, en medio de la entrevista, se vio deslumbrado por un
magnífico óleo de su tío abuelo. Al preguntar por su autoría, Pérez Serrano,
tristemente desaparecido, le comentó que era de Jesús Molina, y aprovechó para
enseñarle otros cuadros más de su autoría. Suficiente para prender la mecha de
lo que ha sido, según el propio Palomares, un apasionante recorrido de ocho
años culminado ahora con la publicación.
A volapié se le cuelan a
Vicente Palomares muchísimas anécdotas de aquella entrevista con Pérez Serrano,
como que su otro tío abuelo, José Pérez Molina, y su esposa Adela Ayala,
rechazaron una exquisita obra del pintor, titulada La gitana, por llevar desnudo
uno de los pechos. "¿Dónde vas con esa indecencia Jesús?, eso no pasa a
esta casa", le espetó la señora Adela Ayala. De inmediato, Jesús Molina
simuló la teta pintando una mantilla encima.
Como si de la búsqueda de
un tesoro se tratase, (más que un tesoro, se trataba de recuperar la memoria de
un gran artista), casi todas las fuentes orales consultadas, la familia Pérez
Serrano, los familiares de Barrenengoa, Pepe Pérez... colaboraron. Acto
seguido, Vicente Palomares indagó en internet descubriendo que Jesús Molina,
nacido en Zamora pero residente en Ciudad Real durante su infancia y
adolescencia, fue Premio Nacional de Pintura en 1944 por la magnífica obra
Mujer en amarillo, había participado en la Exposición Internacional de París de
1937 junto a artistas como Dalí o Picasso -que participó con el reconocido
Guernica-; cuenta con 13 pinturas en el Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía de Madrid, en el Museo del Ejército de Toledo, en
Sevilla, en embajadas, en el extranjero, en la Universidad de Princeton; había
estado becado en la Academia de España en Roma junto a otros pintores insignes
de la provincia como Gregorio Prieto y un largo etcétera.
El tercer punto de
investigación fue el propio hijo del artista, Rafael Molina, quien "ha
colaborado en todo lo que le hemos solicitado, es más, no conocía a sus
familiares de Ciudad Real y viajó hasta la ciudad a conocerlos, para sorpresa y
entusiasmo de todos".
Jesús Molina: gran dibujante, retratista y
copista
Excelso dibujante, gran
retratista, copista de obras del Museo del Prado de Goya, Velázquez, Ribera...,
Jesús Molina García cuenta con una extensa obra, mucha en manos de colecciones
privadas y otra gran parte distribuida por todo el país y en el mundo. Gracias
a la investigación realizada para el libro, en la provincia se han localizado
al menos 15 obras en manos de familiares, una más en la Escuela de Arte de
Ciudad Real, donde fue alumno; un retrato a carboncillo de un antiguo compañero
en la Escuela, así como otra en el museo de Valdepeñas.
Se da la circunstancia de
que los dos óleos y las acuarelas que expuso en París en 1937, por las que
obtiene una medalla de oro, se perdieron hallándose casualmente en 2010 en
Barcelona. El hijo de Jesús Molina, nos cuenta Vicente, tuvo que litigar con la
Generalitat de Cataluña porque no quería deshacerse de esas obras, cuando en
realidad no había pagado nada por ellas, tal y como demostraron los diarios de
guerra de su padre. Finalmente, los herederos del pintor donaron estos cuadros
al Reina Sofía, "al parecer, Jesús Molina quería que esas pinturas se
exhibieran en un sitio público para que la gente conociera el horror de la
guerra y aprendiera a evitarla", apostilla Palomares.
En los diarios de guerra
escritos de su puño y letra de 1936 a 1939, Jesús Molina narra la miseria
propia y ajenas con motivo de la contienda bélica. Hambre, pobreza y muerte que
traslada a sus cuadros, pintados en ocasiones con material barato -ceras, carboncillo
o acuarela- por la escasez de alimentos y de todo en esa época. Un momento
personal especialmente triste para Jesús Molina fue la muerte de su hermano
Ramón en la guerra.
En el plano personal,
Vicente Palomares lo describe como una persona tremendamente culta:
"dominaba el francés y el italiano; era un apasionado de la lectura, de
los grandes clásicos, también de Maquiavelo y de todas las historias del arte,
de filosofía... Adoraba la música clásica, disponía de una pequeña radio que le
acompañaba a todas partes, pero si tenía
dinero, acudía a conciertos de música clásica. Era gran amigo de Enrique Tierno
Galván y de Camilo José Cela, entre otros".
En el aspecto político, Jesús Molina era un republicano convencido, aunque no militante, apoyando al gobierno en todo lo que su profesión de pintor le permitía, confeccionando cartelería, litografía para alentar a los combatientes republicanos. Con el paso del tiempo, explica Palomares, Jesús Molina se va desencantando del régimen republicano, "por la desunión de sus miembros, la huida de los dirigentes hacia otros lugares, etc.".
En el plano artístico, el
pintor da un giro radical en su obra con la llegada de la guerra civil, que
pasó en Madrid, "el color de su pintura se apaga, especialista del arte
figurativo, sus maravillosos desnudos, bodegones de flores, y aparecen tonalidades
muy grises, negras, o en contraste con rojos". Describe la realidad social
del momento, pintando a mendigos, gitanos, escenas circenses, mujeres
cosiendo... pero para poder subsistir pinta retratos también a la burguesía de
Madrid. La etapa final de Jesús Molina será de nuevo otro cambio de registro
hacia el impresionismo, neocubismo... indagando en las nuevas corrientes
pictóricas de moda a finales de los 50 y 60.
Preguntado por qué motivo
no ha trascendido el nombre de Jesús Molina, Vicente Palomares subraya el hecho
de que no tuvo nunca marchante o un representante como otros artistas de la
época, léase Picasso, "eso ha hecho que no haya triunfado o no se le haya
recordado como a otros". De ahí el objetivo de esta publicación y la
prolija investigación llevada a cabo durante años: honrar y recuperar la
memoria de Jesús Molina García.






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