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viernes, 2 de octubre de 2026

LA ASIMILACION Y DIFERENCIA A TRAVÉS DE LOS PATRIMONIOS NUPCIALES DE MORISCOS Y CRISTIANOS VIEJOS, (CIUDAD REAL, 1570‑1610)1 (III)

 

Vista de la calle Pozo Dulce en los años cincuenta del siglo XX

 

La procedencia de los bienes consignados en las escrituras nos permite observar la existencia de ciertos matices económicos y culturales en el comportamiento mostrado por ambas comunidades en torno al matrimonio. Unos matices que se aprecian en la forma que sus miembros tenían de entender y hacer valer la transmisión del patrimonio familiar, la cual nos remite a su vez a la existencia de diferencias de mayor calado entre ellos, relacionadas en última instancia con la consideración y uso que éstos hacían de la institución matrimonial. Por esta razón, en nuestro trabajo trataremos de establecer qué es lo que cada uno de los contrayentes aportaba al hogar recién creado, prestando una especial atención a lo monetario; no en vano, la riqueza es un elemento insoslayable en este tipo de análisis, si bien, tras ella, tras su uso, es posible apreciar la existencia de rasgos identitarios, propios de cada una de las mencionadas comunidades. Así lo han señalado en reiteradas ocasiones Manuel Fernández Chaves, Rafael Pérez García y Margarita Birriel Salcedo, cuyos trabajos constituyen un referente a la hora de estudiar la vida material de las comunidades de los moriscos granadinos antes y después del exilio de 1571. Sus conclusiones insisten en razones de índole cultural y remiten a una más que posible hibridación entre las prácticas dotales de raíz islámica y las de origen cristiano. En otras palabras, las estrategias islámicas de transmisión patrimonial y las instituciones que las representaban habrían sido disimuladas bajo la forma de una práctica cristiana toda vez que los mudéjares fueron obligados a convertirse al cristianismo. A partir de aquí, la progresiva y paulatina consolidación de un sistema jurídico y social que perseguía borrar todo resquicio cultural islámico terminaría por «fosilizar» las antiguas prácticas musulmanas, las cuales habrían sido olvidadas en la etapa que sigue a la Guerra de las Alpujarras (Birriel, 2002, p. 231; Fernández Chaves y Pérez García, 2010, pp. 129‑132).

No está claro aún cómo se produjo ese proceso de incorporación de las mencionadas estrategias a la usanza castellana porque los ejemplos de los que disponemos para estudiarlo son todavía escasos. Debido a esta limitación, cualquier aproximación que pretendamos realizar al tema debe partir de lo económico y atender, al menos en principio, a la cuantía de lo incluido en cada escritura nupcial. En este sentido, son de destacar los más de siete puntos de diferencia que separan a moriscos y cristianos viejos en sus respectivas aportaciones dotales, las cuales ponen de manifiesto por otra parte el mayor protagonismo de la mujer morisca y su familia en la realización de las mismas (tabla 3). No es este un dato aislado, ya que es muy parecido al observado en Granada y Sevilla, donde el montante de las contribuciones económicas masculinas, donas incluidas, asciende, respectivamente, a un 22%, y un 16% (Fernández Chaves y Pérez García 2010, pp. 133‑134).




Es precisamente en las aportaciones realizadas por los maridos donde encontramos la segunda diferencia entre ambos colectivos en Ciudad Real. Lo vemos en la distinta composición del cuerpo de bienes, lo que unido al menor peso que tuvieron las citadas aportaciones entre los moriscos termina por separarlos de manera definitiva. De hecho, los cristianos viejos formalizan sus arras a través de la casi exclusiva entrega de dinero en metálico, mientras que entre los granadinos esta entrega es más variada, llegando a ocupar en ella un lugar destacado las ropas femeninas. Sin duda, se trata de algo que convendría precisar en el futuro pero que, a buen seguro, debe relacionarse otra vez con la más que probable pervivencia de prácticas de raíz islámica (Cardaillac, 1995, pp. 479‑480; Fernández Chaves y Pérez García, 2010, pp. 130‑313).

En última instancia, las diferencias entre ambos colectivos condicionaron también la utilización que cada grupo hizo de las arras y las donas. Prueba de ello, es que los moriscos apenas si utilizaron este último recurso —en gran medida por imposibilidad económica—, mientras que por su parte entre los cristianos viejos constituía el subterfugio al que acudían los maridos que deseaban aumentar su aportación al patrimonio familiar sin violar las leyes que limitaban las contribuciones que el esposo podía hacer al mismo.

2. Estrategias y actitudes ante la conformación de los patrimonios personales

El análisis de la estructura interna de las escrituras nupciales otorgadas por cristianos viejos y moriscos ha permitido constatar que éstas presentan muy pocas diferencias formales y tipológicas entre si, y que las de éstos últimos responden a «la normalidad del modelo castellano». Los mencionados Manuel Fernández Chaves y Rafael Pérez García ya dieron cuenta en su día de esta homogeneidad para el caso hispalense (2010, p. 129), y según lo observado, no parece que las escrituras de Ciudad Real hayan seguido unas pautas diferentes. Esa estructura se repite una y otra vez con apenas leves matices. Así, y a pesar de las excepciones que cabría señalar, la generalidad de contratos matrimoniales comienzan prestando atención a las partidas de valor más alto (casi siempre referidas al patrimonio raíz), y dejan para el final aquellas con una tasación más modesta (menaje, utillaje doméstico, herramientas del trabajo, aperos…).

Este modus operandi invita a pensar que el reflejo documental de lo registrado en dichos contratos habría dependido más de la actitud de los escribanos y de quienes participaban en su valoración que de otro tipo de factores. No obstante, como se ha señalado, en Ciudad Real es posible observar leves matices formales entre las escrituras de cristianos viejos y moriscos en la posición que ocupan algunas partidas concretas, caso por ejemplo de las joyas y los objetos suntuarios. Suele ser habitual que en las dotes de los primeros las mencionadas joyas se tasen justo después de las propiedades raíces, mientras que en las moriscas lo más frecuente es que se ubiquen junto a los enseres que conforman el ajuar, concretamente al lado de la ropa y los complementos femeninos, hecho que nos lleva a considerar la existencia de una cierta unidad de criterio, acaso establecida por la costumbre. Sin embargo, este proceder pudo ser modificado en función de factores tales como la relevancia que tenían los moriscos en cada lugar, la preferencia de éstos por un determinado escribano, e incluso, el deseo personal de los firmantes a la hora de otorgar una mayor o menor relevancia —económica, simbólica o cultural— a cada objeto inventariado.

Para acercarnos al valor de los bienes declarados en los contratos nupciales hemos establecido cinco grandes grupos genéricos, los cuales hemos desglosado luego en trece categorías en las que hemos dado cabida a los más de setenta y un mil artículos documentados. En esta clasificación hemos atendido tanto a la importancia que adquirieron los propios bienes en la conformación de las futuras haciendas familiares como a la funcionalidad que éstos tendrían dentro del hogar (tabla 4). De este modo, confiamos en poder identificar la forma que asumió la transmisión de estos bienes entre los moriscos y los cristianos viejos, y esclarecer si las diferencias encontradas entre ellos se debieron a su desigual posición económica o, por el contrario, si mediaron en ello causas de tipo cultural.

Francisco Javier Moreno Díaz del Campo. Obradoiro de Historia Moderna, N.º 26, 2017, (45-69)

 


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