Una referencia descriptiva del alminar, llamado por los cristianos la torre de “Santa María” tras ser conquistada Sevilla, nos la facilita la CRONICA GENERAL de Alfonso X “El Sabio” cuando habla del tiempo que estuvo la ciudad cercada (16 meses) y de las noblezas de ella; refiere que “et quan grant beltad et alteza et la grant nobleza es; sesenta bracas (1,672 m/Ud.) a en el techo de la su anchura, et quatro tanto en alto; tan ancha et tan llana et de tan gran(de) maestría fue fecha et tan compás ada la escalera por la torre subren, que los reyes y las reynas et lo altos (h)ombres que allí quieren subir de bestias subren quando quieren fasta en ssomo. Et somo de la torre a otra torre, que ocho bracas fecha a grandes maravillas. Et encima della están queatro nacanas (bolas) aleadas una sobre otra; tan grandes et de gran obra et de tan gran nobleza son fechas que en todo el mundo non podrían ser otras tan nobles nin tales: la de somo es la menor de todas, et luego la segunda que esta so(bre) ella es mayor, et muy mayor la tercera. Mas de la quarta non poemos retraer, que es tan gran(de) et de tan estremada obra que es dura cosade ceer a qui lo non viese: esta es toda obrada a canales, et las canales della son doze et (hay) en la anchura de cada canal cinco palmos comunales; et quando la metieron en la villa non pudo caber por la puerta, et (t)ouieron a tirar las puertas et a ensanchar la entrada; ....”.
Al tratar los almohades la rendición de
Sevilla con Fernando III “El Santo”, las delegaciones musulmanas intentaron con
repetidas instancias sacar un buen partido en las negociaciones, aunque cada
vez iban moderando mucho las condiciones pasadas; puesto que, desde el
principio, el rey Castellano les explicó y dijo que “no había capitulaciones si
no dexaban libre la ciudad”. Y viendo los musulmanes en el rey “Santo” la
constancia en mantener lo dicho y, por otra parte, como ellos no podían
resistir por más tiempo aquella situación, al fin “cedieron a Dios y a la
fuerza la ciudad y su cetro”.
Con este último despacho, los almohades determinaron rendirse sin condiciones y volvieron al real (donde estaba el rey castellano) ofreciendo la libertad de la ciudad de Sevilla; pero a su vez, los musulmanes, pidieron autorización a Fernando III para que “les dexase derribar la mezquita mayor” con el fin de que no pasase a manos cristianos,contestando en su nombre el infante Alfonso (X “El Sabio”) que “con solo un ladrillo que quitasen de la mezquita, quitaría de su lugar todas las cabezas a todos los moros”. Ycomo no se les concedió esta primera idea, los almohades fingieron otra: volvieron nuevamente y se presentaron ante el rey castellano para pedirle ahora que se “les permitiese derribar la torre mayor (el alminar), que ellos se obligaban a hacer otra igualmente costosa y magnífica” a lo que también respondió el Infante Alfonso diciéndoles que “mirasen bien lo que hacían, porque un solo ladrillo que reconociese removido de la torre quedarían sepultados en los campos de Sevilla todos los moros y moras que la habitaban”.
Amputación de la torre
El alminar o minarete de la mezquita mayor sevillana conservó su estado original hasta agosto de 1356 que fue cuando se rompió la barra de hierro que sujetaba las “manzanas”, como resultado del terremoto acaecido el día de San Bartolomé; también desapareció la cúpula de azulejos de diversos colores que enlazaba el segundo cuerpo del alminar con el yamur; fue, por consiguiente, cuando la torre almohade sufrió la primera amputación. Y sobre ello Ortiz de Zúñiga describe sus consecuencias de al forma siguiente: “Este tan magestuoso y bello remate, tronchada la espiga (barra) de Hierro en que estaba fixo cayó y las brillantes manzanas se hicieron menudas piezas, con gran sentimiento de toda la ciudad; quedando la Torre deforme y fea, en el qual se puso con la hermosora que ahora tiene”.
Sin embargo, antes de que el alminar (la Giralda, hoy) de la gran mezquita sevillana se pusiese “con la hermosura que ahora tiene”, se realizaron algunas reparaciones en el intervalo de 1356 a 1560. Es decir, la torre almohade a la que llamaron los cristianos la torre de “Santa María”, sufrió modificaciones durante un período de doscientos años; eso sí, siempre fueron pequeñas y se tuvieron por provisionales. Y la primera de ellas fue costeada por el rey castellano Pedro I, llamado también Pedro el Cruel.
Jorge Sánchez Lillo. Tribuna dominical, La. N.º 19, 20/9/1998



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